Posiblemente el hecho de haber celebrado recientemente un día internacional dedicado a la mujer sea en sí una forma de discriminación. No obstante, y como fórmula para intentar romper las diferentes formas de discriminación que aún perduran en nuestra sociedad, presentamos este artículo para hacer un recorrido por las particularidades de la mujer de la Sierra de Segura dentro de la dinámica de lucha social para conseguir hacer realidad la igualdad real entre hombres y mujeres.
UNA REINA SIN TRONO.
Por José Antonio Molina Real
"....No se nace mujer, siempre hay que luchar para llegar a serlo y la fuerza para conseguirlo vendrá de la capacidad para ser libres." Indira Gandhi.
"....Sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos de un ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre." Clara Campoamor.
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Familia numerosa tradicional. Dolores Villalba Garrido. Puente de Génave. 1934 |
A lo largo de la historia, la dinámica de vida de las mujeres ha estado llena de trabajo, voluntariedad, dedicación,
lucha y esfuerzo, por regla general poco reconocido y visualizado en una
sociedad que ha sido tradicionalmente dominada por el hombre, donde la mujer siempre
representaba un papel secundario desde la sumisión a la voluntad masculina.
Será durante el siglo XX cuando la mujer trata de romper esas barreras que le
impedían alcanzar la igualdad entre géneros. Digo trata pues en muchos lugares
todavía resultan palpables diversos síntomas de discriminación, siendo las
sociedades más atrasadas donde las sombras de la desigualdad más se se pueden apreciar.
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Limpieza del entorno del hogar |
Evidentemente, nadie puede ocultar que las zonas rurales han sido tradicionalmente lugares donde ese proceso de
consecución de derechos e igualdad resultó más complejo y difícil. El trabajo,
siempre relacionado con el campo, requería de mucho esfuerzo y la mujer casi
nunca quedaba exenta de esa doble participación, el trabajo dentro y fuera del hogar. La falta de recursos, el difícil acceso
a los servicios básicos y la búsqueda de mejores condiciones de vida requería
de sacrificios continuos que precisaban indispensablemente, en los diversos
pueblos y aldeas de nuestra sierra, de la participación de esas mujeres a las
que, paradójicamente, les resultaba totalmente imposible romper el modelo de
vida estereotipado que el destino familiar les asignaba.
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Recogida de agua de la fuente pública |
Era prácticamente
imposible conseguir una formación académica o una independencia económica y social, ni tan
siquiera afectiva, alejadas siempre de la toma de decisiones y de pensamiento
libre, estando desde el nacimiento supeditadas a la voluntad paterna, para
después del matrimonio pasar a una dependencia absoluta del marido, por lo que
desde el momento en que nacían tenían asignada la función de dedicación a los
demás, principalmente a su familia que, por regla general, siempre era bastante
numerosa, dando a luz a un hijo tras otro sin ningún tipo de control médico y
poniendo en riesgo su vida en cada parto, pues nada más contaban con la
asistencia de unas poco formadas parteras que se ofrecían para ayudar en cada
uno de esos delicados trances.
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Trabajo de cocina |
Es curioso considerar que toda su
vida era un continuo aprendizaje para ostentar con nobleza el título
“honorífico” de reinas o amas de la
casa, pero nada más lejos de la realidad; nunca podían aspirar a tal rango a no
ser que se entendiera tal honor como obligación, dedicación y trabajo en el
cuidado del hogar, en ese aspecto si eran máximas responsables y asumían con
cierta resignación y, porque no decirlo, también orgullo, ese papel secundario
dentro del desarrollo social.
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Trillando |
La mujer serrana mantenía su casa con
orden y la tenía siempre en perfectas condiciones para que los demás miembros
de la familia utilizaran los escasos servicios que solían tener. Pero además de
acciones cotidianas como cuidar a sus hijos, preparar la comida o lavar
golpeando la ropa una y otra vez contra las ya, de tanto usarlas, pulidas
piedras del lavadero incluso, en numerosas ocasiones durante los duros inviernos, rompiendo el
hielo para poder llegar hasta el agua; esa mujer de
la Sierra de Segura a la que nos estamos refiriendo, realizaba otro tipo de
acciones que podían ser más extraordinarias como amasar y hornear el pan en el
horno comunal, hacer conservas de los productos que daba la huerta, cuidar de algunas
gallinas u otro tipo de animales, hacer jabón, coser o, como tarea compartida,
la realización de la matanza, donde el trabajo masculino era bastante más
reducido.
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Horneando en el horno comunal de la aldea |
Esa mujer de la sierra comprendía que sus funciones no se limitaban exclusivamente al entorno del
hogar pues cuando se producían tiempos de siembra o de cosecha, la mujer era la
primera en ponerse al servicio del interés familiar; no era extraño ver a la
mujer ayudar en la siega, subida en un trillo en la era o arrodillarse para ir
cogiendo una a una las aceitunas, por lo que eran un perfecto complemento a las tareas
masculinas más enfocadas al uso de la fuerza.
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Recogida de la aceituna |
Las mujeres de la Sierra de Segura,
mujeres rurales de una comarca tradicionalmente deprimida, han sido a lo largo
del siglo XX sustentadoras de sus familias y han dado vida a sus pueblos y aldeas,
esforzándose en dar cobertura a todas las necesidades sociales, siendo pilares
fundamentales para el desarrollo de nuestras tierras, trabajando tanto dentro
como fuera de sus hogares, sin horarios, sin descanso y sin el reconocimiento
de una sociedad que veía como normal lo que realmente era extraordinario,
olvidando básicamente encontrarse con ellas mismas para reivindicar sus
derechos en una historia dedicada al servicio de los demás.
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Lavando la ropa en el río. |
Ellas asumieron un papel fundamental
de adaptación cuando la emigración inundó todos los rincones de nuestra sierra.
Supieron reconducir situaciones traumáticas en aquellos lugares de acogida,
donde las dinámicas y formas de convivencia eran totalmente distintas a las que
habían caracterizado hasta ese momento su propia vida; o también, si ya eran
demasiado mayores para buscar en otros lugares el progreso y bienestar que la
sierra les negaba, aceptaron con resignación la marcha de los hijos que
buscaban esas nuevas oportunidades de vida sufriendo con inquietud las escasas noticias
que desde Mallorca, Barcelona, Madrid, Valencia o cualquier otra provincia de
destino les llegaban.
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Escuela femenina. Ramona Serrano. Maestra. Puente de Génave. Años 60 |
Si tenemos que buscar un cambio que
se pueda calificar como sustancial y que viniera a romper ese papel secundario
de la mujer, debemos buscarlo en el desarrollismo de los sesenta y posterior
llegada de la democracia, aunque bien es cierto que a las zonas rurales, como
la nuestra, esta reversión tardó algo más de tiempo. Es un tiempo donde nuevas
generaciones de mujeres que, por regla general, habían recibido una formación
académica no exenta de la aplicación de los roles tradicionales, pero que generó un grupo de mujeres que podríamos calificar de pioneras ya que buscaron caminos diferentes a
los estereotipados por la sociedad hasta entonces. Ellas empezaron a ocupar
posicionamientos sociales hasta ese momento impensables, rompieron con
dinámicas machistas y, amparándose en la igualdad y los derechos sociales,
desarrollaron actitudes y conductas que la fueron ubicando en el lugar y consideración que su valía personal y su
esfuerzo colectivo habían reivindicado desde tiempo atrás. Maestras,
enfermeras, peluqueras, telefonistas o telegrafistas, operarias industriales…
fueron algunas de esas profesiones que vinieron a colocar a la mujer en otro
lugar dentro de una sociedad algo más moderna.
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Josefa Cuadros. Telegrafista. Puente de Génave. Años 60 |
Indudablemente esta sociedad más
moderna atrajo rápidamente la atención de la mujer rural, que fue poco a poco
imitando conductas y asumiendo las nuevas tendencias igualitarias. A ello
contribuyeron decididamente los medios de comunicación, especialmente la
televisión que llevaba a cada rincón de nuestros pueblos y aldeas esas nuevas
conductas y comportamientos, especialmente entre las mujeres de nuestra sierra
más jóvenes pues las más entradas en años solían repetir eso de “ya soy mayor
para todo lo moderno”.
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Tradicionalismo diferenciador marcado por la religiosidad |
Paralelamente a estos cambios en la
sociedad rural se fue ganando en calidad de vida, quedando obsoletas muchas de
las actividades que tradicionalmente realizaban nuestras mujeres. La mejoría en
caminos que se convirtieron en carreteras, caballerías que se convirtieron en
automóviles, la llegada de la electricidad hasta los últimos rincones de la
Sierra de Segura propició que diversos electrodomésticos fueran perfectos
sustitutos de duras tareas anteriores. Mientras tanto nuevas generaciones de
hombres y mujeres fueron creciendo en el desarrollo de la igualdad, siendo el
acceso a la educación un aspecto básico en la adquisición de principios y de
respeto entre géneros propiciando la participación de la mujer en todos los
ámbitos sociales.
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Exposición itinerante sobre el desarrollo de la mujer en la Sierra de Segura |
Existe todavía camino que recorrer.
Las mujeres de los trece pueblos de nuestra sierra han sabido adaptarse a un
tiempo nuevo sin perder el arraigo a sus orígenes, se han vuelto participativas
y desde el asociacionismo en los distintos pueblos han desarrollado actividades que tienen sus raíces en
la tradición, recuperando y mostrando sus destrezas y capacidades en todos los
ámbitos, escapando de lo meramente folclórico y demostrando con sus iniciativas
que es una mujer moderna, activa, preocupada de su entorno y comprometida en el
desarrollo de iniciativas que propicien un progreso económico y social.
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Evento convocado por las asociaciones de mujeres de la Sierra de Segura |
La mujer de la Sierra de Segura
seguirá con sus dinámicas la lucha contra la discriminación, que en las zonas
rurales se hace más difícil de erradicar, intentando la plena
corresponsabilidad familiar, favoreciendo la igualdad de oportunidades,
eliminando la consideración tradicional de inferioridad y manteniendo sus
logros y posicionamientos dentro del espacio público; y para lograrlo es
imprescindible que hombres y mujeres seamos capaces de implicarnos en la
consecución de una igualdad real y efectiva.
Hay que seguir caminando……….
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Carteles de los encuentros comarcales de mujeres de la Sierra de Segura
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Hola Josechu, soy Maite “La pepeusa”. He leído tu escrito sobre el día de la mujer y me ha gustado mucho, opino igual que tú respecto al hecho de que en cierta forma aún encierra algo de discriminación… Personalmente creo que el día de la mujer son todos los días (al igual que el día del hombre).
ResponderEliminarY bueno, como dice Jose Pareja García en su comentario en el escrito del 11 de enero (“Resumen fotográfico”) la verdad es que es muy bonito ver el entusiasmo y el cariño con que haces el blog para tu pueblo y para tus paisanos… ¡Qué tesón tienes!
Un abrazo muy fuerte. ¡Que publiques muchas entradas más!
Maite Molina Sánchez
Muchísimas gracias, Maite....seguiremos trabajando para recuperar, de la ya en ocasiones frágil memoria, historias y documentos para que muchos paisanos puedan conocer un poquito más las particularidades y características de las tierras que los vieron nacer.
ResponderEliminarComentarios como el tuyo anima a seguir, con más entusiasmo si cabe, en esta en ocasiones no fácil tarea. Un fuerte abrazo...