lunes, 26 de junio de 2017

POBLAMIENTO DE LA SIERRA DE SEGURA EN EL S. XIII

Hemos tenido acceso a un interesante artículo de D. Enrique Varela Agüí sobre la estructuración y agrupamiento de los habitantes de la Sierra de Segura durante el proceso de repoblación efectuado a mediados del S. XIII tras la reconquista cristiana y posterior cesión al control de la Orden de Santiago. Las tierras recuperadas a los musulmanes fueron ocupadas por cristianos provinientes de la meseta castellana que ocuparon los lugares y explotaciones agrarias de la Sierra de Segura, dominio que actualmente ocuparía territorios de las provincias de Jaén, Albacete, Murcia y Granada. Hay que mencionar que la dominación cristiana tuvo que administrar un territorio fronterizo donde, en bastantes ocasiones, la población cristiana repobladora tuvo que coexistir con población musulmana que acató las normativas de la Orden con la finalidad exclusiva de no abandonar sus casas y tierras, lo cual vino a provocar no pocos conflictos de ámbito social, político y económico.
Dominios de la Orden de Santiago en el S. XIII
LA ESTRUCTURA CASTRAL EN LA SIERRA DE SEGURA DURANTE EL SIGLO XIII: APROXIMACIÓN A LA TIPOLOGÍA POBLACIONAL SANTIAGUÍSTA

Enrique VARELA AGÜÍ (Universidad Autónoma de Madrid)

El propósito de este trabajo se centra en el estudio de la tipología de los emplazamientos cástrales en la Sierra de Segura, zona de asentamiento inicial de la Orden de Santiago en el reino de Murcia. El estudio de las estructuras de fortificación y habitat tiene por objetivo fundamental el análisis de la red castral que los santiaguistas establecieron en dicha zona, intentando diferenciar los distintos tipos de emplazamientos existentes y su relación con la adecuación al medio geográfico, a las valoraciones estratégicas, poblacionales y productivas de la Sierra de Segura.
Enrique Varela
1. EL MARCO ESPACIAL.- La implantación de la Orden de Santiago a lo largo del Río y la Sierra de Segura tuvo lugar a lo largo de las primera mitad del siglo XIII como zona natural de expansión santiaguista a raíz de la ocupación por la Orden del Campo de Montiel y venía avalada por la doble intención castellana de llegar hasta el litoral mediterráneo y de penetrar hacia tierras andaluzas.

En los límites de las actuales provincias de Jaén, Albacete, Granada y Murcia, la impresionante cadena montañosa de dirección soroeste-noreste que conforma la Sierra de Segura, donde las altitudes oscilan entre los 800 y los 1.800 metros, conforma a la zona en una barrera natural de difícil acceso durante los siglos centrales de la Edad Media.
Ámbito territorial de la Sierra de Segura
2.- LA CASTRALIZACIÓN DEL ESPACIO: ANTECEDENTES Y EVOLUCIÓN.- Estas características geomorfológicas del paisaje, unidas al hecho de que se trate de una zona de frontera van a determinar la estructura del poblamiento, caracterizado para este período por los habitats fortificados enclavados en espacios de altura.

2.a.- La castralización musulmana.

Pero esta morfología del poblamiento no va ser impuesta por los santiaguistas en el momento de su asentamiento en la zona, sino que, en la gran mayoría de los casos, los habitats fortificados son de herencia islámica.

Durante el período de establecimiento musulmán, la zona de Segura de la Sierra, por sus condiciones geoestratégicas y por la presión del avance cristiano, se había configurado ya en un espacio ampliamente castralizado. Incluso desde una perspectiva geográfica más amplia se pone de manifiesto el proceso de incastellamento musulmán sufrido durante los siglos XI, XII y XIII.

La organización del poblamiento se articula en torno a una estructura castral en la cual se integran el castillo —Hisn— y un conjunto de pequeños núcleos de habitat —alquerías— entre los que se establece una relación dialéctica castillo-territorio, de manera que el castillo actúa como centro polarizador de las poblaciones ubicadas en el territorio castral. El poblamiento se dispone en torno a un esquema desconcentrado —no disperso— y no jerárquico, donde un conjunto de pequeñas comunidades de aldea se sitúan cercanas a los terrenos de cultivo. Sobre esta estructura poblacional se sitúa el “Hisn” como centro político-administrativo o militar del territorio castral al que controla y protege. El hisn puede llevar asociado la existencia de un habitat permanente al que se la añade la función de refugio en períodos de peligro para las poblaciones vecinas o puede funcionar como refugio temporal sin habitat permanente. Pero dentro del territorio castral, además del hisn, se sitúan otras formas menores de defensa, éstas son las torres de alquería. Estas torres asociadas a un habitat, constituyen un tipo original de estructuras cástrales que caracterizan el paisaje medieval de al-Andalus en época musulmana; su función está ligada a la vigilancia del territorio próximo a la aldea en la que se ubica y participan en la defensa colectiva del territorio castral, aunque en ocasiones podían tener la función de almacenaje colectivo del territorio al que protegen.
Emblema de la Orden de Santiago
2.b.- Ocupación santiaguista de la Sierra de Segura.

La fase de establecimiento de la Orden de Santiago en la Sierra de Segura viene precedida por la ocupación santiaguista del Campo de Montiel, la cual servirá de plataforma de penetración hacia la zona limítrofe de los reinos de Granada y Murcia formando, de esta manera, con la ocupación de la Sierra de Segura, una cuña cristiana entre ambos reinos.

Este proceso se inicia en 1235 con la concesión a la Orden, por parte de Fernando III, de la villa y castillo de Torres; en 1239 recibe el castillo y villa de Hornos, y en 1242 la villa y el castillo de Segura que, conquistado en 1214, se llegará a convertir en breve tiempo, concretamente en 1245, en la cabecera de la Encomienda Mayor de Castilla que anteriormente estaba en la población conquense de Uclés.

El proceso de consolidación del patrimonio santiaguista continuó ampliándose por las tierras del sudeste peninsular, llegando a estar las posesiones bastante dispersas y que hoy ocuparían importantes territorios de las provincias de Jaén, Albacete, Granada y Murcia. En 1243 el infante don Alfonso dona a la Orden, por los servicios prestados en la toma de Chinchilla, la villa de Galera con las aldeas o torres de Orce, Castalia, Itur, Las Cuevas de Almizra y Color, al norte de la provincia de Granada. Ese mismo año la Orden da a Gil Gómez la villa y castillo de Paracuellos y lo que posee en Segovia a cambio de los castillos de Hijar, Bueycorto, Guttar y Abejuelas con la finalidad de consolidar las posesiones fronterizas en la Castilla meridional. En otro documento de 1243 el infante Alfonso confirma a la Orden la donación de Segura efectuada por su padre un año antes, en ella se especifican las posesiones que tenía Segura con sus castillos que aparecen citados. Sobre este documento volveremos más adelante por su gran interés para nuestro estudio, pues en él se refleja la estructura castral de la Sierra de Segura.

A lo largo del siglo XIII la donación de propiedades a la Orden continuó en zonas de las actuales provincias de Murcia y Jaén hasta completar un amplio señorío, sirva como ejemplo las donaciones que en 1246 hizo Fernando III de unas casas en Jaén junto a sus tierras y huertas además de la torre de Mezquiriel y la de Maquif o la donación que, en 1257, realizó Alfonso X de Aledo y Totana como permuta de las plazas de Elda, Callosa y Catral. Esto provocó un paulatino aumento de territorios y posesiones, generando la necesidad de creación de nuevas encomiendas que permitieran un control más efectivo sobre los dominios fronterizos que la Orden tenía en nuestras tierras. Esta fragmentación de la Encomienda Mayor de Segura propició la creación de las encomiendas anexas de Yeste, Taibilla, Socovos y Moratalla.
Fernando III
2.c.- Valoración estratégica de la Sierra de Segura.

Haciendo un rápido repaso a las posesiones otorgadas a la Orden vemos como estas se estructuran a lo largo de toda la Sierra y el Río Segura en el límite de las actuales provincias de Jaén, Granada, Albacete y Murcia, concentrándose la mayor parte de los castillos a lo largo del Río Segura. La valoración de este espacio, caracterizado por una particular estructura física plagada de pasillos naturales, depresiones fluviales y abundantes afloramientos rocosos, favorece la definición fronteriza de esta zona. La ocupación de este espacio por parte de la Orden de Santiago marcaba la posibilidad castellana de comunicación entre el interior de la Península y el litoral mediterráneo, de penetración hacia el reino de Granada y de formar entre ambos reinos musulmanes —granadino y murciano— una cuña cristiana que impidiera toda comunicación entre ellos. Estos factores, unidos a otros de carácter económico como la posibilidad de explotación de los abundantes recursos acuíferos, la abundancia de pastos de invierno para los rebaños conquenses, así como el control de las redes del tráfico comercial que desde Granada o Murcia, penetraban hacia Castilla a través de Segura, hacen de este espacio un enclave natural geopolítico de primer orden para los intereses santiaguistas, lo cual determinó que se consolidara un fuerte señorío económico-militar en torno a Segura de la Sierra, centrando en un espacio muy reducido gran cantidad de fortalezas, castillos y torres.

2.d.- La estructura castral santiaguista: tipología.

Con el paso de una formación social musulmana a otra cristiana, la estructura castral del territorio de Segura de la Sierra será heredada, en su mayor parte, por los santiaguistas; si bien la evolución del poblamiento y de sus emplazamientos fortificados sufrirá unas transformaciones que más adelante señalaremos. Volvamos ahora al documento de confirmación de Segura de 1243, ya que a través de él intentaremos analizar la red castral santiaguista en la Sierra de Segura.

En el citado documento se mencionan los numerosos castillos —un total de veinte— que pertenecen a la encomienda de Segura de la Sierra. La localización de dichos castillos, en su mayoría, no reviste problemas si bien hay algunos en donde surgen ciertas dificultades. En la actual provincia de Jaén se sitúan, dominando toda la entrada a la sierra desde el Campo de Montiel, aparte del propio Segura de la Sierra, Albánchez, Catena, junto a Segura, donde se localizan las ruinas del castillo de la Espinareda, y Hornos, emplazamiento avanzado en la frontera del reino de Granada. En la provincia de Granada, y también delimitando la frontera, están: Huéscar, Volteruela (actual Puebla de Don Fadrique), Miravet (actual Miravetes en término de Huéscar aunque hay otro estudios que apuntan a otros emplazamientos), Burgeya, este sí próximo a Huéscar. En la provincia de Albacete se localizan la mayoría de los «castillos» citados en el documento; siguiendo la dirección del Río Segura nos encontramos con: Graya, cercano al curso de Segura y a los pies de la Sierra de los Lagos; Yeste entre el los ríos Tus y Segura, dominando el valle fluvial de éste último; al sur de la provincia, dominando el curso del Taibilla, nos encontramos con el propio Taibilla (próximo a Casas de la Tercia) limitando con la frontera y controlando los pasos que, a través de la Sierra de las Cabras, venían desde Huéscar, y Nerpio; siguiendo el curso del Taibilla hasta casi su confluencia con el Segura está Aznar, identificable con el actual topónimo de la Dehesa de Itnar, al suroeste de Letur; hacia el este, paralelos al curso del Segura, se encuentran Letur, Abejuela, Férez y Socovos; ya en la orilla izquierda del Segura se encuentran Gutta, actual Villares, y Vicorto donde todavía se localizan restos del «castillo» que más bien es una torre; más al norte, sobre el cauce del Río Mundo, se localizan Hijar y Lietor. Ya en la provincia de Murcia, próximos a la de Albacete, se sitúan Priego, en un cerro al pie del Calar del Incol, en el Arroyo de los Frailes (junto a Casa de Requena, donde se localizan los topónimos Cortijo y Castillo de Pliego); Benizar, donde, sobre el Arroyo de Benizar, se localizan los topónimos de cerro y caseta de la Atalaya, torres de control de los espacios fronterizos; y, por último, hacia el sureste se encuentra Moratalla.
Dominios de las órdenes militares
Todos estos topónimos que acabamos de localizar, son denominados «castillos» en el documento de confirmación, lo cual nos hace plantearnos una serie de cuestiones acerca de la terminología: ¿qué se quiere decir con la denominación «castillos»?, ¿son todos esos «castillos» iguales?, ¿no hay diferencias morfológico-funcionales entre ellos?, ¿qué funciones cumplen cada uno de ellos?... Podríamos seguir haciéndonos todavía más preguntas pero las respuestas no son fáciles de concretar sin realizar labores en el ámbito arqueológico.

Un primer problema que se plantea es el terminológico, y es que bajo la denominación de «castillo» se está acogiendo una serie de construcciones cástrales que, en buena medida, son muy diferentes entre sí. Una rápida prospección de campo realizada por la zona de Jaén y Albacete, teniendo en cuenta que los restos conservados de los «castillos» no son muy abundantes, nos ha permitido constatar este hecho, determinado por la gran diversidad de estructuras existente entre los diferentes «castillos». Los restos conservados corresponden, en su mayoría, a:

a) Estructuras cástrales cuya valoración estructural y funcional fue muy destacada en la Edad Media y que fueron sedes de encomiendas santiaguistas; es el caso de Segura de la Sierra, Yeste, Socovos.

Segura de la Sierra es un tipo paradigmático de habitat fortificado. A una altitud de 1200 m., se eleva, sobre un afloramiento rocoso, la imponente fortaleza, hoy muy restaurada, a cuyos pies se sitúa la población protegida por una muralla guarnecida con torres; de hecho en una visita efectuada por Francisco de León, comendador de bastimentos del Campo de Montiel, en 1468, se recoge: “(...) Esta villa de Segura es mucho fuerte y está en una cuesta muy alta; y en la ladera está la villa y tiene buena çerca (...) avrá en esta villa çiento e çincuenta vezinos, y ençima de lo altos desta cuesta está el castillo, que está tan alto que pareçe que está en el çielo (...) y tiene el muro muy ancho de la fortaleza, e tiene en el tres torres buenas y un cubo (...) Tiene al un canto della, fazi el canpo, una muy gruesa torre del omenaje (...)”. Cabeza de un pequeño reino de Taifa, con la conquista cristiana —de cuyo período datan los restos actuales de la fortaleza— pasó a ser sede de la encomienda de Segura y pieza clave en la actividad repobladora y defensivo-ofensiva del extenso territorio fronterizo.

Yeste es otro ejemplo de habitat fortificado en el que se conjugan la existencia de castillo y villa, englobada ésta última por el castillo dentro de una cerca muraría y situada a los pies de él, que aprovecha los elementos naturales para su protección. También Francisco de León la visitó en 1468 y la describió de la siguiente forma: (…)“Esta villa de Yeste es una buena villa de asta tresçientos vecinos e muy bien asentada, avunque es çercada a casa muro... y la otra terçia parte, por lo más llano (…) tiene buena çerca de tapias con su petril e almenas (...) Tiene esta villa, en lo más alto della, que es una cuesta, una fortaleça (...) y esta fortaleça tiene dos apartamentos (…)

b) Estructuras de importancia menor que las anteriores pero que mantenían todavía una valoración estructural y funcional destacada, como es el caso de Hornos, castillo enclavado en posición estratégica sobre un colina rocosa a 900 m. de altitud, se yuxtapone sobre la villa a la que rodea, en algunos tramos, mediante una muralla natural de afloramiento rocoso, como queda descrito en la relación de los pueblos de Jaén que aparece en las Relaciones Topográficas ordenadas por Felipe II en el último tercio del S. XVI: “(...) la dicha villa de Hornos está poblada en lo alto, ençima de una gran peña, e que toda la villa está çercada de peña tajada biba toda a el derredor. Que confina con el castillo questá en la cabeçada del pueblo en lo más alto, de cara de donde sale el sol (...) E que la dicha villa solamente tiene dos puertas por donde entran e salen a ella (…)”.
Castillo de Taibilla
Otro ejemplo podría ser Letur del cual, si bien no han quedado restos del castillo, sí hay descripciones documentales del siglo XV: “(…) Y es asentada esta villa sobre una peña muy fuerte y algunas parte es menester reparar la cerca (…) Tiene esta villa una fortaleça, que tiene un cortijo de argamasa y de muy buena tapia, y tiene seis torres en el dicho cortijo  (...)”.

Taibilla podría entrar dentro de esta categoría, enclavada sobre un espolón rocoso —1200 m. de altitud—, controlaba los pasos hacia Andalucía Oriental. Reuniendo una estructura castral y un habitat, ocupa un espacio de altura, en el que en el interior de un albacar se levanta la torre, el despoblado se sitúa en la pendiente noroeste del castillo.

c) Estructuras cástrales que se pueden corresponder con torres de aldea cuya complejidad estructural y valoración funcional es mucho menor a las anteriores. Se limitarían a la vigilancia de los espacios inmediatos. Este es el caso de Vicorto, pues se trata de una torre apartada de lo que es el actual pueblo, situada sobre una pequeña colina de 600 m. de altitud en el camino que va desde Elche de la Sierra a Férez. La función de esta torre sería la de vigilancia de dicho camino y guarda de los vecinos de la aldea. La aldea y torre de Vicorto se encuentran próximas (1 km.) a la población de Villares donde estaría la torre de Gutta, que no sería más que una torre de aldea de las mismas características de la de Vicorto.

Analizados un pequeño porcentaje de estos «castillos», parece quedar claro que ni todos son iguales, ni a todos les corresponden las mismas funciones y que, por tanto, debemos ser cautos a la hora de analizar los textos pues nos pueden llevar a conclusiones erróneas si el análisis de éstos no se ve acompañado de labores de carácter arqueológico, tan necesarias para un profundo conocimiento de las estructuras cástrales en la Península Ibérica.

2.e.- La evolución del territorio castral: nuevas categorías espaciales.

Anteriormente veíamos de qué manera se estructuraba el territorio castral de la Sierra de Segura durante el último período de dominación musulmana. Reflejo del antiguo ámbito territorial islámico de Segura, sería la concesión de términos de la que hemos venido hablando hasta ahora, realizada por Fernando III y confirmada por Alfonso X, pues las concesiones cristianas siempre solían respetar las delimitaciones establecidas en época musulmana siendo en este caso más ostensible pues, a excepción de Huéscar y Volteruela, toda la demarcación islámica segureña se vio afectada por el Fuero de Cuenca adoptado por la Orden de Santiago para sus territorios.
La Sierra de Segura en Granada


La estructura del poblamiento, caracterizada por su castralización, viene determinada por la singularidad orográfica del territorio y por la proximidad de la frontera. A partir de la ocupación del territorio por parte de la Orden de Santiago y, por tanto, de la implantación de un modelo de organización feudal, se van a producir una serie de modificaciones en la estructura de organización del espacio y del poblamiento, cuyos protagonistas van a ser en buena parte los «castillos» de los que hemos venido hablando. Si bien, al inicio de la ocupación santíaguista, el poblamiento aldeano no se resintió por el cambio de una formación social a otra pues tan sólo las villas situadas más al norte vieron mermar más sus pobladores, lugareños musulmanes que se desplazaron a villas más al sur y más protegidas por la difícil orografía serrana. Será a partir de mediados del siglo XIII cuando el antiguo modelo de articulación espacial islámico —no concentrado y no jerarquizado— será sustituido por una concentración del poblamiento y una jerarquización del territorio en torno a una serie de núcleos principales.

Sobre un contexto de inestabilidad fronteriza, de huida de la población musulmana y de falta de repobladores cristianos, enmarcado todo ello dentro de la política de centralización llevada a cabo por Alfonso X a partir de mediados de siglo, el poblamiento tiende a concentrarse en torno a los habitats fortificados, núcleos de relevancia económica y estratégica que ven como, otras entidades de poblamiento menores, sufren la despoblación de sus espacios. Esto es precisamente lo que sucedió en torno a la Sierra de Segura a lo largo del siglo XIII, sobre todo a partir de la elección de Segura en encomienda Mayor. A partir de entonces, una serie de habitats fortificados se van a erigir en polos de atracción, en núcleos de organización defensivo-ofensiva y en centros de actividad económica y poblacional del espacio dependiente. En torno a un territorio amplio —la Sierra de Segura— se van a estructurar otros ámbitos espaciales menores, nuclearizados en torno a las fortalezas de Segura, Yeste, Socovos y Moratalla que serán las que protagonicen de una manera más coherente la defensa y articulación del espacio. Estas fortalezas tendrán bajo su tutela toda una serie de castillos, torres o munitiones de menor entidad. Por ejemplo, Segura de la Sierra contaba con los castillos menores de La Puerta, Villarrodrigo, Génave, Siles, Benatae, Hornos, Torres de Albánchez, Orcera, Hornillos y Catena entre otros; Yeste con Graya; Taibilla con Nerpio; Socovos con Letur, Abejuela, Lietor, Hijar, Feréz y Aznar; y por último Moratalla con Volteruela, Benizar y Priego. Su función estaría supeditada al control efectivo del espacio circundante, tanto contra posibles incursiones, como para la explotación de los recursos naturales y el cobro de montazgos, portazgos, pues no olvidemos que en el documento de confirmación de términos de Segura se le concedían a los santiaguistas los «castillos» (…)cum ómnibus terminis pertinentibus ad hec nominata castra, cum tenis, cum vineis, cum montibus et fontibus, cum serris et riuis, cum molendinis et pescariis, cum pratis et pascuis, cum deffesis et montaticis, cum salinis et portagiis, (...).
La Sierra de Segura en Jaén
Volviendo al estudio de la tipología de estos emplazamientos, un elemento que nos puede ayudar a descifrar la categoría castral de los mismos, puede ser el factor repoblación-despoblación. Si tenemos en cuenta que a lo largo del siglo XIII, una serie de emplazamientos se erigieron en cabezas jerárquicas de un espacio que ordenaban, y que el poblamiento tendió a focalizarse en torno a estos habitats fortificados, debemos presuponer que estos emplazamientos poseían una valoración morfológico-funcional compleja, como correspondería a su categoría.

Por el contrario, otra serie de estructuras de fortificación y habitat mucho menos complejas estructural y funcionalmente, es decir, torres de aldea y munitiones, sufrieron un proceso de pérdida de población que les llevó, en algunos casos, a convertirse en despoblados. El rastreo de este proceso nos llevará a poder identificar tales emplazamientos como estructuras cástrales menores y tipológicamente subordinadas a otras de carácter más complejo. Este es el caso de Taibilla que sufrió una fuerte despoblación a lo largo del siglo XIV hasta quedar unida, por su escasa entidad, a la encomienda de Yeste a principios del XV. Hijar —de la cual no quedan restos de ninguna torre o recinto defensivo—, a raíz de la conquista cristiana asistió a una pérdida progresiva de su población lo que le llevó a quedar despoblada a principios del XIV. Lietor sufrió también un proceso paralelo de despoblamiento, aunque no lo llevó al total abandono y pudo ser repoblada en 1335. Más al sur, los lugares de Villares (Gutta), Vicorto, Létur, Feréz también sufrieron la despoblación de su habitat, y por tanto, la ruina, sobre todo en el caso de Gutta, Feréz, Letur y Lietor, de sus estructuras cástrales.
La Sierra de Segura en Albacete
3. CONCLUSIÓN. A modo de conclusión queremos hacer una serie de aclaraciones. En primer lugar, plantear como hipótesis todas las afirmaciones contenidas en este trabajo ya que, como anteriormente hemos dicho, sin un estudio interdisciplinar que contemple las aportaciones necesarias de la historia, la arqueología y la geografía, todas las conclusiones serán parciales y no nos permitirán hacernos un idea lo más aproximada posible de la realidad de la estructura castral santiaguista en la Sierra de Segura.

En segundo lugar, y relacionado con lo primero, queremos advertir que la clasificación tipológica que hemos tratado de establecer es meramente aproximativa. De ningún modo hemos hecho un «barrido» sistemático de todas las estructuras cástrales situadas en la Sierra de Segura. Nos hemos servido de la documentación para guiarnos a la hora de establecer esta clasificación tipológica, pero no cabe duda de que se nos escapan numerosas torres, atalayas (la abundante toponimia de la zona lo confirma) que también desempeñaron su función en la época medieval y que por ser estructuras de menor entidad quizá no se recogieron en la documentación.
La Sierra de Segura en Murcia

Por último, queremos añadir que en la clasificación tipológica no hemos hablado de una categoría de emplazamiento castral que tuvo su importancia relativa como elemento defensivo. Nos referimos a los refugios naturales: cuevas, abrigos, peñas rocosas, etc., que sin duda fueron utilizados por los habitantes de la Sierra cuando no estaban en disposición de refugiarse en un conjunto castral. Sirva como ejemplo Lietor cuyos habitantes tuvieron como refugio para casos excepcionales, ante la ruina de su fortificación, una cueva existente en la roca, bajo la población misma: «... visytaron una cueva que se dize la fortaleza, la cual está sobre la barranca del valle y entran por debaxo de la dicha villa, e mandase por junto al muro, por do tyene la entrada a la parte de fuera de la barranca, y entra muy adentro debaxo de la peña, a manera de algarve, donde se solían recoger en los tiempos de necesidad. Es toda ella de obra natural».

lunes, 12 de junio de 2017

CON LA SIERRA EN LAS VENAS.....JOSÉ ROMERO


En ocasiones, y casi de casualidad, pasan por la vida de los pueblos personas que, sin pretenderlo, dejan huella entre sus gentes. Sus iniciativas y sus dinámicas de vida marcan una trayectoria que al final del camino hacen que sean apreciados por todos y, desde la perspectiva que da el tiempo, sean considerados por aquellos que compartieron momentos y experiencias con ellos simplemente como buenas personas. Este es el caso de José Romero Rus, un vecino ocasional y deliberado de Puente de Génave, que eligió nuestro pueblo para disfrutar de sus años de merecido descanso, pero que no se conformó sólo con eso, sino que se implicó en las dinámicas sociales y culturales donde alcanzó cierto protagonismo. Colaborador asiduo en los primeros años de la revista Nuevo Puente, desarrollando un importante papel aportando con sus escritos experiencias, opiniones y recuerdos que calaron hondo entre sus lectores. Aquí reproducimos una entrevista que se le realizó en el Semanario Nuevo Puente el 4 de septiembre de 1998 en la que comparte con todos sus opiniones e inquietudes, y como no, también una de sus incontables historias serranas que tanto gustaba de relatar, la del Pequeño Paquito.

RETRATO A……. JOSÉ ROMERO RUS

José Romero Rus nació en La Puerta de Segura, en Camarillas un pequeño cortijo cercano a la Venta San José, para ser más concreto, un 26 de mayo de 1923. Su vida ha transcurrido casi siempre en el campo, realizando diversos trabajos y ocupaciones que de él se derivan. Ahora reside en Puente de Génave  y es pensionista, está casado y es un hombre conocido en el pueblo, colaborador y buen lector de nuestra revista y un hombre un tanto distinto que ha evolucionado y se ha adaptado al nuevo tiempo, como veremos a continuación en la siguiente entrevista.
José Romero Rus
-¿COMÉNTENOS ALGO DE SU INFANCIA?
Estuve yendo primero a una escuela de pago y después a la Escuela Nacional en La Puerta, que fue donde aprendí a leer, escribir y lo poco que sé de la mano de mi maestro que se llamaba Don Paco.
Antes de venir a Puente de Génave estuve en la Porrosa de pequeño, que era donde mi padre trabajaba de mulero. Cuando empecé a trabajar venía a Puente de Génave con el ganado y por eso pensé en comprarme una casa aquí, pues es un pueblo que siempre me ha gustado por su enorme tranquilidad.

-¿ANTES DE VIVIR EN PUENTE DE GÉNAVE DÓNDE RESIDÍA Y A QUÉ SE DEDICABA?
He recorrido muchos lugares, aldeas y cortijos de la Sierra de Segura. No puedo decir que no haya gente que me conozca, aunque si les dices José Romero puede que no, pero si les nombras a José Leona, la cosa ya cambia. Y sobre un lugar te diré que guardo un muy grato recuerdo de la aldea de las Tres Aguas en Segura de la Sierra.

-¿PORQUÉ ESCOGIÓ A PUENTE DE GÉNAVE COMO LUGAR PARA VIVIR?
La idea de tener una casa en este pueblo cuando me jubilara siempre rondó en mi cabeza. Es un pueblo bonito, con bastantes servicios, bien comunicado y sobre todo muy tranquilo. Y del pueblo, de la casa y de mi jubilación ahora estamos disfrutando.
Foto que ilustraba la entrevista en el Semanario Nuevo Puente
-¿YA QUE USTED LLEVA TANTO TIEMPO EN PUENTE DE GÉNAVE QUE OPINA DEL PROGRESO QUE ESTÁ TENIENDO EL PUEBLO?
El pueblo no deja de avanzar, sobre todo en construcciones. Con respecto a la población no he seguido mucho su avance pero pienso que no habrá sido mucho. Si es cierto que se ve alguna gente nueva, pero no mucha. En lo que más lo he notado ha sido en la celebración de las fiestas, pues ahora si son unas fiestas de verdad, ya que antes eran unas fiestas más pobres y peores.

-¿QUÉ OPINIÓN TIENE SOBRE NUESTRO PERIÓDICO YA QUE VD. ES UN GRAN LECTOR Y COLABORADOR NUESTRO?
A mi vuestra publicación me gusta de todas formas. Yo creo que está bastante bien y me gusta los cambios que vais introduciendo pues tiene más contenidos y caben más cuestiones.

-YA QUE NO TRABAJA POR SU EDAD, ¿QUÉ SUELE HACER PARA PASAR EL TIEMPO?
Lo primero es ir al corral con mi cabra, mi chota y mis gallinas. Allí me distraigo atendiéndolas y al menos no critico a nadie ni tampoco me critican a mí. También suelo andar mucho por cuestiones de salud, ya que soy diabético y es bueno andar.

-¿POR QUÉ NO ACUDE AL HOGAR DEL JUBILADO?
Principalmente por dos motivos. El primero que no me gustan los ruidos ni los humos de tabaco y allí hay mucha algarabía y sobre todo mucho humo, aunque tengo entendido que ya han prohibido fumar. Lo segundo, si alguien dice una mentira sufro si no la contesto, y si la contesto ya tengo enemigos, y prefiero no ir, y jugar a las cartas, al dominó o a otros juegos de mesa no me gusta y ni siquiera sé ni quiero aprender. No bebo alcohol, no fumo ni tomo café, si quiero ver a los amigos los veo en la calle, pues dime tú a qué voy a ir entonces.
José Romero en sus años de juventud
-YA QUE HA DICHO QUE SALE A PASEAR, ¿LO HACE SÓLO O EN COMPAÑÍA?
Casi siempre voy solo, pero hay ocasiones que vienen mis amigos Felix Higueras González y Adriano “El Moreno”.

-¿DE QUÉ TEMAS SUELEN HABLAR?
Solemos contar chistes, y de cómo va la vida. También de recuerdos que ya vamos para viejos.

-¿DE QUÉ CARACTERÍSTICA HUMANA SE SIENTE VD. MÁS ORGULLOSO?
Sin lugar a dudas de la lealtad y la amistad.

-ME HA COMENTADO QUE NO PRUEBA EL ALCOHOL NI FUMA, COSA NO MUY NORMAL ENTRE UN HOMBRE DE LOS DE ANTES, ¿HAY ALGUNA RAZÓN EN ESPECIAL?
La verdad es que sí, antes le he dicho que la lealtad es algo que destaco de la persona, y sobre todo hay que ser leal a uno mismo. Un día, a raíz de una enfermedad de mi hijo José hice una promesa y mientras viva seré fiel a lo que prometí.

-¿QUÉ AFICIÓN TIENE DESDE SIEMPRE?
A mí siempre me ha gustado mucho el flamenco, y alguna que otra cancioncilla se me ha escapado, e incluso alguien ha llegado a insinuar que no lo hago mal del todo; pero lo que siempre me ha gustado es el campo, ver cómo cambia de color y observar lo bonita que es la naturaleza. También, y dentro de mis posibilidades, escribir alguna que otra historia o poesía.

-¿HAY ALGÚN LUGAR DEL PUEBLO QUE LE GUSTE EN ESPECIAL?
En el pueblo hay muchos lugares preciosos pero a mí me gusta especialmente el paseo de la Vicaría, es un lugar amplio y con jardines y ahora ya casi sin tráfico.

-A VD. LE HABRÁN OCURRIDO MUCHAS COSAS EN SU LARGA VIDA, ¿HAY ALGUNA HISTORIA O RECUERDO EN ESPECIAL QUE LE GUSTARÍA CONTARNOS? 
Pues la verdad es que sí. Como bien sabe el que me conoce, a la más mínima oportunidad, suelo contar historias, anécdotas, chistes o incluso alguna que otra poesía o romance, es algo que me gusta; y como os he dicho antes me gusta escribirlas para entretenerme y para ayudarle a la memoria a mantener los recuerdos que a lo largo de mi vida me han ocurrido y por supuesto que os voy a contar una……aquí la tenéis.
José Romero con su esposa, hijos y familiares en la aldea serrana de Las Tres Aguas

EL PEQUEÑO PAQUITO.

Aquel día debería haber sido uno más, otro día de frío invierno en el que, con la primera claridad de la mañana en el horizonte, me disponía a salir al campo con mi, no muy numeroso, ganado de ovejas. De hecho nada hacía pensar que aquel día trece de febrero iba a ser uno de esos días que uno guarda en su memoria. La mañana fue tranquila, los pastos no eran demasiado abundantes, pero no había otro remedio, la ganadería tiene esas cosas y cada día la búsqueda de pastos era la principal tarea. Ese día tenía previsto acercarme al Cortijo de Lique, en el término de Segura de la Sierra, y después del reposo de la comida, algo hizo que ese día fuera diferente. Cuando ya enfilaba las tareas de reunir el ganado para iniciar la lenta vuelta a mi aldea, estando cercano a la vía pecuaria que conocemos como Camino Real, apareció ante mí una pequeña criatura de poco más de tres años. No puedo ocultar mi enorme sorpresa, ya que si era raro encontrarme con alguien, más lo era con un niño tan pequeño. Evidentemente estaba perdido pues nadie respondía a sus llantos ni a mis gritos posteriores de llamada de atención.

Después me enteré que jugando con sus hermanos se apartó de ellos y desorientado siguió camino opuesto, cosa que había ocurrido a media mañana. El pequeño siguió el camino del Trinitario para, después de recorrer un buen trecho, llegar muy cerca del Cortijo de Lique, cuando ya el día empezaba a dejarse vencer por la penumbra del atardecer. Al parecer el niño había escuchado un ruido que vino a provocar que la curiosidad ejerciera ese poder de atracción innato en todo niño, provocando su desorientación y su pérdida ante la angustia de sus hermanos que raudo corrieron a pedir ayuda a sus familiares.
En búsqueda de pastos en la sierra
Ciertamente mi solitario trabajo de pastor no me ofrecía oportunidad para pensar que pudiera escuchar ninguna voz humana por aquellos parajes pero me pareció, cuando el sol ya anunciaba el final de la tarde, oír una lejana voz que, en un principio, no identifiqué como tal atribuyendo ese extraño ruido a alguna alimaña que estaría merodeando por los alrededores de mi ganado. Su lejanía hacía difícil que pudiera asociar aquellos sonidos a un ser humano, pero si era de extrañar que los perros que me acompañaban no ladraran para espantar a cualquier animalillo que osara acercarse a nosotros. Hasta las mismas ovejas presintieron la cercanía de aquella voz,  que conforme se acercaba aumentaba de intensidad al tiempo que se adivinaba su candidez y fragilidad.

Instintivamente me incorporé y, con paso apresurado, avancé con decisión hacia el lugar por donde creía escucharla y conforme me acercaba se hacía más perceptible entendiendo ya que, entre sollozos, estaba llamando a su mamá. Cuando pude verlo intenté tranquilizarlo y le dije que se acercara pues yo sería quien le acercaría a donde se encontraba su mamá. Pero la primera respuesta fue de clara desconfianza, incluso tímidamente inició unos pequeños pasos hacia atrás. Insistí en la tarea de tranquilizarlo e incluso le ofrecí algo de comer. Creo que su propia angustia y la necesidad de llevarse algo a la boca fueron las que propiciaron que no saliera huyendo cuando definitivamente me acerqué. Le ofrecí mi mano que él cogió con gran timidez mientras me decía con voz quebrada por los sollozos y el llanto, “quiero ir con mi mamá”. Mi primera intención fue la de situar su lugar de procedencia, pero su respuesta a mis preguntas sucesivas sobre si era de Orcera, de Segura, de Trujala… y no sé cuantos más lugares le nombré, siempre era la misma, “quiero ir con mi mamá”.
Jesús Romero en sus años infantiles.
Decidí buscar su calma para así poder obtener mayor claridad en sus respuestas, por lo que mis preguntas cambiaron pasando a interrogarle sobre su nombre, descubriendo que se llamaba Paquito, sobre sus hermanos o sobre si le gustaba las ovejas o los perros, pero cuando le preguntaba sobre algo referente a su procedencia, la respuesta siempre era encogerse de hombros y un pausado silencio. La verdad es que el que se estaba poniendo nervioso ahora era yo.

En esto se acercó mi hijo Jesús con las mulas que llevaban una buena carga de leña,  había quedado en aquel lugar con él para regresar juntos al cortijo, y no pude disimular que me alegró su presencia que no esperaba hasta un poco más tarde. Era una oportunidad para que él pudiera sacar algo más en claro sobre aquella situación sobrevenida que me estaba creando cierta intranquilidad. Con la presencia de mi hijo Jesús todo se fue calmando. No pudo disimular la extrañeza por la presencia de aquel pequeño que tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. La pregunta era lógica: “¿donde se ha encontrado Vd. a este niño?”, y mi respuesta no se hizo esperar: “vino por el jorro que hay enfrente del camino del Collado”. La reflexión también fue la lógica pues mi hijo apuntó rápidamente que sería por allí por donde lo estarían buscando. Inmediatamente cogí al niño por la mano y, al tiempo que indiqué a mi hijo que se quedara con el rebaño, con un paso algo ligero, me dirigí con presteza hacia el lugar por el cual presuponía había venido y ciertamente, después de haber recorrido un buen trecho, no tardé mucho tiempo en escuchar en la lejanía algunas voces que, a medida me iba acercando se hacían más intensas y entendibles, repetían con insistencia el nombre del niño. Pronto fui yo el que comencé a dar también voces para intentar tranquilizarlos, “está aquí, está aquí”. La presencia, a paso acelerado, de un muchacho y un poco más atrás de un hombre algo más mayor, que con caras desencajadas y gran sofoco, no pudieron disimular su alivio al ver que el pequeño Paquito se encontraba junto a mí. “No sufran, tranquilos, el niño está bien”.
José Romero y su esposa
La sonrisa se dibujó en sus caras y pronto se identificaron como familiares. Concretamente el señor mayor me dijo que era su tío al tiempo que el niño se abrazó con fuerza a sus piernas. “Está nervioso y asustado, pero lo importante es que está bien” les dije, mientras recibía numerosas muestras de agradecimiento. Les pregunté de donde eran por si conocía a la familia, y mientras me daba las gracias me dijo que de Orcera de la familia de Viloria. Ciertamente conocía a la familia por lo que apunté que sería de Cándido, pues Viloria era soltero. “Bien pues dele recuerdos de José Romero”, a lo que contestaron que no sólo le darían recuerdos sino que les dirían que le había salvado la vida al niño, que perdido y con el frío de la noche ya cercana hubiera tenido pocas posibilidades de resistir perdido en medio de la sierra.

         La verdad es que jamás he vuelto a saber nada de aquel niño, que seguro hoy será un hombre, tampoco si recuerda aquel episodio de su vida o si alguien, en algún momento, se lo ha contado, tampoco si tiene presente que hubo un día donde su vida corrió verdadero peligro pues las temperaturas nocturnas en invierno por aquellos parajes son bastante severas y que la suerte o, quien sabe, su Ángel de la Guardia le llevó hasta mi, y que fui yo quien lo encontró, rodeado de sus ovejas, un ganadero y que si quiere saber su nombre, pues se llamó José Romero.

viernes, 26 de mayo de 2017

SAN ISIDRO 2017 EN POCO MÁS DE 50 IMÁGENES


Cuando hacemos un repaso de las fechas más significadas de nuestro particular calendario, inevitablemente los puenteñ@s miramos sin vacilar el 15 de mayo, día de San Isidro. Estos días de mediados de mes, cuando la primavera luce en su máximo esplendor, son siempre referencia para todos aquellos, que de una forma u otra, vivirán las fiestas en honor al Santo Patrón. Son días de encuentro y de alegría, días de romper rutinas y cometer lógicos excesos, en definitiva, son días de fiesta.
Otro año, desde este blog, y como viene siendo ya tradicional, hacemos un repaso gráfico a los diversos acontecimientos vividos durante estas pasadas fiestas en Puente de Génave, siendo de justicia hacer referencia de los autores de las diferentes imágenes que harán un recorrido por el proceso festivo de este San Isidro'17. Mostramos nuestro agradecimiento a   Manolo Villar, Joaquín Castillo, Javi Flores, María Endrino, Nino Sanchez, Paco Garcia Novoa, José Luís Fernández, Roberto Carlos Segura, Joaquin Castillo, Pedro Antonio Diaz Herreros, Rosa García, Alvaro Herreros Garcia, Loli Gonzalez, Raúl Sánchez Pérez y José Antonio Molina Real.