martes, 12 de junio de 2018

UN RÍO QUE DA VIDA. EL GUADALIMAR

Si hay algo que los puenteñ@s, especialmente los que vivimos en otros lugares, no nos cansamos de fotografiar, y mucho más ahora que con nuestro aparato de telefonía móvil podemos captar todo tipo de imágenes, es nuestro río. Efectivamente, el Guadalimar, el que en otro tiempo los árabes denominaron río rojo, conserva un especial significado para todo aquel nacido en esta tierra porque este río ha formado y forma parte de la vida de todos nosotros. En este artículo que presentamos de Ramón Gallego, que apareció en el programa de fiestas de San Isidro de 2008, se quiere realzar como elemento vertebrador del pasado y del presente de nuestro pueblo a ese río que nos ha dado y seguirá dándonos vida.
Visualización longitudinal entre el Río Guadalimar y el Guadalquivir


EL RÍO. NUESTRO RÍO.


Si midiéramos la longitud de nuestro río colorado y la comparásemos con la del gran río de Andalucía, el Guadalquivir, nos daríamos cuenta de que son casi parejos. El que nace en Villaverde, nuestro Guadalimar,  aparece en numerosos mapas antiguos con el nombre de Guadalquivir; así ocurre en la cartografía elaborada por G. Rossi en 1692. Está claro que es una confusión debida no sólo a su longitud sino también al mayor caudal que nuestro río rojo en el momento de unirse al gran Guadalquivir tiene mayor volumen de agua propiciado por poseer una superior superficie de cuenca. Pero geográficamente el criterio predominante es el de la longitud y en eso el que nace en el término de Quesada es algo más estirado que el nuestro.
Sirva esto para darnos cuenta de que nuestro río, al que los romanos llamaron Tago, Tagus o Tugio pues nacía en las montañas que ellos denominaban Tugia y que después adquirió el nombre de Guadalimar ya que los árabes le llamaron "wad al-ihmar" o río colorado por el color bermejo de sus aguas, ha tenido gran importancia a lo largo del tiempo, tanto es así que se ha llegado a confundir con el Guadalquivir en numerosas ocasiones, como ya hemos visto, hasta que la cartografía moderna eliminó estos equívocos.
Villaverde del Guadalimar
Nuestro pueblo bien podía haber asumido su nombre como topónimo y llamarse Puente de Guadalimar. Quizás hubiera sido lo lógico y lo más asumible, pero los archivos nos indican claramente la vinculación del puente viejo sobre el río con el topónimo Génave.
En 1565 el molino junto al río, el de los hermanos Segura, estaba en pleno funcionamiento pero no se cita el lugar o pago. No será hasta 1743, según testimonio del párroco D. Diego Ximénez de Figueroa, cuando tengamos la primera referencia escrita a este mismo molino que textualmente se cita como “el molino que dicen de Génave”, habitado por molineros foráneos, concretamente de Cazorla y Villanueva del Arzobispo. En el lapso de tiempo que media hasta 1801 es cuando se fragua definitivamente el nombre de nuestro pueblo, al citar el párroco de La Puerta de Segura el llamado Cortijo de las Ánimas del que indica claramente que está situado en “la puente de Génave”, tal cual, aunque parezca una incorrección es nombrado en femenino. Este topónimo deriva claramente del nombre asignado tradicionalmente al molino.
Río Guadalimar en Puente de Génave
Por lo tanto si en 1833 el grupo de cortijos ya se llaman Puente de Génave, tanto el molino como el puente son los dos elementos que, estrechamente vinculados al río, articulan el desarrollo ulterior de la localidad.
Poco a poco, el río, como lugar de paso o de trabajo va atrayendo a gentes de diversos lugares y los cortijos surgen a su alrededor. Se sitúa uno muy destacado que es llamado de Las Ánimas (1801), otro el denominado La Vicaría (1814), el del Llano de Moya (1835) y por último el de La Mina (1870).
Puente Romano. Puente de Génave
Sea cual sea la actividad -cabe suponer que no muy alejada de la relacionada con las tareas del campo- de las diversas gentes que pueblan estos cortijos de Puente de Génave, a los que añadiremos también el de Pedro Nares y otros más de su alrededor como el de Paules, Los Avileses o los llamados Cortijos Nuevos de factura y estructura posterior, señalaremos que no se van a alejar demasiado de las posibilidades que ofrece el río. Es conocido que, al margen de estos cortijos, el poblamiento se produjo a ambos lados del cauce en torno al Puente Viejo, en las actuales calles de las Parras y de San Isidro por un lado y en la calle Goya, que recibió originariamente el nombre de calle del Río, por otro.
Calle Goya. Puente de Génave
La construcción a finales del S. XIX del Puente Nuevo con la mejora de la carretera de Jaén a Albacete, supuso un espaldarazo definitiva para el desarrollo de la hasta entonces aldea o agrupamiento de cortijos de Puente de Génave, y a partir de aquí su evolución para constituirse como núcleo municipal independiente en 1933.
No todo han sido mimos para nuestro río. Los auténticos disparates medioambientales que se han realizado hasta prácticamente la década de los ochenta del pasado siglo nos lo han dejado muy dañado. Talas abusivas de arbolado y vegetación de ribera, sobrepastoreo, vertidos de alpechín, extracción de áridos aguas arriba, construcción de represas de riego, alteraciones irreversibles del cauce, vertidos de aguas sin depurar, etc… han mermado su ecosistema, en ocasiones de forma irreversible. 
Riada en la Central. La Vicaría.

Mucho se ha hecho y se continúa haciendo para remediarlo, pero el esfuerzo ya es enorme y las administraciones, especialmente las locales, se muestran muy limitadas por entes como la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y no pueden asumir las tareas de recuperación. Los puenteños le debemos mucho a nuestro río, pocas poblaciones pueden presumir de poseer el tesoro que la naturaleza nos ha dado por lo que debemos cuidar el tesoro que nos ha dado y nos da vida.


Ramón Gallego Martínez

lunes, 28 de mayo de 2018

BREVES APUNTES GASTRONÓMICOS DE LA SIERRA DE SEGURA


SIERRA DE SEGURA. CAPÍTULO GASTRONÓMICO



Ninguna pretensión científica, pues el tema ya ha sido tratado por autorizados expertos, se contiene en estos renglones, sino que, esbozado por nosotros, aunque muy superficialmente, el estudio de la Sierra de Segura en sus aspectos histórico, lingüístico y costumbrista, aspiramos a completar en este trabajo, que aunque no inédito nos complace divulgar, las peculiaridades gastronómicas de la región.

La cocina de cada lugar está indudablemente influenciada por tres elementos básicos: clima, suelo y situación. Punto de intersección esta comarca de la Sierra de Segura, según es sabido, entre las provincias de Albacete, Murcia y Granada, esta geografía gastronómica, el estilo y la forma de cocinar de estos pueblos participa del de sus vecinos, sin excluir, claro está, la influencia culinaria de Jaén.
Cocina tradicional
No es esta, como no lo es el Sur, tierra de glotones, aunque por excepción se dé con algunos tragaldabas de diente sano y pocos remilgos; pero en líneas generales puede decirse que la pobreza de la agricultura obliga a la sobriedad, sin que esto signifique que falten los buenos platos de sólido y suculento yantar, y que quien venga a estas tierras se quede sin comer.

Del acervo gastronómico de Albacete procede el típico gazpacho, que por aquí se llama «galianos» y cuya calidad ha sido notoriamente mejorada, pues no en vano la Sierra da finura y transparencia a las cosas. Se confecciona aquí a base de conejo y perdiz menudamente picados y de torta de harina de trigo cocida a fuego lento en el rescoldo de una hoguera de romero y tomillo y otras leñas olorosas, que le comunican su aroma, sin que se le añada más aderezo que un poco de ajo, y carece de ese caldo que, por perjuicio de la vista y el gusto, contiene el gazpacho manchego. También de Albacete y por tanto poderosa razón como la de tratarse de tierra adentro mal comunicada, ha recibido el gusto por el bacalao y los pescados salados y de conserva, pues los frescos apenas si cuentan, únicamente las exquisitas truchas de Río Madera, merecen ser mencionadas.
Galianos
Mas la nota culinaria característica, la dan las legumbres y hortalizas. No en vano estas tierras formaron parte del reino de Murcia, de cuya cocina viene el singular aprecio que en la mesa serrana se concede al pimiento y tomate: pimientos rellenos de carne y huevo picado, pimientos con huevos fritos, y para el desayuno y como plato de entrada, pimientos fritos con patatas, de guarnición con la carne y la caza, asados y aderezados con aceite como complemento del cocido, confeccionado con garbanzos de Pontones tan tiernos y finos como los mejores, y crudos como entremés. El tomate es, igualmente, elemento principal o complementario de varios guisos y así, se aplica con perejil y aceite para elaborar una sabrosa salsa con la que se rocía el cocido, y aparte su consumo en los numerosísimos y conocidos guisos, se conserva en botellas o se secan al sol para ser consumidos en invierno, y se hace además una riquísima mermelada que merece los honores de que los vientos de la fama propaguen sus cualidades más allá de estas montañas, para delicia de los buenos gourmets.
Huevos con patatas y productos de la huerta.
Los espárragos silvestres son únicos por su suave y fino paladar, y los «guiscanos», que en Madrid se llaman «níscalos», son también muy sabrosos y apreciados. Las frutas son buenas, y los melocotones acaso no los produzca ninguna otra comarca más dulces y aromáticos.

Una observación curiosa es que, situados en la zona culinaria «del aceite y el ajo», el plato típico de Andalucía, el «gazpacho andaluz», si bien no puede decirse que es plato desconocido, apenas si es apreciado y en muy rara mesa se sirve.
Guiscanos
Pero la cocina típicamente popular y serrana es, como hemos observado, sobria y sencilla, casi ascética: migas de pan, migas de harina de maíz que llaman «ruleras», y suelen comerse con arenques y pimientos, gachamigas, que es una a modo de tortilla, sin huevos ni patatas, en cuya composición entran únicamente la harina de trigo y el aceite con que se fríe, y el «ajo » que puede ser de patatas, de harina o de pan, pero que por extraña paradoja, no lleva ajo o lo lleva en proporción apenas perceptible. En realidad es un puré. En esta especial culinaria cabe mencionar también el «moje», ensalada de bacalao y cebolla, aliñada con ajo, comino, aceite y vinagre, que luego se cuece.
Gachamiga serrana
La «olla gitana», un hervido de patatas y jadías verdes con sal, pimentón y aceite. Y el «guisao», que son recios trozos de patata condimentada en forma parecida a la «olla gitana» y al que llaman viudo o «blincaciecas» si no lleva carne.

Estos guisos constituyen la base alimenticia de los campesinos, quienes lo comen lo mismo para desayunar que para el almuerzo o para la cena. En suma, una cocina elemental y primitiva, sin personalidad ni refinamiento, propia de un pueblo que a más de ser sobrio, se ha acostumbrado a no comer, sin que pueda llegarse a la análoga conclusión en cuanto al beber.
Olla gitana
Por ello, la «matanza», amorosa e ilusionadamente cuidada y esperada desde las fiestas de Orcera a la feria de La Puerta, donde se compró el cochino (con perdón o «hablando conmigo solo», dicen los campesinos siempre que nombran al animalito de la vista baja), es una gran fiesta, que viene a reforzar la mesa de quienes disfrutan de más holgada economía, e incluso constituye motivo de vanidad y jactancia el número de cerdos sacrificados.

Suele tener lugar por San Andrés: «San Andrés mata tu res», reza un refrán campesino, y, efectivamente, cuando llegan estas calendas, equipos de matarifes previamente requeridos, van de casa en casa a sacrificar los cerdos, faena que por lo general suele hacerse en las calles ante la admirativa expectación de los curiosos viandantes si el animal es de buen peso; el regocijo de la chiquillería que se divierte golpeándose con las vejigas infladas de aire, y la vigilancia del «amo», que orondo y complacido se anticipa mentalmente a los placeres de la gula, esos días satisfecha sin limitaciones.
Matanza tradicional en Puente de Génave

Es tradicional en el día de la matanza cenar el «ajo de pringue», plato muy sustancioso a base de hígado muy picado con miga de pan y con aceite crudo, y que de este yantar participen los numerosos invitados, ya que para ayudar a los trabajos y gozar de la abundancia y suculencia de los manjares, se «convida» a deudos, allegados y amigos.

Don Enrique Casas Gaspar escribe, a este propósito, que «los rasgos sobresalientes de la matanza parecen retrotraerse a épocas muy primitivas. Ya nadie cuenta con el concurso de sus vecinos para levantar su casa ni para arar sus tierras (aunque se haga una excepción con los labrantines que enferman); pues bien, para la matanza se dispone con seguridad de los brazos de todos los invitados. Este colectivismo laboral se encuentra en todo su esplendor en las sociedades muy atrasadas».
Ajopringue
Así será, sin duda; pero lo cierto es que por aquí, la gente acude a la matanza por glotonería y porque se divierte, sobre todo los jóvenes, que cantan y bailan y beben de lo lindo, y en cuanto a los dueños, es una ocasión propia para obsequiar, a veces, con verdadero rumbo, a sus amistades y parientes.

El trabajo, con la sola excepción del sacrificio y despiece del puerco, se reserva exclusivamente al elemento femenino; y una vez confeccionados los embutidos, se cuelgan en grandes varas sujetas a las vigas del techo de la cocina o en el humero, para activar su curación.
Productos de matanza
También se cruzan «presentes» que al final suelen quedar compensados entre los que se envían y los que se reciben, sin contar con que bajo la apariencia del obsequio, lo que realmente se busca es mostrar la destreza de las amas de casa en lograr el punto que deben llevar diversos alimentos. Aparte de esto, la carne apenas si entra en la alimentación campesina. Cuando con motivo de alguna festividad o para celebrar algún acontecimiento familiar o un trato, se «echa el alboroque» y se asan al horno unas cabezas de cabrito, que se comen con una especie de ajoaceite, llamado «ajo atao», esto constituye un festín pantagruélico.
Ajoatao

Bien es verdad que el andaluz es un pueblo que no necesita comer mucho, pero aun así sería curiosa una estadística de la escasez de carne en la de por sí parva alimentación de estas gentes; el político y el sociólogo, podrían deducir de ella múltiples consideraciones.

En contraste con esta austeridad gastronómica, son regalo del paladar los más variados y exquisitos dulces y confituras: las yemas de La Puerta de Segura no aceptan la competencia de las famosas de Santa Teresa, ni la de las igualmente nombradas de San Leandro. En Santiago de la Espada hay una especie de alfajor, llamado «colación», que constituye una verdadera especialidad digna de figurar en las mesas mejor abastecidas. 
Arrope

       También debemos considerar la importancia de la mermelada de tomate, el arrope con trozos de calabaza y la excelente miel que con abundancia se produce en esta región; los «suspiros» que se hacen al horno con clara de huevo, almendra tostada y azúcar, y las «tortas de Peñolite» y las de aceite, madalenas y rosquillas de aguardiente, mantecadas de diversos sabores y una especie de polvorones llamados «perrunas», «melojas», almíbares y compotas, son las muestras más destacadas del variado repertorio de la repostería de un pueblo que ha heredado de los árabes, a través de los reinos de Murcia y Granada, la afición a los dulces, de los que se hace gran consumo, hasta el punto de que en la feria de La Puerta, que apenas si dura setenta y dos horas y cuya concurrencia la dan humildes labrantines y jornaleros, se instalan todos los años incontables puestos de turrón y confituras.
Tortas de manteca
Los «pestiños», pródigamente espolvoreados de azúcar, que se deshacen en la boca, y las «tortas dormidas», tan esponjosas, tampoco deben emitirse, y por si algún lector quiere probarlas, he aquí las respectivas recetas:

PESTIÑOS.- Una taza de aceite de oliva, otra de vino blanco, media de aguardiente rebajado y harina de flor en cantidad suficiente para constituir una masa fluida. Después de bien trabajada la masa, se extiende con el rodillo hasta dejarla lo fina que se desee y se trocea. Luego se fríen en aceite, más bien fuerte que flojo, y se espolvorean con canela y azúcar.
TORTAS DORMIDAS. Para una libra de manteca de cerdo, otra de azúcar, un cuartillo de leche, media libra de levadura, tres libras y media de harina de Castilla, y siete huevos. Se cuecen al horno como las ensaimadas.
Pestiños tradicionales
En los dominios de Baco, nada digno hay de citarse. Antaño se elaboraban buenos mostos, pero la filoxera y el olivo expulsaron a la vid y hoy, la vecindad de Villanueva de los Infantes provee al copioso consumo que se hace de esos caldos. De cuando el país producía vino y fabricaba aguardiente, queda el recuerdo de la «mistela» y la «cuerva»; para la primera se emplea esta fórmula:

Se prepara la miel a punto de caramelo. En un litro de agua se hierve concha de naranja y anís en grano, y cuando la miel está a punto se le agrega este cocimiento, añadiendo aguardiente en cantidad proporcionada al gusto, según se desee de fuerte.
Cuerva de vino tinto
La “cuerva”” es una especie de sangría que se prepara en proporción de una parte de agua y dos de vino tinto o blanco. Se añade azúcar al gusto y se agrega naranja en trozos sin mondar.

Las comidas suelen hacerse en invierno en la cocina alrededor del fuego y en el buen tiempo a la puerta o en el portal de la casa aldeana y con más conveniente horario que en la capital, pues el almuerzo tiene lugar a las doce y entre siete y ocho la cena.
Licor de café
Generalmente se sitúa la familia en torno a la sartén o cazuela, de donde cada comensal va extrayendo la correspondiente cucharada, y en la ponderación y ritmo con que procedan, se echa de ver la buena crianza. El cuchillo y el tenedor no se usan; para ambos servicios se utiliza la navaja y el agua se bebe en recipiente común de hoja de lata o de fresco y poroso barro de Andújar.

 Genaro Navarro López.


viernes, 11 de mayo de 2018

HISTORIA DE UNA DEVOCIÓN. SAN ISIDRO LABRADOR

SAN ISIDRO LABRADOR, PATRÓN DE PUENTE DE GÉNAVE.

( jt )
No vamos a entrar aquí a reseñar el origen de Puente de Génave, aunque estaría bien recordar que radica en un conjunto de cortijadas en torno a las riberas del río Guadalimar, en un paso estrecho sobre el que se situaba un puente romano, y en el que instalaron algunos molinos harineros. Un poblamiento disperso que empezó a tener cierta entidad urbana en las últimas décadas del siglo XIX gracias al proyecto de trazado de la carretera general Córdoba-Valencia (1859) y la construcción de un nuevo puente sobre el río en esta zona (1889) en sustitución del tradicional paso por el puente romano. Prueba del aglutinamiento demográfico en un nuevo núcleo poblacional, junto a los puentes y en ambas márgenes del Guadalimar, fue la concesión de una parroquia por parte del Obispo de Jaén, Don Manuel María González Sánchez, con fecha 21 de Octubre de 1891, iniciándose así la construcción de un nuevo templo que fue inaugurado dos años más tarde, siendo acordada la advocación a San Isidro Labrador.
Procesión en Puente de Génave
No existe una razón clara sobre esta asignación de advocación como patrón a San Isidro, y por supuesto no la buscaremos en el razonamiento, que de forma jocosa realiza mi querido primo Manolo “el zapatero” cuando se acercan las fiestas al afirmar que “San Isidro era del Puente y por eso es nuestro patrón, lo que pasa es que por diversos motivos se fue a Madrid a vivir y allí no tuvieron más remedio que hacerle su patrón al ver lo buena persona que era”. El razonamiento más lógico se puede encontrar en la gran devoción con la que contaba este santo entre las gentes de la zona al ser eminentemente las labores propias del campo las que les proporcionaban el sustento y ser siempre bien recibida la ayuda divina para tal labor, aunque también suma argumentos la enorme afluencia de agricultores de todo el entorno serrano a los molinos que se encontraban sobre el río Guadalimar para realizar las tareas de molienda.
Procesión Puente de Génave

No sería hasta concluida la contienda civil española cuando se concretaría definitivamente el patronazgo de San Isidro, en el contexto de la fundación en los primeros años del franquismo de las Hermandades Sindicales de Agricultores y Ganaderos en los municipios de vocación agraria, de los cuales adoptaron como patrón a San Isidro muchos de reciente creación en aquella época, como es el caso de Puente de Génave, que se había segregado de La Puerta de Segura en 1933. Desde entonces y hasta la actualidad, las fiestas mayores del pueblo se celebran cada 15 de Mayo, cuando la primavera eclosiona en todo su esplendor en este bello rincón del mundo que es la Sierra de Segura.
San Isdro sobre el Puente Nuevo. Puente de Génave


FIESTAS EN HONOR A SAN ISIDRO LABRADOR EN LA PROVINCIA DE JAÉN

Si hay un santo del calendario cristiano que destaque en el mes de mayo es San Isidro Labrador, especialmente en el entorno rural debido a su advocación que lo convierte en patrono de los que se dedican a las tareas agrarias, por lo tanto siendo festejado en numerosos pueblos de la provincia de Jaén y en muchos pueblos de España. Destacaremos en nuestra provincia las celebraciones en Santo Tomé, que por ser su patrón le dan un baño en las aguas del Guadalquivir para pedir la necesaria lluvia sobre los campos. En la aldea alcalaína de Caserías de San Isidro lo sacan en procesión en medio de un desfile de carrozas ricamente adornadas. En Albánchez sacan su imagen en andas para bendecir los campos y reparten rosquillas o panecillos a todos los asistentes. En Arjona se organiza un desfile de carrozas con aperos y caballistas que llevan al santo a lomos de un tractor a «La Alharilla» para bendecir los campos. En Benatae es costumbre que la Cámara Agraria invite a los agricultores a un lebrillo de «cuerva». En Jamilena se realiza una romería con desfile de carrozas, siendo durante la noche de la víspera de la festividad cuando se celebra una velada serrana junto a la ermita de San Isidro, en la que se canta y se bebe junto a una gran fogata; al día siguiente tiene lugar la procesión. En Jódar, el santo es traído en la víspera desde su ermita de Fuente-Garciez, siendo devuelto al día siguiente en forma de romería.
Imagen de San Isidro en Arjona
Otras celebraciones de San Isidro son en Solera, que por ser su patrón le dedican tres días de fiesta, sacándole en procesión por las calles del pueblo junto al Cristo de la Buena Muerte. En Guarromán celebran una feria con romería a Piedra Rodadera. En Segura de la Sierra, San Isidro es el patrón del núcleo pedáneo de Cortijos Nuevos, siendo en la noche previa al 15 de Mayo cuando los vecinos realizan una verbena que se prolonga hasta altas horas de la madrugada y al día siguiente se celebra la romería en paraje de La Lomilla, situado junto a la aldea de El Ojuelo, para después realizar la correspondiente misa y procesión. La cofradía de San Isidro Labrador de Torredelcampo realiza una gran tractorada y una verbena con orquesta, para el día del santo patrón, en la iglesia de San Bartolomé llevar a cabo la celebración religiosa y la procesión vespertina con inicio y final en la plaza del pueblo. 
Romería de San Isidro en Cortijos Nuevos
También destacaremos las celebraciones en honor a San Isidro las de Santiago de Calatrava los vecinos engalanan tractores y remolques para realizar el camino romero y dedicar dos jornadas de fiestas dedicadas a San Isidro, ataviados con sus mejores trajes de gitana, y disfrutando del hermoso entorno de paisaje de olivar en su romería. El municipio vecino de Higuera de Calatrava, comienzan un día antes sus festejos, pues también veneran a la virgen de Fátima, combinando actos litúrgicos y lúdico festivos. En Villardompardo, la procesión por las calles del pueblo es muy participativa siendo jóvenes y mayores los que también se dan cita en su tradicional romería. En Lopera, y en el entorno de la ermita en el paraje de Pilar Nuevo, se celebra una tradicional romería con la participación de diversas carrozas y caballistas. También en Vilches, en el poblado de colonización de Gaudalén, se venera al santo patrón celebrando el tradicional baile nocturno en la plaza de las Cigüeñas Blancas, espacio de singular geometría, celebrando el día grande con misa rociera y procesión. También en Quesada, y más concretamente en la aldea de Cortijuelo,  celebran la festividad con una romería. En Villanueva de la Reina, y en su pedanía de La Quintería, se agasaja al santo con el tradicional baile al son del típico canto quintereño. También en el anejo baezano de Las Escuelas, se celebra esta festividad con actividades organizadas por la cofradía de San Isidro Labrador de Baeza.
Imagen de San Isidro en Lopera
Habría incluso alguna más a resaltar pero la verdad es que la más significativa en la comarca de la Sierra de Segura es la que se celebra en Puente de Génave. El pistoletazo de salida de las fiestas lo constituye el pregón, acto en el que un puenteño/a de nacimiento o adopción realiza un elogio al pueblo y sus gentes. Posteriormente las actividades lúdicas, culturales y deportivas llenan el programa de festejos, que tiene como platos fuertes las animadas verbenas y conciertos nocturnos que siempre tienen gran asistencia de público, los festejos taurinos que ahora se concretan en la suelta de vaquillas por las calles durante diversas tardes, y los actos religiosos del día del patrón.
La festividad de San Isidro es el día principal de todas las fiestas. El día 15 de Mayo las gentes visten sus mejores galas e incluso son muchos los que visten con orgullo el traje típico andaluz. La solemne misa en honor al patrón se realiza a media mañana en la parroquia, con la intervención del coro romero local que da color a la celebración. Tras la misa, el santo es sacado en procesión por las principales calles de Puente de Génave, acompañado de las autoridades, banda de música y el pueblo devoto en general. La talla, aunque carece de valores artísticos reseñables está datada a mediados del siglo XX y representa la típica iconografía del santo, es portada a hombros de devotos sobre unas sencillas andas. Uno de los momentos más bonitos de la procesión lo constituye el transitar del santo por las antiguas piedras del puente viejo, dejando que el ruido de las aguas del Guadalimar acompañe su lento deambular; pero la emoción se desborda cuando, en mitad del llamado puente nuevo, los portadores levantan al cielo las andas con su patrón para dar significado a la bendición de todo ese magnífico entorno salpicado de verdes campos, básicamente de olivos, entre los aplausos y los vítores al patrón de todos los puenteños/as.
Procesión a su paso por el Puente Viejo
Algunas de las tradiciones más arraigadas se conservan en las fiestas del Puente como el juego de "la bolea" que se celebra en el barrio de Las Ánimas, en el entorno de la era, entendiéndose como una variante de los "bolos serranos", que es un juego autóctono de la Sierra de Segura, en el que equipos de tres lanzadores impulsan una bola de metal resultando ganador aquel que logre llevarla más lejos; así como los bailes típicos de la comarca, en especial la "Jota de Puente de Génave", con letrillas alegres y ritmo ágil, de las que se encarga el grupo folklórico “Fuente Vieja”. Otros han cambiado de lugar y forma como son las típicas verbenas que se realizaban delante del ayuntamiento para luego pasar al patio de las escuelas detrás de propio ayuntamiento y ahora estar ubicadas en el parque Jorge Flores; o los festejos taurinos que se realizaban, incluso con novilladas, en la plaza de toros del barrio de Las Ánimas siendo ahora una suelta de vaquillas por las calles del barrio de los Atascaderos; incluso algunos han desaparecido como es el caso de la feria de ganado muy arraigada a mediados de siglo pasado en toda la comarca. Y claro está, se han introducido nuevos actos como son el propio pregón que data desde mediados de los años 70 o el encuentro de puenteños/as que regresan a su pueblo con motivo de las fiestas. En resumen, se podría afirmar que durante las cinco jornadas en que se desarrollan las fiestas, el recinto ferial, situado entre la Avenida de Andalucía y el Paseo de la Vicaría, es un hervidero de puenteños, propios y emigrados que regresan para disfrutar de estas fechas tan significativas, propiciando un ambiente de reencuentro y armonía que se concreta en largar “ligas” en medio de conversaciones que, por supuesto, dejan espacio para el recuerdo.
Pregón de fiestas en Puente de Génave


José Antonio Molina Real

viernes, 27 de abril de 2018

TAL DÍA COMO HOY.....

( jt )

La II República trajo consigo para la sociedad española una serie de cambios que intentaron generar dinámicas hacia la modernización de un país que nadaba en el más estricto subdesarrollo. Muchas de sus decisiones fueron estrictamente políticas y económicas, pero otras muchas fueron destinadas al cambio de modelos sociales. Uno de esos modelos históricamente arraigados en nuestra sociedad era la estricta religiosidad que marcaba formas y comportamientos de la vida cotidiana, cuestión entendida por aquel primer gobierno republicano como muestra de subdesarrollo y atraso de un pueblo subyugado a modelos arcaicos alejados de la modernidad y del progreso.
Preámbulo de la Constitución de 1931 con el retrato de D. Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República
El afán republicano por apartar a la sociedad de estos modelos religiosos que otorgaban un poder moral a la iglesia católica quedó reflejado en la Constitución de 1931 y a partir de este momento, el gobierno republicano presidido por D. Manuel Azaña, comenzó a legislar de forma clara y rotunda con designios anticlericales. Y es ese sentido el que se refleja en una de las medidas de la resolución de la Comisión Gestora del recién constituido Ayuntamiento de Puente de Génave el 27 de Abril de 1933 y que reproducimos en este artículo, para respetar lo determinado por la Ley de 30 de enero de 1932 y que se refiere a la titularidad de los lugares de enterramiento que debía pasar a ser pública, pues los cementerios eran tradicionalmente potestad de las parroquias y por lo tanto ellas administraban, obteniendo incluso rendimientos, estos lugares de reposo eterno.
Cartel anticlerical en la II República
Históricamente la necesidad de estar cerca de Dios hizo que la mayoría de nobles y eclesiásticos pudieran descansar eternamente en criptas o sepulturas en capillas, conventos o iglesias, mientras que el pueblo llano tan solo podía ser sepultado en la parte exterior, quedando los cementerios ubicados en los alrededores de estas construcciones. Será durante la Ilustración y el afianzamiento de las teorías liberales, no sin grandes dificultades derivadas del peso de las tradiciones y costumbres, cuando se logró racionalizar el sistema de enterramiento en España, estableciendo los lugares de enterramiento en las afueras de las localidades atendiendo a motivos estrictamente sanitarios, que no por ello dejaban de tener la protección divina al ser declarados “campos santos”.
Delimitación del cementerio católico
Según lo apuntado por Pedro Castiella en su estudio “Política religiosa de la II República”, los dirigentes republicanos emprenden otra reforma que tenía que ver menos con la sanidad y sí más con las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Fue una medida más en línea con las políticas secularizadoras emprendidas por el nuevo régimen, en aplicación de lo dispuesto por la Constitución de 1931. Los cementerios no debían tener una vinculación religiosa, excepción hecha de las sepulturas en sí.

Ya se toma una determinación preconstitucional con un decreto del Gobierno Provisional de 9 de julio de 1931, que establecía el sometimiento de los cementerios civiles a los Ayuntamientos, pero lo que es más importante, estipulaba que el carácter del enterramiento podría ser civil o religioso, cuestión que era voluntad exclusiva del difunto y/o de sus familiares, rompiendo con la vinculación religiosa que primaba hasta ese momento; para después según lo establecido en el texto constitucional de 1931, que establecía una jurisdicción civil exclusiva para estos recintos o incluso la cremación como forma de enterramiento, siendo esta determinación un motivo más de fricción del gobierno con la Iglesia.
D. Fernando de los Ríos
Unos días antes de ser aprobada la Constitución se presentó en el Consejo de Ministros el proyecto de Ley de Cementerios, por el ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, para adaptarse al futuro texto constitucional, siendo aprobado el proyecto y enviado a las Cortes para su discusión, siendo la Ley fue aprobada el 30 de enero de 1932.

Con la intención de ser descriptivo podremos decir que la Ley establecía que los cementerios eran municipales y comunes a todos los ciudadanos, sin diferencias internas en función de cuestiones confesionales, prohibiéndose la inhumación en templos y criptas, ni en ningún edificio religioso. Es importante destacar también que los Ayuntamientos podrían incautarse de los cementerios parroquiales o de cualquier otro que funcionase como cementerio general, pues la Ley obligaba a que todos los Municipios españoles tuvieran cementerios de su propiedad donde sólo podría haber simbología religiosa en las tumbas, estableciéndose un plazo de un año para construirlos si no los poseían.
Vista cenital del cementerio de Puente de Génave
En virtud a esta exigencia legal, el nuevo municipio de Puente de Génave tiene que legislar sobre la propiedad del cementerio, admitiendo que los terrenos son una donación y que es la parroquia quien ejerce por delegación el control del mismo, cuestión que a partir del acuerdo municipal dejará de tener efecto, convirtiendo esa gestión en municipal y así quedar regularizados en este aspecto de manera formal y práctica respecto a la ley en vigor. Dicho acuerdo municipal es el que a continuación reproducimos. 



Sesión ordinaria supletoria del 27 de Abril de 1933

En Puente de Génave, a 27 de Abril de 1933 y hora de las diez, se constituteron en sus salas capitulares, los señores de la Comisión Gestora, D. Gil Antonio Campayo Martínez, Alcalde Presidente, y los vocales D. Valentín Amador Herrera, D. Eladio Bellón Nares y D. Santiago Idañez Idañez, no asistiendo por ausencia D. Cándido Ortega García, al objeto de celebrar la sesión ordinaria supletoria a la del día 29 de los corrientes, con asistencia de mi el Secretario del Ayuntamiento.
Abierto el acto públicamente por el señor Presidente diose lectura al borrador del acta de la anterior que fue aprobada, se dio cuenta de la correspondencia oficial de la semana y expedientes en curso y se entró en el orden del día.

Visto el reglamento para aplicación de la ley del 30 de Enero de 1932, sobre secularización de cementerios fecha ocho del actual y de acuerdo con lo dispuesto en el capítulo II de dicho Reglamento, la Comisión por unanimidad, acordó: que existiendo en esta localidad un cementerio, cuyo origen fue por donación del solar que hizo D. Juan Mª Idañez y su construcción por prestación personal lo que demuestra que, si bien la Parroquia viene cuidando de él no es de su exclusiva propiedad procede incautarse del mismo, con los requisitos previstos en las disposiciones antes señaladas; que ha dicho fin se notifique al Sr. Cura Párroco por si estima oportuno concurrir al acto que tendrá lugar en día 2 del próximo a las diez y siete, y siguiendo, después, los demás trámites reglamentarios.
Cementerio en la década de los 50.
Fue examinada la factura que de las recetas por medicinas facilitadas a esta beneficencia durante el trimestre anterior, presenta el Farmacéutico D. Felipe Idañez Idañez, importante trescientas seis pesetas cuarenta y cinco céntimos, y la comisión por unanimidad la restó su aprobación.

No teniendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión de orden del Sr. Presidente siendo la hora de las once y media y aprobado que fue el borrador del acta en la siguiente se transcribe a este su libro que firmaron los señores concurrentes de que certifico.
Interior del cementerio de Puente de Génave


miércoles, 11 de abril de 2018

EL TRANCO, LA SIERRA Y SUS GENTES

EL EMBALSE DEL TRANCO Y LAS TRANSFORMACIONES SOCIOECONÓMICAS EN EL ENTORNO DE LA SIERRA DE SEGURA.

Por José Antonio Molina Real ( jt )

La comarca de la Sierra de Segura es un ejemplo de territorio dotado de abundantes recursos naturales, cuya explotación pública o privada, desde el siglo XVIII, ha favorecido a intereses externos, que incidieron en su empobrecimiento y falta de desarrollo. Por la riqueza forestal de sus montes fue objeto de una particular atención y control por parte del Estado, siendo declarada en 1748 como “Provincia Marítima” para sus aprovechamientos madereros, al constituir su madera una materia prima estratégica para los astilleros de la Armada de Cádiz y Cartagena, además de servir para la construcción de obras y edificios públicos, a lo que se unió que, ya a mediados del siglo XIX, la madera fue utilizada para traviesas de ferrocarril en un momento de enorme proliferación y construcción de trazados por todo el territorio nacional. Este interés permitió que los montes públicos y la impronta forestal mantuvieran su trascendencia hasta bien entrado el siglo XX.
El embalse del Tranco de Beas, de Hornos o de Monzoque

Pero además de la madera debemos considerar también como una explotación exógena la realizada con el agua. Será a principios del siglo XX cuando este territorio sufrirá una alteración de mayor calado para satisfacer intereses que se apartaban de los propios de las gentes de nuestras tierras, siendo la construcción de diversos embalses los que vinieron a inundar ricas vegas y huertas, al tiempo que diversas aldeas y cortijadas. Destacaremos entre todas estas construcciones la del embalse del Tranco bajo un proyecto iniciado en 1929 y que comenzó a acumular agua en 1944 y que concluyó su obra definitivamente en 1947 (la indicación en la caseta de la misma presa de 1946 es errónea).
Inscripción en la Presa del Tranco 
La presa se sitúa en el paraje denominado del Tranco de Mojoque o de Monzoque, en la confluencia de las carreteras A-6202 que, procedente de Villanueva del Arzobispo, une la N-322 con la A-319 que a su vez comunica Cazorla a través del Puerto de las Palomas con el propio Tranco y la villa de Hornos de Segura. Este gran embalse presenta una presa de arco de gravedad y planta curva con una altura sobre cimientos de 93m. y su longitud de coronación de 290m., y que extiende su lámina de agua de 1.800 Ha. por los términos municipales de Hornos y Santiago-Pontones, ocupando una cuenca/vertiente de solo 550 Km2 drenada por los ríos Guadalquivir y Hornos y de otros ríos, arroyos y barrancos que le aportan sus aguas directa o indirectamente al propio embalse, destacando el arroyo Amarillo, el del Montero, el del Mojoque, el de la Mesa, el de la Fuente del Oso, el de las Espumareas, el de las Huelgas, el de la Cabañuela, así como también las aguas provenientes del barranco del Cerezuelo, las del barranco de los Frailes, las del arroyo del Retozadero, las del arroyo del Aguadero, las del arroyo de las Canalejas, las del arroyo del Lobo, las del arroyo del Cañete, las del arroyo de la Cuesta de la Escalera, las del arroyo de los Molinos y los ríos Borosa y Aguasmulas; todos estos aportes en una zona, nuestra sierra, que se caracteriza por tener una de las medias pluviométricas más altas de España ya que se acerca a los 850 mm. de media anual, teniendo una capacidad total de 498’2 Hm3 lo que le permitió figurar, hasta 1969, como el de mayores dimensiones de Andalucía y era la tercera presa en Europa por capacidad de embalse en el momento de su entrada en servicio.
Arroyo de las Trucha en su confluencia con el río Borosa

El lugar donde se sitúa la presa se denominaba tranco pues era un paso tradicional angosto y estrecho de auténtico vértigo sobre el río utilizado por los habitantes del valle de cabecera del Guadalquivir para salir a los valles exteriores junto a la comarca de la Loma. Dejamos constancia aquí de la sobrecogedora descripción de este tranco o paso de desfiladero que se relata en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar de Pascual Madoz (Madrid 1845-1850): "Este camino aunque firme por estar todo en sierra, es fatal; en él se encuentra el difícil y peligroso paso del Tranco de Monzoque, que divide el término de dichas villas y el de Segura. Este tranco está en una elevadísima risca situada a la derecha del Guadalquivir, y si tiene acceso aunque muy difícil, es por medio de cortes y composiciones hechas en su trayecto. Antes de dominarla, preséntase la vereda en un vacío, desde el cual por medio de agujeros y poyos hechos en la risca, forman el camino unos maderos colocados de un punto a otro de ella, camino cuya anchura apenas tiene 5 palmos (1,04 m.) y más de 100 varas (84 m.) de altura el precipicio colocado bajo de él. El paso de esta especie de puente, es imposible dejar de hacerlo en el supuesto de tomar este camino; mas sólo las personas que tienen costumbre, lo bifurcan sin marearse o sin experimentar al menos un grande estremecimiento de horror, pues otra cosa no puede suceder sí se atraviesan las 10 varas (8,36 m.) que tendrá de largo, en las cuales no se deja de percibir la profundidad del abismo, por la poca anchura del paso, y el espantoso ruido que forma el río estrellado en las rocas que encuentra en sus corrientes".
El paso de el Tranco
La palabra tranco es por tanto propia a su dinámica geográfica y su uso histórico, pero lo que no queda tan claramente explicito es la coletilla “de Beas”, destacando entre todas las conjeturas aportadas la que indica que la mayoría de los trabajadores era provenientes de la población de Beas de Segura, al estar las tierras serranas excesivamente despobladas y preferir sus habitantes continuar con las tareas propias de las explotaciones agropecuarias a la de implicarse en la construcción del embalse, que al fin y al cabo iba a mermar su capacidad de riqueza y recursos, por lo que la falta de mano de obra apta para su construcción fue suplida por trabajadores de villas cercanas, entre la que destacó obreros provenientes de Beas. Fue una obra de gran complejidad debido a las características técnicas y dimensiones del proyecto, a la situación de extremo aislamiento en el que se encontraba la obra, a la cantidad de expedientes de expropiación que hubo que resolver, con el consiguiente desalojo de cerca de un millar de personas, y a la búsqueda de soluciones que hubo que dar al problema de la interrupción de las conducciones fluviales de madera, una actividad profundamente arraigada y estratégica, en ese momento, para la reconstrucción de la red ferroviaria española tras la posguerra.
La presa en construcción en la zona de la central eléctrica 

El embalse inició el proceso de llenado cerrando sus compuertas por primera vez en 1944, año meteorológicamente seco, y tardó algunos años en alcanzar su cota máxima, creándose artificialmente dos islas al quedar rodeado completamente el cerro de Cabeza de la Viña al que se le suma la pequeña elevación donde se encuentra el castillo de Bujaraiza, junto al cual se encontraba la aldea del mismo nombre que en 1940 contaba con más de 300 hb., que ofrecieron fuerte resistencia a abandonar sus tierras y viviendas hasta que fueron reubicados a finales de la década de los 40  en el lejano poblado de colonización de El Calonge en el término municipal de Palma del Río (Córdoba).
Isla de Cabeza de la Viña (izda) y de Bujaraiza

El embalse ha sido, y es hoy todavía, una obra fundamental en la regulación hidráulica de la Cuenca del Guadalquivir, y fue la infraestructura clave que facilitó la transformación en regadío de miles de hectáreas en el Bajo Guadalquivir con una aportación media de 1’5 mill. de m3 al día para esta finalidad. Por el contrario, las implicaciones territoriales de la obra, estudiadas por Eduardo Aranque (2012), son particularmente negativas para la comarca. Los beneficios de la obra fueron coyunturales. La energía eléctrica generada junto con los recursos hídricos, paradójicamente, también se ha trasladado muy lejos de la comarca que los producían. Por otra parte las mejores tierras de las vegas agrícolas de la comarca fueron sepultadas por las aguas embalsadas, generando un problema social que se acentuó con la expulsión de miles de pequeños agricultores que ocupaban, bien bajo la figura de concesiones o de forma no regulada, terrenos agrícolas en los montes públicos, y que fueron expulsados por las repoblaciones forestales de la cuenca que se desarrollaron desde mediados del S. XX, propiciando que la comarca fuese declarada en 1941 como de Interés Forestal Nacional, dándose prioridad las obras de repoblación forestal que afectaban a la corrección hidrológica de la cuenca de alimentación del embalse, con la finalidad de evitar el arrastre de tierras que propiciara el entarquinado para alargar así la vida útil del embalse.

La intensidad de la acción repobladora forestal no se detuvo en la propia cuenca de alimentación del embalse con la creación del Coto Nacional de Caza en 1960, que supuso un nuevo ataque a los intereses de las gentes de la Sierra de Segura al limitar, más aún, la acción de explotación tradicional de estas tierras, originando más motivaciones al poblamiento serrano, que realizaban dinámicas económicas tradicionales incompatibles con las actividades cinegéticas, para emigrar provocando un notable retroceso demográfico que llegó a cifras propias del siglo XIX. De esta forma la notable extensión de uso forestal implicó un retroceso, añadido al de las zonas inundadas, en el aprovechamiento agrícola, siendo el avance de los usos forestales muy notable, lo que dejó prácticamente el uso agrícola como testimonial y perviviendo con mucha dificultad en las proximidades del Cortijo de la Haza del Espartal, el paraje de La Tobilla y algo en las aldeas de Las Canalejas y Los Centenares, incluso con plantaciones de algunos olivares bajo cierta permisibilidad de la administración pública. Esta permisibilidad administrativa fue debida principalmente al interés de fijar una mínima ocupación del territorio, ya que la escasez de mano de obra era un riesgo porque suponía también un serio problema para garantizar los trabajos de salvaguarda del monte, concretándose con la creación, en 1968, de un nuevo núcleo de población de estructura colonizadora en la cola del embalse, denominado Coto Ríos, donde se establecieron los últimos desahuciados habitantes de aldeas y cortijadas próximas, y que no tuvieron más remedio que reconvertir su actividad en la guardería del Coto Nacional de Caza o en la mano de obra necesaria para las labores forestales y de prevención de incendios. Todo ello muestra un territorio orientado casi exclusivamente a la explotación forestal y cinegética, actividad excesivamente limitada y limitadora de posibilidades de progreso económico para los habitantes de estos parajes.
Poblado de Coto Ríos

Pero las cosas no mejoraron en el último tercio del S. XX, con una actividad maderera en claro retroceso al proliferar las traviesas de hormigón y limitarse, todavía más la acción de explotación de las tierras serranas, con la declaración de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas como Reserva de la Biosfera de la UNESCO en 1983 y como Parque Natural en 1986, siendo de esta forma el mayor de España y el segundo de Europa por su extensión (214.000 Ha). Sin embargo, esta misma consideración que viene a reconocer su riqueza medioambiental y paisajística, a lo que debemos sumar el propio embalse del Tranco, ha supuesto, ya desde los inicios del presente siglo, una enorme revitalización económica por su capacidad de acogida de actividades de turismo y ocio, lo que está claramente creando una economía terciarizada que, por ahora, no puede evitar ser muy puntual, localizada y especialmente estacional en pocas épocas del año.
Mapa de situación

Este aspecto se aprecia con mayor intensidad en el mismo poblado del Tranco con las instalaciones del complejo de ocio, restaurante y zona de embarcadero del barco solar y en las proximidades de la isla del castillo de Bujaraiza, en el Collado del Almendral, con la explotación turística de la reserva cinegética, siendo diversas las instalaciones de explotación turística a lo largo de la carretera A-319, la verdadera arteria de comunicación de este enclave que lo atraviesa en sentido norte-sur, especialmente cercanas a Coto Ríos, la Torre del Vinagre donde se ubica el centro de interpretación del parque y en Arroyo Frío; siendo también a destacar en esta vía de comunicación los diversos miradores  que ofrecen paisajes increíbles donde se mezcla la vegetación sobre el azul de las aguas del embalse como son los del Castillo, Rodríguez de la Fuente,  de las Ánimas o el mirador Cabeza de las Viñas.
Centro de Ocio y Turismo del Tranco con su barco solar

lunes, 26 de marzo de 2018

EL HOSPITAL. UN SUEÑO PARA SIERRA DE SEGURA


Hace ya casi 20 años cuando empezó a consolidarse la idea de la construcción de un hospital que viniera a cubrir las necesidades de toda la comarca de la Sierra de Segura. Históricamente había sido una necesidad que se ahogaba en dificultades financieras y que tropezaba con demasiadas puertas y despachos. Hoy en día es una realidad, consolidándose como marco de atención sanitaria para los más de 25.000 hb. de nuestra comarca.
Vista panorámica del hospital de la Sierra de Segura
El Hospital de Alta Resolución Sierra de Segura fue inaugurado el 21 de julio de 2005 por Manuel Chaves, presidente por aquel entonces de la Junta de Andalucía, siendo ubicado en Puente de Génave, en el Km. 0’3 de la carretera que le une al municipio de La Puerta de Segura (Jaén), dando cobertura sanitaria a los municipios de los que es área de referencia que son: Arroyo del Ojanco, Beas de Segura, Benatae, Génave, Hornos, La Puerta de Segura, Orcera, Puente de Génave, Santiago-Pontones, Segura de la Sierra, Siles, Torres de Albanchez y Villarrodrigo.
Esa satisfacción, generalizada en toda la comarca, se manifestó por diversos medios y, en especial en Puente de Génave. Así lo ponía de manifiesto, en un artículo publicado en el año 2000, nuestro amigo Pedro Ruíz Avilés. Dicho artículo lo recuperamos para percibir las sensaciones que tal anuncio provocó en nuestro municipio y, por extensión, en toda la Sierra de Segura, a cinco años vista de su inauguración.
Inauguración de las instalaciones del hospital por el presidente de la Junta de Andalucía


POR FIN UN HOSPITAL

Indudablemente uno de los grandes avances del S. XX ha sido la mejora de la calidad de vida de la población en los países desarrollados. El estado de bienestar, traducido en la consecución de la igualdad de oportunidades para la educación, las prestaciones sociales y la sanidad universal; es una de las mayores conquistas logradas en el mundo llamado desarrollado, siendo una reivindicación tradicional dentro del contexto español de gran parte de la población andaluza y más en concreto de la de nuestra comarca.
Ámbito de cobertura territorial
   Es bajo estas premisas como se debe interpretar la decisión de la Junta de Andalucía de construir un hospital en la Sierra de Segura, obviando los criterios economicistas y atendiendo a las características especiales de la Comarca, primando otras consideraciones territoriales, sociales y de desarrollo rural; entre las que se pueden destacar la dispersión de la población, carencia de infraestructuras, dificultad en las comunicaciones, articulación y cohesión territorial, atraso económico y una debilidad demográfica entre otros factores.
Pienso que constituye la mejor noticia recibida por la Comarca en muchísimos años y en cierto modo –y como ya ha afirmado el alcalde de Puente de Génave- constituye una restitución, una compensación a casi tres siglos de marginación y expolio a sus hombres y mujeres de sus riquezas, que la convirtieron en lo que un ilustre serrano, D. José Bautista de la Torre, llamó la “Guinea de España”.
D. Ramón Ruíz. Médico en Puente de Génave y
padre del autor del artículo.
Para mí, como hijo de médico rural que ha desempeñado más de 45 años de su vida profesional en la Sierra de Segura, el hecho de contar con un hospital supone una inmensa satisfacción. Desde que tuve capacidad de discernir fui testigo, principalmente en mi casa o a través de conversaciones que escuchaba, de la satisfacción producida cuando se solucionaba de forma positiva atenciones médicas, pero también de la impotencia y zozobra en muchos otros, donde la carencia de medios hacían irremediables casos clínicos. Mi padre atendía las más variadas exigencias que la salud y la sanidad le presentaban, desde un parto a fracturas muy diversas, desde dolores de cualquier tipo a asistencia a accidentados, desde la muerte repentina de personas conocidas y/o queridas a un simple resfriado; y todo ello sin poder acceder a lo que la medicina moderna dota hoy a los profesionales de la salud. Fueron incontables los días y las noches de guardia para visitar a un enfermo o acudir para atender a un malherido, todo ello circulando por unas carreteras de esta sierra que estaban en un estado infernal, incluso, en ocasiones, en circunstancias en las que la vida dependía de una atención inmediata o de una cura de socorro.
Casa del médico en Puente de Génave
El puente que existía en la N-322 que va desde Córdoba a Albacete en su confluencia con la carretera que por La Puerta se adentra en el corazón de la Sierra, justo enfrente de donde estará ubicado el hospital, fue durante muchísimos años una trampa mortal, como lo fueron las estrechas carreteras de la sierra o la mismas curvas de la Cuesta del Madroño yendo al Arroyo. Allí muchos serranos, muchos viajeros, perdieron su vida ante la falta de medios para evitar pérdidas irreparables. Ni tan siquiera un primario puesto de la Cruz Roja que se instaló en las proximidades de Puente de Génave que contaba con una rudimentaria ambulancia ya bien entrados los años 70, pudo paliar tanta precariedad. La imagen de estas personas, de enfermos y enfermas manifestando en sus rostros el dolor y el sufrimiento, impactó en mí tan fuertemente que, contra la opinión familiar, nunca quise ser médico. No creí que pudiera contar con el valor y el carácter que la profesión requiere.
Ambulancia del puesto de la Cruz Roja de Puente de Génave
No se ha valorado suficientemente el sacrificio y la deontología profesional de los numerosísimos médicos rurales, de muchos profesionales de la salud que en la Sierra de Segura han dejado parte de su vida, recorriendo pueblos. Aldeas y cortijadas, haciendo lo imposible por superar la penuria de medios y el alejamiento de centros de atención mejor dotados. Úbeda, con su hospital, quedaba siempre muy lejos, como mínimo a hora y media en el mejor de los casos, y las posibilidades de desplazamiento y de recursos de los serranos tampoco eran los de hoy en día. Ahora, que tanto se habla del médico de familia, de mejorar la relación médico-paciente, de la atención de proximidad, a mí me gustaría que en el flamante hospital de la Sierra de Segura, bien dotado de nuevos profesionales no perdiese esa cercanía y familiaridad en la que, se reconocieran y transmitieran los valores que honran a un oficio o una profesión.
Atención primaria a domicilio

En fin, que los serranos y quienes mantenemos fuertes vínculos con esta hermosa, por otro lado, Sierra de Segura, estamos de enhorabuena y debemos felicitarnos, y felicitar a las autoridades intervinientes en la toma de esta decisión, y a nuestros representantes municipales que han sabido renunciar a intereses localistas para apoyar un logro que, sin duda, constituye un verdadero hito en la historia de nuestra tierra. Desde hace unos años están demostrando cómo su coordinación, su unión, su buen hacer, les permite lograr reivindicaciones que para muchos eran inalcanzables. Yo así lo pienso. Una vez más la unión hizo la fuerza.
Instalaciones del Hospital de la Sierra de Segura

       Ahora, y de igual manera, la lucha debe seguir para convertir en realidad otros proyectos como el Parque Temático, la presa del Alto Guadalimar, el LEADER, la depuración de aguas residuales, los nuevos regadíos, etc… que repercutan en la modernización y el desarrollo de toda la Sierra de Segura.
En mi nombre, y en el de muchos serranos amantes de la Sierra de Segura, muchas gracias.

                                                                           Pedro Ruíz Avilés.