lunes, 13 de noviembre de 2017

RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LA SIERRA DE SEGURA (XI)

Después de un tiempo, retomamos las publicaciones que se centran en hacer un breve repaso a la historia de la Sierra de Segura. En esta ocasión, y dando continuidad a la publicación de finales de abril, volvemos a tratar sobre el denominado Común de la Sierra de Segura, periodo donde las gentes que habitaban nuestro territorio gozaron de ciertos privilegios económicos que surgían de la explotación de los recursos que la sierra ofrecía, permitiendo vivir un momento histórico donde una propia administración otorgada en las Ordenanzas de 1580 propiciaron el desarrollo y la consolidación poblacional en nuestra comarca.

Capítulo undécimo.- EL COMÚN DE SEGURA Y SU TIERRA. (2ª parte)
(jt)
Una etapa fundamental de nuestra historia comienza en 1246. Por entonces todo territorio de la actual Sierra de Segura ha sido ya conquistado a los musulmanes pero sigue manteniendo su condición fronteriza respecto al Reino de Granada. Pero una vez conquistado, la repoblación del amplio espacio no fue tarea fácil. En la mayoría de las zonas pobladas de la sierra habían quedado algunos musulmanes que no dudaron en abrazar el cristianismo como fórmula de mantener su forma y hábitat natural. Estos mudéjares no serían suficientes para mantener una actividad económica que propiciase una explotación señorial de las nuevas tierras recuperadas, además no eran suficiente contingente que diera garantía defensiva, por lo que se hace imprescindible el otorgamiento de unas concesiones ventajosas a los nuevos pobladores cristianos procedentes de Castilla, principalmente procedentes de la provincias más meridionales.
Grabado medieval sobre la explotación maderera
Este fuero especial fue concedido por el rey Fernando III a través de la cesión de estas tierras a la orden de Santiago frenando las aspiraciones del Arzobispo de Toledo por un lado y del poderosísimo Concejo de Alcaraz por otro. En este contexto situaremos la visita a Segura de D. Alfonso en 1254, comprobando así la necesidad de conceder exenciones para animar a repoblar con éxito estas nuevas tierras para así ponerlas en cultivo y producción, manteniendo así estable el dominio de una zona fronteriza y extremadamente peligrosa por la proximidad del Reino musulmán de Granada. De hecho durante los S. XIV y XV fueron diversas las expediciones musulmanas sobre estos lugares, produciendo ataque, saqueo, apresamiento de lugareños como esclavos y destrucción de Hornos, Génave o Siles entre otros lugares. Este será el motivo por el cual la principal concentración de población, generalmente como campesinos libres y propietarios de parcelas y tierras, ocupará el valle del Guadalimar situado más al norte, y por lo tanto más protegido, quedando bastante más despobladas las zonas interiores de montaña. El principio fundamental para la repoblación será la donación que los maestres de la Orden de Santiago harían del territorio a favor de los concejos que se crean y los vecinos particulares que adquieren así la ciudadanía plena con derechos sobre la explotación comunal de campos y montes, acudiendo también otras gentes desarraigadas que buscarán oportunidades y trabajo que abundará lejos de sus lugares de origen.
Ejemplar de las Ordenanzas del Común de Segura. 1580
Esta población ocuparía las casas y poblados vacíos o con escasos moradores mozárabes, así como sus huertas y tierras. Estando exentos de pagos de ciertos tributos durante un periodo de años, normalmente cinco o diez según casos, o incluso de forma definitiva; a cambio debían tener obligación de residencia para adquirir la vecindad, aunque derivado de los enormes peligros, el asentamiento estable era difícil, pues era práctica habitual renunciar a esos derechos reconocidos para trasladarse a otras zonas de reconquista más ricas y seguras o incluso retornar a Castilla especialmente cuando se producían razzias o incursiones de soldados del Reino de Granada que producían enorme daño a cosechas, propiedades, rebaños o incluso a personas, con lo que nunca podremos hablar de una población estable en estas tierras serranas durante los siglos XIII y XIV.

Como especificamos en el capítulo anterior, las dinámicas de vida de los lugareños asentados en la Sierra de Segura alcanzaron cierta estabilidad a raíz de la caída definitiva del Reino Nazarí de Granada. Será pues el S.XVI un siglo de creación de estructuras productivas que estabilizaron población y desarrollaron capacidad para la extracción de recursos naturales, muy abundantes en nuestro territorio. La población fue creciendo y las posibilidades económicas aumentando ya que la Sierra de Segura seguía conservando los privilegios otorgados durante los primeros pasos de la repoblación cristiana, lo cual la hacía, ahora sí, bastante atractiva a nuevos pobladores, con un régimen foral otorgado igualitario, por ser tierras que no se pueden enajenar a personas ajenas a la comunidad vecinal implantada desde antaño, por lo que no se podía vender a nobles ni otros propietarios de bienes territoriales que no fueran o pertenecieran a instituciones de la comarca, y siempre conservando la Orden de Santiago la reserva y dominio jurisdiccional que le otorgaba derecho a percibir determinados tributos como el diezmo, el portazgo, el montazgo y los derivados del uso de molinos, hornos, fraguas y servicios ajenos al propio aforamiento otorgado.
Representación del Antiguo Monasterio de Sta. María de la Peña
Este fuero que debía aportar bastantes prebendas y privilegios, básicamente económicos, a los nuevos pobladores respecto a otras zonas de conquista, regirá la vida comunitaria de los segureños hasta 1748 en el que la Sierra de Segura es nombrada provincia marítima para la explotación de su riqueza natural maderera, es decir, más de 500 años.

No existe constancia física de los términos aunque se sabe de la existencia de un texto fechado en 1480 que contemplaba estas ventajas, básicamente impositivas, a los repobladores y es más que probable que existiesen otros, aún más antiguos, de los cuales no tenemos referencias. Si es cierto que conocemos y está documentada la secular ley de otorgamiento real a través de las  Ordenanzas del Común de Segura y su tierra, elaboradas en 1580, en el convento  franciscano de Santa María de la Peña, en Orcera que se había empezado a construir en 1534 tras el descubrimiento de una talla gótica de la Virgen que hoy se encuentra en la Parroquia de Segura de la Sierra.  El texto de las Ordenanzas de la Sierra de Segura tiene un valor añadido pues permite acercarnos a una época convulsa de la historia de España, el último tercio del S. XVI.
Monumento conmemorativo en Orcera
Bastante información sobre las particularidades de la Sierra de Segura en esta época las podemos relativizar gracias a la publicación, hacia 1575, de las Relaciones Topográficas, mandadas redactar por Felipe II, en las que se que pretendía ofrecer una descripción detallada de todos los asentamientos poblacionales de los reinos que gobernaba. Estas descripciones mostraban que la mayoría de los vecinos vivían hacinados en casas pequeñas, propias o comunales, fabricadas en adobe y techos de jaras y cabríos de pino, las familias poderosas y la Iglesia invertía sus rentas en construcciones de obra en mampostería, con edificación de estilo renacentista, muchos de las cuales se conservan en los diferentes lugares de la comarca, siendo el insigne arquitecto Andrés de Valdevira y su estilo constructivo claro exponente de estas iniciativas en la edificación.

En este contexto se redactaron y firmaron las Ordenanzas del Común de Segura de 1580, que como está constatado se produjo en el Monasterio franciscano de Santa María de la Peña, ya desaparecido, que entonces era jurisdicción de Segura y que estaría ubicado en los terrenos que ocupa la actual plaza de toros en Orcera. Allí se reunieron, en la sacristía de dicho monasterio, entre el 27 y 29 de julio de 1580, el escribano del rey D. Francisco de Molleda, por orden de Felipe II quien las firmó el 5 de julio de 1581, el gobernador de la Jurisdicción de Segura y los procuradores representantes de cada concejo para su redacción, que con toda seguridad estarían basadas en ordenanzas anteriores, por lo que en realidad se trataría, más que de una redacción, de una actualización. 
Felipe II
Las Ordenanzas están formadas de 72 capítulos muy similares a los contemplados en el Fuero de Cuenca, pero ampliadas y adaptadas a las particularidades y necesidades de la Sierra de Segura. Regulan todas las actividades laborales, económicas y jurídicas, además de dar a conocer cómo era la vida de los vecinos de toda la Sierra de Segura, a qué se dedicaban, cuáles eran sus fuentes de ingresos, sus costumbres, etc… Por ellas conocemos en primer lugar todo lo referente a los caballeros que tenían la responsabilidad de administrar, controlar y recaudar impuestos de lo que la Sierra producía, las normas que se aplicaban a los foráneos que vinieran a extraer recursos y beneficio de sus riquezas; de la regulación y aprovechamiento de tierras, quemas y roturaciones, de la tala de árboles y de la distribución comunal de la madera a través de las sierra de agua y el control de su comercio; de la recolección de bellotas, nueces, avellanas y productos que ofreciera el bosque, de la ganadería, de las veredas, fuentes, animales y su caza; también de las huertas y frutales, de su recolección y prohibición de cortarlos, así como de diversas prácticas agrícolas, de la práctica de la pesca y de la caza. Finalmente también se regulaba el uso y aprovechamiento de molinos, almazaras, sierras de agua y batanes.
Ejemplares de pino laricio de la Sierra de Segura
Las Ordenanzas fueron un código completo para la protección y regularización de toda actividad económica y social de la comarca que tendrá gran trascendencia y vigencia a lo largo de mucho tiempo, estableciendo las bases de convivencia entre los habitantes de nuestras tierras. Debemos reconocer que las vegas de los abundantes ríos segureños se convirtieron en centro de producción de hortalizas, pero no con la suficiente productividad para proporcionar riqueza. Por esa circunstancia, y ante la carencia de extensiones de tierras productivas, fueron los cultivos arbóreos, básicamente mediterráneos, los que predominaron, siendo el olivo, ya en aquel entonces, el que alcanzó notable predominio, debido principalmente a la enorme compatibilidad que ofrecía con la actividad ganadera de cabras y ovejas que se adaptaron fácilmente a nuestro territorio. Pero si tenemos que hablar de un protagonista que ofrecía gran beneficio y riqueza a todo nuestro entorno, principalmente a las familias que mantenían privilegios, debemos destacar la explotación maderera. La madera de nuestra sierra, que por aquel entonces mantenía una explotación racional y proporcionada a los recursos, sirvió para abastecer los astilleros nacionales más importantes, principalmente los situados en Sevilla, Cartagena y Cádiz, desoyendo lo apuntado por una Cédula Real datada en 1593 que no aconsejaba el uso de la madera del pino segureño para la construcción de barcos destinados a la carrera de Indias.
Grabado representativo de los astilleros de Cartagena
Eran muchos los lugareños que trabajaban en la tala y conducción de la madera a través de los ríos que la surcaban, básicamente el Segura y el Guadalquivir, a los que llegaba la madera desde sus afluentes como son el Guadalimar, el Tus o Guadalentín. Un punto estratégico lo situamos en la confluencia de los ríos Trujala y Guadalimar, a donde llegaba la madera en carretas. Ya en la obra del escritor malagueño del Siglo de Oro de nuestras letras, Vicente Espinel, titulada “La vida del escudero Marcos de Obregón”, aparecen los pineros y gancheros de Segura como “hombres fuertes de brazos y ligeros de pies y piernas, grandes madereros y sufridores de aguas, fríos y trabajos”.

El comercio de la madera estaba en manos de mercaderes de Úbeda, aunque el Concejo de Segura tenía más predilección por establecer negocio con los sevillanos que resultaban más generosos, llegándose a firmar contratos de hasta doce mil pinos en un tiempo de ocho años. Como la Sierra era deficitaria en otros productos básicos de gran necesidad como el cereal o el vino, la explotación de la madera sirvió para abastecerse de recursos que permitieran su adquisición, por ese motivo las Ordenanzas del Común de 1580 prohibían a los forasteros sacar cargas sin establecer a cambio medida de productos de abastos necesarios.
Vega del Río Trújala
Otro aspecto relacionado con la explotación maderera era la utilización de las llamadas sierras de agua, que eran artilugios mecánicos para aserrar la madera, instalados en lugares acondicionados al efecto, evidentemente próximos a un salto de agua que generara la suficiente fuerza mecánica. Las sierras eran entregadas a los vecinos para un uso equitativo y de justa repartición, siendo cooperativo su utilización y aprovechamiento, puesto que las sierras manuales estaban prohibidas. Las ordenanzas establecían una cuota de corte y reservaban los beneficios a los aserraderos. Los vecinos no podían cortar madera de forma individual para construir sus viviendas o diversos usos, aunque en ocasiones, de forma clandestina, si se realizaban pequeños trabajos, saltándose la norma que velaba por el reparto equitativo de la riqueza forestal. 
Mecanismo de una sierra de agua

         La madera para uso comercial no podía sacarse de la sierra en carretas, cuestión que estaba controlada y penada, porque así se evitaba la creación de almacenes externos al territorio donde se pudieran proveer de madera los forasteros, creando un claro perjuicio al interés del Común.

Los llamados arteseros y cadiceros debían aprovechar al máximo la madera para que no hubiera desperdicio y los montes se pudieran esquilmar, siendo la fabricación de diversos utensilios para diferentes tareas y usos, como artesas, trillos, arcas, etc.., su principal actividad y que después se comercializaban en las zonas limítrofes del Levante, La Mancha y el resto de Andalucía. Es de destacar que la madera de nuestra Sierra sirvió en numerosas ocasiones como base de andamiajes y para los fastuosos, en lo decorativo, retablos barrocos, por su esbeltez y fácil trabajo, al que acompañaba la correcta impregnación de la policromía barroca. Muestra de ello es la gran cantidad de madera destinada a la construcción de andamios, artesonados y retablos para la Catedral de Jaén durante gran parte de los siglos XVI y XVII, que está constatado era originaria de la villa de Segura.
Retablo del altar mayor de la Catedral de Jaén
Por lo tanto, debemos concluir aportando la idea que la repoblación cristiana no fue tarea fácil al ser tierras fronterizas, cuestión que propició prebendas y beneficios para sus habitantes contemplados en diversas normativas y ordenanzas, que tuvieron enorme trascendencia durante más de 500 años como instrumento regulador del comercio y de los aprovechamientos de los recursos naturales de la Sierra de Segura, pero siempre en un marco de racionalidad para generar dinámicas de beneficio común a todos sus habitantes.
Mapa de la provincia marítima. 1748

        Las normas que regirían en nuestra sierra no serían muy distintas a las normativas que, con fortuna, conservamos escrita en 1580, por lo que podemos afirmar que con este código exhaustivo y muy completo se reguló la explotación de los recursos desde la época de la reconquista, siendo su protección y beneficio común de toda actividad económica y social en la comarca durante más de 500 años hasta que el 31 de enero de 1748 cuando Fernando VI firmó unas nuevas ordenanzas por la que se declaraba nuestro territorio como provincia marítima, perdiendo así todos sus privilegios.

viernes, 27 de octubre de 2017

CRÓNICA DE UN SUEÑO. PACO TERUEL, TALENTO Y ARTE

Aunque parece que no ha pasado tanto tiempo, lo cierto es que, desde aquel día de mayo de 2004, son muchas las vivencias y circunstancias personales y profesionales que han acompañado a este puenteño de corazón, que no duda en ejercer como tal y que demuestra día a día su pasión y amor por su pueblo. Nos referimos a Paco Teruel, afamado y reconocido modisto de alta costura establecido en Elche (Alicante) y que ha sido capaz de hacerse un merecido hueco en la alta costura a nivel nacional. Numerosas son sus propuestas en pasarelas nacionales así como, siempre fruto de un trabajo entusiasta, llegar a vestir a modelos y famosas de nuestro panorama social. En esta ocasión, supo llevar todo ese "glamour" a su pueblo y sin miedo afrontó el reto de articular un extraordinario desfile de sus creaciones, lucidos por las modelos de enorme prestigio, para que su pueblo y sus gentes pudieran disfrutar de su capacidad creativa y de su verdadero talento. Hemos ilustrado el artículo con numerosas imágenes que rememoran aquel esplendoroso día, ese día, sin duda, en que Puente de Génave se convirtió en centro de la alta costura.

EL DÍA QUE LA ALTA COSTURA INVADIÓ PUENTE DE GÉNAVE.

Paco Teruel   (jt)

Ya había acabado todo, las luces dejaron de iluminar aquella simple pasarela y la gente de mi pueblo volvía lentamente a su casa. Compartía con vecinos y amigos comentarios que dejaban entrever su sorpresa y aunque muchos no acababan de entender las particularidades del mundo de la moda, ciertamente manifestaban una sana satisfacción por haber asistido a un evento que sitúo a Puente de Génave en el centro de ese, aparentemente extraño y fascinante, mundo de la alta costura.

Todo se había programado para dar mayor realce a las fiestas patronales en honor a San Isidro Labrador de 2004. Es indudable que para mi suponía un reto organizativo al tener que desplazar todo un entramado logístico a mi pueblo pero toda dificultad se había salvado con enormes dosis de ilusión. Esas fiestas habían comenzado unos días antes, el 12 de Mayo, que también resultó un día entrañable para mí, ya que tuve el orgullo y la responsabilidad de protagonizar el preámbulo festivo al ser el encargado, por el Ayuntamiento, de realizar el pregón anunciador de esas fiestas patronales, un verdadero privilegio que muchos puenteños anhelan.

Se acababa el día de San Isidro y todavía me quedaba coordinar el desmontaje de aquel complejo evento, tarea no siempre fácil, y aunque no era un novato en esos menesteres, en esta ocasión se complicaba aún más por haberse realizado salvando, con mucho ingenio y voluntad, las no siempre fáciles condiciones de un local como el edificio Siglo XXI que el Ayuntamiento había tratado de acondicionar para tal ocasión. Ya habían pasado las prisas, los agobios y los inconvenientes de última hora y todo había salido a la perfección.

Nadie podía imaginar cuando salimos de tierras mediterráneas en aquel pequeño autobús que había contratado Mª Carmen, mi asistente y relaciones públicas al tiempo que fiel compañera de aventura, que salvaríamos todas las dificultades con muchísima ilusión. Os podéis imaginar que la búsqueda de complementos, zapatos, coordinar a peluqueros y maquilladores para que dieran sus últimos retoques a unas preciosas modelos a las que, las cinco modistas desplazadas, trataron de adecuar con mucho acierto cada uno de los vestidos de mi nueva colección; en fin, mil y un detalle que habían supuesto un verdadero quebradero de cabeza y despertado en mi cierta ansiedad. He de reconocer la implicación y entrega de todos y sobretodo la enorme profesionalidad con la que aquellas quince modelos pasearon radiantes mi creación dándole una vistosidad inusitada a una colección que con gusto e intencionalidad titulé “El Sur”.

Había cumplido un sueño y mi pueblo había soñado conmigo. Noté con cierta facilidad la cercanía de la gente, esa gente que, desde su sencillez, trasmite valores, incluso puedo atreverme a pensar que la mayoría de ellos se sintieron orgullosos de la dimensión creativa que un paisano suyo había llegado a conseguir.

Necesitaba un momento de respiro, un momento de reflexión, un momento de intimidad para mirar atrás. Sentarme sobre la misma pasarela fue instintivo pero al tiempo significativo. Efectivamente, la pasarela siempre ha sido mi apoyo, mi sentido de vida, mi vocación y esa ladrona que te quita el tiempo pero que te da vida. Allí estaba yo,  el hijo de Matías Teruel y Lola Galarzo,…sí, ese chiquillo que corría y jugaba frente a su casa en la calle del Arroyo, ese chiquillo que durante toda su infancia vivió y sintió pueblo por cada poro de su piel, que siempre estaba merodeando, junto con su hermano mellizo Miguel, la Plaza de la Iglesia por si el cura les necesitaba para, como monaguillo, asistirle en cualquier misa o entierro, que reía y disfrutaba con sus amigos y que fue, a medida que pasaban los años, percibiendo que la vida en su querido Puente de Génave se hacía difícil, que los caminos se iban cerrando y que había que buscar una nueva perspectiva de vida. Así fue como la familia se desplazó a Elche, donde las oportunidades fueron mayores, aunque nuestro recuerdo quedó allí, en el pueblo, prisionero en nuestra casa, en nuestra calle, en la familia que decidió quedarse y en ese paisaje de olivo que siempre evoca Puente de Génave. Fue un 20 de junio de un ya lejano 1977, día que jamás olvidaré.

Los principios fueron extremadamente duros, envueltos en una nueva dinámica de vida, conviviendo con gente extraña, con una dimensión de vida diferente y con unas costumbres distintas. Os podéis imaginar que superamos esa etapa a base de endurecer nuestro corazón, aportando ante la adversidad sacrificio y empeño. Mi padre encontró un nuevo trabajo, mi hermano mayor Jose derivó también al mundo laboral y Miguel se especializó en trabajos relacionados con la pintura de vehículos y Rafa, el pequeño, y yo seguimos la voluntad de nuestros padres, el camino del estudio y la formación, concretamente yo estudios de administrativo cuando apenas contaba con 15 años. Realmente no era algo que me motivara, reconozco que perdía mucho tiempo con mis dibujos que vestía con multitud de formas y colores, se me daba particularmente bien la creatividad dentro del mundo de la confección, en particular en la camisería y pantalón de hombre, especialmente vaquero, por lo que pronto centré mi actividad en el diseño y creación de este tipo de ropa.

Se podría decir que en el mundo de la moda soy autodidacta, que no realicé ningún tipo de estudio, preparación o enseñanza en este ámbito, pero era un mundo que siempre me había fascinado. Con mucho sacrificio y no sin escuchar diversos consejos en un sentido y otro, decidí convertirme en un emprendedor. Monté una tienda de confección en una calle céntrica de Elche, siendo aquellos momentos iniciales llenos de incertidumbre y de problemas. La vida me ha ido demostrando en diversas ocasiones que ante las adversidades sólo hay una solución y que no es otra que sacar ese coraje, esas ganas y ese ímpetu, posiblemente importado de mi genética andaluza, para afrontar con trabajo y esfuerzo cada situación. Fue allí, cuando el tiempo me lo permitía, donde hacía mis propios diseños, hacía patrones, los cortaba y se los llevaba a casa de las modistas para que le dieran forma y poder vender un producto totalmente creativo y original. Ese esfuerzo y trabajo dieron fruto y pronto pude montar mi propio taller de confección, justo enfrente de la tienda, lo cual me facilitó su control. Así, poco a poco, aportando frescura, creatividad, ingenio y mucho atrevimiento llegué a oído de muchos y buenos clientes, a los que estoy enormemente agradecido.

El siguiente paso no dejó de ser un atrevimiento propio de la confianza y seguridad que aporta el creer en tu trabajo y conocer tus capacidades. El reto sería presentar una nueva colección en el Gran Teatro de Elche, tocar el mundo de la pasarela y coordinar todo el complejo engranaje que un evento de ese tipo precisa. Los miedos, las dudas y también las nuevas emociones fueron mis compañeras, y aunque he de reconocer que ese temor inicial a no despertar el interés de la gente me aterraba, la respuesta fue unánime y ese sueño que todo creador tiene de ver su obra reconocida por los demás, se vio sobradamente cumplido.

Desde entonces todo ha sido más fácil, las sucesivas colecciones han llegado al público de forma regular y aceptadas todas ellas de manera exitosa. He vestido a famosas modelos, actrices, mises o majas a nivel nacional o internacional como Carolina Cerezuela, Vanesa Lorenzo, Mercedes Sampietro o la mismísima Terele Pávez; se podría decir en esa jerga actual que me he “currao” mi prestigio en este mundillo tan complejo, y precisamente por ese motivo, ahora estoy aquí, en mi pueblo, en mi querido Puente de Génave, ofreciendo a mi gente, a modo de homenaje, mi trabajo y mi creatividad, pues quiero devolverle la consideración personal que siempre me han ofrecido sus gentes, que sin lugar a dudas también son mis gentes.

Cuando al finalizar la presentación he subido a la pasarela, rodeado de esas bellas modelos que vestían mi nueva colección, y la gente de mi pueblo puesta en pie me ofrecía sus aplausos yo recibía con ellos su entusiasmo y calor. Cada aplauso y cada felicitación la llevaré guardada en mi corazón para siempre junto con una enorme gratitud hacia mi pueblo y mi gente, por hacer posible que sienta como verdadero privilegio el pertenecer a esta comunidad que se llama Puente de Génave.
            
         Todo este pensamiento se producía al tiempo que algunos cuchicheaban, siempre con una sana curiosidad, eso tan usual en nuestro pueblo:
-“este Paco Teruel, de qué familia es?....” y tras un silencio, llega la respuesta…..
-“hombre, lo tienes que conocer…es el hijo de Filo, el herrador, el de la calle del Arroyo”

Mayo 2004


REPORTAJE FOTOGRÁFICO. COLECCIÓN  "EL SUR". PACO TERUEL. PUENTE DE GÉNAVE