Presentamos una nueva entrega de este particular recorrido
por la historia de nuestra comarca en el que queremos hacer llegar a todos las
particularidades más significativas de la Sierra de Segura. En este
decimotercer capítulo nos centramos en las particularidades históricas que se
produjeron en la Sierra de Segura durante el convulso S. XIX, que mantienen los
mismos estereotipos que han marcado nuestro pasado, con una población
empobrecida que ha visto como la explotación de nuestra riqueza natural no repercutió
positivamente en el desarrollo de nuestra tierra ni en el beneficio de nuestras
gentes.
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Mapa comarcal de la Sierra de Segura |
Capítulo decimotercero.-LA SIERRA DE SEGURA DURANTE EL S. XIX
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Si la comarca de la Sierra de Segura
ha sido, por sus particularidades geográficas, un territorio que ha hecho de su
aislacionismo una característica que ha marcado su evolución, resulta más que
evidente que sus gentes vivieron totalmente al margen de las particularidades
de los cambios sociales, económicos y políticos que se estaban fraguando en la
época de la Ilustración. El liberalismo fue un concepto totalmente desconocido
hasta bien entrado el S. XIX, pues la vida en la sierra estaba siguiendo las
mismas pautas de las establecidas por el absolutismo monárquico que permitían
el dominio de los señoríos y encomiendas.
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Estructura social del Antiguo Régimen |
Un hecho que en aquella época pasó
totalmente inadvertido por las gentes de la sierra fue la revolución iniciada
en Francia en 1789 contra la monarquía absolutista, aunque posteriormente tuvo
una gran repercusión en España, al verse invadida por la tropa francesa dentro
de su proceso de expansionismo imperial. España se vio así involucrada en una
guerra de liberación contra el invasor que trajo saqueo, pobreza, muerte y
destrucción, la llamada Guerra de Independencia. Pero dentro de las
consecuencias de esa guerra debemos valorar como positiva la introducción de
las formas y dinámicas liberales por parte del invasor en las estructuras
políticas, sociales y económicas de nuestro país, estableciendo los principios
que acabarían con el absolutismo monárquico.
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Asalto de las tropas francesas a Segura de la Sierra |
Durante la Guerra de la Independencia
(1808-1814) la presencia y ocupación francesa de la comarca no se produjo hasta
los primeros meses de 1810 con el asedio a Segura de la Sierra, permaneciendo
desde entonces bajo la administración de José I, nuevo rey de España, hasta
bien entrado 1812. Ello no significa que no padeciera los efectos de la guerra
antes y después de esas fechas. La gran mayoría de la comarca de Segura ayudó
con suministros y dinero al ejército patriota que pretendía hacer frente a los
franceses en Bailén. Para ello se creó un fondo de donativos procedente de las
aportaciones vecinales, entre los que las ayudas eclesiásticas, a través del
vicario de Segura, tuvieron especial relieve.
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José I Bonaparte |
José I, hermano de Napoleón y nuevo
rey de España, estaba intentando demostrar que era capaz de proporcionar a la
inmensa mayoría de españoles la justicia social que le tenían arrebatada las
clases dominantes a base de privilegios dentro de sus dominios o señoríos. En
un primer momento toda la oposición política al francés se aglutinó en torno a
la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino, que tras pasar por varias sedes
y ante el acoso de las tropas francesas a pesar del contratiempo de su derrota
en Bailen, finalmente, recaló en Cádiz, ciudad que, en cierta forma, contaba con
la protección de la armada inglesa. Las dificultades de la Junta para ejecutar
acciones de gobierno y ante la falta de legitimidad que mantenía, propició su
disolución en enero de 1810, no sin antes hacer una convocatoria a Cortes
Generales.
Estas Cortes se conformarán en septiembre del mismo año, ya con capacidad
legislativa, en la que participaron seis diputados representantes de la
circunscripción de Jaén: Francisco González Peinado, Diego Marín y Vadillos,
José Manuel de Vadillo, José Serrano y Soto, Juan Manuel Subrié Martínez y
Tomás Tauste. Es así como las Cortes de Cádiz pudieron abolir todos los
privilegios de la nobleza y de la iglesia con el Decreto de 6 de agosto de 1811
de supresión de los señoríos jurisdiccionales, que pasaron a incorporarse a la
nación, iniciando el camino del liberalismo en España con la redacción de la
Constitución de 1812 “La Pepa”. De esta forma el pueblo pudo aspirar a ganar aquellos
derechos que no había llegado a tener nunca.
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Juramento de los diputados a las Cortes de Cádiz |
Los desajustes estructurales a los
que se vio condenada nuestra comarca durante la vigencia de su estatus como
provincia marítima provocó grandes despoblamientos, pues su población vivía en
las peores condiciones aferrada a una economía de subsistencia al tiempo que
veía como su principal riqueza, la maderera, salía de sus tierras sin aportar
ningún tipo de beneficio a sus gentes. Esto se vio alterado, pero no resuelto
con la Guerra de la Independencia que, como en el caso de Segura de la Sierra,
dejó sangre y destrucción cuando las tropas francesas alcanzaron la población
en 1810 siendo saqueada e incendiada posteriormente, con lo que se pierden los
archivos de la Encomienda de Santiago existentes en la localidad. Pero, a nivel
general, la comarca de la Sierra de Segura, por lo intrincado de su territorio,
ofreció una dura resistencia al dominio francés, pues sus tropas no muchas
veces se atrevían, por miedo a sufrir emboscadas de lugareños, a utilizar sus
caminos, por lo que algunas aldeas y cortijadas sufrieron, sólo de forma muy
esporádica, el acoso y dominio francés a través de saqueos centrados en el
hurto de comida que sirviera para alimentar a la tropa. En esta labor de acoso
hacia las tropas francesas destaca la acción de los llamados guerrilleros y
bandoleros, siendo nuestro territorio el lugar por el que realizaron muchas
incursiones y acciones armadas, de
control de caminos y de lucha antifrancesa, destacando en las zonas próxima a
Cazorla y Segura el llamado comandante de Hermenegildo Bielsa, quien habiendo
sido nombrado Comandante General de las Guerrillas del Reino de Jaén por la
paupérrima resistencia del ejército español, se desplazó a la Sierra de Cazorla
y Segura y empezó a reunir y organizar las partidas guerrilleras segureñas,
secundadas por el Padre Franciscano Juan de Rienda y otros lugartenientes como
P Pedro de Alcalde o los hermanos Pedro María y Juan de Uribe naturales de
Villacarrillo.
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Carta firmada por Hermenegildo Bielsa en 1910 |
Los franceses no dejaron pasar la
oportunidad de sobreexplotar la riqueza maderera de nuestro territorio y fueron
muchos los cargamentos de madera que circularon río abajo para potenciar la
armada y marina mercante francesa. Un informe realizado en 1811 por Francisco
Angulo, durante el mandato de José I, pone en evidencia la sobreexplotación
incontrolada que se estaba llevando a cabo en los montes de Segura para
abastecer a los astilleros de la Carraca en Cádiz para la marina mercante,
aunque también se abasteció a diferentes poblaciones a orillas del Guadalquivir
para la reconstrucción de infraestructuras dañadas por la guerra.
En 1812, las Cortes de Cádiz suprimen
todas las Ordenanzas de Montes y conceden libertad para cortar y vender sin
privilegios, pasando los bosques segureños a propiedad particular o comunal de
los ayuntamientos. Pero la vuelta de Fernando VII, y con él las prácticas
absolutistas, anulan de facto todas esas determinaciones y acuerdos,
recuperando las Ordenanzas su vigencia hasta el 22 de diciembre de 1833 en el
que se publican nuevas Ordenanzas Generales de Montes que en la práctica
supusieron la abolición definitiva de la provincia marítima.
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Ordenanza General de Montes de 1833 que puso fin a la Provincia Marítima |
El triunfo sobre los franceses supuso
el triunfo de las clases reaccionarias que volvieron a ejercer sus privilegios,
bajo la protección del rey Fernando VII, con más furia si cabe, contra el
pueblo, sobre el que recae el trabajo más duro y las peores condiciones de
vida. Por lo tanto, con la vuelta del monarca Fernando VII tras finalizar la
guerra se suspenden todos las acuerdos y determinaciones realizadas por unas
Cortes liberales que consideraba ilegitimas y contrarias al orden absolutista. De
esta forma la Iglesia, los comendadores, nobles y grandes propietarios
recuperaron nuevamente su poder absoluto y privilegios sobre la explotación de
los latifundios agrarios englobados en sus señoríos, cuestión que también
afectó a la comarca de la Sierra de Segura, aunque no favoreció la recuperación
de los derechos jurisdiccionales de los señoríos, por lo que fue la corona la
encargada del nombramiento de alcaldes, que normalmente recaían entre miembros
de las familias de la vieja oligarquía que, de esa forma, ejercía el control de
tierras y bienes en las poblaciones más importantes.
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Fernando VII |
El reinado de Isabel II (1843-1869)
supuso la prosecución de un largo y accidentado camino hacia el Estado
constitucional. Fallecido Fernando VII, y tras la abolición de la Ley Sálica
que impedía a las mujeres acceder al trono, transcurrieron diez años de
Regencia, primero de su madre María Cristina de Borbón y después del general
Espartero, hasta la mayoría de edad de Isabel, un decenio no exento de
trascendencia para la historia comarcal. Es en este momento en el que se
produce un hecho transcendental para nuestra comarca. En 1833, tras 587 años de
existencia, el Real Decreto de 30 de noviembre redactado por el secretario de
Estado de Fomento en aquel entonces, Javier de Burgos, suprimió el Reino de
Jaén, creándose la actual provincia de Jaén, que se formó uniendo las
localidades del reino homónimo, algunas localidades del reino de Murcia, y dos
poblaciones que hasta entonces pertenecían a La Mancha: Beas de Segura y
Chiclana de Segura. De esa forma podemos decir que la sierra de Segura dejó de
pertenecer al Reino de Murcia, pues los municipios y villas de Benatae, Génave,
Orcera, Santiago de la Espada, Segura de la Sierra, con los agregados de La
Puerta y de Bujaraiza que incluía a Hornos, Siles, Torres y Villarrodrigo se
incorporaron a la provincia administrativa de Jaén la antigua Encomienda de
Segura, el Adelantamiento de Cazorla y la Encomienda de Beas.
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Javier de Burgos |
Otro acontecimiento a destacar para
la Sierra de Segura la desamortización eclesiástica en 1836. Aunque el proceso
desamortizador tuvo sus antecedentes en siglos anteriores, no cabe duda el
desarrollado en esta primera etapa liberal constituye un proceso político,
social y económico de calado para la historia de España y de la comarca, donde
la presencia y la riqueza de la Iglesia, como hemos visto, tenían un peso
específico importante. Sus fincas rústicas, tras convertirse primero en Bienes
Nacionales después de la desamortización de Mendizabal, fueron subastadas
públicamente por el Estado, pasando una buena parte de ellas a manos de las
clases pudientes conocedoras del proceso y con contactos en la Administración:
burguesía adinerada (terratenientes, funcionarios, etc.) y nobles. Por lo que
se refiere a los edificios religiosos de la ciudad (conventos, iglesias),
sometidos igualmente al proceso desamortizador, terminaron engrosando el
patrimonio municipal en municipios como Segura de la Sierra, Siles o Beas,
mientras que otros simplemente acabaron por desmantelarse, como es el caso del convento de
Santa María de la Peña en Orcera.
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Representación del Convento de Santa María de la Peña de Orcera |
La desamortización promulgada por
Mendizabal en 1836, sirvió para desmantelar los señoríos y propiedades
eclesiásticas y nobiliarias, poniendo en venta las tierras de propios y baldíos
y los montes comunales. Pero en la comarca de Segura la situación era
especialmente grave a la hora de deslindar ya que la base de las necesidades
primarias estaban en la agricultura, no habiendo grandes contingentes de venta,
aunque las que se produjeron, principalmente zonas de monte bajo, provocaron que
empezaran a labrarse laderas e, incluso, en las partes altas de las montaña,
siendo el cultivo ideal que proliferó de forma desmedida el olivo.
Un hecho destacado de esta época fue
el conflicto generado por la primera guerra carlista en nuestro territorio
comarcal que, aunque quedaba bastante lejos de la zona de conflicto en el norte
y levante peninsular, no quedó del todo al margen pues, precisamente por la
orografía y difícil acceso de sus valles, hubo presencia de partidas carlistas
que alteraron la tranquilidad de los lugareños. Es destacable, en 1836, el paso
de la expedición del general carlista Miguel Gómez, originario de Torredonjimeno,
por nuestras tierras cuando se dirigía a Villanueva del Arzobispo, Úbeda y
Baeza, en septiembre de 1836, llegando a saquear e incendiar el antiguo
tribunal de Marina en Orcera que regulaba los pleitos sobre la propiedad
maderera. Posteriormente, algunas otras partidas carlistas se adentraron
también en la sierra, destacando especialmente el que capitaneaba Isidro Ruiz,
el Monjero, allá por el año 1838.
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General Miguel Gómez. |
Posteriormente, serían los propios
ayuntamientos los que se verían seriamente afectados en su economía, pues el
propio Pascual Madoz, elevado a ministro de Hacienda en 1855, pocos años
después de la conclusión de su interesantísimo Diccionario
Geográfico-Estadísitico-Histórico de España, elaborado entre 1845-1850, decretó
la Ley de Desamortización de los bienes de Propios y de Beneficencia de 1 de
mayo de 1855, lo que en la práctica se transformó en una medida que ponían en
venta tierras comunales de propiedad municipal que ofrecían una importante
fuente de recursos para cubrir los gastos de los municipios, privándoles de
ingresos a ayuntamientos y las instituciones de beneficencia dependientes de
ellos.
Esto supuso nuevas tierras para
roturar, aunque debemos destacar que la mayor parte de sus montes quedarán
fuera de las políticas desamortizadoras de la época, recalando en propiedad
estatal y evitando su venta a propietarios privados. Ese es el origen del
excepcional peso que actualmente tiene la propiedad pública en los montes de
nuestra comarca y que ha propiciado su conversión en Parque Natural por decreto
10/86, de 5 de febrero de 1986. En las pocas propiedades que fueron vendidas se
produjeron transformaciones e innovaciones agrarias, básicamente de olivar, aunque fueron actuaciones,
hasta cierto punto, sostenibles, cuestión que no es comparable a la destrucción
ocasionada por los grandes intereses madereros que, amparados en sus cargos
políticos y privilegios sociales, aprovecharon el gran momento de especulación
propiciada por la necesidad de traviesas para la construcción de las vías
férreas de todo el territorio nacional a partir de mediados de S. XIX.
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Innovación agraria de montaña de cultivo de olivar |
A finales de siglo, el campo segureño
entró en crisis. Los terratenientes seguían acumulando propiedades y creando
latifundios olivareros, siendo, en parte, consecuencia de un proceso desamortizador
que benefició básicamente a terratenientes burgueses más que a los propios
campesinos incapaces de mantener las pequeñas propiedades a las que muy
difícilmente había tenido acceso en los procesos de desamortización. Se produce un empeoramiento de las condiciones
de vida del campesinado y del ganadero, muy mermado en ocasiones por los
ataques de los lobos en la zona alta de Santiago-Pontones; por lo que, de
alguna manera, fueron empujados a colaborar en la explotación maderera de los
montes provocando, como hemos dicho, grandes expolios y fraudes a medida que
nos acercamos al final del S.XIX, quedando los habitantes de la sierra condenados
sobrevivir de la precaria agricultura y ganadería, así como de los trabajos
procedentes de la extracción de la madera, conducción y derivados. Aquí los
hacheros, que miden y señalan las zonas de corte, los aserradores, que talan y
trocean la madera, los arrieros o acarreos, que la transportan hasta las zonas
fluviales, los pineros, que transportan los troncos a través de las aguas de
los ríos dirigidos por un maestro de río que coordinará la conducción en
colaboración del mayoral de lantera que preparará las condiciones del cauce, o
el mayoral de zaga, que irá encauzando toda aquella madera que se quede
rezagada o atascada en el río. Además había un numeroso contingente de pinches,
aguadores y ateros que se encargaban de la alimentación y de toda la
intendencia para las cuadrillas de trabajadores.
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Gancheros en su tarea de extracción de la madera a través de los ríos |
Los destinos de la madera ya no sólo
tenía como punto de destino los astilleros gaditanos o cartageneros, ahora ya
eran diversos, pues con la aparición del ferrocarril éste sería el medio de
transporte que distribuiría la madera, principalmente traviesas, por toda
España, por lo que se buscaban las estaciones más próximas a los puntos de
producción en la Sierra de Segura. La madera que bajaba por el Guadalimar
llegaba hasta la estación de Linares-Baeza, la que lo hacía por el Guadalquivir
hasta la de Jódar y las que lo hacía por el Segura hasta la de Calasparra para
así después ser distribuida por todo el territorio nacional que en ese momento
llevaba a cabo un proceso de expansión constructiva de líneas férreas.
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Cargamento maderero con transporte ferroviario |
Será ya en 1865 cuando se promulga un
Reglamento para el deslinde de los Montes Públicos, que será la norma vigente
en la materia hasta el actual Reglamento de Montes que se establecerá, por
Decreto 485/62, el 22 de febrero de 1962. Como se ha tratado de explicar, la
actividad maderera y de explotación forestal ha sido punto de controversia y
conflicto durante más de dos siglos porque la madera y su explotación se
convierten en fuente de trabajo, pero no de riqueza para la población de la
sierra, aunque también se podía extraer resina, plantas para utilización en
farmacia, perfumería o aromas cosméticos; así como todo tipo de setas, frutas
del bosque y miel que servían de perfecto complemento a las débiles economías
familiares.
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Extracción de la resina del pino |
Los datos anteriores son muestra de
una sociedad aún estancada en la economía agraria de subsistencia del Antiguo
Régimen. Así, la inmensa mayoría, prácticamente dos tercios de la población
activa, todavía se dedicaba a la agricultura, el sector secundario es
básicamente artesanal y el terciario residual. Hay que destacar que la
población en la Sierra de Segura fue creciendo de forma sostenida entre 1800 y
1850, pero este crecimiento se estancó en la segunda mitad de siglo debido al
mantenimiento de una alta tasa de mortalidad y al atraso socioeconómico ligado
al fracaso de los procesos de redistribución de la propiedad agraria y el
aislacionismo respecto a las principales vías de comunicación. Este atraso
provocaba constantes crisis de subsistencias y una elevada mortalidad por
enfermedades infecciosas, entre las que destacaban las enfermedades
gastrointestinales, la tuberculosis y el cólera, debiendo destacar la mortífera
epidemia de 1885. En cuanto a las primeras, se debían a las deficiencias en el
abastecimiento de aguas potables y en la correcta evacuación de las residuales,
por lo que diarreas, tifus y disenterías eran muy frecuentes. La tuberculosis o
tisis era la compañera inseparable de la insalubridad, la desnutrición y la
miseria. Por último, el cólera era una enfermedad originaria de Asia que a
partir de 1830 se extendió por Europa en continuas oleadas epidémica. Entre estas
últimas destaca la producida en nuestra Sierra entre el verano de 1884 y
finales de 1885, que procedente de Francia, provocó en España 120.254 muertes,
2.559 de ellas en la provincia de Jaén; aunque es adecuado decir que sus
efectos en la Sierra de Segura fueron limitados por la propia idiosincrasia
aislacionista de su territorio.
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Mapa epidemiográfico del cólera de 1885. Color negro zonas más afectadas |
La última convulsión nacional de la
centuria la trajo el Sexenio Democrático entre 1868 y 1874, haciéndose evidente
una verdadera eclosión política en la comarca, pues numerosos miembros de la
vieja oligarquía local dirigente desde mucho tiempo atrás, son sustituidos por
nombres nuevos sin un significado protagonismo político anterior que ahora
acceden al gobierno local. Pero estos cambios se producen en medio de la
atmósfera de inestabilidad general que padecía todo el país y serán de vida tan
breves como los producidos en la política nacional. Son también años en los que
el progresismo aparece en la política comarcal al tiempo que las ideas
anarquistas comienzan a arraigar en campesinos y jornaleros.
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Alfonso XII |
La restauración de la monarquía
borbónica en la persona de Alfonso XII (1875-1902) y la Constitución de 1875
abrirán una nueva fase, caracterizada por la alternancia en el poder de los dos
principales partidos: el conservador y el liberal, en un régimen político que
podemos definir de constitucionalismo doctrinario, basado en el poder
oligárquico y el caciquismo. A lo largo de esta etapa dos son los rasgos
fundamentales que definen sobre los demás la evolución de la comarca: el
lentísimo avance en su modernización, paralelo a los escasos cambios de la
estructura socioeconómica, y la implantación definitiva de la política caciquil
inherente al turno de partidos que caracteriza el periodo.
Podemos afirmar que a finales de S.
XIX, la población de la Sierra de Segura aparece como una comunidad estancada y
con fuerte matiz rural. De sus aproximadamente 4.000/5.000 hab., casi el 80% de
la población activa vivía de la tierra, cuya posesión, además, ofrecía fuertes
contrastes. La mayor parte de la propiedad, aproximadamente un 70%, estaba en
manos de unos grandes terratenientes pertenecientes a familias, locales o
foráneas, propietarios de extensas fincas o latifundios de más de 250 has. de
extensión. Las pocas tierras situadas en zona de campiña se dedicaban a la
producción extensiva de cereal; y las de la Sierra, que en su mayoría provenían
de desamortizaciones, se dedicaban al olivar las zonas bajas y al aprovechamiento
forestal y ganadero las más altas. En contraposición con lo anterior, existían
también explotaciones muy pequeñas o minifundios, predominantes en las vegas de
los ríos y arroyos como Guadalimar, Trújala, Hornos, Guadalquivir, etc…, eran huertas de legumbres, hortalizas y
frutales con alta productividad. Entre el latifundio y el minifundio se situaba
la mediana propiedad, con extensiones inferiores 250 has., dedicadas
esencialmente al cereal, aunque comenzaba ya a introducirse con mucha fuerza el
olivar.
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Valle del río Trújala |
El sector secundario no tenía ninguna
relevancia, quedando relegado a diversos talleres artesanales dedicados en su
mayoría a abastecer a las diversas familias de productos de primera necesidad. Similar
peso tenía el sector terciario, aproximadamente un 10-12%, compuesto por
funcionarios y demás personal que atendían los servicios derivados de la
administración comarcal y del partido judicial, así como de las explotaciones
forestales de la Sierra, etc… Pero el grupo de población más numeroso era el de
los jornaleros. Sumaban el 90 % de la población dedicada al campo, aunque eran
ajenos a la propiedad de la tierra, formando una masa de trabajadores
eventuales que ejercían sus tareas en la campiña o en la Sierra a cambio de un
jornal diario.
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Jornaleros en la recolección de aceituna |
Carentes de ocupaciones alternativas
en otros sectores, padecían necesariamente un paro agrícola estacional de cinco
a siete meses al año y tenían, por tanto, que procurarse mediante actividades
marginales (rebusca, caza, crianza de animales, huertas…) alguna ayuda para
incrementar sus paupérrimos ingresos o recurrir a la emigración que en aquella
época tenía a países de latinoamérica como destino. La situación del jornalero
empeoró sensiblemente conforme se acercaba el final del siglo pues la
paralización de diversas tareas como labores de tala, trazado de pistas y
repoblación forestal, unido a la caída de los precios del aceite y demás
productos agrícolas y el aumento del precio de los jornales; condicionaron la
demanda de mano de obra y, en consecuencia, el aumento de las penalidades de
estos braceros.
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Trabajos de recolección de aceituna |
Teniendo en cuenta el panorama anterior, con la participación
política falseada y una estructura socioeconómica que estaba demasiado desequilibrada, no es de extrañar que, aunque retrasadas con respecto a otros
puntos de España, se formen en la Sierra de Segura las primeras células de
reivindicación sindicalista, especialmente ligadas al anarquismo, siendo este
un factor que determinará importantes transformaciones sociales, económicas y
políticas en toda España que afectarán decisivamente a la evolución de la
comarca de la Sierra de Segura durante todo el S. XX.
Segura Verde ( jt )