PUENTE DE GÉNAVE. DEL CINE MARI PAZ AL CINE LUMBRERAS.
Por José Antonio Molina Real ( jt )
Hubo una vez un país llamado España que, a mediados de los años 60 del siglo pasado, tuvo más de 8000 salas de cine, concretamente en 1965 estaban registradas 8193 salas donde se proyectaban de forma continuada películas, siendo, además, uno de los países europeos con cifras más elevadas. De las grandes ciudades a los pueblos, de las potentes cadenas exhibidoras a los empresarios que gestionaban su única sala como un negocio familiar en un pueblo, de los recintos con grandes aforos por encima de las 1500 localidades emplazados en Madrid, Barcelona y capitales de provincia, a los estacionales que solo funcionaban en verano en solares cerrados por tapias y con sillas de enea o en las plazas de los pueblos donde cada espectador se llevaba su silla. El negocio del cine había conseguido desplegar un variado abanico de locales que mostraban, sin género de dudas, la preponderante e indiscutible posición que todavía disfrutaba entre las manifestaciones de ocio colectivo.
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Cine Mari Paz. Fachada. Al fondo se observa la pared de proyección del cine de verano. |
Así es, el cine llegó a nuestro país de forma masiva a todos los rincones con la apertura política, en medio de la Guerra Fría, después de la Segunda Guerra Mundial, en la que la Dictadura Franquista fue acogida en brazos por los Estados Unidos y aceptada, aunque fuera a regañadientes, por el resto de Europa. El Régimen Franquista entendió que sería una forma de ofrecer a sus ciudadanos un medio de distracción que, junto a los toros y el fútbol, podría servir como medio de distracción o de adoctrinamiento en valores, pues todas las películas debían cumplir con las normas de la censura política. Desde su nacimiento nadie puso en duda que el cine se convertiría en una herramienta potentísima destinada al entretenimiento y el ocio colectivo; todo ello unido a las posibilidades económicas de una industria y sus posibilidades de negocio, posibilitó y facilitó la idea de poner en marcha salas de cine que cubrieran las pocas opciones de distracción y esparcimiento de sus habitantes, cuajando esa idea pronto entre los empresarios dispuestos a aprovechar el tirón del cine en todos los medios sociales. Hay que tener en cuenta que hacia la mitad del siglo XX en pueblos apartados como los de la Sierra de Segura, y concretamente Puente de Génave, cuando aún no había televisión, las radios escaseaban y la prensa era casi inexistente, la llegada del cine supuso todo un acontecimiento que empezó a llenar de manera mayoritaria los ratos de ocio de los ciudadanos, junto con los bailes y verbenas, de la época.
Fachada cine Mari Paz con el cartel que así lo indica.1950 |
Con esa intención será Longino Carrasco Castillo quien, movido por este espíritu, convertirá en realidad la ilusión de todo un pueblo de tener una sala adecuada donde realizar proyecciones. Será así como rehabilitará el local utilizado para realizar representaciones teatrales y artísticas, básicamente organizadas desde la parroquia, llamado Teatro de Maceo situado en la margen izquierda de la Ramblilla, junto a la carretera, en una zona cercana al antiguo cementerio del pueblo que quedaba algo más alejado de la carretera frente al barrio de la Ánimas al otro lado de la Ramblilla. Por aquel entonces la única posibilidad de ocio eran los bailes que se realizaban en la parte superior del Bar Iberia (después de El Pintor) o los espectáculos que se realizaban en el mencionado Teatro de Maceo, por lo que la sola idea de contar con una sala de proyecciones fue recibida con entusiasmo por todo el pueblo. Y así, en mayo de 1949, se inauguró el llamado Cine Mari Paz, que contaba con una máquina de proyección adquirida por Longino de segunda mano en Albacete, aunque, en un primer momento, no contó con continuidad en sus proyecciones debido a las dificultades de transporte de los rollos de películas desde la capital y especialmente por la falta de continuidad en el suministro eléctrico, cuestión que llevó al propietario a realizar diversos requerimientos al ayuntamiento de Puente de Génave para que regularan este servicio, y a pesar de los esfuerzos de la empresa Electra San Juan para restablecer proporcionar ese suministro, queda constatado en el registro de entrada diversos momentos durante los primeros años de la década de los 50, en los que Longino Carrasco solicitó la suspensión del pago de impuestos municipales debido a esa circunstancia que le impedía desarrollar su actividad.
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Proyector de cine. |
El local contaba con una pequeña entrada cubierta a la que se accedía a través de dos grandes arcadas que daban paso al hall una vez atravesada la puerta de entrada, lugar donde se encontraba la escalera para acceder al anfiteatro o “gallinero” donde, con entradas más económicas se accedía a unas pocas filas de bancos sin respaldo situados en la parte alta, también unos rudimentarios urinarios y las puertas de la sala con su patio de butacas, espacio más amplio distribuido con un pasillo central que tenía como particularidad la enorme puerta lateral en su parte izquierda que se abría para facilitar el desalojo hacia el camino de la Ramblilla, una vez acabada la proyección. También resultaba característica la estufa de leña que se colocaba en la parte delantera derecha que intentaba, con su enorme tubo de latón, calentar un poco el ambiente en la época invernal, cosa que no conseguía porque si algo tenía el Cine Mari Paz es su “adaptación ambiental”, pues en verano te asabas de calor y en invierno te morías de frío.
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Butacas de madera |
A pesar de ser estrictamente un local básico, no podemos decir que para la época no contara con todos los requerimientos necesarios que una sala pudiera requerir acercándose a una capacidad de unos 500 espectadores aproximadamente, que para un pueblo que en aquel entonces superaba los 3000 hb. estaba bastante bien. Los bancos del “gallinero” y las butacas eran de madera, no muy cómodas pero suficiente para aquella época. El personal siempre estaba cumpliendo con sus menesteres de forma adecuada, desde la persona que se colocaba en la taquilla para vender las papeletas a modo de entradas desde esa minúscula ventanilla y que no resultaban muy caras para aquel tiempo, pues rondaban las dos pesetas en sus inicios aunque después fueran aumentando progresivamente su precio y por supuesto, siempre eran algo más baratas las del “gallinero”; también el portero, que rompía el papelillo de la entrada para entregar a modo de justificante el otro extremo del papel, y el acomodador o aposentador quien se encargaba de llevar a la gente hasta el lugar que debía ocupar o después, linterna en mano, se encargaba de aposentar a los espectadores que llegaban tarde, iluminar a los que hablaban y armaban jaleo bajo amenaza de expulsión o a las parejas que en las últimas filas se contaban sus fogosos secretos, cuestión poco decorosa en aquella época. Tampoco podía faltar la presencia del municipal, José Antonio bastante menos que Fernando “el Porra” a quien le gustaba más el cine, que a cambio del consiguiente regalo de entradas hacía de su presencia garantía de orden.
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Rótulo del NO.DO obligatorio en todas las sesiones. |
Logino se tenía que desplazar una vez por semana hasta la capital para alquilar las películas, que normalmente eran dos a la semana. Allí tenía que negociar con la distribuidora y anticiparse a los empresarios de otros pueblos para conseguir las mejores y más actuales películas al mejor precio, que solía rondar alrededor de las 50 pesetas, todo dependiendo de lo solicitada que estuviera la película, rollos enlatados que se traía al pueblo junto a la cartelería que consistía en grandes carteles de dibujos coloreados con el título y los principales actores rotulados con grandes caracteres y una pequeña colección de fotogramas de las películas que pronto se colocaban, con dos o tres días de antelación, en los expositores que se situaban en las puertas del propio cine y en la esquina del callejón que conectaba la carretera con la calle San Isidro. Allí, unos paneles de madera servían para pegar los carteles y un alargado expositor de madera protegido y cerrado con tela metálica era utilizado para mostrar los fotogramas de la película y así evitar que nadie los pudiera sustraer. Las sesiones eran normalmente los domingos a primera hora de la tarde, para aquellas películas con claro atractivo para los más pequeños, y a media tarde para otras películas destinadas a público más adulto. Extraordinariamente y siempre coincidiendo con días de fiesta o periodos festivos, se realizaban sesiones extraordinarias que incluso podían abarcar excepcionalmente a horario nocturno.
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Actuación del grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina. 1957 |
En 1956, Longino Carrasco deja la gerencia del cine Mari Paz haciéndose cargo su hijo Pedro Carrasco Campayo, quien siguió con la actividad dándole continuidad al negocio familiar y ampliando el abanico de actividades artísticas que tuvieron lugar en el local. Fueron necesarias unas pequeñas obras y la reducción de unas pocas filas de asientos para crear un pequeño escenario que permitió que allí se realizaran diversas actuaciones como las llevadas a cabo por los Coros y Danzas de la Sección Femenina, festivales, actuaciones musicales de grupos locales y de cantantes de cierto renombre, especialmente para las fiestas de San Isidro, que en aquella época solían atraer a muchísimo público, no solo del pueblo sino también de localidades colindantes.
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Actuación del cantante Antonio Molina |
La empresa quiso dar un paso adelante y convertirse en referente artístico en la comarca y con mucho esfuerzo se consiguieron traer a artistias y cantantes de copla, que era lo que más atraía al público serranosegureño, como Antonio Molina, la Paquera de Jerez, Rosa Morena, Gracia Montes, la Niña de la Puebla, Imperio de Triana, Rafael Farina, Juanito Valderrama, Antoñita Moreno o Pepe Blanco pisaron ese escenario con un gran éxito de público, siendo la última gran actuación la del grupo músico-vocal Jarcha en las fiestas de San Isidro de 1976, que cantó en nuestro cine su extenso repertorio con base en la tradición andaluza incluyendo su famoso en la transición española “Libertad sin ira” o su tema “Andaluces de Jaén”.
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Cartel anunciador de la posible primera película proyectada en el cine Mari Paz. |
En cuanto a la filmografía mostrada hay que pensar que, desde sus inicios, con películas en blanco y negro, hasta que dejó su actividad, el cine en Puente de Génave pudo contar con toda una selección de buenas películas, que más bien tarde que pronto, llegaban a su pantalla. Títulos como “Raza” o “Sin novedad en el Alcázar” de carácter épico rememorando la Guerra Civil, o títulos de cine musical con Amparo Rivelles o Estrellita Castro, o cine clásico como “Fuenteovejuna” o “D. Juan Tenorio” y otras que solían contar como galán al actor Alfredo Mayo o como actriz estelar a Sara Montiel que despuntó con su película “El último cuplé”. Otras películas españolas que han entrado en la historia como “Bienvenido Mr. Marshall” con José Isbert, “Marcelino pan y vino” con Pablito Calvo, “El pescador de coplas” con Antonio Molina, “La Faraona” con Lola Flores, “La hermana San Suplicio” con Carmen Sevilla o Joselito con “El pequeño ruiseñor” fueron títulos de gran aceptación y que algunas de ellas permanecieron en cartel más de una semana. La comedia también tuvo su éxito de público y títulos como “Recluta con niño” de José Luis Ozores o “Viaje de novios” y “Sólo para hombres” con la pareja de Analía Gadé y Fernando Fernán-Gómez, o películas protagonizadas por Toni Leblanc como fueron “Las chicas de la Cruz Roja” o “El día de los enamorados” que contó en su reparto con Concha Velasco que protagonizaría una buena colección de películas junto con Manolo Escobar; o la pareja de Gracita Morales y Jose Luis López Vázquez con títulos como “Sor Citroen” o “Cómo está el servicio”; sin faltar toda una colección de películas de los llamados “niños prodigio” que predominaron en los años 60 como fueron Joselito, Marisol y Rocío Dúrcal. También destacaremos el cine dedicado a la fiesta nacional protagonizado por figuras del toreo como Pepín Martín Vázquez en “Currito de la Cruz”, Manuel Benítez “El Cordobés” en “Aprendiendo a morir” y Sebastián Palomo Linares en “Nuevo en esta plaza”.
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Cartel de El Cid, un gran éxito en el cine Mari Paz |
En lo referente al cine extranjero hay que decir que era mayoritariamente era de producción americana y mucho del mismo rodado en nuestro país, todo ello en medio de los acuerdos entre Estados Unidos y la dictadura Franquista fruto de la llamada “Guerra Fría” que posibilitó el posicionamiento de España y la cesión de 4 bases militares a cambio del reconocimiento internacional del Régimen de Franco y gran cantidad de ayuda económica americana, cuestión que hizo que el productor Samuel Bronston rodara aquí superproducciones como “Rey de Reyes” con Robert Ryan y Carmen Sevilla, “El Cid” con Charlton Heston y Sofía Loren o “55 días en Pekín” con Ava Gardner y David Niven. La industria de Hollywood desembarcó en España y sus títulos más destacados protagonizaron la cartelera del cine Mari Paz y en el Puente de Génave pudimos ver “Con faldas y a lo loco” con Marilyn Monroe, “Con la muerte en los talones” de Hitchcock con Gary Grant, “La ventana indiscreta” con James Stewart, “Cantando bajo la lluvia” con Gene Kelly, “Sólo ante el peligro” con Gary Cooper, “La gata sobre el tejado de zinc” con Elizabeth Taylor y Paul Newman o “La caída del Imperio Romano” con James Mason y Sofía Loren entre otras grandes producciones, entre las que no podían faltar las películas de “indios y vaqueros” como “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” o “El bueno, el feo y el malo”.
Talonarios de entradas del Cine Lumbreras. |
Todas estas proyecciones tenían siempre dos condicionantes, la primera que siempre debían ir precedidas por el llamado “noticiario NO-DO” que fue utilizado por el “Régimen” como medio propagandístico que se proyectaba en todas las salas de forma obligatoria y que pretendía ensalzar los logros de la dictadura Franquista; y en segundo lugar el llamado “descanso” que se producía cuando la proyección se interrumpía pues se debía de cambiar el rollo de la película en el proyector y que era aprovechado para ir al baño o para intentar colarse desde el “gallinero” al patio de butacas, cuestión que ponía muy nervioso al aposentador que no paraba de vigilar para que tal circunstancia no se produjera; pero también se producían los llamados “cortes” que dejaban todo el recinto a oscuras cuando faltaba fuente de energía o se enganchaba la cinta cinematográfica en el proyector, momento de gran griterío, risas y nervios entre el personal de la sala.
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Obreros en la construcción del cine de verano. Primeros años de la década de los 60. |
Pedro Carrasco emprendió con mucho sacrificio y con mucho riesgo pues la población de la comarca decrecía a causa de la emigración a pasos agigantados, el proyecto de la construcción de un cine de verano en un solar anexo al cine Mari Paz. La inversión sería poca al consistir en un vallado rudimentario del recinto, la construcción de una pantalla y de un lugar de proyección cuya parte inferior sería aprovechada como rudimentario bar; de esa forma podría beneficiarse de la afluencia de gente emigrante que regresaba en verano al pueblo y paliar con proyecciones nocturnas sus posibilidades de negocio. Pero todo intento es nulo y el negocio no genera lo requerido por lo que, a finales de los años 60, el cine Mari Paz es traspasado siendo sus nuevos propietarios los Hermanos Lumbreras que ya regentaban una sala de proyecciones cinematográficas de verano en el Arroyo del Ojanco.
En la parte inferior izquierda los recintos, el cubierto y el de verano, para proyecciones gestionados por los Hermanos Lumbreras en Puente de Génave |
Las proyecciones en verano tenían otro sabor, pues no existía patio de butacas ni lugares asignados fijos y cada cuadrilla se sentaba como y donde quería sobre una superficie, generalmente de tierra mezclada con gravilla, que había que regar previamente a la función para evitar la consiguiente polvareda. Cuando se accedía al recinto había que recoger la silla, de madera y enea, del lugar donde se guardaban para ir después a ocupar los sitios más preferentes, no sin antes pasar por el pequeño bar para comprar los refrescos, gaseosas o las pipas, cuyas cáscaras solían tapizar el suelo después de haber sido un buen complemento para contemplar la correspondiente película que solía captar la atención de un público entusiasta, llegando a acompañar con sus aplausos cada vez que el bueno alcanzaba al malo, cuyo caballo siempre era muy lento.
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Desmantelamiento del patio de butacas. |
Pero todo este esfuerzo no resultó fructífero y por mucho empeño que le pusieron los propietarios del cine Lumbreras, que así pasó a llamarse el cine Mari Paz, la realidad era bien distinta y el negocio no resultaba rentable por lo que a primeros de los años 80 el cine dejó de ser una actividad más que cubría el ocio de la población, ya muy mermada, de Puente de Génave. El edificio adquirió otros usos, se eliminaron las butacas y pasó a ser almacén de cereales, después salón de banquetes e incluso la cooperativa UTECO pensó en instalar una envasadora de aceite; tan sólo el piso de la parte alta, junto a la sala de proyecciones, fue utilizada como vivienda por Juanjo Carrasco y su esposa primero y por Julianete “Botanas” después. Pero el edificio, poco a poco, fue adquiriendo características ruinosas siendo vendido a los hermanos Salvadora y Sebastián Rodríguez Villalba “el del estanco”, quienes después llegaron a un acuerdo de cesión con el Ayuntamiento para su destino a fines sociales, procediéndose a su derribó para que allí, se construyera un edificio totalmente nuevo para la instalación de un moderno ambulatorio de la Seguridad Social, y ahí sigue en la actualidad.