lunes, 31 de marzo de 2025

EL CINE EN NUESTROS PUEBLOS.

PUENTE DE GÉNAVE. DEL CINE MARI PAZ AL CINE LUMBRERAS.

Por José Antonio Molina Real ( jt )

Hubo una vez un país llamado España que, a mediados de los años 60 del siglo pasado, tuvo más de 8000 salas de cine, concretamente en 1965 estaban registradas 8193 salas donde se proyectaban de forma continuada películas, siendo, además, uno de los países europeos con cifras más elevadas. De las grandes ciudades a los pueblos, de las potentes cadenas exhibidoras a los empresarios que gestionaban su única sala como un negocio familiar en un pueblo, de los recintos con grandes aforos por encima de las 1500 localidades emplazados en Madrid, Barcelona y capitales de provincia, a los estacionales que solo funcionaban en verano en solares cerrados por tapias y con sillas de enea o en las plazas de los pueblos donde cada espectador se llevaba su silla. El negocio del cine había conseguido desplegar un variado abanico de locales que mostraban, sin género de dudas, la preponderante e indiscutible posición que todavía disfrutaba entre las manifestaciones de ocio colectivo.

Cine Mari Paz. Fachada.
Al fondo se observa la pared de proyección del cine de verano.

Así es, el cine llegó a nuestro país de forma masiva a todos los rincones con la apertura política, en medio de la Guerra Fría, después de la Segunda Guerra Mundial, en la que la Dictadura Franquista fue acogida en brazos por los Estados Unidos y aceptada, aunque fuera a regañadientes, por el resto de Europa. El Régimen Franquista entendió que sería una forma de ofrecer a sus ciudadanos un medio de distracción que, junto a los toros y el fútbol, podría servir como medio de distracción o de adoctrinamiento en valores, pues todas las películas debían cumplir con las normas de la censura política. Desde su nacimiento nadie puso en duda que el cine se convertiría en una herramienta potentísima destinada al entretenimiento y el ocio colectivo; todo ello unido a las posibilidades económicas de una industria y sus posibilidades de negocio, posibilitó y facilitó la idea de poner en marcha salas de cine que cubrieran las pocas opciones de distracción y esparcimiento de sus habitantes, cuajando esa idea pronto entre los empresarios dispuestos a aprovechar el tirón del cine en todos los medios sociales. Hay que tener en cuenta que hacia la mitad del siglo XX en pueblos apartados como los de la Sierra de Segura, y concretamente Puente de Génave, cuando aún no había televisión, las radios escaseaban y la prensa era casi inexistente, la llegada del cine supuso todo un acontecimiento que empezó a llenar de manera mayoritaria los ratos de ocio de los ciudadanos, junto con los bailes y verbenas, de la época.

Fachada cine Mari Paz con el cartel que así lo indica.1950

Con esa intención será Longino Carrasco Castillo quien, movido por este espíritu, convertirá en realidad la ilusión de todo un pueblo de tener una sala adecuada donde realizar proyecciones. Será así como rehabilitará el local utilizado para realizar representaciones teatrales y artísticas, básicamente organizadas desde la parroquia, llamado Teatro de Maceo situado en la margen izquierda de la Ramblilla, junto a la carretera, en una zona cercana al antiguo cementerio del pueblo que quedaba algo más alejado de la carretera frente al barrio de la Ánimas al otro lado de la Ramblilla. Por aquel entonces la única posibilidad de ocio eran los bailes que se realizaban en la parte superior del Bar Iberia (después de El Pintor) o los espectáculos que se realizaban en el mencionado Teatro de Maceo, por lo que la sola idea de contar con una sala de proyecciones fue recibida con entusiasmo por todo el pueblo. Y así, en mayo de 1949, se inauguró el llamado Cine Mari Paz, que contaba con una máquina de proyección adquirida por Longino de segunda mano en Albacete, aunque, en un primer momento, no contó con continuidad en sus proyecciones debido a las dificultades de transporte de los rollos de películas desde la capital y especialmente por la falta de continuidad en el suministro eléctrico, cuestión que llevó al propietario a realizar diversos requerimientos al ayuntamiento de Puente de Génave para que regularan este servicio, y a pesar de los esfuerzos de la empresa Electra San Juan para restablecer proporcionar ese suministro, queda constatado en el registro de entrada diversos momentos durante los primeros años de la década de los 50, en los que Longino Carrasco solicitó la suspensión del pago de impuestos municipales debido a esa circunstancia que le impedía desarrollar su actividad.

Proyector de cine.

El local contaba con una pequeña entrada cubierta a la que se accedía a través de dos grandes arcadas que daban paso al hall una vez atravesada la puerta de entrada, lugar donde se encontraba la escalera para acceder al anfiteatro o “gallinero” donde, con entradas más económicas se accedía a unas pocas filas de bancos sin respaldo situados en la parte alta, también unos rudimentarios urinarios y las puertas de la sala con su patio de butacas, espacio más amplio distribuido con un pasillo central que tenía como particularidad la enorme puerta lateral en su parte izquierda que se abría para facilitar el desalojo hacia el camino de la Ramblilla, una vez acabada la proyección. También resultaba característica la estufa de leña que se colocaba en la parte delantera derecha que intentaba, con su enorme tubo de latón, calentar un poco el ambiente en la época invernal, cosa que no conseguía porque si algo tenía el Cine Mari Paz es su “adaptación ambiental”, pues en verano te asabas de calor y en invierno te morías de frío.

Butacas de madera

A pesar de ser estrictamente un local básico, no podemos decir que para la época no contara con todos los requerimientos necesarios que una sala pudiera requerir acercándose a una capacidad de unos 500 espectadores aproximadamente, que para un pueblo que en aquel entonces superaba los 3000 hb. estaba bastante bien. Los bancos del “gallinero” y las butacas eran de madera, no muy cómodas pero suficiente para aquella época. El personal siempre estaba cumpliendo con sus menesteres de forma adecuada, desde la persona que se colocaba en la taquilla para vender las papeletas a modo de entradas desde esa minúscula ventanilla y que no resultaban muy caras para aquel tiempo, pues rondaban las dos pesetas en sus inicios aunque después fueran aumentando progresivamente su precio y por supuesto, siempre eran algo más baratas las del “gallinero”; también el portero, que rompía el papelillo de la entrada para entregar a modo de justificante el otro extremo del papel, y el acomodador o aposentador quien se encargaba de llevar a la gente hasta el lugar que debía ocupar o después, linterna en mano, se encargaba de aposentar a los espectadores que llegaban tarde, iluminar a los que hablaban y armaban jaleo bajo amenaza de expulsión o a las parejas que en las últimas filas se contaban sus fogosos secretos, cuestión poco decorosa en aquella época. Tampoco podía faltar la presencia del municipal, José Antonio bastante menos que Fernando “el Porra” a quien le gustaba más el cine, que a cambio del consiguiente regalo de entradas hacía de su presencia garantía de orden.

Rótulo del NO.DO obligatorio en todas las sesiones.

Logino se tenía que desplazar una vez por semana hasta la capital para alquilar las películas, que normalmente eran dos a la semana. Allí tenía que negociar con la distribuidora y anticiparse a los empresarios de otros pueblos para conseguir las mejores y más actuales películas al mejor precio, que solía rondar alrededor de las 50 pesetas, todo dependiendo de lo solicitada que estuviera la película, rollos enlatados que se traía al pueblo junto a la cartelería que consistía en grandes carteles de dibujos coloreados con el título y los principales actores rotulados con grandes caracteres y una pequeña colección de fotogramas de las películas que pronto se colocaban, con dos o tres días de antelación, en los expositores que se situaban en las puertas del propio cine y en la esquina del callejón que conectaba la carretera con la calle San Isidro. Allí, unos paneles de madera servían para pegar los carteles y un alargado expositor de madera protegido y cerrado con tela metálica era utilizado para mostrar los fotogramas de la película y así evitar que nadie los pudiera sustraer. Las sesiones eran normalmente los domingos a primera hora de la tarde, para aquellas películas con claro atractivo para los más pequeños, y a media tarde para otras películas destinadas a público más adulto. Extraordinariamente y siempre coincidiendo con días de fiesta o periodos festivos, se realizaban sesiones extraordinarias que incluso podían abarcar excepcionalmente a horario nocturno.

Actuación del grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina. 1957

En 1956, Longino Carrasco deja la gerencia del cine Mari Paz haciéndose cargo su hijo Pedro Carrasco Campayo, quien siguió con la actividad dándole continuidad al negocio familiar y ampliando el abanico de actividades artísticas que tuvieron lugar en el local. Fueron necesarias unas pequeñas obras y la reducción de unas pocas filas de asientos para crear un pequeño escenario que permitió que allí se realizaran diversas actuaciones como las llevadas a cabo por los Coros y Danzas de la Sección Femenina, festivales, actuaciones musicales de grupos locales y de cantantes de cierto renombre, especialmente para las fiestas de San Isidro, que en aquella época solían atraer a muchísimo público, no solo del pueblo sino también de localidades colindantes.

Actuación del cantante Antonio Molina

La empresa quiso dar un paso adelante y convertirse en referente artístico en la comarca y con mucho esfuerzo se consiguieron traer a artistias y cantantes de copla, que era lo que más atraía al público serranosegureño, como Antonio Molina, la Paquera de Jerez, Rosa Morena, Gracia Montes, la Niña de la Puebla, Imperio de Triana, Rafael Farina, Juanito Valderrama, Antoñita Moreno o Pepe Blanco pisaron ese escenario con un gran éxito de público, siendo la última gran actuación la del grupo músico-vocal Jarcha en las fiestas de San Isidro de 1976, que cantó en nuestro cine su extenso repertorio con base en la tradición andaluza incluyendo su famoso en la transición española “Libertad sin ira” o su tema “Andaluces de Jaén”.

Cartel anunciador de la posible primera película
proyectada en el cine Mari Paz.

En cuanto a la filmografía mostrada hay que pensar que, desde sus inicios, con películas en blanco y negro, hasta que dejó su actividad, el cine en Puente de Génave pudo contar con toda una selección de buenas películas, que más bien tarde que pronto, llegaban a su pantalla. Títulos como “Raza” o “Sin novedad en el Alcázar” de carácter épico rememorando la Guerra Civil, o títulos de cine musical con Amparo Rivelles o Estrellita Castro, o cine clásico como “Fuenteovejuna” o “D. Juan Tenorio” y otras que solían contar como galán al actor Alfredo Mayo o como actriz estelar a Sara Montiel que despuntó con su película “El último cuplé”. Otras películas españolas que han entrado en la historia como “Bienvenido Mr. Marshall” con José Isbert, “Marcelino pan y vino” con Pablito Calvo, “El pescador de coplas” con Antonio Molina, “La Faraona” con Lola Flores, “La hermana San Suplicio” con Carmen Sevilla o Joselito con “El pequeño ruiseñor” fueron títulos de gran aceptación y que algunas de ellas permanecieron en cartel más de una semana. La comedia también tuvo su éxito de público y títulos como “Recluta con niño” de José Luis Ozores o “Viaje de novios” y “Sólo para hombres” con la pareja de Analía Gadé y Fernando Fernán-Gómez, o películas protagonizadas por Toni Leblanc como fueron “Las chicas de la Cruz Roja” o “El día de los enamorados” que contó en su reparto con Concha Velasco que protagonizaría una buena colección de películas junto con Manolo Escobar; o la pareja de Gracita Morales y Jose Luis López Vázquez con títulos como “Sor Citroen” o “Cómo está el servicio”; sin faltar toda una colección de películas de los llamados “niños prodigio”  que predominaron en los años 60 como fueron Joselito, Marisol y Rocío Dúrcal. También destacaremos el cine dedicado a la fiesta nacional protagonizado por figuras del toreo como Pepín Martín Vázquez en “Currito de la Cruz”, Manuel Benítez “El Cordobés” en “Aprendiendo a morir” y Sebastián Palomo Linares en “Nuevo en esta plaza”.

Cartel de El Cid, un gran éxito
en el cine Mari Paz

En lo referente al cine extranjero hay que decir que era mayoritariamente era de producción americana y mucho del mismo rodado en nuestro país, todo ello en medio de los acuerdos entre Estados Unidos y la dictadura Franquista fruto de la llamada “Guerra Fría” que posibilitó el posicionamiento de España y la cesión de 4 bases militares a cambio del reconocimiento internacional del Régimen de Franco y gran cantidad de ayuda económica americana, cuestión que hizo que el productor Samuel Bronston rodara aquí superproducciones como “Rey de Reyes” con Robert Ryan y Carmen Sevilla, “El Cid” con Charlton Heston y Sofía Loren o “55 días en Pekín” con Ava Gardner y David Niven. La industria de Hollywood desembarcó en España y sus títulos más destacados protagonizaron la cartelera del cine Mari Paz y en el Puente de Génave pudimos ver “Con faldas y a lo loco” con Marilyn Monroe, “Con la muerte en los talones” de Hitchcock con Gary Grant, “La ventana indiscreta” con James Stewart, “Cantando bajo la lluvia” con Gene Kelly, “Sólo ante el peligro” con Gary Cooper, “La gata sobre el tejado de zinc” con Elizabeth Taylor y Paul Newman o “La caída del Imperio Romano” con James Mason y Sofía Loren entre otras grandes producciones, entre las que no podían faltar las películas de “indios y vaqueros” como “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” o “El bueno, el feo y el malo”.

Talonarios de entradas del Cine Lumbreras.

Todas estas proyecciones tenían siempre dos condicionantes, la primera que siempre debían ir precedidas por el llamado “noticiario NO-DO” que fue utilizado por el “Régimen” como medio propagandístico que se proyectaba en todas las salas de forma obligatoria y que pretendía ensalzar los logros de la dictadura Franquista; y en segundo lugar el llamado “descanso” que se producía cuando la proyección se interrumpía pues se debía de cambiar el rollo de la película en el proyector y que era aprovechado para ir al baño o para intentar colarse desde el “gallinero” al patio de butacas, cuestión que ponía muy nervioso al aposentador que no paraba de vigilar para que tal circunstancia no se produjera; pero también se producían los llamados “cortes” que dejaban todo el recinto a oscuras cuando faltaba fuente de energía o se enganchaba la cinta cinematográfica en el proyector, momento de gran griterío, risas y nervios entre el personal de la sala.

Obreros en la construcción del cine de verano.
Primeros años de la década de los 60.

Pedro Carrasco emprendió con mucho sacrificio y con mucho riesgo pues la población de la comarca decrecía a causa de la emigración a pasos agigantados, el proyecto de la construcción de un cine de verano en un solar anexo al cine Mari Paz. La inversión sería poca al consistir en un vallado rudimentario del recinto, la construcción de una pantalla y de un lugar de proyección cuya parte inferior sería aprovechada como rudimentario bar; de esa forma podría beneficiarse de la afluencia de gente emigrante que regresaba en verano al pueblo y paliar con proyecciones nocturnas sus posibilidades de negocio. Pero todo intento es nulo y el negocio no genera lo requerido por lo que, a finales de los años 60, el cine Mari Paz es traspasado siendo sus nuevos propietarios los Hermanos Lumbreras que ya regentaban una sala de proyecciones cinematográficas de verano en el Arroyo del Ojanco.

En la parte inferior izquierda los recintos, el cubierto y el de verano, para
proyecciones gestionados por los Hermanos Lumbreras en Puente de Génave

Las proyecciones en verano tenían otro sabor, pues no existía patio de butacas ni lugares asignados fijos y cada cuadrilla se sentaba como y donde quería sobre una superficie, generalmente de tierra mezclada con gravilla, que había que regar previamente a la función para evitar la consiguiente polvareda. Cuando se accedía al recinto había que recoger la silla, de madera y enea, del lugar donde se guardaban para ir después a ocupar los sitios más preferentes, no sin antes pasar por el pequeño bar para comprar los refrescos, gaseosas o las pipas, cuyas cáscaras solían tapizar el suelo después de haber sido un buen complemento para contemplar la correspondiente película que solía captar la atención de un público entusiasta, llegando a acompañar con sus aplausos cada vez que el bueno alcanzaba al malo, cuyo caballo siempre era muy lento.

Desmantelamiento del patio de butacas.

Pero todo este esfuerzo no resultó fructífero y por mucho empeño que le pusieron los propietarios del cine Lumbreras, que así pasó a llamarse el cine Mari Paz, la realidad era bien distinta y el negocio no resultaba rentable por lo que a primeros de los años 80 el cine dejó de ser una actividad más que cubría el ocio de la población, ya muy mermada, de Puente de Génave. El edificio adquirió otros usos, se eliminaron las butacas y pasó a ser almacén de cereales, después salón de banquetes e incluso la cooperativa UTECO pensó en instalar una envasadora de aceite; tan sólo el piso de la parte alta, junto a la sala de proyecciones, fue utilizada como vivienda por Juanjo Carrasco y su esposa primero y por Julianete “Botanas” después. Pero el edificio, poco a poco, fue adquiriendo características ruinosas siendo vendido a los hermanos Salvadora y Sebastián Rodríguez Villalba “el del estanco”, quienes después llegaron a un acuerdo de cesión con el Ayuntamiento para su destino a fines sociales, procediéndose a su derribó para que allí, se construyera un edificio totalmente nuevo para la instalación de un moderno ambulatorio de la Seguridad Social, y ahí sigue en la actualidad.

Obras y edificio definitivo del Ambulatorio
de la Seg. Social en el solar del cine. 


lunes, 17 de marzo de 2025

EL ANTIGUO REINO DE JAÉN. SUS LÍMITES Y BASES HISTÓRICAS

El ámbito territorial del Reino de Jaén. Una cuestión de geografía histórica.

Por Juan Eslava Galán.

Siempre se ha debatido sobre la delimitación histórica en la que se debe situar el ámbito territorial tradicionalmente denominado «reino de Jaén», para lo que debemos buscar sus raíces históricas y a su evolución a lo largo del tiempo.

Hasta el siglo XIX lo normal era dividir las tierras de Andalucía en cuatro reinos: Córdoba, Granada, Jaén y Sevilla. Tal división carecía de fundamento histórico, estrictamente hablando, en el caso del Reino de Jaén. La ciudad de Jaén nunca fue capital de un estado independiente y estable, regido por un monarca, que es lo que se entiende por reino, a no ser que consideremos como tal el fugaz dominio que Aben Alhamar al-Nasir ejerció sobre esta ciudad y sus tierras entre 1234 y 1246. La expresión «Reino de Jaén» fue acuñada por motivos meramente funcionales, hecho que surgió en la cancillería castellana durante el reinado de Fernando III y sirvió en su origen para designar el territorio del Alto Guadalquivir cuyo núcleo urbano más importante era Jaén. Este territorio, conquistado por Fernando III, posibilitaba el establecimiento de una sólida marca militar al Sur de Sierra Morena, que era esencial para la ulterior expansión de Castilla por territorio andalusí.

División de los reinos de Al-Andalus

La aparición más antigua de la expresión «Reino de Jaén» que conocemos se remonta a un privilegio real fechado en Burgos el 21 de agosto de 1242. El rey otorga a la Orden de Santiago la Villa de Segura y sus términos, excepto lo que pertenecientes a los reinos de Murcia y términos pertinentes del Reino de Jaén. En otro documento, dado en el sitio de Jaén a finales de febrero de 1246, Fernando III otorga heredades de la ciudad, pero no se titula rey de ella. Un mes más tarde, cuando ya ha recibido oficialmente la ciudad de manos de Aben Alhamar, los documentos comienzan a incluir el nombre de Jaén en la protocolaria lista de los reinos de Fernando “Rey de Castilla, et de Toledo, de León, et de Galicia, de Córdoba, et de Murcia et de Jaén”, según dice una carta redactada en Jaén, el 31 de marzo de 1246.

La entrega por el reyezuelo musulmán Al Bayasi a Fernando III de las fortalezas de Andújar y Martos en la zona que sería frontera con el llamado reino de Córdoba, en fecha tan temprana como 1225, configura desde el principio de la conquista de Andalucía lo que sería el territorio del Reino de Jaén. En sus otros limites este reino contaba con demarcaciones naturales precisas en Sierra Morena, Sierra de Segura y Sistema Subbético, formando estas un ángulo montañoso que tiene por eje interior el curso del Guadalquivir, itinerario natural de la progresión castellana por tierras andaluzas.

Fernando III "el Santo"

Siendo tierra de frontera, el Reino de Jaén no tuvo limites políticos exactos hasta que, después de la conquista de Granada (1492) pudo establecerse su ámbito territorial. Esta frontera sufrió a lo largo de la Baja Edad Media las lógicas alteraciones y modificaciones que la endémica actividad bélica comportaba. Del sector Sur y Sureste de la actual provincia de Jaén, tenemos que excluir como pertenecientes al Reino Nazarí de Granada los siguientes términos con una superficie total de estos municipios que era de 1.743'04 kilómetros cuadrados:

1.-Alcaudete, Frailes, Castillo de Locubín y Alcalá la Real.

2.-Ouesada, Pozo Alcón, Casería de Hijonares y Castillo de Tiscar, del partido de Cazorla.

3.-Belmez de la Moraleda, Cambil, Campillo de Arenas, Carchel, Carchelejo, Huelma, Noalejo y Solera, del partido de Huelma.

4.-Los Villares, del partido de Jaén.

Desde el siglo XIII y hasta la actual división en provincias, que data de 1833, se llamó Reino de Jaén a una extensión de aproximadamente 8.356 kilómetros cuadrados comprendida entre los reinos de Castilla, Córdoba, Granada y Murcia. Esta extensión se contiene hoy prácticamente en la provincia de Jaén cuya amplitud es de 13.498 kilómetros cuadrados. En 1588 el profesor Argote de Molina señala por límites del Reino de Jaén, con alguna imprecisión, en la parte oriental el nacimiento del rio Guadalimar y el término de Beas de Segura, al norte con Sierra Morena, al sur las Sierras de Quesada y Cazorla y los Castillos de Cabra, Solera y Huelma y Campillo de Arenas, y al oeste los territorios abaciales de Alcalá la Real. el río Locubín hasta su confluencia con el Víboras y el río de las Yeguas. En este tiempo, estaba ya acuñada la expresi6n «fronteras de Andalucía Alta» que designaba al territorio entre Loja y Pozo Alcón, lo que alude claramente a la antigua frontera del reino de Granada.

Mapa del Reino de Jaén. 1787

En 1787 el reino de Jaén comprendía los partidos de Andújar, Baeza, Jaén, Martos y Úbeda. A principios del siglo XIX otros cinco partidos se configuran, algunos de ellos separados de los primitivos: Alcalá la Real, Cazorla, Linares, Mancha Real y Villacarrillo. Posteriormente y hasta configurar la actual provincia de Jaén, se agregaron los siguientes territorios:

1.-Solera y Bélmez de la Moraleda que habían pertenecido a Granada.

2.-Noalejo que había pertenecido al abadengo de Alcalá la Real (Felipe II y el papa Julio III lo entregaron a Alcalá para zanjar salomónicamente la disputa que sobre su posesión enfrentaba a Granada y Jaén. En 1851 se incorporó la abadía de Alcalá a Jaén y se, extinguió su jurisdicción exenta en virtud de Concordato entre Isabel II y el Papa Pío IX. Con ello Noalejo pasaba también a Jaén).

3.-Beas de Segura y Chiclana de Segura, que constituían la Vicaría “vere mullius” de Beas y eran territorio de la Orden de Santiago y competencia del Obispado de Cartagena y después de Murcia, cuya jurisdicción partía con la de Toledo el curso alto del Guadalimar y del departamento marítimo de Cartagena que englobaba toda la cuenca del Segura mientras que la del Guadalquivir pertenecía al de Cádiz. Este origen explica la contradicción de que Chiclana se llame «de Segura» cuando su término no está en la Sierra de Segura sino en Sierra Morena. Allí fue comendador el poeta Jorge Manrique.

4.-EI partido de La Carolina que comprende las poblaciones creadas entre 1766 y 1778, en tiempos de la colonizaci6n de Carlos III. Casi todos estos despoblados habrán pertenecido tradicionalmente a Baeza, pero a raíz de la colonizaci6n pasaron a ser intendencia separada.

5.-Territorios bajo jurisdicciones especiales como el Adelantamiento de Cazorla, el Condado de Santisteban del Puerto, el marquesado de Camarasa, el marquesado de Bedmar, señoríos de ciudades como Úbeda y Baeza o de castillos como San Miguel de Bujaraiza y la abadía de Alcalá la Real, entre otros de menor importancia.

6.-EI sector oriental de la Sierra de Segura con su capital Segura de la Sierra que pertenecía a la Orden de Santiago y al departamento marítimo y diócesis de Cartagena, motivo por el cual tradicionalmente se había adscrito al reino de Murcia.

Mapa de los Señoríos del Reino de Jaén

Sobre este último punto, el considerar a la Sierra de Segura como parte integrante del Reino de Jaén que después derivaría, según Javier de Burgos en 1833, en la provincia de Jaén, debemos considerar que siempre han existido una importante controversia al respecto, pues la Sierra de Segura constituye en sí mismo un enclave diverso donde históricamente, según lo descrito en la Relaciones Topográficas encargadas por Felipe II, Segura de la Sierra, Orcera, Benatae, Siles, Génave, Villarrodrigo y Santiago-Pontones se han vinculado al Reino de Murcia, los territorios de Hornos de Segura, Torres de Albanchez y La Puerta de Segura, que se consideraba como verdadero mojón que dividía las zonas de influencia de los Reinos de Murcia y Toledo, se vincularon a la zona castellana controlada por Toledo. Hay que decir que en la actualidad en la Sierra de Segura se sienten andaluces y jiennenses.

Relaciones topográficas ordenadas por Felipe II

Además de estas razones históricas existen otras geográficas no menos poderosas que aconsejan excluir la Sierra de Segura del ámbito que intentamos delimitar. El interior de la Sierra de Segura no puede considerarse parte integrante del Alto Guadalquivir pues se sitúa al este de la Sierra de Cazorla donde comenzaría el Levante, región de estructura y morfología distintas a las del Alto Guadalquivir. De hecho, la histórica Provincia Marítima creada por la Ordenanza de Montes de la Marina bajo orden de Fernando VI en 1748 y que estuvo vigente hasta 1836 y que tuvo incluso a un ministro residente en Segura de la Sierra para así controlar la obtención de madera para la marina española, creó cuatro subdelegaciones en Alcaraz (serranía de Albacete), Villanueva del Arzobispo (lznatoraf, Villacarrillo, Santo Tomé), Cazorla (Peal del Becerro, Quesada, Cazorla, Huesa y Pozo Alcón) y Santisteban del Puerto (Montizón, Santisteban del Puerto, Navas de San Juan, Castellar de Santisteban) y que abarcó territorios andaluces, manchegos y de los municipios adscritos a la Sierra de Segura, con una extensión muy superior a la actual provincia de Jaén. No obstante, tenemos que considerar que los precedentes a esta consideración la encontramos en la época bajomedieval el ámbito geográfico de la Sierra de Segura se dividía en dos bloques político-administrativos, el primero el de la Orden de Santiago, mayoritariamente vinculado hacia el reino de Murcia, al este, y del Adelantamiento de Cazorla, con vinculación con Toledo, al oeste, pero siempre sin olvidar que la Sierra de Segura, en su sentido amplio, engloba también a Ia zona limítrofe de Alcaraz, Taibilla, la Sagra, Calar del Mundo, Quesada y hasta los límites de Cazorla; en sentido estricto, se enmarca hoy la comarca segureña y sus montes en los términos de los indicados pueblos de Jaén que corresponden a su vez a lo que aproximadamente, desde 1243, fuera la Encomienda de Santiago en la villa de Segura.

Mapa de la Provincia Marítima

Los condados y marquesados perdieron sus señoríos jurisdiccionales con las Cortes de Cádiz (1812). También la perdió el Adelantamiento de Cazorla, aunque mantuvo la jurisdicción espiritual vinculada a la Archidiócesis de Toledo hasta el 1 de junio de 1954. Los arzobispos de Toledo fueron, desde el siglo XIII hasta 1812, señores temporales y espirituales del territorio de Cazorla, lruela, Santo Tomé, PeaI del Becerro, Chilluevar, Pozo Alcón e Hinojares; señores temporales de lznatoraf, Villanueva del Arzobispo, Villa­ carrillo y Sorihuela y señores espirituales de Quesada y su zona, y de Huesa. La abadía de Alcalá la Real, creada en 1340 por el Papa Benedicto XII a petición del rey Alfonso XI, comprendía en su territorio los pueblos de Alcalá la Real, Castillo de Locubín, Frailes, Carcabuey, Priego y Noalejo. En 1874 Carcabuey y Priego pasaron a depender de la diócesis cordobesa a cuya provincia pertenecían. Otras jurisdicciones eclesiásticas fueron las del partido y vicaría de Martos, perteneciente a la Orden de Calatrava desde 1240 y la Vicaría de Segura de la Sierra y Beas de Segura, territorio de la Orden de Santiago, aunque debemos recordar que en el concordato de 1851 quedaron legalmente extinguidas pasando sus jurisdicciones eclesiásticas, en 1873, a la diócesis de Jaén.

Mapa del Reino de Murcia que incluye a la Sierra de Segura. 1778

Con lo expuesto queda configurada la actual provincia de Jaén. En un mapa oficial de 1787 observamos que por el norte el reino de Jaén se extendía hasta la cuenca del río Magaña. Por el este, recorriendo el mapa de norte a sur, los límites estaban en la parte oriental de Venta Nueva, Venta de los Santos, Venta de la Higuera, Montizón, los Pajares, Castellar del Condado (de Santisteban), Sorihuela, Villanueva del Arzobispo y Sierra de Cazorla. Desde la Sierra de Castril los límites que configuran el trazado sur y luego el oeste corresponden casi con exactitud a los de la actual provincia de Jaén. Confirman este trazado, con mínimas variantes, otros mapas antiguos de Thomas Lopez (1761), Gregorio Forst (1653), Gaspar Salzedo (1585) y Bernardo Espinalt (1788). Este último hace una interesante descripción del Reino de Jaén en la que dice: “El Reyno de Jaén es el más corto de los quatro de Andalucía, y tomo también el nombre de su Capital a imitación de Córdoba y Sevilla en la pérdida general de España, teniendo de norte a mediodía, esto es, desde el Puerto del Rey hasta la Villa de Huelma, veinte y cinco leguas de latitud, y desde el oriente a occidente, o desde las villas de Pozo Alcón a la de Lopera, lo mismo de longitud, y es de figura quadrada, confirmando por el norte con el Reyno de Castilla la Nueva, por oriente con el de Murcia, por mediodía con el de Granada, y por occidente con el de Córdoba. El río Guadalquivir lo atraviesa de oriente a occidente, dividiéndole en dos partes iguales”.

Mapa de la división visigoda con la delimitación de la Orospeda

Una vez que se ha delimitado el Reino de Jaén en su extensión territorial, cabe preguntarse si existía alguna razón de tipo histórico que justificase su denominación, acunada, como hemos visto, en el siglo XIII. Pues bien, ni los romanos ni los visigodos ni los musulmanes consideraron estas tierras como unidad geopolítica, es más, el Reino de Jaén estuvo casi siempre escindido por la divisoria de alguna de las grandes demarcaciones en que se fragmentaba la Península Ibérica.

En época romana la frontera entre la Bética y la Cartaginense, o, si se quiere, entre la Citerior y la Ulterior como se denominan a partir de 197 a. de C., discurría de norte a sur por tierras de Jaén. Posteriormente las provincias se subdividieron por razones militares o administrativas en diócesis (solo la Hispania Citerior) y en “conventus” o distritos jurídicos. El territorio de Jaén, perteneciente a la Bética, quedó partido entre el conventus cordubensis (Córdoba) y el astigitanus (Écija). En la época de Constantino las tierras del futuro Reino de Jaén estaban divididas entre Toledo, a la que pertenecían Baeza, Cazlona o Cástulo y Mentesa (La Guardia o Jaén) y Sevilla, a la que pertenecían Úbeda y Baeza. Algo parecido sucede con la división eclesiástica en provincias de Baeza, Cástulo y Mentesa pertenecientes a la Cartaginense con centro en Toledo y Tucci (Martos) que pertenecía a la Bética, con sede en Sevilla.

División administrativa del Reino de Castilla

En época musulmana el territorio de AI-Andalus se divide en dos grandes zonas, la occidental (al-garbi) y la oriental (al-sarqi). El futuro Reino de Jaén queda en la zona intermedia (Balad muta­ wassit). Más precisas son las noticias que tenemos de la cora de Jaén que es la división territorial más parecida a un antecedente del reino de Jaén que podría evocarse. Pero la cora tampoco se aproxima al ámbito territorial del futuro reino con Cambil (Oanbil), Alhabar (al-Hawa`ir), Alcalá la Real (Oal'at at Yahsib), Alcaudete (al-Oabdaq), Huelma (Walma) pertenecían a llbira (Granada), mientras que Baza (Basta), Huéscar (Uskair) y la almeriense Purchena (Bursana) eran de la cora de Jaén. El distrito de Segura (Saqura) se extendía por tierras de levante. Por el norte, después de la conquista cristiana de Toledo (1085), restos de la cora toledana que se mantenían en poder de los musulmanes, se agregaron a coras vecinas como Alcaraz (al Karas) y Calatrava (Oal'at Rabah) que pertenecían a la cora de Jaén. La cora de Jaén delimitaba territorialmente con las de Córdoba, Cabra, llbira (Granada), Tudmir (Murcia) y Toledo. En tiempos de las primeras taifas (1009-1091), se verá fragmentado su territorio y la zona meridional pertenecía al reino nazarí de Granada, la comarca de la loma de Úbeda perteneció primero a la taifa de Almería y luego a la de Sevilla, gobernada por Al-Mutamin. Estas divisiones se reflejan en la distribuci6n de época, almorávide que hace a Jaén capital de la provincia de las Alpujarras, a Tiscar fuerte de la provincia de Ferraira y Alcaudete de la provincia de Al-Cambania, territorio cordobés.

Reino de Taifas. Taifa de Jaén

Ya vemos que la geografía histórica confirma la arbitrariedad de la nominación como reino del territorio objeto de nuestro estudio y corrobora al propio tiempo su perpetuo carácter esencial de tierra de frontera, carácter que algunos siglos después del cese de la situación fronteriza siguen percibiendo, en lo cultural, algunos autores. El Santo Reino, más que ningún otro lugar andalusí, encarna, por su doble naturaleza, el conflicto entre lo propio, tradicional y andaluz y lo foráneo que viene impuesto por lo castellano. El andalucismo de Jaén que tanto se ha discutido no tiene un encaje ajustado y completo con la tonalidad regional de las demás provincias meridionales pues ha de tenerse en cuenta que Jaén, en su idiosincrasia y surgimiento es mitad Castilla y mitad Andalucía, así lo demuestra el fino olfato de Camilo Jose Cela al definirla con estas palabras “Jaén es tierra frontera, mora ante los cristianos y castellana ante los moros que toma de los dos bandos lo que puede y le dejan”.

viernes, 28 de febrero de 2025

UN REFERENTE PARA PUENTE DE GÉNAVE Y LA SIERRA DE SEGURA

 LA POSÁ DE PEPE U Y LA MARÍA.

Por José Ant. Molina Real ( jt ) 

Juan Francisco Molina era un honrado trabajador que, desde Baeza, su lugar de origen, se había trasladado a Úbeda cuando contrajo matrimonio con Dolores Aragón, allí encontraron formas de subsistencia y allí nació, el 28 de octubre de 1913, su primer hijo al que llamaron José, después vinieron otros dos, Manuel y Josefa, e iniciaron una vida tranquila y humilde para sacar adelante a esa familia. Pero el destino quiso que Dolores cayera enferma y falleciera a mediados de los años veinte. La situación para Juan Francisco se complicó enormemente pues hacer compatible el trabajo y el cuidado de sus hijos era imposible, por lo que aceptó sin dudarlo el ofrecimiento de su hermana Visitación de trasladarse a Puente de Génave, donde ella, junto a su marido Juan de Dios, regentaban una posada que daba servicio a los diversos transeúntes que circulaban por la carretera Jaén-Albacete. A Juan Francisco no le resultó complicado encontrar trabajo e, incluso, su hijo mayor podría ayudar en las tareas que el negocio precisaba.

Pepe U Molina Aragón y María Sánchez Bueno

De esa forma un tanto circunstancial José Molina Aragón recaló en Puente de Génave y se involucró, ya de adolescente, en las necesidades de la posada. Hacer amigos no le resultó nada difícil y los momentos de diversión y tonteo con las muchachas del pueblo abundaban. De hecho de uno de esos momentos saldrá el apelativo con el que se le conocerá ya para siempre en Puente de Génave y en toda la Sierra de Segura, el de Pepe U. Parece ser que un día de buen ambiente y de cuadrilla, coincidieron cinco amigos que se llamaban José, a lo que el amigo gracioso de aquel momento no tardó en llamarlos por su nombre, “Pepe” y añadir una vocal para diferenciarlos, así surgió desde el Pepe A hasta nuestro Pepe U.

Son momentos difíciles pues los aires revolucionarios de la II República lo inundaban todo, pero eso no impidió que conociera a Julia Campayo Martínez, siete años más joven, y ya desde muy jóvenes sus simpatías, confianzas y conocimiento mutuo fraguaría en un noviazgo reconocido. Eran años duros porque el golpe militar que originó la Guerra Civil restringieron todo posibilidad de negocio para la posada. La actividad comercial que la carretera había ofrecido hasta ese momento dejó de tener efecto y, en la práctica, se convirtió exclusivamente en nudo básico de comunicación entre el frente de Andalucía y el Levante libre, siendo muchos los vehículos y camiones cargados de soldados que atravesaban el pueblo, pero sin detenerse en él, por lo que no hubo más remedio que buscar alternativas a la posada para poder subsistir.

Libro de familia numerosa de Pepe U

Una vez acabada la guerra había que intentar reemprender nuevamente la actividad del negocio familiar, pero por aquel entonces, con un Juan de Dios y Visitación ya muy mayores, el único que mostró interés y ganas de dar continuidad a todo el esfuerzo que requería recuperar el servicio que ofrecía la fonda sería el sobrino mayor, Pepe U, quien renegoció el contrato de arrendamiento de la posada y del enorme espacio que suponía el patio posterior y que era utilizado como cocheras, convirtiéndose en propietario del negocio. Pero esta actividad requería de una mujer que pudiera ordenar tanto el servicio de las habitaciones como el de las comidas, por lo que decidió formalizar su relación matrimonial con querida Julia Campayo, encontrando en ella el perfecto complemento para llevar con soltura un negocio que requería tanto esfuerzo en cuanto a limpieza, arreglos de habitaciones y, por supuesto, en la cocina para servir exquisitas comidas a los clientes.

Tarjeta de visita

Al poco tiempo, y con un negocio que poco a poco se iba levantando y consolidando a pie de una carretera que volvía a tener a viajantes, transportistas, vendedores ambulantes y todo tipo de transeúntes como protagonistas, Julia quedó embarazada, y lo que podía haber sido una nueva alegría para la familia se convirtió en una verdadera pesadilla para la Posá de Pepe U, pues en el parto de una preciosa niña, Julia sufrió un trombo que le causó unos problemas irreversibles que le provocarán la muerte apenas tres semanas después del parto, a la edad de 24 años; era el año 1944.

Pepe U, María y Encarna la del Surtidor

La situación de Pepe U, con un nuevo negocio y ahora viudo y al cargo de una niña a la que llamaron Dolores, aunque todos denominaron como Julia en honor a su madre, resultaba bastante complicada. No obstante, contó pronto con la colaboración familiar, en especial de la tía de Julia, María Sánchez Bueno, hija de Gabriel Sánchez y Elena Bueno, que en esos momentos ayudaba a su hermano Juan José que había iniciado la aventura de regentar el Bar Iberia situado justo al lado de la posada. La buena marcha del negocio hacía necesaria la contratación de asistentas que ayudaran en el servicio y eso hacía que María fuera poco a poco adquiriendo responsabilidades en el negocio, y eso, unido al afecto, cariño y amor que fue surgiendo entre ambos, les llevó a formalizar con su matrimonio el 1 de octubre de 1946.

En la puerta de la Posá Juan José y Joaquín Sánchez Bueno
 junto a su hijo Joaquinito

Ambos negocios, el bar Iberia, que pronto pasaría a llamarse Bar del Pintor pues en las tareas del bar a Juan José se le unió su hermano Joaquín que tenía una enorme habilidad en la confección de cuadros y retratos; y la Posá de Pepe U no llegaban a cerrar al público prácticamente nunca, siendo un perfecto complemento al servicio de Puente de Génave y toda la Sierra de Segura. Allí tenían su parada todos los autobuses, destacando el llamado “El Terne” que salía todos los días a las 6 de la mañana hacia Albacete en un recorrido que se hacía eterno pues las carreteras no tenían las condiciones actuales y realizaba parada en todos los pueblos y aldeas del recorrido, utilizando las cocheras de la posada para descansar después de su viaje diario de ida y vuelta a Albacete, por lo que conductores como Federico, Diego o Segundo pernoctaban en las habitaciones de la posada antes de iniciar un nuevo recorrido hacia la capital manchega. También la “Alsina” que iba a Jaén, la llamada “Pava” que atravesaba los pueblos cercanos de La Mancha hasta Valdepeñas para seguir hasta Madrid, y también el autobús de “la Sierra” que tenía su origen en Santiago de la Espada y llegaba al Puente de Génave, después de recorrer todos los pueblos y aldeas de la Sierra de Segura.

El "Terne" en las cocheras de la Posá

La Posá de Pepe U tenía tres espacios bien diferenciados. En la parte baja se encontraba un enorme portal con suelo empedrado atravesando el cual se tenía acceso a un enorme salón que hacía las funciones de comedor junto al que se encontraba la cocina. Entre ambos espacios una escalera daba acceso al piso superior y a las nueve habitaciones, situadas las cuatro primeras en la parte derecha del edificio que eran de uso familiar, mientras que las cinco habitaciones restantes, situadas a la izquierda del edificio, eran de uso público con tres dobles, una triple y una individual; siendo el tercer espacio la parte posterior utilizada como cocheras, donde “El Terne” y coches de viajantes podían estar a buen recaudo. Así que durante esos años cincuenta y sobretodo en los años sesenta, la Posá de Pepe U, junto con el bar del Pintor, se convirtió en el referente y lugar de partida de la emigración masiva que tuvo que sufrir la Sierra de Segura hacia Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares principalmente.

Reunión familiar en el portal de la Posá

También la posada se fue haciendo famosa y reconocida entre transeúntes, viajantes, vendedores ambulantes, operarios de reparación de la carretera e incluso muchos trabajadores de los que participaron en las obras de la vía Baeza-Utiel próximas al pueblo, llegando a adquirir una clientela fija entre los que destacan los conocidos Sevilla, Valcárcel o Pajarito, así como el General de la Guardia Civil llamado Luís Marzal Albarrán quien, por mediación de Pepe U, ayudó a muchos puenteños a ingresar en la Benemérita. También se alojaban en la Posá durante largas temporada D. Ramón Ruiz Frías y D. Carlos Morales, médico y practicante del pueblo, quienes la utilizaron durante largas temporadas llegando a convertir la Posá en un verdadero hogar. Debemos nombrar a nivel anecdótico que existía un personaje llamado Manuel “el Bizco” al cual se le dejaba dormir en un rincón del portal para que, a cambio de alguna propina, avisara a los clientes para despertarlos.

El general de la Guardia Civil, Luís Marzal,
contesta a una recomendación realizada por Pepe U.

María se convirtió muy pronto en la verdadera alma de la posada, cuestión que tenían que compaginar con el cuidado de sus hijos que fueron viniendo de forma continuada en los años siguientes, primero fue José, después vinieron María Elena y Lola, y finalmente los más pequeños Maite y Francisco Gabriel. Esto hacía necesaria la contratación de asistentas que ayudaban a dar un correcto servicio, siendo diversas mujeres las que pasaron por la posada realizando diversos menesteres, pues María, nunca dudaba en acoger a transeúntes o indigentes sin posibilidades económicas que sabían que un plato caliente y un rincón donde dormir a cobijo en la posada de Pepe U no les iba a faltar. Destacar el caso de la llamada “la Baldá”, mujer a cargo de dos hijos y que había perdido sus piernas y que siempre tenía un plato en la mesa enviado por María cada día. La familia iba conformándose de una forma humilde y sencilla y a base de esfuerzo y trabajo, siendo sus dinámicas de vida enmarcadas en una cierta normalidad, como cualquier familia de Puente de Génave, con María luchando por ella y por la atención a los clientes, así como Pepe U que siempre estaba atento al cuidado del negocio, aunque también tenía tiempo  para tomarse un vino con sus amigos Luís Real “el Zapatero” y su cuñado Antonio Molina, con Juan Antonio “el Barbero” y con el llamado “Santiaguete”, así como María compaginaba sus obligaciones familiares con el cuidado del negocio de la Posada.

Foto familiar. Pepe U, María y
Ma. Elena, Fco. Gabriel, Lola y Maite

No obstante, a pesar de todo el esfuerzo, el peso de tanta emigración y la disminución de población provocaron que se redujera enormemente la capacidad de económica que generaba la posada. La actividad económica en la Sierra de Segura y en la provincia se detuvo y con ello menos transporte, menos viajantes y menos venta de mercancías y por lo tanto menos clientes, incluso los hijos mayores de Pepe U y María iniciaron también el camino de la emigración marchando a Barcelona y Alicante. Y en medio de toda esta recesión surge una verdadera desgracia que afectó al mismo Pepe U, al cual se le detecta un cáncer de garganta que acabará con su vida el 7 de abril de 1973, siendo un verdadero golpe emocional, no solo para toda la familia sino para todo el pueblo pues Pepe U era muy apreciado por su bondad, honradez y su carácter afable y buen corazón.

En la puerta de la Posá. Reunión familiar

La posada se convierte en el único sustento de María que todavía tiene bajo su responsabilidad a sus dos hijos más pequeños, con un negocio que en esos momentos no era demasiado boyante, pero a base de esfuerzo y sacrificio pudo aguantar hasta alcanzar su merecida jubilación en 1983, en el que, la ya en ese momento Posá de la María de Pepe U, cerró definitivamente al público, quedando el edificio dedicado a uso de vivienda familiar exclusivamente. La vida de María se convirtió en la de cualquier jubilada del pueblo, recibiendo visitas de sus hijos y pasando también alguna temporada en sus domicilios, todo ello mientras el edificio de la posada se iba deteriorando.

María Sánchez Bueno

La muerte le llegó a María con 82 años, concretamente el 13 de octubre de 2000, siendo ese el momento en el que el contrato de arrendamiento del edificio expiró, y aunque haciendo uso de derechos contractuales su hija Lola intentó su compra para rehabilitarlo, la falta de acuerdo provocó que los herederos de Rufo Martínez, propietarios del edificio ya en práctica ruina y con solo uso para derribo, lo vendieran a Emilia Hornos y Antonio Muñoz en el año 2006, para iniciar inmediatamente la construcción de unos modernos apartamentos y locales comerciales en el solar que su demolición había dejado.

Fachada del edificio de la Posá una vez cerrada
Nuevo edificio construido junto al Bar del Pintor

Esta es la historia de unas buenas personas y de su Posá, que dio servicio a su pueblo y a toda la Sierra de Segura, servicio que siempre estuvo marcado por el esfuerzo y el sacrificio por y para la gente, siendo solo así como la Posá de Pepe U y la María se convirtió en un referente de Puente de Génave y su edificio, cargado de historia y simbolismo, en algo emblemático y conocido no solo en la Sierra de Segura y Jaén sino en las provincias colindantes, dando un servicio con una perfecta atención a muchísimos clientes, algunos que lo utilizaban por largas temporadas, y que sirvió para que el bueno de Pepe U y su mujer la María de la Posá pudieran desarrollar sus ilusiones con mucho esfuerzo y trabajo, formar una familia y darles a sus hijos caminos de futuro. En el Puente de Génave fueron un referente y en la vida todavía permanecen en el recuerdo, grato recuerdo, de muchísimos vecinos.

Hijos de Pepe U. Lola, Maite, Julia, Pepe, Fco.Gabriel y Ma.Elena



viernes, 14 de febrero de 2025

UN GIENNENSE QUE PUDO SER PAPA.

MARTÍN PÉREZ DE AYALA. UN SERRANO-SEGUREÑO EN LA CORTE DEL EMPERADOR.

Por José Ant. Molina Real ( jt )

Quizás si nombramos a Martín Pérez de Ayala muy pocos lleguen a conocer la relación que tiene con la Sierra de Segura y la enorme dimensión histórico política que alcanzó este personaje durante el Renacimiento español en pleno S. XVI en la época en la cual España dominaba el mundo con su Emperador Carlos V. Pues sí, este personaje clave en el S. XVI en el reinado de Carlos V, Martín Pérez de Ayala nació en Segura de la Sierra el 14 de noviembre de 1503, llegando a ser uno de los más destacados eclesiásticos y teólogos del renacimiento español, que llegó incluso a ser capellán real para el Emperador Carlos V, especializado en gramática y humanidades por lo que, por encargo del Emperador, participó en el Concilio de Trento. Fue nombrado obispo de Guadix por el papa Pablo III (1548-1560) y, por el papa Pío IV, de Segovia (1560-1564) así como arzobispo de Valencia (1564-1566), ciudad en la que falleció el 5 de agosto de 1566.

Monumento a Martín Pérez de Ayala
 en Segura de la Sierra

Pronto su familia se desplazó a la vecina localidad de Yeste donde pasó toda su infancia, donde recibió una educación dirigida por el bachiller Mercado, aprendiendo latín cuando tan solo tenía cinco años, formándose en las letras y en el desarrollo matemático a la vez que ayudó como escribano a su madre viuda y a otros vecinos, ya que era experto en redacción caligráfica. Con mucho esfuerzo y gracias a su buena relación con diversas familias adineradas del lugar, se trasladó a Alcalá de Henares para comenzar a estudiar Gramática y Filosofía, en el colegio de San Eugenio, graduándose en 1518, teniendo por maestro a Fernando de Encina. Después se graduó de bachiller en Artes en 1525 y tomó los hábitos de la Orden Militar de Santiago el 16 de julio de ese mismo año en Uclés; tres años después la Orden lo mandó con otros compañeros de la misma a la Universidad de Salamanca para licenciarse en Teología, donde escuchó a Francisco de Vitoria explicar la Secunda Secundae; aunque al año siguiente hubo de regresar a Alcalá prosiguiendo su formación filosófica y teológica entre otros junto a Juan de Medina, hasta que en 1532 licenció y recibió el grado de maestro en Artes. De inmediato marchó a Granada porque su arzobispo, Gaspar de Ávalos, quería que regentara una cátedra de Artes; para ese cometido escribió sus "Comentarios a los universales de Porfirio", y después desempeñó otra cátedra de teología según las doctrinas nominalistas de Gabriel Biel que había recibido de su maestro Juan de Medina. En Granada también se licenció y doctoró en teología el 24 y el 25 de agosto de 1538.

Imagen de Martín Pérez de Ayala

En 1540 el obispo de Jaén D. Francisco de Mendoza lo llamó a su diócesis como confesor y vicario general. En 1537 el papa Pablo III convocó un concilio en la ciudad de Trento como forma de frenar el protestantismo e iniciar una Contrarreforma en la Iglesia Católica, pero no fue hasta 1543 cuando se formalizó esa compleja reunión eclesiástica a la que acudió el Obispo de Jaén siendo Martín Pérez de Ayala parte integrante del séquito real que acompañó al Emperador Carlos V a Trento; pero el concilio no acababa de arrancar, siendo en ese momento cuando el Obispo Mendoza encontró la muerte a la espera del inicio de la reunión en Trento y, habiendo llamado la atención del Emperador, fue nombrado Capellán de la Corte. Como el concilio no acababa de comenzar aprovechó para viajar a Lovaina, donde perfeccionó sus conocimientos de hebreo y griego y se informó sobre la teología protestante; estos conocimientos propiciaron que el emperador Carlos V, lo tomara como consejero en teología y escribiendo por esta época su estudio “De tratidionibus divinis et apostolicis”. El concilio finalmente comenzó, en la ciudad de Trento, norte de Italia, en 1545, aunque debemos considerar que tuvo tres sesiones principales que tuvieron lugar en 1545, 1551 y 1562, lo que provocó sesiones prolongadas y largas demoras entre ellas hicieron que los representantes cambiaran a lo largo del consejo.

Emperador Carlos V

Empezado ya el concilio en 1545, fue designado por el Emperador como representante, tomando parte decisiva en la defensa del catolicismo en varias fases de su desarrollo, siendo la más importante la de agosto de 1546 intervino en la sesión de justificatione y rechazó por completo la teoría seripandiana de la justicia imputativa que era la base del protestantismo. Una vez finalizado el Concilio de Trento y gracias a su importante papel en el mismo, fue invitado a visitar Roma por el representante imperial ante el Papa Pablo III, no sin visitar de paso diversas ciudades italianas, como Venecia, Milán, Bolonia y Florencia. En abril del 1547 regresó de nuevo a Trento, camino de Alemania a donde le llamaba el Emperador, y, tras una estancia de dos meses en aquella ciudad, se dirigió a Augsburgo.

Estudio publicado por Pérez de Ayala
cuando era Arzobispo de Valencia

El 16 de mayo de 1548, y gracias a las buenas relaciones gestionadas en la sede papal, fue preconizado obispo de Guadix, pero Carlos V le ordenó hacer acto de presencia nuevamente en las deliberaciones que seguían en Trento hasta nuevo aviso. Pero su estancia en aquella ciudad fue muy corta, pues ante la inactividad a que se veían reducidos los allí asistentes al Concilio, pidió y obtuvo del Emperador la autorización de ir a su diócesis. Se dirigió entonces a Milán, en cuya iglesia de San Ambrosio quiso consagrarse el 30 de septiembre de 1548; pero, no atreviéndose a pasar por Francia, hubo de esperar casi tres meses hasta poder embarcar en Génova a mediados de diciembre. Arribando por fin a Peñíscola, siguió por tierra a Valencia y entró en Guadix el 30 de enero de 1549. Dos años más tarde, acudió de nuevo a Trento, para asistir, ya como obispo, a la segunda etapa del Concilio que fue desde el 16 de marzo de 1551 al 28 de abril de 1552. Su excelente formación teológica y su estancia en Lovaina y en Alemania le habían dado una excelente información sobre los problemas más candentes de los protestantes. Y, aunque por su temperamento agudo y a veces apasionado, se había creado bastantes enemigos durante la primera etapa conciliar, sin embargo, disfrutó de mucho prestigio y alcanzó gran influjo a lo largo de esta segunda etapa en la que tuvo dos destacadas intervenciones de relieve sobre la Eucaristía y el sacrificio de la misa; concretamente, como profundo conocedor de la doctrina protestante, refutó brillantemente las diversas teorías de los innovadores contra la presencia real de Cristo en la Eucaristía y contra las teorías que niegan la transubstanciación. Luego fue nombrado para tres diputaciones conciliares, todas ellas doctrinales, e hizo esfuerzos en materia de reforma, prolongados en la gran oposición y en la protesta que al final de este período suscribió en contra de la suspensión del Concilio. Decretada ésta el 28 de abril de 1552, regresó a su diócesis a finales de enero de 1553 y se dedicó al ministerio pastoral, centrado en la visita canónica, que le duró todo aquel año. A principios de 1554 convocó un sínodo con el fin de aplicar el tridentino y estructurar, dentro de las normas conciliares, la vida de la diócesis: instituyó parroquias, erigió templos, reguló la disciplina, saneó la conducta de los clérigos, visitó la Catedral y dio nuevos estatutos al Cabildo.

Papa Pablo III

Con la abdicación del Emperador Carlos V, su sucesor, Felipe II le siguió teniendo en la misma consideración, proponiéndolo como responsable, en 1560, del Consejo de Órdenes, que se hallaba en Toledo, para coordinar las deliberaciones de la Corte sobre la reanudación del Concilio en Trento. Mientras tanto, fue nombrado obispo de Segovia el 17 de julio de 1560, pero no pudo entrar en esta ciudad hasta un año más tarde, el 12 de julio de 1561, comenzando a visitar su diócesis ante la firme oposición de los canónigos por su carácter reformista, pero la inminencia de la reapertura del Concilio en Trento y su segura presencia en el mismo le movieron a no tomar decisiones como Obispo de Segovia, aunque no dudó en ordenar la encarcelación en el castillo de Turégano y en la cárcel de Fuentepelayo del escribano y del notario de la catedral. De hecho, el 9 de marzo de 1562 salió para Trento, donde tuvo nuevas intervenciones en la tercera etapa de este Concilio que superaron a las de etapas precedentes en defensa del catolicismo frente a un protestantismo cada vez más intenso y en auge. Su prestigio y autoridad se impusieron al tratarse grandes problemas doctrinales, siendo estas intervenciones las que le consagraron como uno de los mejores teólogos del Concilio de Trento. Los mismos conatos de refutación que algunos intentaban, eran prueba de la importancia que esas ideas revestían o que, de hecho, se les daba. Sus opiniones no siempre prevalecieron, pero su relevante personalidad, su intrepidez e independencia le merecieron justamente un reconocido prestigio entre los padres conciliares, basado en su erudición teológica y en su sólido pensamiento. Fue al Concilio acompañado por Benito Arias Montano, uno de los hombres más eruditos de su tiempo y primera autoridad en estudios bíblicos.

Felipe II

Clausurado definitivamente el Concilio, regresó a Segovia el 25 de abril de 1564. Inmediatamente se aplicó a urgir la residencia de sus clérigos y girar la visita canónica a la diócesis, que le ocupó algunos meses. A finales de agosto, celebró en Segovia un sínodo y acometió la fundación del Seminario. Para entonces hacía ya varios meses que le había propuesto el Felipe II, agradecido por sus servicios, para arzobispo de Valencia. Aceptada por Roma, dada la influencia del Rey español, el nombramiento el 6 de septiembre de 1564, partió para la nueva sede, pasando antes por Madrid, para entrevistarse con Felipe II, y así otorgarle la responsabilidad de la celebración de los concilios provinciales dentro del Imperio y tratar de la instrucción de los moriscos. Llegó a Valencia a finales de marzo de 1565, aunque se detuvo en Alacuás durante las celebraciones de Semana Santa dada su enorme amistar con la familia Aguilar regentes del Señorío de Alacuás, para entrar solemnemente en la capital el 23 de abril, segundo domingo de Pascua. Aunque sólo residió en la archidiócesis valentina quince meses, visitó las parroquias de la ciudad y muchas de los pueblos; confirió órdenes sagradas, predicó al clero y al pueblo y celebró un concilio provincial en 1565, que fue un jalón decisivo en el arduo camino de la renovación espiritual. Asistieron a él el obispo de Mallorca y el titular de Cristópolis, en representación del de Orihuela. El arzobispo lo convocó para cumplir el mandato que salió de Trento, que disponía que un año después de la terminación de la ecuménica asamblea se celebraran concilios provinciales para aplicar las decisiones tomadas en Trento y también para corregir las costumbres del pueblo y del clero, y para legislar sobre diversas cuestiones eclesiásticas. Este concilio se ocupó de los moriscos convertidos o cristianos nuevos, que burlaban continuamente las leyes de la Iglesia y los sacramentos.

Ilustración que representa el Concilio de Trento

Dictó normas sobre los candidatos al episcopado, a canonjías, arcedianatos y parroquias y sobre las cualidades que deberían reunir para cada uno de estos ministerios, eliminando los abusos y prebendas que habían marcado durante toda la Edad Media el nombramiento de la jerarquía eclesiástica. Legisló también sobre la provisión y delimitación de las parroquias, por lo que los nuevos sacerdotes y parroquias deberían hacerse mediante concurso o examen ante los examinadores sinodales designados por el arzobispo y en aquellos lugares donde los fieles tuvieran dificultad para recibir los sacramentos.

El concilio provincial, empezado el 11 de noviembre de 1565, terminó el 24 de febrero del año siguiente, y el 25 de abril del mismo año convocó el arzobispo un sínodo diocesano para aplicar en Valencia los acuerdos de dicho concilio provincial. A las actas sinodales añadió las “Ordinationes pro choro”, dadas por santo Tomás de Villanueva para las iglesias de la diócesis, y las célebres “Instruccions e ordinacions” de Jorge de Austria para los moriscos convertidos. Las disposiciones adoptadas por el Arzobispo Martín Pérez de Ayala en 1566 sobre la disciplina del clero fueron la obligación de llevar hábito talar y la prohibición de ostentar anillos en los dedos, lechuguillas en cuellos y mangas de la camisa, llevar armas, salir a escenas, acudir a festines, tener en casa mujer sospechosa, acompañarla por las calles a pie o a caballo y tener en la propia casa mesa de juego y obediencia plena a la jerarquía de la Iglesia empezando por el Pontifice, es decir, purificar una Iglesia que había derivado hacia caminos poco ejemplificadores, según lo estipulado en Trento. A propósito de la celebración de este concilio provincial hay que decir que el Concilio de Trento, en su última sesión del 3-4 de diciembre de 1563 había mandado la recepción pública de los decretos tridentinos en el primer concilio provincial que había que celebrar al terminar la asamblea, así como la promesa de obediencia al Pontífice, y el rechazo y condena de las herejías. El acto de recepción de los nuevos religiosos significaba confesar o profesar las definiciones dogmáticas del Concilio y prometer obediencia al Pontífice, que en el caso de los profesores de escuelas y universidades se haría bajo juramento.

Retrato de Martín Pérez de Ayala en el
Arzobispado de Valencia

Martín de Ayala reanudó los planes de evangelización de los moriscos con mayores ambiciones e ideas más originales, pues, antes de llegar a Valencia, participó en Madrid, en 1565, en la junta encargada de estudiar el problema encargada por el propio Felipe II y, apenas tomó posesión del arzobispado, publicó un catecismo de la Doctrina Cristiana, en lengua arábiga y castellana para la instrucción de los nuevamente convertidos del llamado Reyno de Valencia, que fue impreso en 1566 por Juan Mey con el título “Doctrina cristiana en lengua arábiga y castellana para instrucción de los moriscos”. Dejó otro catecismo en borrador, que no pudo completar, pero fue editado en 1599 por San Juan de Ribera arzobispo de Valencia, llamado “Catechismo para los nuevamente convertidos de moros”. Cuidó con esmero la formación del clero, de modo particular el Colegio Mayor Seminario de la Presentación, fundado por Santo Tomás de Villanueva en 1550. Aquí en Valencia sentó cátedra de las fórmulas a emplear por la Iglesia en todo el Imperio Español para contra restar las tendencias protestantes en claro auge en Europa, aplicando las directrices marcadas por el Concilio de Trento y ganándose por ello la confianza plena tanto del Emperador como del entonces papa, Pío IV. Fue aquí, en Valencia, donde la muerte le sorprendió el 5 de agosto de 1566, con apenas 63 años, siendo enterrado en la capilla de la Trinidad de la Catedral de Valencia, cuando era un claro referente ya en la Iglesia, lo que posiblemente hubiera apuntado en un futuro a ocupar cargos de mayor responsabilidad y por qué no decirlo, claro candidato al ser sumo pontífice como ya lo fueron desde el Arzobispado de Valencia Calixto III y Alejandro VI, los dos únicos papas de origen español, además de estar bajo la influencia del Emperador Felipe II, dominador político de media Europa, dado que en aquella época la política también era algo a considerar en los nombramientos papales.

Tumba de Martín Pérez de Ayala en la Catedral de Valencia

Nuestro paisano, nacido en nuestra Sierra de Segura, fue una de las figuras más vigorosas del episcopado español del siglo XVI, gran intelectual y referente eclesiástico, aunque no perteneciera a ninguna escuela teológica, pero estuvo siempre abierto a las preocupaciones intelectuales de su tiempo, influidas por fecundas corrientes dogmáticas y espirituales y por la evolución provocada por la Reforma Protestante y después por el Concilio de Trento. Percibió la crisis de la teología decadente heredada de la Edad Media y la necesidad de renovar los estudios y las formas de la Iglesia, subrayando el valor de la tradición católica, basada en los estudios bíblicos y patrísticos, y escribió la monografía más completa sobre este tema en su época, llegando a publicar hasta veintisiete estudios sobre las tendencias y formas que la Iglesia debía adoptar para mantenerla viva frente a los peligros reformistas y cismas de la época. En resumen, fue un gran constructor de la Iglesia y de su modernización, por lo que fue reconocido referente dentro de la historia eclesiástica del Renacimiento en España y en toda Europa.