Si existe una construcción singular, a la par que desconocida, de la dominación islámica de la Sierra de Segura esa es, sin duda, la presa sobre el río Trujala en la Garganta del Ciervo. Esta obra del S. XII, hoy en día desparecida, es mencionada es diferentes escritos medievales mediante los cuales D. Vicente Salvatierra y D. Francisco Gómez redactaron un pormenorizado estudio en el que analizan todas sus particularidades, estudio que hemos readaptado para su publicación en este blog que se centra en la historia de Puente de Génave y toda la Sierra de Segura.
LA PRESA DE LA GARGANTA DEL CIERVO. S. XII
La arqueología ha proporcionado la
posibilidad de estudio de estructuras físicas y tecnologías que sostuvieron el
desarrollo y la expansión de dicho regadío en la época de dominación musulmana
de la península Ibérica. Los manantiales, canales, acequias, la construcción de
terrazas en zonas de montañas, las albarcas, las norias, los molinos
hidráulicos o la construcción que nos ocupa que servía para derivar el agua de
los arroyos o acumular caudal como las presas. Pero las limitaciones de
estudios o la escasez de excavaciones suficientemente amplias, unidos a la
vaguedad con que las fuentes escritas árabes tratan estos temas, hacen que aún
hoy nuestros conocimientos sobre la tecnología utilizada, y las modificaciones
experimentadas en su aplicación a lo largo de los siglos, tengan un nivel muy
general y esto se puede aplicar a la presa de la Garganta del Ciervo sobre el
río Trujala.
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| Planos generales de situación |
El río Trujala nace en el interior de
la sierra, por donde discurre su curso alto y medio, que se encaja
profundamente en el terreno en su recorrido de este a oeste, recogiendo agua de
numerosos manantiales y arroyos, pasando junto a la población de Trujala que le
da nombre, siendo probablemente una derivación de trujal, término que alude a
«prensa donde se estrujan las uvas o se exprime la aceituna», o «molino de
aceite», no debiendo olvidar que en el entorno de este río llegó a haber siete
molinos durante la baja edad media y la época moderna. Al salir de la sierra,
en el valle, con una altitud que oscila entre 600 y 750 m, el río Trujala corre
con dirección sur-norte, serpentea entre varias colinas, pasa por delante de
Segura de la Sierra, recibe el agua de los ríos Hornos (izquierda) y Orcera
(derecha), así como de otros arroyos, hasta desembocar en el río Guadalimar.
En el curso de una serie de
prospecciones en el valle del río Trujala efectuadas en 2005, algunas
informaciones permitieron localizar una gran estructura, que se identificó como
una presa, que por su técnica consideramos andalusí.
Del territorio de la Sierra de Segura
no hay descripciones con cierto detalle hasta el siglo XII, contando con apenas
dos autores. El primero, Al-Idrīsī, se sabe que inició su obra en 1138, al
trasladarse a Sicilia al servicio del rey Roger II y de su sucesor, para los
que trabajó hasta su muerte en 1165, citando de la Sierra las localidades de
Segura, Quesada y Toya; mientras que el segundo, Al-Zuhrī, quizá llegó a
conocer el territorio, dada la relativa amplitud de sus descripciones,
resaltando de la Sierra que era un territorio muy poblado, citando los ríos
Guadalquivir y Guadalimar así como a Quesada (Qayšāṭa) y Hornos (ḥiṣn Furnus).
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| Situación de la presa en su entorno |
Respecto al río Guadalimar dice: “El Guadalimar nace a dos o tres cuerdas o
medidas del nacimiento del río Mundo o Mesones y, en este lugar coinciden, el
río de Murcia (Segura) y el de Córdoba (Guadalquivir), después corre con poca
agua hasta que recibe las aguas que salen de la Fuente de Beas (‘Ayn Bhy, o
‘Ayn Bahiya o ‘Ayn Mhyā o ‘Ayn Samūra) para pasar delante de Segura, donde
recibe otros arroyos aumentando su caudal para entrar en el desfiladero llamado
Ḥalq al-Ayyil (‘La Garganta del Ciervo’) que fue cerrado por Abū Isḥāq ibn
Hamušk, cuando era señor de Segura, con una perfecta obra de ingeniería,
convirtiendo aquella vega en un mar cuando subía el nivel del agua, sin tener
ningún aliviadero, pues quiso que se desbordase por las cimas de aquellos montes,
pero no le ayudó el lugar”. Este texto es el único entre las fuentes árabes
que, por lo que sabemos, hace referencia a una presa, en esta zona pero
presenta varios errores como el unir los recorridos del río Guadalimar al que
dedica las primeras líneas, y del río Trujala, al que corresponden la mención
de que pasa por delante de Segura y donde se sitúa la llamada Garganta del
Ciervo.
La presa ubicada en el rio Trujala se
situaría frente a la población de Segura de la Sierra, unos 5 km antes de la
confluencia del río Trujala con el Guadalimar. El terreno tiene una altura
media de unos 700 m sobre el nivel del mar, y el río pasa entre dos de las
elevaciones principales del valle, de 772 y 774 m de altura respectivamente
estando ambas separadas por un estrecho y sinuoso paso, de unos 300-400 m de
longitud, labrado en parte por el propio río, cuyo lecho presenta, en el punto
más estrecho, una anchura de unos 9 m. Este paso estrecho fue el elegido para cerrarlo
con un potente muro, del que solo queda una parte. El paso se abre en altura
por la inclinación de las pendientes laterales, más acusada en el lado oeste.
El muro conservado corresponde a este sector, apoyando su extremo en la roca,
aprovechando la inclinación para fijarlo mejor al terreno. Por el contario, en
el lado derecho (este) la roca se presenta algo más vertical, y el estribo de
este lado del muro se adosó a la misma, por lo que su adherencia era muy débil.
Del mismo apenas queda nada. Esta presa era básicamente un ‘tapón’ en el cauce
del río, que provocaría la acumulación de agua en su frente sureste, donde el
terreno presenta un claro rehundimiento a modo de cubeta, que se refleja en las
curvas de nivel de la planimetría moderna, y a simple vista en la distinta
coloración del terreno.
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| Situación de la Garganta del Ciervo |
Por lo que sabemos, hasta ahora esta
estructura y su entorno no se habían identificado en las fuentes escritas
posteriores a época andalusí, pero hay una referencia, hasta ahora un tanto
oscura, que puede relacionarse con ella en las Relaciones Topográficas de
Felipe II, que recoge las respuestas a una encuesta general enviada por encargo
de dicho rey a todas las poblaciones del reino de Castilla, hay una observación
al final, que es la que se refiere a edificios antiguos o ruinas que hubiese en
el término de Segura, que puede hacer alusión a esta obra:“... a media legua de Sigura a la parte de poniente ay otro edefyçio
que se llama Alfafer que pareçe que alli se tomaba el rrio de Truxala para rregar
y pesquería es edefiçio antiguo de calicanto”. Sobre el término “alfafer”
es reconocido como derivación de topónimo árabe haciendo referencia a hondonada
u hoya por donde discurre el agua.
Ya en la época actual se
identificaron los restos como una presa. En primer lugar, J. Mª. Almendral
(1986) publicó algunos datos sobre la misma, con el nombre de Presa de
Rihornos, por la aldea del mismo nombre situada relativamente próxima a la
misma. El autor incluyó una fotografía, y un croquis del alzado y la sección,
dando unas dimensiones de 21 m de longitud en el coronamiento y una altura de
11,40 m, pero sin aportar datos históricos, fuera de identificarla como
«árabe». Con posterioridad, P. Cressier se hizo eco de esta publicación,
apuntando que podía tratarse de una presa de almacenaje. Finalmente, algunos
autores locales, como E. de la Cruz (1994) y M. Vigueras (2001) mencionan la
presa y, aunque sugieren relacionarla con la citada por Al-Zuhrī, ante las
inexactitudes de la descripción vacilan en pronunciarse, y no llegan a
analizarla en profundidad. Lo cierto es que, según señala J. Mª. Almendral, debía
tener 21 m de longitud y con un grosor de 11 m, y una altura conservada de 10,60
m. A la hora de describir y valorar esta construcción es preciso distinguir
entre lo que podemos considerar principios de ingeniería, y la técnica constructiva.
Por lo que se refiere a la primera, cabe pensar que el constructor tenía
conocimientos muy primarios, como pone de manifiesto el que en el lado derecho
adosase la estructura al cortado de la roca, lo que sin duda la debilitaba.
Técnicamente, el problema estaba resuelto en la época, solución que encontramos
por ejemplo en recintos amurallados, y que consiste en el ‘tallado’ de la roca,
bien en «escalera» o bien mediante «dientes», de forma que se proporcionaba
mayor agarre a la estructura, sin embargo, aquí no se utilizó. Por otro lado,
el deterioro que presenta aguas abajo, con grandes fragmentos desprendidos,
apunta a que no estaba escalonada, o ataludada. Por otro lado, falta la
pantalla que cerraba el río, por lo que no es posible saber si era un muro
recto, o cóncavo, aunque su grosor apunta a lo primero. Todo ello hizo que la
estructura resultase poco resistente a fuertes empujes, como los que podía
provocar el agua torrencial en algunos momentos, lo que probablemente produjo
su ruptura, habiendo continuado hasta el presente la pérdida progresiva del
sector del muro que cerraba el río. Como consecuencia de todo ello sólo queda
el lienzo construido en la margen izquierda y sólo parte del cimiento de la
margen derecha.
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| Cortes de los alzados de los restos de la construcción |
Frente a los limitados conocimientos
de ingeniería, la obra sí denota un profundo conocimiento del proceso de
fabricación mediante tapiales. En este aspecto se trata de una obra notable. En
apariencia, primero se construyó aguas abajo del río un muro, de unos 2 m de
grosor, en cuya cara externa aún pueden observarse los mechinales para agujas
circulares de 10 cm de diámetro, teniendo los cajones unos 70 cm de altura.
Aguas arriba debieron colocarse tapiales de madera, que fueron fijados mediante
gruesos postes, clavados en hoyos abiertos en la roca del lecho del río,
habiéndose identificado dos de ellos. Entre estos hoyos, y el muro citado, se
puede observar todo el corte interior de la presa, unos 9 m. Se empleó una
argamasa de extraordinaria dureza, y piedras de mediano y pequeño tamaño, lo
que generalmente se denomina calicanto. El análisis realizado muestra que se
empleó cal como elemento aglutinante y cuarzo y dolomitas como áridos. Llama la
atención la falta de arcilla, que por lo general suele suponerse que era un
elemento principal en la Edad Media, pero que aquí sólo aparece de forma
residual. Inicialmente podía pensarse que la sustitución de la arcilla se
habría producido por el tipo de obra, ya que ese material tiende a absorber
agua y expandirse. Las medidas señaladas suponen un gran alarde técnico. Para
levantar un muro con tableros de madera o ‘tapiales’, se colocaban estos en las
dos caras del muro a construir, uniéndolos por su parte superior mediante vigas
de madera o cuerdas. O mediante cuerdas se sujetaban a postes clavados en el
interior.
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| Frente conservado del lado sur |
Otra opción podría ser en vez de
emplear tapiales, la construcción de sendos muros de mampostería; en todos los
casos se echarían después los elementos que componían la mezcla. Teniendo en
cuenta lo que hemos indicado antes, aquí se empleó un método mixto,
construyendo un muro aguas abajo, contrarrestando la mayor presión, y tableros
aguas arriba. En cualquier caso, la anchura provoca otros problemas, ya que, al
fraguar, la cal genera mucho calor, y una notable presión hacia el exterior,
que debió ser difícil de contrarrestar. Por otra parte, la calidad de un muro
depende de que el proceso de fraguado sea semejante en todo el volumen del
mismo, obviamente el cálculo de la mezcla resulta más difícil cuanto mayor es
el grosor de este, sobre todo con los medios de la época. Sin embargo, nada de
esto se aprecia en esta obra, por el contrario, hay una notable regularidad en
toda la anchura del mismo. De hecho, la cara interior del posible muro al que
hemos hecho alusión, apenas se distingue del resto de la estructura. No
obstante, de izquierda a derecha se aprecian tres sectores. El principal y más
ancho en el centro. Aguas abajo se observa una larga grieta, que puede estar
marcando el muro, pero que también puedo ser producto del deterioro. Río
arriba, la cara exterior está compuesta por dos hiladas de mampostería
revocada. Ello se aprecia claramente en la parte superior, donde existe una
grieta entre este sector y el resto, que en consecuencia está igualmente en
proceso de deterioro. Teniendo en cuenta la disposición vertical de las piedras
de la hilada más exterior, ello supone que quizá la obra se hizo adosando
dichas piedras a la cara interior del tapial, levantándola como un muro de
mampostería, y echando después el resto de la argamasa en el interior dejando
marcas sobre las diferentes fases de fraguado. Pero estas no se advierten en
esta construcción. Las marcas exteriores pudieron borrarse recubriendo la obra
de una capa de argamasa que las oculte, pero la inexistencia del límite de las
tongadas interiores, que debían ser visibles en el frente roto, sólo se explica
si la superficie superior de cada tongada se dejó con un perfil irregular de
forma deliberada, cubriendo sólo en parte las piedras de la última capa, de
forma que la primera del cajón siguiente terminase de cubrirlas, con ello
posiblemente se conseguía mayor solidez, y no es posible ver las líneas de las
fases de obra. Finalmente, sí se aprecian algunos cambios que deben responder a
criterios técnicos. En la parte inferior las piedras parecen tener mayor
tamaño. En la superior las piedras son menores y más abundantes. Estos cambios
no representan cronología, sino que deben considerarse sólo fases de obra, el
menor tamaño de las piedras en la parte superior tendría como finalidad
aligerar el peso.
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| Detalle constructivo del muro de contención |
En los cerros situados a ambos lados
de la presa se aprecia la construcción de un antiguo camino. En la margen
derecha este subía por el borde del río, donde se rompió la roca y alisó el
terreno, con una mezcla de escalones irregulares y rampas poco marcadas, que
llevan hasta la parte superior. En el lado izquierdo el camino se aleja del
río, descendiendo suavemente, aunque siempre por encima de la cota del
«pantano». Posiblemente podía cruzarse por encima de la presa, lo que
permitiría cruzar el río y el pantano sin necesidad de dar un amplio rodeo.
Analizados los precedentes, y
revisada la documentación y detalles arquitectónicos y constructivos, se trata
ahora de establecer si la presa localizada en el río Trujala pudo ser realmente
la citada por Al-Zuhrī, y su objetivo de su construcción. Como hemos dicho, Al-Zuhrī
es la única fuente que menciona una presa en la zona, que habría sido
construida por Abū Isḥāq b. Hamušk, personaje al que se califica de señor de
Segura. En principio, la presa podía
tener dos objetivos, por un lado, hay que suponer que el principal, era generar
un amplio circuito de regadío, pero por otro, el ser, posiblemente, un elemento
propagandístico, que debía mostrar el poder de su constructor, frente al avance
de los almohades.
La presa se construyó en ese lugar
pues delante de la zona donde se construyó (lado este), el terreno está
rehundido, con lo que tiende a crearse de forma natural una amplia zona
encharcada. Aún en la actualidad numerosos habitantes de Segura de la Sierra coinciden
en denominar a esa zona pantano del rodero porque hasta hace pocos años solía
acumularse en determinadas épocas del año una lámina de agua. En principio el
agua acumulada aquí, de forma natural, probablemente no tenía una vía de
salida, fuera de la filtración y la evaporación. La presa provocó un aumento
considerable del agua acumulada en esa zona. Según los cálculos efectuados,
teniendo en cuenta la topografía actual, el agua tenía que subir unos 2 metros
antes de encontrar su salida natural, que se encuentra situada al pie de la
colina del lado derecho (norte). Esa acumulación hacía, por otro lado, que la
zona lagunar llegase a cubrir aproximadamente unas 18,8 ha.
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| Zona de inundación de la presa |
En función de los criterios resumidos
más arriba, y dado que para que funcionase hacía falta el almacenamiento de
gran cantidad de agua, cabe considerarla de almacenaje. Pero estos depósitos deberían
tener aliviaderos ligados a conducciones, situados generalmente en la parte inferior.
Si no existieran estos, sólo estando el depósito lleno sería posible extraer
agua para el riego. Sí, como afirmaba Al-Zuhrī, la del Trujala no tenía
aliviaderos, el agua sólo podía salir por rebosaderos, siendo la única opción
de uso que el agua que salía del «pantano» debía circular en paralelo al
antiguo cauce del río Trujala, pero a mayor altura que aquel, siendo esta elevación
aprovechada para derivar el agua por acequia y conducciones para regar campos
aguas abajo, pero en superficie no se observan acequias u otro tipo de
conducciones, pero no podemos descartar que ésta se encuentre a mucha más
profundidad de lo que hoy vemos, y que el terreno se haya colmatado, algo
verosímil por su posición al pie del cerro. Estas incógnitas sólo podrían
aclararse mediante las excavaciones arqueológicas. La zona máxima teóricamente
irrigable sería de unas 135 hectáreas, extensión de tierra delimitada por el
antiguo cauce del río Trujala y el río Orcera, que también queda por debajo de
la cota de desagüe de esta presa.
No sabemos con seguridad cuando se
rompió la presa. La referencia de Al-Zuhrī a que no le ayudó el lugar puede
interpretarse en que la presa cedió ante una riada o perdió su funcionalidad al
colmatarse con piedras y aportaciones de aluviones al poco tiempo de estar
terminada, incluso durante el reinado del citado Ibn Hamušk, para después ceder
a la presión y romperse. En cualquier caso, el lado derecho (norte) cedió, y el
agua se abrió paso hacia el antiguo cauce. Desde entonces esa ruptura ha ido
ampliándose, y partes del lienzo se encuentran caídos en la ribera y en parte
han sido arrastrados por el río, en cuyo cauce aún se localizan algunos
fragmentos de gran tamaño.
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| Zona de regadío por aprovechamiento de sus aguas |
Constatado que las intervenciones de
los gobernantes musulmanes en materia hidráulica tenían más que ver con la
creación de huertas y jardines que proporcionaran confort y placer que para la
producción agrícola en beneficio de unos determinados siervos campesinos hace
que la presa sobre el Trujala un elemento singular y muy particular en
Al-Andalus. Por sus características y finalidad, hay que pensar que más allá
del regadío, la presa tenía una función de propaganda, y de enaltecimiento de
su constructor, en esos años enfrentado al avance almohade. Aunque debemos
añadir la falta de pericia, desde el punto de vista de la ingeniería, cuestión
que explica su fracaso, pues la presa de la Garganta del Ciervo no tuvo en
cuenta la realidad de que el Trujala es un río de caudal muy cambiante, y eso
propició su rápida destrucción.
Vicente Salvatierra Cuenca
Francisco Gómez Cabezas