En estos tiempos de Navidad y fiestas de fin de año, donde los sentimientos emergen y están más a flor de piel, cuando la fraternidad resulta más visible y donde nuestros mejores deseos se mezclan con muestras de solidaridad y empatía hacia los demás, recuperamos un escrito de la puenteña María Luna Vico en el que pone máximo énfasis, además de explicarnos su trayectoria personal, en esas dinámicas de vida que, basadas en esas pequeñas cosas cotidianas, nos ayudan a crear vínculos que nos acercan a las personas con actitudes más limpias, claras y humanas. Porque crear un mundo mejor es tarea de todos buscando la felicidad en el bien común. En definitiva, nos aporta una visión sobre la vida y, especialmente, de la forma más directa y humana de crear un mundo mejor a través de la solidaridad entre las personas, siendo su vida un claro ejemplo.
"HECHOS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES....."
Considero que con los años que tengo, que son una bendición del cielo, que mi único mérito fue, y es, el haber hecho un gesto de generosidad respondiendo a una vocación, lo demás ha sido acción de Dios que es el que mueve mi existencia y la razón de mi actuación educativa. Soy miembro de la Institución teresiana fundada por el linarense San Pedro Poveda. Esta es una asociación internacional de profesionales laicos, mujeres y hombres, dedicados a vivir y transmitir el Evangelio a través de la cultura y por tanto mi misión es la de formar a jóvenes desde los valores evangélicos.
![]() |
María Luna en una de sus misiones. |
He tenido la oportunidad y la suerte
de trascender mi origen geográfico y mi historia concreta española. Esto,
aunque supone un desarraigo y lleva consigo un sufrimiento y mucho esfuerzo de
adaptación, me aporta un gran enriquecimiento en todos los sentidos humanos y
espirituales. He vivido, más o menos tiempo, en ocho países (España,
Inglaterra, Irlanda, Italia, Corea, Estados Unidos, Japón y Filipinas) y
también por razones de trabajo he visitado otros seis (Austria, Francia,
Taiwán, Singapur, Canadá y Tailandia) además de haber dado la vuelta al mundo
un par de veces. Para los que esto les pueda llamar la atención, todos estos
viajes han sido costeados por las universidades o centros a donde he ido para
dar alguna charla o cursillo a profesores de español. Siendo mi última
residencia en Filipinas donde estuve trabajando casi 30 años.
También he pasado por todos los niveles de educación estudiando y enseñando. Empecé siendo maestra en un colegio de primaria en Jaén, profesora en dos institutos internacionales en Londres y acabé como catedrática de español en la Universidad de Filipinas-Diliman en Manila además de dirigir el Colegio Mayor Universitario dentro de esa misma universidad, teniendo dos libros publicados y escrito varios artículos sobre literatura e historia de Filipinas.
En todo este trajín he descubierto que
en la dificultad nace la oportunidad y que el mundo y los acontecimientos de la
vida son el espacio donde Dios actúa y donde se manifiesta. Es decir, que los
acontecimientos son los que nos ponen en trance de verificar la verdad
evangélica que hay en nosotros, y ver en qué dirección Dios nos emplaza para
que nos situemos y actuemos. Los sucesos, los percances de la vida, las
distintas situaciones positivas y negativas, son estorbos o son gestos
provenientes con los que podemos hacer referencia y buscar el sentido radical
de nuestro vivir y situarnos profundamente en la historia para verificar la
verdad de fondo.
Por eso, mi forma de concretar y
manifestar esta vivencia cristiana en el mundo de tan variadas ideas y
religiones en el que yo me muevo se ha ido resumiendo en estas pocas líneas:
-Dar valor y defender la dignidad de cada persona que encuentro. Esto se concreta en compartir mis conocimientos y ayudar en el proceso de crecimiento de muchos jóvenes universitarios con dificultades de todo tipo, además de respetar y valorar las diferentes culturas y religiones con las que estuve en contacto a través de esos estudiantes.
-Buscar y vivir en verdad a través de la cultura. Esto,
intentando vivir en autenticidad y en estudio constante. Mantener esta
convicción no es fácil y me ha acarreado dificultades y problemas, pero creo
que perseverar en esto era mi responsabilidad para contribuir a la cultura de
nuestro tiempo.
-Ser solidaria. Esto expresado en gestos concretos de ayuda
material para aliviar en algo la gran pobreza en la que viven millones de
personas en mi entorno. Como alguien muy querido por mí me decía: “Las fronteras
no pueden ser barreras sino puentes que nos conecten en vez de separarnos y nos
hagan más solidarios y fraternales”.
En esto es en lo que yo puedo
concretar mi ser teresiana, acompañado el destino de los que pasan por mi vida,
partiendo de lo superficial para penetrar el entramado de los condicionamientos
que envuelven a cada uno; y adivinando, o por lo menos estando a la espera y en
búsqueda de poder adivinar en qué dirección apunta el proyecto salvador de
Dios, desde unos estudios o desde el percance casero de cada día o cualquier
situación que se presente…
En honor a la verdad quiero decir que todo lo que soy se lo debo a mis padres que me han enseñado a vivir de forma austera y el valor del trabajo constante. A mi familia toda que ha mantenido esa misma actitud y a mi pueblo y su gente que me acogen y me dan ejemplo de esfuerzo emprendedor, trabajo callado y solidaridad con las necesidades de otros aun estando ellos en situaciones de escasez.
Por último, me gusta poner aquí una nota de esperanza ante la actual situación de nuestra sociedad. Como he vivido en lugares donde la miseria absoluta es parte de la existencia de muchos y he visto cómo evolucionan sus vidas, creo que tengo motivos para asegurar que las actuales circunstancias de crisis pueden convertirse en una grandísima oportunidad de gracia para nuestro país y nuestra sociedad y también para reforzar nuestra fe, porque nos está obligando a pensarnos a nosotros mismos y a situarnos ante los acontecimientos desde los que podremos buscar soluciones, corregir situaciones y mejorar lo que se haya torcido. Entonces, estos acontecimientos, que a lo mejor nos ponen en una situación incómoda, difícil y dolorosa se nos van a convertir en oportunidad y nos van a obligar a referirnos a la radicalidad de nuestra vida y experimentar un cambio en positivo.
Y todo esto os lo digo con mis
mejores deseos para esa vida de esperanza que nos vendrá llena de ilusiones y
nuevos proyectos que, sin duda, conseguiremos colmando nuestra vida de
satisfacciones.
Por María Luna Vico.