La mayoría de los que, de una forma u otra, estamos vinculados con la Sierra de Segura, en alguna ocasión hemos pasado por la carretera que pasa por encima de la pared de la presa del Tranco. Justo al lado, algunos habrán observado una estructura metálica, ya muy oxidada y deteriorada, y se habrán preguntado qué función pudiera tener tal artilugio que parece emerger de las aguas del pantano. Pues bien, con este artículo de Fernando Frías se nos proporciona la debida explicación a esa misteriosa estructura, aportando unos interesantes datos sobre su funcionalidad que parece olvidada, en este momento, en el tiempo.
EL ELEVADOR DEL EMBALSE DEL
TRANCO.
Por Fernando Frías.
Para todo
amante de la Sierra de Segura, sea nacido en ella o no, la imagen de la silueta
del Tranco (no voy a ser tan incauto como para añadirle la inexplicable
coletilla de “de Beas”) serpenteando majestuosamente entre las cimas de la
sierra permanece grabada en la retina de cualquiera que la haya podido
contemplar. Ciertamente el Tranco cambió la fisonomía y el paisaje serrano, y
aunque los beneficios y rentabilidades económicas para sus habitantes podríamos
considerarlos de dudosos en un principio, en la actualidad se ha integrado
plenamente en su paisaje y forma parte importante de su riqueza medio-ambiental
que supone la base de la explotación turística de nuestro entorno, cuestión que
está proporcionando a muchas personas, especialmente jóvenes, un medio de vida
y sustento que ha paliado, notablemente, el fenómeno migratorio.
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Visión desde la carretera sobre la pared del embalse del Tranco |
Está claro que
la planificación y ejecución de la presa supuso un duro golpe a la vida de
muchas personas e incluso muchos lugares y cortijadas con sus fértiles huertas,
como Bujaraiza, que desaparecieron bajo sus aguas, rompiendo estructuras y
cortando caminos lo que vino a dificultar enormemente la vida de sus gentes. Una
vida marcadamente dura donde los habitantes de la sierra han visto durante
muchos siglos como su comarca, ejemplo de territorio dotado de abundantes
recursos naturales, ha venido a satisfacer
y favorecer intereses externos, que incidieron en su empobrecimiento y
desertificación.
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Isla del poblado de Bujaraiza en el embalse del Tranco |
Debemos
considerar que el desarrollo económico y demográfico de las Sierra de Segura
siempre estuvo muy condicionado por su orografía y aunque en el fondo de los
valles existían algunas zonas de huerta, la mayor parte del territorio es muy
montañoso y abrupto, sin una posibilidad expansiva de aprovechamiento agrícola
o ganadero, pero precisamente esa orografía ha posibilitado a lo largo del
tiempo unas grandes extensiones de bosques, por lo que no es de extrañar que,
tradicionalmente, las principales actividades económicas de la zona fueran las
relacionadas con la silvicultura, y su principal recurso la madera. Todos
conocemos que su riqueza forestal fue objeto de una particular atención y
control por parte del Estado, que declaró, allá por el año 1748, todo su basto
territorio como “Provincia Marítima” a efectos de sus aprovechamientos
madereros, por constituir una materia prima estratégica para los astilleros de
la Armada, además de servir para la construcción de obras y edificios públicos,
y ya, desde mediados del S. XIX hasta mediados del S. XX para las traviesas del
ferrocarril, explotación que se mitigó notablemente después de la declaración
por parte de la UNESCO como Reserva de la Biosfera en 1983, a lo que siguió su
declaración como Parque Natural en 1986 y Zona de Especial Protección para Aves
(ZEPA) en 1987.
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Mapa de situación del embalse del Tranco |
De hecho, las
Sierras han contado desde muy antiguo con grandes extensiones de pinos
carrascos, negrales y laricios, variedad esta última muy apreciada para la
edificación y para la construcción naval. Por si eso fuera poco, al estar
situada en la cabecera del Guadalquivir resultaba idónea para la obtención de
grandes piezas de madera que posteriormente podían ser enviadas río abajo hasta
Córdoba o Sevilla, donde servían como vigas de grandes edificios o como piezas
y mástiles de embarcaciones. La importancia de la extracción de la madera llegó
hasta el punto de que en 1748 fue constituida por Decreto la Provincia Marítima
de Segura, figura que permitió al Estado apropiarse de prácticamente todo el
aprovechamiento maderero de la zona en perjuicio de los montes comunales, y de
hecho condenando a la miseria a muchas familias que hasta entonces dependían de
pequeños trabajos relacionados con el aprovechamiento silvícola.
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Provincia marítima y vías de salida madereras |
Con el paso
del tiempo la importancia de la madera para la construcción de edificios y
buques fue disminuyendo, y de hecho la Provincia Marítima dejó de existir hacia
1836, pero pronto apareció una nueva industria devoradora de árboles: el
ferrocarril. Los pinos laricios resultaron ser, de nuevo, idóneos para la
construcción de instalaciones, material rodante y, sobre todo, traviesas, y
durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX las talas de
árboles fueron aún más frecuentes que antes.
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Bosque de pino laricio en el paraje de río Madera |
La extracción
de madera solía hacerse mediante cuadrillas de trabajadores que se desplazaban
por la Sierra montando aserraderos provisionales en los que cortaban y daban
forma a las piezas necesarias (principalmente traviesas). Posteriormente se
lanzaban a los arroyos y ríos (a menudo construyendo lanzaderos provisionales
que permitieran un desplazamiento suave, impidiendo golpes que pudieran
deteriorarlas), para llevarlas a las zonas llanas del curso alto del
Guadalquivir, donde se iban acumulando.
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Trabajos de explotación tradicional maderera |
La madera, finalmente,
era transportada a lo largo del río formando enormes maderadas, a veces de
decenas de miles de piezas que eran hábilmente guiadas por los gancheros. El
proceso de la extracción de madera (que fue magistralmente retratado por José
Luis Sampedro en El río que nos lleva, novela convertida más tarde en película)
dependía por lo tanto de que el curso del Guadalquivir permaneciese
practicable, y más aún si tenemos en cuenta que en la época ni las carreteras
ni los vehículos de transporte eran demasiado abundantes, que digamos.
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Acumulación de partidas madereras para su extracción fluvial por gancheros |
Pero entonces
llegó la presa del Tranco. Aunque el proyecto original venía de casi dos
décadas atrás, la construcción de la presa del Tranco se inició en 1929-1930,
finalizando en 1944. Se trató de una obra de ingeniería muy notable: en su
época era la mayor presa de España, la segunda de Europa y la tercera del
mundo, y además tuvo que afrontar diversas dificultades técnicas que obligaron
incluso a modificar sustancialmente el proyecto en plena construcción,
impermeabilizar varias áreas rocosas y alguna que otra cueva. Pero, en fin,
dejaremos esas cuestiones para otro día, por si algún experto quiere contarlas;
para nuestra historia lo que cuenta es que la presa constituía una pared de
noventa metros de altura justo en el camino de la madera.
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Características del embalse del Tranco |
Pero debemos
considerar que, además, esta obra surgía en el momento más inoportuno, es
decir, tras la Guerra Civil y con la consiguiente destrucción de
infraestructuras, especialmente ferroviarias, por lo que se calculó era
necesario sustituir al menos seis millones de traviesas deterioradas o
destruidas por el conflicto, a las que había que añadir otros dos millones más
cada año para reposiciones y nuevas construcciones. Y claro, si buena parte de
esas traviesas tenían que salir de las cada vez más esquilmadas Sierras de
Segura, habría que hacer algo para salvar la barrera de la presa.
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Acumulación maderera dispuesta a ser transportada por el elevador de la presa |
Posiblemente
se hayan fijado en cualquiera de las visitas realizadas, y si no es así, les
invito a que se fijen, que en la misma pared de la presa del Embalse del Tranco
existe una extraña estructura metálica. Ni su aspecto ni su evidente abandono
facilitan la identificación del artefacto, que lo mismo podría ser algún resto
de la maquinaria empleada en la construcción de la presa, allá por los años 30
y primeros 40 del pasado siglo. Pero no.
Su historia y uso es bastante más curioso, y para comprenderla tenemos
que remontarnos mucho más atrás.
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Aspecto actual del elevador de la presa del Tranco |
En otros
embalses existían canales que llevaban el agua desde el curso superior del río,
manteniendo una cota similar a la de la coronación de la presa. Sin embargo, en
el Tranco no era posible adoptar una solución así, entre otras cosas porque la
madera podía provenir de cualquier parte de la cuenca del embalse.
Y aquí es
donde entra en juego el famoso artilugio, que no es ni más ni menos que un
elevador de madera. El elevador permitía que las piezas llegasen flotando hasta
la presa y desde allí fueran subidas hasta la coronación de la misma. Una vez
elevadas, volvían a bajar hasta el cauce del Guadalquivir por un lanzadero. Una
idea muy simple, ¿verdad? O no.
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Gráfico del proceso de elevación de la madera para salvar la pared del embalse |
Para empezar,
el elevador no existía; fue creado expresamente por la empresa Boetticher y Navarro.
Consiste básicamente en una doble cadena dotada de una especie de garras a las
que se enganchaban las piezas. La cadena se deslizaba mediante unos rodillos
colocados en los engarces de los eslabones, y era movida por dos ruedas
tractoras situadas en la parte superior del ingenio; en la parte inferior (y
casi siempre cubierto por las aguas del embalse) hay un par de ruedas que
sirven como tensoras. La cadena está recubierta por una malla metálica que
impedía que las piezas que pudieran desprenderse cayeran al interior del
mecanismo, atascándolo o averiándolo.
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Detalle del mecanismo del elevador |
La longitud
del montaje permite su uso incluso con muy poca agua embalsada; de hecho, las
fotografías más recientes de esta entrada fueron tomadas con el embalse lleno
hasta tan solo un 40% de su capacidad, pero como puede apreciarse el extremo
inferior sigue sumergido, así que aún podría utilizarse. Otro dato interesante
es que la anchura del elevador y la disposición de las garras muestran que fue
diseñado especialmente para elevar traviesas, aunque la documentación de la
época indica que admitía también piezas de otros tipos y tamaños.
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Extracción tradicional de la madera en la Sierra de Segura |
No he
encontrado información acerca del motor que movía el ingenio. Dado que se puso
en marcha antes de la finalización de la construcción de la presa, es probable
que al principio funcionase con un motor de gasolina o incluso fuera accionado
por un camión o algún otro vehículo, pero posteriormente, cuando ya se pudo
contar con la electricidad procedente de la central del Tranco, debió contar
con uno o dos motores eléctricos. En cualquier caso su rendimiento era notable:
estaba diseñado para elevar quinientas piezas por hora (lo cual suponía la
friolera de 8.000 piezas en una jornada de dieciséis horas), si bien admitía
incrementar el ritmo hasta en un 50% adicional. Se calcula que en 1944 elevó
nada menos que 300.000 traviesas.
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Acumulación de traviesas |
Traviesas que
necesitaban bajar de nuevo hasta el río, y ese era otro problema. Las piezas se
deslizaban por un canal que discurría en parte atravesando un túnel, y que se
supone que debía ir lleno de agua para suavizar en lo posible la bajada; sin
embargo no siempre debió ser así, ya que se comenta que en más de una ocasión
las maderas acababan incendiándose por el calor generado por la fricción con
las paredes del túnel. En cualquier caso, donde no podía faltar el agua era en
la balsa de recepción de las piezas, para amortiguar su caída y evitar que
acabasen hechas pedazos.
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Detalle de la construcción de la pared del embalse y del canal de deslizamiento |
Es difícil
calcular cuántas traviesas llegó a elevar el ascensor a lo largo de sus
alrededor de dos décadas de funcionamiento, aunque quizá no tantas como se
esperaba en un principio, ya que las cifras muestran que las apropiaciones de
madera para traviesas fueron siendo de menor volumen año tras año. Un hecho que
se refleja también en el estado de los montes: comparando las fotografías de la
época con las actuales puede apreciarse que la masa forestal ha crecido muy
notablemente, a pesar de que las sacas de madera siguen produciéndose, para
gran pesar de los serranos. Pero ahora la madera es transportada por camiones,
y el viejo elevador se ha quedado como una reliquia tecnológica que, a pesar de
encontrarse en un estado sorprendentemente bueno, quizá merecería algo más de
atención por parte de los gestores del Parque Natural, ¿no les parece?
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Posterior extracción de la madera en vehículos de motor |
Otra de las
curiosidades que nos depara la presa es su nombre: al igual que el embalse, su
denominación oficial es el Tranco de Beas, en alusión a la localidad de Beas de
Segura… a la que no pertenece. De hecho la presa pertenece a partes
prácticamente iguales a los términos municipales de Santiago-Pontones y Hornos
de Segura, y la totalidad del vaso del embalse se reparte también entre ambas
poblaciones. El término municipal de Beas se queda a bastante distancia del
embalse, y de hecho ni siquiera llega hasta el cauce del Guadalquivir.
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Aspecto actual de la presa del Tranco |
¿Cuál es el
motivo de esta denominación? La única explicación que he encontrado es que
durante la construcción de la presa los ingenieros vivían en Beas, aunque no
suena muy convincente, siendo la más probable que era el paso natural para
salir de la zona alta de la sierra y poder acceder a la villa de Beas de Segura,
ya que la palabra tranco viene a significar paso angosto y dificultoso. Pero,
en cualquier caso, y dado que más de setenta años después de la inauguración
del embalse aún hay gente muy dolida con el hecho de que haya sido “hurtado”,
aunque sea solo de nombre, a sus legítimos propietarios, yo les recomiendo que
si van por allí se limiten a hablar del Tranco, a secas. Que así lo conocemos
todos.