La cercanía a la Sierra de Segura y el conservar influencias
y amistades como destacado miembro de la Orden de Santiago en Segura de la Sierra y en
Beas de Segura provocó, como ya publicamos en febrero de 2015 en un artículo de
Jesús Molina Gimeno, numerosas visitas y vinculaciones con nuestra comarca. Quede
aquí de forma más concreta y puntualizada esa vinculación a través de este
magnífico artículo publicado en 1974.
ANDANZAS DE QUEVEDO POR TIERRAS DE JAEN
Por: Genaro Navarro López
La muerte en el cercano pueblo
manchego de Villanueva de los Infantes de don Francisco de Quevedo en 1645, con
memorada en artículos y escritos diversos, trae a nuestra pluma, para
rememorarla, la presencia, apenas conocida, del gran satírico en tierras de
nuestra provincia, que le acogieron hidalgamente y se consideran con derecho a
ocupar una página en la biografía del que fuera señor de la Torre de Juan Abad.
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Retrato de Quevedo identificado como caballero de la Orden de Santiago |
Don Francisco Gómez de Quevedo y
Villegas, como es archisabido, es uno de los más preclaros escritores de
nuestro Siglo de Oro. Su persona y su obra han sido escudriñadas y analizadas
por multitud de críticos y comentaristas, bien con criterio francamente
exaltante, bien con ponderado juicio. Pero su fuerte personalidad y su cultura
enciclopédica siempre han quedado a salvo. El llamado “Juvenal Español” por su
poética y el “Luciano” por su prosa, es un hombre de vida turbulenta y errática
en el ambiente político de la época que le tocó vivir. Unas veces en altos
cargos y otras, aherrojado por la desgracia acarreada por la virulencia de su
sátira que le enfrentó al Válido del Rey, Conde Duque de Olivares. A la postre,
ya viejo y achacoso, refugia su destierro
y amargura en la Torre de Juan Abad, para acabar sus días el 8 de septiembre de
1645, a los 65 años de edad. Pero dejemos estos escarceos y veamos ahora la
relación que mantuvo con Segura de la Sierra y Beas de Segura en estas tierras
de nuestra comarca.
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Habitación donde murió Quevedo en el Convento de los Dominicos de Villanueva de los Infantes |
El campo de Montiel, en el que está
enclavada la Torre de Juan Abad, es fronterizo con la jurisdicción de Segura de
la Sierra: «avecinábase -escribe el erudito académico don Aureliano Fernández
Guerra— a la iglesia de Acci, frente a la batistana Segura» (Segura de la Sierra),
y como además el camino real de Madrid a Andalucía pasando por la Torre, se
adentraba en el territorio de Segura, la relación entre los moradores de ambos
lugares necesariamente habría de ser muy frecuente. El mismo señor Fernández Guerra
alude a los trajinantes de «Veas» y de Segura, que aprovisionaban de diversos
abastecimientos a la Torre y establecieron, desde remotos tiempos, una
actividad y frecuente comunicación entre las dos villas.
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Monumento a Quevedo en la Torre de Juan Abad |
Todo ello autoriza a pensar que cuando
Quevedo, para apaciguar el temporal de sus borrascas, se retira en largas
temporadas a la soledad de la Torre, trataría de conllevar el tiempo entregado
a su producción literaria y en aliviar las horas con sus asuntos privados e
íntimos. Sus relaciones con los pueblos circunvecinos le proporcionan amistades
mantenidas por medio de correspondencia epistolar, corroboradas con algunas
salidas de su retiro, y es fácil imaginarlo visitando en Beas a su pariente don
Sancho de Sandoval, en Segura a su entrañable amigo don Alonso de Mesía y de
Leiva, bien por complacencia de pura amistad cuando no para tratar de
cuestiones atinentes a su hacienda, o con el más grato motivo de ofrecer a Belisa,
que en Segura reside, la flor que es primicia de sus amores.
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Segura de la Sierra, destino de muchas visitas de Quevedo a la comarca |
Quevedo visita en diversas ocasiones
Segura de la Sierra y sus contornos. El soneto VI del poema a Lisi, que
comienza «Aquí en las altas sierras de Sigura», y la silva a «El Yelmo de
Sigura de la Sierra», denotan un conocimiento de lugares y parajes, que así lo
acreditan; pero, además, no puede ser más patente, y ello lo proclama en forma indubitada,
el romance «De ese famoso lugar», en donde alude al itinerario que seguía desde
Madrid a la Torre de Juan Abad, y en el que dice:
“Partí desde aquí derecho,
antes sospecho que zurdo,
a Segura de la Sierra,
que es un corcovo del mundo.
De aquí volví a mis estados…”
Y es que en Segura vivía don Alonso Mesía
de Leiva, gran amigo y en cierto modo colaborador que le ayudaba también en sus
asuntos privados, como lo prueba su intervención en la venta de los bienes de
la Torre para hacer pago a Quevedo del censo que tenía sobre la villa, que don Aureliano
Fernández Guerra, en sus obras de Quevedo, refiere así: «Pregónese la venta;
como testaferro hizo postura en la jurisdicción, con todo lo anejo y
perteneciente a ella, don Alonso Mesía de Leiva en un millón y quinientos mil
maravedís, que había de pagar a Quevedo, con calidad de que original se le
entregase el privilegio de la exención. Dio el acreedor por recibida aquella
suma, hízose cobro además con trescientas dieciséis fanegas de trigo a
dieciséis reales que tenía el pósito; y después de haber don Alonso nombrado
las justicias como tal dueño, cedió el remate en don Francisco de Quevedo y
Villegas, el cual ya constantemente se intituló señor de vasallos desde el
verano de 1621».
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Calle de los Caballeros Santiaguistas en Segura de la Sierra |
Fue, sin duda, don Alonso Mesía varón
de muchas letras, por cuanto, con licencia del señor de la Torre de Juan Abad,
enmendó «Los Sueños», haciéndolos menos desapacibles a la censura. Algo análogo
sucedió con el famoso «Cuento de cuentos», mandado recoger por la Inquisición «in
totum» y cuya publicación fue autorizada una vez que don Alfonso hubo retocado
el libro a instancias de su autor.
Es muy verosímil que don Alonso Mesía
fuera natural de Segura de la Sierra, ya que el hecho de no conocerse el lugar
de su nacimiento no debe significar que no lo tuviera en esta villa, y, en
cambio, es cosa perfectamente comprobada que en ella vivía y en ella vivían
muchos de este apellido Mesía, notado entre los hijosdalgo de ella. Pero sea de
ellos lo que quiera, lo cierto es que los papeles de Quevedo, concretamente los
manuscritos de «Los Sueños» y del «Cuento de Cuentos», y tal vez alguno más, en
Segura fueron corregidos por don Alonso; y que estos papeles no fueron los
únicos del genial escritor y que a Segura llegaron, resulta de la
correspondencia sostenida entre Quevedo y don Sancho de Sandoval.
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Edición de "Sueños y discursos" |
Vivía este caballero en Beas de Segura,
pueblo de su naturaleza, y era, por su matrimonio con doña Leonor de Bedoya,
también natural de Beas y prima de Quevedo, le convertían en pariente del
famoso literato. Don Sancho, del hábito de Calatrava, familiar del Santo
Oficio, perteneciente al ilustre linaje del célebre arzobispo don Bernardo de
Sandoval y Rojas y del duque de Lerma, sostuvo con el señor de la Torre, desde
enero de 1635 hasta agosto de 1645, una copiosa correspondencia constituida por
cuarenta y una cartas, que con otra dirigida a su hijo don Juan de Sandoval,
otra a don Florencio de Vera y otra de éste a don Sancho, fueron reunidas por el
último en un manuscrito en folio , de 94 hojas, y publicadas por primera vez
por don Luis Astrana Marín, como adición a las referidas obras completas.
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Escudo de armas de los Messía |
Por esas cartas sabemos el gran
sentimiento que a Quevedo produjo la muerte de su fiel amigo, acaecida en mayo
de 1638. «Y o perdí en él -dice en una de ellas- cuanto más estimaba», y
venimos en conocimiento de que en poder de don Alfonso se hallaban diversos
papeles de Quevedo, quien, con fecha 11 de mayo del antedicho año de 1636,
encomienda a don Sancho que cobre entre sus papeles «todos los que son de mi
letra», principalmente la «vida de Marco Bruto i unas otabas de la Locura de
Orlando, que no las tengo, y será para mí una gran pérdida quedar sin ellas».
Con fecha 18 del mismo mes y año, torna a escribir al mismo destinatario,
insistiendo en que recoja los documentos y manuscritos de muchas obras que
tenía don Alonso, a quien «se las entregué como a mi archibo y toda mi confianza»;
y en 30 de diciembre, como no hubiera obtenido respuesta a sus anteriores
misivas, despacha un mensajero a don Sancho, con el exclusivo objeto de pedirle
una vez más que recobre los papeles que tenía don Alonso, y muy particularmente
el testamento del padre don Antonio Benegas y la relación del suceso de Melilla
(que Sandoval llama de Arcilla). Pero que esos papeles tan estimados debieron
quedar, al morir Mesía, en manos de don Pedro Pretel, por cuanto en 2 de enero
de 1639 pide a don Sancho que con el portador le avise las señas de aquél en Madrid,
para hacer de ellos diligencia, que otra vez sería infructuosa, porque cuando
don Francisco llega a Madrid, don Pedro ya había abandonado la Corte. Mas no se
aviene Quevedo a perder documentos tan preciados, para cuya devolución, sin
duda, andaba algo remiso don Pedro Pretel, y para vencer su resistencia, con
fecha 31 de mayo de 1639, suplica a don Sancho que haga llegar a su destino la
carta que adjunta para don Pedro, e insista en tan justa pretensión, e incluso
si fuere necesario se compren «los libros y papeles que tenía míos nuestro buen
amigo el señor don Alonso que está en Gloria».
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Quevedo. Retrato de Francisco Pacheco en su libro "Descripción de verdaderos, ilustres y memorables varones" |
Fácil es colegir lo que sucediera a la
muerte de don Alonso con los manuscritos, libros y papeles de Quevedo.
Probablemente, don Sancho se encontraría en Beas, lugar de su habitual residencia,
y don Pedro Pretel, que la tenía en Segura y era amigo de ambos, recibiría el
preciado depósito, por cuya devolución porfía durante más de año y medio don
Francisco: primero, al señor de Sandoval, y luego, cuando sabe que quien de
ellos se hizo cargo fue don Pedro Pretel, directamente a éste. Sin duda, este
don Pedro Pretel pudo ser escribano público y por esta razón recibiría los
papeles cuya recuperación traía tan a mal traer a su dueño.
Para pensarlo así, tenemos en cuenta
que los Preteles, que ya figuran entre los hijosdalgo de Segura en la
Relaciones Topográficas de los pueblos de España, llevadas a cabo por orden de
Felipe II, vinieron sucediéndose en el desempeño de tal función en Segura
durante varias generaciones y hasta tiempos relativamente próximos. A la vista
tenemos una carta por la que Fernando VII , con fecha 3 de diciembre de 1830,
autoriza a don Ramón López Pretel, natural y vecino de Segura de la Sierra, y
antepasado del autor de este estudio, para servir «cualquier Escribanía del
Número, Juzgado y Gobernación de todas las Ciudades, Villas y Lugares de la
jurisdicción y distrito de las dichas Ordenes de Santiago, Calatrava, Montesa y
Alcántara», y seguramente que el antedicho testamento de Benegas se encontraría
en su poder por razón de tal cargo. A la postre, los papeles se recuperaron,
porque no de otro modo hubiera sido posible imprimir la vida de Marco Bruto,
uno de los manuscritos que obraban en poder de don Alonso y que, dedicado al duque
del Infantado, se publicaba editado por Pedro Coello, «mercader de libros» y
editor de otras obras de Quevedo, en la imprenta de Diego Díaz de la Carrera,
en el año 1644, uno antes de la muerte de su insigne autor.
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Escudo de la Orden de Santiago |
Un ejemplar de la edición príncipe se
halla en la Biblioteca Nacional, referencia 17213. Antes, en 1631, se había
publicado también en la Corte, en la imprenta de la viuda de Alonso Martín, la
edición corregida y cercenada por don Alonso Mesía, de «Los Sueños», bajo el
título de «Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio», en cuya edición se incluyó
el «Cuento de cuentos», enmendado también por don Alonso, y todo con una
«advertencia de las causas de esta impresión», en las que manifiesta que «Don
Francisco me ha permitido esta lima; y aseguró en su nombre que procurará
agradar a todos sin ofender alguno; cosa que en la generalidad de que trata de
sólo los malos, forzosamente será bien quisto, sujetándose a la censura de los
ministros de la santa Iglesia romana, en todo con intento cristiano y obediencia
rendida». También en la Biblioteca Nacional, referencia 10759, puede
consultarse la edición príncipe de esta obra.
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Edición de "Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio" |
Otros papeles de Quevedo hacen
alusión, por referencia, a Segura de la Sierra. Cuando el gran satírico adquiere
el señorío de la Torre, en donde, achacoso y pobre, acabará refugiándose, la
civilización no se ha hecho llana aún, y Segura, en la cima de su empinado
cerro, es todavía una villa importantísima, que irradia su influencia hasta
mucho más allá de los confines de su circunscripción. Ello le da una poderosa fuerza
de atracción, y allí acuden, por los más diversos menesteres, gentes de todas
partes y de la más varia condición: quienes en los oficios públicos han de
resolver sus asuntos, y los postulantes de favor e influencia, sopistas, estudiantes
de Teología en el colegio de jesuitas, los campesinos que suben los mantenimientos
al pueblo y los frailecicos teatinos del convento que en las cercanías fundó
años atrás Cristóbal Rodríguez de Moya, en íntima comunión espiritual con la
monjita de Avila, a través de asidua y edificante correspondencia.
Don Sancho de Sandoval de fijo que
acude también frecuentemente desde su lugar, requerido por sus asuntos las más
de las veces, acaso también porque allí reside don Miguel de Sandoval.
Suponemos que era hijo de don Sancho y que debió vivir en Segura, por una carta
de Quevedo a don Juan de Sandoval en la que dice a éste que Dios tendrá en el cielo
a don Miguel de Sandoval, «a quien años ha vesé la mano en Segura de la
Sierra». Esta carta, datada en la Torre a 18 de diciembre de 1644, pertenece,
como las demás a las que se hace referencia, al Códice de Barnuevo, descubierto
por Astrana Marín, cuyo estudio exhaustivo de la personalidad y obra de don
Francisco de Quevedo y Villegas ha de ser consultado inexcusablemente por quien
de la materia se ocupe.
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Escudo de armas de los Sandoval |
Acudiría, concertado previamente con
su pariente el señor de la Torre, en homenaje de amistad a don Alonso Mesía,
que, ordenado sacerdote en los últimos años de su vida, ejerce en Segura su
sagrado ministerio, y con ellos tres se reuniría a buen seguro don Pedro de Pretel,
cuya amistad con don Alonso, don Sancho y Quevedo se revela por la
correspondencia entre estos dos últimos. Departirían en animados coloquios
sazonados por el chispeante ingenio y los donaires del ínclito autor de «Los
Sueños», y podemos aventurar que discretamente se separaría de sus amigos para
rendir a Belisa el homenaje de su pasión amorosa.
Estas visitas a Segura a las que se refiere
Quevedo, según antes se indicó en el romance de «Ese famoso lugar», se
corroboran en la precitada carta a don Juan de Sandoval, en la que, aparte de
la alusión al encuentro que allí tuvo con don Miguel, añade que se compadece de
don Sancho por haber ido en aquel tiempo —diciembre de 1644— a Segura, ya que
él conoce muy bien «las costumbres» del Yelmo, «aun por agosto». Quizá huyendo
de los rigores estivales en la Torre, pasaría Quevedo con don Sancho algunas temporadas
en Segura o su sierra, pues que en posdata a la carta del 19 de marzo de 1638
dirigida, como la casi totalidad de este epistolario, a don Sancho, se excusa
ante éste de que a causa de tener que atender al cobro de una deuda que le debe
un canónigo, a quien vendió una casa, no podrá acompañarle, por lo que siente
«no poder gozar este verano del buen sitio de la Sierra».
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El Yelmo, fuente de inspiración de Quevedo |
Ese conocimiento, de casas y lugares
de Segura, se refleja en los papeles de Quevedo en la silva «el Yelmo de Sigura
de la Sierra», monte muy alto al austro.
Belisa, como ya sabemos, moraba en
Segura y a ella va dedicado también el soneto en que la ofrece la primera flor
que abrió el verano. Y en el mismo manuscrito, al folio 100, se halla el soneto
en que encomienda su llanto al Guadalquivir, para que lleve sus lágrimas a
Lisi.
Lisi encubre a doña Luisa de la Cerda,
de la casa de Medinaceli, a quien Quevedo amó durante largos años; más bien
pudiera suceder que Lisi, Belisa e Isabel fueran tres personas distintas y una
sola la verdadera.
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Casa de quevedo en la Torre de Juan Abad |
¡Papeles de Quevedo en Segura de la
Sierra!... Si a juicio de un insigne biógrafo y compilador de la obra total del
caballero de la Orden de Santiago y señor de la Torre de Juan Abad, este pueblo
ha ganado la inmortalidad por haber albergado al gran satírico y haber escrito
en él sus más importantes producciones, como en Segura de la Sierra se corrigieron
y retocaron algunas de ellas y acogió también hidalgamente a su autor,
parécenos justo que un nimbo de esa gloria se proyecte, asimismo, sobre sus
viejas murallas. Y si el corazón de Quevedo palpitó de amor por una linda
segureña, se añade un inefable encanto a este poético episodio.
Segura de la Sierra ha caído, al
correr de los siglos, en un letargo. En sus solitarias callejas hay un denso
silencio, en donde puede fructificar la paz de las ideas. ¿Renacerá vivificada
a los nuevos tiempos, y en su ámbito se albergará otra vez la proceridad
—pareja a su situación ingente— del hombre entregado al culto del espíritu?
¿Surgirá un Quevedo que la visite y reanude su extinto esplendor? Sitio
incomparable es para el cuerpo y para el alma.