LA TRADICIONAL NAVIDAD EN PUENTE DE GÉNAVE.
Por José Ant. Molina Real.
No pretendo
sacralizar ni ensalzar la celebración de la Navidad que realizaban nuestros
antepasados en otros tiempos, ni tampoco mostrar que con su autenticidad,
aquellas navidades, eran mejores que las actuales; soy consciente que la vida
evoluciona y que nuevas formas y costumbres se imponen, pero eso no quita a que
quiera mostrar las particularidades que ofrecía la Navidad que vivieron
nuestros abuelos, allá a mediados del siglo XX y en nuestro pueblo, Puente de
Génave. Se dirá que eran otros tiempos, evidentemente así es, se podrá decir
que había otra mentalidad y se contaba con otros medios, pero esas
circunstancias no le quitan aspectos que acercan aquellas simples celebraciones
a lo entrañable y a la esencia de lo puro y tradicional.
Además, me voy
a referir a las navidades vividas en nuestro pueblo y en una época donde la
religiosidad impregnaba con mayor contundencia esta celebración. Ahora la
diferenciación no resulta tan clara entre lo rural y lo urbano pues los medios
de comunicación acercan, de manera imparable, formas y conceptos que son de
fácil imitación, aunque en ocasiones eso vaya en detrimento de las prácticas
más arraigadas y tradicionales. En todos los pueblos de nuestra Sierra de Segura
los ayuntamientos tratan de llenar, con mayor o menor dispendio económico, de
luz y color las calles al tiempo que programan actos y actividades con claro
matiz navideño. Esa razón también ha provocado que en este entorno serrano se
vayan, poco a poco, diluyendo las celebraciones tradicionales, mayoritariamente
religiosas, que presidían aquellas celebraciones de antaño de la Navidad.
Efectivamente,
podemos asegurar que aquellas navidades no tenían tanta presencia social, no
eran tan públicas, no se identificaban con fiesta y diversión desmedida. En
ellas nadie iba disfrazado de Papa Noel por la calle, no veíamos iluminados en
zonas públicas árboles ni calles con multitud de bombillas de colores; eran
celebraciones más íntimas, más familiares y sin apenas manifestación social de
fiesta o celebración que no fuera la estrictamente religiosa. Porque en
realidad, la modernidad está desvirtuando la celebración de la Navidad, una
celebración que día a día se aparta de su raíz religiosa para entrar en otra
dimensión más social y abierta a otras particularidades como pudiera ser la
festiva o comercial.
![]() |
Nacimiento tradicional |
En los
hogares, a nadie, en aquel tiempo, se le ocurría vestir un árbol y tan sólo en
aquellos más pudientes se podían permitir, no exento de muestra de distinción,
la colocación de la representación de un nacimiento con apenas unas cuantas figuras, entre las que nunca faltaban la mula y el buey, con musgo recogido por las zonas próximas al río y con unas pocos troncos a modo de establo. Hoy, no sólo vemos a
muñecos de Papa Noel colgados por los balcones, sino que llenar el salón con un
árbol repleto de bolas y luces de colores entra dentro de lo más habitual,
dejando la instalación de un belén o nacimiento, a una tradición residual y
que, lamentablemente tiene tendencia a desaparecer. Hemos realizado esta
permuta de tradiciones sin pensar que, esa costumbre de iluminar y decorar una
árbol, ni es nuestra ni siquiera tiene su origen en la tradición cristiana.
![]() |
Francisco Javier Rodríguez Garcia junto al árbol navideño de la Fonda La Manuela |
Hay que recordar
que cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron
que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la
fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad
cristiana. Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en
cuya copa se hallaba Asgard o morada de los dioses; y en las raíces más
profundas estaba Helheim que simbolizaba al reino de los muertos.
Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, se adaptó la idea del
árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el
significado. Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania,
tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil, y en su lugar
plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con
manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las
tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz
del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las velas, se transformaron
en esferas, luces y otros adornos.
![]() |
San Bonifacio talando el árbol de Yggdrasil |
La costumbre
de adornar un árbol se fue trasladando a los diversos lugares del norte de
Europa, llegando durante el S. XVIII, a ser asumida, esta tradición germánica,
por las otras potencias que dominaban nuestro continente en esos momentos como
eran Gran Bretaña y Francia, siendo esto decisivo para su arraigamientos y
difusión por el resto de Europa. A los hogares españoles llegó, aproximadamente
sobre el año 1870, gracias a una princesa de origen ruso llamada Sofía
Troubetzkoy, que después de enviudar del duque de Morny, hermano por parte de
madre de Napoleón III, contrajo segundas nupcias con el aristócrata español
José Osorio y Silva, marqués de Alcañices, uno de los mayores promotores de la
Restauración borbónica que permitió a Alfonso XII reinar. Por ello, parece ser
que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid,
durante las navidades del año 1870, en el desaparecido palacio de dichos
nobles, el palacio de Alcañices, ubicado en el paseo del Prado, esquina con la
calle de Alcalá, donde hoy se ubica el Banco de España; cuestión que impactó en la nobleza española y que favoreció su
aceptación y difusión posterior.
![]() |
Antigua fotografía del Palacio de Alcañices |
La
celebración de la Nochebuena era evidentemente diferente, aunque su acontecimiento
principal, la cena familiar, se haya mantenido a pesar de haber cambiado
considerablemente sus formas. Ahora las cenas son más ostentosas y opulentas,
abarcando a mayor número de familiares. En los platos abunda el marisco y otras
delicatesen que la publicidad y el mercado hacen que se conviertan en
imprescindibles, dejando muy en evidencia la humildad de una comida,
extraordinaria pero sencilla, de los hogares de antaño. Cerca de la mesa la
familia más próxima, incluso en aquellos hogares más humildes, solamente los
padres e hijos, con unos platos donde abundaban viandas provenientes de la,
cercana en el tiempo, matanza y que salían de esas brasas que nos daba el fuego
encendido en la chimenea y que impregnaba de olor a carne asada todo el hogar,
o con piezas de alguna caza realizada con algo más de fortuna y bien cocinadas
al calor de la lumbre, a lo que seguía la presentación de unos dulces caseros
formados básicamente por roscos fritos, de anís, de vino, o también alguna
torta de higos o algún mantecado; todo ello regado con abundante mistela de
café o algún aguardiente proveniente de algún alambique amigo.
Roscos de vino |
Los adornos
hogareños escaseaban, y tan solo alguna familia relativamente adinerada, podía
confeccionar un rudimentario belén, al cual, año a año, iban incorporando
elementos y personajes. Incluso podemos decir que causó sensación, y realmente
era foco de atención, cuando a Pedrín, el hijo de Isidro y María, haciendo
alarde de sus conocimientos en electricidad, se atrevió a iluminar con algunas
luces el árbol que se encontraba frente a la tienda y vivienda familiar. Todos
en el pueblo se pasaban por la calle San Isidro para poder contemplar algo que,
incluso, no dejaba de ser raro y, ciertamente, novedoso.
![]() |
Pedro Garcia González "Pedrín" (izda) junto a Paco García Novoa |
Tras un día
que no se escapaba a la rutina y dinámica respecto a las obligaciones
personales, llegaba la intimidad familiar de la celebración de la Nochebuena, y
tras esa cena que presentaba matices de excepcionalidad, llegaba el aspecto más
público de la celebración que consistía en acudir de forma respetuosa a
escuchar y también participar en la Misa del Gallo. Efectivamente, a
medianoche, y siguiendo la tradición se programaba por el párroco la
celebración de esta misa que tiene una estructura tan peculiar que es conocida
con su nombre propio. Ese nombre es debido, según la mayoría de los
historiadores y voces más autorizadas en el tema litúrgico, a la conmemoración
religiosa del nacimiento de Jesús que tradicionalmente se realizaba por las
autoridades católicas, siendo el Papa Sixto III quien, en el siglo V, instauró
la costumbre de celebrar una misa de vigilia nocturna en la medianoche del día
de celebración del nacimiento del Mesías, tras la entrada al nuevo día, es
decir, la Navidad, justo en el “ad galli cantus”, o lo que es lo mismo, al
cantar el gallo, pues según la tradición de la Roma Clásica era el canto del
gallo el límite establecido para dar inicio a un nuevo día, lo que después
nosotros, ya con el uso del reloj, convertimos en la medianoche.
La Misa del
Gallo no dejaba de ser un acto religioso con cierta dimensión social en el
pueblo. En ella los primeros lugares de la iglesia se reservaban a las familias
más distinguidas, acudiendo todos con espíritu participativo, pues era normal
acompañar la celebración con cánticos y villancicos tradicionales. No dejaba de
ser pieza básica de la celebración, la formación musical que en aquel entonces
destacaba en el pueblo, siendo la zona del coro la que ocupaban los componentes
del grupo musical local “Los Mariachis”; con sus componentes, Antonio “el
Mono”, Paco “Moquilla”, José Rodríguez “Joselón”, Nicasio y Julián “Botanas”,
que a base de acordeón, guitarra y bandurria daban el complemento musical a la
celebración. Los villancicos eran canturreados por la mayoría de los asistentes
haciendo sonar zambombas y panderos que algunos portaban y que se habían
confeccionado con la, tan demandada, vejiga o pellejas a las que están
adheridas las mantecas del cerdo sacrificado en la matanza de las semanas anteriores.
Las zambombas se confeccionaban siguiendo el procedimiento tradicional de atar la vejiga, ya limpia, justamente por el centro a una especie de cañita delgada, que se denominaba "el carrizo", y dejando el carrizo hacia afuera, se colocaba la pelleja bien estirada sobre la boca de un recipiente, atándola por los bordes con una hebra de bramante, haciéndose sonar accionando el carrizo con la mano de arriba hacia abajo; mientras que los panderos, sin instalarles “el carrizo”, seguían un procedimiento similar.
![]() |
El grupo Los Mariachis en plena actuación. |
Las zambombas se confeccionaban siguiendo el procedimiento tradicional de atar la vejiga, ya limpia, justamente por el centro a una especie de cañita delgada, que se denominaba "el carrizo", y dejando el carrizo hacia afuera, se colocaba la pelleja bien estirada sobre la boca de un recipiente, atándola por los bordes con una hebra de bramante, haciéndose sonar accionando el carrizo con la mano de arriba hacia abajo; mientras que los panderos, sin instalarles “el carrizo”, seguían un procedimiento similar.
![]() |
Elaboración de la tradicional zambomba |
El sonido tan peculiar
de estos instrumentos, ya se habían hecho sonar en horas previas, justo a la
caída del sol, por la ruidosa chiquillería que iba por todo el barrio pidiendo
el aguilando, como decimos nosotros, o aguinaldo, tocando a cada puerta para
decir a un solo grito eso de “se reza o se canta”, pues había que ofrecer esa
opción por si durante el año que estaba a punto de finalizar en esa familia se
había producido algún fallecimiento; y cuando se acababa de cantar esa
cancioncilla o villancico que se repetía una y mil veces, recoger esos dulces, tortas
de manteca, higos secos o los ricos mantecados caseros que después se repartían
en perfecta armonía. Además de los alegres villancicos se cantaban coplillas
graciosas que algunos, aunque fueran analfabetos, componían con admirable
ingenio y buen sentido del humor. Sirvan de ejemplo las que vienen a
continuación:
![]() |
Aguilando en aquel tiempo |
"El aguilando pedimos,
no lo pedimos por falta,
lo pedimos de alegría
porque estamos en la Pascua."
"Los higos y nueces,
todos los tomamos
pero las bellotas
son pa los marranos."
"Si piensan de darnos higos
no les quiten los pezones
que tenemos a Juanico
que se los come a serones."
"La zambomba pide pan,
el carrizo pide vino
y la mano que la toca
pide tajás de tocino."
"Que vayan y vengan
los vasitos llenos
hasta que digamos
bueno está lo bueno."
"Dame el aguilando
si me lo has de dar,
porque es Nochebuena
y hay mucho que andar.
"Entra mochilero, entra
con la mochila en la mano,
hinca la rodilla en tierra,
que te den el aguilando."
Esta última
estrofa era la que se repetía siempre, fuera cual fuera el cántico realizado, pues
en cada grupo de cantores o aguilanderos iba una persona con una cesta grande
para llevar los aguilandos que les daban en las diferentes casas, al que
llamaban "el mochilero”. Cuando habían recorrido todas las casas de la
aldea o pueblo, entraban en la casa que mejor les parecía, perteneciente a cualquiera de
ellos, a terminar de celebrar el nacimiento de Dios, cantando con desbordante
regocijo, y consumían lo que habían recogido en la cesta del mochilero.
![]() |
Aguilando en la actualidad |
Pero volviendo
a la celebración de la Misa del Gallo, y aunque se repetían pautas, formas y rituales, debemos decir
que estaba llena de armonía, y también de un control estricto por parte de D.
Pedro quien, con sólo la mirada o con un imperceptible gesto, hacía que todos
los presentes representaran fielmente su función y papel para que todo encajara
en los límites de la perfección. Finalmente se producía en gesto, muy esperado
por la chiquillería que corría a ocupar los primeros puestos en la fila, de
redención hacia el Niño Jesús cuando el párroco ofrecía la posibilidad de besar
el pequeño pie de su imagen, al que cuidadosamente le pasaba un blanco paño
después de que cada feligrés lo besara, todo ello entre cánticos de júbilo y
alegría entonados por todos los presentes como el siguiente:
![]() |
Don Pedro en el centro junto a Cándido, Isidro el electricista y Raimundo |
La zambomba pide pan
y el carrizo pide vino,
y el que la va tocando,
buenos cachos de tocino.
A las 12 de la noche
llama María a José,
levántate esposo mío
que el niño quiere nacer.
El 8 la Concepción,
el 13 Santa Lucía,
y el 25 se ve Cristo
en los brazos de María.
El aguinaldo yo te pido,
no te lo pido por faltas,
te lo pido con alegría,
porque ya estamos en la Pascua
En el portal de Belén,
hay un viejo haciendo botas,
se le escapó la cuchilla
y se pinchó las pelotas.
Al día
siguiente, día de Navidad, las rutinas eran las propias de un día festivo,
aunque las tareas pendientes y las responsabilidades laborales de aquellos que
tenían en el campo su medio de vida, no perdonaban. Si es cierto, que como la
mayoría de días festivos se organizaba un baile en la Sociedad de Caza y Pesca primero y después en la planta superior del Bar
Iberia, más conocido por el del Pintor. Allí, los ya nombrados Mariachis, con
sus guitarras, bandurrias y acordeón amenizaban con canciones de la época una
tarde festiva y de cierta diversión, siempre dentro del decoro y respeto que la
situación y época requería.
![]() |
Fachada del Bar Iberia, actualmente Bar El Pintor |