Si hay algo que, con especial
ilusión, se esperaba cada año era la celebración en nuestros pueblos de las
fiestas patronales o ferias locales. Evidentemente era algo que convulsionaba
la vida local transformando el ritmo de vida y cambiando las dinámicas grupales
y/o individuales pues, a las connotaciones religiosas, había que sumar siempre
las actividades lúdicas que todo periodo festivo aporta.
 |
Atracciones de feria en San Isidro. Los carricoches. |
El pueblo se solía llenar de
gente. Por un lado, paisanos que venían desde sus lugares de emigración para
pasar unos intensos días junto a amigos y familiares; por otro, forasteros de
pueblos cercanos que se acercaban atraídos por actos como las verbenas o los
toros; aunque en la mayoría de las ocasiones la motivación era simplemente el pasar unas
horas y curiosear en un ambiente diferente al cotidiano. Pero en esta ocasión
no vamos a analizar connotaciones religiosas o lúdicas pues centrará
nuestra atención otra connotación que siempre va asociada a cualquier periodo
festivo. No referimos al estrictamente comercial.
 |
Desfile de cabezudos. Fiestas de San Isidro |
Es algo que recordamos todos, es
más, a nadie se le escapaba que la llegada de los diferentes puestos de venta
ambulante siempre servían de anuncio y preámbulo a los días grandes de fiesta.
Albacete, Murcia, Granada, Ciudad Real y, por supuesto, Jaén eran los lugares principales de origen
de esta gente que hacían de la excepcionalidad y del divertimento de unos días
de fiesta su medio de vida. No es que el volumen global de venta fuera
mayoritariamente significativo, pero un poquito de aquí y otro poquito de allá
servía para cubrir gastos y volver al lugar de origen con un buen remanente
después de pasar una larga temporada fuera de casa.
 |
El turronero. Fiestas de San Isidro |
Turroneros, cacharreros, venta de
abalorios, de comestibles, también de prendas de ropa o de útiles para los
trabajos del campo eran los ámbitos básicos de comercio en nuestras fiestas,
eso sin contar con las atracciones de divertimento puro como los caballitos, la
pequeña noria, las barcas o los carricoches, sin olvidar los juegos de azar,
puntería o habilidad que ofrecían premios, en ocasiones, bastantes atractivos. Todos ellos tenían como objetivo conseguir atraer con sus productos la atención de los habitantes del lugar que, sin lugar a dudas, habían ido ahorrando unas cuantas "perras" para cubrir el lógico y extraordinario gasto que suponía todo periodo festivo.
 |
Feria de ganado. San Isidro. Puente de Génave |
De entre todos, por su peculiaridad, la palma se la llevaba siempre la “actuación” del charlatán. Y digo bien,
actuación, pues su actividad sobrepasaba lo estrictamente comercial para pasar
al ámbito del puro espectáculo. Las tácticas y técnicas para captar la atención
del público, sumado a la posterior dinámica de convencimiento, hacían de cada
momento de los charlatanes una verdadera actuación no exenta de un peculiar
arte hasta conseguir el objetivo final, que será, el conseguir la venta de los
productos creando la sensación en el cliente de haber conseguido una verdadera
ganga con lo adquirido. La imagen siguiente era ver al sacrificado marido
paseando por las calles, llenas de bullicio festivo, cargado con el innumerable
lote de productos adquirido ante la mirada de asombro del gentío y la
satisfacción manifiesta de su esposa.
 |
Tenderetes de venta ambulante. |
Queremos rendir homenaje a estas
dinámicas comerciales con el escrito, rescatado del libro de fiestas del año 2004, redactado por Pedro Ruiz Avilés; en
el que se hace una extraordinaria descripción de la actividad de estos
charlatanes que tanta vida y animación daban a las fiestas y ferias de
nuestros pueblos.
EL BUEN PAÑO
Entre los
personajes curiosos que visitaban nuestro pueblo para vender sus productos, en
especial, con motivo de las fiestas de San Isidro, estaba Rogelio, el que se
autodenominaba “el padre de los pobres”. Rogelio era un tipo grueso y charlatán
capaz de entretener a paisanos y visitantes durante horas con sus técnicas de
venta de mantas y otras variopintas mercancías. Llegaba, puro en ristre,
vestido con un chaleco negro, manos y muñecas llenas de abalorios, en un furgón
color canela, montaba su tenderete, cogía su altavoz manual y enseguida
comenzaba su profusa verborrea. Aunque ya ha llovido, casi nunca suficiente,
mucho desde entonces y la memoria comienza a flaquear. Rogelio decía más o
menos esto:
 |
Chalatán. Años 50 |
‑“Vean señoras y señores,
acérquense y comprueben mi respetable público”….. ”Observen estas tres hermosas
mantas de Palencia que les ofrezco este año ¡casi regaladas!”….. ”Y una de cada
color, para que los matrimonios no se peleen, de bonitos cuadros y a rayas
rojas, otra de rayas verdes y también de rayas azules”….. “¡No se pueden
figurar lo barato que vengo hoy!”….. “Y si no me creen vayan a cualquier
tienda, pregunten y comparen, ¡Ni en Albacete, ni en Galerías Preciados!”..... ”¡Se
las regalo si encuentran algo parecido!”..... “Son unas mantas de cama grande
de matrimonio para toda una ¡locura de amor!, ya me entienden”….. ”Unas mantas
hechas de pura lana, pero no lana normal, ¡auténtica lana virgen! (a saber si
lo eran) de las mejores ovejas merinas de España y parte del extranjero”…..
Tras una breve
pausa en la que con media sonrisa se paseaba de un lado a otro de su
rudimentario tenderete, seguía diciendo:
 |
Atracciones de feria en San Isidro. La fotografía |
-“Y todo esto que cuesta, en
cualquier tienda, más de seiscientas pesetas….. yo no se las voy a ofrecer por
lo que las he comprado, ni por quinientas, ni por cuatrocientas, ni por
trescientas….. porque, aunque parezca mentira, pueden ser suyas, las tres, por
¡doscientas pesetas!”….. ”Miren, miren, tóquenlas, miren qué suavidad, qué
grosor….. ¡ni los nevazos en Pontones o Santiago pueden con ellas!”….. ”¿Quién
me las compra?”….. ”¿Alguien las quiere?”…..
La gente que
paseaba inevitablemente volvía la cabeza y, llevados de la curiosidad, centraba
la atención en lo ofrecido, pero la respuesta era siempre la misma….. ¡Silencio
sepulcral!….. No obstante nuestro amigo Rogelio no era de moral baja y hombre
de rendirse pronto, por lo que reemprendía con mayor entusiasmo, si cabe, su
oferta al respetable:
-“Bien, querido y respetable
público, pues si pensáis que al “padre de los pobres” le faltaba generosidad os
voy a hacer más “gracias” de las mías todavía”…... “Si usted señora convence a
su marido para comprarlas voy a añadir a este extraordinario lote este gran
juego de toallas, una para las manos, otra para el cuerpo y otra ¡para cuando
le lleven el agua a su casa y arrumbe la palangana!”….. “Y, además le añado
¡dos camisetas de algodón, una para él y otra para ella!”..... “¡Y todas son de
Portugal, oiga!”….. “¿Quién quiere ahora el lote?”....
 |
Atracciones de feria en San Isidro. La ola. |
Nadie de entre
el público que ya se había detenido delante de su tenderete daba respuesta a
sus preguntas, nadie mostraba, ni tan siquiera, un mínimo interés por el “extraordinario”
lote de productos y la respuesta era siempre más silencio. Pero Rogelio no
desistía:
-“¡Señoras, señores, damas,
caballeros, militares sin graduación, niños, caballeros mutilados y muy
respetable público”….. “Como aún no os convenzo, Rogelio “el padre de los
pobres”, quiere haceros un favor, quiere que los vecinos de este pueblo, quiere
que todo Puente de Génave y forasteros aquí presentes se acuerden de él este
año”…... “¡Este año vengo dispuesto a echar la casa por la ventana, a acabar
con el mundo”….. “Porque los duelos con pan son menos, ya lo dijo Sócrates, y
yo no vengo a llevarme el pan de sus hijos”….. “¡A honrado no me gana nadie!”…..
“Bueno pues al primer comprador o compradora de este maravilloso lote por
doscientas pesetas, ¡cuarenta duros tan sólo!..... “Además, “la casa”, le va a
dar este magnífico ¡despertador!”….. “No se lo creen”….. “¿verdad?”….. “Pues es
cierto”….. “Se trata de una obra de la reconocida industria relojera suiza, capaz
de despertar, ¡señora!, a su mismo suegro durmiendo la “mona” de estas fiestas…..
“Y, además, le regalo este paquete, ¡señora!, de novedosas ¡horquillas
invisibles!”….. “Y, para su marido, una estupenda navaja, fea de grande de
grande que es, o sea, una faca ¡de Albacete!”….. “A ver, ¿quién se decide?,
¿quién las quiere?, ¿nos rascamos el bolsillo o qué?, ¿no guardáis doscientas
“rubias” de la aceituna para llevarse lo nunca visto?”….. “Ea, pasen y vean,
pasen y vean”…..
 |
Atracciones de feria en San isidro. Coches locos. |
Rogelio sabía
medir sus tiempos, sabía crear expectación poco a poco, sabía incrementar su
ritmo de voz y acompasar el tono para ir embaucando al personal. Y tras una
breve pausa proseguía:
-“Bien, ¡y todavía hay más!”….. “Al
lote le voy a añadir, ¡maravíllense!, este estupendo paquete de pastillas de
jabón de esencias de Paris”….. “¡El mismo que usan la Marylin y la de “Lo que
el viento se llevó”!”….. “Y, ¡porque soy más chulo que un ocho!, encima les
vendo todo este lote por ¡treinta duros y les rebajo otros diez duros más!”….. “Vamos,
vamos, que no quiero meterlos otra vez en el furgón”….. “¡Rogelio, como El Alcázar,
no se rinde!”….. “¡Ah!, y además le voy a poner al lote este paquete de
caramelos, para su nene o su nena..... y además un peine vacunado contra piojos y liendres, aunque aquí..... mi querido público..... os conozco muy bien y esos bichos vuestros chiquillos no los crían….. “Venga, ¡todo el lote por treinta duros!”…..
“¿quién lo quiere? a la de una, a la de dos, a la de dos y media”….. “¿quién lo
quiere a la de tres menos cuarto?”.....
Y, por fin,
una mujer, cetrina y de tez arrugada, vestida de negro con falda larga hasta
los tobillos y pañuelo casi tapando todos sus cabellos, tras porfiar con su
marido, súbitamente, levantaba el brazo, adquirían el lote y rápidamente iban a
buscar su caballería en la que cargarla para llevarla al cortijo….. Y los demás
a esperar la nueva oferta.
 |
Atracciones de feria en San Isidro. Los caballitos |
Mientras,
Rogelio tras el duro esfuerzo, se secaba el sudor de su frente con un pañuelo
grande a rayas, encendía un gran puro o más bien un “caldo gallina”, se tomaba
una pausa pegando la hebra con algún “compinche”, que a veces hacía de “gancho”
cuando las ventas no surgían, comentando con su “secretaria” y con algún “isidro”
lo dura que es la vida por esas tierras cuando la cosecha de aceituna viene
escasa y, encima, el gobierno se lleva casi todo el aceite para luego pagarlo
con dos duros, tarde, mal y nunca.
Indudablemente
eran otros tiempos.
Pedro Ruiz Avilés.