Es fácil imaginar que a muchos le pueda sorprender que
en este blog, de ámbito básicamente local, aparezca el nombre de esta figura
destacada de la literatura española. No obstante, el artículo de JESÚS MOLINA
GIMENO, al cual hemos tenido acceso, nos deja bien claro que D. Francisco de
Quevedo tuvo una estrecha vinculación con nuestro pueblo y nuestras tierras,
especialmente con Segura de la Sierra y Beas de Segura.
Han sido muchas veces las que los puenteños hemos escuchado
que Santa Teresa pasó por nuestro Puente Viejo camino de Beas para realizar la
fundación del Convento Carmelita, pues bien, a partir de ahora, podremos añadir
otro ilustre personaje a la lista de los que deambularon por esos lugares que
consideramos como propios.
QUEVEDO Y LA
SIERRA DE SEGURA.
Por Jesús
Molina Gimeno
Uno de los escritores y poetas españoles más
importantes de todos los tiempos es, sin duda, Don Francisco de Quevedo y
Villegas. Madrileño de nacimiento, es una de las figuras literarias más
sobresalientes del llamado Siglo de Oro.
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D. Francisco de Quevedo y Villegas |
Quevedo estuvo ligado en ciertos momentos de su vida a
nuestra Sierra de Segura. El creador del Conceptismo visitó en alguna ocasión
la villa de Segura de la Sierra en los frecuentísimos viajes,
unos por placer, otros por obligado destierro, que realizaba a su señorío de La
Torre de Juan Abad (Ciudad Real), remanso de paz y tranquilidad donde escribió
muchas de sus obras en prosa y poesía. Él mismo hace referencia a ello en el
romance titulado Itinerario de Madrid a su Torre, en el que describe el
camino desde la corte a su señorío de La Torre, su Aldea, como él
gustaba llamarla. En este romance dedica un fragmento, no carente de cierta
ironía, aunque con cariño, a la villa de Segura de la Sierra. Después de salir
de Toledo escribe el autor:
(...) Partí desde aquí derecho,
antes sospecho que zurdo,
a Segura de la Sierra
que es un corcovo del mundo.
Los vecinos deste pueblo
viven todo el año junto;
y un mes batido con otro
gozan a Diciembre en Junio.
Las viñas, para no helarse,
tienen los meses adustos;
a las cepas con cachera,
con tocadores los grumos.
Es gusto ver un castaño,
de medio de los diluvios,
con su fieltro y su gabán,
por Agosto muy ceñudo.
Un peral con sabañones,
cuando en Aranjuez maduros
recelando que los rapen
ya han puesto en cobro su futuro.(...)
Itinerario de Madrid a su Torre (1631)
No eran del agrado del Señor Quevedo los rigores del
clima segureño, desde luego. Pero, ¿qué le lleva a Quevedo hasta Segura en
reiteradas ocasiones? Por un lado, está la condición de Segura de la Sierra
como cabecera de la Encomienda de la Orden de Santiago en esta zona, Orden de
Caballería a la cual pertenecía el literato y político desde 1618, siendo La
Torre de Juan Abad uno de los pueblos pertenecientes a la misma, por lo que no
es extraño que tuviera Quevedo que acudir a Segura para resolver ciertos
asuntos relacionados con su señorío, como por ejemplo el pago de los censos que
tenía el Colegio de Jesuitas de Segura.
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Segura de la Sierra |
Pero la causa más poderosa de la presencia de Quevedo
en Segura es, sin duda, la íntima amistad que le unía al noble y escritor Don
Alonso Messía de Leyva, el cual se va a ocupar, con licencia del autor, de
retocar algunos de sus escritos en más de una ocasión para que pasaran la
pertinaz censura: "Habiendo vistos impresos en Aragón y en otras partes
fuera del Reino, con nombre de don Francisco de Quebedo Villegas, estos
discursos con tanto descuido y malicia,(…)y más teniéndolos yo trasladados de
su original, determiné, dándole cuenta, restituirlos limpiándolos del contagio
de tanto descuidos (...) Don Francisco me ha permitido esta lima, y
aseguro en su nombre que procura agradar a todos sin ofender a ninguno..."
(Nota de Don Alonso Messía de Leyva en el Prólogo de la obra Juguetes de la
niñez, de Francisco de Quevedo; Madrid, 1631).
Messía de Leyva también ayudará económicamente a su
amigo en la adquisición de la jurisdicción sobre La Torre de Juan Abad, que el
Consejo de Castilla sacó a subasta en 1621, comprándola Messía para
posteriormente venderla a su amigo. Quevedo no olvida este favor. En Marzo de
1626 asiste con su Majestad Felipe IV a las Cortes celebradas en Monzón
(Huesca) y durante su estancia en esta villa culmina su obra Cuento de
cuentos, que dedica a su amigo y testaferro Don Alonso Messía.
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El Yelmo |
Durante sus estancias en la casa de Messía en Segura
de la Sierra compuso otros poemas inspirados en la agreste naturaleza de esta
Sierra, que fascina y sorprende a Quevedo. Al elegante perfil del Yelmo, montaña emblemática de
la Sierra de Segura, dedica Quevedo la siguiente silva:
El
Yelmo de Segura de la Sierra
(Monte muy alto al Austro)
O sea que olvidado,
o incrédulo del caso sucedido,
o mal escarmentado,
¡Oh peñasco atrevido!,
llevas a las estrellas frente osada
de ceños y de carámbanos armada;
Debajo de tí truena,
que respeta tus cumbres el verano,
y allá en tus faldas suena
lluvioso y tierno caño;
y donde eres al cielo cama dura,
das a Guadalquivir cuna en Segura
Por de más alto vuelo
te codiciara el águila gloriosa,
pues arrimado al cielo,
lo que no pudo él, osa;
sobre Olimpo nos muestras por momentos
las determinaciones de los vientos.
Escondes a la vista
el Yelmo con que Júpiter Tronante,
armado en la conquista,
si no te vio triunfante,
te vio valiente y animoso, y vemos
que hoy le arriman escalas tus extremos.
Coronado de pinos,
el cerco blanco de la luna enramas,
y en los astros divinos,
que son etéreas llamas,
te enciendes por turbar antiguas paces,
y al cielo vecindad medrosa haces.
Son parto de tus peñas
Mundo y Guadalquivir, famosos ríos,
y luego los despeñas
por altos montes fríos,
de tan soberbios y ásperos lugares,
que parece que llueves los que pares.
Baja recién nacido
Guadalquivir, y llega tan cansado,
que le ve encanecido
en su niñez el prado,
con la espuma que hace y con la nieve,
por duros cerros resbalando leve.
Ceñido en breve orilla,
llega a tomar el cetro de los ríos,
y en cercando a Sevilla,
le coronan navíos;
por ser tan noble su primera fuente,
que es de los cielos alto descendiente.
Con pasos perezosos,
al mar camina, como va a la muerte,
y en senos procelosos
por tributo se vierte;
donde yace del golfo respetado
por lo que en él Belisa se ha mira
O sea que olvidado
(Las tres últimas Musas castellanas:
segunda cumbre del Parnaso Español, 1626)
Pero no acaba aquí la relación de Francisco de Quevedo
con la Sierra de Segura. En los años comprendidos entre 1635 y 1645, Quevedo
mantiene una abundante correspondencia (hasta 44 cartas) con su gran amigo
Sancho de Sandoval, residente en Beas de Segura, en la que le
expone sus preocupaciones sobre la marcha de los intereses de España. Pero
estamos ante una correspondencia de carácter privado, por lo que además de su
preocupación por los asuntos de la Corte, en este cuerpo epistolar Quevedo nos
habla de su cotidianidad y su intimidad en la soledad de sus últimos años en su
señorío de La Torre.
Sandoval pertenecía a una importante familia hidalga
de Beas. Unas tías suyas, Catalina Godínez y María de Sandoval, hermanas,
hicieron posible traer a la Santa de Ávila, Teresa de Jesús, para la fundación
del Convento de Carmelitas Descalzas. Estaba casado con Leonor de Bedoya, a la
que Quevedo llama "prima" en algunas cartas. Ello se debe a que el
escritor, aunque nacido en Madrid, tenía parte de sus orígenes familiares en el
Valle de Vejorís, Cantabria, cerca del Valle de Bedoya de donde era originaria
la familia de la mujer de Sandoval.
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Escudo de los Sandoval |
Es por tanto de justicia y para conocimiento de muchos
serranos que se dé a conocer que este genio de la literatura española siempre
tuvo un punto de referencia en estas tierras giennenses de la Sierra de Segura,
las cuales visitó con asiduidad y describió con la maestría que su acertada
pluma siempre supo dar.