No deja de ser cierto que tenemos la tendencia de centralizar nuestro entorno en relación a nuestro ámbito de vivencias, o lo que es lo mismo, los que vivimos o tenemos nuestro origen en Puente de Génave o pueblos cercanos tenemos la consideración que la Sierra de Segura es y pertenece a la provincia de Jaén. Aunque esta apreciación siga lógica, está muy lejos de la realidad pues nuestra sierra rompe el ámbito provincial para convertirse en una realidad que engloba también a la parte suroeste de la provincia de Albacete y el noroeste de la provincia de Murcia. Esta realidad interprovincial no sólo es geográfica pues también tiene su origen en la historia, siendo las vinculaciones numerosas a lo largo de los tiempos, cuestión que ha ido formando una relación de pertenencia que se refleja en diversos aspectos etnográficos que traspasan las delimitaciones provinciales y/o autonómicas actuales. Así lo refleja Juan Montiel Vila, natural de Caravaca en Murcia, que nos ofrece en este artículo otra visión sobre esta particularidad que engloba a la Sierra de Segura dándole esa dimensión interprovincial que nos permite asegurar que la nuestra sierra son sus gentes.

La Sierra de Segura son sus gentes
"Cuando se quiere someter a un pueblo, primero se le borra su historia y luego, se le escribe otra. "
Milan Kundera
Mi abuela Esperanza Ríos González, que, curiosa y
casualmente llevaba los mismos apellidos que El Pernales, regentó en Caravaca la Posada de
la Compañía, entre 1925 y 1972. Quizás algunos de los más
ancianos de los pueblos de la Sierra de Segura recuerden todavía aquella
posada. Yo la conocí ya en sus últimos tiempos. Recuerdo que aún llegaban gentes con carros y bestias: Adolfo y Felipe de
El Moralejo, Juan Navarro de la Fuente de la Sabina (Letur), Juan Bojines de
Nerpio, Los Pañeros de La Encarnación con sus enormes mulas, José de
Almaciles, Felipe Molina Fuentes de Pontones, Margarita Alguacil y Francisco
Bravo Morcillo de Santiago de la Espada y los Palomares y los Blázquez,
comerciantes, también de Santiago y otros muchos que no recuerdo dada mi corta
edad entonces.
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Delimitación provincial donde la Sierra de Segura se incluye en Murcia |
A la Posada de la Compañía, acudían gentes de
Pontones, de Santiago de la Espada, de Segura de la Sierra, de Hornos, de La
Matea, de Jutia, de Góntar, de Nerpio, de Turrilla, de Cañada de la Cruz, de
Almaciles, de la Puebla de D. Fadrique, de Huéscar, de Topares, de los
Royos, de Benizar, de Socovos, de Yeste, de El Sabinar, del Campo de San
Juan, de Inazares, de Elchecico (luego descubrí que se llamaba Elche de la
Sierra), incluso de lugares serranos más lejanos como Orcera, La Puerta o
Puente de Génave. Aquellos lugares constituían mi universo infantil, mi
particular geografía iniciática. Nos los conocía pero continuamente los tenía
se repetían en mis oídos.
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Sierra de Segura en Jaén |
No recuerdo que se hospedara nunca nadie de Murcia o
del Levante, salvo unos vendedores de arrope que venían de Enguera (Valencia) o
un comprador de pieles y cera que venía de Mislata, también de Valencia. En
todo caso, de Murcia nunca venían huéspedes. Con el tiempo me preguntaba yo el
porqué de esa ausencia total de intercambios humanos con Murcia. Mi extrañeza
estaba justificada porque ya estudiábamos en la escuela que Caravaca pertenecía
a la Provincia de Murcia. ¿Qué cosa más rara?, me decía yo, que no venga ningún
murciano ¿cómo serían los murcianos, que yo no los había visto nunca?
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Sierra de Segura en Albacete |
Cuando se dispuso, en 1962, que ya me correspondía
tomar la primera comunión, quiso mi madre, para estar a la última, vestirme de
marinero. En Caravaca la comunión se había hecho hasta entonces con un
trajecico gris o azul marino que sirviera para la ceremonia y… para después.
Pero en fin, con la moda de principios de los 60, mi madre decidió
disfrazarme de marinero y allí que vamos mi padre, mi madre y yo camino de
Murcia montados en un tren ferrobús. Entonces había ferrocarril en Caravaca.
Ese viaje fue para mí todo un descubrimiento.
Vi, por primera vez, el esplendor de los naranjos y limoneros, hasta
entonces totalmente desconocidos. Eran unos frutales oníricos, fantásticos,
para nada tenían apariencia de reales. Descubrí otros colores, otros
olores, sentí lo que era el calor sofocante de la vega de Murcia, el
azacanamiento de la ciudad. Me veía de repente en otro mundo totalmente ajeno
al entorno en el que me había criado. Murcia era verdaderamente otro mundo,
nada que ver con Caravaca.
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Mapa zonal del ámbito territorial de la Sierra de Segura |
No habían en Murcia, pensaba yo, ni leyendas
de lobos, ni de almas en pena, ni de encantadas de larga mata de pelo, ni
historias de bandoleros sanguinarios como Juan Manuel que se contaban en
Caravaca al amor de la lumbre, ni leyendas de aparecimientos como la de la
Santa Cruz en Caravaca o la de Jesucristo en Moratalla. En fin, Murcia para mi
resultó ser tan exótica como la Polinesia. Era otro sitio, otro mundo
completamente diferente a Caravaca, tanto en lo físico, en el paisaje, como en
el alma que la alimentaba. Sentí a Murcia tan ajena como a Birmania, por
ejemplo.
Andando el tiempo comprendí las razones: Caravaca ha estado
vinculada a la Sierra de Segura más de quinientos años. Y, aunque en 1874 se
completara su incorporación a las instituciones de la Provincia de Murcia,
Caravaca aun mantenía con fuerza, a finales del siglo XX su identidad y sus
relaciones seculares con la Sierra de Segura.
Con el último advenimiento democrático, la cosa
esta de las autonomías exacerbó o, más
exactamente, hizo que se inventara una inexistente regionalidad. Con eso
ya se consagraba la arbitraria división provincial de Javier de Burgos, pues,
por criterio de prudencia, no se quiso entrar en modificar las divisiones
provinciales, en evitación de un conflicto territorial en las vascongadas y
Navarra. De esta manera la Sierra de Segura, unidad geográfica, territorial y
administrativa donde las haya y con más de 500 años de existencia, fue
condenada a permanecer fraccionada entre las provincias de Jaén, Albacete y
Murcia. Así hasta hoy.
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Provincia de Murcia con la comarca del Noroeste como integrante de la Sierra de Segura |
Conviene tener presente que La Sierra de Segura
constituyó desde el siglo XIII y hasta entrado ya el siglo XIX, una
unidad territorial dentro del Reino de Murcia, bajo la administración
castellana de la Orden de Santiago. Las Vicarías de Segura de la Sierra
(hoy en Jaén), de Yeste (hoy en Albacete) y de Caravaca (hoy en Murcia)
integraron la Demarcación Santiaguista de Segura. Quinientos años de historia
común forzosamente han dejado su huella en todos los pueblos de la Sierra.
Incluso la Jurisdicción eclesiástica era ejercida desde Uclés (Cuenca) y
no desde el Obispado de Cartagena-Murcia al que es incorporado
forzosamente desde 1874, después de un “cisma” que duró cinco años.
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Mapa del Reino de Murcia (1778) que incluye nuestra comarca de la Sierra de Segura |
Esta circunstancia inevitablemente ha de notarse.
Salvando las naturales diferencias de unos pueblos respecto de otros, todo es
muy parecido ente las localidades de Segura, desde la tipología constructiva
tradicional, las comidas, las costumbres, el habla, los refranes, las coplas,
los oficios pecuarios, la música tradicional, etc. No somos clónicos idénticos,
que nadie se alarme. No obstante, todo sigue siendo de lo más parecido
entre nuestros pueblos, pese a los intentos normalizadores, lógicos por otra parte, de las distintas regiones que pretenden
a toda costa mancheguizarnos, murcianizarnos o hacernos andaluces, según de qué parte de la arbitraria raya
administrativa hayamos caído.
Mi pasión por indagar en mis raíces me llevó a
descubrir, a mediados de los años 70, que nuestra música tradicional podíamos
interpretarla sin dificultad con gentes de Nerpio, Yeste, Santiago de la Espada
o Segura de la Sierra, pero no con gentes de Bullas, a sólo 20 kilómetros
de Caravaca, por ejemplo. Con los de Yeste, Nerpio, Moratalla o Santiago
de la Espada, tocamos encantados y percibimos una afinidad y un afecto recíproco,
como los que sienten aquellos que se encuentran, tras mucho tiempo, con
un familiar largamente ausente. El repertorio, la organología, las afinaciones
instrumentales, las armonías, los fraseos melódicos, etc. de las músicas de
todos estos sitios son enormemente parecidos. Pero estas semejanzas también las
podemos dimensionar a la gastronomía, al ciclo festivo, a las costumbres, a la
vestimenta tradicional y, evidentemente, a nuestra historia.
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Mapa de la diócesis de Cartagena (1768) que incluye la sierra de Segura |
Por eso, desde ninguna localidad segureña, ni desde
Caravaca, ni desde Segura de la Sierra, ni desde Yeste, entre
otros, podemos mirar a la Sierra de Segura como algo pequeño y de cada
uno de nuestros pueblos solamente. Debemos mirarla como algo grande, como algo que
nos une a los de cualquier lado de los artificiales límites provinciales
o autonómicos con los del otro lado. Segura trasciende esa visión localista
de cortos vuelos. Por eso nosotros, los segureños que nos ha tocado vivir en la
vertiente murciana de la sierra, no nos sentimos extraños, cuando vamos a
Yeste, a Nerpio, a Letur, a Santiago, a Socovos, a Pontones, Hornos o Segura….
Sentimos que estamos, de alguna manera, en nuestra tierra, con nuestra gente y
confiamos en que ocurra igual a la recíproca.
Cuando los pueblos olvidan su pasado padecen de
Alzheimer social y, como dijo aquel: Nadie vive una vida para olvidarla luego.
Ningún pueblo recorrió su historia para no saber qué es y donde está.
Aunque…, bien mirado, a fuerza de televisión, de catetismo
autonómico y de la planitud
intelectual imperante, todo puede pasar.
Juan Montiel Vila