Iniciamos un breve recorrido donde repasaremos las diferentes construcciones defensivas con las que, durante la época islámica, se dotó el territorio de la Sierra de Segura. Hay que considerar que gran parte de ellas fueron simples remodelaciones de construcciones anteriores a la ocupación musulmana, así como que alguno de los restos más significativos que han perdurado hasta nuestro tiempo son, a su vez, fruto de la posterior reestructuración ejercida bajo ocupación de la Orden de Santiago tras la conquista cristiana. Debido a la extensión del artículo ofreceremos dos entregas en las que intentaremos, sin llegar a profundizar en los detalles y particularidades, hacer una descripción del estado y uso de esas construcciones que tuvieron tanta significación en la historia de la Sierra de Segura.
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Castillos, torres y fortalezas de la Sierra de Segura |
Séptima Parte.- AL – ANDALUS (II). CASTILLOS, TORRES Y FORTALEZAS.
(1ª entrega)
La Sierra de Segura en sí supone, por lo intrincado de su relieve, una verdadera defensa natural, a la que hay que sumar diversas construcciones defensivas que han dejando importantes restos en la comarca, destacando las fortalezas, castillos menores y torreones, en su mayoría de control y vigilancia. Pero para hacernos una idea global es preciso realizar una estructuración de las diferentes zonas en las que se dividía las líneas de defensa de la Sierra de Segura. Bajo ese concepto encontraremos básicamente tres zonas que seguirán una dirección noreste a suroeste. La primera línea de defensa estará más al sur cubriendo los límites con Murcia y Granada, la segunda sería el núcleo central de la sierra siguiendo los valles del Alto Guadalimar que enlazaría con la parte alta del Guadalquivir y finalmente la línea externa más al norte que seguiría los límites fijados por el río Guadalmena y la zona más baja del Guadalimar denominada tradicionalmente Corredor de Santa Elena.
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Castillo Casa Fuerte de Miller |
La primera de las zonas de defensa a considerar, la situada más al sur de nuestra geografía, es, precisamente, la zona más abrupta por lo que las edificaciones son más bien escasas al ser la propia orografía del terreno un verdadero obstáculo natural a posibles incursiones enemigas. Sólo es destacable la Casa Castillo Fuerte de Miller, situada en un lugar prominente desde el que se vigila el encajado valle de la cabecera del río Segura, hasta donde se une con el Zumeta, en las Juntas de Miller y la Solana de la cuerda de la Lastra. Sería un edificio que complementaría la defensa de esta zona sureste de la Sierra de Segura, junto con otras edificaciones como el castillo menor de Góntar del que sólo se conservan restos de una torre circular de calicanto sobre base de una anterior construcción visigoda y las plazas fuertes de Yeste y Letur. Es un edificio original de los S.XIII-XVI del que ahora sólo se conservan una torre y una muralla de 40 m. de longitud por 6 m. de alto que delimita un caserío anexo que enmascara profundamente su construcción. El asentamiento de Santiago de la Espada (Puebla de Santiago en su denominación original) constituía una especie de puesto fronterizo justo en el límite del reino nazarí de Granada, fijado en el río Zumeta, que transita por estos pagos con unos espléndidos encajamientos en la roca que lo convierten en un foso natural y que marca, de una forma muy destacada, esta frontera. Es, por tanto, los condicionantes físicos los que establecen discontinuidades de relieve tan potentes que han supuesto históricamente una clara demarcación territorial que dificultaba cualquier acción ofensiva lo que, lógicamente, provoca escasez de fortificaciones.
La siguiente unidad constituye la franja central de defensa de la comarca recorriéndola de noreste a suroeste, siendo éste el ámbito el núcleo principal de hábitat y, por lo tanto, donde se da la mayor densidad de edificaciones defensivas, de poblamiento y donde se producen los principales procesos territoriales de presencia árabe primero y después cristiana. Es una cuenca longitudinal, formada por el valle del alto Guadalquivir y por la cuenca de cabecera del Guadalimar. En esta unidad se cruzan las rutas del Levante al valle del Guadalquivir y, a través del valle del Guadalimar por la Puerta de Segura, con las que permiten el paso desde La Mancha y la sierra de Alcaraz hasta la zona norte del reino de Granada (collados de La Sagra, Huéscar y depresión de Baza), atravesando lo más intrincado de las Sierras de Segura y Cazorla. Todo el valle está jerarquizado por Segura de la Sierra, centro administrativo y militar, complementado por los castillos y recintos amurallados de Siles que cubría, al noreste, el acceso por el valle del Guadalimar, y Hornos, al suroeste, que vigilaba el acceso por la cabecera del río Guadalquivir.
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Restos del Castillo Menor de Góntar |
La siguiente unidad constituye la franja central de defensa de la comarca recorriéndola de noreste a suroeste, siendo éste el ámbito el núcleo principal de hábitat y, por lo tanto, donde se da la mayor densidad de edificaciones defensivas, de poblamiento y donde se producen los principales procesos territoriales de presencia árabe primero y después cristiana. Es una cuenca longitudinal, formada por el valle del alto Guadalquivir y por la cuenca de cabecera del Guadalimar. En esta unidad se cruzan las rutas del Levante al valle del Guadalquivir y, a través del valle del Guadalimar por la Puerta de Segura, con las que permiten el paso desde La Mancha y la sierra de Alcaraz hasta la zona norte del reino de Granada (collados de La Sagra, Huéscar y depresión de Baza), atravesando lo más intrincado de las Sierras de Segura y Cazorla. Todo el valle está jerarquizado por Segura de la Sierra, centro administrativo y militar, complementado por los castillos y recintos amurallados de Siles que cubría, al noreste, el acceso por el valle del Guadalimar, y Hornos, al suroeste, que vigilaba el acceso por la cabecera del río Guadalquivir.
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Segura de la Sierra |
Evidentemente la fortaleza de Segura de la Sierra es la más
emblemática. El Castillo de Segura
de la Sierra, que ha sido objeto de distintas intervenciones y remodelaciones
desde los años 60, ocupa la coronación de una elevación de forma sensiblemente
cónica, donde se aloja también el núcleo urbano de Segura. El conjunto del
núcleo y el castillo alberga también los restos de la antigua muralla de la
fortaleza de Altamira, pues así se llamaba con anterioridad el enclave, y son
todavía reconocibles las murallas, puertas y torres de la fortificación militar
de todo el asentamiento. Algunos autores atribuyen el origen
de Segura de la Sierra a los fenicios, quienes la llamaron Tavara. Habitada
posteriormente por otros pueblos colonizadores como griegos, romanos y
cartagineses, es bajo la hegemonía musulmana cuando alcanza su máximo esplendor.
La fortaleza de Segura de la Sierra alcanzó su completa estructuración a lo
largo de los S.VIII-XVI. Ya en el año 781, Segura de la Sierra fue tomada por
Abul Asward, primogénito del rey Yusuf, quién aumentó la defensa del pequeño
núcleo poblacional llamado Saqura, dotándolo de tres órdenes de murallas, lo
que convirtió el recinto en fortaleza inexpugnable. Será en los siglos IX y X,
cuando el asentamiento se estabiliza y crece en importancia hasta convertirse
en los siglos XI y XII en una fortaleza con medina importante y próspera; así, en el S.XI,
Segura fue cabeza de un pequeño reino de taifa a cuyo distrito pertenecían
también, Siles, Hornos, Socovos y Ferez. Tras un periodo en que alternó la
independencia con la pertenencia a las taifas de Murcia, Denia y Sevilla, los
almorávides, entre 1090 y 1095, la incorporaron al imperio norteafricano de
Yusuf ibn Tasfin. En 1147, Ibn Hamusk se
enfrentó a los almorávides y la mantuvo en su poder, propiciando la etapa más
importante de la Segura musulmana. Su alianza con Muhammad Ibn Mardinis, el
“rey lobo” de Murcia, le permitió integrarse activamente en un amplio
territorio que se extendía desde Almería al Ebro incluyendo Levante. La primera
fortificación de envergadura de Segura de la Sierra la mandó construir el
mencionado Ibrahim ibn Hamusk, en la segunda mitad del siglo XII.
Posteriormente, fue reformada por los almohades que incrementaron la seguridad
añadiendo un nuevo cinturón de murallas. Como reino taifa independiente se
enfrentó a los almohades cuando éstos intentaban imponer la unidad musulmana,
aunque en 1169 acabaron incorporando Segura a su dominio.
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Castillo de Segura de la Sierra |
La primera presencia cristiana en
Segura ocurrió en 1214, tras una serie de disputas frente a los almohades que
culminaron con la batalla de las Navas de Tolosa (1214). Fue entonces cuando la
villa fue ocupada por los cristianos regidos por Alfonso VIII, sin embargo
temporalmente fue recuperada por los musulmanes, hasta que, en 1241, su
situación, aislada en un territorio controlado por los cristianos, se hizo
insostenible y volvió a manos de Castilla. Será Fernando III el que la recuperó
otorgándole el Fuero de Cuenca y, en 1242, la convirtió en Encomienda de la
Orden de Santiago. Tres años más tarde, Segura se instituyó como sede de la
encomienda mayor de Castilla que hasta entonces había radicado en Uclés,
perteneciente a la jurisdicción eclesiástica de Toledo y será una de las claves
que explican la grandiosidad de la fortaleza cristiana. Después del Pacto de Jaén (1246),
Segura y su territorio no tuvieron gran papel en la continuación de la
reconquista puesto que quedaban lejos de la frontera, sólo encontrando
resonancia en 1342 con Fernán Ruiz de Tahuste, comendador de Segura, quien
dirigió una expedición contra Granada aprovechando que el rey nazarí había
acudido en auxilio de Algeciras; así como en 1434, cuando el alcaide de Segura,
Juan Rodríguez destacó en la conquista de Huéscar, a las órdenes de don Rodrigo
Manrique. Aunque el Castillo de Segura se
abandonó a partir del S.XVI, volverá a tener cierta relevancia durante la
Guerra de la Independencia pues los serranos lo ocuparon para organizar la
resistencia frente a las tropas francesas. Sin embargo las tropas napoleónicas
se hicieron con el castillo para provocar su estado ruinoso al incendiarlo, así
como la villa y los archivos de la Encomienda de Santiago. No recuperará
nuevamente su esplendor hasta la reconstrucción y restauración, entre 1964 y
1968, por los arquitectos Rafael Manzano y Francisco Pons Sorolla.
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Vista aérea. Castillo de Segura de la Sierra |
Toda esta sucesión de intervenciones
fueron aportando su particular fisonomía a este lugar, conservándose el
castillo, la Torre del Agua y buena parte de las murallas; así como importantes
sectores de trazado urbano y numerosos edificios significativos como son los
baños árabes del S.VIII. El Castillo de
Segura consta de dos recintos sucesivos: alcazarejo y exterior. El
alcazarejo tiene como base un trapecio tan irregular como la montaña sobre la
que se asienta. La defienden cuatro torres con esquinas achaflanadas con remate
almenado, una de ellas, la poderosa torre del homenaje que se sitúa en la
esquina este es de base cuadrangular y está estructurada interiormente en dos
salas superpuestas con cubiertas abovedadas y está culminada por una azotea
almenada, comunicadas por una escalera empotrada intramuros. Se trata de una
torre portentosa y acentúa el efecto global de solidez de la fortaleza. Una de
las torres protege la puerta de acceso con entrada acodada, mientras que otra
de ellas está casi desprovista de proyección exterior porque el zócalo rocoso
no se lo permite. Existe, además, otro torreón semicircular y dos contrafuertes
que subdividen los lienzos del cerramiento habilitando, al propio tiempo,
pequeñas plataformas para el tiro de flanco. El alcazarejo dispone además de un
patio de armas con un gran aljibe en el centro, dos baños árabes situados en
los laterales este y norte, una especie de tribuna, la capilla de Santa Ana y
los restos de lo que pudiera ser un almacén. La capilla está adosada a una
torre antes con acceso directo a ella, de nave rectangular rematada por un
ábside semicircular y cubierta a dos aguas, de estilo mudéjar, construida en el
S.XIII. El recinto exterior corona el cerro
en una cota más baja. Está construido en mampostería menuda y en él se
distinguen dos aljibes excavados en la roca y una barbacana superior que da
acceso a la puerta principal, que tenía un acceso diferente al actual. Estas
murallas están reforzadas por un torreón semicircular en el sudoeste y por un
adarve que une dos contrafuertes en el sudeste que incrementan aún más la
sensación de inaccesibilidad. Prácticamente todo el recinto murado del Sierra
de Segura está construido con fortísimo calicanto del tapial musulmán. El
castillo se unía a la villa a través de una cerca murada que la protegía y se
vertebraba a través de numerosas torres y con puertas guarnecidas por torres de
calicanto. Toda esta obra es cristiana de mediados del S.XIII, aunque asentada
sobre restos musulmanes de dos épocas diferentes, una primera en la segunda
mitad del S.XII y otra posterior de reforma almohade.
Este recinto amurallado en la época árabe tenía una longitud de 1.512
m., ocupando una superficie de 8,5 hectáreas con cinco puertas de entrada:
Catena, Orcera, Gontar, Herrada y Nueva, para conformar un conjunto complejo y
muy bien conservado y actualmente aún pueden observarse muchos tramos de
murallas como las que rodean la parte baja del pueblo, las que suben desde la
Puerta Nueva hacia el Castillo, los lienzos que descienden desde el Castillo
hacia la plaza de toros y el recinto exterior de la Alcazaba. La muralla en
algunos tramos resulta muy estrecha lo que hace dudar que este sea su verdadero
trazado, ya que según algunos autores es posible que se trate en buena parte de
una "cerca fiscal", un muro tardío construido en el S.XVI o después,
para controlar la entrada de productos a la localidad. La medieval iría algo
por encima. Lo cierto es que a esta muralla se accedía por cinco puertas de las
que se conservan cuatro ya que la quinta, llamada la Herrada, cerca del castillo,
ha desaparecido. La Puerta Nueva se localiza junto al Ayuntamiento, rodeada de
construcciones, siendo en sus orígenes la puerta de entrada a la villa estando
incrustada en la muralla que baja desde el castillo. De la puerta original sólo
queda el torreón del lado izquierdo, pues la actual fue reedificada en el S.XVI
y restaurada hace unos años, siendo mucho más simple que la original que
posiblemente sería acodada con puertas que podían cerrarse, como prueban las
jambas laterales. La Puerta de Orcera se encuentra hoy muy deteriorada y casi
irreconocible como puerta. Para acceder a la villa por la Puerta de Catena es
necesario recorrer un largo sendero y además está incluida dentro de un gran
torreón, con lo que el acceso al interior de la población obligaba a describir
una curva o codo, lo que dificultaba cualquier ataque y facilitaba la defensa.
Fue restaurada en 1972. Los únicos restos de la Puerta de Góntar se encuentran
en la torre a la que se adosa la plaza de toros, que fue remodelada para convertirla
en botiquín de la misma. Al exterior de la muralla debía existir un importante
complejo defensivo, aunque muchas de las construcciones han desaparecido en la
actualidad. Ejemplos serían la Torre del Agua o la Torre de Las Eras. La
primera cercana al castillo y seguramente respondiendo a sus criterios
defensivos es una atalaya que supone uno de los restos islámicos mejor
conservados que quedan de la fortificación del mismo y de los caminos que se
usaban para descender desde la muralla del castillo hasta esta fortificación.
Se la llama así porque según parece fue construida para proteger un manantial
existente en la zona que surtía de agua a la Alcazaba, sacando el agua por la
parte superior de la torre. Está hecha en tabiyya, un tapial extremadamente duro
que ha resistido de forma notable el paso del tiempo. Hoy en día existe una
abertura, proveniente del S.XVI, que permite acceso al interior. La segunda, la
Torre de Las Eras, está en un pequeño promontorio en cuyas proximidades arranca
el camino que sube al castillo. Se trata de una gran torre rectangular con dos
zonas, un zócalo inferior casi totalmente cubierto por la vegetación, y una
parte superior con unas 4 plantas de altura.
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Puerta Catena. Muralla de Segura de la Sierra |
Otro destacado resto árabe son los Baños Árabes, datados originalmente del
S.VIII, pero de estructuración posterior coincidiendo varios autores en señalar
el S.XI-XII como posible fecha de construcción, aunque lo que observamos hoy es
una reconstrucción total llevada a cabo en 1971 por el arquitecto L. Berges.
Presenta sus salas fría, templada y caliente, pues las diversas estancias están
separadas en función de su temperatura ambiente, que asciende desde el
vestíbulo hasta la sala caliente. En el vestíbulo el cliente espera y se
desviste. La sala fría dispone de espacios o alcobas o alhamías destinadas al
descanso (îwan). La sala templada es la de mayor tamaño de las cuatro
estancias. Por último, la sala caliente se encuentra en contacto con el
hornillo (al-burma) que alberga la caldera. Bajo el pavimento de las salas
caliente y templada se distribuye una red de canales de distribución de humo y
aire caliente, siguiendo el mismo esquema que las termas romanas que las
denominaban frigidarium, tepidarium y caldarium. Son espacios acotados en ambos
extremos por doble arco de herradura y bóveda de cañón con claraboyas
estrelladas; cuenta también con puertas entre las salas que están desenfiladas,
con la intención de que no se escapase el calor ni se formasen corrientes de
aire.
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Edificio de los Baños Árabes. Segura de la Sierra |
También debemos nombrar, siempre
entendido como parte del entramado defensivo de Segura de la Sierra, la
construcción de otros castillos menores, situados en zonas elevadas que
requerían contacto visual con la fortaleza de Segura. En este contexto podemos
entender la construcción de los castillos
de Altamira, de La Espinareda, de Gutamarta y Valdemarín. El primero se
encuentra en la ladera este de las cuerdas de Beas, en la cortijada de
Altamira. Su técnica constructiva, es similar a otras construcciones
pertenecientes al sistema defensivo militar árabe de la zona. El edificio que se conserva es una torre a la que se han adosado las construcciones más recientes enmascarando parte del edificio y de los parapetos originales.
El
segundo se encuentra en el término municipal de Segura de la Sierra, en la
cabecera del arroyo de la Espinareda, junto a la aldea y vega del mismo nombre.
Se ubica en un promontorio adosado a los montes de la Cuerda de Beas
manteniendo una posición estratégica tanto por el dominio de los valles
formados por el Arroyo de Peñolite y el Río Beas como por la conexión visual
con el castillo de Segura de la Sierra. Consta de una torre del homenaje y un
recinto amurallado de tapial, observándose en sus inmediaciones restos de un
aljibe y del antiguo poblado medieval. La singularidad del emplazamiento se
debe a la armoniosa conjunción de elementos (vega, aldea, castillo, vegetación)
dotando al lugar de un gran atractivo paisajístico.
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Ruinas del Castillo de la Espinareda |
Otra referente será el Castillo de Gutamarta, situado entre Cortijos Nuevos y El Ojuelo, en el centro del pequeño valle del mismo nombre, y del que sólo se conservan la parte inferior de su torre, aproximadamente 1,20 m. de altura, mostrando su base cuadrada de unos 5 m. de lado construida de tapial de calicanto, quedando el resto de la construcción diluida en la aldea llamada Los Cortijillos.
Por último, el castillo menor de Vademarín, se encuentra en la pedanía Cortijo de la Torre, a 6 km. de Orcera, tratándose de un emplazamiento defensivo que servía tanto para el control como para el refugio de la zona del valle del arroyo de los Carboneros, afluente del río Trujala. Sus muros son de mampostería muy similar a otras construcciones próximas datadas en la misma época y en las que se aprecia una planta cuadrangular. Con el paso del tiempo la torre ha sido adaptada para el uso doméstico adosándose a ella diferentes construcciones que la hacen casi irreconocible. En la actualidad está techada y en sus paredes se han abierto vanos que no corresponden a la obra primitiva, aunque probablemente, el uso continuado de esta construcción la ha preservado de la ruina.
Otros elementos de esta época árabe son el Puente Moro del Soto, elemento de un ojo de ladrillo y mampostería menuda sobre el río Trujala, de posible origen musulmán. Los árabes siempre estuvieron atentos al cultivo de sus vegas con huertos y frutales bien regados con agua abundante de los ríos y embalses, como el de Amurjo en Orcera que hoy ocupa la piscina natural municipal, construido por Hamusk, de donde podría venirle el nombre; o el acueducto y la presa de Trujala, obras árabes que nos muestran la habilidad de la época para aprovechar un recurso abundante en la sierra como es el agua.
Complementando, junto con el Castillo de Cotillas, la protección de la parte noreste del enclave de la Sierra de Segura, se encuentra un conjunto de fortificaciones entorno a la villa de Siles. Efectivamente, Siles sería el centro de un subsistema defensivo que se materializa en un recinto fortificado, que albergaba fortaleza, casa Tercia e iglesia parroquial. La fortaleza es lo que es conocido hoy como El Cubo, por su forma cilíndrica y que está anexa a la casa Tercia, que fue casa de la Encomienda y posteriormente se utilizó, como su nombre delata, como depósito de grano donde se almacenaban las recaudaciones de los señores. Evidentemente fueron muchos los sucesos históricos y los vaivenes fronterizos medievales que se desarrollaron en esta zona de la Sierra, lo que no hace sino confirmar su valor estratégico en el norte del valle de Segura y coincidir durante largo tiempo como frontera noreste de la Taifa de Granada respecto a la de Denia. Bajo dominio árabe, Silis, perteneció al Iqlim o distrito de Segura. En el siglo XI perteneció al reino de taifa de Almería tras ser conquistado por Ibn Summadih en 1076 a los ziries de la taifa de Granada, quien la recuperó un año más tarde ya que el rey zirí Abd Allah se hizo con Silis entregando a cambio el castillo de San Aflay. Enclavado en el camino de Segura de la Sierra que enlazaba con la Vía de Levante, Siles fue un punto clave en la línea fronteriza con el reino nazarí de Granada, siendo atacada en numerosas ocasiones.
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Castillo de Cotillas |
Complementando, junto con el Castillo de Cotillas, la protección de la parte noreste del enclave de la Sierra de Segura, se encuentra un conjunto de fortificaciones entorno a la villa de Siles. Efectivamente, Siles sería el centro de un subsistema defensivo que se materializa en un recinto fortificado, que albergaba fortaleza, casa Tercia e iglesia parroquial. La fortaleza es lo que es conocido hoy como El Cubo, por su forma cilíndrica y que está anexa a la casa Tercia, que fue casa de la Encomienda y posteriormente se utilizó, como su nombre delata, como depósito de grano donde se almacenaban las recaudaciones de los señores. Evidentemente fueron muchos los sucesos históricos y los vaivenes fronterizos medievales que se desarrollaron en esta zona de la Sierra, lo que no hace sino confirmar su valor estratégico en el norte del valle de Segura y coincidir durante largo tiempo como frontera noreste de la Taifa de Granada respecto a la de Denia. Bajo dominio árabe, Silis, perteneció al Iqlim o distrito de Segura. En el siglo XI perteneció al reino de taifa de Almería tras ser conquistado por Ibn Summadih en 1076 a los ziries de la taifa de Granada, quien la recuperó un año más tarde ya que el rey zirí Abd Allah se hizo con Silis entregando a cambio el castillo de San Aflay. Enclavado en el camino de Segura de la Sierra que enlazaba con la Vía de Levante, Siles fue un punto clave en la línea fronteriza con el reino nazarí de Granada, siendo atacada en numerosas ocasiones.
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Restos de muralla y El Cubo de Siles |
Antes de la llegada de los
cristianos, Siles era una próspera población medieval (Silís) que formaba parte
del distrito de Saqura (Segura), perteneciente a la Cora de Yayyan (Jaén). Fue
conquistado en 1230 por don Pelayo Pérez Correa, maestre de la Orden de
Santiago (1239-1242) quedando integrado en la Encomienda de Segura de la
Sierra. Cuando en 1339 la cercó el rey de Granada, Yusuf I, como paso previo
para hacerse con el resto de plazas de la Sierra de Segura y del Adelantamiento
de Cazorla, fue liberada por el maestre don Alonso Meléndez de Guzmán que vino
en su ayuda desde Úbeda con un poderoso ejército e hizo huir a las huestes
musulmanas. La Encomienda de Santiago remodeló la antigua fortificación árabe
en el siglo XIV. Esto motivó que en 1397, el maestre Don Lorenzo Suárez de
Figueroa le concediese la autonomía y el título de villa. Perteneció al Reino
de Murcia y partido de Segura, Orden de Santiago y dependía de la Chancillería
de Granada y al Obispado de Cartagena. Tanto El Cubo como los restos de
muralla existentes en la actualidad no se corresponden con los que en 1339,
siendo la posterior reforma santiaguista la que aporta cuerpo al nuevo recinto
que mantuvo su planta cuadrada fortaleciendo tres de sus ángulos con torreones
circulares, o cubos, rodeados por una muralla con aljibe en su exterior,
mientras que el cuarto ángulo lo reservaron para la construcción de un pequeño
alcázar con dos torreones. La cerca tenía un trazado rectangular y era de
argamasa, de 2 varas de ancho, 10 varas de alto y 614 varas de contorno. Lo que
queda del castillo es una torre cilíndrica llamada El Cubo, del S.XIII, construida con mampostería y argamasa, que
alcanza los 27 m. de altura y que se va estrechándose ligeramente a medida que
asciende. Está articulado en dos pisos y terraza. El primer piso está cubierto
por una bóveda de media naranja, y el segundo por una cúpula gótica de cantería
apuntada con nervios sostenidos por canes, accediéndose a la azotea por una
escalera empotrada en el espesor del muro. En el S.XV, se construyó la Casa de
la Tercia entre los dos torreones y se reestructuró el patio de armas
destruyéndose parte del aljibe y del lienzo norte del castillo que dejaba así
de ser un edificio militar para convertirse en residencia señorial palaciega. El entramado defensivo de Siles se
fue deteriorando a partir del S.XIX y son pocos los elementos representativos
que quedan además del torreón del Cubo, pero destacamos un torreón que abre con
arco de medio punto y presenta tres cuerpos en altura, dovelas regulares y
esquinas reforzadas a soga y tizón, la Torre y el Arco de la Magdalena,
construidos en mampostería que parece ser la entrada original al recinto
amurallado siendo de planta quebrada, tan característica de la época.
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El Cubo. Siles |
Complementando esta función de
vigilancia y defensa de esta zona, un conjunto de torres de avisos y torres
fortificadas tutelan el canal central del pasillo y los valles transversales,
que contactan con otras zonas de la comarca. Ahí podemos situar los Castillos
de Tasca, Peñafleita, Pontihonda y Morles. Se sitúan en las inmediaciones de
Siles, cubriendo sus flancos noroccidental y suroccidental, y vigilando los
valles del río Morles y del río Molinos. Los de Tasca y Peñafleita se vinculan
directamente con lo que fue en tiempos el "Camino de Andalucía",
mientras que los de Morles y Pontihonda vigilan el ramal que desde Siles se
dirigía a Bujaraiza. Su estado de conservación en precario.
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Castillo de Peñafleita. Imagen de Francisco Villar Gómez |
El Castillo de Peñafleita debió ser construido tras la campaña de
pacificación que Abd al-Rahman III llevó a cabo en el 913 contra este
territorio, que hasta entonces había permanecido rebelde a Córdoba. A finales
del siglo XII, con la formación de los distintos reinos de Taifas, esta plaza
fue disputada por los ziries de Granada y el rey de Almería Ibn Summadih. Ibn
Summadih se apoderó de Siles entre los años 1076 y 1077, pero poco después pasó
mediante acuerdo a los ziries, a cambio de la fortaleza de Sant Aflay
(Peñafleita). El castillo de Peñafleita se levanta, al igual que el castillo de
Tasca, en el margen izquierdo de lo que fue el antiguo Camino de Andalucía. El
castillo de Peñafleita corona lo que en otro tiempo fue sin duda un importante
asentamiento musulmán. Hoy se encuentra en ruina progresiva quedando algunos
lienzos de muralla. El recinto se encuentra rodeado de un gran foso natural,
por lo que originariamente quizá dispusiera de un puente de madera que
facilitara su acceso. A las faldas del castillo se encuentran restos de la
antigua población musulmana, pudiéndose ver perfectamente, incluso hoy día, el
trazado de algunas de sus calles, así como numerosos restos de viviendas y de
muros de piedra que servían para consolidar el terreno a través de diversas
terrazas las que también se asentaban numerosas construcciones.
El Castillo de Tasca se levanta, al igual que el castillo de Peñafleita, en el margen
izquierdo de lo que fue el antiguo Camino de Andalucía, en las estribaciones de
la Sierra de Calderón próximas a la cabecera del Guadalimar. Los restos de la fortaleza
se reducen hoy a un parapeto de mampostería menuda muy desmoronado, que debía
habilitar un espacio interior rectangular de 9,50 por 3,80 metros
aproximadamente, y que ocupaba la extensión de zócalo rocoso fácilmente
defendible, puesto que un foso natural, formado por una corona de rocas, lo
rodea casi por completo. En torno a este zócalo se hay numerosos vestigios de
muros y burda mampostería, al parecer en seco. Estos, correspondientes al
recinto exterior, parece que se completaban por el lado del oeste con alguna
obra de tierra, probablemente un foso y su terraplén. Se cree que este castillo
corresponde al citado por Ibn Hayyam al relatar la campaña de Abd-Allah contra
el Todmir. Sólo subsisten algunos restos de muros y cimientos encontrándose en clara
ruina progresiva.
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Torreón del Castillo de Tasca. |
El Castillo de Morles está situado en la margen izquierda del río
Carrizas al norte de Siles, y siguiendo el valle del Guadalimar y muy cercano
al cortijo de Alcanta. En la actualidad se conservan los restos de un recinto
irregular de tendencia rectangular que aprovecha el trazado natural de la roca
donde se asienta, con muros de mampostería de 0,70 m. en la actualidad, aunque con alzado de tapial, del que son los
restos de una torre del que queda poco más de un metro de altura por lo que se
cree era un simple refugio de algunas pequeñas aldeas o “quras” al tiempo que
servía de control y vigilancia fronteriza de la entrada natural que el valle
del río Morles ejerce sobre el valle del río Guadalimar.
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Castillo de Pontihonda |
Por último el Castillo de Pontihonda se encarama sobre dos peñas gemelas en la
ladera del cerro Bucetaina, entre Benatae y Siles, cerca de la aldea de Puente
Honda (Benatae) pero en el término municipal de Siles. Los restos actuales del
castillo son probablemente de autoría cristiana aunque su base sería árabe, y
su función debió ser de vigilancia y control del paso por el río Morles. La
fortificación está formada por dos torres cuadrangulares de reducidas
dimensiones, de 3,5 por 3,8 m. de lados, encaramadas sobre dos peñas gemelas
que brotan de un repecho de monte, unidas por dos lienzos de muro de
mampostería ripiada que las unían hasta constituir un solo recinto de planta
rectangular que mediría 13 por 3,5 m. Las dos torres albergaban dos cámaras
superpuestas con separación de vigas y madera. El estado actual es de ruina
progresiva que deja ver con claridad que el material de construcción es
mampostería mal ripiada. Complementando este entramado de fortificaciones
defensivas orientadas hacia el este estaría una segunda línea de fortificaciones
que se sitúan en Torres de Albanchez y Benatae.
Continuará............
(jt) Segura Verde.