lunes, 14 de octubre de 2024

13º Premio Domingo Henares. ADELFAS Y DIGITALES (2ª parte)

Presentamos la segunda parte del relato ganador del XII Concurso de Relato Histórico Domingo Henares escrito por D. Miguel Ángel Carcelén Gandía, centrado en las intrigas entre caballeros, servidores de Dios y nobles cortesanos en pleno dominio de la Sierra de Segura por la Orden de Santiago.

ADELFAS Y DIGITALES.

---------continúa......................

La muchacha pareció dudar:

-Sesenta cruces...

-Sesenta y cuatro -corrigió el fraile.

-Sesenta y cuatro cruces labradas en piedra del tamaño que imagino debieran tener para resultar de utilidad supondrían un descalabro para nuestras arcas, no muy boyantes, como bien sabéis. No son nuestras tierras ricas en piedra ni en maestros canteros.

-Todo está pensado, señora. La orden de predicadores dispone de afamados talleres en San Esteban -piedra noble salmantina- que trabajarían para tan pío fin por un monto simbólico. Me he tomado la molestia de comentarlo con el padre general y no encuentra inconveniente alguno, de hecho, una cantidad importante de cruces podría ser inmediatamente trasladada, por ser la obra que más se trabaja.

Cruz de piedra

Isabel, cuya juventud no llevaba aparejada inexperiencia, intentaba escudriñar las verdaderas razones de la propuesta y del ofrecimiento. Por bajo que fuese el precio las ganancias serían para los frailes y, de paso, obtendrían una promoción por todas sus tierras que serviría para frenar la pérdida de popularidad frente a los franciscanos. Estos acababan de dedicar a las afueras de Orcera un nuevo monasterio a Santa María de la Peña, una talla gótica que, según la leyenda, había sido encontrada en una cueva cercana por un labrador. “Los hombres de la sierra -recordaba haberle oído decir a fray Pedro-, son gentes extrañas: prefieren los harapos de los frailes menores a nuestra cuidada oratoria”. Sesenta y cuatro cruces de factura dominica con santos del gusto del pueblo ayudarían a recuperar prestigio. Bien veía la muchacha que la oferta no era del todo desinteresada, no obstante, tampoco dejaba de tomar en consideración que resultaba más rentable que la del capitán.

-¿Podemos ahora conocer el ofrecimiento del capitán? -se interesó el preceptor.

Don Fernando se había limitado a sugerir la construcción de portazgos en lugares estratégicos de las cañadas. Sus hombres los custodiarían y se encargarían de recaudar el dinero del peaje, de esa forma se aseguraba el que procurasen que los ganados no se despistasen fuera de sus rutas: a más rebaños, más dinero. El preceptor habló intentando ser objetivo:

-Las tierras de Orcera y, por ende, de toda la sierra, ganarían en seguridad, dadlo por descontado, y recuperaríais algo del dinero que los zagales, con sus embustes acerca del número de cabezas, os trapacean. Por otra parte, levantar portazgos, aun siendo menos que cruces, será mucho más costoso...

-¿Entonces? -casi exigió una conclusión Isabel.

-Tener contentas a las tropas es la primera obligación de cualquier gobernante; en este caso el capitán y sus hombres hacen las veces de tropa -aconsejó el anciano para irritación del fraile, que no quiso zanjar ahí lo hablado:

-Tener contento a Dios es la primera obligación de cualquier gobernante temeroso de su nombre.

Rebaño de oveja segureña

La señora prometió sopesar con tranquilidad ambas alternativas y los autorizó a marcharse, que era su cortés manera de echarlos.

Por la galería interior que bordeaba el compluvio se les oyó discutir mientras se alejaban; el clérigo recriminaba al preceptor el que no se hubiese puesto de su lado y el anciano se excusaba argumentando que, a fin de cuentas, Isabel haría más caso a la opinión de los que calentaban su cama que a la suya. Fray Pedro quedó pensativo.

El capitán no podía desaprovechar ésta su, posiblemente, última oportunidad. Toda la vida batallando y coqueteando con la muerte para acabar con una exigua pensión de tres onzas anuales. Bien es cierto que con un mínimo de previsión podría haberse asegurado una vejez más que digna, pero su afición a las casas de lenocinio de Villanueva y a los dados habían podido más que los buenos propósitos. Orcera, con seiscientas casas y dos mil habitantes, un escribano, cuatro sacerdotes y gente pobre, permitía a don Fernando sentir un cierto agobio, una estrechez que no tenía en Alcaraz, por ejemplo, donde la tradición hacía atracción de talentos y de jóvenes más capaces para el pensamiento que los vecinos de Orcera, ocupados en procurarse para cada día el alimento, encajados entre dos monasterios, de franciscanos mendicantes uno de ellos y de monjas el otro, bien abastecido éste desde la capital. Allí podía el capitán esperar que nadie le imputase delito alguno de sus antiguas correrías, que su fama era conocida desde que hacía años su familia se instaló cerca de lo que llamaban la huerta de Maravillas, por lo que como retiro no le disgustaba el lugar de Orcera. Urgía, por tanto, convencer a la señora para que se decantase por la construcción de los portazgos. Ya había convenido con todos los maestros albañiles a los que les pudiera ser encomendado el trabajo el corretaje que le correspondería. Esa cantidad sumada a lo que sus hombres de confianza le desviarían del pago del peaje le harían más llevadero el inminente retiro. No dudó en hablar con Serótido, el fornido mozo de caballerizas criado en el castillo de la Yedra, para engatusarlo:

Orcera

-Es pena que alguien como tú desperdicie su valía entre paja y estiércol. Me vendría bien contar contigo entre mis hombres, la paga es buena.

Al muchacho se le iluminó el semblante:

-Poco sé de armas, pero no soy tardo en aprender. ¿Cuándo podría incorporarme?

-Tan pronto la señora autorice el levantamiento de los portazgos, supongo que habrás oído hablar del asunto... Si tú pudieras hablarle de la conveniencia de apresurar los trámites...

-¿Yo?, ¿cómo?, no tengo palabrería, no sería capaz de...

-Si has sabido meterte en su cama, no te será difícil empresa menos costosa. Tú sabrás lo que te conviene.

Y el capitán no añadió más. El muchacho, tras desdibujar el sonrojo que le produjo verse descubierto, caviló estrategias irrealizables.

Fray Pedro pecó de imprudencia al hablar con el padre general dando por sentado que recibirían el encargo de las cruces. La promesa de una capellanía vitalicia en una ciudad principal sobrevoló toda la conversación; envalentonado, el fraile accedió a que se pusiese en camino el envío tan pronto fuese posible. Los días pasaban y la señora no se decidía. Cuando el fraile conoció que desde la Casa se había pedido tasación a los más reputados maestros albañiles de los contornos, sintió un amago de bilis en la garganta. Habló con Martín de Ireñu, novicio de belleza lánguida con quien compartía credo y, a veces, lecho. Le expuso la situación drásticamente y, con disimulos evangélicos, creyó convencerlo de que por el bien del Reino de Dios y de la Orden de Predicadores había que sacrificar ciertos principios. Esa misma noche Martín fue el encargado de encender el cirio que en los aposentos de Isabel iluminaba la imagen de Santo Domingo de Guzmán.

Santo Domingo de Guzmán

-¿Habéis relevado a fray Pedro? ¿Acaso no se encuentra bien? -quiso saber ella.

-No del todo -mintió, tímidamente, el novicio.

-¡Cuánto lo siento!... A decir verdad, no lo siento, he salido ganando con el cambio -la descarada muchacha había reparado en la azul inocencia de los ojos de Martín. Harta de la insistencia de Serótido en el tema de los portazgos acarició la idea de pasar la noche con distinta compañía.

El joven no opuso ninguna resistencia a su ensayo de seducción y acabaron entrelazados reinventando la magia de la pasión.

Casi de madrugada Isabel todavía acariciaba los rizos dorados de Martín:

-¿No creía que los religiosos disfrutarais de tan portentosas capacidades amatorias?

-Todavía no soy religioso, sólo novicio, y he pedido a fray Pedro unos meses para reconsiderar mi vocación -mintió tal y como le había pedido el taimado dominico.

-Mejor así, no me encontraría cómoda pecando doblemente. Por cierto, ¿no te habrá enviado para que me hables de las maravillas de sus cruces salmantinas? Últimamente todo el que me requiere de amores no lo hace sino para convencerme de algo.

-Estoy al tanto de esos manejos y no soy quien para inmiscuirme. Como modesto consejo diría que habéis de hacer lo que os dicte la conciencia; sin poder ser objetivo añadiría que, como bien podréis suponer, preferiría ver los caminos ornados de cruces que no de gente armada.

Isabel de Osuna se conmovió ante tal sincera confesión (así se lo hizo creer el candoroso gesto del novicio) y, un tanto irritada por la muy poco disimulada e interesada actitud de su hasta entonces favorito, Serótido, decidió consentir con la propuesta de fray Pedro.

Las cruces llegaron a espigar las tierras de Isabel de Osuna en la Sierra de Segura el mismo día que se la nombraba regidora. No pudo disfrutar la regidora de Osuna en demasía de su nuevo título debido a que el capitán, en un arranque de rabia demasiado tiempo postergado, le descubrió a su señora el engaño del novicio, de quien se había enamorado perdidamente, no siendo correspondida.

Fray Pedro, capellán en Jaén, supo con retraso que su antigua señora, humillada y resentida, había ordenado decapitar todas las cruces encargadas por él, todas excepto la erigida junto a los dos mascarones que sostenían el frontón del monasterio de Santa María de la Peña, mascarones flanqueados por figuras masculinas que, a su vez, aguantaban pináculos, y sobre el tímpano, figuras desnudas con cuernos, algunas de las cuales, según leyenda popular, estaban inspiradas en los rostros de algunos moriscos que poblaron la sierra tras la expulsión de sus paisanos.

Ntra. Sra. Santa María de la Peña

La cruz que se sustrajo a la furia de la nueva regidora se erigió en emblema de la Casa y, por ende, de Orcera, si bien no persistió en el tiempo su predicamento.

Fuese por la belleza de la cruz, fuese porque la señora quiso castigarse con un tan grandioso recordatorio de su ingenuidad, lo cierto es que se libró del infortunio del resto.

Hasta aquí lo referido por la tradición y las crónicas de forma coincidente; el resto es, más bien, confuso.

Unos, los menos, sostienen que Martín fue asesinado por orden de la despechada amante y que los cielos no quisieron dejar pasar sin castigo una tal doble afrenta -destrucción sacrílega de cruces y homicidio de un consagrado- y enviaron una mala y silente muerte a Isabel.

Otros, los más, consideran en mayor grado creíble que fray Pedro, por celos y deseos de sepultar su pasado, negase a Martín el reingreso en el noviciado y que éste, loco de desesperación, regresase al lado de la señora. Como tardía expiación convirtió su lecho de pasión en muerte poniendo en el pebetero de la mujer y sobre el cirio dedicado a Santo Domingo unos pétalos de adelfas y digitales. Los vapores venenosos no consintieron que la pareja llegase a consumar su enésimo acto de amor o desamor.

A Isabel de Osuna, última señora de la Casa, se le dio cristiana sepultura en la nave central del Monasterio de Santa María de la Peña, construida su torre del campanario con los restos de un torreón del castillo de Orcera, el veinticinco de abril de mil seiscientos dieciséis, según consta en el tomo primero, folio veinticuatro vuelto, del libro de defunciones de la misma.

A Martín de Ireñu se le negó tierra sagrada; su cadáver fue enterrado, sin ningún tipo de señal, por un piadoso gañán cerca de la cruz que recordaba a todos los habitantes de Orcera la equivocación de doña Isabel. El improvisado sepulturero, al concluir, rezó al san Miguel de la misma -por considerarlo más milagroso que san Cristóbal- un padrenuestro por el alma del difunto.

Los braceros que a finales de siglo removieron la tierra para asegurar los cimientos de una nueva dependencia sagrada, encontraron el cuerpo incorrupto de Martín de Ireñu con brotes ajados de adelfas y digitales entre sus dedos. Por no desairar a los cielos lo trasladaron con sigilo a donde no molestase, por no desairar a la tierra no dieron cuenta del suceso al maestro albañil.

Siglos más tarde, en el 1733, Juan de Lezuza vigilaba la remodelación de una de las capillas exentas –una especie de ermita dedicada a San Cristóbal, pues quien financiaba la obra procedía de Puente de Génave, villa que tenía por santo patrón al mencionado- cuando sus hombres le avisaron del descubrimiento de un cuerpo incorrupto con extrañas plantas en sus manos. Unos rezos al Santísimo Cristo de la Buena Muerte quisieron aliviar su conciencia por esconder nuevamente el cuerpo sin dar aviso a las autoridades religiosas de Orcera.

Miguel Ángel Carcelén

Nadie sabría decir si la momia con la que todavía se asustaba, a principios del siglo XX, a los niños de la Sierra de Segura y que fue desenterrada por milicianos en las inmediaciones de la ermita tocando a su término la Guerra Civil española, corresponde al cuerpo de Martín de Ireñu.

Josefa, la de Arroyo del Ojanco, anciana hoy y niña en aquellas tristes jornadas, recuerda que su padre, uno de los milicianos, le habló de la belleza marchita de las adelfas que agarraba con fuerza la momia.


lunes, 30 de septiembre de 2024

13º Premio Domingo Henares. ADELFAS Y DIGITALES (1ª parte)

Presentamos, algo ya habitual en nuestro blog después del tiempo veraniego, la publicación de la narración ganadora del concurso literario de Relato Histórico Domingo Henares convocado por el Ayuntamiento de Puente de Génave. En esta edición correspondiente a 2024, resultó ganador el relato de D. Miguel Ángel Carcelén Gandia, que nos transporta a la Edad Media donde la relación entre caballeros, servidores de la fe de Dios y los villanos, no siempre fácil, dentro de la Encomienda de Segura bajo el control de la Orden de Santiago en tierras de frontera con la Granada musulmana. Dividimos por su extensión en dos partes este relato que seguro os cautivará. 

ADELFAS Y DIGITALES.


“Pero el poder -como el amor- es de doble filo:

se ejerce y se padece”

Gabriel García Márquez

 

-Dios os guarde, mi señora.

-Quedad en paz, capitán.

Reverencia del renombrado soldado, vuelo gentil de una mano más acostumbrada a empuñar pica y espada que a besar dedos de cera de damas altivas. El silencio que engrandece las pisadas desiguales y siempre serviles del hombre que ahora se retira todavía inclinado. Cuando el criado coloca la aldabilla y se apaga el eco lejano de madera entrechocada, Isabel de Osuna se sonríe un instante para pasar a ensayar un gesto de hastío.

Miguel Ángel Carcelén 

-¿Os fijasteis en sus andares de oca? -comenta a su preceptor.

-Me fijé. El mal del hueso ha conseguido lo que ningún caballero logró, doblegar el brío del capitán.

-Reuma lo llama el galeno. Asegura que cura con emplastos de agua caliente y baños templados. El buen capitán, a juzgar por su hedor, no debe ser amigo de semejantes remedios.

-No os burléis de hombres que os han servido bien...

-¿Quién se burla? No es burla, sino referencia. Vos mismo lo habéis dicho, me ha servido bien, ya no. Decoroso sería que colgase su loriga y envejeciese con dignidad. Debe ser motivo de befa para los enemigos divisar la contrahecha figura del jefe de mis fuerzas.

-De jabalí viejo libre Dios nuestro pellejo. No hay lugar para la mofa tratándose del capitán ni hueco para soldado que no anteponga el respeto a las canas a sus bríos de combate. Preguntad allende Villanueva si existe quien menosprecie la espada de don Fernando.

-Así lo haré, no quiero confiarme en héroes de barro; mucho me dejó mi padre para exponerlo alegremente a la rapiña de bandas de facinerosos o traicioneros muslimes. Mi respeto a las canas no se deja deslumbrar por hazañas añejas. Por cierto, preceptor, ¿qué canas hay que respetar en don Fernando?

Fortaleza de Segura de la Sierra

Doña Isabel medía al anciano; gustaba de tensar su paciencia con observaciones envenenadas. Tanto el capitán como él habían quedado completamente calvos a causa de la epidemia de muermo que asoló muchos lustros antes de nacer ella la sierra de Segura, especialmente en Orcera y en Puente de Génave, extendiéndose con saña hasta la no muy distante Alcaraz. La muchacha se entretenía con tan peligrosos pasatiempos:

-Decidme, preceptor, ¿qué crédito he de dar a las habladurías acerca del capitán?

-¿A qué os referís?

Ella sonreía, dos hoyuelos preciosos que se le dibujaban en las mejillas mitigaban, en parte, la mala sangre de sus palabras:

-¿A qué ha de ser? Las piedras de mis aposentos hablan y me cuentan que la cojera de a quien tanta veneración profesáis es legado de unas malas fiebres contagiadas por meretrices de la villa de Siles.

-¡Basta! -lo que debiera haber sido un grito imperativo no llegó siquiera a protesta resignada- Hacéis muy mal en dejaros aconsejar por las piedras de vuestros aposentos, la gente está empezando a murmurar, no es fácil encubrir que esas piedras tienen forma de mancebos complacientes.

La sonrisa se le heló, un instante, en el rostro. Sólo un instante, enseguida se recompuso y contraatacó:

-La lozanía precisa ciertos débitos. ¿Se os ha olvidado que en según qué épocas hay que apagar los ardores del cuerpo?

-Habláis como una zafia lavandera, ¿eso aprendéis de ese mozo de caballerizas?

-¿Qué mozo? -repuso con fingida inocencia doña Isabel, lo que acabó de vencer la resistencia del anciano.

-Ningún mozo, no existe ningún mozo y el renqueo del capitán se debe a un lance de sus combates en Hornos por defender vuestras tierras y ganados, ¿convenimos en eso?

Castillo de Hornos

No esperó respuesta, por aquel día ya se había dejado humillar demasiado. Con una desganada inclinación de cabeza se dirigió hacia la puerta.

-¿No me acompañáis en el despacho? -aguijoneó una vez más la muchacha.

-Haré venir a fray Pedro, me siento demasiado anciano para escuchar cuitas de labriegos y zagales.

El preceptor se ausentó rumiando para sus adentros que de mucho tardar la señora en sentar la cabeza, todo el territorio de la sierra de Segura no sería sino una sombra caricaturesca de su pasado. El anciano todavía recordaba lo que oyera a sus padres acerca de la creación del territorio y de su engrandecimiento por parte de las míticas y temidas huestes de Abdelmaiman, la época en la que la sierra alcanzó el mayor de sus esplendores y gozó de gran renombre en todo el sur de la península, levantándose la mayoría de las fortificaciones existentes. El preceptor se había criado escuchando relatar las batallas entre cristianos y árabes, en cómo la Orden de Caballería de Santiago fue ocupando, una a una, todas las fortalezas habidas por el territorio hasta reconquistar la sierra de Segura en su totalidad. Para él no era extraño el nombre del Maestre don Pelayo Pérez Correa, quien le concedió a la nueva comarca arrebatada a los infieles el Fuero de Cuenca en 1242, ni el del rey Fernando III, que donó la Sierra a la Orden de Santiago en justa correspondencia con su esfuerzo batallador contra las tropas africanas. ¡Qué sinrazón que tan rico legado custodiado en su tiempo por sus nunca lo suficientemente ponderados antecesores, peligrase ahora en manos de una adolescente caprichosa! ¡Qué ruina que una zona tan prometedora, con unos cimientos relativamente recientes, se viera abocada a la degradación por el desgobierno de una irresponsable! ¿De qué serviría que en 1580 las villas del Común de Segura hubiesen adquirido la prerrogativa de dictar órdenes para la conservación de los montes -para lo cual fueron elaboradas las "Ordenanzas del Común de la villa de Segura y su tierra"- si se desatendía el gobierno de privilegio tan destacado? El preceptor había contemplado con sus propios ojos tales ordenanzas, cuyas copias se custodiaban en la sacristía del Monasterio de Santa María de la Peña, en las afueras de Orcera. Lo que para él suponía materia casi de reverencia, a su señora doña Isabel la dejaba indiferente.

Maestre D. Pelayo Pérez Correa

Fray Pedro, dominico coranvobis venido a Orcera desde el sur de Francia, llegó apresurado espantando migajas de pringoso candeal de su rostro barbirrucio. Hábito maculado de ceras retestinadas, cilicio en el antebrazo -turgente por poco ajustado- y sandalias de trabajados cordobanes desmintiendo su voto de pobreza. Buena mesa, añejo vino y hogares de chimeneas generosamente atizados en las noches de invierno compensaban con creces los madrugones de maitines, las Gregorianas ininterrumpidas en sufragio por el alma de los difuntos de la Casa y la cercanía de la lúbrica y licenciosa joven que la gobernaba desde que faltase el señor.

Si el capitán renqueaba con andares patituertos, el fraile desplazaba sus nada livianas carnes con gracilidad de fémina.

-¡Cómo admiro vuestra célibe existencia! -fue el saludo de Isabel-, ¡renunciar a carnal ayuntamiento para mayor gloria de Dios...!

El dominico no contestó, el tono de la bienvenida y su experiencia confirmaron que, de una u otra forma, la señora estaba al tanto de su inclinación hacia los púberes acólitos y los no tan púberes novicios.

-Cuando gustéis daré orden para que hagan pasar a la chusma.

-¿Chusma? Poca caridad reflejan vuestras palabras, fray Pedro -reprochó afectando gravedad la señora.

-Digo chusma y digo bien, no de otra forma cabe calificar a una caterva de aparceros y menesterosos incapaces de guardar silencio durante la celebración del oficio divino. Desde las siete de la mañana alborotan en las puertas del coro, por toda la Plaza Mayor redoblan sus escandaleras.

-No entienden de latines gregorianos y sí del crujido de sus tripas. El hambre es muy desconsiderada, deberíais saberlo por vuestros ayunos.

-Sí, eh... sí, por los ayunos..., bien, bien, ¿comenzamos el despacho?

Emblema de la Orden de los Dominicos

A una viuda que reclamaba varias gavillas de leña prometidas por uno de los hombres del capitán a cambio de pespuntar su poco decoroso uniforme le siguió una pareja de mesegueros enfrentados por la posesión de corambres extraviadas en boyerizas comunes cercanas a los cortados de Benatae. Los más fueron tullidos e indigentes solicitando el amparo de la Casa, aunque no faltaron las habituales querellas contra los rebaños por parte de pegujaleros hartos de que sus escasos y abruptos labrantíos fuesen tomados por cordeles o galianas. La extravagancia la aportó un mercachifle gafo a quien la mismísima Madre del Redentor, en su advocación de Virgen de la Cabeza, le revelaba provechosos arcanos. La muchacha, aburrida de tanto pleito, quiso entretenerse un rato:

-¿Y qué podrías decirnos para que te creyésemos? Tened presente que fray Pedro entiende tanto de religiones como de embustes.

-Por ventura diré que el dómine que os acompaña no es agradable a los ojos de Nuestro Señor Jesucristo y no os reportará sino calamidades. Por una caridad acorde con la belleza que os adorna y la munificencia que se os supone podría confiaros la fecha del fin del mundo.

Isabel de Osuna calibró con la mirada el gesto sañudo del religioso, nada nuevo le desvelaba el buhonero. Ignorándolo, habló al fraile:

-Aventuro que su gracia no tiene gran predicamento entre la feligresía. Me apena comprobar que el resquemor es mutuo. Por cierto, ¿tenéis interés en saber cuándo acabará el mundo? No, ¡qué pregunta!, supongo que a un hombre de recia fe tales cuestiones le parecerán baladíes. Socorredlo con una limosna y despedidlo.

El dominico se tragó la humillación, y el tintineo de las monedas sobre el suelo hizo inaudible el final de la fecha que profirió el socorrido: “Veinticinco de abril de mil seiscientos...”.

Un pensamiento de alivio nubló la mente de fray Pedro, quien murmuró para sus adentros: “Paciencia, es sólo cuestión de paciencia y de aprovechar el momento adecuado”.

-¿Decíais? -inquirió Isabel.

-No, nada, que acaso fuese conveniente buscar solución para las incursiones de los ganados en tierras de labor. Según vuestro preceptor y por lo comprobado hoy mismo menudean las quejas al respecto.

-Si los hombres del capitán se dedicasen a señalizar y vigilar las cañadas en lugar de estafar a viudas no habría necesidad de escuchar reclamaciones -por primera vez en toda la jornada el enojo en ella no era simulado.

-Los soldados se sienten humillados y rebajados en esa función.

-¿Qué soldados? Si no hay guerra, no hay soldados, y si no les satisface la misión de evitar enfrentamientos entre mis gentes sólo tienen que renunciar. Mis buenas soldadas me cuesta sostener tanta holgazanería. Debería ajustarme con jornaleros para que vigilasen a mis vigilantes, ¡qué sinrazón!

-Tal vez haya otro modo de solucionarlo. Se me antoja que empeñarse en mantener a los... -ahí dudó un segundo en emplear la palabra soldados- vigilantes señalizando cañadas no sea inteligente...

La joven estuvo tentada de ironizar sobre la contradictio in terminis en que incurría el fraile al profanar con sus labios la palabra inteligencia, pero se abstuvo por conveniencia.

-...Dejadme madurar el asunto con el preceptor y en breve os presentaré una formal propuesta.

Imagen del Monasterio de Santa María de la Peña

Los ecos de la casa no conocían de secretos y, si bien las murmuraciones domésticas tardaban un tiempo en tomar forma, las cuestiones de cierta importancia se transmitían aún antes de formularse. Por eso, cuando el preceptor y fray Pedro expusieron a Isabel su sugerencia, la joven señora los sorprendió con la noticia de que el capitán se les había adelantado con otra no menos interesante. Antes les dejó que se explicaran:

-De vuestros labios oímos que en tiempos de paz huelgan demasiados hombres armados y ociosos. Entretenerlos orientando pastores no satisface a nadie, los hechos hablan. El capitán puede seleccionar a los mejores y prescindir del resto, los dineros que se ahorren bien pueden emplearse en la contrata de brazos fuertes para la siega, la poda y la vendimia, son muy extensos los campos olivareros que vuestro padre os dejó, no lo olvidéis, y Orcera no es falta de recursos si se le antoja prosperar; antes que faltar le sobra secano y tierra bien regada por ríos y embalses. El preceptor ha calculado que entre las dos cañadas y los varios cordeles y galianas que cruzan vuestras tierras se suman los dieciséis días de camino, a razón de cuatro indicadores por día las cuentas arrojan sesenta y cuatro. Desde los límites de la antigua Castam, la frontera de Meintixa y...”

-Por favor -interrumpió la muchacha-, dejad los latines para las laudes y hablad en román paladino, que mi aritmética alcance a saber multiplicar cuatro por dieciséis no os haga presuponer que mi lenguaje reconozca más allá del castellano. Y sed más explícitos, fray Pedro.

-Está bien. La idea es colocar sesenta y cuatro cruces labradas en piedra que señalicen los caminos desde Villarrodrigo a Santiago-Pontones y desde Siles a Beas de Segura, escindiendo un más decoroso ramal hasta Puente de Génave para el camino de Huertas. Servirían para el fin que nos ocupa y preocupa a la par qué para catequizar, con sencillas figuras y representaciones bíblicas, a los caminantes.

-Y darían sensación de unidad a vuestros dominios -puntualizó el preceptor-; las cruces, a modo de seña distintiva, servirían para encontrar lo que separan.

                                            --------- continuará......................

viernes, 20 de septiembre de 2024

UN PROYECTO DE TODOS. SEMANARIO "NUEVO PUENTE"

               SEMANARIO "NUEVO PUENTE".                                UN NUEVO FUTURO

Hace más de treinta y dos años, desde julio de 1991, que se puso en marcha en nuestro pueblo un entusiasta proyecto, por iniciativa de algunos vecinos del municipio que mostraron una intensa inquietud por la difusión de acontecimientos y por el espacio cultural de Puente de Génave. El proyecto consistía en publicar un humilde cuadernillo donde apareciera de forma periódica las particularidades, actividades e iniciativas que tuvieran su origen o estuvieran relacionados con nuestro pueblo.

Número del semanario "El Puente"

El objetivo, como bien saben nuestros lectores, era ir mostrando la historia y también la actualidad de nuestro pueblo, de nuestra comarca y de la provincia, con imágenes, artículos, documentos y anécdotas para conocimiento y entretenimiento de todos los puenteños y puenteñas y de los que, aunque no lo sean, se sienten parte de este rincón de la Sierra de Segura.

Dicho esto, queremos haceros participes del nuevo proyecto que hemos puesto en marcha y que tiene mucho que ver con el fruto de aquel proyecto, es decir, con el semanario local “Nuevo Puente”, que en sus inicios adquirió el nombre de “El Puente”, pero que, de una forma u otra, ha venido siendo un fiel reflejo de todas las noticias, actividad municipal, actos y demás eventos que se han producido en nuestro pueblo durante estos 32 años, hasta que la nueva corporación surgida en mayo de 2023 decidiera anular este proyecto.

Número del décimo aniversario

La primera edición de esta publicación local vio la luz el 5 de Julio de 1991 y todos los viernes llegaba a nuestras casas e incluso se enviaba por correo a vecinos y vecinas que residen en otros puntos del territorio español. Eran tiempos donde no existía la inmediatez de comunicaciones que disfrutamos en la actualidad.

Desde Historia de Puente de Génave queremos que todas las noticias, relatos, opiniones, fotografías, entrevistas, historias personales y demás cuestiones que aparecían en sus páginas no se pierdan y para ello estamos recuperando y digitalizando los ejemplares para ponerlos al alcance de todos y todas, porque, queramos o no, es parte de nuestra historia reciente y no podemos permitir que desaparezca.

Hasta el momento y tras un intenso trabajo de recopilación hemos conseguido digitalizar un total de 1011 números, pero aún nos quedan muchos para poder tener todos los ejemplares que durante este largo tiempo se publicaron.

Número de ·Nuevo Puente"

Aquí es donde necesitamos vuestra ayuda y os pedimos la colaboración. No queremos que solo hayáis sido nuestros lectores y pretendemos que os convirtáis ahora en pieza fundamental para recuperar su memoria. Por eso, si tienes guardados por casa o conoces de alguien que tenga alguno de los semanarios que no hemos conseguido encontrar, nos gustaría que nos los hicieras llegar. Para ello solamente tenéis que llevarlos al centro Guadalinfo (ya sabéis todos donde se encuentra en nuestro pueblo) y allí se digitalizaran y os serán devueltos con total garantía de conservación y de que no se extraviarán.

Para poder visualizar todos los que hemos recuperado tienes que acceder al siguiente enlace:

https://fliphtml5.com/bookcase/hrgls/

De esta forma podréis comprobar si ese ejemplar que tenéis en vuestras manos es uno de esos que, por desgracia, no hemos podido nosotros recuperar, pasando así a engrosar esa colección que permanecerá viva para siempre en internet.

Visión de los números del semanario ya digitalizados

Esperamos que os guste este nuevo proyecto y deseamos contar con vuestra colaboración para intentar recuperar la máxima cantidad posible de números. Con iniciativas como esta podéis estar seguros que contribuís a seguir haciendo pueblo y que las dinámicas sociales de los ciudadanos de Puente de Génave estén cada día más presentes en nuestras vidas.

Enormemente agradecidos porque sabemos positivamente que vais a mostrar un enorme interés en el desarrollo de este nuevo reto, el de conseguir recuperar todos los números de nuestro semanario. Entre todos lo conseguiremos.

lunes, 24 de junio de 2024

LA GUERRA CIVIL EN LA SIERRA DE SEGURA Y PROVINCIA DE JAÉN

 GUERRA CIVIL. REPRESALIAS Y REPRESALIADOS

Por Guillermo Fiscer Lamelas

El 18 de julio de 1936, numerosas ciudades y provincias españolas se sublevaron a favor y en contra del golpe de estado militar. Entre los lugares donde el golpe fracasa y donde se asienta firmemente la autoridad republicana fue la provincia de Jaén. Dentro de este complejo panorama político y militar desatado en julio de 1936, algunas regiones desempeñaron un desconocido y decisivo papel, como fue el caso de la provincia de Jaén que, contra la opinión y el conocimiento de la mayoría de la sociedad española, a punto estuvo de caer en el lado nacional. En esos tensos días de julio de 1936, diversos puntos de la provincia de Jaén experimentaron sublevaciones a favor de los golpistas y enfrentamientos armados que fueron duramente reprimidos, especialmente en la comarca de la Sierra de Segura y que, de haber triunfado, podría haber cambiado el color y el rumbo de la Guerra Civil.

El golpe de estado de julio de 1936 en la prensa-

Con la proclamación de la II República en abril de 1931, las organizaciones obreras (PSOE, PCE, UGT, CNT…), junto con los partidos republicanos, se reforzaron de forma considerable en muchos de estos municipios serranos jienenses, lo que derivó en esta comarca serrana, como gran parte de Jaén, que fuera poco a poco convirtiéndose la comarca serranosegureña en un polvorín de tensión acumulada entre las fuerzas oligarcas y los campesinos que cada vez aumentaban su afiliación a organizaciones sindicales, como muy bien relatan las crónicas de la Causa General franquista, un extenso proceso de investigación impulsado por el decreto del 26 de abril de 1940, con el objetivo de investigar y castigar a los activistas y participantes durante la República y la Guerra Civil en el bando republicano durante el conflicto bélico en cada localidad, ciudad y municipio de todo el país.

Sede de UGT-PSOE

Hay que considerar que, a pesar de la importancia y preeminencia histórica del municipio de Segura de la Sierra como cabeza de la encomienda y provincia marítima, a partir del siglo XX la situación cambia considerablemente. Ya en 1837, antiguos arrabales de la villa como Orcera se independizan de su influencia y, con mucha mayor población e importancia económica pasan a cobrar importancia, hasta el punto de que, tal y como figura en los expedientes de la Causa General, para los años 30 exista un partido judicial en la Sierra de Segura liderado por Orcera, y que será conformado por los municipios de Benatae, Génave, Hornos, Orcera, Puente de Génave, La Puerta de Segura, Santiago de la Espada, Segura de la Sierra, Siles, Torres de Albánchez y Villarrodrigo. Es por ello que, de todos los municipios serranos, el de Orcera es el que presenta un mayor nivel de conflictividad social y política a partir del verano de 1936.

La Causa General. Descripción de la represión franquista

Con el estallido de la Guerra Civil y durante los años posteriores de guerra, la localidad, cabeza del partido judicial de la comarca señalada, es controlada por un Comité del Frente Popular bajo la presidencia y alcaldía de Emilio Pérez Endrino, albañil de profesión y alcalde republicano de Orcera, que fue fusilado como represaliado político en Jaén en 1941 o 1945, según fuentes, militante del PSOE y de la UGT, y elegido alcalde durante todo el periodo republicano hasta el 29 de marzo de 1939.

Ayuntamiento de Orcera durante la II República

El estallido del golpe de estado militar el 18 de julio de 1936 fue contestado en toda España con contundencia, aunque con diferente resultado. En Jaén, como cuenta el investigador Luis Miguel Sánchez Tostado, reinaba la tensión entre el gobernador civil Luís Ríos Zuñón, leal al gobierno republicano, y los efectivos militares, sobre todo la Guardia Civil, dudosos del papel que debían tomar. Esta indecisión de los militares ante el camino a tomar favoreció que los milicianos republicanos, con el apoyo del gobernador civil jienense Ríos Zuñón, tomaran la localidad y la rebelión militar fracasara en la capital y en la práctica totalidad de la provincia sin apenas resistencia de las derechas. Así ocurrió en la comarca de la Sierra de Segura donde Orcera se convirtió en centro de operaciones y decisiones durante el conflicto con Emilio Pérez Endrino al frente.

Firma del alcalde D. Emilio Pérez Endrino

Desde el primer momento de la guerra, la provincia de Jaén fue tomada por las milicias obreras en todos los pueblos de la provincia, que cogieron el control de los Ayuntamientos, de las fuerzas de seguridad y de los centros económicos locales, que fueron colectivizados o municipalizados, tal y como se evidencia en los expedientes de varios municipios de esta comarca que menciona un listado de hasta 9 activistas a la cabeza de los milicianos de Beas de Segura, que literalmente “durante los primeros días se hicieron dueños de esta Sierra”. En estos primeros momentos del estallido de la guerra se produjeron disturbios serios en varios de estos municipios. Destaca el caso de la capital de partido, Orcera, que fue una de las pocas localidades en todo Jaén (Orcera, Benatae, Siles y Villarrodrigo), que experimentaron una resistencia activa civil de miembros derechistas en el municipio en apoyo al golpe de estado en julio de 1936, si bien algunos otros municipios occidentales vieron conatos armados. Según se desprende de la Causa General en Jaén, y en palabras del Comandante del Puesto de Orcera, el 18 de julio de 1936, al menos 8 vecinos de Orcera al mando de Julián Olivas, Jefe de Falange, salieron armados a las calles del municipio serrano “para contrarrestar a los marxistas”, e intercambiaron disparos, siendo rápidamente derrotados por las fuerzas republicanas, muy superiores y mayoritarias en la localidad dirigidos, entre otros, por el alcalde local Emilio Pérez Endrino, que los obligaron a replegarse y marcharse fuera de la localidad para salvar la vida. De Benatae, en la misma Causa General nos da cuenta de que en este municipio, cercano al primero, se produce un conato de alzamiento nacional liderado por los hermanos Arturo y Escolástico Marín Martínez, abogado y miembro del partido de Acción Popular, grupo político que era el centro de la coalición de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) liderada por Gil Robles, y que fueron reducidos y fusilados poco después. Pero, al igual que en Orcera, y en general en todos los casos de Jaén, se ven forzados a rendirse por verse superados en número por los republicanos mejor organizados y no contar con el apoyo de la Guardia Civil, que se atrincheraron en Jaén, abandonado a sus partidarios en los municipios de las provincias. Por ese motivo, sin ser mayoritarios, los republicanos se hacen rápidamente con el control de todo Jaén y explica el elevadísimo número de presos derechistas en toda la provincia a lo largo de 1936 que fueron represaliados, al ser estos últimos mayoritarios en la zona.

Partido de Acción Popular

De Villarrodrigo sí tenemos abundantes datos. Según dice la Causa General de Jaén, la situación después del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 era “caótica” a nivel socio-político-económico, con el poder político e institucional en manos de las izquierdas, y según se afirma con un control servil de la provincia a los mandatos del Frente Popular, lo que a su juicio explica por qué cuando estalla el alzamiento nacional en julio 1936 solo se produce un acto de adhesión masivo al golpe de estado en la población más lejana de la comarca, y por ello ajeno a este control de las izquierdas, en Villarrodrigo. El informe destaca que en Villarrodrigo, “un grupo de españoles toma las armas en muestra de adhesión inútil pero heroica al movimiento, y los cuatro jefes del alzamiento fueron fusilados por orden de los tribunales de justicia”.

Milicianos armados 

Por último, para tratar de justificar la escasa adhesión popular al golpe de estado, además del control institucional del poder político y represivo por las izquierdas, afirmar que los obreros mayoritariamente se encontraban adoctrinados y alienados con los ideales izquierdistas, motivado además por la mala situación económica del gobierno, que había provocado la debilidad económica de los propietarios de tierras que habían presionado a los obreros en sus condiciones de trabajo, lo cual derivó en enfrentamientos y el refuerzo de los sindicatos. En parte eso explica la adhesión a la República en la provincia de Jaén en 1936, aunque habrá un importante grupo de ciudadanos que, tras el golpe de estado, apoyaron la sublevación, principalmente una parte importante de la Guardia Civil y de miembros de agrupaciones de derechas y ultra católicas, que en algunos casos no se levantó por indecisiones finales, pero que se evidencia en el altísimo número de presos de derechas en Jaén en verano de 1936, que se elevaba a casi 1000 de toda la provincia, según afirma Luis Miguel Sánchez Tostado. Esta indecisión y falta de apoyo de las autoridades militares a los civiles alzados en Jaén podría explicar, por qué motivo una provincia como Jaén para nada tan adicta como ha quedado en la posteridad al bando republicano y donde a punto estuvo de triunfar el golpismo en julio de 1936, fue silenciada por los expedientes y la historiografía franquista posterior.

Guardia Civil junto a milicianos combatiendo a sublevados

Según el informe de la Causa General para Villarrodrigo, se afirma igualmente que el día 21 de julio de 1936 se produjo “el alzamiento local contra el gobierno rojo, en el que tomaron parte directa en lucha contra las milicias marxistas locales y las mandadas desde otros pueblos, hasta llegar al número aproximado de unos 400”, dirigidos por los derechistas afiliados a Acción Popular y a la CEDA encabezados por Pedro Polidura, Ángel Camacho, y los hermanos Modesto e Ignacio de la Parra, al frente de una columna de en torno a 20 simpatizantes derechistas, como vemos, ampliamente superados en número, al igual que en la capital, Orcera, motivo que se ofrece para explicar la derrota de los sublevados en el municipio que, en realidad, “estaba dominado por el ambiente existente contra el gobierno de la República”. Según aportan los republicanos en su defensa en el informe de la Causa General en la Provincia de Jaén, se entabló en la localidad un auténtico combate armado en ese momento, afirmando que “al disponerse el desarme de los elementos derechistas de toda la provincia, algunos de este pueblo se resistieron a la orden, haciéndose fuertes en el domicilio de Don Pedro Polidura Ortega, desde donde se hicieron disparos para rechazar el ataque de las milicias forasteras, que pretendían incendiar el edificio. Solo la serenidad y el arrojo del alcalde libraron al pueblo de una verdadera carnicería. El destacado derechista Maximiano Mesas de Gracia, fue enviado por el alcalde, D. Valentín Fernández Navío, como intermediario, durante siete veces, con mensajes escritos y firmados, gestionando la solución del conflicto; a base siempre de garantizarles la vida y dispensarles una protección decidida. Llegó la Guardia Civil, que había sido avisada, y se produjo la rendición”, mientras que, en la versión franquista, además de afirmar que los milicianos procedían de toda la provincia (Linares, La Carolina, Villanueva del Arzobispo, Beas, Puente de Génave, La Puerta y Orcera) y los eleva a 800-1000, afirma que “se hizo resistencia durante todo el día veintiuno y veintidós en que, por haber sido engañados, concertamos condiciones de capitulación que no fueron cumplidas pues algunos fueron ejecutados”. Los que no murieron en el duro y desconocido combate en este pueblecito jienense fueron, según la Causa General local, detenidos y encerrados en la Casa del Pueblo local, donde fueron insultados, vejados y golpeados y posteriormente, por iniciativa de la Guardia Civil, trasladados a Jaén a disposición judicial e ingresados hasta el final de la guerra civil en el Campo de Trabajo de Totana en Murcia, de donde posteriormente fueron liberados.

Detenciones de militares sublevados tras el golpe de estado.

Sin duda, el motivo de que únicamente se dieran movimientos de consideración armados de civiles a favor de los nacionales en estos dos municipios se debe, en el caso de Villarrodrigo, a ser uno de los núcleos más alejados de la provincia y por ello ajenos al control del gobierno y favorables a la acción de los terratenientes y caciques, y en el de Orcera, ser cabeza y centro de un núcleo importante de poder en la zona, con confluencia de gentes de derecha. En el resto de Jaén, hubo algún otro conato de rebelión armada en grandes núcleos occidentales como La Carolina, Arjonilla, Andújar o Martos, pero protagonizados únicamente por la fuerza armada y sin apoyo popular. Es curioso como donde hubo alzamiento armado militar no hubo apoyo popular, y donde se levanta en armas los ciudadanos, en la zona de Jaén oriental, las fuerzas armadas no acudieron a socorrerles y, así, entre unos y otros fracasaron en tomar Jaén en los primeros días de julio de 1936.

Milicianos combatiendo a los sublevados

Parece ser, por último, y tal y como afirma el historiador Carlos Javier Garrido García, que hubo algún conato de levantamiento armado también en el pueblo serrano de Siles donde “el 18 de julio de 1936, un contingente de civiles de Falange y la CEDA, liderados por José Ramón Garrido González, Francisco Sánchez Sempere y Mariano Zamora, que después fueron fusilados, se concentran en el Cuartel de la Guardia Civil ofreciéndose a apoyar el golpe”, acción que fracasa y no llega a producirse por retirarse los guardias civiles de la localidad, como ocurre en Villarrodrigo, Benatae y Orcera, donde no se llegó a apoyar el alzamiento civil. Una vez controlados estos intentos de sublevación en la provincia, se asienta definitivamente el frente de guerra en la mayor parte del Jaén republicano, que inicia una dura represión de retaguardia contra las decenas de presos derechistas detenidos.

Cartel de propaganda falangista.

Desde ese momento, se produce en toda la comarca serrana un asentamiento del poder republicano del Frente Popular, fundamentalmente de las organizaciones obreras, pero también de los partidos republicanos, consistente básicamente en la represión de elementos derechistas e incautaciones y colectivizaciones de propiedades y tierras de adinerados. En Orcera, capital del partido, bajo el mando del ya alcalde Emilio Pérez Endrino, fueron víctimas de la represión republicana siete personas, además de ello, cabe mencionar la colectivización de establecimientos de maderas, fábricas y molinos, la municipalización y colectivización de la Iglesia Parroquial, ya desacralizada y convertida en hogar de refugiados políticos y en almacén de harinas, así como la instauración de una Colectividad Obrera. En Beas de Segura, fueron fusiladas dos personas, existiendo una “checa” o centro de detención denominado “La Villa” para presos de derechas, así como también hubo destrucción de imágenes y objetos religiosos. En Benatae, figura fusilada una persona, también detención y saqueo a personas de derechas, y destrucción de imágenes y objetos religiosos. De Génave figuran represaliadas dos personas, así como la destrucción de imágenes y objetos religiosos. En Hornos no figuran represalias relevantes al margen de la destrucción de imágenes y objetos religiosos. En Pontones figuran represaliadas cinco personas, así como la destrucción de imágenes y objetos religiosos. En La Puerta de Segura, aparece represaliada una persona y cabe mencionar la incautación de fincas y fábricas de aceite y colectivizaciones obreras. En Santiago de la Espada aparecen represaliadas seis personas, así como la destrucción de imágenes y objetos religiosos. En Puente de Génave hubo diversas detenciones y destrucción de objetos e imágenes religiosas. En Segura de la Sierra no aparecen reseñados sucesos. En Siles encontramos el mayor nivel de represión política de toda la región, con trece represaliados, detención y saqueo a personas de derechas, incautación de fincas y fábricas de aceite, colectivizaciones obreras, y destrucción de imágenes y objetos religiosos. En Torres de Albánchez aparecen represaliadas tres personas, detención y saqueo a personas de derechas, incautación de fincas, colectivizaciones obreras, y destrucción de imágenes y objetos religiosos, y en el municipio protagonista de esta zona, Villarrodrigo, aparecen represaliadas cuatro personas, detención y saqueo a personas de derechas (especialmente los vinculados al intento de sublevación militar), incautación de fincas, colectivizaciones obreras, y destrucción de imágenes y objetos religiosos.

Iglesia de Siles. Años 30

En total, fueron 44 las víctimas de la represión republicana en la comarca jienense, muy pocas teniendo en cuenta la población de la comarca en la época era aproximadamente de unas 35.000 personas y el nivel de beligerancia del alzamiento nacional armado de las derechas en toda la región, similar al existente en muchas otras zonas occidentales de la provincia, que solo puede explicarse y entenderse en lo ya mencionado; el escaso apoyo y arraigo en la zona de las organizaciones de izquierdas y el respeto mayoritario en la comarca de las personas y grupos de derechas, que llevaron a que en varios pueblos ni siquiera fuera represaliada una sola persona y las propias autoridades republicanas salieran en apoyo de los que, viniendo de otros pueblos, lo intentaron. Como hemos mencionado y como ha sido ocultado en numerosas ocasiones, Jaén era un caldo de cultivo ideal para el triunfo del golpe de estado y solamente la indecisión de la fuerza armada de la provincia a la hora de tomar por las armas el poder político, como sí se hizo en provincias como Sevilla o Granada, decantó el fracaso de la sublevación en la zona, y no por la supremacía de los republicanos que era escasa y que solo se consiguió una vez aplastada la revuelta y obtenido el apoyo de las grandes ciudades y una vez que grandes contingentes de militantes sindicalistas fueran armados formando la milicia republicana en todas las ciudades de la provincia.

Segura de la Sierra

Es decisivo e importante tener esto en cuenta ya que, de haber triunfado el golpe en Jaén, como casi ocurre y se evidencia en la elevada conflictividad en julio de 1936 en la provincia, hubiera sido clave para unir esta provincia con otras zonas ya sublevadas en la región, como Cádiz, Sevilla, parte de Granada o gran parte de Córdoba, que habría aislado a Málaga y Almería, y quizá habría presionado para tomar zonas de Levante y Castilla, y amenazando directamente a Albacete, gran centro de acuartelamiento republicano. En zonas donde los republicanos sí tuvieron mayor autoridad, especialmente en Jaén ciudad y la zona occidental, el número de represaliados y presos de derechas fue mucho mayor. En el Santuario de la Virgen de la Cabeza (Andújar), según relata Manuel Garrido Palacios, entre 1936-1937, un grupo de guardias civiles y familiares suyos retirados de diversos puntos de la provincia donde habían triunfado los milicianos, se sublevan y encierran en el santuario al mando del Capitán Cortés, dando lugar al asedio y rendición del lugar por las fuerzas republicanas, dejando un saldo de 150-170 muertos. Tras ello, fue la propia capital, Jaén, quien tuvo el protagonismo en el terreno de la represión política en la zona, a través de dos símbolos de la represión republicana en la ciudad; la Prisión Provincial (según afirma Ana Sola, inaugurada en 1932, abandonada en los años 90 y actualmente Museo Íbero de Jaén), y la Catedral de Jaén.

Ruinas tras el asedio en el Santuario Virgen de la Cabeza.

Aquí, una vez más, las cifras bailan. el expediente de la Causa General registra en unos folios unos 750-800 reclusos entre 1936-1939 en la Prisión Provincial de Jaén. La Catedral de Jaén fue habilitada el 3 de agosto de 1936 como prisión, y registra unos 800 reclusos en el expediente anterior, similar cifra a la que ofrece el propio investigador Sánchez Tostado que las eleva a entre 700-800 presos a lo largo de la guerra civil. En ambas instituciones se produjeron entre 1936-1939 al menos dos grandes sacas o traslados de presos políticos fuera de las cárceles que se saldaron con sonoras masacres. La primera y más conocida fue la de los trenes de la muerte, un trágico suceso que tuvo a Madrid como escenario protagonista. Según consta en los expedientes de la Causa General, figura un testimonio del jienense Ignacio Valenzuela, testigo visual de los sucesos los días 10, 11 y 12 de agosto de 1936, que afirma que hubo dos trenes de la muerte; un primer tren que sale de la Cárcel de Jaén completamente lleno con 40-50 guardias civiles de escolta, es detenido en la estación de Atocha, donde son fusilados 10 presos del mismo.

Catedral de Jaén. Años 30

Al día siguiente, afirma el testigo, salieron de la Catedral de Jaén el día 11 de agosto de 1936 a media noche, llenando un tren entero de 10 vagones con más de 500 presos, y una escolta de unos 70 guardias civiles. Llegaron a la estación de Villaverde a las 4 de la tarde del 12 de agosto de 1936, donde, según el testigo, les esperaban unos 500 milicianos armados. Un guardia de asalto interviene liberando la escolta del tren, y el testigo consigue zafarse de la situación haciéndose pasar por extranjero, afirmando que una hora más tarde ve nuevamente el tren únicamente con 50 presos, habiendo sido fusilado el resto. Otro testigo directo de los hechos, el republicano miliciano Emilio Díaz Hernández, afirma que estando en Vallecas fue llevado por el Comité Revolucionario de Vallecas a un tren ubicado junto al Cerro de Santa Catalina, a 2 kilómetros de Vallecas, y escoltado por unos 200 milicianos. Afirma el testigo que al poco tiempo llega un automóvil con 3 ametralladoras que se ubican a 50 metros del tren, y van sacando a los presos de los vagones, y ubicados en la explanada del cerro, donde son fusilados, primero un grupo de 10 presos, y posteriormente a grupos más grandes de 35-40 presos, calculando un número de 250 fusilados en el lugar, si bien otro testigo, el ubetense Andrés Portillo Ruiz los eleva a unos 400, y el investigador Santiago Mata calcula fueron unos 194. Posteriormente, los 40-50 presos supervivientes corrieron otra suerte. según el testigo Emilio Díaz, “fueron traídos presos a Madrid”. Andrés Portillo afirma que después de la matanza, los supervivientes fueron llevados a Entrevías y después al Ateneo de Puente Vallecas, al Círculo Socialista de Puente Vallecas, a la Dirección General de Seguridad y posteriormente a la Cárcel Modelo de Madrid, en Moncloa. Así pues, entre los 10 fusilados del primer tren el día 10 y los entre 190-250 fusilados del segundo tren el día 12 de agosto, en total debieron ser fusilados en apenas dos días en Madrid unos 200-260, según las fuentes diversas, presos políticos de derechas sacados de la cárcel y de la catedral de Jaén. Entre ellos figuraban unos 18 presos de Beas de Segura que, sumados a los dos fusilados en la localidad elevan el número a unos 20 en total, unos 52 de Cazorla, unos 34 de Peal de Becerro, 8 presos de Vilches y unos 28 de Villacarrillo, entre ellos Manuel Basulto Jiménez, natural de Cazorla, y en ese momento Obispo de Jaén y su hermana.

Fachada prisión provincial. Jaén

La segunda masacre de presos de derechas de la provincia de Jaén tuvo lugar poco después, entre el 2-7 de abril de 1937. Esta masacre ocurrió como consecuencia de un ataque sobre la capital jienense ocurrida un día antes, el 1 de abril de 1937, cuando, a similitud de lo ocurrido pocos días después en la villa vasca de Guernica, un grupo de aviones de la Legión Cóndor alemana realiza un bombardeo de castigo sobre la capital republicana de Jaén, dejando un saldo de más de 150 jienenses muertos fruto del ataque indiscriminado ordenado por el General Queipo de Llano. La reacción de odio popular y venganza de los republicanos de Jaén no se hizo esperar y en seguida se dirigieron a las cárceles y centros de detención de la ciudad para vengarse de los presos políticos de derechas encerrados en la capital. Según el ya mencionado Manuel Garrido Palacios, entre los días 2-7 de abril de 1936, grupos incontrolados de milicianos republicanos asaltaron la Cárcel Provincial de Jaén y realizaron sucesivas sacas de presos, que fueron fusilados en las tapias del cementerio del pueblo de Mancha Real, un pueblecito ubicado apenas a 20 kilómetros de Jaén ciudad, dejando un saldo de aproximadamente 130 fusilados en esos 5 días, en represalia al bombardeo alemán de la capital.

Bombardeo de Jaén

Así, entre los 170 muertos del Santuario de la Cabeza, los 260 de los trenes de Jaén y los 130 de las sacas de 1937, en menos de un año debieron de ser fusilados en diferentes puntos de Jaén y Madrid alrededor de más de 500 presos políticos de derechas, elevándose, según afirma Luis Garrido González a más de 1.830 personas el total de fusilados en el Jaén republicano, contando con los fusilados en cada uno de los pueblos de la provincia de Jaén alrededor de los tres años de guerra, un número bastante elevado si tenemos en cuenta a una provincia tan pequeña demográficamente hablando, y donde los republicanos de izquierdas no tenían hasta ese momento un predominio excesivamente marcado a nivel político y social, lo que evidencia hasta qué punto hubo de ser necesario para éstos controlar la provincia a sangre y fuego que, de otro modo habría caído, si hubiera tenido el apoyo de la Guardia Civil que tuvo en otros lugares como Cádiz, Sevilla o Granada, en manos de los nacionales de una forma bastante rápida en los primeros días del golpe militar.

En manos nacionales quedó a lo largo de la guerra una estrecha y pequeña área entre las provincias de Córdoba y Jaén con capital en Lopera, que fue frente de guerra hasta el final del conflicto. Con el final de la Guerra Civil en abril de 1939, y debido a la tenaz resistencia republicana en la mayor parte de la provincia de Jaén y la dura represión republicana a los presos de derechas, numerosos represaliados políticos frentepopulistas cayeron presos en las mismas cárceles jienenses que antes habían ocupado los nacionales, y los cementerios, nuevamente, pasaron a llenarse de represaliados políticos.

Con el final de la guerra, según Luis Miguel Sánchez Tostado, especialmente el Cementerio de San Eufrasio de Jaén se convirtió en una inmensa fosa común en la que fueron fusilados alrededor de casi 2.000 víctimas republicanas, muchos de ellos, dirigentes republicanos y milicianos principales que dirigieron el mando de los diversos municipios de la Sierra de Segura, como lo fue el alcalde de Orcera, la cabeza de la comarca. En general, en toda la provincia de Jaén, hubo una cifra de represaliados y asesinados por Franco muy similar a la causada por el Frente Popular que, por regla general, fueron y enterrados en dicho cementerio, hoy considerado como un monumento conmemorativo de la memoria histórica, de la misma manera que en su día fuera instalada en la Catedral de Jaén una placa en homenaje a las victimas derechistas del Jaén republicano.

Guillermo Fiscer Lamelas

Ambos elementos de homenaje constituyen a día de hoy el último recuerdo y la última evidencia del duro y terrible periodo de la guerra civil y la posguerra en la provincia de Jaén, una zona de escaso protagonismo y muy poco mencionada en la historia de la Guerra Civil.