lunes, 16 de marzo de 2026

EL TRANCO. UN REFERENTE EN LA SIERRA DE SEGURA

PUNTUALIZACIONES Y CONTROVERSIAS DE UNA GRAN CONSTRUCCIÓN.

Por Jose Ant. Molina Real ( jt )

Todos los que, de una forma u otra, estamos relacionados con la Sierra de Segura, parte fundamental del Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas, coincidimos en que si hay un elemento determinante ese es el Embalse del Tranco.

Está claro que nos hemos acostumbrado a contemplar la bella estampa de este embalse y sus alrededores desde todas sus perspectivas, incluso lo hemos llegado a catalogar como nuestro “mar interior”. Pero esta enorme masa de agua embalsada que adquiere esa notable relevancia no siempre estuvo ahí. La historia de esta presa es larga, conflictiva y tortuosa, con mucha gente en su contra por lo que supuso de agresión al medio natural y a la vida truncada de muchos serrano-segureños que tuvieron que abandonar su lugar de residencia y sus tierras de cultivo.

La motivación de su construcción se centraba en el argumento del control de riego en un primer momento, aunque posteriormente se consideró el aprovechamiento para la producción de energía eléctrica, obras que se realizaron a posteriori procediéndose al vaciado del embalse en 1947 para acometer las obras. Estos aprovechamientos están vigentes hoy en día, al que se le ha sumado con una enorme fuerza el fenómeno turístico con la divulgación de la gran riqueza paisajística y natural que atesora el entorno, que en la actualidad ha sido divulgado y publicitado masivamente a través de medios de comunicación y de las redes sociales.

Trabajos iniciales de construcción

       El diseño de este embalse tiene sus raíces en los últimos años del S. XIX, pues el paso del río Guadalquivir por el llamado Tranco de Mojoque, lugar especialmente estrecho propiciaba la retención de sus aguas a través de la construcción de una presa. Pero no sería hasta 1902 cuando se idearon los primeros planes de obras que dieron origen, en 1927 a la aprobación del proyecto de construcción, siendo la intención favorecer el riego de unas 12.000 hectáreas aproximadamente que, río abajo, estaban muy necesitadas de agua para regadío. Eran tiempos convulsos pues la dictadura del General Primo de Rivera comenzaba a dar signos de debilidad y la incipiente crisis económica que estalló en 1929 demoraron por falta de iniciativa política y de financiación el inicio de las obras que comenzaron hasta 1930 siguiendo el proyecto realizado por D. Antonio del Águila y Rada y la dirección del ingeniero D. Antonio Anguís Díaz, que ya había redactado un primer proyecto de construcción en 1912.

Con el Tranco de Mojoque al fondo imagen
de los ingenieros que diseñaron el proyecto inicial.

Hay que mencionar que el lugar que iba a quedar inundado con la presa cubriría más de 1500 ha., lugar que estaba repleto de cortijos y pequeñas aldeas donde las gentes habían hecho del río y su rica vega lugar donde poder vivir de la ganadería y de las huertas regadas por sus aguas. Destacaba la de Bujaraiza, un lugar de referencia, incluso a nivel histórico, donde su castillo marcaba y controlaba el paso por ese valle que, el curso alto del río Guadalquivir, formaba en el tránsito entre las tierras de Cazorla y las de Segura. Y está claro que con la aprobación de este proyecto del embalse se procedió a la expropiación de tierras y al desalojo de todo el valle con mucha gente que se tuvo que reubicar en otros lugares.

Entorno de Bujaraiza, sobresaliendo el castillo, hoy convertido en isla.

 Paralelamente se comenzó la construcción de un poblado con diversas viviendas para alojar a los obreros, aproximadamente unos 750 hombres y sus correspondientes familias haciendo un total de población de unas 2500 habitantes, incluía también una iglesia bajo la advocación de San Rafael, escuela, salón de actos con cine sonoro, economato, fonda, oficina de correos, destacamento de Guardia Civil y diversos comercios, así como una pequeña clínica de atención de urgencia con un médico y un practicante a cargo de la Caja Nacional del Seguro de Accidentes. Hoy en día siguen siendo utilizadas algunas de estas viviendas por los trabajadores de la central hidroeléctrica, descendientes de aquellos trabajadores y por algún que otro miembro de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, controladora de la explotación del embalse.

Construcción de las viviendas del poblado de El Tranco

Con las expropiaciones, el desalojo del valle y el establecimiento de los trabajadores en los aledaños del Tranco de Mojorque se iniciaron las obras que siguieron a buen ritmo durante el gobierno de la II República. No obstante, decir que, a finales de 1935, con una España sumida en la confrontación política e inestabilidad económica, las obras, ya muy avanzadas, se paralizaron y, por supuesto, quedaron abandonadas durante la Guerra Civil. No sería hasta 1940, cuando la dictadura del General Franco, decidió dar continuidad al proyecto para finalizarlo, comenzando la presa a embalsar agua el 28 de febrero de 1944. No sería hasta dos años más tarde, el 31de mayo de 1946, con el embalse ya casi lleno, cuando se procedería a su inauguración oficial de la mano del General Franco, siendo, en ese momento, el segundo en capacidad de todo el estado sólo por detrás del embalse del Esla y el tercero de toda Europa.

Diversas imágenes de la inauguración oficial.

Ciertamente era una obra colosal para la época, pues la altura del embalse alcanzaba los 95 mts. siendo capaz de contener hasta los casi 500 hm3, contando con la novedad de tener la primera central hidroeléctrica subterránea de toda España situada a más de 30 mts. por debajo del nivel del cauce del río y que fue construida entre 1947 y 1952, una vez vaciado el embalse para así poder construir los túneles de evacuación de aguas, la zona de turbinas y de control de producción. El embalse inundará terrenos de los términos municipales de Hornos de Segura, Santiago-Pontones y Villanueva del Arzobispo. Pero en aquel momento fue una obra controvertida y no aceptada por los habitantes de la zona pues supuso la pérdida de tierras de cultivo y viviendas que, obligatoriamente, tuvieron que abandonarse, la merma en territorio de explotación forestal y ganadero y, por supuesto, las paupérrimas indemnizaciones recibidas. El rechazo popular no contemplaba aspectos de impacto ambiental, siendo entendida como generadora de pobreza y así se mantuvo durante muchos años, todo ello a pesar de la construcción de la carretera A-319 que bordea el embalse y mejoraba las comunicaciones de todo el valle del Guadalquivir o la construcción de nuevos enclaves como Coto-Ríos. No será hasta que la potenciación turística relanzó este entorno para su explotación a nivel cinegético, paisajístico y de turismo de la naturaleza, especialmente con la declaración de toda esta área como Parque Natural y, por lo tanto, el aprovechamiento económico de toda esta zona natural. A partir de aquí la transformación que sufrió este entorno fue drástica por la potenciación turística, siendo esta actividad la nueva fórmula de dinamización económica y, con ello, el modo de vida de sus habitantes, cuestión que perdura hasta hoy en día.

Diversas imágenes de la construcción
de las conducciones subterráneas de la
central hidroeléctrica

Otro aspecto que generó controversia fue su denominación por la que fue conocida la obra durante los primeros años de la dictadura franquista en el Ministerio de Obras Públicas en Madrid o por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir como El Tranco de Beas, a pesar de que este embalse no ocupa ni un solo metro cuadrado de su término municipal, pues ocupa los términos municipales de Hornos, al que pertenece la aldea del Tranco y la mayor parte de terrenos de inundación por sus aguas; Santiago-Pontones, donde se ubica la antigua caseta de control y parte de zona inundada por las aguas y Villanueva del Arzobispo, donde está ubicada la central hidroeléctrica y la presa.

Zona de confluencia de los términos municipales de
Hornos de Segura y Villanueva del Arzobispo

Hay que explicar que el vocablo “tranco” se entiende en la zona serrano-segureña como una zona de paso especialmente abrupta y dificultosa, como era el caso de la zona donde se ubicó la pared del embalse y que era conocida como “Tranco de Mojoque o Monzoque”, que tiene el lado utilizado para el paso en el término de Hornos por lo que debiera haber sido bautizado como “Tranco de Hornos” si no hubiera sido nominado tradicionalmente por las gentes que lo utilizaban como de Mojoque. Lo que no queda tan claro es el por qué la utilización del término “de Beas” en su denominación oficial si ya existía una denominación tradicional para esa zona. Es por eso que, en realidad, esta obra se hubiera debido llamar “Embalse del Tranco de Mojoque”.

Paso del Tranco de Mojoque ocupado ya por la pared del embalse

La creencia, no constatada para ese “Beas” que perdura en su denominación, es que fue asumiéndose así en Madrid, en el Ministerio de Obras Públicas, porque todas las comunicaciones que se efectuaban de parte de los ingenieros que dirigían la obra procedían de la localidad de Beas de Segura, que era el lugar donde se hospedaban. Así, poco a poco, el término para denominar al embalse que se estaba construyendo se fue afianzando oficialmente en el Ministerio como el proyecto del “Tranco de los de Beas”.

Portada del proyecto de creación 
de la central hidroeléctrica en la que
se denomina al embalse como 
Tranco de Beas.

Prueba que la localidad de Beas de Segura nada tiene que ver con este enclave es que nunca se utilizó el “Tranco de Mojoque” como zona de paso para ir a la población de Beas pues era el Camino Real de Cazorla a Hornos de Segura, que no pasaba por esta zona del Tranco, sino que, pasando por Bujaraiza, cruzaba al otro lado del Guadalquivir por el Vado de los Pinos Buenos para seguir por la vega del río Hornos hasta esa localidad y después seguir hasta Beas de Segura por la zona de la actual Cañada-Catena. El camino que atravesaba ese Tranco de Mojoque era el utilizado para acceder hasta Villanueva, siguiendo el curso del Guadalquivir, dividiendo las estribaciones de la Sierra de Segura y la de Las Villas; camino muy utilizado para comunicar la zona interna de la serranía con la zona de la campiña del Guadalquivir, y por lo tanto transitado por arrieros y transportistas. Muestra de ello fueron las numerosas ventas y posadas, como la de Foro, la de los Agustines, la del Tío Paquete, la de la Peona, la de Patricio donde paraba el correo, Melquiades o la del Pino, como puntos obligados para el descanso, beber o comer algo. Así describía este paso de Mojoque Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar (Madrid 1845-1850): "Este camino, aunque firme por estar todo en sierra, es fatal: en él se encuentra el difícil y peligroso paso del Tranco de Monzoque, que divide el término de dichas villas y el de Segura. Este tranco está en una elevadísima risca situada a la derecha del Guadalquivir, y si tiene acceso, aunque muy difícil, es por medio de cortes y composiciones hechas en su trayecto: antes de dominarla, preséntase la vereda en un vacío, desde el cual, por medio de agujeros y poyos hechos en la risca, forman el camino unos maderos colocados de un punto a otro de ella, camino cuya anchura apenas tiene 5 palmos (1,04 m.) y más de 100 varas (84 m.) de altura el precipicio colocado bajo de él. El paso de esta especie de puente, es imposible dejar de hacerlo en el supuesto de tomar este camino; mas sólo las personas que tienen costumbre, lo bifurcan sin marearse o sin experimentar al menos un grande estremecimiento de horror, pues otra cosa no puede suceder sí se atraviesan las 10 varas (8,36 m.) que tendrá de largo, en las cuales no se deja de percibir la profundidad del abismo, por la poca anchura del paso, y el espantoso ruido que forma el río estrellado en las rocas que encuentra en sus corrientes".

Imágenes del llamado "Correo". Autobús
que unía, siguiendo el curso del río, Villanueva con
Hornos a través del Tranco.

Es evidente que este embalse siempre ha tenido una controversia y contestación desde sus orígenes. No olvidemos el enorme rechazo que supuso este proyecto desde sus primeros planteamientos por la transformación que suponía en las dinámicas de viva de muchos serranos-segureños que perdieron sus tierras y sus viviendas con las expropiaciones; a la que unimos la de su equivocada denominación oficial como Tranco de Beas no bien aceptada, especialmente en la localidad de Hornos de Segura. Pero, por si fuera poco, y al ser considerado elemento básico del Parque Natural, hoy en día la controversia se ha trasladado a la tendencia impuesta por la explotación turística a ubicarlo en la Sierra de Cazorla en detrimento a su situación en plena Sierra de Segura y de las Villas. Sea como fuera, hoy en día el embalse del Tranco, como es denominado por los serranos-segureños, sin apellidos inapropiados, es parte del paisaje particular de nuestra Sierra de Segura.

lunes, 16 de febrero de 2026

UN PERSONAJE EN LA HISTORIA DE LA SIERRA DE SEGURA

 EMILIO DE LA CRUZ. UN HISTORIADOR DE LA SIERRA DE SEGURA

Por María Amparo López Arandía

La Sierra de Segura ha sido protagonista indiscutible de la producción científica de Emilio de la Cruz Aguilar. Muy diversos han sido los temas abordados a este respecto, aunque entre todos ellos destaca una línea de investigación, centrada sobre todo en los aspectos relativos a la organización jurídico-administrativa de Segura y su territorio, íntimamente relacionada con la explotación de los recursos madereros, período inaugurado con la defensa de su tesis doctoral en 1977, bajo el título Régimen de montes de Segura (siglos XIII al XIX).

Emilio de la Cruz Aguilar. Orcera (1936)-Alzira (2020)

Sería en los años ochenta y noventa del siglo pasado, cuando De la Cruz profundizó en esta línea del pasado segureño, tras una primera aproximación ofrecida en su trabajo “Régimen de Montes en la Sierra de Segura”, publicado en 1979. Así, en 1980 publica Ordenanzas del común de la villa de Segura y su tierra de 1580, documento localizado por él mismo entre una sentencia de la Real Chancillería de Granada, datado en 1612, como resolución de un pleito iniciado por Génave, Torres y Villarrodrigo contra la villa de Segura. La edición de las ordenanzas permite conocer la regulación de la actividad agro-silvo-pastoril en las tierras de Segura con anterioridad a 1748, en las que ya se pone de manifiesto el peso que la explotación forestal tuvo históricamente para este entorno. Algunas de las regulaciones establecidas por estas ordenanzas serían, igualmente, objeto de su especial atención, como puso de manifiesto en su trabajo “Los caballeros de Sierra en unas ordenanzas del siglo XVI”.

Un año después, en 1981, defiende su discurso de ingreso en el Instituto de Estudios Giennenses, organismo del que fue nombrado consejero en 1975. El discurso, que fue editado por esta institución en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, abordó el tema de “La Provincia Marítima de Segura de la Sierra”, analizando, precisamente, el período inaugurado con la promulgación de la ordenanza de Montes de 1748, que puso a las tierras de Segura y su entorno bajo jurisdicción de la Secretaría de Estado de Marina. Una etapa crucial para este territorio y que en virtud de la existencia de ríos navegables en la zona, como el Guadalimar, Guadalquivir o el río Segura y sus afluentes implicó el abastecimiento de madera por el sistema de flotación a los arsenales de La Carraca y Cartagena y la dependencia jurisdiccional directa de estas tierras al departamento marítimo de Cádiz y el homónimo de Cartagena, en un período de una fuerte demanda de esta materia prima, resultado de la amplia actividad en la construcción naval promovida por los Borbones tras la Guerra de Sucesión.

Emilio de la Cruz colaborando con José Antonio Labordeta
en su programa para RTVE "Un país en la mochila"

La demarcación de la provincia marítima trascendió el territorio mismo de la villa de Segura, incluyendo un denominado ministerio -el de Segura- y cuatro subdelegaciones: Alcaraz, Villanueva del Arzobispo, Cazorla y Santisteban, englobando a medio centenar de localidades en una superficie de unos 9000 km2. Esta estructura pervivió con altibajos, y con pérdida de algunos territorios, hasta 1836, tras la aprobación, tres años antes, en 1833, de unas nuevas ordenanzas de Montes que abolieron jurisdicciones privilegiadas, como esta, terminando con la actividad de instituciones creadas exprofeso previamente, caso del Tribunal establecido en Orcera, tribunal de primera instancia, que contaba con la actividad de un ministro y juez principal de Marina, un auditor, un fiscal, un escribano y un alguacil.

La atención de De la Cruz por la provincia marítima no minusvaloró atender a los grandes protagonistas de la explotación forestal, especialmente los pineros que se encargaban del transporte maderero por los cursos fluviales con destino a los arsenales. Del mismo modo, atendió a las consecuencias del establecimiento de una provincia marítima en la zona, deteniéndose en los aspectos jurídicos, que implicaron ante todo el choque entre la nueva jurisdicción impuesta, más restrictiva, y los regímenes jurisdiccionales previos, causa de la apertura de numerosos procesos en los años de pervivencia de esta demarcación; consecuencias económicas, a su entender negativas, afectadas por el establecimiento de “un monopolio estatal sobre la explotación y comercio de la madera”, según sus palabras, y los límites impuestos a otras prácticas, como la ganadera o el uso libre de los pastos, obviando, no obstante, quizás, que a pesar de ello, una buena parte de la población del entorno se benefició de la actividad de la explotación maderera al participar directamente en ella. Por último, se centró en las consecuencias sociales, derivadas directamente de los anteriores efectos, que llegó a calificar de trágicas; y políticas, ofreciendo una visión también negativa, al advertir la pérdida de derechos por parte de los municipios integrantes de la provincia marítima en favor de la Secretaría de Marina.

Emilio de la Cruz colaborando en un programa de "Canal Sur TV"

En definitiva, prevalece en De la Cruz una visión negativa de la existencia de la provincia marítima marcada, a su entender, por la sobreexplotación del bosque por las Secretarías de Estado de Hacienda y Marina en detrimento de los intereses locales.

Y es que la Secretaría de Estado de Marina compartió la explotación de los montes segureños con la Secretaría de Estado de Hacienda, que incidió en dicho territorio desde 1733, con pinadas que tenían como destino la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. También a esta acción prestó atención Emilio de la Cruz, quien años más tarde, concretamente en 1987, analizó la actividad de otra institución que incidió sobre Segura de la Sierra y su entorno, como fue el Real Negociado de Maderas, creado en 1733, en Sevilla, para regular la tala y transporte maderero desde la Sierra de Segura a los almacenes de la Real Fábrica de Tabacos, y cuya actividad se prolongó hasta 1817. El Real Negociado dependía de la Secretaría de Hacienda. Al frente del mismo se encontraba un Superintendente. Pronto, el Real Negociado se encargó no solo de abastecer de madera a la Real Fábrica de Tabacos sino de vender el excedente maderero a terceros, obteniendo así un beneficio extra.

Especial del Diario Jaén
dedicado a Emilio de la Cruz 

La promulgación de las ordenanzas de Montes en 1748 y el nacimiento de la provincia marítima implicó la confluencia de otra institución, la Secretaría de Marina, con intereses madereros en la zona, lo que trajo consigo un período de conflictividad, a pesar de que este se intentó frenar con medidas como la estipulación de qué tipo de madera quedaría bajo cada institución: bajo la Secretaría de Hacienda piezas de hasta diez varas de longitud, bajo la Secretaría de Marina, superiores a dicha medida; o incluso con la determinación de la alternancia anual en las cortas y pinadas con el fin de evitar la coincidencia en el mismo año del transporte para ambos organismos por el río Guadalquivir y sus afluentes. A pesar de ello, los enfrentamientos no cesaron. El Real Negociado contó con un amplio número de asalariados, encargados de la tala y transporte de madera desde el monte hasta Sevilla.

La actuación del Negociado, contó, como sucedió con la Secretaría de Marina, con la oposición de los concejos de la zona que vieron limitados sus antiguos derechos a explotar y comerciar con la madera. Se llegó, incluso, por parte de la villa de Segura a solicitar del Negociado el pago de los pinos talados en su término, acción que igualmente llevaron a cabo Cazorla, La Iruela y Villaverde de la Sierra. De la Cruz achaca al Real Negociado, como haría con Marina, el ser el causante de la deforestación del entorno de Segura, acusándolo de incumplir los postulados del tipo de madera que se debía cortar en su caso, explotando mucha materia prima que en realidad no era de utilidad para sus intereses.

Emilio de la Cruz recibiendo el título de
presidente de honor del TUNAESPAÑA
por su obra "Libro del Buen Tunar"

Por otra parte, atribuye al Negociado la misión de contener los precios de la madera, al situar la de Segura a un precio inferior a la madera importada de Holanda y Flandes. La detenida mirada de Emilio de la Cruz al régimen jurisdiccional de los montes de Segura culminó en 1994 con la publicación ampliada de su tesis doctoral, bajo el título “La destrucción de los montes. Claves histórico-judiciales”, que, partiendo de la regulación jurídica de los montes por parte del derecho romano y por subsiguientes fueros como el de Cuenca, aborda los cambios impuestos por la ordenanza de Montes de 1748, prosiguiendo con la atención a la explotación de los montes en los siglos XIX, donde prevalecieron los procesos desamortizadores, especialmente el de 1855, y XX para culminar con la ley de espacios naturales de 1989, advirtiendo la existencia de períodos en los que los incendios forestales se expandieron.

Tras este estudio general, elige como caso de estudio el de la Sierra de Segura, recordando su tradicional dedicación a la explotación maderera y ganadera, ya regulada en las ordenanzas del común de 1580, que crearon, a su entender, una sociedad homogénea, al permitir a la totalidad de sus habitantes el acceso a dichos frutos. La fractura de esta sociedad acaeció, para De la Cruz, en el siglo XVIII, con la intervención directa de dos entidades estatales, la Secretaría de Hacienda y la de Marina, en el territorio, que serían, a su entender, las responsables de la deforestación de la sierra, llegando a considerar el período concerniente a la provincia marítima de Segura de la Sierra, entre 1748 y 1836, como dramático. Un abuso estatal que para el profesor De la Cruz continuaría en el siglo XIX con las desamortizaciones y en el siglo XX con explotaciones promovidas por el propio Estado, como las llevadas a cabo por RENFE a través de la empresa Explotaciones Forestales. Omite, sin embargo, el autor, atender al volumen de madera explotada, cuestión sobre la que recientes investigaciones han llamado la atención y que pondría de manifiesto que, en realidad, la incidencia de las explotaciones promovidas por las secretarías de Hacienda y Marina en el siglo XVIII fueron inferiores a la presión ejercida desde Explotaciones Forestales en el siglo XX.

Teatro Municipal "Emilio de la Cruz" en Orcera 

Sin duda, el régimen jurídico que afectó a Segura de la Sierra ha representado la principal línea de investigación del profesor De la Cruz, como queda patente por los trabajos aquí recogidos, a los que hemos de sumar su estudio sobre el fuero de Segura de la Sierra. Aunque fue la línea de investigación más significativa en su trayectoria, el régimen de los montes no fue el único objeto de atención por parte de nuestro protagonista, que igualmente se interesó por otros temas concernientes al pasado de Segura de la Sierra, desde el pasado romano, centrándose en las vías de comunicación, pasando por la etapa musulmana, para llegar a la realidad del siglo XVI o a la histórica actividad socioeconómica de la zona más allá de la explotación maderera.

María Amparo López Arandía, autora del artículo.

Emilio de la Cruz sentó, con esta gran variedad de temáticas, las bases para la historiografía que posteriormente ha puesto su foco de atención en la Sierra de Segura, abriendo el camino a nuevas investigaciones. Sirvan estas líneas para homenajear al que, sin duda, puede considerarse el padre de las investigaciones sobre Segura de la Sierra y su entorno, cuyo legado permanece hoy a través de sus escritos.

lunes, 19 de enero de 2026

LA N-322 Y PUENTE DE GÉNAVE. POSADAS Y ALOJAMIENTOS

Presentamos el artículo firmado por Ramón Gallego, cronista oficial de Puente de Génave, en el que hace referencia a la influencia del trazado de la N-322 por la localidad y lo que originó en cuanto a su crecimiento y la proliferación de servicios de hostelería y restauración desde principios del S. XX. Un artículo muy descriptivo en el que aporta datos de establecimientos, su evolución y los servicios que durante muchos años aportaron a muchísimos viajeros. 

PASTA FRESCA

Cuando decimos que el viajero podía comer en las diversas ventas que jalonaban Puente de Génave “pasta fresca” no nos hemos equivocado, puesto que hasta la década de los 60 del siglo pasado hubo una familia que se dedicaba a vender pasta de forma itinerante de cortijo en cortijo y de venta en venta, con los ingredientes básicos de la pasta como son la harina de trigo, los huevos, agua y sal. Ni que decir tiene que la hacían al instante. Las proteínas en estos establecimientos las aportaban los pollos de corral que se sacrificaban a demanda y el cordero o cabrito tan rico de la Sierra de Segura. Debemos considerar que Puente de Génave como núcleo de población empieza a crear en el último cuarto de siglo XIX al calor de la carretera nacional N-322 que estaba recién construida. Son innumerables los vecinos que solicitaron al Ayuntamiento de La Puerta de Segura un trozo de tierra para construir su casa en la, por aquel entonces, aldea de Puente de Génave, bajo la condición de que esta se construyera en el plazo de un año so pena de perder el solar cedido a tal efecto.

Mojón de señalización de la N-322 en Puente  de Génave

En el tránsito de los dos siglos encontramos ya implantadas las posadas en el núcleo urbano de Puente de Génave. La Posada de Rocío, la Posada de Pepe U, que anteriormente se llamaba posada del Tío Juan de Dios y la Posada de Maceo, regentada por Antonio Gutiérrez junto a su mujer e hijas Encarna, Benita, Teresa y Manuela que eran consideradas como grandes cocineras. El vino en esta última posada era de La Mancha puesto que tenían la exclusiva para la venta de las bodegas del Duque de San Fernando en Villanueva de los Infantes, rico caldo que se recibía en toneles de 12 arrobas, con 132 litros de capacidad, de 15 arrobas de 165 litros de capacidad o de 24 arrobas que podían contener hasta 264 litros de excelente vino que se vaciaba en tinajas que proporcionaba la propia bodega del Duque.

Vista aérea de Puente de Génave con el trazado
de la N-322 y la circunvalación

Son estos inicios del S. XX cuando Puente de Génave adquiere su carácter como pueblo y se consolida con la construcción del ferrocarril Baeza-Utiel, la carretera nacional N-322 Córdoba-Valencia, una central hidroeléctrica sobre el río Guadalimar cercana a la Vicaría y el establecimiento de un cuartel de la Guardia Civil, así como de médico, veterinario, escuelas, farmacia y todos aquellos servicios considerados básicos para un núcleo de población. Las posadas vienen a enriquecer los servicios que el pueblo ofrecía, ampliando su oferta culinaria cuestión que se ve favorecida por el paso de los numerosos transportistas que llevaban mercancías desde Andalucía hasta el Levante español y viceversa. Estas posadas eran diferentes a las ventas de los caminos típicas del S. XIX, atestadas de arrieros y con espacios para las caballerías, que dependían del aceite de “las Andalucías” y del vino o trigo manchegos porque la producción de la Sierra de Segura era muy escasa y se dedicaba básicamente al autoconsumo cuando las cosechas eran positivas.

Camiones recorriendo la N-322 a su paso por la localidad

En 1928 aparece otro establecimiento que ofrece este tipo de servicio denominado Fonda de la Manuela que perdurará en esa actividad de servicio al viajero hasta 1988, y no precisamente por la falta de clientes o comensales sino por falta de un relevo generacional. Aquella otra posada, la de Maceo, que en 1952 se transformará en la conocida Pensión Suárez, siguió con la tradición de acogida al viajero, junto al ofrecido por los establecimientos de Pepe U y la de Rocío, tradición que venían ejerciendo durante pleno S. XX, aunque ahora hospedando sólo a los clientes y no a sus bestias de carga pues los vehículos a motor quedaban aparcados junto a la carretera.

Fachada de la Posada de Pepe U

Hasta los años 70 y 80 del siglo pasado, la restauración ofrecida por estos establecimientos era algo sin pretensiones, pero con unas excelentes materias primas ofrecidas por proveedores de proximidad; pollo de corral, cordero segureño, aceite de oliva, frutas y verduras de la rica huerta del Arroyo de Peñolite, harina candeal, etc… En esta época hace su aparición el bar Linares que ofrecía servicios de comedor y también habitaciones, pero que apenas dura en sus servicios unos 15 años teniendo en ese tiempo una fama reconocida con abundantes clientes; calzados Ayuso, hierros Candel, cafés Legorburo, etc…, todos ellos de Albacete, algo significativo que puede dar una idea clara de la cercanía de las tierras castellano-manchegas a esta zona de la provincia de Jaén y de las buenas comunicaciones que existen desde tiempos bastantes lejanos. También se funda por esta época, es decir, a mediados de los años 70, un local justo al lado de la antigua Venta de Gaspar, heredando el carácter de un establecimiento creado y dedicado por y para el servicio a la carretera. Se trata del Restaurante El Chaparral, levantado por D. José Valdelvira Padilla, incluso con el servicio de gasolinera y que, tras diversas vicisitudes, posteriormente, se dedicó a algo totalmente diferente al objetivo para el cual se concibió estableciéndose un club de alterne en el mismo.

Instalaciones de El Chaparral

A partir de la década de los 90 el panorama cambia radicalmente en los fogones de comida casera y tradicional, surgiendo nuevos establecimientos que sustituyen a los mencionados que van desapareciendo por falta de relevo generacional, y que, aunque no pierden la esencia y el buen hacer en cuanto a sus servicios, adoptan métodos más modernos ofreciendo servicios no solo a los viajeros sino también a la población aquí residente que ve en estos lugares puntos excelentes para celebraciones o comidas de días festivos. Nos referimos al Hotel Sierra de Segura, que se llamó Hostal Los Cazadores en un principio, Casa Rural Molino de Anica, El Jaraiz de Peñolite o el Hostal Los Camioneros, todos ellos con excelente servicio y amplias cartas y bodegas de calidad.

Fachada de la Casa Rural de "El Molino de Anica"

Un gran cambio ha acontecido desde que José Molina (Pepe U) viniera en 1920 desde Úbeda a trabajar con su tío Juan de Dios hasta que recientemente se inauguraron establecimientos como pueden ser la Pizzería La Torreta, así como la modernización de los servicios del Bar-Restaurante Vela o el Hotel Don Juan que entró en servicio en el año 2002.

Ramón Gallego


viernes, 19 de diciembre de 2025

LA PRESA DEL RÍO TRUJALA

Si existe una construcción singular, a la par que desconocida, de la dominación islámica de la Sierra de Segura esa es, sin duda, la presa sobre el río Trujala en la Garganta del Ciervo. Esta obra del S. XII, hoy en día desparecida, es mencionada es diferentes escritos medievales mediante los cuales D. Vicente Salvatierra y D. Francisco Gómez redactaron un pormenorizado estudio en el que analizan todas sus particularidades, estudio que hemos readaptado para su publicación en este blog que se centra en la historia de Puente de Génave y toda la Sierra de Segura.

 LA PRESA DE LA GARGANTA DEL CIERVO. S. XII

La arqueología ha proporcionado la posibilidad de estudio de estructuras físicas y tecnologías que sostuvieron el desarrollo y la expansión de dicho regadío en la época de dominación musulmana de la península Ibérica. Los manantiales, canales, acequias, la construcción de terrazas en zonas de montañas, las albarcas, las norias, los molinos hidráulicos o la construcción que nos ocupa que servía para derivar el agua de los arroyos o acumular caudal como las presas. Pero las limitaciones de estudios o la escasez de excavaciones suficientemente amplias, unidos a la vaguedad con que las fuentes escritas árabes tratan estos temas, hacen que aún hoy nuestros conocimientos sobre la tecnología utilizada, y las modificaciones experimentadas en su aplicación a lo largo de los siglos, tengan un nivel muy general y esto se puede aplicar a la presa de la Garganta del Ciervo sobre el río Trujala.

Planos generales de situación

El río Trujala nace en el interior de la sierra, por donde discurre su curso alto y medio, que se encaja profundamente en el terreno en su recorrido de este a oeste, recogiendo agua de numerosos manantiales y arroyos, pasando junto a la población de Trujala que le da nombre, siendo probablemente una derivación de trujal, término que alude a «prensa donde se estrujan las uvas o se exprime la aceituna», o «molino de aceite», no debiendo olvidar que en el entorno de este río llegó a haber siete molinos durante la baja edad media y la época moderna. Al salir de la sierra, en el valle, con una altitud que oscila entre 600 y 750 m, el río Trujala corre con dirección sur-norte, serpentea entre varias colinas, pasa por delante de Segura de la Sierra, recibe el agua de los ríos Hornos (izquierda) y Orcera (derecha), así como de otros arroyos, hasta desembocar en el río Guadalimar.

En el curso de una serie de prospecciones en el valle del río Trujala efectuadas en 2005, algunas informaciones permitieron localizar una gran estructura, que se identificó como una presa, que por su técnica consideramos andalusí.

Del territorio de la Sierra de Segura no hay descripciones con cierto detalle hasta el siglo XII, contando con apenas dos autores. El primero, Al-Idrīsī, se sabe que inició su obra en 1138, al trasladarse a Sicilia al servicio del rey Roger II y de su sucesor, para los que trabajó hasta su muerte en 1165, citando de la Sierra las localidades de Segura, Quesada y Toya; mientras que el segundo, Al-Zuhrī, quizá llegó a conocer el territorio, dada la relativa amplitud de sus descripciones, resaltando de la Sierra que era un territorio muy poblado, citando los ríos Guadalquivir y Guadalimar así como a Quesada (Qayšāṭa) y Hornos (ḥiṣn Furnus).

Situación de la presa en su entorno

Respecto al río Guadalimar dice: “El Guadalimar nace a dos o tres cuerdas o medidas del nacimiento del río Mundo o Mesones y, en este lugar coinciden, el río de Murcia (Segura) y el de Córdoba (Guadalquivir), después corre con poca agua hasta que recibe las aguas que salen de la Fuente de Beas (‘Ayn Bhy, o ‘Ayn Bahiya o ‘Ayn Mhyā o ‘Ayn Samūra) para pasar delante de Segura, donde recibe otros arroyos aumentando su caudal para entrar en el desfiladero llamado Ḥalq al-Ayyil (‘La Garganta del Ciervo’) que fue cerrado por Abū Isḥāq ibn Hamušk, cuando era señor de Segura, con una perfecta obra de ingeniería, convirtiendo aquella vega en un mar cuando subía el nivel del agua, sin tener ningún aliviadero, pues quiso que se desbordase por las cimas de aquellos montes, pero no le ayudó el lugar”. Este texto es el único entre las fuentes árabes que, por lo que sabemos, hace referencia a una presa, en esta zona pero presenta varios errores como el unir los recorridos del río Guadalimar al que dedica las primeras líneas, y del río Trujala, al que corresponden la mención de que pasa por delante de Segura y donde se sitúa la llamada Garganta del Ciervo.

La presa ubicada en el rio Trujala se situaría frente a la población de Segura de la Sierra, unos 5 km antes de la confluencia del río Trujala con el Guadalimar. El terreno tiene una altura media de unos 700 m sobre el nivel del mar, y el río pasa entre dos de las elevaciones principales del valle, de 772 y 774 m de altura respectivamente estando ambas separadas por un estrecho y sinuoso paso, de unos 300-400 m de longitud, labrado en parte por el propio río, cuyo lecho presenta, en el punto más estrecho, una anchura de unos 9 m. Este paso estrecho fue el elegido para cerrarlo con un potente muro, del que solo queda una parte. El paso se abre en altura por la inclinación de las pendientes laterales, más acusada en el lado oeste. El muro conservado corresponde a este sector, apoyando su extremo en la roca, aprovechando la inclinación para fijarlo mejor al terreno. Por el contario, en el lado derecho (este) la roca se presenta algo más vertical, y el estribo de este lado del muro se adosó a la misma, por lo que su adherencia era muy débil. Del mismo apenas queda nada. Esta presa era básicamente un ‘tapón’ en el cauce del río, que provocaría la acumulación de agua en su frente sureste, donde el terreno presenta un claro rehundimiento a modo de cubeta, que se refleja en las curvas de nivel de la planimetría moderna, y a simple vista en la distinta coloración del terreno.

Situación de la Garganta del Ciervo

Por lo que sabemos, hasta ahora esta estructura y su entorno no se habían identificado en las fuentes escritas posteriores a época andalusí, pero hay una referencia, hasta ahora un tanto oscura, que puede relacionarse con ella en las Relaciones Topográficas de Felipe II, que recoge las respuestas a una encuesta general enviada por encargo de dicho rey a todas las poblaciones del reino de Castilla, hay una observación al final, que es la que se refiere a edificios antiguos o ruinas que hubiese en el término de Segura, que puede hacer alusión a esta obra:“... a media legua de Sigura a la parte de poniente ay otro edefyçio que se llama Alfafer que pareçe que alli se tomaba el rrio de Truxala para rregar y pesquería es edefiçio antiguo de calicanto”. Sobre el término “alfafer” es reconocido como derivación de topónimo árabe haciendo referencia a hondonada u hoya por donde discurre el agua.

Ya en la época actual se identificaron los restos como una presa. En primer lugar, J. Mª. Almendral (1986) publicó algunos datos sobre la misma, con el nombre de Presa de Rihornos, por la aldea del mismo nombre situada relativamente próxima a la misma. El autor incluyó una fotografía, y un croquis del alzado y la sección, dando unas dimensiones de 21 m de longitud en el coronamiento y una altura de 11,40 m, pero sin aportar datos históricos, fuera de identificarla como «árabe». Con posterioridad, P. Cressier se hizo eco de esta publicación, apuntando que podía tratarse de una presa de almacenaje. Finalmente, algunos autores locales, como E. de la Cruz (1994) y M. Vigueras (2001) mencionan la presa y, aunque sugieren relacionarla con la citada por Al-Zuhrī, ante las inexactitudes de la descripción vacilan en pronunciarse, y no llegan a analizarla en profundidad. Lo cierto es que, según señala J. Mª. Almendral, debía tener 21 m de longitud y con un grosor de 11 m, y una altura conservada de 10,60 m. A la hora de describir y valorar esta construcción es preciso distinguir entre lo que podemos considerar principios de ingeniería, y la técnica constructiva. Por lo que se refiere a la primera, cabe pensar que el constructor tenía conocimientos muy primarios, como pone de manifiesto el que en el lado derecho adosase la estructura al cortado de la roca, lo que sin duda la debilitaba. Técnicamente, el problema estaba resuelto en la época, solución que encontramos por ejemplo en recintos amurallados, y que consiste en el ‘tallado’ de la roca, bien en «escalera» o bien mediante «dientes», de forma que se proporcionaba mayor agarre a la estructura, sin embargo, aquí no se utilizó. Por otro lado, el deterioro que presenta aguas abajo, con grandes fragmentos desprendidos, apunta a que no estaba escalonada, o ataludada. Por otro lado, falta la pantalla que cerraba el río, por lo que no es posible saber si era un muro recto, o cóncavo, aunque su grosor apunta a lo primero. Todo ello hizo que la estructura resultase poco resistente a fuertes empujes, como los que podía provocar el agua torrencial en algunos momentos, lo que probablemente produjo su ruptura, habiendo continuado hasta el presente la pérdida progresiva del sector del muro que cerraba el río. Como consecuencia de todo ello sólo queda el lienzo construido en la margen izquierda y sólo parte del cimiento de la margen derecha.

Cortes de los alzados de los restos de la construcción

Frente a los limitados conocimientos de ingeniería, la obra sí denota un profundo conocimiento del proceso de fabricación mediante tapiales. En este aspecto se trata de una obra notable. En apariencia, primero se construyó aguas abajo del río un muro, de unos 2 m de grosor, en cuya cara externa aún pueden observarse los mechinales para agujas circulares de 10 cm de diámetro, teniendo los cajones unos 70 cm de altura. Aguas arriba debieron colocarse tapiales de madera, que fueron fijados mediante gruesos postes, clavados en hoyos abiertos en la roca del lecho del río, habiéndose identificado dos de ellos. Entre estos hoyos, y el muro citado, se puede observar todo el corte interior de la presa, unos 9 m. Se empleó una argamasa de extraordinaria dureza, y piedras de mediano y pequeño tamaño, lo que generalmente se denomina calicanto. El análisis realizado muestra que se empleó cal como elemento aglutinante y cuarzo y dolomitas como áridos. Llama la atención la falta de arcilla, que por lo general suele suponerse que era un elemento principal en la Edad Media, pero que aquí sólo aparece de forma residual. Inicialmente podía pensarse que la sustitución de la arcilla se habría producido por el tipo de obra, ya que ese material tiende a absorber agua y expandirse. Las medidas señaladas suponen un gran alarde técnico. Para levantar un muro con tableros de madera o ‘tapiales’, se colocaban estos en las dos caras del muro a construir, uniéndolos por su parte superior mediante vigas de madera o cuerdas. O mediante cuerdas se sujetaban a postes clavados en el interior.

Frente conservado del lado sur

Otra opción podría ser en vez de emplear tapiales, la construcción de sendos muros de mampostería; en todos los casos se echarían después los elementos que componían la mezcla. Teniendo en cuenta lo que hemos indicado antes, aquí se empleó un método mixto, construyendo un muro aguas abajo, contrarrestando la mayor presión, y tableros aguas arriba. En cualquier caso, la anchura provoca otros problemas, ya que, al fraguar, la cal genera mucho calor, y una notable presión hacia el exterior, que debió ser difícil de contrarrestar. Por otra parte, la calidad de un muro depende de que el proceso de fraguado sea semejante en todo el volumen del mismo, obviamente el cálculo de la mezcla resulta más difícil cuanto mayor es el grosor de este, sobre todo con los medios de la época. Sin embargo, nada de esto se aprecia en esta obra, por el contrario, hay una notable regularidad en toda la anchura del mismo. De hecho, la cara interior del posible muro al que hemos hecho alusión, apenas se distingue del resto de la estructura. No obstante, de izquierda a derecha se aprecian tres sectores. El principal y más ancho en el centro. Aguas abajo se observa una larga grieta, que puede estar marcando el muro, pero que también puedo ser producto del deterioro. Río arriba, la cara exterior está compuesta por dos hiladas de mampostería revocada. Ello se aprecia claramente en la parte superior, donde existe una grieta entre este sector y el resto, que en consecuencia está igualmente en proceso de deterioro. Teniendo en cuenta la disposición vertical de las piedras de la hilada más exterior, ello supone que quizá la obra se hizo adosando dichas piedras a la cara interior del tapial, levantándola como un muro de mampostería, y echando después el resto de la argamasa en el interior dejando marcas sobre las diferentes fases de fraguado. Pero estas no se advierten en esta construcción. Las marcas exteriores pudieron borrarse recubriendo la obra de una capa de argamasa que las oculte, pero la inexistencia del límite de las tongadas interiores, que debían ser visibles en el frente roto, sólo se explica si la superficie superior de cada tongada se dejó con un perfil irregular de forma deliberada, cubriendo sólo en parte las piedras de la última capa, de forma que la primera del cajón siguiente terminase de cubrirlas, con ello posiblemente se conseguía mayor solidez, y no es posible ver las líneas de las fases de obra. Finalmente, sí se aprecian algunos cambios que deben responder a criterios técnicos. En la parte inferior las piedras parecen tener mayor tamaño. En la superior las piedras son menores y más abundantes. Estos cambios no representan cronología, sino que deben considerarse sólo fases de obra, el menor tamaño de las piedras en la parte superior tendría como finalidad aligerar el peso.

Detalle constructivo del muro de contención

En los cerros situados a ambos lados de la presa se aprecia la construcción de un antiguo camino. En la margen derecha este subía por el borde del río, donde se rompió la roca y alisó el terreno, con una mezcla de escalones irregulares y rampas poco marcadas, que llevan hasta la parte superior. En el lado izquierdo el camino se aleja del río, descendiendo suavemente, aunque siempre por encima de la cota del «pantano». Posiblemente podía cruzarse por encima de la presa, lo que permitiría cruzar el río y el pantano sin necesidad de dar un amplio rodeo.

Analizados los precedentes, y revisada la documentación y detalles arquitectónicos y constructivos, se trata ahora de establecer si la presa localizada en el río Trujala pudo ser realmente la citada por Al-Zuhrī, y su objetivo de su construcción. Como hemos dicho, Al-Zuhrī es la única fuente que menciona una presa en la zona, que habría sido construida por Abū Isḥāq b. Hamušk, personaje al que se califica de señor de Segura.  En principio, la presa podía tener dos objetivos, por un lado, hay que suponer que el principal, era generar un amplio circuito de regadío, pero por otro, el ser, posiblemente, un elemento propagandístico, que debía mostrar el poder de su constructor, frente al avance de los almohades.

La presa se construyó en ese lugar pues delante de la zona donde se construyó (lado este), el terreno está rehundido, con lo que tiende a crearse de forma natural una amplia zona encharcada. Aún en la actualidad numerosos habitantes de Segura de la Sierra coinciden en denominar a esa zona pantano del rodero porque hasta hace pocos años solía acumularse en determinadas épocas del año una lámina de agua. En principio el agua acumulada aquí, de forma natural, probablemente no tenía una vía de salida, fuera de la filtración y la evaporación. La presa provocó un aumento considerable del agua acumulada en esa zona. Según los cálculos efectuados, teniendo en cuenta la topografía actual, el agua tenía que subir unos 2 metros antes de encontrar su salida natural, que se encuentra situada al pie de la colina del lado derecho (norte). Esa acumulación hacía, por otro lado, que la zona lagunar llegase a cubrir aproximadamente unas 18,8 ha.

Zona de inundación de la presa

En función de los criterios resumidos más arriba, y dado que para que funcionase hacía falta el almacenamiento de gran cantidad de agua, cabe considerarla de almacenaje. Pero estos depósitos deberían tener aliviaderos ligados a conducciones, situados generalmente en la parte inferior. Si no existieran estos, sólo estando el depósito lleno sería posible extraer agua para el riego. Sí, como afirmaba Al-Zuhrī, la del Trujala no tenía aliviaderos, el agua sólo podía salir por rebosaderos, siendo la única opción de uso que el agua que salía del «pantano» debía circular en paralelo al antiguo cauce del río Trujala, pero a mayor altura que aquel, siendo esta elevación aprovechada para derivar el agua por acequia y conducciones para regar campos aguas abajo, pero en superficie no se observan acequias u otro tipo de conducciones, pero no podemos descartar que ésta se encuentre a mucha más profundidad de lo que hoy vemos, y que el terreno se haya colmatado, algo verosímil por su posición al pie del cerro. Estas incógnitas sólo podrían aclararse mediante las excavaciones arqueológicas. La zona máxima teóricamente irrigable sería de unas 135 hectáreas, extensión de tierra delimitada por el antiguo cauce del río Trujala y el río Orcera, que también queda por debajo de la cota de desagüe de esta presa.

No sabemos con seguridad cuando se rompió la presa. La referencia de Al-Zuhrī a que no le ayudó el lugar puede interpretarse en que la presa cedió ante una riada o perdió su funcionalidad al colmatarse con piedras y aportaciones de aluviones al poco tiempo de estar terminada, incluso durante el reinado del citado Ibn Hamušk, para después ceder a la presión y romperse. En cualquier caso, el lado derecho (norte) cedió, y el agua se abrió paso hacia el antiguo cauce. Desde entonces esa ruptura ha ido ampliándose, y partes del lienzo se encuentran caídos en la ribera y en parte han sido arrastrados por el río, en cuyo cauce aún se localizan algunos fragmentos de gran tamaño.

Zona de regadío por aprovechamiento de sus aguas

Constatado que las intervenciones de los gobernantes musulmanes en materia hidráulica tenían más que ver con la creación de huertas y jardines que proporcionaran confort y placer que para la producción agrícola en beneficio de unos determinados siervos campesinos hace que la presa sobre el Trujala un elemento singular y muy particular en Al-Andalus. Por sus características y finalidad, hay que pensar que más allá del regadío, la presa tenía una función de propaganda, y de enaltecimiento de su constructor, en esos años enfrentado al avance almohade. Aunque debemos añadir la falta de pericia, desde el punto de vista de la ingeniería, cuestión que explica su fracaso, pues la presa de la Garganta del Ciervo no tuvo en cuenta la realidad de que el Trujala es un río de caudal muy cambiante, y eso propició su rápida destrucción.

Vicente Salvatierra Cuenca 

Francisco Gómez Cabezas