viernes, 17 de abril de 2026

EL CASTILLO PERDIDO DE LA SIERRA DE SEGURA

Presentamos el artículo publicado por nuestro recordado amigo Miguel Mesa en el que hacía referencia a ese castillo olvidado y perdido de la Sierra de Segura que se encuentra en la localidad de Peñolite. Miguel Mesa describe con todo detalle su situación, composición y función de este enclave situado dentro del entorno de defensa de la fortaleza de Segura de la Sierra y que en estos momentos intenta no sucumbir al paso del tiempo. 

EL CASTILLO DE PEÑOLITE

Por Miguel Mesa Molinos. (fotos y texto)

El objetivo de esta publicación es tratar de describir el castillo de Peñolite ubicado en la pedanía del mismo nombre, en concreto en la cortijada de Las Torres de esta pedanía, perteneciente a la población de Puente de Génave en la entrada al territorio de Segura de la Sierra. Pero antes de entrar en materia, y para entender mejor este enclave defensivo, nos situaremos en la entrada natural del territorio de Segura de la Sierra, en concreto en la población de Segura y los valles de los ríos Trujala y Guadalimar.

Cortijada y restos del Castillo de Peñolite

Se ha escrito mucho sobre Segura de la Sierra y su castillo, ya Don Alfredo Cazabán, en un artículo publicado en la Revista Don Lope de Sosa (nº 121, enero de 1923), dice: “... la poderosa villa, asilo y centro, primero de los rebeldes caudillos árabes y encomienda, después, de inmenso poderío, de la Orden Militar de Santiago…, la importante fortaleza, después, del emirato de Murcia, centro de grandes núcleos militares, en la que, en 1171, se declaró independiente de aquel Emir el caudillo Ibraían, quien a pesar de sus grandes defensas fue derrotado y reducido; la que, testigo de las enconadas sangrientas banderías de los Reyes de Taifa, veíase encendida en los horrores continuos de la guerra, llegando al poder cristiano al empezar la décima tercera centuria; la que en poder de los caballeros del Apóstol, bajo el gigante Yelmo que la domina, fue vigía permanente para la obra de los cristianos...”. Es decir, la dimensión e influencia de Segura de la sierra sobre el territorio circundantes es básica.

Arquitectura militar defensiva del valle del Guadalimar

Por esta contextualización se puede afirmar que desde el castillo de Segura se divisa todo el valle del río Trujala que discurre por los términos de Segura y Orcera hasta su desembocadura en el río Guadalimar, que proviene de la sierra de Alcaraz en la vecina provincia de Albacete, pasando a la de Jaén junto al municipio de Siles, recibiendo en su recorrido aguas de los ríos: Cotillas, Frío, Carrizas y Morles. En su recorrido por el valle del mismo nombre, hasta La Puerta de Segura, se encuentra con las villas de Torres de Albanchez y Benatae, así como varias aldeas de estos municipios.

Arquitectura militar defensiva del valle del Trujala

Si nos fijamos en los esquemas anteriores, observamos que el castillo de Peñolite junto con los castillos de Bujalamé y La Puerta, formarían parte de la línea de protección de la entrada natural al territorio de Segura de la Sierra, defendiendo su vanguardia, además controlaba la Vía de Levante, a la que se unía en La Puerta de Segura, el camino del Collado de los Almendros de Cazorla, que remontaba el curso del río Hornos y cruzaba por el puente sobre el Guadalimar.

Situación del Castillo de Peñolite en el entorno defensivo
de entrada al territorio de la Sierra de Segura

Ya hemos ubicado el castillo de Peñolite en el conjunto defensivo del territorio de Segura de la Sierra, por lo que podemos entrar a continuación en el detalle de dicha construcción.

Narra la historia que, en cierta ocasión, el rey Felipe II se interesó por Segura de la Sierra y preguntó a sus súbditos dónde habría de ubicarla. Uno de sus consejeros contestó así: «Majestad, Segura no es de ninguno de los reinos de Murcia, Granada, Andalucía ni Toledo, porque está en mitad de todos los sitios». En las Relaciones de los pueblos de Felipe II de 1575, se habla de una población antigua que se llama Peñolite, con una torre fuerte de calicanto, algo caída.


Las Relaciones topográficas de los pueblos de España ordenadas por Felipe II, es el nombre que recibe una obra estadística encargada por el monarca con la intención de ofrecer una descripción detallada de todos los pueblos de la Corona de Castilla, y que se efectuó por medio de "interrogatorios" enviados desde la Corte a las distintas poblaciones.

En el documento correspondiente a las preguntas del interrogatorio relativo a Segura, en las que se apuntaban preguntas y respuestas a una delegación de dos hombres “inteligentes y curiosos” del lugar dieron una descripción de la villa de Segura de la Sierra fecha por mandado de su majestad siendo gobernador en ella y su jurisdicción y partido el señor licenciado Diego Fernández. Así en cómo, en la pregunta nº 56, relativa a los sitios de los pueblos y lugares despoblados que hubiese en la tierra, y el nombre que tuvieron, y la causa por qué se despoblaron, en su respuesta apuntaron lo siguiente: “…en el término desta villa de Sigura, ay muchos edefiçios ansy de torres como de casas fuertes, ay sitios de poblaciones antiguas como por ellos parece, que son una población antigua que se llama Peñolite, questá dos leguas de Sigura la parte del poniente. Aqui ay una torre fuerte de calicanto, algo cayda. Parece aver seydo grande edefiçio e población. La causa porque se despobló no se sabe, más de que por ser esta tierra estrecha de toda cosecha, no sufre tantas poblaciones.”

Es decir, en 1575, este monumento ya estaba en estado ruinoso y así se mantuvo hasta nuestros días, prácticamente abandonado. No sería hasta su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985 (BOE 29/06/1985), con el número 155 cuando se intentó recuperar la fisonomía y estructura del recinto.

Atendiendo a la ficha del inmueble del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), tenemos la siguiente descripción:

Identificación:

       Denominaciones: Castillo de Peñolite y Torres de Peñolite

       Código: 01230710007

       Caracterización: Arqueológica.

       Provincia: Jaén

       Municipio: Puente de Génave

Clasificación:

       Tipologías: Torres

       P. Históricos/Etnias: Almohades

       Cronología: Baja Edad Media

Descripción: Se localiza en un promontorio situado en la margen derecha del arroyo de Peñolite, tributario del Guadalimar en Puente de Génave. Las estructuras están emplazadas en la Cortijada del Castillo, entre Jamileros y el Prado del Peñón, a 740 metros sobre el nivel del mar y a unos 600 metros al noreste de la localidad de Peñolite.

En la actualidad se mantienen en pie los restos de tres torres situadas en las esquinas de los lados sur y oeste de un perímetro de planta rectangular, hoy muy deteriorado. También se observan restos de construcciones interiores. El castillo está construido en tapial de calicanto. Las torres son troncopiramidales de planta cuadrada, de 4 metros de lado, mientras que el recinto tiene unas medidas de 30 por 15,60 metros. Solamente una de ellas, que cuenta con una saetera en cada lado por planta, se conserva más o menos completa.

      Los torreones, situados en la esquina del lado sur, se dividen en cuatro cuerpos, de los que el inferior era macizo, mientras que los tres restantes formaban cámaras adinteladas con vigas de madera que apoyaban en los zócalos producto del estrechamiento en altura. Recibía la luz a través de saeteras vaciadas hacia el interior.

     El recinto pudo contar con cuatro torres esquineras, según Eslava Galán y de la Cruz Aguilar, pero actualmente no puede asegurarse tan sólo con los restos observables en superficie. La estructura de las torres presenta cierta similitud de tipología constructiva con las llamadas de Santa Catalina, en el término municipal de Orcera.

Tampoco se observan restos de la existencia de aljibes, por lo que su capacidad defensiva no parece haber sido de importancia. Su funcionalidad se reduce así a la de un refugio temporal, de época almohade, para la población campesina concentrada en las aldeas de su entorno. Probablemente, esta fortificación fuera uno de los castillos-refugio edificado por los almohades, como refugio para los habitantes de las alquerías donde estaban situados, y para la población esparcida en una zona que contaba con tierras fértiles regadas por abundantes arroyos y manantiales.

Las torres A y B del lado sur 

      El pintor Francisco Cerezo en el 1985, en su obra "Castillos y Atalayas del Reino de Jaén", junto con Eslava Galán, dibujó `in situ´ los restos de la torre sur del castillo de Peñolite, donde se puede observar la existencia de construcciones anexas a la torre en el interior de la plaza de armas del castillo.







lunes, 16 de marzo de 2026

EL TRANCO. UN REFERENTE EN LA SIERRA DE SEGURA

PUNTUALIZACIONES Y CONTROVERSIAS DE UNA GRAN CONSTRUCCIÓN.

Por Jose Ant. Molina Real ( jt )

Todos los que, de una forma u otra, estamos relacionados con la Sierra de Segura, parte fundamental del Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas, coincidimos en que si hay un elemento determinante ese es el Embalse del Tranco.

Está claro que nos hemos acostumbrado a contemplar la bella estampa de este embalse y sus alrededores desde todas sus perspectivas, incluso lo hemos llegado a catalogar como nuestro “mar interior”. Pero esta enorme masa de agua embalsada que adquiere esa notable relevancia no siempre estuvo ahí. La historia de esta presa es larga, conflictiva y tortuosa, con mucha gente en su contra por lo que supuso de agresión al medio natural y a la vida truncada de muchos serrano-segureños que tuvieron que abandonar su lugar de residencia y sus tierras de cultivo.

La motivación de su construcción se centraba en el argumento del control de riego en un primer momento, aunque posteriormente se consideró el aprovechamiento para la producción de energía eléctrica, obras que se realizaron a posteriori procediéndose al vaciado del embalse en 1947 para acometer las obras. Estos aprovechamientos están vigentes hoy en día, al que se le ha sumado con una enorme fuerza el fenómeno turístico con la divulgación de la gran riqueza paisajística y natural que atesora el entorno, que en la actualidad ha sido divulgado y publicitado masivamente a través de medios de comunicación y de las redes sociales.

Trabajos iniciales de construcción

       El diseño de este embalse tiene sus raíces en los últimos años del S. XIX, pues el paso del río Guadalquivir por el llamado Tranco de Mojoque, lugar especialmente estrecho propiciaba la retención de sus aguas a través de la construcción de una presa. Pero no sería hasta 1902 cuando se idearon los primeros planes de obras que dieron origen, en 1927 a la aprobación del proyecto de construcción, siendo la intención favorecer el riego de unas 12.000 hectáreas aproximadamente que, río abajo, estaban muy necesitadas de agua para regadío. Eran tiempos convulsos pues la dictadura del General Primo de Rivera comenzaba a dar signos de debilidad y la incipiente crisis económica que estalló en 1929 demoraron por falta de iniciativa política y de financiación el inicio de las obras que comenzaron hasta 1930 siguiendo el proyecto realizado por D. Antonio del Águila y Rada y la dirección del ingeniero D. Antonio Anguís Díaz, que ya había redactado un primer proyecto de construcción en 1912.

Con el Tranco de Mojoque al fondo imagen
de los ingenieros que diseñaron el proyecto inicial.

Hay que mencionar que el lugar que iba a quedar inundado con la presa cubriría más de 1500 ha., lugar que estaba repleto de cortijos y pequeñas aldeas donde las gentes habían hecho del río y su rica vega lugar donde poder vivir de la ganadería y de las huertas regadas por sus aguas. Destacaba la de Bujaraiza, un lugar de referencia, incluso a nivel histórico, donde su castillo marcaba y controlaba el paso por ese valle que, el curso alto del río Guadalquivir, formaba en el tránsito entre las tierras de Cazorla y las de Segura. Y está claro que con la aprobación de este proyecto del embalse se procedió a la expropiación de tierras y al desalojo de todo el valle con mucha gente que se tuvo que reubicar en otros lugares.

Entorno de Bujaraiza, sobresaliendo el castillo, hoy convertido en isla.

 Paralelamente se comenzó la construcción de un poblado con diversas viviendas para alojar a los obreros, aproximadamente unos 750 hombres y sus correspondientes familias haciendo un total de población de unas 2500 habitantes, incluía también una iglesia bajo la advocación de San Rafael, escuela, salón de actos con cine sonoro, economato, fonda, oficina de correos, destacamento de Guardia Civil y diversos comercios, así como una pequeña clínica de atención de urgencia con un médico y un practicante a cargo de la Caja Nacional del Seguro de Accidentes. Hoy en día siguen siendo utilizadas algunas de estas viviendas por los trabajadores de la central hidroeléctrica, descendientes de aquellos trabajadores y por algún que otro miembro de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, controladora de la explotación del embalse.

Construcción de las viviendas del poblado de El Tranco

Con las expropiaciones, el desalojo del valle y el establecimiento de los trabajadores en los aledaños del Tranco de Mojorque se iniciaron las obras que siguieron a buen ritmo durante el gobierno de la II República. No obstante, decir que, a finales de 1935, con una España sumida en la confrontación política e inestabilidad económica, las obras, ya muy avanzadas, se paralizaron y, por supuesto, quedaron abandonadas durante la Guerra Civil. No sería hasta 1940, cuando la dictadura del General Franco, decidió dar continuidad al proyecto para finalizarlo, comenzando la presa a embalsar agua el 28 de febrero de 1944. No sería hasta dos años más tarde, el 31de mayo de 1946, con el embalse ya casi lleno, cuando se procedería a su inauguración oficial de la mano del General Franco, siendo, en ese momento, el segundo en capacidad de todo el estado sólo por detrás del embalse del Esla y el tercero de toda Europa.

Diversas imágenes de la inauguración oficial.

Ciertamente era una obra colosal para la época, pues la altura del embalse alcanzaba los 95 mts. siendo capaz de contener hasta los casi 500 hm3, contando con la novedad de tener la primera central hidroeléctrica subterránea de toda España situada a más de 30 mts. por debajo del nivel del cauce del río y que fue construida entre 1947 y 1952, una vez vaciado el embalse para así poder construir los túneles de evacuación de aguas, la zona de turbinas y de control de producción. El embalse inundará terrenos de los términos municipales de Hornos de Segura, Santiago-Pontones y Villanueva del Arzobispo. Pero en aquel momento fue una obra controvertida y no aceptada por los habitantes de la zona pues supuso la pérdida de tierras de cultivo y viviendas que, obligatoriamente, tuvieron que abandonarse, la merma en territorio de explotación forestal y ganadero y, por supuesto, las paupérrimas indemnizaciones recibidas. El rechazo popular no contemplaba aspectos de impacto ambiental, siendo entendida como generadora de pobreza y así se mantuvo durante muchos años, todo ello a pesar de la construcción de la carretera A-319 que bordea el embalse y mejoraba las comunicaciones de todo el valle del Guadalquivir o la construcción de nuevos enclaves como Coto-Ríos. No será hasta que la potenciación turística relanzó este entorno para su explotación a nivel cinegético, paisajístico y de turismo de la naturaleza, especialmente con la declaración de toda esta área como Parque Natural y, por lo tanto, el aprovechamiento económico de toda esta zona natural. A partir de aquí la transformación que sufrió este entorno fue drástica por la potenciación turística, siendo esta actividad la nueva fórmula de dinamización económica y, con ello, el modo de vida de sus habitantes, cuestión que perdura hasta hoy en día.

Diversas imágenes de la construcción
de las conducciones subterráneas de la
central hidroeléctrica

Otro aspecto que generó controversia fue su denominación por la que fue conocida la obra durante los primeros años de la dictadura franquista en el Ministerio de Obras Públicas en Madrid o por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir como El Tranco de Beas, a pesar de que este embalse no ocupa ni un solo metro cuadrado de su término municipal, pues ocupa los términos municipales de Hornos, al que pertenece la aldea del Tranco y la mayor parte de terrenos de inundación por sus aguas; Santiago-Pontones, donde se ubica la antigua caseta de control y parte de zona inundada por las aguas y Villanueva del Arzobispo, donde está ubicada la central hidroeléctrica y la presa.

Zona de confluencia de los términos municipales de
Hornos de Segura y Villanueva del Arzobispo

Hay que explicar que el vocablo “tranco” se entiende en la zona serrano-segureña como una zona de paso especialmente abrupta y dificultosa, como era el caso de la zona donde se ubicó la pared del embalse y que era conocida como “Tranco de Mojoque o Monzoque”, que tiene el lado utilizado para el paso en el término de Hornos por lo que debiera haber sido bautizado como “Tranco de Hornos” si no hubiera sido nominado tradicionalmente por las gentes que lo utilizaban como de Mojoque. Lo que no queda tan claro es el por qué la utilización del término “de Beas” en su denominación oficial si ya existía una denominación tradicional para esa zona. Es por eso que, en realidad, esta obra se hubiera debido llamar “Embalse del Tranco de Mojoque”.

Paso del Tranco de Mojoque ocupado ya por la pared del embalse

La creencia, no constatada para ese “Beas” que perdura en su denominación, es que fue asumiéndose así en Madrid, en el Ministerio de Obras Públicas, porque todas las comunicaciones que se efectuaban de parte de los ingenieros que dirigían la obra procedían de la localidad de Beas de Segura, que era el lugar donde se hospedaban. Así, poco a poco, el término para denominar al embalse que se estaba construyendo se fue afianzando oficialmente en el Ministerio como el proyecto del “Tranco de los de Beas”.

Portada del proyecto de creación 
de la central hidroeléctrica en la que
se denomina al embalse como 
Tranco de Beas.

Prueba que la localidad de Beas de Segura nada tiene que ver con este enclave es que nunca se utilizó el “Tranco de Mojoque” como zona de paso para ir a la población de Beas pues era el Camino Real de Cazorla a Hornos de Segura, que no pasaba por esta zona del Tranco, sino que, pasando por Bujaraiza, cruzaba al otro lado del Guadalquivir por el Vado de los Pinos Buenos para seguir por la vega del río Hornos hasta esa localidad y después seguir hasta Beas de Segura por la zona de la actual Cañada-Catena. El camino que atravesaba ese Tranco de Mojoque era el utilizado para acceder hasta Villanueva, siguiendo el curso del Guadalquivir, dividiendo las estribaciones de la Sierra de Segura y la de Las Villas; camino muy utilizado para comunicar la zona interna de la serranía con la zona de la campiña del Guadalquivir, y por lo tanto transitado por arrieros y transportistas. Muestra de ello fueron las numerosas ventas y posadas, como la de Foro, la de los Agustines, la del Tío Paquete, la de la Peona, la de Patricio donde paraba el correo, Melquiades o la del Pino, como puntos obligados para el descanso, beber o comer algo. Así describía este paso de Mojoque Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar (Madrid 1845-1850): "Este camino, aunque firme por estar todo en sierra, es fatal: en él se encuentra el difícil y peligroso paso del Tranco de Monzoque, que divide el término de dichas villas y el de Segura. Este tranco está en una elevadísima risca situada a la derecha del Guadalquivir, y si tiene acceso, aunque muy difícil, es por medio de cortes y composiciones hechas en su trayecto: antes de dominarla, preséntase la vereda en un vacío, desde el cual, por medio de agujeros y poyos hechos en la risca, forman el camino unos maderos colocados de un punto a otro de ella, camino cuya anchura apenas tiene 5 palmos (1,04 m.) y más de 100 varas (84 m.) de altura el precipicio colocado bajo de él. El paso de esta especie de puente, es imposible dejar de hacerlo en el supuesto de tomar este camino; mas sólo las personas que tienen costumbre, lo bifurcan sin marearse o sin experimentar al menos un grande estremecimiento de horror, pues otra cosa no puede suceder sí se atraviesan las 10 varas (8,36 m.) que tendrá de largo, en las cuales no se deja de percibir la profundidad del abismo, por la poca anchura del paso, y el espantoso ruido que forma el río estrellado en las rocas que encuentra en sus corrientes".

Imágenes del llamado "Correo". Autobús
que unía, siguiendo el curso del río, Villanueva con
Hornos a través del Tranco.

Es evidente que este embalse siempre ha tenido una controversia y contestación desde sus orígenes. No olvidemos el enorme rechazo que supuso este proyecto desde sus primeros planteamientos por la transformación que suponía en las dinámicas de viva de muchos serranos-segureños que perdieron sus tierras y sus viviendas con las expropiaciones; a la que unimos la de su equivocada denominación oficial como Tranco de Beas no bien aceptada, especialmente en la localidad de Hornos de Segura. Pero, por si fuera poco, y al ser considerado elemento básico del Parque Natural, hoy en día la controversia se ha trasladado a la tendencia impuesta por la explotación turística a ubicarlo en la Sierra de Cazorla en detrimento a su situación en plena Sierra de Segura y de las Villas. Sea como fuera, hoy en día el embalse del Tranco, como es denominado por los serranos-segureños, sin apellidos inapropiados, es parte del paisaje particular de nuestra Sierra de Segura.

lunes, 16 de febrero de 2026

UN PERSONAJE EN LA HISTORIA DE LA SIERRA DE SEGURA

 EMILIO DE LA CRUZ. UN HISTORIADOR DE LA SIERRA DE SEGURA

Por María Amparo López Arandía

La Sierra de Segura ha sido protagonista indiscutible de la producción científica de Emilio de la Cruz Aguilar. Muy diversos han sido los temas abordados a este respecto, aunque entre todos ellos destaca una línea de investigación, centrada sobre todo en los aspectos relativos a la organización jurídico-administrativa de Segura y su territorio, íntimamente relacionada con la explotación de los recursos madereros, período inaugurado con la defensa de su tesis doctoral en 1977, bajo el título Régimen de montes de Segura (siglos XIII al XIX).

Emilio de la Cruz Aguilar. Orcera (1936)-Alzira (2020)

Sería en los años ochenta y noventa del siglo pasado, cuando De la Cruz profundizó en esta línea del pasado segureño, tras una primera aproximación ofrecida en su trabajo “Régimen de Montes en la Sierra de Segura”, publicado en 1979. Así, en 1980 publica Ordenanzas del común de la villa de Segura y su tierra de 1580, documento localizado por él mismo entre una sentencia de la Real Chancillería de Granada, datado en 1612, como resolución de un pleito iniciado por Génave, Torres y Villarrodrigo contra la villa de Segura. La edición de las ordenanzas permite conocer la regulación de la actividad agro-silvo-pastoril en las tierras de Segura con anterioridad a 1748, en las que ya se pone de manifiesto el peso que la explotación forestal tuvo históricamente para este entorno. Algunas de las regulaciones establecidas por estas ordenanzas serían, igualmente, objeto de su especial atención, como puso de manifiesto en su trabajo “Los caballeros de Sierra en unas ordenanzas del siglo XVI”.

Un año después, en 1981, defiende su discurso de ingreso en el Instituto de Estudios Giennenses, organismo del que fue nombrado consejero en 1975. El discurso, que fue editado por esta institución en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, abordó el tema de “La Provincia Marítima de Segura de la Sierra”, analizando, precisamente, el período inaugurado con la promulgación de la ordenanza de Montes de 1748, que puso a las tierras de Segura y su entorno bajo jurisdicción de la Secretaría de Estado de Marina. Una etapa crucial para este territorio y que en virtud de la existencia de ríos navegables en la zona, como el Guadalimar, Guadalquivir o el río Segura y sus afluentes implicó el abastecimiento de madera por el sistema de flotación a los arsenales de La Carraca y Cartagena y la dependencia jurisdiccional directa de estas tierras al departamento marítimo de Cádiz y el homónimo de Cartagena, en un período de una fuerte demanda de esta materia prima, resultado de la amplia actividad en la construcción naval promovida por los Borbones tras la Guerra de Sucesión.

Emilio de la Cruz colaborando con José Antonio Labordeta
en su programa para RTVE "Un país en la mochila"

La demarcación de la provincia marítima trascendió el territorio mismo de la villa de Segura, incluyendo un denominado ministerio -el de Segura- y cuatro subdelegaciones: Alcaraz, Villanueva del Arzobispo, Cazorla y Santisteban, englobando a medio centenar de localidades en una superficie de unos 9000 km2. Esta estructura pervivió con altibajos, y con pérdida de algunos territorios, hasta 1836, tras la aprobación, tres años antes, en 1833, de unas nuevas ordenanzas de Montes que abolieron jurisdicciones privilegiadas, como esta, terminando con la actividad de instituciones creadas exprofeso previamente, caso del Tribunal establecido en Orcera, tribunal de primera instancia, que contaba con la actividad de un ministro y juez principal de Marina, un auditor, un fiscal, un escribano y un alguacil.

La atención de De la Cruz por la provincia marítima no minusvaloró atender a los grandes protagonistas de la explotación forestal, especialmente los pineros que se encargaban del transporte maderero por los cursos fluviales con destino a los arsenales. Del mismo modo, atendió a las consecuencias del establecimiento de una provincia marítima en la zona, deteniéndose en los aspectos jurídicos, que implicaron ante todo el choque entre la nueva jurisdicción impuesta, más restrictiva, y los regímenes jurisdiccionales previos, causa de la apertura de numerosos procesos en los años de pervivencia de esta demarcación; consecuencias económicas, a su entender negativas, afectadas por el establecimiento de “un monopolio estatal sobre la explotación y comercio de la madera”, según sus palabras, y los límites impuestos a otras prácticas, como la ganadera o el uso libre de los pastos, obviando, no obstante, quizás, que a pesar de ello, una buena parte de la población del entorno se benefició de la actividad de la explotación maderera al participar directamente en ella. Por último, se centró en las consecuencias sociales, derivadas directamente de los anteriores efectos, que llegó a calificar de trágicas; y políticas, ofreciendo una visión también negativa, al advertir la pérdida de derechos por parte de los municipios integrantes de la provincia marítima en favor de la Secretaría de Marina.

Emilio de la Cruz colaborando en un programa de "Canal Sur TV"

En definitiva, prevalece en De la Cruz una visión negativa de la existencia de la provincia marítima marcada, a su entender, por la sobreexplotación del bosque por las Secretarías de Estado de Hacienda y Marina en detrimento de los intereses locales.

Y es que la Secretaría de Estado de Marina compartió la explotación de los montes segureños con la Secretaría de Estado de Hacienda, que incidió en dicho territorio desde 1733, con pinadas que tenían como destino la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. También a esta acción prestó atención Emilio de la Cruz, quien años más tarde, concretamente en 1987, analizó la actividad de otra institución que incidió sobre Segura de la Sierra y su entorno, como fue el Real Negociado de Maderas, creado en 1733, en Sevilla, para regular la tala y transporte maderero desde la Sierra de Segura a los almacenes de la Real Fábrica de Tabacos, y cuya actividad se prolongó hasta 1817. El Real Negociado dependía de la Secretaría de Hacienda. Al frente del mismo se encontraba un Superintendente. Pronto, el Real Negociado se encargó no solo de abastecer de madera a la Real Fábrica de Tabacos sino de vender el excedente maderero a terceros, obteniendo así un beneficio extra.

Especial del Diario Jaén
dedicado a Emilio de la Cruz 

La promulgación de las ordenanzas de Montes en 1748 y el nacimiento de la provincia marítima implicó la confluencia de otra institución, la Secretaría de Marina, con intereses madereros en la zona, lo que trajo consigo un período de conflictividad, a pesar de que este se intentó frenar con medidas como la estipulación de qué tipo de madera quedaría bajo cada institución: bajo la Secretaría de Hacienda piezas de hasta diez varas de longitud, bajo la Secretaría de Marina, superiores a dicha medida; o incluso con la determinación de la alternancia anual en las cortas y pinadas con el fin de evitar la coincidencia en el mismo año del transporte para ambos organismos por el río Guadalquivir y sus afluentes. A pesar de ello, los enfrentamientos no cesaron. El Real Negociado contó con un amplio número de asalariados, encargados de la tala y transporte de madera desde el monte hasta Sevilla.

La actuación del Negociado, contó, como sucedió con la Secretaría de Marina, con la oposición de los concejos de la zona que vieron limitados sus antiguos derechos a explotar y comerciar con la madera. Se llegó, incluso, por parte de la villa de Segura a solicitar del Negociado el pago de los pinos talados en su término, acción que igualmente llevaron a cabo Cazorla, La Iruela y Villaverde de la Sierra. De la Cruz achaca al Real Negociado, como haría con Marina, el ser el causante de la deforestación del entorno de Segura, acusándolo de incumplir los postulados del tipo de madera que se debía cortar en su caso, explotando mucha materia prima que en realidad no era de utilidad para sus intereses.

Emilio de la Cruz recibiendo el título de
presidente de honor del TUNAESPAÑA
por su obra "Libro del Buen Tunar"

Por otra parte, atribuye al Negociado la misión de contener los precios de la madera, al situar la de Segura a un precio inferior a la madera importada de Holanda y Flandes. La detenida mirada de Emilio de la Cruz al régimen jurisdiccional de los montes de Segura culminó en 1994 con la publicación ampliada de su tesis doctoral, bajo el título “La destrucción de los montes. Claves histórico-judiciales”, que, partiendo de la regulación jurídica de los montes por parte del derecho romano y por subsiguientes fueros como el de Cuenca, aborda los cambios impuestos por la ordenanza de Montes de 1748, prosiguiendo con la atención a la explotación de los montes en los siglos XIX, donde prevalecieron los procesos desamortizadores, especialmente el de 1855, y XX para culminar con la ley de espacios naturales de 1989, advirtiendo la existencia de períodos en los que los incendios forestales se expandieron.

Tras este estudio general, elige como caso de estudio el de la Sierra de Segura, recordando su tradicional dedicación a la explotación maderera y ganadera, ya regulada en las ordenanzas del común de 1580, que crearon, a su entender, una sociedad homogénea, al permitir a la totalidad de sus habitantes el acceso a dichos frutos. La fractura de esta sociedad acaeció, para De la Cruz, en el siglo XVIII, con la intervención directa de dos entidades estatales, la Secretaría de Hacienda y la de Marina, en el territorio, que serían, a su entender, las responsables de la deforestación de la sierra, llegando a considerar el período concerniente a la provincia marítima de Segura de la Sierra, entre 1748 y 1836, como dramático. Un abuso estatal que para el profesor De la Cruz continuaría en el siglo XIX con las desamortizaciones y en el siglo XX con explotaciones promovidas por el propio Estado, como las llevadas a cabo por RENFE a través de la empresa Explotaciones Forestales. Omite, sin embargo, el autor, atender al volumen de madera explotada, cuestión sobre la que recientes investigaciones han llamado la atención y que pondría de manifiesto que, en realidad, la incidencia de las explotaciones promovidas por las secretarías de Hacienda y Marina en el siglo XVIII fueron inferiores a la presión ejercida desde Explotaciones Forestales en el siglo XX.

Teatro Municipal "Emilio de la Cruz" en Orcera 

Sin duda, el régimen jurídico que afectó a Segura de la Sierra ha representado la principal línea de investigación del profesor De la Cruz, como queda patente por los trabajos aquí recogidos, a los que hemos de sumar su estudio sobre el fuero de Segura de la Sierra. Aunque fue la línea de investigación más significativa en su trayectoria, el régimen de los montes no fue el único objeto de atención por parte de nuestro protagonista, que igualmente se interesó por otros temas concernientes al pasado de Segura de la Sierra, desde el pasado romano, centrándose en las vías de comunicación, pasando por la etapa musulmana, para llegar a la realidad del siglo XVI o a la histórica actividad socioeconómica de la zona más allá de la explotación maderera.

María Amparo López Arandía, autora del artículo.

Emilio de la Cruz sentó, con esta gran variedad de temáticas, las bases para la historiografía que posteriormente ha puesto su foco de atención en la Sierra de Segura, abriendo el camino a nuevas investigaciones. Sirvan estas líneas para homenajear al que, sin duda, puede considerarse el padre de las investigaciones sobre Segura de la Sierra y su entorno, cuyo legado permanece hoy a través de sus escritos.

lunes, 19 de enero de 2026

LA N-322 Y PUENTE DE GÉNAVE. POSADAS Y ALOJAMIENTOS

Presentamos el artículo firmado por Ramón Gallego, cronista oficial de Puente de Génave, en el que hace referencia a la influencia del trazado de la N-322 por la localidad y lo que originó en cuanto a su crecimiento y la proliferación de servicios de hostelería y restauración desde principios del S. XX. Un artículo muy descriptivo en el que aporta datos de establecimientos, su evolución y los servicios que durante muchos años aportaron a muchísimos viajeros. 

PASTA FRESCA

Cuando decimos que el viajero podía comer en las diversas ventas que jalonaban Puente de Génave “pasta fresca” no nos hemos equivocado, puesto que hasta la década de los 60 del siglo pasado hubo una familia que se dedicaba a vender pasta de forma itinerante de cortijo en cortijo y de venta en venta, con los ingredientes básicos de la pasta como son la harina de trigo, los huevos, agua y sal. Ni que decir tiene que la hacían al instante. Las proteínas en estos establecimientos las aportaban los pollos de corral que se sacrificaban a demanda y el cordero o cabrito tan rico de la Sierra de Segura. Debemos considerar que Puente de Génave como núcleo de población empieza a crear en el último cuarto de siglo XIX al calor de la carretera nacional N-322 que estaba recién construida. Son innumerables los vecinos que solicitaron al Ayuntamiento de La Puerta de Segura un trozo de tierra para construir su casa en la, por aquel entonces, aldea de Puente de Génave, bajo la condición de que esta se construyera en el plazo de un año so pena de perder el solar cedido a tal efecto.

Mojón de señalización de la N-322 en Puente  de Génave

En el tránsito de los dos siglos encontramos ya implantadas las posadas en el núcleo urbano de Puente de Génave. La Posada de Rocío, la Posada de Pepe U, que anteriormente se llamaba posada del Tío Juan de Dios y la Posada de Maceo, regentada por Antonio Gutiérrez junto a su mujer e hijas Encarna, Benita, Teresa y Manuela que eran consideradas como grandes cocineras. El vino en esta última posada era de La Mancha puesto que tenían la exclusiva para la venta de las bodegas del Duque de San Fernando en Villanueva de los Infantes, rico caldo que se recibía en toneles de 12 arrobas, con 132 litros de capacidad, de 15 arrobas de 165 litros de capacidad o de 24 arrobas que podían contener hasta 264 litros de excelente vino que se vaciaba en tinajas que proporcionaba la propia bodega del Duque.

Vista aérea de Puente de Génave con el trazado
de la N-322 y la circunvalación

Son estos inicios del S. XX cuando Puente de Génave adquiere su carácter como pueblo y se consolida con la construcción del ferrocarril Baeza-Utiel, la carretera nacional N-322 Córdoba-Valencia, una central hidroeléctrica sobre el río Guadalimar cercana a la Vicaría y el establecimiento de un cuartel de la Guardia Civil, así como de médico, veterinario, escuelas, farmacia y todos aquellos servicios considerados básicos para un núcleo de población. Las posadas vienen a enriquecer los servicios que el pueblo ofrecía, ampliando su oferta culinaria cuestión que se ve favorecida por el paso de los numerosos transportistas que llevaban mercancías desde Andalucía hasta el Levante español y viceversa. Estas posadas eran diferentes a las ventas de los caminos típicas del S. XIX, atestadas de arrieros y con espacios para las caballerías, que dependían del aceite de “las Andalucías” y del vino o trigo manchegos porque la producción de la Sierra de Segura era muy escasa y se dedicaba básicamente al autoconsumo cuando las cosechas eran positivas.

Camiones recorriendo la N-322 a su paso por la localidad

En 1928 aparece otro establecimiento que ofrece este tipo de servicio denominado Fonda de la Manuela que perdurará en esa actividad de servicio al viajero hasta 1988, y no precisamente por la falta de clientes o comensales sino por falta de un relevo generacional. Aquella otra posada, la de Maceo, que en 1952 se transformará en la conocida Pensión Suárez, siguió con la tradición de acogida al viajero, junto al ofrecido por los establecimientos de Pepe U y la de Rocío, tradición que venían ejerciendo durante pleno S. XX, aunque ahora hospedando sólo a los clientes y no a sus bestias de carga pues los vehículos a motor quedaban aparcados junto a la carretera.

Fachada de la Posada de Pepe U

Hasta los años 70 y 80 del siglo pasado, la restauración ofrecida por estos establecimientos era algo sin pretensiones, pero con unas excelentes materias primas ofrecidas por proveedores de proximidad; pollo de corral, cordero segureño, aceite de oliva, frutas y verduras de la rica huerta del Arroyo de Peñolite, harina candeal, etc… En esta época hace su aparición el bar Linares que ofrecía servicios de comedor y también habitaciones, pero que apenas dura en sus servicios unos 15 años teniendo en ese tiempo una fama reconocida con abundantes clientes; calzados Ayuso, hierros Candel, cafés Legorburo, etc…, todos ellos de Albacete, algo significativo que puede dar una idea clara de la cercanía de las tierras castellano-manchegas a esta zona de la provincia de Jaén y de las buenas comunicaciones que existen desde tiempos bastantes lejanos. También se funda por esta época, es decir, a mediados de los años 70, un local justo al lado de la antigua Venta de Gaspar, heredando el carácter de un establecimiento creado y dedicado por y para el servicio a la carretera. Se trata del Restaurante El Chaparral, levantado por D. José Valdelvira Padilla, incluso con el servicio de gasolinera y que, tras diversas vicisitudes, posteriormente, se dedicó a algo totalmente diferente al objetivo para el cual se concibió estableciéndose un club de alterne en el mismo.

Instalaciones de El Chaparral

A partir de la década de los 90 el panorama cambia radicalmente en los fogones de comida casera y tradicional, surgiendo nuevos establecimientos que sustituyen a los mencionados que van desapareciendo por falta de relevo generacional, y que, aunque no pierden la esencia y el buen hacer en cuanto a sus servicios, adoptan métodos más modernos ofreciendo servicios no solo a los viajeros sino también a la población aquí residente que ve en estos lugares puntos excelentes para celebraciones o comidas de días festivos. Nos referimos al Hotel Sierra de Segura, que se llamó Hostal Los Cazadores en un principio, Casa Rural Molino de Anica, El Jaraiz de Peñolite o el Hostal Los Camioneros, todos ellos con excelente servicio y amplias cartas y bodegas de calidad.

Fachada de la Casa Rural de "El Molino de Anica"

Un gran cambio ha acontecido desde que José Molina (Pepe U) viniera en 1920 desde Úbeda a trabajar con su tío Juan de Dios hasta que recientemente se inauguraron establecimientos como pueden ser la Pizzería La Torreta, así como la modernización de los servicios del Bar-Restaurante Vela o el Hotel Don Juan que entró en servicio en el año 2002.

Ramón Gallego