miércoles, 3 de junio de 2015

ADIVINANDO EL FUTURO DESDE 1974

Reproducimos un escrito de nuestro paisano y amigo Pablo García González, aparecido en el programa de fiestas de 1974 en el que, de forma muy acertada, se hace una reflexión sobre cúal era la realidad de Puente de Génave en aquel momento y cuáles serían sus posibilidades de futuro. Han pasado ya 41 años, y aunque parece mucho tiempo, hay que tener en cuenta que las transformaciones socioeconómicas siempre suelen ser muy lentas, por lo que, con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido, podemos afirmar que Pablo acertó de pleno en sus vaticinios y, afortunadamente para todos, muchas de sus propuestas vieron la luz para ofrecer a nuestro pueblo las posibilidades de futuro por las que todavía hoy sigue luchando.


ALGUNAS REFLEXIONES Y UN AFÁN.

Por Pablo García González.

     Vivimos en un pueblo enfermo. Aunque no se trata de un mal en el que haya de intervenir la Delegación Provincial de Sanidad. No. Puente de Génave es un lugar afectado por una epidemia extendida por media España: la emigración. Según las estadísticas en los próximos treinta años van a desaparecer dos mil quinientos de los casi ocho mil cuatrocientos municipios que tiene el país; todos ellos están gravemente heridos por la enfermedad migratoria. Y uno piensa, modestamente, que vivimos el momento oportuno, irrepetible quizás, para buscar a nivel local remedio al problema. La intranquilidad está en el ánimo de todos. Y lo comentamos cada vez que una casa se cierra o cuando paseamos por las calles desiertas. Y lo vemos en ocasiones festivas, cuando algunos de los que marcharon regresan cargando sus nostalgias. Casi todos, y son muchos más que los que quedan, han ganado en bienestar material. Las sociedades industrializadas de las provincias más ricas les dieron sus sueldos fijos, sus pluriempleos, sus fines de semana, su pequeño utilitarios….. Y en esa vida ciudadana y distinta, nuestros paisanos, casi siempre, supieron de añoranzas repetidas cada navidad, semana santa, vacaciones de agosto o “sanisidro”.
Pablo García González

     Puente de Génave, nació en 1933 con más habitantes que tiene ahora, medidos los años setenta. Es como un niño que en vez de crecer se hubiera ido consumiendo con el tiempo. La cosa es realmente importante. Grave. Y muchos ojos miran alrededor buscando soluciones. Por eso decía antes que vivimos el momento preciso para borrar viejos conceptos y despertar a la realidad de estos años setenta.

"El Terne" protagonista de la emigración en nuestro pueblo
MIRANDO ATRÁS.- Los nuevos condicionantes socioeconómicos nada tienen que ver con los existentes en los años anteriores a la guerra y los siguientes hacia el comienzo de la emigración masiva, allá por los últimos años cuarenta y cincuenta. Se daba entonces una clarísima diferenciación en nuestro pueblo, con dos o tres familias dominando la cúspide de la pirámide social, dueñas de la casi totalidad de las tierras. Una clase media baja de pequeños propietarios de minifundios poco rentables y una gran masa de obreros agrícolas, en la base que trabajaban para los primeros casi siempre en forma de aparcerías renovables anualmente. La escasez del término municipal y el mal aprovechamiento de los recursos agrícolas, hicieron que las únicas épocas de relativo florecimiento se dieran en la potsguerra, al reanudarse las obras del ferrocarril Baeza-Albacete, -“cuando la vía”-, y con la instalación de las serrerías en el pueblo -“cuando la Renfe”-. Nace en esos años una nueva clave de obreros de salario fijo con mejores condiciones económicas que los del campo. La circunstancia da al pueblo esa vocación “cuasi-industrial” que aún subsiste.
Obras de construcción del Hospital en Puente de Génave

     Con la terminación de la vía y la marcha de la empresa maderera comienza la emigració . Al principio las familias marchaban definitivamente y el pueblo hubiera desaparecido a no ser porque en los últimos años los cortijos se despoblaron, y muchos de sus habitantes se instalaron en él, y en parte por la transformación de la emigración definitiva en “de temporada”. Últimamente la elevación del nivel de vida es palpable, en principio porque ha acusado el cambio experimentado en el país y también por la variación de sus condiciones socioeconómicas y porque la magnífica localización geográfica del pueblo ha evitado su sangría.

     En el plano agrícola, los antiguos latifundios se han repartido en gran medida y se han unido minifundios haciéndose medianamente rentables. La mecanización del campo, la lucha contra las plagas del olivar y, sobretodo, la creación de dos cooperativas oleícolas han sido positivos intentos del resurgir agrícola. Y digo intentos porque se está muy lejos de una meta satisfactoria, perfectamente alcanzable siempre que se produzca un cambio de mentalidad en muchos y deseo de superación en todos.
Planificación del polígono industrial "La Vicaría"

     Por otra parte se ha conseguido crear una infraestructura, como dirían los técnicos, precisa para un futuro desarrollo. Sin esta transformación física y la creación de unas condiciones básicas, sería absurdo aspirar a ningún tipo de evolución. De ahí el valor de un pueblo con la casi totalidad de casas nuevas o reformadas, confortables e higiénicas, donde hace veinte años no había ni un solo cuarto de baño; magnífica electrificación, suministro de agua, alcantarillado y pavimentación…, inmejorables comunicaciones, etc… En el plano educativo, se ha pasado de la vieja escuela unitaria al Colegio Nacional Comarcal, con niños que saben más que sus padres, buen número de universitarios y aceptable nivel cultural. Todo esto puede ser definitivo.


MIRANDO EL MAÑANA.- Transformación agrícola y creación de puestos de trabajo son las dos imprescindibles ruedas para poder avanzar.

     Y a pesar de todos los que, anclados en fáciles excusas, desesperan del campo, hay que buscar soluciones. Quejándonos en la tertulia del bar “del pintor” o siguiendo con la misma mentalidad de nuestros abuelos se consigue bien poco.
Ecoliva, una oportunidad para el desarrollo del olivar

     Uno que nada entiende de economía agraria pero que ve pueblos enriquecidos por su agricultura, mientras otros apenas arañan a su terruño medios para malvivir, se han ido a quien pueda explicarlo. Pedro Ruiz Avilés, nuestro flamante Ingeniero Agrónomo, habla con la ilusión de un niño y la seriedad y convencimiento de un técnico, apuntando que los males, esquematizadamente, podrían ser estos:

-Distinta y distante localización de parcelas de una misma propiedad.

-Falta de planes de aprovechamiento.

-Escaso rendimiento causado por el abandono que ha producido el empobrecimiento de la materia orgánica.

-Ineficaz utilización de los recursos hidráulicos con falta de regadíos.

-Falta de estudios serios sobre posibilidad de nuevos cultivos.
Producción ecológica en la Cooperativa "La Vicaría"

     Y tras la queja la búsqueda de nuevas soluciones: el problema se resolverá únicamente con la ordenación rural del municipio, también con una concentración parcelaria, mejora en los servicios, estudios y enriquecimiento de tierras, nuevos cultivos rentables en la zona, redención de tierras abandonadas, conversión de cientos de hectáreas de secano en regadío, etc… Y como consecuencia de lo anterior, creación de industrias agropecuarias. Todo esto, expuesto así, nos puede dejar fríos, pero extensas zonas de provincias antes pobres se han puesto a la cabeza de la agricultura del país. Y la cosa no puede ser más sencilla pues pasa por ponerse de acuerdo y solicitar ayuda al Ministerio. Y se hace. Ya es hora de alejar rancios temores y ñoñas desconfianzas.
Cooperativa oleícola "Olivar de Segura" en Puente de Génave

     La otra necesidad es la creación de puestos de trabajo. Puente de Génave es un magnífico lugar para el emplazamiento de determinado tipo de pequeñas y medianas industrias. La infraestructura, a que antes aludíamos y sus gentes lo merecen, lo necesitan y pueden conseguirlo. Se habla ahora con entusiasmo de esa fábrica en construcción que supondrá la creación de treinta puestos de trabajo. Esto puede ser el comienzo. Pero hay que luchar, cada cual según sus posibilidades, Y no solamente esperar que vengan de fuera a solucionar los problemas. Se trata de evitar la muerte de un pueblo. Se trata de crear vida y bienestar. Se trata de evitar que nuevas familias emprendan el difícil camino de la emigración. Se trata de continuar viéndonos cada año y que nuestra vida sea mejor.

     Esto quiere ser un reto a todos, los que se mantienen aquí y los que se fueron. Los jóvenes y los viejos. Los del Puente y los de Peñolite, que al cabo son dos lugares de un mismo pueblo.

     Mañana puede ser tarde.

viernes, 22 de mayo de 2015

SAN ISIDRO 2015 EN IMÁGENES

Resulta extremadamente complicado resumir en poco más de 40 imágenes unas fiestas tan intensamente vividas por todos los puenteñ@s. Son muchos los momentos, los actos y las particularidades que cada uno ha podido vivir. No obstante queremos aproximarnos a la realidad que estas fiestas nos ha ofrecido a través de estas imágenes que nos han proporcionado Nino Sánchez, Alicia Serrano, Javi Flores, David González, A. M. San Isidro Labrador, Samantha Sánchez, Joaquín Castillo, Santiago Ydáñez, José Antonio Molina...


















miércoles, 13 de mayo de 2015

SAN ISIDRO HACE 30 AÑOS



Pregón de las Fiestas de Puente de Génave. San Isidro 1985

Pregonero Ramón Carrasco.
            Queridos amigos y paisanos: Doña Rosario Jiménez, que rige en la actualidad los destinos de este Municipio, me pidió que pronunciara unas palabras que, a modo de pregón, sirvieran en este día de prólogo o pórtico a las fiestas de San Isidro.
D. Ramón Carrasco
            Justificaba su elección en el deseo en que este noble encargo siguiera siendo ejecutado por personas vinculadas a Puente de Génave. Y ahí sí que tengo yo algunos títulos, que para mi son como cartas de nobleza. Nací en Orcera, pero todavía no tenía tres años cuando mis padres fijaron su residencia en Puente de Génave. Aquí transcurrió  mi infancia, mi adolescencia y mi juventud, con las ausencias propias de los periodos de estudios. Aquí se grabaron en mi alma mis primeros gozos, mis primeras penas, mi primer amor... Por esta carretera, menos transitada y  peligrosa que hoy, y por estas calles, aún sin urbanizar, transcurrieron mis primeros juegos infantiles. El Oued-el-Hanra de los árabes, el río Guadalimar, nuestro río Colorado, fue el primero en que me sumergí. El primer paisaje que se grabó en mi retina de niño fue éste de lomas y olivares que circunda nuestro pueblo.
            Más tarde, durante muchos años, aunque los azares de la vida me llevaron a residir e tierras lejanas, muy lejanas, aquí pasaba todas mis vacaciones, aquí seguía empadronado y aquí tenía, si no mi residencia permanente, sí mi domicilio oficial. Por si fuera poco, y para terminar, en este cementerio, en esta tierra sagrada reposan los restos de mis padres, de mis hermanos y de mis abuelos paternos y aquí viven aún, en el triángulo formado por Siles, Orcera y Puente de Génave, mi único hermano y algunos de mis familiares y amigos más queridos. 
            Estos son, en frase del Cardenal Cisneros, queridos paisanos, mis poderes. Estos son mis títulos que yo exhibo con orgullo y que me autorizan a estar hoy con vosotros.
            Gracias de todo corazón por la oportunidad que se me brinda de ser hoy de ser vuestro vocero y de traer aquí, desde la emoción y la nostalgia, la evocación de unas fiestas que fueron y deben ser famosas y que sirvieron y sirven para reanudar y estrechar lazos, para consagrar familias y amigos y para dar rienda suelta a la alegría sana de las gentes de este pueblo.

            De este pueblo, como ha dicho alguien, “chiquito y bonito, entre andaluz y manchego, entre serrano y campero”. Puente de Génave, nuestro Puente, no puede vanagloriarse ni de su grandeza material (es sencillamente como una bandada de palomas que se han posado en las orillas del Guadalimar) ni de su raigambre histórica. La vida de oros pueblos, incluso de nuestro entorno (Segura de la Sierra, Hornos, Orcera, Siles, etc) se cuenta por centenas de años, la de nuestro pueblo puede contarse por decenios. El Puente, como pueblo, no tiene antiguos monumentos ni piedras vetustas, ni posee un historial de siglos. Sus hijos participan por supuesto en el acervo común de esta tierra milenaria y se sientes herederos de la historia andaluza y de la historia de España. Pero, como entidad local, nuestro pueblo es joven y posee las inmensas virtudes de la juventud. Es alegre, emprendedor, dinámico, afectuoso, extrovertido, acogedor , generoso. Tiene la gracia andaluza y la cazurría manchega, el salero de Andalucía y la seriedad de Castilla. Por algo la Naturaleza lo ha colocado en el límite entre Andalucía y Castilla la Mancha. La tierra andaluza parecía darse aquí la mano con Castilla y con el antiguo reino de Murcia. Parece como si la providencia hubiera hecho de nuestro pueblo el pañuelo blanco que exhibe Andalucía para decir adiós a los viajeros que salen de esta región camino de Levante, o la mano con guante de seda que la acogedora tierra andaluza tiende generosa a los que a ella vienen por la carretera de Valencia. Su situación geográfica convierte a nuestro pueblo en “puente” entre regiones, lazo entre hermanos. Es como el broche que una regiones diferentes, pero que tienen un pasado y destino comunes. 

            Tengo fe en el porvenir de Puente de Génave. Su riqueza y su grandeza no están, como decíamos en el pasado, pero están en el futuro. Muchos de sus hijos tuvieron (tuvimos) que emigrar a otras regiones más favorecidas, o a otros países para encontrar el sustento. Otros hijos se quedaron aquí y con un trabajo tenaz y difícil hicieron que este pueblo no muriera. La semilla sembrada por unos y por otros, la ayuda que todos debemos aportar codo con codo, la nueva situación socio económica que se vislumbra, la posible autovía Sevilla-Levante, el tesón y el trabajo de todos hará sin duda ninguna que nuestro pueblo siga su marcha ascendente.
            Porque Puente de Génave, con su juventud, ya ha dado pruebas de fecunda madurez, que se ha traducido sobre todo en el tesoro de sus hijos. De los que se fueron y lo añoran y trabajan por él desde lejos y de los que callada y laboriosamente aquí se esfuerzan. Todos merecen nuestro elogio y nuestro agradecimiento. A todos brindamos hoy nuestros mejores deseos de alegría y bienestar. Muchos no han podido venir y nos acompañan, como yo mismo otros años, con la nostalgia y la añoranza. A ellos va nuestro afectuoso recuerdo.  Afectuoso recuerdo que se tiñe de amargura y de pesar cuando pensamos en los que no están aquí porque tienen ya, como dijo Machado, “arribada su barca en la otra orilla”.
De izda. a drcha.- D. Antonio Campayo, D. Ernesto, D. Pedro, D. Cándido Samblas, Dª Lucía, Dª Paquita, Dª Ramona
            Tres de estos han merecido que Puente de Génave les dedique sendas calles. Me refiero a Juan María Idañez, Ramona Serrano y Don Antonio Campayo.
            Al primero lo conocí muy poco, pues murió en desgraciado accidente cuando yo era niño. Me consta sin embargo que, con mentalidad de otra época, pero con un espíritu emprendedor, un tesón y una capacidad de trabajo asombrosos, dio trabajo a muchos, creó pequeñas industrias, inició la trasformación de nuestro pueblo y lo condujo a su independencia. 
            Doña Ramona Serrano está mucho más cerca en el cariño y en el recuerdo. El 20 de diciembre de 1972 asistía yo, en representación del Gobernador Civil de la provincia, al homenaje que aquí se la tributaba. Había dejado su vida a jirones en beneficio de todos y Puente de Génave se lo agradecía. Muchas generaciones de niñas, hoy mujeres, conocieron su entrega sin límites, su dulzura exquisita, su inmensa bondad. Recuerdo que en aquella ocasión dije que la serenidad, la entereza, la presencia de ánimo y la dulce sonrisa con que sobrellevó su terrible enfermedad fue la última lección que nos dio, a todos, aquella maestra ejemplar.
D. Antonio Campayo
Y ahora le toca el turno a otro hijo ilustre de nuestro pueblo a Don Antonio Campayo. Seré muy breve porque no quiero cansaros con el relato de cosas que mucho conocéis. Personalmente puedo decir sin hipérbole que, en el terreno profesional, a Don Antonio es a quien más debo yo en este mundo. Sin él, sin su apoyo, sin sus enseñanzas, sin su orientación, sin la insistencia con que convenció a mi padre que nunca fue rico (que atravesaba una situación económica muy difícil) yo nunca habría estudiado. Luego fue siempre mi amigo, mi mentor, mi guía. 
            Pero es que, vosotros lo sabéis, Don Antonio, fue una institución en Puente de Génave. Su figura afable, cordial, polifacética, lo llenaba todo. Maestro Nacional, abogado, procurador de los tribunales, corresponsal de varios bancos..., su incansable actividad, su tesonero apego al trabajo eran ejemplo para todos. Durante 36 años generaciones y generaciones de niños de este pueblo pasaron por su escuela, donde recibieron algo más que una simple instrucción. Don Antonio Campayo  no se conformaba con enseñar, era un maestro en toda la extensión de esta noble palabra que ahora se ha querido desgraciadamente relegar. El maestro de verdad no solo instruye o imparte un saber más o menos provechoso o científico, el maestro de verdad, además de instruirnos y enseñarnos forma y labra nuestro espíritu y nuestra mente, educa y transforma nuestra inteligencia y  nuestra sensibilidad y nos hace adquirir buenos hábitos. Así era Don Antonio. Y además no se conformaba con darse por entero a sus alumnos dentro del aula, sino que seguía sus trayectorias fuera del aula. Además, siempre, sus alumnos, sus paisanos, su pueblo fueron quizá las grandes pasiones de este hombre bueno, trabajador, simpático. Lo traté tan íntimamente desde siempre, nos profesamos mutuamente un afecto tan profundo, que podría hablar de él durante horas. Terminaré simplemente diciendo que Puente de Génave puede estar orgulloso de tal hijo y que los hijos de Don Antonio, aquí felizmente presentes, pueden sentirse orgullosos de tal padre.

            Por último diremos unas palabras sobre las fiestas que ahora empiezan y sobre nuestro santo. 
            En nuestro lenguaje coloquial San Isidro ha venido a designar unas veces al patrón de nuestro pueblo y otras las fiestas con que se le honra. “Nos veremos en San Isidro”, “Hasta San Isidro del año que viene”; “voy a San Isidro”; “los toros de San Isidro”, etc, son frases que hemos oído y pronunciado con frecuencia. San Isidro y sus fiestas eran, y seguramente siguen siendo, como el eje sobre el que giraba la vida de este pueblo, el hito más importante de su historia local. Yo recuerdo con nostalgia aquellos primeros días de Mayo en los que, mientras los mayores se afanaban en el blanqueo de las fachadas y en la limpieza y remozado de sus casas, los niños, camino de la escuela, contábamos con emoción las paredes donde se podía leer “sitio cogido” (“cogido” generalmente con j), que eran indicio cierto de las casetas que se iban a instalar. En seguida empezaba la construcción de la plaza de madera para la corrida, en la plaza de la iglesia, y más tarde el acotado de la calle del Arroyo. Desde hoy de Don Gil Antonio Campayo, por donde discurrirían los encierros. El día 14 era el punto culminante de nuestra expectación: llegaba la banda de música (la de Siles, la de Génave o la de Beas) y en las primeras horas de la tarde, con la Alsina, llegaban los toreros, se disparaban cohetes y la alegría y el jolgorio alcanzaba su zenit.

            Las fiestas de San Isidro eran famosas en toda la comarca, sobre todo por sus corridas de toros. Algunos de los novilleros más famosos de aquella época velaron sus primeras almas en nuestra plaza o en ella recibieron su espaldarazo. Con frecuencia el novillero que tenía una brillante actuación aquí era después contratado para Villanueva y luego pasaba a plazas de más renombre para llegar algunas veces hasta Madrid. Los mayores recuerdan sin dudas los nombres de Posadas, de Pedro Barrera, y de otros, algunos de los cuales ya fueron evocados por Don Antonio en el primer pregón que aquí se dio en 1980.
            Y si la comisión de festejos siempre desarrolla una labor meritoria, las de aquellos tiempos se enfrentaban con una tarea que a veces rayaba lo heroico. Pensad no solo en la escasez de medios económicos, sino también en las dificultades técnicas y de comunicación, que contrastan con las de hoy. A veces algún miembro de la comisión, en vísperas ya de las fiestas, tenía que desplazarse hasta Beas de Segura (donde se encontraba la central telefónica más cercana), para poder concretar por teléfono algún detalle de última hora referente a los toros o a los toreros. 
            Todo salía generalmente bien y todos, niños y mayores, disfrutábamos y nos divertíamos de lo lindo.  Disfrutábamos y nos divertíamos y honrábamos a nuestro Santo Patrón, de quien diré para terminar unas palabras.

             Palabras innecesarias porque todos conocéis la vida de nuestro Santo, ya que os ha sido contada muchas veces con mucha más elocuencia de lo que yo pudiera hacerlo. Pero parece que un pregón de fiestas no puede terminar sin evocar siquiera la figura del santo a quien se pretende honrar con estas fiestas. Un santo a imagen y semejanza de estos humildes campesinos nuestros que se afanan día a día por arrancar a la tierra los frutos de sus entrañas. A ellos también los honramos al honrar a San Isidro, porque Isidro fue un sencillo labriego, trabajador y honrado que, allá en el siglo XII, hizo de la azada y del arado elementos de santificación.
            Y ahí está, creo yo, la gran lección que podemos sacar de nuestro Patrón. Lo demás es anecdótico; incluso aquello tan bonito de que los ángeles cogieran el arado en su lugar. Lo importante a mi entender es que Isidro era un hombre bueno que, como decía Peman, hacía sencillamente lo que tenía que hacer. Luego será ensalzado y cantado por escritores y poetas de la talla de Calderón de la Barca, de Espinel, de Guillen de Castro, de Lope de Vega...Reyes como Felipe III y Felipe IV pedirán  y obtendrán respectivamente su beatificación y la proclamación de su santidad. La capital de las Españas lo declarará su Patrón, etc, etc. Pero en el origen de todo ello está, como digo, el trabajo bien hecho y la virtud. Esa es, amigos míos, la gran verdad y ése es el ejemplo que todos deberíamos seguir. 
            A este Santo, repito, humilde, sencillo, trabajador es al que vamos a honrar. Hagámoslo con alegría y con ilusión. En nombre de las autoridades, en nombre de la comisión de festejos y en el mío propio deseo a todos júbilo, alegría y bienestar en estas fiestas de San Isidro de 1985.

RAMON CARRASCO