jueves, 5 de mayo de 2016

RECORRIDO POR LA HISTORIA EN LA SIERRA DE SEGURA.(VIII)

Octava Parte.- AL – ANDALUS (III). CASTILLOS, TORRES Y FORTALEZAS. 
(2ª entrega)

En Torres de Albanchez es preciso distinguir los restos del Castillo de la Yedra, en la cima del monte que sirve de asiento, a media ladera, a la población, de los de la torre del homenaje situada en pleno centro de la población, edificación cristiana del S. XIV. El primitivo emplazamiento de la población no coincide con el actual sino que se localiza en un montículo cercano defendido por el Castillo de La Yedra. Originariamente era una pequeña fortificación levantado por los musulmanes para garantizar la seguridad de pequeñas alquerías, del que aún se conservan algunos vestigios como muros de mampostería y aljibes excavados en la misma roca. Esta fortaleza fue conquistada por don Pelayo Pérez Correa hacia 1235. Ese mismo año fue donada por Fernando III al Maestre de la Orden de Santiago don Pedro González. Estuvo asociada a la administración eclesiástica del arzobispado de Toledo hasta finales del S.XIII, momento en el que se incorporó a la Sede del obispado de Cartagena. A finales del siglo XIV se le concedió a Torres el título de villa, antes incluso que Segura de la Sierra, siendo en esta época de pertenencia a la Encomienda de Segura de la Sierra cuando la población se ubicó en una zona menos abrupta, la del actual municipio, y se levantó un pequeño castillo sobre un promontorio rocoso en la primera mitad del siglo XIV, remodelado en el siglo XV para hacer frente a los efectos de la artillería. Aunque posteriormente pasó a ser aldea suya durante algún tiempo, Felipe II le restituyó el título de villa en 1552.
Torreón de Torres de Albanchez
Respecto al primero, el Castillo de la Yedra, cabe destacar su importancia en el sistema de vigilancia del valle, puesto que desde él se avistan los castillos de Siles, Segura y Hornos, y constituye una avanzada norteña del sistema del valle, controlando perfectamente las entradas al mismo a través del Collado de Onsares. El lugar y castillo de la Yedra pasaron a la Orden de Santiago en 1235, por lo que no es aventurado suponer su origen musulmán. El castillo de la Yedra carece de restos emergentes, aunque son visibles las trazas superficiales. Mientras que del castillo urbano de Torres de Albanchez se conserva una imponente torre del homenaje cuadrada de casi 12 m. de altura y más de 11 m. de lado, construida en mampostería careada en pequeñas hiladas, con las esquinas redondeadas por piezas de sillería dispuestas a soga y tizón. El recinto exterior, integrado por muralla y cuatro cubos macizos que protegen las esquinas, es un añadido del siglo XV pensando ya en las reformas que imponía el reciente perfeccionamiento de la artillería. El interior se estructura en tres pisos, el más bajo dispone de un aljibe, tallado en la peña viva en la que se asienta la torre y en los dos superiores, utilizados como residencia, la planta se divide, mediante un muro central, en dos mitades cubiertas por bóvedas de cañón apuntadas y muy rebajadas. Se ascendía a los sucesivos pisos a través de una escalera que va rodeando la torre. Tal vez contara con una cuarta planta, aunque actualmente la torre está desmochada. Cuenta con un añadido de planta irregular con dos cubos ataulados y macizos en las esquinas, de esta forma no sólo se reforzaba el aljibe de la planta baja y se controlaba el acceso a la torre, si no que se adaptaba la torre a las nuevas necesidades impuestas por el perfeccionamiento de la artillería.
Castillo de la Yedra. Torres de Albanchez
En Benatae debemos referirnos al Castillo de Cardete, construcción defensiva situada en las elevaciones de Oruña, posiblemente de origen almorávide, siendo este tipo de construcciones muy empleado después por los almohades, aunque con modificaciones como la adición de torres esquineras para facilitar su defensa. Benatae debía ser una de las muchas aldeas dependientes de la fortaleza, pues no aparece citada en la crónica de las conquistas de Fernando III, debió ser ocupada entre los años 1226 y 1242, al mismo tiempo que la mayor parte de la Sierra de Segura. Fue cedida también a la Orden de Santiago y fue adscrita a la Encomienda Mayor de Castilla. Desde este momento su historia estuvo ligada a la de esta Orden y a la del resto de la comarca de Segura de la Sierra. El recinto del castillo tiene forma trapezoidal irregular, siendo sus dimensiones de 16,5 metros en el lado menos y 24,9 metros en el lado mayor, y cerrando una superficie de aproximadamente 400 metros cuadrados. En el lado menor del recinto se encuentra la torre, ligeramente troncopiramidal, que alcanza los 14 metros de altura. La torre presenta la particularidad de tener su fachada externa alineada con el muro menor del castillo, despreciando así normas elementales de defensa. La planta de la torre es rectangular, de unos 6,8 por 4,7 metros de lados. Interiormente se distribuye en cuatro cuerpos separados por vigas de madera que han desaparecido. El nivel más bajo parece macizo y está dotado de resalte. En el primer nivel se abre la única entrada desde el patio de armas. Construido a base de tapial de calicanto con abundante cal. Se encuentra en estado de ruina progresiva.
Castillo de Cardete
Completando el triunvirato de fortalezas que ocupan la zona central de la Sierra de Segura debemos mencionar la fortaleza de Hornos de Segura que cubría el lado suroeste del núcleo central de la Sierra de Segura y sus accesos por la cabecera del Guadalquivir siendo durante mucho tiempo límite histórico fronterizo del reino de Granada, a través de los collados de Montero y La Ballestera. Del control de esta amplia e intrincada cuenca se ocupaban una serie de torres vigía y castillos secundarios que protegían la imponente fortaleza de Hornos que corona un espléndido asentamiento ubicado en una losa pétrea, a 867 mts de altura, que vuela sobre los valles hoy ocupados parcialmente por el Embalse del Tranco. Afortunadamente, y tras muchísimos años de abandono y deterioro, el proyecto de reconstrucción, iniciada por el arquitecto don Luis Berges Roldán en 1973, y recientemente concluida para su reutilización con la instalación de un pequeño observatorio astronómico que ha dado nuevo vigor a esta construcción.
Castillo de Hornos de Segura antes de su rehabilitación

El origen musulmán del Castillo de Hornos está claramente reflejado en las fuentes árabes, en las que se denomina Hisn Fornus, fundado en el siglo IX por una comunidad muladí, formando parte de los territorios controlados por Ibn al-Saliya. En esta época debió tratarse de una aldea defendida por la inaccesibilidad de su enclave y un recinto murado que pudo contar con otra defensa en su zona más elevada. Parecen restos de esta primera fortificación de época almohade el aljibe del patio de armas y tres torres. La localidad fue conquistada por don Pedro Pérez Pelayo Correa, maestre de la Orden de Santiago, en 1239, tras lo que quedó adscrita a la Encomienda de Segura de la Sierra. Fue villa desde el reinado de Fernando III. El castillo actual debió ser construido por la Orden de Santiago, tras su conquista, a finales del S.XIII con la función de vigilar el flanco oriental de la Encomienda de Segura, aunque es muy posible que se limitaran a reutilizar parte de las estructuras existentes árabes y a edificar un alcázar en la zona más elevada del cerro. Hornos, junto con Segura de la Sierra, fue uno de los lugares de proyección de la política de la familia Manrique en el S.XV, enfrentada a los monarcas Juan II y Enrique IV. Los Manrique controlaban gran parte de los recursos de la Orden de Santiago, gracias a los cuales Rodrigo Manrique, desde su posición como comendador de Segura, se proclamó Gran Maestre de la Orden, resistiendo y derrotando a las tropas de Juan II y Don Álvaro de Luna en Hornos. Continuó formando parte del señorío santiaguista de Segura de la Sierra durante toda la Edad Moderna, perteneciendo al Reino de Murcia entre 1507 y 1748.
Lienzo de muralla del Castillo de Hornos de Segura

Consta de un conjunto defensivo con recinto exterior trapezoidal que incorpora una magnífica torre del homenaje en su lado más amplio, un aljibe de origen musulmán ubicado en el patio de armas; y, articulando la muralla, tres esbeltos torreones de planta cuadrada, levantados por los almohades y reforzados con una capa de mampostería. El elemento más significativo, la torre del homenaje, tiene planta cuadrada, de 8,60 m. de lado y más de 9 m. de altura, construida con mampostería menuda. Sus esquinas son redondeadas para hacerse menos vulnerables a los efectos de la artillería. Presenta un vano para la entrada, sobre un podio macizo a media altura que permitía incluir un aljibe más en el fondo de la torre. Los dos pisos se cubren con techumbres abovedadas. Exhibe, además, dos escudos nobiliarios. La muralla musulmana se extiende hacia el exterior por el noroeste y por el este, rodeando a toda la población.
Castillo de Hornos de Segura
El recinto, también en mampostería, tiene tres torres esbeltas de planta pequeña, reforzadas externamente con un forro de mampostería. En el interior del recinto, en su centro, se sitúa el aljibe principal. La muralla se extiende hacia el exterior por el noroeste y por el este, rodeando a toda la población, estando el antiguo acceso al recinto amurallado por la llamada Puerta de la Villa, puerta defendida por una ancha torre de piedra, de origen almohade, y dispuesta en codo para dificultar el acceso de enemigos. Los arcos apuntados indican que la puerta se construyó entre los S. XIV y XV. En la restauración del castillo de 1973, se restituyó en la torre del homenaje la bóveda de medio cañón situada entre las dos salas. Se restauró la escalera existente en el grueso del muro que comunica los distintos niveles en el interior. Así mismo fue restaurado el aljibe, que había perdido la bóveda. Se trabajó también en un gran tramo de la muralla, completándolo con peto y adarve, y en restos de muros de antiguas salas emplazadas en el patio de armas. Recientemente ha tenido una completa remodelación para ubicar las modernas instalaciones del Cosmolarium de Hornos que ha completado el atractivo turístico que la villa.
Puerta de la Villa. Hornos de Segura
Hacia el sur de la villa de Hornos, y siguiendo la línea del valle del Guadalquivir, se situaron la torre de Bujarcaiz, el castillo de Bujaraiza y la torre del Vinagre. La primera instalación es la torre de Bujarcaiz, hoy bajo las aguas del Embalse del Tranco, que actuaría como repetidor de señales entre los castillos de Hornos y Bujaraiza. Su descripción e ilustración son posibles con motivo de sequías prolongadas que hacen descender el nivel de agua en el Embalse. Contaba con tres plantas, siendo su construcción de calicanto en los dos primeros niveles y de mampostería en el tercero; su datación podría ser almorávide y su estado de conservación, a pesar de la inmersión a que le obliga el Embalse, es bastante bueno. El Castillo de Bujaraiza está formado por un recinto exterior y una torre del homenaje, en un estado bastante deteriorado. El castillo es de época medieval y consta de un recinto exterior poligonal y una torre mediana. Todo está construido en hiladas de menuda mampostería trabada con mortero de cal. La torre del homenaje tiene proyección hacia el interior, al igual que se observa en el resto de Las fortalezas segureñas. En su historia destacan como fechas importantes las de 1239 cuando fue conquistada por Pelay Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago, y adscrita así a la Encomienda de Segura de La Sierra. De la torre del Vinagre quedan testimonios documentales y permanece el topónimo, que hoy se asocia con el Centro de Interpretación del Parque Natural; no quedan restos materiales, pero es de suponer que vigilaba el paso hacia el Adelantamiento de Cazorla. En la actualidad, señala el límite sur de la comarca de la Sierra de Segura.
Castillo de Bujaraiza
No podemos evitar destacar la situación en medio del valle de las Torres o Atalayas de Santa Catalina, situadas actualmente en el término de Orcera, datan del S.XII-XIII. Situadas al pié de Segura de la Sierra, en las inmediaciones de Orcera, que en su tiempo fue arrabal de Segura, se encuentra este conjunto de edificaciones, a lo largo del llano del mismo nombre, siendo su función encuadrada en un complejo sistema de refugio y avisos entre las distintas posiciones defensivas. Es, por lo tanto, un conjunto unificado de tres torres de similar factura, distantes entre sí unos 300 m. entre Orcera y Segura de la Sierra, y dispuestas de forma que permitieran la defensa, vigilancia y refugio en un terreno con numerosos flancos a cubrir. La altura de las torres es de unos 14 m. siendo el grosor de la parte baja del muro de 1,10 m. El primer cuerpo de estas torres es muy bajo, apenas 1,70 m., mientras que el segundo es muy alto, alcanzando los 7 m. que quedaban reducidos a 3,20 m. en los dos restantes. Del coronamiento almenado de las torres solo se conservan cuatro postes en la más cercana a Segura de la Sierra. En los niveles tercero y cuarto las torres presentan una serie de saeteras vaciadas hacia el interior, una por cada paño de la torre; una de ellas, que parece ventana más ancha, era la entrada de la torre y quedaba situada a 7,20 m. de altura. La torre más cercana al núcleo de Orcera es la que presenta la estructura más imponente; de planta rectangular, de 8,60 m. por 5,65 m. alberga en su interior hasta tres plantas superpuestas, sostenidas por vigas. Le daban luz una serie de saeteras vaciadas hacia el interior y pudo tener un recinto que rodeara a la torre. Esta torre, más ancha, podría corresponder a un establecimiento rural emplazado sobre la fértil vega del río. Las otras dos torres son gemelas, con una planta cuadrada de unos 5,30 m. por 4,20 m.; albergaban interiormente cuatro plantas con separación de vigas que se apoyaban sobre los zócalos resultantes del progresivo estrechamiento de los muros.
Torres de Santa Catalina
La tercera zona de defensa que se establece en la Sierra de Segura es la situada en el norte, siguiendo el curso del río Guadalimar una vez atravesado el paso natural que supone, incluso hoy en día, el enclave de La Puerta de Segura. Este valle, también conocido como pasillo o corredor de Santa Elena, supone un canal natural de movilidad entre Castilla-La Mancha y el valle del Guadalquivir, a través del Condado o de La Loma. Está enmarcado por las estribaciones más orientales de Sierra Morena y por las alineaciones exteriores del conjunto montañoso de la Sierra de Segura, que separan a este pasillo de la zona interior de la sierra. Este elemento de conexión, de grandes proporciones, debe ser interpretado dentro de un sistema de mayor tamaño, y que excede con mucho las proporciones de la actual comarca de la Sierra de Segura. En las inmediaciones, los principales hitos de la vigilancia y defensa del pasillo son exteriores a nuestro ámbito comarcal. Nos referimos a los núcleos fortificados de Chiclana e Iznatoraf. Parte de los restos que quedan dentro de la actual comarca administrativa participaban de este sistema más general; otros, en cambio, adquieren sentido propio de defensa del ámbito de la sierra de Segura en sentido estricto, puesto que se sitúan controlando los canales de acceso entre el pasillo de Levante y la zona interna de la sierra.
"El Castillo". La Puerta de Segura
La Puerta de Segura constituye un elemento particular de relación entre el interior de la Sierra de Segura y el pasillo de Levante o Corredor de Santa Elena. Ocupa la entrada natural a la sierra en su extremo norte, aprovechando la acción erosiva del río Guadalimar. El castillo musulmán de la Puerta, hoy desaparecido, ocupaba el estrecho umbral por el que discurre el río, integrando un puente-presa, que facilitaba la inundación aguas arriba y contribuía así a las labores defensivas. El puente sigue existiendo, aunque claramente alterado y modificado en la plataforma superior. Los únicos restos presentes, además del basamento del puente, corresponden a una torre de la muralla que cerraba el asentamiento original. Esta torre, conocida popularmente como "El Castillo", situada en la calle del mismo nombre, es el único resto conservado del recinto exterior que rodearía la fortaleza. Pertenece al período almohade, del último tercio del S.XI y primera mitad del XII. Es una construcción en tapial de calicanto, de planta cuadrada, que ha perdido altura y su antiguo remate que debió ser almenado. El procedimiento constructivo a base de gruesos muros sin decorar, debido a su finalidad estrictamente defensiva, siguiendo modelo de otras construcciones almohades ubicadas en la sierra.

Promontorio donde se ubicaba el Castillo de Bujalamé
Evidentemente sería una fortaleza que sólo ejercería función de control militar al acceso al interior de la sierra, pues el recinto amurallado más importante se situaría cerca de la aldea de Los Llanos de Arriba, en el llamado Castillo de Bujalamé. Esta fortaleza del S.XII ocuparía un cerro circular de unos 200 m. de diámetro situado a más de 625 m. de altura, desde donde se divisa el río Guadalimar, de base rectangular, construida con grandes mampuestos y rodeado por un muro. El castillo se levantó sobre un oppidum ibérico del S.VI a.C. que incrementó considerablemente su importancia, su perímetro y su población en los S.V y IV a.C. ya que por allí, siguiendo la vía del Guadalimar, pasaban los minerales procedentes de Cástulo. Aunque hasta hace poco se conservaban diversas construcciones, en la actualidad no se conservan restos de consideración, siendo los restos de su traza, el zócalo macizo inferior construido en mampostería de una importante torre defensiva de unos 15 m. de altura y de 8x5 m. de lado y restos de un muro con bastiones en el lado oeste los únicos visibles. Tras la conquista cristiana, entre 1226 y 1239, quedó adscrito a la Encomienda de Segura de la Sierra bajo el control del Reino de Castilla.
Lienzo de muralla del Castillo de Matamoros
Muy cerca de la cortijada de Matafría, a tan sólo 5 km. de Puente de Génave, se sitúa otra construcción defensiva dominando una pequeña colina de unos 50 m. de diámetro al pie del cerro de Salfarat denominada Castillo de Matamoros. La construcción parece ser de origen almohade a juzgar por la técnica constructiva a base de tapial de calicanto y se enmarcaría entre los edificios de función militar encargados de la vigilancia y defensa ante incursiones desde los Campos de Montiel, o de puesto de abastecimiento en el camino entre Segura de la Sierra y los territorios hoy manchegos. Desprovisto de un núcleo de población, su función sería la de castillo-refugio de los habitantes del valle ya que éstos se encontraban localizados en pequeñas aldeas o alquerías (qura), de las que algunas estarían carentes de defensa propia, al igual que sucede en asentamientos como Las Atalayas y Cerro del Moral, en el término municipal de Génave. Debió correr la misma suerte que otras fortificaciones de la comarca carentes de un núcleo de población y ser abandonada en época muy temprana. Pasaría a formar parte de las tierras de la Encomienda santiaguista de Segura de la Sierra. El castillo se asienta sobre una base de tapial de mayor grosor pero actualmente se encuentra en estado de ruina progresiva y sólo se conserva en superficie un muro de tapial basto de calicanto, de 8 m. de longitud y unos 3,5 m. de alto. Pueden verse también arranques de otros muros en dirección sur y norte, el primero de ellos de mayor longitud (15 m.). La configuración del terreno parece indicar la existencia de otros restos enterrados.
Restos del Castellón del Moro.
Otro enclave en esta zona norte sería el Castellón del Moro, situado en el enclave administrativo de Segura de la Sierra en ese fragmento de término municipal que tiene a orillas del río Guadalmena. No se conservan restos de relevancia pero debería ser una pequeña fortificación de refugio y aviso respecto al castillo de mayor relevancia cercano como el de Bujalamé, siendo perfecto vigía de las entradas situadas al norte del ámbito geográfico segureño.
Torres de Peñolite
Junto a la población de Peñolite, en Puente de Génave, se sitúa el llamado castillo de Peñolite, del que quedan tan solo restos de dos de las cuatro torres que adornaban los vértices de su perímetro. Ubicadas sobre un pequeño escarpe que domina el valle del arroyo Peñolite, en las inmediaciones de la aldea del mismo nombre, siendo llamadas popularmente las Torres de Peñolite. La construcción almohade de los S.XI-XII, presenta una planta rectangular de 30 m. de largo por 15,6 m. de ancho, cuyas cuatro esquinas estaban defendidas por otros tantos torreones de unos 4 m. de lado, muy similares en forma y elementos de construcción a las de Santa Catalina en Orcera, construidos en tapial de calicanto y con tres plantas separadas por alfajía, y entrada en alto. Lo conservado se reduce a dos de estos torreones y a vestigios del tercero que han sido aprovechados para pared maestra del caserío actual. De los lienzos de muro que unían las torres han quedado pocos restos y éstos muy deteriorados. Lo más interesante son las torres que miran al sur, construidas de buen tapial de calicanto y cuadradas, de unos 4 m de lado. En ellas se distinguen hasta cuatro cuerpos. Controlaría, junto con los castillos de Altamira, Valdemarín y La Espinareda, el paso hacia la zona interior de la sierra desde el pasillo de Levante.
Murallas de Beas de Segura
Otro enclave defensivo ya situado en la zona más occidental de la sierra estaría en la población de Beas de Segura. En la Edad Media contó con una fortaleza con un complejo sistema defensivo, sin embargo de ella apenas nos han llegado unos pocos restos de murallas, ya que en 1750, el Consejo de Órdenes Militares, mandó que fuera derribada junto con el fuerte de cuatro torres almenadas que rodeaban. Esta fortaleza se asentaba en la cima más elevada de una plataforma rocosa, en el actual Barrio de La Villa. Los musulmanes construyeron en torno al siglo IX una gran fortaleza a modo de alcazaba, a cuyos pies se fue articulando la ciudad. Esta fortaleza se creó como importante bastión de la gran trama militar que el reino nazarí de Granada estableció en la frontera con el reino cristiano. Pero la Villa de Beas fue conquistada en 1234 por Fernando III de Castilla y entregada a don Juan, Obispo de Osma, con su castillo y término, sin embargo en 1239 pasa a manos de la Orden Militar de Santiago, momento en el cual Beas pasa a convertirse en Encomienda. La Orden de Santiago irá mejorando el sistema defensivo de Beas, pues aún la inestabilidad y las revueltas hacen peligrar las tierras conquistadas. Este enclave cumplía un importante papel defensivo en el control del paso a través del valle del río Beas, siendo su función defensiva para el reforzar el flanco oeste de la fortaleza de Hornos. Debió cumplir esta función junto a algún sistema de torres de avisos, como las conocidas con el nombre de Natro, Allozar y Losanco.
Barrio de la Villa. Beas de Segura
Los únicos restos que quedan del que fue Castillo de Beas son algunas murallas en el flanco norte con sus torres, entre ellas la Torre del Reloj con restos de una espadaña y la puerta falsa. Estos restos han quedado enmascarados por las actuales edificaciones de la villa vieja de Beas de Segura. La antigua fortaleza medieval estaba organizada en torno a tres anillos amurallados bien diferenciados. Un primer anillo estaba compuesto por el alcázar del castillo, ubicado en la parte más alta del promontorio rocoso y pegado en su flanco norte a las murallas de la alcazaba. Según la Relación Topográficas de Felipe II del año 1575, el castillo de la Villa de Beas contaba con dos torres en la parte norte y dos puertas de entrada. La entrada de poniente contaba con un foso para defender el castillo, mientras que en el centro del alcázar había un amplio patio de armas con un aljibe. Un segundo anillo conformaba la propia muralla de la alcazaba, compuesta por cuatro torres y delimitada perfectamente por el promontorio rocoso sobre el que se asentaba, adaptándose a la topografía del lugar. Un tercer anillo fortificado estaba compuesto por barbacanas y antemuros que a un nivel inferior protegían las zonas más indefensas. De las descripciones se deduce que toda aquella obra era musulmana, hecha en buen tapial de calicanto, al que los restauradores cristianos habrían hecho numerosas reparaciones.
La parte situada más al este también tuvo sus edificaciones defensivas que ubicamos en los términos de Génave y Villarrodrigo. Ambas poblaciones se sitúan en el piedemonte de las estribaciones exteriores segureñas, abiertas al pasillo de Levante y a los llanos que se extienden por las provincias manchegas del norte, no pudiendo descartar su origen constructivo en época ya cristiana.
Torreón de La Tercia. Génave
Empezando por Génave hablaremos del Torreón de la Tercia, pues debía estar junto a una con origen similar a la ubicada en Siles adquiriendo así su nombre popular. La torre, que sería la del homenaje de un recinto amurallado, hoy desaparecido, construido en los S.XII-XIV como refuerzo del antiguo castillo menor o hisn árabe por orden de Fernando III de Castilla quien, entre 1235 y 1239, adscribió el emplazamiento rural de Génave a la Encomienda de la Orden de Santiago de Segura de la Sierra. Lamentablemente de aquel castillo solo permanece esta torre del homenaje, de impresionante estructura cúbica, de casi 11 m. de lado, tiene base cuadrada articulándose en dos pisos cubiertos por bóveda de medio cañón apuntado y en la estancia superior presenta una amplia ventana cubierta, en este caso, por bóveda apuntada. Los aposentos y la azotea se comunicaban interiormente por una escalera inserta en el muro.
Torreón de Villarrodrigo
En Villarrodrigo también existe una torre como parte de un castillo menor sin que quede constancia alguna de utilización distinta de la militar, seguramente vinculada a la misma función de resguardo que se ha asignado aquí a la de Génave. Posiblemente construido en época cristiana a finales S.XV  y principios del XVI, perteneció a la Orden de Santiago. Por entonces este lugar tenía el nombre de Albaladejo de la Sierra y su cambio de nombre tuvo lugar en 1478 como un homenaje al maestre, Rodrigo Manrique, padre del poeta Jorge Manrique. El Torreón de Villarrodrigo es de planta cuadrada, de mayor altura que la que ahora muestra y está fabricado en buena mampostería recubierta por grandes sillares irregulares. Su fachada principal, de 13,60 m., presenta una puerta con arco conformado por llamativas dovelas talladas, entrada que se encuentra algo elevada con respecto al nivel de la plaza. En la parte posterior se encuentra una única saetera dispuesta a gran altura para iluminar en su interior la escalera de caracol que da acceso a una terraza. La única estancia interior está cubierta con una bóveda de cascarón.
Torre de Zarracotín o de La Laguna. Génave
También dentro de este entramado de refugio, control y aviso de aldeanos y campesinos debemos entender otra construcción en estos accesos por la zona noreste de la Sierra de Segura, debemos considerar la llamada Torre del Zarracotín o de la Laguna, también conocida como de La Alventosa, construcción defensiva en las proximidades del cortijo del Moralico de Arriba y junto a la laguna del Pizorro o Zarracotín. Esta construcción se asienta sobre un afloramiento rocoso que domina buena parte del terreno circundante. Es una construcción híbrida de calicanto algo ripiada y mampostería gruesa de la que queda una torre de planta rectangular de 6,25 m por 4,40 m en cuyo interior se observan huellas de hasta dos aposentos superpuestos, el de arriba apoyado sobre vigas. En torno a la torre se ven restos de muros y mucha piedra suelta que podría corresponder al recinto que la rodeaba. De autoría cristiana, debía cumplir funciones de atalaya y control de los campos que la rodean en momentos de frecuentes hostilidades y aparece mencionada en las Relaciones Topográficas mandadas redactar en 1575 por Felipe II, donde se habla de una torre de la Alventosa situada al norte de Génave, "... lugar do mataron a don Beltran e nunca lo echaron de menos hasta los puertos pasar".
Vista general de Génave
Es indudable que hemos intentado recoger la mayor parte de las edificaciones medievales de nuestro entorno, aunque suponemos que el tiempo, el abandono y la acción humana han provocado la desaparición de muchas, de las que solo conocemos referencia a través de textos y crónicas, como es el ejemplo de las nombradas por Genaro Navarro López  refiriéndose al entorno de Segura de la Sierra al citar las de "Valdemarín, Espinareda, Cerro Oruña, Cueva del Águila, en una vertiente del cerro de Peña Alta, Guadobias, El Castillo, Hornos, etc..” o Juan Eslava al referirse a las torres de Bujarcadín, Alderete y la fortificación de Segura La Vieja, incluyendo también Albaladejuelo y Bujalamed.

(jt) Segura Verde.

martes, 26 de abril de 2016

RECORRIDO POR LA HISTORIA EN LA SIERRA DE SEGURA.(VII)

Iniciamos un breve recorrido donde repasaremos las diferentes construcciones defensivas con las que, durante la época islámica, se dotó el territorio de la Sierra de Segura. Hay que considerar que gran parte de ellas fueron simples remodelaciones de construcciones anteriores a la ocupación musulmana, así como que alguno de los restos más significativos que han perdurado hasta nuestro tiempo son, a su vez, fruto de la posterior reestructuración ejercida bajo ocupación de la Orden de Santiago tras la conquista cristiana. Debido a la extensión del artículo ofreceremos dos entregas en las que intentaremos, sin llegar a profundizar en los detalles y particularidades, hacer una descripción del estado y uso de esas construcciones que tuvieron tanta significación en la historia de la Sierra de Segura.

Castillos, torres y fortalezas de la Sierra de Segura
Séptima Parte.- AL – ANDALUS (II). CASTILLOS, TORRES Y FORTALEZAS. 
(1ª entrega)

La Sierra de Segura en sí supone, por lo intrincado de su relieve, una verdadera defensa natural, a la que hay que sumar diversas construcciones defensivas que han dejando importantes restos en la comarca, destacando las fortalezas, castillos menores y torreones, en su mayoría de control y vigilancia. Pero para hacernos una idea global es preciso realizar una estructuración de las diferentes zonas en las que se dividía las líneas de defensa de la Sierra de Segura. Bajo ese concepto encontraremos básicamente tres zonas que seguirán una dirección noreste a suroeste. La primera línea de defensa estará más al sur cubriendo los límites con Murcia y Granada, la segunda sería el núcleo central de la sierra siguiendo los valles del Alto Guadalimar que enlazaría con la parte alta del Guadalquivir y finalmente la línea externa más al norte que seguiría los límites fijados por el río Guadalmena y la zona más baja del Guadalimar denominada tradicionalmente Corredor de Santa Elena.
Castillo Casa Fuerte de Miller
La primera de las zonas de defensa a considerar, la situada más al sur de nuestra geografía, es, precisamente, la zona más abrupta por lo que las edificaciones son más bien escasas al ser la propia orografía del terreno un verdadero obstáculo natural a posibles incursiones enemigas. Sólo es destacable la Casa Castillo Fuerte de Miller, situada en un lugar prominente desde el que se vigila el encajado valle de la cabecera del río Segura, hasta donde se une con el Zumeta, en las Juntas de Miller y la Solana de la cuerda de la Lastra. Sería un edificio que complementaría la defensa de esta zona sureste de la Sierra de Segura, junto con otras edificaciones como el castillo menor de Góntar del que sólo se conservan restos de una torre circular de calicanto sobre base de una anterior construcción visigoda y las plazas fuertes de Yeste y Letur. Es un edificio original de los S.XIII-XVI del que ahora sólo se conservan una torre y una muralla de 40 m. de longitud por 6 m. de alto que delimita un caserío anexo que enmascara profundamente su construcción. El asentamiento de Santiago de la Espada (Puebla de Santiago en su denominación original) constituía una especie de puesto fronterizo justo en el límite del reino nazarí de Granada, fijado en el río Zumeta, que transita por estos pagos con unos espléndidos encajamientos en la roca que lo convierten en un foso natural y que marca, de una forma muy destacada, esta frontera. Es, por tanto, los condicionantes físicos los que establecen discontinuidades de relieve tan potentes que han supuesto históricamente una clara demarcación territorial que dificultaba cualquier acción ofensiva lo que, lógicamente, provoca escasez de fortificaciones.
Restos del Castillo Menor de Góntar

La siguiente unidad constituye la franja central de defensa de la comarca recorriéndola de noreste a suroeste, siendo éste el ámbito el núcleo principal de hábitat y, por lo tanto, donde se da la mayor densidad de edificaciones defensivas, de poblamiento y donde se producen los principales procesos territoriales de presencia árabe primero y después cristiana. Es una cuenca longitudinal, formada por el valle del alto Guadalquivir y por la cuenca de cabecera del Guadalimar. En esta unidad se cruzan las rutas del Levante al valle del Guadalquivir y, a través del valle del Guadalimar por la Puerta de Segura, con las que permiten el paso desde La Mancha y la sierra de Alcaraz hasta la zona norte del reino de Granada (collados de La Sagra, Huéscar y depresión de Baza), atravesando lo más intrincado de las Sierras de Segura y Cazorla. Todo el valle está jerarquizado por Segura de la Sierra, centro administrativo y militar, complementado por los castillos y recintos amurallados de Siles que cubría, al noreste, el acceso por el valle del Guadalimar, y Hornos, al suroeste, que vigilaba el acceso por la cabecera del río Guadalquivir.
Segura de la Sierra
Evidentemente la fortaleza de Segura de la Sierra es la más emblemática. El Castillo de Segura de la Sierra, que ha sido objeto de distintas intervenciones y remodelaciones desde los años 60, ocupa la coronación de una elevación de forma sensiblemente cónica, donde se aloja también el núcleo urbano de Segura. El conjunto del núcleo y el castillo alberga también los restos de la antigua muralla de la fortaleza de Altamira, pues así se llamaba con anterioridad el enclave, y son todavía reconocibles las murallas, puertas y torres de la fortificación militar de todo el asentamiento. Algunos autores atribuyen el origen de Segura de la Sierra a los fenicios, quienes la llamaron Tavara. Habitada posteriormente por otros pueblos colonizadores como griegos, romanos y cartagineses, es bajo la hegemonía musulmana cuando alcanza su máximo esplendor. La fortaleza de Segura de la Sierra alcanzó su completa estructuración a lo largo de los S.VIII-XVI. Ya en el año 781, Segura de la Sierra fue tomada por Abul Asward, primogénito del rey Yusuf, quién aumentó la defensa del pequeño núcleo poblacional llamado Saqura, dotándolo de tres órdenes de murallas, lo que convirtió el recinto en fortaleza inexpugnable. Será en los siglos IX y X, cuando el asentamiento se estabiliza y crece en importancia hasta convertirse en los siglos XI y XII en una fortaleza con medina  importante y próspera; así, en el S.XI, Segura fue cabeza de un pequeño reino de taifa a cuyo distrito pertenecían también, Siles, Hornos, Socovos y Ferez. Tras un periodo en que alternó la independencia con la pertenencia a las taifas de Murcia, Denia y Sevilla, los almorávides, entre 1090 y 1095, la incorporaron al imperio norteafricano de Yusuf ibn Tasfin.  En 1147, Ibn Hamusk se enfrentó a los almorávides y la mantuvo en su poder, propiciando la etapa más importante de la Segura musulmana. Su alianza con Muhammad Ibn Mardinis, el “rey lobo” de Murcia, le permitió integrarse activamente en un amplio territorio que se extendía desde Almería al Ebro incluyendo Levante. La primera fortificación de envergadura de Segura de la Sierra la mandó construir el mencionado Ibrahim ibn Hamusk, en la segunda mitad del siglo XII. Posteriormente, fue reformada por los almohades que incrementaron la seguridad añadiendo un nuevo cinturón de murallas. Como reino taifa independiente se enfrentó a los almohades cuando éstos intentaban imponer la unidad musulmana, aunque en 1169 acabaron incorporando Segura a su dominio.
Castillo de Segura de la Sierra
La primera presencia cristiana en Segura ocurrió en 1214, tras una serie de disputas frente a los almohades que culminaron con la batalla de las Navas de Tolosa (1214). Fue entonces cuando la villa fue ocupada por los cristianos regidos por Alfonso VIII, sin embargo temporalmente fue recuperada por los musulmanes, hasta que, en 1241, su situación, aislada en un territorio controlado por los cristianos, se hizo insostenible y volvió a manos de Castilla. Será Fernando III el que la recuperó otorgándole el Fuero de Cuenca y, en 1242, la convirtió en Encomienda de la Orden de Santiago. Tres años más tarde, Segura se instituyó como sede de la encomienda mayor de Castilla que hasta entonces había radicado en Uclés, perteneciente a la jurisdicción eclesiástica de Toledo y será una de las claves que explican la grandiosidad de la fortaleza cristiana. Después del Pacto de Jaén (1246), Segura y su territorio no tuvieron gran papel en la continuación de la reconquista puesto que quedaban lejos de la frontera, sólo encontrando resonancia en 1342 con Fernán Ruiz de Tahuste, comendador de Segura, quien dirigió una expedición contra Granada aprovechando que el rey nazarí había acudido en auxilio de Algeciras; así como en 1434, cuando el alcaide de Segura, Juan Rodríguez destacó en la conquista de Huéscar, a las órdenes de don Rodrigo Manrique. Aunque el Castillo de Segura se abandonó a partir del S.XVI, volverá a tener cierta relevancia durante la Guerra de la Independencia pues los serranos lo ocuparon para organizar la resistencia frente a las tropas francesas. Sin embargo las tropas napoleónicas se hicieron con el castillo para provocar su estado ruinoso al incendiarlo, así como la villa y los archivos de la Encomienda de Santiago. No recuperará nuevamente su esplendor hasta la reconstrucción y restauración, entre 1964 y 1968, por los arquitectos Rafael Manzano y Francisco Pons Sorolla.
Vista aérea. Castillo de Segura de la Sierra
Toda esta sucesión de intervenciones fueron aportando su particular fisonomía a este lugar, conservándose el castillo, la Torre del Agua y buena parte de las murallas; así como importantes sectores de trazado urbano y numerosos edificios significativos como son los baños árabes del S.VIII. El Castillo de Segura consta de dos recintos sucesivos: alcazarejo y exterior. El alcazarejo tiene como base un trapecio tan irregular como la montaña sobre la que se asienta. La defienden cuatro torres con esquinas achaflanadas con remate almenado, una de ellas, la poderosa torre del homenaje que se sitúa en la esquina este es de base cuadrangular y está estructurada interiormente en dos salas superpuestas con cubiertas abovedadas y está culminada por una azotea almenada, comunicadas por una escalera empotrada intramuros. Se trata de una torre portentosa y acentúa el efecto global de solidez de la fortaleza. Una de las torres protege la puerta de acceso con entrada acodada, mientras que otra de ellas está casi desprovista de proyección exterior porque el zócalo rocoso no se lo permite. Existe, además, otro torreón semicircular y dos contrafuertes que subdividen los lienzos del cerramiento habilitando, al propio tiempo, pequeñas plataformas para el tiro de flanco. El alcazarejo dispone además de un patio de armas con un gran aljibe en el centro, dos baños árabes situados en los laterales este y norte, una especie de tribuna, la capilla de Santa Ana y los restos de lo que pudiera ser un almacén. La capilla está adosada a una torre antes con acceso directo a ella, de nave rectangular rematada por un ábside semicircular y cubierta a dos aguas, de estilo mudéjar, construida en el S.XIII. El recinto exterior corona el cerro en una cota más baja. Está construido en mampostería menuda y en él se distinguen dos aljibes excavados en la roca y una barbacana superior que da acceso a la puerta principal, que tenía un acceso diferente al actual. Estas murallas están reforzadas por un torreón semicircular en el sudoeste y por un adarve que une dos contrafuertes en el sudeste que incrementan aún más la sensación de inaccesibilidad. Prácticamente todo el recinto murado del Sierra de Segura está construido con fortísimo calicanto del tapial musulmán. El castillo se unía a la villa a través de una cerca murada que la protegía y se vertebraba a través de numerosas torres y con puertas guarnecidas por torres de calicanto. Toda esta obra es cristiana de mediados del S.XIII, aunque asentada sobre restos musulmanes de dos épocas diferentes, una primera en la segunda mitad del S.XII y otra posterior de reforma almohade.
Este recinto amurallado en la época árabe tenía una longitud de 1.512 m., ocupando una superficie de 8,5 hectáreas con cinco puertas de entrada: Catena, Orcera, Gontar, Herrada y Nueva, para conformar un conjunto complejo y muy bien conservado y actualmente aún pueden observarse muchos tramos de murallas como las que rodean la parte baja del pueblo, las que suben desde la Puerta Nueva hacia el Castillo, los lienzos que descienden desde el Castillo hacia la plaza de toros y el recinto exterior de la Alcazaba. La muralla en algunos tramos resulta muy estrecha lo que hace dudar que este sea su verdadero trazado, ya que según algunos autores es posible que se trate en buena parte de una "cerca fiscal", un muro tardío construido en el S.XVI o después, para controlar la entrada de productos a la localidad. La medieval iría algo por encima. Lo cierto es que a esta muralla se accedía por cinco puertas de las que se conservan cuatro ya que la quinta, llamada la Herrada, cerca del castillo, ha desaparecido. La Puerta Nueva se localiza junto al Ayuntamiento, rodeada de construcciones, siendo en sus orígenes la puerta de entrada a la villa estando incrustada en la muralla que baja desde el castillo. De la puerta original sólo queda el torreón del lado izquierdo, pues la actual fue reedificada en el S.XVI y restaurada hace unos años, siendo mucho más simple que la original que posiblemente sería acodada con puertas que podían cerrarse, como prueban las jambas laterales. La Puerta de Orcera se encuentra hoy muy deteriorada y casi irreconocible como puerta. Para acceder a la villa por la Puerta de Catena es necesario recorrer un largo sendero y además está incluida dentro de un gran torreón, con lo que el acceso al interior de la población obligaba a describir una curva o codo, lo que dificultaba cualquier ataque y facilitaba la defensa. Fue restaurada en 1972. Los únicos restos de la Puerta de Góntar se encuentran en la torre a la que se adosa la plaza de toros, que fue remodelada para convertirla en botiquín de la misma. Al exterior de la muralla debía existir un importante complejo defensivo, aunque muchas de las construcciones han desaparecido en la actualidad. Ejemplos serían la Torre del Agua o la Torre de Las Eras. La primera cercana al castillo y seguramente respondiendo a sus criterios defensivos es una atalaya que supone uno de los restos islámicos mejor conservados que quedan de la fortificación del mismo y de los caminos que se usaban para descender desde la muralla del castillo hasta esta fortificación. Se la llama así porque según parece fue construida para proteger un manantial existente en la zona que surtía de agua a la Alcazaba, sacando el agua por la parte superior de la torre. Está hecha en tabiyya, un tapial extremadamente duro que ha resistido de forma notable el paso del tiempo. Hoy en día existe una abertura, proveniente del S.XVI, que permite acceso al interior. La segunda, la Torre de Las Eras, está en un pequeño promontorio en cuyas proximidades arranca el camino que sube al castillo. Se trata de una gran torre rectangular con dos zonas, un zócalo inferior casi totalmente cubierto por la vegetación, y una parte superior con unas 4 plantas de altura.
Puerta Catena. Muralla de Segura de la Sierra
Otro destacado resto árabe son los Baños Árabes, datados originalmente del S.VIII, pero de estructuración posterior coincidiendo varios autores en señalar el S.XI-XII como posible fecha de construcción, aunque lo que observamos hoy es una reconstrucción total llevada a cabo en 1971 por el arquitecto L. Berges. Presenta sus salas fría, templada y caliente, pues las diversas estancias están separadas en función de su temperatura ambiente, que asciende desde el vestíbulo hasta la sala caliente. En el vestíbulo el cliente espera y se desviste. La sala fría dispone de espacios o alcobas o alhamías destinadas al descanso (îwan). La sala templada es la de mayor tamaño de las cuatro estancias. Por último, la sala caliente se encuentra en contacto con el hornillo (al-burma) que alberga la caldera. Bajo el pavimento de las salas caliente y templada se distribuye una red de canales de distribución de humo y aire caliente, siguiendo el mismo esquema que las termas romanas que las denominaban frigidarium, tepidarium y caldarium. Son espacios acotados en ambos extremos por doble arco de herradura y bóveda de cañón con claraboyas estrelladas; cuenta también con puertas entre las salas que están desenfiladas, con la intención de que no se escapase el calor ni se formasen corrientes de aire.
Edificio de los Baños Árabes. Segura de la Sierra
También debemos nombrar, siempre entendido como parte del entramado defensivo de Segura de la Sierra, la construcción de otros castillos menores, situados en zonas elevadas que requerían contacto visual con la fortaleza de Segura. En este contexto podemos entender la construcción de los castillos de Altamira, de La Espinareda, de Gutamarta y Valdemarín. El primero se encuentra en la ladera este de las cuerdas de Beas, en la cortijada de Altamira. Su técnica constructiva, es similar a otras construcciones pertenecientes al sistema defensivo militar árabe de la zona. El edificio que se conserva es una torre a la que se han adosado las construcciones más recientes enmascarando parte del edificio y de los parapetos originales.  
Restos del Castillo de Altamira
El segundo se encuentra en el término municipal de Segura de la Sierra, en la cabecera del arroyo de la Espinareda, junto a la aldea y vega del mismo nombre. Se ubica en un promontorio adosado a los montes de la Cuerda de Beas manteniendo una posición estratégica tanto por el dominio de los valles formados por el Arroyo de Peñolite y el Río Beas como por la conexión visual con el castillo de Segura de la Sierra. Consta de una torre del homenaje y un recinto amurallado de tapial, observándose en sus inmediaciones restos de un aljibe y del antiguo poblado medieval. La singularidad del emplazamiento se debe a la armoniosa conjunción de elementos (vega, aldea, castillo, vegetación) dotando al lugar de un gran atractivo paisajístico. 
Ruinas del Castillo de la Espinareda
Otra referente será el Castillo de Gutamarta, situado entre Cortijos Nuevos y El Ojuelo, en el centro del pequeño valle del mismo nombre, y del que sólo se conservan la parte inferior de su torre, aproximadamente 1,20 m. de altura, mostrando su base cuadrada de unos 5 m. de lado construida de tapial de calicanto, quedando el resto de la construcción diluida en la aldea llamada Los Cortijillos. 
Por último, el castillo menor de Vademarín, se encuentra en la pedanía Cortijo de la Torre, a 6 km. de Orcera, tratándose de un emplazamiento defensivo que servía tanto para el control como para el refugio de la zona del valle del arroyo de los Carboneros, afluente del río Trujala. Sus muros son de mampostería muy similar a otras construcciones próximas datadas en la misma época y en las que se aprecia una planta cuadrangular. Con el paso del tiempo la torre ha sido adaptada para el uso doméstico adosándose a ella diferentes construcciones que la hacen casi irreconocible. En la actualidad está techada y en sus paredes se han abierto vanos que no corresponden a la obra primitiva, aunque probablemente, el uso continuado de esta construcción la ha preservado de la ruina.
Linea visual. Construcciones de la zona central defensiva en la Sierra de Segura
Otros elementos de esta época árabe son el Puente Moro del Soto, elemento de un ojo de ladrillo y mampostería menuda sobre el río Trujala, de posible origen musulmán. Los árabes siempre estuvieron atentos al cultivo de sus vegas con huertos y frutales bien regados con agua abundante de los ríos y embalses, como el de Amurjo en Orcera que hoy ocupa la piscina natural municipal, construido por Hamusk, de donde podría venirle el nombre; o el acueducto y la presa de Trujala, obras árabes que nos muestran la habilidad de la época para aprovechar un recurso abundante en la sierra como es el agua.
Castillo de Cotillas

Complementando, junto con el Castillo de Cotillas,  la protección de la parte noreste del enclave de la Sierra de Segura, se encuentra un conjunto de fortificaciones entorno a la villa de Siles. Efectivamente, Siles sería el centro de un subsistema defensivo que se materializa en un recinto fortificado, que albergaba fortaleza, casa Tercia e iglesia parroquial. La fortaleza es lo que es conocido hoy como El Cubo, por su forma cilíndrica y que está anexa a la casa Tercia, que fue casa de la Encomienda y posteriormente se utilizó, como su nombre delata, como depósito de grano donde se almacenaban las recaudaciones de los señores. Evidentemente fueron muchos los sucesos históricos y los vaivenes fronterizos medievales que se desarrollaron en esta zona de la Sierra, lo que no hace sino confirmar su valor estratégico en el norte del valle de Segura y coincidir durante largo tiempo como frontera noreste de la Taifa de Granada respecto a la de Denia. Bajo dominio árabe, Silis, perteneció al Iqlim o distrito de Segura. En el siglo XI perteneció al reino de taifa de Almería tras ser conquistado por Ibn Summadih en 1076 a los ziries de la taifa de Granada, quien la recuperó un año más tarde ya que el rey zirí Abd Allah se hizo con Silis entregando a cambio el castillo de San Aflay. Enclavado en el camino de Segura de la Sierra que enlazaba con la Vía de Levante, Siles fue un punto clave en la línea fronteriza con el reino nazarí de Granada, siendo atacada en numerosas ocasiones.
Restos de muralla y El Cubo de Siles
Antes de la llegada de los cristianos, Siles era una próspera población medieval (Silís) que formaba parte del distrito de Saqura (Segura), perteneciente a la Cora de Yayyan (Jaén). Fue conquistado en 1230 por don Pelayo Pérez Correa, maestre de la Orden de Santiago (1239-1242) quedando integrado en la Encomienda de Segura de la Sierra. Cuando en 1339 la cercó el rey de Granada, Yusuf I, como paso previo para hacerse con el resto de plazas de la Sierra de Segura y del Adelantamiento de Cazorla, fue liberada por el maestre don Alonso Meléndez de Guzmán que vino en su ayuda desde Úbeda con un poderoso ejército e hizo huir a las huestes musulmanas. La Encomienda de Santiago remodeló la antigua fortificación árabe en el siglo XIV. Esto motivó que en 1397, el maestre Don Lorenzo Suárez de Figueroa le concediese la autonomía y el título de villa. Perteneció al Reino de Murcia y partido de Segura, Orden de Santiago y dependía de la Chancillería de Granada y al Obispado de Cartagena. Tanto El Cubo como los restos de muralla existentes en la actualidad no se corresponden con los que en 1339, siendo la posterior reforma santiaguista la que aporta cuerpo al nuevo recinto que mantuvo su planta cuadrada fortaleciendo tres de sus ángulos con torreones circulares, o cubos, rodeados por una muralla con aljibe en su exterior, mientras que el cuarto ángulo lo reservaron para la construcción de un pequeño alcázar con dos torreones. La cerca tenía un trazado rectangular y era de argamasa, de 2 varas de ancho, 10 varas de alto y 614 varas de contorno. Lo que queda del castillo es una torre cilíndrica llamada El Cubo, del S.XIII, construida con mampostería y argamasa, que alcanza los 27 m. de altura y que se va estrechándose ligeramente a medida que asciende. Está articulado en dos pisos y terraza. El primer piso está cubierto por una bóveda de media naranja, y el segundo por una cúpula gótica de cantería apuntada con nervios sostenidos por canes, accediéndose a la azotea por una escalera empotrada en el espesor del muro. En el S.XV, se construyó la Casa de la Tercia entre los dos torreones y se reestructuró el patio de armas destruyéndose parte del aljibe y del lienzo norte del castillo que dejaba así de ser un edificio militar para convertirse en residencia señorial palaciega. El entramado defensivo de Siles se fue deteriorando a partir del S.XIX y son pocos los elementos representativos que quedan además del torreón del Cubo, pero destacamos un torreón que abre con arco de medio punto y presenta tres cuerpos en altura, dovelas regulares y esquinas reforzadas a soga y tizón, la Torre y el Arco de la Magdalena, construidos en mampostería que parece ser la entrada original al recinto amurallado siendo de planta quebrada, tan característica de la época.
El Cubo. Siles
Complementando esta función de vigilancia y defensa de esta zona, un conjunto de torres de avisos y torres fortificadas tutelan el canal central del pasillo y los valles transversales, que contactan con otras zonas de la comarca. Ahí podemos situar los Castillos de Tasca, Peñafleita, Pontihonda y Morles. Se sitúan en las inmediaciones de Siles, cubriendo sus flancos noroccidental y suroccidental, y vigilando los valles del río Morles y del río Molinos. Los de Tasca y Peñafleita se vinculan directamente con lo que fue en tiempos el "Camino de Andalucía", mientras que los de Morles y Pontihonda vigilan el ramal que desde Siles se dirigía a Bujaraiza. Su estado de conservación en precario.
Castillo de Peñafleita. Imagen de Francisco Villar Gómez
El Castillo de Peñafleita debió ser construido tras la campaña de pacificación que Abd al-Rahman III llevó a cabo en el 913 contra este territorio, que hasta entonces había permanecido rebelde a Córdoba. A finales del siglo XII, con la formación de los distintos reinos de Taifas, esta plaza fue disputada por los ziries de Granada y el rey de Almería Ibn Summadih. Ibn Summadih se apoderó de Siles entre los años 1076 y 1077, pero poco después pasó mediante acuerdo a los ziries, a cambio de la fortaleza de Sant Aflay (Peñafleita). El castillo de Peñafleita se levanta, al igual que el castillo de Tasca, en el margen izquierdo de lo que fue el antiguo Camino de Andalucía. El castillo de Peñafleita corona lo que en otro tiempo fue sin duda un importante asentamiento musulmán. Hoy se encuentra en ruina progresiva quedando algunos lienzos de muralla. El recinto se encuentra rodeado de un gran foso natural, por lo que originariamente quizá dispusiera de un puente de madera que facilitara su acceso. A las faldas del castillo se encuentran restos de la antigua población musulmana, pudiéndose ver perfectamente, incluso hoy día, el trazado de algunas de sus calles, así como numerosos restos de viviendas y de muros de piedra que servían para consolidar el terreno a través de diversas terrazas las que también se asentaban numerosas construcciones.

El Castillo de Tasca se levanta, al igual que el castillo de Peñafleita, en el margen izquierdo de lo que fue el antiguo Camino de Andalucía, en las estribaciones de la Sierra de Calderón próximas a la cabecera del Guadalimar. Los restos de la fortaleza se reducen hoy a un parapeto de mampostería menuda muy desmoronado, que debía habilitar un espacio interior rectangular de 9,50 por 3,80 metros aproximadamente, y que ocupaba la extensión de zócalo rocoso fácilmente defendible, puesto que un foso natural, formado por una corona de rocas, lo rodea casi por completo. En torno a este zócalo se hay numerosos vestigios de muros y burda mampostería, al parecer en seco. Estos, correspondientes al recinto exterior, parece que se completaban por el lado del oeste con alguna obra de tierra, probablemente un foso y su terraplén. Se cree que este castillo corresponde al citado por Ibn Hayyam al relatar la campaña de Abd-Allah contra el Todmir. Sólo subsisten algunos restos de muros y cimientos encontrándose en clara ruina progresiva.
Torreón del Castillo de Tasca.
El Castillo de Morles está situado en la margen izquierda del río Carrizas al norte de Siles, y siguiendo el valle del Guadalimar y muy cercano al cortijo de Alcanta. En la actualidad se conservan los restos de un recinto irregular de tendencia rectangular que aprovecha el trazado natural de la roca donde se asienta, con muros de mampostería de 0,70 m. en la actualidad,  aunque con alzado de tapial, del que son los restos de una torre del que queda poco más de un metro de altura por lo que se cree era un simple refugio de algunas pequeñas aldeas o “quras” al tiempo que servía de control y vigilancia fronteriza de la entrada natural que el valle del río Morles ejerce sobre el valle del río Guadalimar.
Castillo de Pontihonda
Por último el Castillo de Pontihonda se encarama sobre dos peñas gemelas en la ladera del cerro Bucetaina, entre Benatae y Siles, cerca de la aldea de Puente Honda (Benatae) pero en el término municipal de Siles. Los restos actuales del castillo son probablemente de autoría cristiana aunque su base sería árabe, y su función debió ser de vigilancia y control del paso por el río Morles. La fortificación está formada por dos torres cuadrangulares de reducidas dimensiones, de 3,5 por 3,8 m. de lados, encaramadas sobre dos peñas gemelas que brotan de un repecho de monte, unidas por dos lienzos de muro de mampostería ripiada que las unían hasta constituir un solo recinto de planta rectangular que mediría 13 por 3,5 m. Las dos torres albergaban dos cámaras superpuestas con separación de vigas y madera. El estado actual es de ruina progresiva que deja ver con claridad que el material de construcción es mampostería mal ripiada. Complementando este entramado de fortificaciones defensivas orientadas hacia el este estaría una segunda línea de fortificaciones que se sitúan en Torres de Albanchez y Benatae.

Continuará............
(jt) Segura Verde.

sábado, 9 de abril de 2016

RECORRIDO POR LA HISTORIA EN LA SIERRA DE SEGURA.(VI)

Si existe un momento histórico que aporte extraordinario esplendor al territorio de la Sierra de Segura este, sin lugar a dudas es la época de dominio islámico. El hecho de permanecer como frontera, primero bajo control musulmán respecto al reino de Castilla con sede en Toledo y después bajo dominio cristiano durante dos siglos frente al reino de Granada, le confieren un carácter de importancia vital, por lo que su geografía se salpicó de numerosas fortalezas y construcciones defensivas, cuyos restos han llegado hasta nuestros días.

Sexta Parte.- AL - ANDALUS ( I )

Si hay un pueblo que ha dejado claramente su huella en la Sierra de Segura, este es el pueblo árabe. Los árabes entran en la Península en el año 711 para permanecer en ella durante prácticamente ocho siglos. Evidentemente al ser un periodo tan extenso, se producen en nuestro territorio cambios extremadamente sustanciales en las formas de vida y costumbres, así como en las técnicas y estructuras productivas. La Península Ibérica se convirtió en un centro de convivencia entre culturas, evidentemente en periodos de paz, que fueron amplios y productivos, donde cristianos, judíos y árabes articularon en armonía social, cultural y económica un continuo intercambio en un territorio que se denominó Al-Andalus.
Es de suponer que la presencia de los árabes en nuestra sierra fue, en un primer momento, de ocupación militar de las posiciones visigodas, y que sería motivada por el control de las rutas tradicionales que unían las zonas costeras mediterráneas con la importante ciudad de Cástulo. Se ha constatado que el señor feudal godo de nombre Teodomiro, ofreció importante resistencia a las fuerzas musulmanas hasta que fue obligado a huir, pero la mayoría de la población siguió ocupando sus lugares de residencia, sin cambiar rutinas o forma de vida, convirtiéndose en los llamados mozárabes, o lo que es lo mismo, cristianos que en teoría eran conversos pero que no practicaban el islamismo ya que sus nuevos dirigentes de origen árabe o sus viejos dirigentes visigodos convertidos al Islam a cambio de seguir manteniendo sus posesiones, llamados muladíes, no ejercían ningún control sobre el cumplimiento del culto al Corán ya que sólo les interesaba seguir percibiendo impuestos y gozar de sus privilegios. De hecho, durante el S. IX está constatado que se produjeron diversas revueltas y sublevaciones de origen muladí, que en la Sierra de Segura tuvieron especial incidencia al tener un relieve cerrado e intrincado y, por lo tanto, seguir manteniendo firmes raíces hispanas sus habitantes.
En esta época la actual provincia de Jaén estaba dividida en diversas “coras”, que eran circunscripciones territoriales constituidas por “distritos”, a los cuales pertenecían diversas fortalezas, aldeas o ciudades. El distrito de Segura pertenecía a la cora de Jaén que estaba regida por un representante civil de la administración central cordobesa. Después, con la desaparición del Califato Omeya se forman diferentes señoríos independientes, más autónomos de Córdoba, existiendo en Segura el gobernado por Said B. Rafil que más tarde se incorporó en la Taifa de Denia. Es de destacar que el insigne poeta   arábigo andaluz Ibn Ammar encontró refugio en Segura al huir del rey de la taifa de Sevilla, Al Mutamid, que lo consideró un traidor, encontrándolo en 1086 en estas tierras y darle vengativa muerte.
La Sierra de Segura constituía la ruta obligada de comunicación entre Andalucía y Levante y por lo tanto eje estratégico para controlar ambos dominios. Mesnadas de soldados, comerciantes y ganaderos debían atravesar por estos caminos flanqueados por pequeñas fortalezas y torres de vigilancia.
En el año 1091, Segura es ocupada por los almorávides que se la habían disputado al rey de Sevilla, convirtiéndose la zona en región fronteriza con carácter militar, por lo que será punto de enfrentamiento entre cristianos y musulmanes. El río Guadalimar en 1132 será lugar de concentración de las tropas almorávides contra los cristianos de Toledo. En 1140 comienzan las sublevaciones andalusíes contra los almorávides. Ibrahim B. Hamusk, rey que dominó este territorio dejando su huella en diferentes topónimos como el paraje de Peñamujo en Pontones, les arrebató en 1147 la fortaleza de Segura, para años más tarde ponerla en manos de los almohades como fórmula de defensa de la agresión que su propio suegro, Ibn Mardanis, estaba realizando. De esta forma tan particular los almohades ocupan nuestra sierra, siendo desde aquí donde lanzan una fuerte ofensiva contra el reino de Castilla, siendo nuestras tierras el punto de partida del ejército musulmán  liderado por Yusuf II que derrotó a Alfonso VIII en la batalla de Alarcos, muy cerca de Ciudad Real, en 1195.
Los habitantes de las aldeas, refugios y fortalezas de la Sierra de Segura asistían pacientes, pero alertas, a tanto revuelo de ida y vuelta, a intrusiones y expulsiones, intrigas, escaramuzas y rebeliones, unas veces gobernados por señores almorávides otras por almohades. Pero siempre estuvieron atentos al cultivo de sus huertos y frutales regados con abundante agua de los ríos e incluso embalses como el de Amurjo en Orcera, construido por Hamusk, de donde le viene el nombre. No descuidaban el pastoreo de sus ganados, las labores de extracción de la miel ni de la madera, material esencial en la historia de la Sierra de Segura, de la que se extraían vigas y pilares para sus construcciones de andamiaje y para trabajos finos de mobiliario y ebanistería. De sus pinos sacaban la resina que utilizaban en la construcción naval así como su madera, muy apreciada en la construcción de barcos, madera que extraían utilizando los caminos del agua que fijaba el río Guadalimar hasta llegar a los astilleros costeros situados Guadalquivir abajo, según ha documentado Emilio de la Cruz.
La Sierra de Segura en sí supone, por lo intrincado de su relieve, una verdadera defensa natural, a la que hay que sumar diversas construcciones defensivas que han dejando importantes restos en la comarca, destacando las fortalezas, castillos menores y torreones, en su mayoría de control y vigilancia. Pero eso lo abordaremos con más detalle en el siguiente capítulo.

     (jt)   Segura Verde