martes, 28 de febrero de 2023

DE PEÑOLITE A REFERENTE DEL FÚTBOL PROVINCIAL

 

BLAS MACHADO, EL MÍTICO CAPITÁN DEL REAL JAÉN.

Por José Ant. Molina Real ( jt )

En ocasiones llega a nuestro conocimiento acontecimientos del pasado o trayectorias personales que no dejan de ser significativas para un pueblo. Este es el caso que nos ocupa, la trayectoria de Blas Machado Monge, nacido en Peñolite un 18 de febrero de 1952, y que vino a convertirse en un serrano-segureño ilustre dentro del ámbito deportivo en nuestra provincia, concretamente el fútbol. En aquel tiempo de penuria nació Blas Machado como segundo hijo de los que después serían seis hermanos. Sus padres, Francisco y Petra, pronto comprendieron que el futuro de sus hijos era demasiado oscuro en aquella pequeña población anexa a Puente de Génave, y no pudieron optar por otra salida que no fuera la emigración en busca de trabajo, primero en Albacete y después en Santa Elena y La Carolina donde su padre encontró trabajo en las obras de la carretera a su paso por Despeñaperros. A base de sacrificio y esfuerzo consiguió darle formación y estudio a sus hijos, completando Blas el bachillerato sin dejar nunca de practicar deporte, destacando por su talento natural en el fútbol. Pronto accedió a las categorías inferiores del Carolinense, donde según ha declarado en ocasiones, se tenían que dedicar en ocasiones diez minutos antes de empezar los encuentros a quitar las piedras que abundaban en el terreno de juego, lo cual no fue impedimento para, incluso con edad juvenil, debutar en el primer equipo en 3ª. División.

Machado en su época de jugador juvenil

Pero su vida cambió radicalmente cuando se trasladó a estudiar Filosofía y Letras en la capital giennense, concretamente al colegio de los Hermanos Maristas, aunque no dejó de jugar en el equipo de La Carolina, siendo la temporada 1968/69 donde surge el cambio definitivo en la carrera de nuestro peñolitero ilustre, ya que fue al final de la misma cuando se jugó, en el campo de La Victoria de la capital, una final de la Copa del Gobernador Civil ante el Torredonjimeno y aunque el resultado no fue favorable, Antonio Romero Maroto “Antoñete”, responsable técnico del Real Jaén, al ver el desparpajo y la juventud de nuestro Blas Machado, le ofertó integrarse en la disciplina del equipo blanco de la capital con el beneplácito del presidente del Real Jaén Juan Bautista Castellano. En el Real Jaén alternó entre las plantillas de los equipos juveniles y aficionados. En la temporada 69/70 se proclamó campeón de Andalucía juvenil, coincidiendo con otros ilustres del club como fueron los hermanos Huertas, Lorite, Zurita, Amezcua o el propio Del Moral, lo que le sirvió para debutar con el primer equipo en la temporada 71/72, con tan sólo 18 años, de la mano de Eusebio Ríos que apostó por él en la medular del equipo formando pareja con Azcárate desplazando así al veterano Moreno de la titularidad, en un encuentro contra el Eldense. De esa forma se completará el triunvirato de personas que fueron decisivas en la vida deportiva de Machado en el Real Jaén y que lograron, que a pesar de tener ofertas de equipos de superior categoría y más potentes económicamente hablando, que Machado comprometiera su vida profesional futbolística con el equipo de la capital, con Antoñete como técnico, Eusebio Ríos como entrenador y Juan Bautista Castellano como presidente, completando una trayectoria de 11 brillantes temporadas solo interrumpidas en la temporada 73-74 debido al cumplimiento del servicio obligatorio militaren Almeria.

Machado en un encuentro en el antiguo Estadio de La Victoria

Se convirtió en asiduo de las alineaciones y puntal blanco protagonizando éxitos como el ascenso a 2ª. División Nacional en la campaña 75-76, conseguido con un empate en Ceuta en la penúltima jornada de liga, compartiendo alineación con figuras como Lacalle, Reina, Laria, Saavedra Marco o Zubitur siendo el técnico sevillano Manuel Ruiz Sosa. La temporada siguiente el equipo afrontó esa nueva categoría con ilusión y trabajo, incorporó a nuevos jugadores dando paso a un grupo que la afición blanca recordará siempre con los Aguinaga, Vila, Sánchez, Monterde, José Luis, Zubitur, Machado, Calabuig, Flores, Ángel y Morera…un equipo que estuvo cerca de conseguir el ascenso a la categoría máxima del futbol español de la mano del añorado Ruiz Sosa, ascenso que se quedó a tan sólo dos puntos en la clasificación que favoreció al Rayo Vallecano, en aquella temporada 76-77. Aquí Blas siguió siendo el referente del equipo como organizador en el centro del campo, aunque cuando las circunstancias lo requerían podía actuar como marcador, de lateral derecho o incluso delantero. Allí se enfrentó a grandes jugadores del fútbol español que son recordados por todos como Cardeñosa y Gordillo del Betis, Valdano en el Alavés o Landaburu en el Valladolid.

Cromo con la imagen de Blas Machado

Sin duda esta temporada entra dentro de los mayores éxitos de Blas Machado, siendo distinguido con diversos trofeos a la regularidad en la temporada 75-76, la deportividad y combatividad en el 78/79, en tres ocasiones ganador del trofeo a la regularidad en el Diario Jaén 74/75; 75/76; y 78/79, mejor deportista jiennense en el año 73 y condecorado con la medalla de bronce de Andalucía al Mérito Deportivo. Esta proyección le significó recibir numerosas ofertas de clubs de superior categoría como Oviedo, Granada, Hércules, Valencia, Sporting de Gijón o el Español de Barcelona, para así poder jugar en primera división, aunque fueron ofertas que declinó por su fidelidad a los colores blancos del Real Jaén. Para la memoria queda que aquel 5 de septiembre de 1976, fuera Machado el autor del primer gol en 2ª. División en un encuentro frente al Real Valladolid en el Estadio de La Victoria que acabó con un contundente 4-2 a favor de los locales.

Blas Machado celebrando un gol en 2a. división nacional

Fueron 11 las temporadas en las que Blas Machado brilló con la camiseta blanca con un total de 323 partidos, siendo 292 de liga y 22 de copa; también disputó 9 encuentros de copa Andalucía, con un total de 18 goles en toda su carrera como profesional. Fueron todas ellas campañas de éxito donde Machado no perdió su titularidad, ostentando la capitanía de un equipo en el que brillaba con luz propia. Su personal estilo, su visión de juego, su entrega y arrojo, su elegancia o su forma de moverse en el campo, y todo ello siempre con el juego limpio que le caracterizó, convirtiéndose en claro emblema de la entidad blanca, permaneciendo en la memoria de la afición giennense.

Machado ejerciendo como capitán frente al C.E. Sabadell

Todo este éxito deportivo no le apartó de su sencillez personal y de sus recuerdos de niñez, visitando a amigos y familiares de Peñolite y del Puente de Génave durante todo este tiempo. Con tan solo 29 años, y al finalizar la temporada 81/82, teniendo claro que ya no podía aportar lo mejor de sí mismo al equipo, decidió su retirada dando claras muestras de amor a su club. Además, vivir del fútbol en categorías inferiores se hacía muy duro en un fútbol muy alejado de los representantes o cifras astronómicas que hoy en día se barajan. Surge la oferta de una entidad financiera, en concreto Caja Jaén, y aunque se le ofreció integrarse como entrenador titulado en las categorías inferiores del club, cargo que ostentó durante apenas unos meses, el hecho de no ver claro su futuro ligado al fútbol, inclinó la balanza, y abandonar su trayectoria deportiva.

Blas Machado ya jubilado de su actividad profesional

Se convirtió en el Gran Capitán, así durante cinco temporadas, capitán que fue de esa clase de jugador y persona que todo el mundo aprecia y quiere. Querido por afición, entrenadores y compañeros.  Este legendario jugador jiennense fue con sus herramientas de disciplina y trabajo, el futbolista que todo entrenador quiere en el campo y vestuario. Todo ello lo convierte en jugador emblemático del Real Jaén, capaz de darlo todo por esta entidad y por este escudo. Todo un ejemplo a seguir e historia viva del club blanco, y es que Blas Machado es, a la vez, historia y leyenda gloriosa del fútbol jiennense, condición que lo acompaña como un dorsal eterno, el 10 que siempre lucen los grandes jugadores.

miércoles, 15 de febrero de 2023

APUNTES SOBRE LA PROVINCIA MARÍTIMA DE SEGURA

 

La Provincia Marítima de Segura de la Sierra.

Sergio Rodríguez Tauste

 

Durante la invasión napoleónica, un archivero del Ministerio de Marina llamado Juan Sans Barutell, recibió del ministro de Marina, D. José de Mazarredo, el encargo de realizar un informe en el que se estableciese el potencial maderero de la Sierra de Segura con vistas a la reorganización de los departamentos de Marina por parte del gobierno napoleónico. En el texto podemos ver la siguiente cita:

Provincia marítima de Segura. Delimitación

“...Es la provincia de Segura de la Sierra una de las más útiles que tiene el reino en la compresión de sus departamentos de Marina, así por la abundancia de sus maderas, especialmente de pino blanco o salgareño, de calidad muy superior al de Flandes, como por la proporción que tiene para el establecimiento de fábricas de betunes y siembras de cáñamos...”.

Sin embargo, el comienzo de este proceso tiene lugar durante el primer tercio del siglo XVIII cuando se inician los trabajos para la nueva fábrica de tabacos de Sevilla. Ante la necesidad de madera para la construcción del edificio, el Superintendente del Tabaco, Sebastián Caballero, oyó por parte de los más ancianos como antiguamente se habían conducido por el Guadalquivir maderas procedentes de la Sierra de Segura. Recuperar esta actividad supondría un importante ahorro económico pues la madera necesaria para la construcción era importada desde Flandes.

Real Fábrica de Tabacos de Sevilla

La primera pinada, compuesta por 8.000 troncos, llegó a Sevilla en 1734, por lo que hubo suficiente madera para la obra y para vender la sobrante para otras construcciones. La administración de este nuevo recurso quedó supeditada al Superintendente de la Fábrica de Tabacos de Sevilla a través de un Real Decreto de 1735 con el que se establecía el Real Negociado de Maderas con una Subdelegación en Segura de la Sierra, siendo el primer subdelegado Gregorio de la Cruz y Tirado. El Real Negociado de Maderas mantuvo su actividad después de la construcción de la Fábrica de Tabacos surtiendo de maderas a gran número de obras como, por ejemplo, las obras de reparación que se realizaron a la catedral de Córdoba, la iglesia de San Andrés de Baeza o la colegiata de esta misma ciudad. Incluso se entregaron a Pablo de Olavide 300 troncos para la construcción de las Nuevas Poblaciones.

Pese a la importancia de la madera para la construcción, vino a aparecer una nueva utilidad de la mano del maestro de obras Vicente Acero, quien pensó en las maderas de Segura para la construcción naval. Para ello, en 1738, se realizó una visita a la Sierra de Segura con el objetivo de analizar su potencial maderero, dando el visto bueno para su explotación por parte del Arsenal de La Carraca (Cádiz) a través del Real Negociado de Maderas para lo cual fue llamado a la Corte Leonardo Ventura de León, gobernador de Segura. En vista de lo sucedido, desde el Arsenal de Cartagena también se realizó una visita en el año 1741.

Vías fluviales de salida de la madera segureña

Estos primeros años del Negociado destacaron por una mala gestión de los montes, lo que motivó que, desde la Corte, Fernando VI, tomara cartas en el asunto y se aprobaran las Ordenanzas de Montes de 1748 que tenían como principal novedad la creación de las provincias marítimas y el establecimiento de la jurisdicción de Marina. Esta nueva jurisdicción se vino a sumar al caos jurisdiccional existente en el que se mezclaban la jurisdicción de órdenes militares, la eclesiástica a través de las Diócesis de Cartagena y Toledo y la justicia local, tanto en primera como en segunda instancia. La supremacía de la jurisdicción de Marina sobre las demás en los asuntos relacionados con el bosque constituyó un largo foco de problemas y de conflictos entre los municipios y la administración de la Provincia Marítima de Segura ya que suponía una profunda transformación respecto a las formas de vida emanadas de la aplicación de las Ordenanzas del Común de 1580.

La Provincia Marítima de Segura incluía 51 localidades, agrupadas en 4 subdelegaciones comprendidas en los departamentos de Cádiz (vertiente Guadalquivir / Guadalimar) y Cartagena (vertiente del Segura). Oficialmente fue constituida el 1 de septiembre de 1751 y para su control se nombraron seis guardas celadores. Se estableció el Ministerio de la Provincia en Segura de la Sierra y las subdelegaciones en Alcaraz, Cazorla, Villanueva del Arzobispo y Santisteban del Puerto.

Jurisdicciones de la Prov. marítima de Segura de la Sierra

Desde 1764 se estableció que cada año cortara sólo uno de los departamentos para evitar problemas en las conducciones de la madera. El trabajo del Negociado y del Departamento de Marina seguía unas pautas similares y estaba diseñado para todo el año. Las peticiones de madera se solían hacer en otoño y el delineador se encargaba de marcar los árboles que eran aptos para la corta. Entre los meses de enero y marzo los hacheros cortaban los árboles, dejándolos al aire libre para facilitar la salida de la savia siempre que el clima lo permitiera. Para evitar la putrefacción por el contacto con el suelo, se ponían sobre otros palos menores llamados polines. Una vez lista la madera era ajorrada o transportada con carretas de bueyes hasta los aguaderos entre los meses de julio y octubre. Junto al río esperaba la madera hasta el mes de noviembre o diciembre para dar comienzo a la navegación de la pinada aprovechando el caudal máximo del río. Esta era realizada por un grupo de gancheros que oscilaba entre los 150 y los 300 hombres. La pinada podía tardar entre 7 y 10 meses en llegar a su destino por lo que esta actividad dio lugar a una peculiar forma de vida para estos grupos de personas que pasaban la mayor parte del año fuera de casa. Tras llegar la madera a los arsenales, esta era trabajada por los carpinteros para darle su forma definitiva y usarla en la construcción de los nuevos buques. De esta manera todos los barcos que salieron de los arsenales de la Marina en la segunda mitad del siglo XVIII contaron con muchas partes de su estructura hechas con madera segureña.

Pinada transportada por los gancheros.

La actividad forestal supuso la reactivación económica de la zona y beneficios para muchas familias dedicadas al carreteo de madera o a la maderada. Sin embargo, la Guerra de la Independencia (1808-1814) paralizó la actividad del Negociado y supuso la ruina para muchas familias que no pudieron hacer frente a las deudas, lo que, unido a los incendios de los pueblos, por parte de los invasores, dejó a la comarca en una situación crítica. Las Cortes de Cádiz establecieron la supresión de las jurisdicciones especiales por lo que la jurisdicción de Marina cesa temporalmente en la Sierra de Segura. Sin embargo, tras la vuelta de Fernando VII se produjo el restablecimiento del Negociado de Maderas de Segura por cuenta del ramo de la Hacienda dotado de un subdirector general residente en Orcera. Este organismo subsistió a duras penas hasta el establecimiento de las Ordenanzas de Montes en 1833 aunque su final definitivo no se produjo hasta 1836.

martes, 31 de enero de 2023

CON SABOR A TRADICIÓN. LAVAR LA ROPA

 CUANDO LAVAR LA ROPA NO ERA SOLO LAVAR LA ROPA.

Por José Antonio Molina Real ( jt)

Hubo un tiempo en el que las cosas cotidianas no resultaban tan fáciles como en la actualidad. Eran tiempos en los que el trabajo diario se convertía en algo arduo y complicado. Cuestiones tan simples hoy en día como es abrir un grifo para tener agua, darle al interruptor para obtener luz, encender el fuego en la cocina o lavar la ropa se convertían en verdaderas “aventuras” donde el ingenio y la habilidad de las mujeres eran lo que predominaba. Y digo mujeres porque había tareas exclusivas, en aquella sociedad, que sólo las mujeres realizaban.

Mujeres lavando a orillas del río.

El agua tenía que ser recogida en cántaros que después se guardaban en las cantareras de cada casa y que debían de llenarse a diario en las fuentes próximas a los municipios, en el caso de Puente de Génave era la Fuente Vieja el lugar donde muchas mujeres realizaban diversos desplazamientos a llenar cántaros y botijos, que cargaban, una vez llenos, apoyados en sus caderas a lo largo de la calle del Arroyo; así fue hasta que se instalaron las fuentes públicas en la plaza de la Iglesia y otra frente al cuartel en la carretera, allá por el año 1938, con agua traída desde la fuente de los Prados de San Blas. Por otro lado, los candiles. en aquellos hogares más humildes, o las velas si eran familias más adineradas, eran encendidos cuando la noche empezaba a imponer su oscuridad frente al sol de atardecer. También los fogones eran lugar donde la responsabilidad de la mujer se presuponía por su propia condición femenina, no sólo encendiendo la lumbre en la chimenea, sino también arrimando pucheros y calderos para, con verdadero sabor tradicional, preparar suculentos guisos y preparados procedentes de la matanza.

Antigua Fuente Vieja en Puente de Génave.

Pero, en esta ocasión, nos centraremos en la labor periódica de lavar y acondicionar la ropa, tarea que se realizaba a mano y normalmente en lugares habilitados a tal efecto, bien a orillas de un riachuelo, arroyo o río. Está claro que en nuestro municipio será el río Guadalimar el principal protagonista, concretamente en su paraje de Las Moreas, lugar preferido por tener un fácil acceso y poca profundidad, aunque cualquier lugar del río a su paso por el pueblo era aprovechable llegándose incluso hasta la chopera que existe una vez pasado el Puente Nuevo. Allí se desplazaban las mujeres cargadas con sus canastas de mimbre, su jabón de sosa de elaboración casera y sus losas de madera acanalada que permitían frotar la ropa con más eficacia y que hábilmente confeccionaban los artesanos carpinteros como Miguel Trillo, Juan Vicente Linares, Celestino Martínez o los hermanos Morcillo de la calle del Arroyo, que resultaban más útiles que las piedras planas y lisas que algunas, que no se podían permitir el gasto, colocaban en la misma orilla del río.

Losa artesanal de madera.

La tarea no era nada simple. En el lugar se solían concentrar amigas y vecinas, que previamente habían concertado el momento adecuado que en verano solía ser de buena mañana para evitar el rigor del calor estival y en invierno para aprovechando el solecito de las primeras horas de la tarde, y así no sólo lavar la ropa sino también poder compartir animadas conversaciones. Allí tenían que acudir con la pesada carga, para después arrodillarse sobre unas piedras que permitieran el acceso al agua y, en esa incómoda postura, y sobre la losa de madera, restregar una y otra vez la ropa y el jabón hasta que finalmente, aprovechando la corriente de agua del propio río, proceder al aclarado de las diversas prendas que después se tendían al sol sobre cualquier mata de juncos o algún frondoso matorral, para así volver a las cestas de mimbre lo más secas posible, cuestión que aligeraba peso, y ser nuevamente transportadas hasta los respectivos hogares. Ni siquiera para esa labor de llevar esa pesada carga era bien vista la presencia masculina, incluso estaba mal vista socialmente.

Lavando en el río.

Pero hay una connotación paralela a esa actividad de lavar públicamente y de forma agrupada la ropa de casa por parte de aquellas mujeres de Puente de Génave, mujeres humildes en su mayoría ya que esa tarea en las pocas familias pudientes del municipio era realizada por la servidumbre, y no es otra que la de la socialización. Una socialización exclusivamente femenina en una sociedad donde el hombre gozaba de prácticamente todos los privilegios. Dicho de otra forma, esos lugares donde se lavaba la ropa se convirtieron en un pequeño rincón donde una mujer podía conversar con libertad, donde podía ser ella misma y hablar sin miedo a tener su propia opinión. Era un lugar donde además de limpiar una camisa o una sábana, muchas aprovechaban para lavar su conciencia y sus penas libres de la coacción pública masculina, bien sea del padre o del marido. Además, era casi que el único punto de encuentro que una mujer podía encontrar para conversar con otras mujeres por lo que más que un espacio para lavar la ropa era un lugar para socializar, eso sí, sin descuidar la tarea materna de cuidado de los hijos menores que acompañaban a sus madres y aprovechaban el espacio y el tiempo para divertirse junto al agua bajo la supervisión materna.

Era el lugar donde no solo se sacaban los trapos sucios, literalmente hablando, para adecentarlos, sino que se sacaban todos los “trapos sucios” y cotilleos sociales que ocurrían en la localidad; incluso cuando las conversaciones se volvían un poco picantes por su contenido siempre había la que advertía a las demás que tuvieran cuidado porque “había ropa tendida”, en clara referencia a la población infantil que las acompañaba. Era lugar de secretos que después de contarlos se convertían el “secretos a voces” porque se difundían rápidamente por todo el pueblo.

Lavadero público nuevo en Puente de Génave. Construido en 1952

En Puente de Génave, como en cualquier otro municipio, esa tarea se convirtió en preocupación de las autoridades que intentaron ubicar en un lugar, más o menos céntrico, una construcción adecuada y protegida a dicha actividad. Y apareció el lavadero público como lugar confortable y protegido por una techumbre que diera sombra y protegiera de la lluvia al que se consiguió llevar el agua sobrante de las dos fuentes públicas, reseñadas con anterioridad, a través de una canalización, la cual se embalsaba en diferentes piletas que servían para diferentes usos de lavado o aclarado, piletas que eran rodeadas de losas de piedra acanaladas con ranuras horizontales que servían para frotar la ropa y con la suficiente altura e inclinación para evitar que las mujeres se arrodillaran y tuvieran que doblar en exceso su ya dolorida y maltrecha espalda. Nos encontramos en una época donde la Guerra Civil está presente en la vida de los puenteños cuestión que no impidió que las autoridades regularan, con una normativa y ordenanzas, el uso del lavadero público.

Trabajo y tertulia en el lavadero público

Pero que existiera un lugar determinado para realizar las tareas que anteriormente se realizaban junto a las orillas del río no significa que se perdiera la esencia de seguir siendo espacio y punto de encuentro femenino, un lugar de flujo y transmisión de información sobre aspectos diversos de la contidianidad de Puente de Génave. Era un espacio donde la mujer contaba con menor presión social y familiar y, por tanto, muy propicio para dar rienda suelta a sus particulares criterios lejos del control masculino, donde el respeto entre las usuarias llegaba al punto de mantener siempre el orden interno en la utilización de las diversas piletas de agua, incluso había confraternidad y la ayuda mutua era una actitud muy asidua, compartiendo el jabón casero elaborado a base de sosa cáustica o la lejía de ceniza que blanqueaba, en cierta forma, la ropa, especialmente las sábanas, y que era un compuesto que se obtenía de echar ceniza en un cubo de agua (una parte de ceniza y cinco partes de agua), para posteriormente calentar la mezcla y esperar a que se enfriara para después que la ceniza se posara en el fondo del cubo, obtener una disolución de óxido de potasio de color amarillento que se colaba para poder utilizarla. El objetivo de todas era evitar los llamados “asores” o manchurrones amarillentos propiciados por la mala aplicación del jabón en la pieza. Llegaba a tal punto el orden no escrito que, las posibles enemistades entre vecinas, llevaba a evitar coincidencias presenciales para evitar roces personales.

Fabricando jabón de sosa casero

Hoy, la función de estos lugares o lavaderos públicos parece relegada a cumplir una función histórica que ayuda a explicar la evolución y la historia de cada pueblo. La llegada de la lavadora y su generalización en el uso de muchos hogares, a partir de mediados de los años 70 del siglo pasado, fue poniendo fin a este arduo y duro trabajo que realizaban las mujeres, pero también propició la desaparición de ese particular espacio de libertad que ofrecía a las mujeres puenteñas un lugar donde hablar de sus cosas, contarse sus penas y alegrías o simplemente pasar un rato agradable con conocidas y vecinas. El lavadero de nuestro pueblo era lugar de socialización, diversión y esparcimiento del que las mujeres volvían al hogar con el ánimo ´curado´ para poder afrontar nuevas tareas y nuevas obligaciones.


lunes, 16 de enero de 2023

MIGUEL HERNÁNDEZ EN JAÉN (1936-39)

Considerado como uno de los grandes poetas de la literatura española, Miguel Hernández tuvo que vivir años convulsos de la historia de España, y fue Jaén lugar donde residió durante este tiempo. Por esa razón, desde el blog, reproducimos el artículo de Juan Antonio Muñoz Castillo que nos aproxima a la vida de este insigne personaje y a su estancia por tierras jienenses donde compuso sus obras más famosas.

MIGUEL HERNÁNDEZ, JAÉN Y LA GUERRA CIVIL (1936-1939)

No cabe duda que Miguel Hernández fue “el más genial epílogo” de todo el grupo poético conocido como Generación del 27. El más genial epílogo, pero también el más humilde, el más humano y el más terrenal de todos aquellos que integraron este grupo. Además, el que, con mayor intensidad vivió la Guerra Civil, parte de la cual vivió en nuestras tierras del sur de Jaén.

Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante,1942), con una producción que apenas si supera los 180 poemas, es, sin embargo, el más rotundo, humilde, humano y terrenal de todos los poetas de la Generación del 27. Sin lugar a dudas es un poeta, y un creador literario, que convierte a toda su obra en el testimonio imborrable de su compromiso con un partido político, el comunista, que fue el que buscó capitalizar y dirigir a todo el bando republicano, cuestión que no se materializó pese a los intereses de Moscú. Miguel Hernández fue el valedor, difusor y publicita de esa estrategia comunista formulada por los dirigentes de la República, colaborando con sus jefes militares y políticos, y siempre utilizando su excelente lenguaje lírico, comprometido y honesto a favor de la causa republicana.

Su centro de instrucción fue el Quinto Regimiento, embrión del Ejército Popular Republicano, y su primer campo de batalla el frente de Madrid ejerciendo de zapador, pero sus dirigentes, en especial el líder miliciano Enrique Lister, advirtieron que sería más útil con la pluma que con las armas. Así de ser simple miliciano en la primera brigada mandada por Valentín González “el Campesino”, pasó a convertirse en comisario de cultura y ser responsable del “Altavoz del Frente” en el IX Cuerpo del Ejército, que era quien resistía el avance de los sublevados en la parte norte de los frentes andaluces, en una franja que iba desde Cabeza de Buey en Badajoz hasta Alcalá la Real en Jaén, un frente muy estabilizado al que se incorpora en marzo de 1937, y donde se estaba actuando en continuas ofensivas en Lopera y Porcuna, así como el Santuario de la Virgen de la Cabeza de Andújar, que todavía resistía el envite republicano desde agosto de 1936.

Miguel Hernández llega a Jaén recién casado con Josefina Manresa, natural de Quesada a la que conoció en su Orihuela natal. Cumpliendo su misión de motivación de las tropas y de comunicador propagandista, acudió en bastantes ocasiones a las posiciones de primera línea de frente en el Santuario, donde sus proclamas animaban a los sitiadores y desmoralizaban a los sitiados, viviendo de forma directa el tristemente recordado bombardeo de la capital del Santo Reino que provocó la cifra de 159 muertes, ordenado por Queipo de Llano y que ha pasado a la historia por ser el primer bombardeo que sufrió la población civil en esta contienda.

Dentro de su misión propagandística debemos adjudicarle la creación del periódico “Frente Sur” para unificar la prensa prorepublicana en la zona de Jaén, y aunque tenía solo cuatro páginas sucedió al periódico “Democracia” de claro talante socialista. De todas formas, en Jaén, y aunque era un frente muy estable, una vez conseguido vencer el asedio del Santuario de la Virgen de la Cabeza el día 1 de mayo, no era una zona tranquila en el bando republicano pues las disputas entre comunistas y anarquistas estaban a la orden del día, representados por sus dos líderes Tomás Villén “Cencerro” y José Poblador “Pancho Villa”, hasta que se militarizan las milicias y es detenido el máximo responsable anarquista del frente del sur Francisco Maroto, dejando en frente en la zona de Jaén en manos de líderes comunistas, cuestión a la que influyó decisivamente las intervenciones de Miguel en Radio Jaén y sus artículos en “Frente Sur”.

Podemos adivinar que Jaén fue muy importante para Miguel Hernández, no sólo por su vinculación a través de su esposa, Josefina Manresa, sino porque, ante la enorme estabilidad del frente sur, es en Jaén donde alcanza la máxima inspiración y escribe la mayoría de sus principales poemarios como son “El hombre acecha” o “Viento del pueblo” del que destacamos la Elegía a Federico García Lorca o la composición, hoy himno de la provincia, “Aceituneros”; también aquí compuso “El herido” posiblemente inspirado en sus visitas al hospital de campaña de Valdepeñas de Jaén o su obra teatral “El labrador de más aire”.

Sólo abandonó Jaén, en un corto espacio de tiempo, para acudir al Congreso de Intelectuales de Valencia, siendo aquí donde los dirigentes comunistas pensaron en su valía como instrumento para acudir a otros lugares de contienda con la finalidad propagandista y motivadora de la tropa, por lo que pronto fue destinado a Castuera, en Badajoz, donde el bando republicano mantenía un frágil frente de combate que se vendrá abajo en la primavera de 1938, a pesar de poner en marcha en ese nuevo destino el periódico “Altavoz del frente” y colaboró en otra publicación llamada “Frente extremeño”, específico para aquel lugar de combate en Castuera, editado junto a sus amigos y colaboradores José Herrera y Pedro Garfías, siendo momentos de poca producción poética. Además, fue instrumento de difusión política de la República al ser llevado a Paris, Copenhague, Estocolmo, Leningrado, Moscú, Kiev y Jarkov asistiendo a diferentes eventos culturales y sociales. Se puede decir que su dedicación pasó a ser casi exclusiva de índole política, empezando un verdadero proceso de recesión poética. A su regreso fue destinado al frente de Teruel con la finalidad de seguir motivando en el combate a las tropas republicanas pero la derrota supuso una enorme frustración, incluso una degradación en su salud con una anemia cerebral y varios episodios de agotamiento físico que propiciarían, más tarde, su proceso de tuberculosis que le llevaría a la muerte. Llegó a ser evacuado del frente a un hospital militar en Benicássim donde coincidió con Antonio Buero Vallejo que ejercía como enfermero.

El último año de guerra de Miguel Hernández lo vivió en la zona de Levante, básicamente en el cuartel general del ejército republicano en Paterna, en Valencia, y la ciudad de Cox, en Alicante, que era donde se había trasladado su familia. Pero la suerte de la guerra estaba echada y en su parte final, una vez entregada Madrid, inició su huida, pero fue descubierto en la localidad de Moura, ya en Portugal, y entregado por el gobierno fascista portugués a las autoridades de frontera españolas y posteriormente encarcelado hasta su muerte. Es posible si hubiera permanecido en Jaén, sin llegar a su enorme compromiso con los dirigentes republicanos, su fin podría haber sido distinto.

 

Juan Antonio Muñoz-Castillo

(Adaptación art. Rev. Argentaria)

viernes, 30 de diciembre de 2022

CON EL COLOR VERDE DE LA ESPERANZA

En estos tiempos de Navidad y fiestas de fin de año, donde los sentimientos emergen y están más a flor de piel, cuando la fraternidad resulta más visible y donde nuestros mejores deseos se mezclan con muestras de solidaridad y empatía hacia los demás, recuperamos un escrito de la puenteña María Luna Vico en el que pone máximo énfasis, además de explicarnos su trayectoria personal, en esas dinámicas de vida que, basadas en esas pequeñas cosas cotidianas, nos ayudan a crear vínculos que nos acercan a las personas con actitudes más limpias, claras y humanas. Porque crear un mundo mejor es tarea de todos buscando la felicidad en el bien común. En definitiva, nos aporta una visión sobre la vida y, especialmente, de la forma más directa y humana de crear un mundo mejor a través de la solidaridad entre las personas, siendo su vida un claro ejemplo. 

"HECHOS SON AMORES Y NO BUENAS RAZONES....."

Considero que con los años que tengo, que son una bendición del cielo, que mi único mérito fue, y es, el haber hecho un gesto de generosidad respondiendo a una vocación, lo demás ha sido acción de Dios que es el que mueve mi existencia y la razón de mi actuación educativa. Soy miembro de la Institución teresiana fundada por el linarense San Pedro Poveda. Esta es una asociación internacional de profesionales laicos, mujeres y hombres, dedicados a vivir y transmitir el Evangelio a través de la cultura y por tanto mi misión es la de formar a jóvenes desde los valores evangélicos.

María Luna en una de sus misiones.

He tenido la oportunidad y la suerte de trascender mi origen geográfico y mi historia concreta española. Esto, aunque supone un desarraigo y lleva consigo un sufrimiento y mucho esfuerzo de adaptación, me aporta un gran enriquecimiento en todos los sentidos humanos y espirituales. He vivido, más o menos tiempo, en ocho países (España, Inglaterra, Irlanda, Italia, Corea, Estados Unidos, Japón y Filipinas) y también por razones de trabajo he visitado otros seis (Austria, Francia, Taiwán, Singapur, Canadá y Tailandia) además de haber dado la vuelta al mundo un par de veces. Para los que esto les pueda llamar la atención, todos estos viajes han sido costeados por las universidades o centros a donde he ido para dar alguna charla o cursillo a profesores de español. Siendo mi última residencia en Filipinas donde estuve trabajando casi 30 años.

         También he pasado por todos los niveles de educación estudiando y enseñando. Empecé siendo maestra en un colegio de primaria en Jaén, profesora en dos institutos internacionales en Londres y acabé como catedrática de español en la Universidad de Filipinas-Diliman en Manila además de dirigir el Colegio Mayor Universitario dentro de esa misma universidad, teniendo dos libros publicados y escrito varios artículos sobre literatura e historia de Filipinas.


         En todo este trajín he descubierto que en la dificultad nace la oportunidad y que el mundo y los acontecimientos de la vida son el espacio donde Dios actúa y donde se manifiesta. Es decir, que los acontecimientos son los que nos ponen en trance de verificar la verdad evangélica que hay en nosotros, y ver en qué dirección Dios nos emplaza para que nos situemos y actuemos. Los sucesos, los percances de la vida, las distintas situaciones positivas y negativas, son estorbos o son gestos provenientes con los que podemos hacer referencia y buscar el sentido radical de nuestro vivir y situarnos profundamente en la historia para verificar la verdad de fondo.

Por eso, mi forma de concretar y manifestar esta vivencia cristiana en el mundo de tan variadas ideas y religiones en el que yo me muevo se ha ido resumiendo en estas pocas líneas:

-Dar valor y defender la dignidad de cada persona que encuentro. Esto se concreta en compartir mis conocimientos y ayudar en el proceso de crecimiento de muchos jóvenes universitarios con dificultades de todo tipo, además de respetar y valorar las diferentes culturas y religiones con las que estuve en contacto a través de esos estudiantes.


-Buscar y vivir en verdad a través de la cultura. Esto, intentando vivir en autenticidad y en estudio constante. Mantener esta convicción no es fácil y me ha acarreado dificultades y problemas, pero creo que perseverar en esto era mi responsabilidad para contribuir a la cultura de nuestro tiempo.

-Ser solidaria. Esto expresado en gestos concretos de ayuda material para aliviar en algo la gran pobreza en la que viven millones de personas en mi entorno. Como alguien muy querido por mí me decía: “Las fronteras no pueden ser barreras sino puentes que nos conecten en vez de separarnos y nos hagan más solidarios y fraternales”.

En esto es en lo que yo puedo concretar mi ser teresiana, acompañado el destino de los que pasan por mi vida, partiendo de lo superficial para penetrar el entramado de los condicionamientos que envuelven a cada uno; y adivinando, o por lo menos estando a la espera y en búsqueda de poder adivinar en qué dirección apunta el proyecto salvador de Dios, desde unos estudios o desde el percance casero de cada día o cualquier situación que se presente…

En honor a la verdad quiero decir que todo lo que soy se lo debo a mis padres que me han enseñado a vivir de forma austera y el valor del trabajo constante. A mi familia toda que ha mantenido esa misma actitud y a mi pueblo y su gente que me acogen y me dan ejemplo de esfuerzo emprendedor, trabajo callado y solidaridad con las necesidades de otros aun estando ellos en situaciones de escasez.


Por último, me gusta poner aquí una nota de esperanza ante la actual situación de nuestra sociedad. Como he vivido en lugares donde la miseria absoluta es parte de la existencia de muchos y he visto cómo evolucionan sus vidas, creo que tengo motivos para asegurar que las actuales circunstancias de crisis pueden convertirse en una grandísima oportunidad de gracia para nuestro país y nuestra sociedad y también para reforzar nuestra fe, porque nos está obligando a pensarnos a nosotros mismos y a situarnos ante los acontecimientos desde los que podremos buscar soluciones, corregir situaciones y mejorar lo que se haya torcido. Entonces, estos acontecimientos, que a lo mejor nos ponen en una situación incómoda, difícil y dolorosa se nos van a convertir en oportunidad y nos van a obligar a referirnos a la radicalidad de nuestra vida y experimentar un cambio en positivo.

Y todo esto os lo digo con mis mejores deseos para esa vida de esperanza que nos vendrá llena de ilusiones y nuevos proyectos que, sin duda, conseguiremos colmando nuestra vida de satisfacciones.

 Por María Luna Vico.


jueves, 15 de diciembre de 2022

CUANDO SE BUSCÓ PETRÓLEO EN LA SIERRA DE SEGURA

 EL POLINARIO. EL POZO DE PETRÓLEO DE LA PUERTA DE SEGURA.

Por José Ant. Molina Real

No hace mucho tiempo, allá por el verano del 2011, apareció en la prensa provincial, y también nacional, una noticia que, por lo sorprendente, llamó la atención de muchos de los jiennenses al tiempo que, no sin cierto escepticismo, llenó muchas tertulias y muchos comentarios de la calle de cierta esperanza por la importancia económica que pudiera tener para toda la provincia. Me estoy refiriendo al intento de la compañía Oil & Gas Capital que diseñó un programa de actuación en la provincia de Jaén al creer escondía en su subsuelo hidrocarburos —gas natural y petróleo— suficientes para convertirla en el 'motor energético' de España.

Prospección petrolera de El Polinario. La Puerta de Segura.

Se hablaba en los planes que la compañía quería invertir trescientos millones de euros y crear quinientos puestos de trabajo, entre directos e indirectos, si los sondeos confirman que el subsuelo que estudiará, a partir del verano, está lleno de combustible natural. Todo ello sustentado en cuatro años de estudios topográficos y simuladores de última generación previos que apuntaban hacia esa tesis. Incluso la petrolera obtuvo la autorización oficial por parte de la Junta de Andalucía para realizar los sondeos pertinentes en diversos municipios de la provincia que recibirían importantes ingresos por los sondeos a realizar en sus territorios, sondeos que se realizarían bojo estricto control medioambiental y que se realizaría en los municipios de  Baeza, Bedmar y Garcíez, Begíjar, Cazorla, Jaén, Jimena, Jódar, Lupión, Mancha Real,  Peal del Becerro, Quesada, Torreblascopedro, Torres, Ubeda y Villatorres. Decir que esos permisos se concedieron para seis años y trascurrido este tiempo con creces, nadie ha podido confirmar que en nuestras tierras exista cualquier posibilidad de extracción de cualquier tipo de hidrocarburo.

La Puerta de Segura en 1957.

Pero no fue este el primero de los intentos de buscar petróleo o gas en nuestro subsuelo. Debemos mencionar que en los inicios de la primavera del año 1957 se realizaron prospecciones en busca de petróleo en La Puerta de Segura. Si, el régimen franquista consideró viable un proyecto que indicaba que la Sierra de Segura atesoraba en su subsuelo un importante yacimiento de llamado “oro negro” y del que la dictadura necesitaba para iniciar su proceso desarrollista e industrializador. En aquella época los permisos no resultaban tan costosos como en la actualidad y rápidamente desde Madrid llegó la autorización, aplicando la recientemente aprobada Ley Nacional de Hidrocarburos, para iniciar en el paraje de El Polinario en el término municipal de La Puerta de Segura, concretamente justo al lado de la carretera que va a Siles, muy cerca del cruce de la carretera hacia Benatae junto al río Guadalimar, donde la Compañía Ibérica de Petróleos, creada en 1954 y sustentada por el Instituto Nacional de Industria, instaló la perforadora que estaba sujetada por una alta torre metálica.

Torre de prospección de El Polinario.

Engranaje de la torre de prospección.

La noticia no sólo recibió la atención de las gentes de la comarca y tuvo importante reflejo en la prensa provincial y nacional que veían en estas prospecciones la solución, caso de encontrar petróleo, a la dependencia energética de la economía española de aquel tiempo asfixiada por el elevado coste en divisas que suponían las importaciones de energía. Incluso, se llegó a difundir la noticia a finales de marzo de 1957 que se había encontrado el tan ansiado petróleo en la prospección, siendo nuestra Sierra y la localidad de La Puerta cabecera de informativos de radio, primeras páginas de la prensa e incluso el mismo NO-DO se hizo eco de la noticia, desplazándose al yacimiento un verdadero aluvión de periodistas que pudieron comprobar in-situ que la realidad era muy distinta. 

Periodistas informando de las prospecciones.

Técnicos e ingenieros de la prospección de El Polinario

Estas expectativas no se produjeron únicamente en nuestra Sierra, pues, en este mismo contexto, hay que decir que fueron muchos los puntos del territorio nacional donde se realizaron estas búsquedas del ansiado petróleo, no siendo siempre infructuosa la búsqueda ya que en la comarca de La Lora, en el municipio de Sargentes de la Lora, provincia de Burgos, si se obtuvo éxito deseado y apareció un limitado yacimiento en la prospección de El Ayoluengo.

Yacimiento de Ayoluengo (Burgos)

Las expectativas creadas entre las gentes de la Sierra de Segura fueron, evidentemente, muy altas. No porque entendieran realmente la dimensión de aquella estructura que se estaba montando y que era visible desde la carretera de La Puerta a Siles, sino porque la rumorología popular hacía pensar que aquello iba a ser la salvación para la economía serrana, muy dañada y empobrecida por aquel entonces, provocando los primeros procesos migratorios que fueron vaciando nuestros pueblos.

Curiosos observando los trabajos en El Polinario.

La lógica curiosidad hacía que muy pocos en nuestra comarca dejaran de provocar, de una forma u otra, la obligada visita a los alrededores de las prospecciones; se realizaban excursiones familiares, actos religiosos comunitarios, así como diversos transeúntes o simplemente curiosos, estaban siempre presentes merodeando por su entorno del paraje del Polinario, pero el tiempo pasaba y los resultados no se concretaban en nada positivo.

Misas de acción de gracias en las instalaciones de El Polinario
Presentación pública de los trabajos en El Polinario

Hasta que llegó el momento que la administración central decidió paralizar la búsqueda petrolera en nuestra Sierra de Segura y todo el tinglado que se había montado, toda la estructura levantada, todos los ingenieros y técnicos y, por supuesto, todos los sueños de prosperidad económica se desvanecieron, y de la misma forma repentina como aparecieron se esfumaron, el pozo se taponó y con él se puso un importante freno al desarrollo económico comarcal acelerando, ya iniciada la década de los sesenta del siglo pasado, la migración de la gente joven hacia otras regiones de España.

Pastores observando los trabajos en el pozo petrolero.
Instalaciones de El Polinario junto al río Guadalimar

No se encontró, por tanto, el soñado “oro negro” que hubiera supuesto el petróleo en nuestro subsuelo por lo que los serranos segureños que quedaron tuvieron que seguir confiando su destino económico al llamado “oro verde” que proporcionan nuestros afamados olivos.





miércoles, 30 de noviembre de 2022

SIMPLEMENTE, UNA FOTO DE 1951

En ocasiones guardamos fotos que pasan mucho tiempo guardadas en nuestros cajones y, cuando por casualidad vuelven a nuestras manos evocan momentos vividos y gratos recuerdos de lugares y personas. En esta ocasión, Pablo García González, recupera numerosos recuerdos a raíz de una foto tomada durante las fiestas patronales de 1951 en la calle San Isidro, en la que aparecen familiares y vecinos de cada uno de los cuales hace una perfecta descripción sobre sus particularidades y recuerdos personales. Una foto, simplemente una foto, es la perfecta excusa para revivir el pasado con una sonrisa en el corazón.


 LA FOTO Y SU HISTORIA.


Esta foto es del año 1951, del 16 de mayo de 1951. Entonces solo venía el fotógrafo por San Isidro. Quizá también en la época de las primeras comuniones, pero la mayoría de las fotos antiguas, que aparecen por los rincones de las casas, son de San Isidro, como lo es esta. Lo bueno de esta foto, por lo que me gusta, es por la variedad de las personas que aparecen y por los testimonios que aportan a la pequeña historia de nuestro pueblo.

La foto tomada el 16 de Mayo de 1951

En ella podemos ver a la derecha, con blusón manchego y una garrota, a Antonio González, mi tío Antonio; es probable que acabara de dejar enchiquerados los toros de la corrida de la tarde tras el encierro que transcurría por la calle del Arroyo hasta la plaza que se montaba en el corralón de la fábrica de aceites. Lo recuerdo perfectamente corriendo delante de los toros y los cabestros de la ganadería de Manuel Frías, de la que era encargado o puede que mayoral. Baja de la plaza y se incorpora al grupo de la foto, que está ante los números 23 y 25 de la calle Nueva, a la que llevaba años bautizada como calle de San Isidro y que es la más antigua de todo el pueblo, puesto que en el primer plano que se hace de la entonces aldea de Puente de Génave, en 1894, el topógrafo D. Juan Sánchez Notario la nombra como calle Mayor. En la actualidad la numeración ha cambiado, pero en aquella época el número 23 era la casa de Bárbara Vilches y el taller y también lugar para alquilar bicicletas de su hijo Santiago, conocido por todos como Santiaguete, que también fue taxista, incluso la parte trasera de su taxi aparece a la izquierda de la foto.

Calle Nueva o de San Isidro a principios de los años 50.

Bárbara es la señora que lleva la toquilla a rayas, a quien su hijo, Santiaguete, con gafas en la imagen, le pasa el brazo por el hombro. A la izquierda de Santiaguete, con gorra y blusón anudado en la parte baja, está mi abuelo Pablo García Roldán y a su izquierda, riendo y un poco agachado, Martín García Ojeda. Santiaguete y Martín sujetan a mi abuelo, que se negaba a fotografiarse y pretendía escabullirse de tal momento. Martín era mecánico y vendedor de máquinas de coser que, por aquel entonces, era elemento que no faltaba en muchas de las casas y que las mujeres sabían manejar con habilidad pues mucha de la ropa se confeccionaba en casa y mucha otra se remendaba para reutilizar. Aún quedan, como reliquias, las Singer y las Sigma que, muchas de ellas, había vendido o arreglado Martín, que también vivía en la calle Nueva, justo en la acera de enfrente, colindante a Secundino “el Zapatero”. Había venido unos años antes de Marruecos con su mujer y sus dos hijos, Pepita y Paco, al que los niños, por haber nacido en la ciudad del entonces Marruecos español, le llamábamos Paco “Larache”.

Santiaguete junto a José "Bililo" en su taxi.

En segundo plano, entre Santiaguete y mi abuelo Pablo se ve a mi padre, Isidro, ataviado con boina, justo delante de la tienda que había abierto, pocos años antes, en el número 25, donde vendía de todo un poco, como en las tiendas de la época. En la puerta del taller se ve al joven Tomás Perona, sobrino del minero y aprendiz de mecánico, que emigraría unos años después a Madrid, donde aún vive y que no olvida su pueblo pues viene en verano a pasar unos días en su casa de la calle de las Parras. A la izquierda de Santiaguete y detrás de Bárbara aparecen dos personas imprescindibles en los “sanisdros” de aquellos años. Luisa “la Platera” y su hijo Dieguito que venían de Mula en Murcia, y en los días de las fiestas ofrecían un de las escasas oportunidades que había de adquirir alhajas y bisutería. Eran muy conocidos y queridos en el pueblo, tanto como las dos familias de turroneros de Hellín que no faltaron en lustros a su cita con nuestras fiestas, así como a Juan “el de Albox”, un contrabandista de ese pueblo almeriense, que abastecía de pequeños productos inalcanzables lejos de los puertos de mar. Cargaba sus mercancías en un par de buenas mulas y, montando una hermosa yegua, atravesaba la Sierra por la Puebla de Don Fabrique y para después, por Santiago de la Espada, poder llegar a nuestro pueblo, en un viaje propio de los viajeros románticos del S. XIX.

Pablo García González

Lamento no saber quién es el hombre de la izquierda de la foto, porque el niño sonriente, a quien Bárbara sujeta, y que luce orgulloso una capa que acaban de traerle sus padres de Albacete, ese niño, es quien esto escribe.

Pablo García González.