lunes, 30 de mayo de 2022

UN SAN ISIDRO PARA OTRO TIEMPO.

Cuando todavía saboreamos en el recuerdo los recientes festejos en honor a San Isidro Labrador en Puente de Génave, recuperamos un artículo de Ramón Gallego, en el que hace un repaso a los actos y costumbres más tradicionales vividas, ficticiamente, por un San Isidro que quiere vivir en primera persona todo aquello que los puenteñ@s organizan en su honor, paseando por aquellos lugares más significativos de la población, al tiempo que saborea los ricos manjares que, tradicionalmente, sus gentes preparan para estas fechas tan singulares.


LA "COCINA" DE SAN ISIDRO.

Los mayores placeres de la vida son el yantar y el folgar, misticismos aparte. Viene a cuento porque San Isidro siempre ha sido generoso en el arte culinario, que es de lo que vamos a hablar por si alguno se ha espantado de manera prematura. Decíamos que nuestro santo patrón era especialista, por su origen, en preparar, y posteriormente zamparse, un magnífico cordero segureño asado, crujiente por fuera y jugoso en su interior. Cuando el fin del otoño anunciaba la inminente llegada del invierno, ayudado por los suyos, se enfrascaba en el sagrado ritual de la matanza, nunca mejor dicho. Como resultado colgaban del techo de su cocina en rectilíneas varas de roble, olorosas morcillas, rojos chirizos, rosados salchichones… y los aromáticos jamones salados y curados con pimentón, limón, ajo y pimienta. ¡Huele que alimenta!... decía cuando en fiestas les empezaba un pernil a sus familiares recién llegados. Sus recetas eran famosas y hubo discípulos aventajados como Herminia Idáñez de la que conservamos un magnífico recetario que debería ser asignatura obligatoria en la enseñanza.

Imagen de San Isidro

Si San Isidro decidía darse una vuelta después de desayunar café con picatostes acompañado de roscos de revoltón o alguna torta de patata, de esas que se inflaban como las de San Marcos, e iniciaba su andadura por la carretera deteniéndose en la fuente al lado de la carnicería de Benito para ver como el tío Vicente Vela y su mujer Sacramento creaban sus magníficas roscas de churros sobre un hornillo de barro. En la puerta de Genaro Sánchez ya había saludado a otra churrera ilustre, Ambrosia Marín, que también vendía helados cuando apretaba el sol. Al entrar en la calle Calleja aún se toparía con dos churrerías más, la de Santiaga Cabellos y la de los Calabria de Beas. Esta devoción del pueblo por los churros solo se entiende cuando la materia prima es excelente, aunque sea pobre y las manos del churrero están a la misma altura.

Rosca de churros

En la calle San Isidro alternaban los terraques con las turronerías, siendo la oferta de los primeros, a hora tan temprana, bastante exigua y compuesta de coñac, anís, aguardiente o las combinaciones de cada cual. Nuestro protagonista prefería el carrasqueño para que ayudara a su estómago a digerir los picatostes, o eso se le oía decir.

Turroneros ambulantes

Al mediodía, la calle era un hervidero de gente arremolinada sobre todo en los puestos de Ventura y Pedrete y de Isidro García y Juan Manuel Ortega, bebiendo recio caldo manchego y rubia, pero fría, cerveza; acompañados de garbanzos torrados con yeso, sardinas saladas y habas verdes. En el pueblo aún no había bares, solo tabernas como la de Malasganas, al principio de la Calleja; la de la Tía Juana, la de las Quebradas en la calle San Isidro y, por supuesto, la de Ventura, en la que un servidor ha tomado muchas Pepsi-colas con torraos.

Fachada de la taberna de Ventura

Los familiares de nuestro protagonista que no podían alojarse en su casa, podían disfrutar de los encantos de la posada de Pepe U que entonces la regentaban sus padres, o también irse a la Posada del Tío Maceo en la que su mujer y sus hijos realizaban auténticas obras de arte en la cocina. También podrían pernoctar en la posada del Tío Kabila que, posteriormente, dio origen a la célebre Fonda de la Manuela. 

Carretera N-322 con la Fonda la Manuela a la derecha

Lástima que como dice nuestro entrañable Manolo “El Zapatero”, San Isidro tuviera que irse a Madrid, como tantos otros emigrantes, porque lo cierto es que San Isidro era del Puente ¿o no?...

Ramón Gallego Martínez


domingo, 15 de mayo de 2022

NUEVOS APUNTES SOBRE EL JARRÓN NAZARÍ DE HORNOS

Para completar el repaso a esta valiosísima pieza arqueológica encontrada en tierras de nuestra Sierra de Segura, concretamente en Hornos, y conservada en el Museo Arqueológico Nacional, reproducimos este artículo de D. Miguel Mesa Molinos en el que profundiza en los avatares y circunstancias que siguió este Jarrón Nazarí de Hornos desde que fue hallado a finales del S. XIX hasta llegar a las vitrinas del M.A.N. 

El Jarrón Nazarí de Hornos. 

Por Miguel Mesa Molinos

En el pueblo de Hornos se encontró a finales del siglo XIX, un jarrón nazarí que actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid. La historia de este jarrón está ligada a la iglesia parroquial de Hornos, y aunque la he incluido en la entrada que le dedico al templo, he querido resaltarla separada de está, pues a mi parecer, bien lo merece. Como veréis siempre han existido “personajes” que, a lo largo de la historia, se han valido para enriquecerse del patrimonio de todos, aunque esta vez la historia acabara bien, y sea una verdadera delicia poder contemplar esta pieza en un Museo.

El jarrón nazarí de Hornos en la sala nº 23 del M.A.N.

Descripción.-Se trata de un jarrón que, analizando sus datos más significativos, pertenece al periodo nazarí, tercer cuarto del siglo XIV, es de cerámica de reflejo metálico y azul, siendo sus características las siguientes: Altura: 134.50 cms. Cuelo de las alas: 64.50 cms. Contorno de base del cuello: 60 cms. Contorno de boca: 113 cms. Contorno de panza: 187 cms. Diámetro de boca: 37 cms. Diámetro de panza: 60 cms.

Actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional (M.A.N.), con el número de ficha 50419 de su inventario, clasificado genéricamente dentro de las cerámicas y recipientes en la categoría de jarrón del tipo Alhambra, realizado en arcilla y vedrio mediante la técnica de cocción oxidante, con unas dimensiones de 134 cm. de altura y 65 cm. de diámetro e inscrito en el tomo VI, lámina 12 de su registro general. En su ficha consta la siguiente descripción: “Jarrón del tipo de los llamados de la Alhambra, de forma esbelta y contorno elegante, base cónica invertida sin vidriar y decorada con estrías; dos asas tipo aleta, una de ellas fracturada; cuello esbelto facetado en ocho caras. La decoración es a base de vidriado azul y dorado. El cuerpo está decorado con bandas verticales en azul separadas por otras en dorado, con motivos geométricos y de ataurique que se puede datar entre 1351 y 1375 (S.XIV) en el contexto del Reino Nazarí de Granada, aunque su producción fuera del entorno de Málaga. En el arranque del cuello, una inscripción en caracteres cúficos, con iconografía decorativa epigráfica y una leyenda en árabe. Se hace constar que fue encontrado por un agricultor en el término de Hornos de Segura y depositado en su Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, lugar de donde procede.

Detalle de la ficha del Museo Arqueológico Nacional

Como se detalla en la ficha técnica en lugar de producción se detalla Málaga; pues bien, en un boletín del Museo Arqueológico Nacional con el título “Mobiliario medieval en el Museo Arqueológico Nacional. S. VIII al XV” redactado por Ángela Franco Mata se hace referencia a este jarrón en la siguiente forma: “Por lo que respecta a los grandes jarrones llamados de la Alhambra, de los que el M.A.N. conserva dos ejemplares, no está de acuerdo la crítica artística en cuanto a su finalidad. Hay quien piensa en una finalidad exclusivamente ornamental. Una referencia documental en Málaga, centro de producción del tipo hasta ahora documentado, en cuanto a ellos como contenedores de agua, desvela dicha finalidad. El viajero egipcio al-Basit b. Jalil, que visitó Málaga el 13 de diciembre de 1465, vio en la alcazaba «...una construcción para el agua en la que había tres grandes ánforas de porcelana de Málaga. No he visto nunca ninguna igual, ni nunca he oído hablar de nada semejante. Estas tres ánforas estaban dispuestas una al lado de la otra en la construcción destinada al agua potable, en el vestíbulo de aquella alcazaba, y cada ánfora tenía las dimensiones de un tigar, la embocadura larga, más bien estrecha, con un cuello del género de las ánforas, no de las jabias; y estaban maravillosamente fabricadas y estupendamente adornadas de admirables y raras labores. Las hay de este género en nuestro país, pero no en la misma medida de grandeza y belleza artística...» Uno de los ejemplares del M.A.N. es obra del siglo XIV, proviene de Hornos (Jaén) y su decoración es de reflejo metálico y azul de cobalto.

Detalle del jarrón nazarí de Hornos de Segura

Lugar de procedencia.- Un vecino de a la zona, se supone que sería de Hornos, se personó en el Museo Arqueológico Nacional (M.A.N.) el 7 de mayo de 1877,  e informó que fue encontrado un jarrón a un cuarto de legua del pueblo, en la Sierra de Segura, en el paraje conocido como “Camarillas”, cuando José Mañas araba un campo; como el jarrón se encontraba enterrado,  la reja del arado le produjo, por el golpe, la fractura de una de sus ansas. Continuó informando que reconociendo el mérito del jarrón, éste fue trasladado a la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, empotrándolo en el suelo y colocándole sobre el borde superior un vaso de latón, para servir de pila benditera, advirtiendo que fue usado con el destino indicado, durante varios años.


En el momento de la aparición del jarrón, hacia finales del S. XIX, sobre 1880, la villa de Hornos y Bujaraiza, tenían 1750 habitantes y pertenecía al partido judicial de Siles. Tenía dos escuelas, una de niños y otras de niñas; una parroquia, la Asunción y San Miguel Arcángel que es de Bujaraiza, servida por un cura D. Antonio Algar. El patrón o santo tutelar era San Vicente Martin, cuya fiesta se celebra el 22 de enero; y el correo salía a las cuatro de la tarde y entraba a las siete de la mañana. Su principal riqueza es la agricultura y no hay feria, ni botica ni abogado. Existe un Alcalde, un Juez Municipal y un Médico. Los edificios notables que tienen son la parroquia y el cuartel de la Guardia Civil (se había fundado el cuerpo en septiembre de 1844). Hay unos baños cuyas aguas son sulfuro-medicinales, denominados de La Laguna, un castillo árabe en la parte alta de la población, que está construido sobre una elevada roca casi inaccesible y solo tiene dos puertas, una abierta a pico en la piedra y la otra semejante a la de la Alhambra de Granada. También existen en su término dos salinas. Bujaraiza fue villa hasta 1837 que se unió a Hornos formando un solo ayuntamiento. En su término municipal nace el río Hornos que desagua en el Guadalquivir cerca de un sitio llamado el Tranco. 

Hornos de Segura
         

Antecedentes.- Para entender porque se encuentra esta valiosa pieza en el Museo Arqueológico Nacional, hay que hablar de un personaje llamado Vicente Juan y Amat. Efectivamente, este personaje era un chamarilero y falsificador, conocido como “el relojero de Yecla”, el falsificador más célebre de la historia de la arqueología hispana. Era un pobre pícaro que llegó a autodenominarse “celebre arqueólogo”. Sabía todos los oficios y ninguno, tenía buenas manos y ejerció de afinador de pianos, “sacamuelas” y curandero. Astuto y falaz, se creció con el protagonismo de las estatuas del Cerro de los Santos y las ventas de objetos procedentes de las excavaciones (entre 1871 y 1885) al M.A.N., cándido ante sus dobleces. Sin preparación adecuada y lego en materia de arte y arqueología, desde noviembre de 1870 volcó toda su actividad en las antigüedades rebuscando y comprando en la comarca y a vendedores de Barcelona o Valencia a la vez que adquiría, no se sabe cómo, ciertas habilidades de esculpir y pintar. Murió loco y desamparado en la Casa de la Misericordia de Alicante.

Paradojas de esta historia, la irónica donación de una soberbia escultura falsa a la primera comisión del Museo y los ajustes de precio en ventas posteriores le valieron las encomiendas de Isabel la Católica y de Carlos III. Llegó a ser miembro de la Escuela Francesa de Atenas, se trasladó a España en 1889, Comisionado por el Ministerio de Instrucción Pública de Francia. Los viajes por todo el territorio español y la búsqueda y compra de antigüedades, pronto le hicieron intuir la potencialidad y personalidad de una cultura indígena y la necesidad de crear una sede en nuestro territorio, en donde los investigadores franceses podrían adquirir su gloria y consolidarse frente a los investigadores alemanes.

Una vez visto la clase de personaje del tal Vicente Juan y a lo que se dedicaba, se enteró de la existencia del Jarrón en la iglesia de Hornos, y presentándose allí, lo adquirió por 30 duros, ofreciendo a cambio una pila de piedra al párroco don Antonio Algar con la aquiescencia del Alcalde Miguel Blanco. Dicha pila benditera, se encuentra aún en el templo parroquial, haciendo las funciones del vaso de latón que coronaba el Jarrón.

Iglesia de la Asunción. En primer plano la pila de piedra donada a cambio del jarrón

Una vez que se hizo con el jarrón, junto con varias esculturas ibéricas procedentes del Cerro de los Santos, santuario íbero bastetano situado cerca de Montealegre del Castillo (Albacete) entró en negociaciones con el Estado para su venta. En esta transacción intervino, en calidad de comisario del Ministerio de Fomento, Don Paulino Savirón y Estevan (pintor y grabador, ayudante de segundo grado del M.A.N., que formó parte de la primera comisión arqueológica enviada al Cerro de los Santos, participando en otras dos comisiones y dirigiendo las excavaciones de 1871). En las negociaciones, el comisario apeló a la “generosidad”, patriotismo y respetuosa consideración al Gobierno del vendedor, quien efectivamente se desprendió de los objetos con una gran dosis de altruismo. El Estado ofrecía: 3.000 duros, la Encomienda de Carlos III, libre de gastos y la publicación de la venta en la Gaceta, que él aceptó con escaso entusiasmo. Insistió en pedir 2.000 duros más con la promesa de efectuar una donación al Museo Arqueológico Nacional (M.A.N.); quedando todo esto documentado en la memoria existente en el expediente 1875/38, redactada por el comisario del Ministerio de Fomento, Don Paulino Savirón y Estevan el 12 de Julio de 1875, en cumplimiento de R.O. del 17 de junio anterior, con vista a la adquisición del jarrón nazarí y varias esculturas ibéricas.

Miguel Mesa Molinos

Conclusión.- Y de esta “milagrosa” manera, un jarrón que se fabricó en Málaga en el periodo del Reino Nazarí de Granada (1351-1375), quinientos años más tarde apareció en un campo oculto en Hornos a unos 400 km de su ciudad de cocción, que luego pasó unos años en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Hornos y tras los trapicheos de personas sin escrúpulos,  pasó a Valencia, y que ahora se pueda admirar en el M.A.N. en Madrid, nos llena de alegría que haya llegado hasta nuestros días para deleite de todos.

Detalle del inicio de la inscripción en la zona del cuello del jarrón.

Quiero terminar con los versos inscriptos por el poeta en el arranque del cuello de este singular y valiosísimo jarrón nazarí de Hornos y que, después de más de quinientos años, nos siguen recordando que … el tiempo es más largo que la fortuna. “Toda fuente brota pareciendo la más perfecta corriente y acrece benignidad abundante y excelentes dichas y afirma el recuerdo de la felicidad y de la pobreza que desvaneció mañana y tarde la fortuna del tiempo”. Trascripción e interpretación del que fue académico D. Eduardo de Saavedra, de estos dos versos, tomados, sin duda, de alguna composición más larga.


viernes, 29 de abril de 2022

EL JARRÓN NAZARÍ DE HORNOS DE SEGURA

No son pocas las ocasiones en las que, para apreciar y darle el merecido valor a una cosa, necesitamos compararla con otras cosas similares o de la misma índole. Este es el caso del llamado Jarrón Nazarí de Hornos de Segura, una pieza que, después su análisis, se convierte en única y excepcional por dos claros motivos como son su extraordinario estado de conservación y, debido a su fragilidad, las poquísimas piezas de la misma categoría que existen hoy en día conservadas en los diferentes museos de todo el mundo. Por tal motivo, este jarrón hallado en nuestra Sierra de Segura, ocupa un lugar destacado dentro la la exposición permanente del Museo Arqueológico Nacional en Madrid. Una verdadera joya que tratamos de dimensionar en este artículo, profundizando en sus particularidades dentro del contexto global de los llamados genéricamente como Jarrones del Tipo de la Alhambra de los cuales se conservan muy pocos ejemplares en todo el mundo.    


UNA PIEZA ÚNICA DENTRO DE LOS JARRONES DE LA ALHAMBRA.

Por José Antonio Molina Real. (j.t.)

En sus orígenes, los jarrones tipo Alhambra, de época nazarí, fueron una continuación de las grandes tinajas almohades, que dentro de un proceso de evolución artesanal llegaron a fabricarse siguiendo un proceso técnico muy depurado que tuvo su eclosión a mediados del siglo XIII, en el que salieron de diversos talleres verdaderas joyas de cerámica que, con una técnica depurada, vinieron a dar lujo y esplendor al recién nacido reino nazarí de Granada.

Jarrón Nazarí de Hornos. Museo Arqueológico Nacional. Madrid

En este minúsculo sultanato nazarí de Granada, se fabricaron los jarrones de cerámica dorada más grandes del área del Islam, ejemplares únicos por su elaborada técnica del uso de tonos dorados. Se elaboraron ininterrumpidamente desde el siglo XIII al XV, pero sólo unos dieciséis jarrones han llegado a nuestros días, entre los conservados casi completos y los golletes, asas, cuerpos y fragmentos de otros, estando expuestos en los principales museos del mundo.  Su  fabricación requería una técnica refinada, realizando un torneado muy equilibrado de formas para después proceder a una primera cochura denominada “el bizcochado” y poder pasar a la siguiente fase donde se le aplicaba una capa de óxido de estaño fundido con plomo que se debía dejar secar, para aplicarle encima la capa de color azul de cobalto y pasar de nuevo al horno donde se cocía por segunda vez, finalmente se realizaba una tercera y última cocción una vez se aplica el dorado obtenido mediante una mezcla triturada y diluida en vinagre compuesta por sulfuros de cobre y de plata, almagra y cinabrio.

Jarrón de las Gacelas. Museo de la Alhambra

Por lo que hace a la funcionalidad de los jarrones de la Alhambra, la mayoría de los autores los han considerado como piezas decorativas y no funcionales, fabricados para una clase pudiente o por encargo de los sultanes granadinos como intercambio o presente diplomático con otros gobernantes, siendo pues, muestras de opulencia de la nobleza nazarí, ya que no se conoce otro uso que, por otra parte, sería muy dificultoso ya que supondría un modo de sujeción complicado dada la reducida base en relación al cuerpo.

Delimitación del Reino Nazarí de Granada

Si bien los antecedentes formales más directos fueron las tinajas de almacenaje y transporte, éstas carecen del vedrío dorado y tienen una forma globular más acusada, frente al perfil ovoide y el esbelto gollete de estos denominados jarrones de la Alhambra, presentando dos versiones básicamente, los decorados en dorado o los que combinan el dorado con el azul cobalto. Además, éstos, por sus grandes dimensiones, que oscilan entre 1,20 y 1,70 m. de altura, por su difícil y delicado manejo, por las cuidadas proporciones, por lo inusual diseño de sus delicadas asas planas a modo de aletas que son plenamente decorativas al ser carentes de la función de agarre, por la elaborada técnica decorativa y la fragilidad del vedrío dorado que se desconcha con facilidad ante una incorrecta manipulación y, finalmente, por los variados temas ornamentales al estar llenos de epigráficos, formas geométricas, elementos florales, motivos zoomorfos y elementos antropomorfos; fueron las más espectaculares piezas salidas de los hornos nazaríes, auténticos emblemas del poder y del lujo de la dinastía nazarí, en cuanto que fueron productos únicos y exclusivos, que se usaron en ámbitos palatinos y que se exportaron desde los centros de producción situados en las tres grandes capitales del emirato nazarí como fueron Granada, Málaga y Almería, hasta el oriente más próximo, para después ser reproducidos a lo largo de siglos.

Diferentes motivos decorativos de los jarrones nazarís.

Se conservan once jarrones casi completos y fragmentados otra decena, estando en el Museo de la Alhambra el jarrón de las Gacelas, el de Fortuny-Simonetti y el de Antequera; en el Museo Arqueológico de Madrid, el jarrón de Hornos y el de la Cartuja de Jerez; en el Instituto Valencia de Don Juan, uno de los de Palermo; en el Museo del Hermitage de San Petersburgo, el llamado Vaso de Fortuny o de Salar; en el Museo Nacional de Estocolmo, el procedente de Chipre; en el Museo de Arte Islámico de Berlín, el encontrado en Portillo (Valladolid); en la Galería Regional de Sicilia, otro de los de Palermo; y finalmente, en la Free Gallery de Washington D. C., el llamado vaso del Albaicín. En todos estos ejemplares que han llegado a nuestros días, se aprecia una clara evolución en su proporción, temas ornamentales y disposición de los mismos, lo que nos permite atribuirlos a los cuatro períodos establecidos del arte nazaní; por lo que se aprecia una evolución siendo su fecha de fabricación de los jarrones decorados en dorado anterior a los decorados en dorado y azul, estimándose a finales del siglo XIII y primera mitad del XIV, los primeros, y segunda mitad del siglo XIV y siglo XV, los segundos; es decir, se aprecian dos versiones básicas que sitúan los que van decorados sólo en dorado en los períodos primero y parte del segundo, y los que se decoran en dorado y cobalto que comprenden desde final del segundo periodo hasta inicios del cuarto. Respecto a la decoración, uno de los temas más repetidos es el del “hom” o árbol de la vida, que puede presentarse aislado o con dos animales afrontados a un lado y otro. Otro tema decorativo es la llamada mano de Fátima o jamsa, “cinco”, aludiendo a los cinco dedos de la mano.

Vaso de Fortuny o de Salar. Museo del Hermitage. San Petersburgo

Los jarrones del primer periodo, que es el que abarca los sultanatos de Muhammad I (1232-1273) hasta el de Nasr (1309-1314), son más pequeños en altura y están conservados en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid y en la Gallería Regionale de Palermo, con decoración que entronca con la de los tejidos y yeserías almohades. Al segundo período (1314-1354), el «clásico», debe atribuirse, además del de la Cartuja de Jerez, el de Statens Konstmuseer de Estocolmo, el llamado Jarrón de las Gacelas y el denominado gollete Hirsch, ambos en el Museo de la Alhambra, así como también el Vaso de Fortuny o de Salar del Museo del Hermitage de San Petersburgo. Como final de este segundo periodo y comienzos del tercero, deben fecharse los fragmentos de cuerpo de dos jarrones, con decoración azul y dorado en forma de lazo, que están en el Museum für Islamische Kunst de Berlín y en la Freer Galley de Washington. Del tercer periodo, que se desarrolla bajo el sultán Muhammad V (1354-1359/1362-1391) y en el que la decoración alcanza una evolución efectista y de preciosismo casi «barroquizante» en estilo, encontramos el Jarrón de las Gacelas, que siempre ha permanecido en la Alhambra desde su fabricación, el mejor ejemplar conservado y de fantástica ejecución de todo su ornamento azul y dorado con la representación de las gacelas en movimiento que mantienen perfecta proporción entre sus elementos. Del cuarto período, ya en el siglo XV, es el Jarrón de Hornos, conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, decorado en azul y dorado con gajos y líneas verticales que lo hacen esbelto y elegante.

Fragmento. Gollete de Hirsch. Museo de la Alhambra

Es, por lo tanto, evidente que el Jarrón de Hornos es una verdadera joya y pieza relevante a nivel mundial de arte islámico en nuestro territorio, destacando especialmente por sus vidriados y motivos en azul y oro sobre fondo de esmalte blanco, con una decoración dispuesta en fajas verticales separadas por líneas azules alternando inscripciones cúficas y temas florales con atauriques en el cuello y en la única asa que conserva. Es, por consiguiente, una pieza única del arte hispanomusulmán de la época nazarí, siendo de las más relevante dentro del grupo de los denominados Jarrones de la Alhambra, y que se puede datar en el tercer cuarto del siglo XIV, entre los años 1.351 d.C. y 1.375 d.C., en un estado inmejorable de conservación, ya que sólo le falta la parte superior de una de sus ansas, y que fue encontrado en Hornos de Segura a finales del S. XIX por un agricultor y depositado en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Asunción donde, fruto del desconocimiento de su valor artístico, se empotró en el suelo para realizar funciones de soporte de un cuenco usado como pila benditera. Una vez descubierta su valía artística, fue trasladado al Museo Arqueológico Nacional en Madrid.

Jarrón de la Cartuja de Jerez. Museo Arqueológico Nacional. Madrid
               
        Presenta unas medidas proporcionadas de 134 cm de altura y 65 cm de diámetro en su parte más ancha, adquiriendo una forma esbelta y contorno elegante, fabricado en base de arcilla y vidrio mediante las técnicas de cocción oxidante, vidriado, a torno y modelado. El cuerpo del jarrón presenta forma alargada ovoidal, además se puede apreciar como en la parte inferior, la base tiene forma cónica invertida sin vidriar y decorada con estrías. El cuello tiene forma de tronco piramidal y está divido en ocho caras separado por medio de nervios o aristas. También tiene dos asas grandes planas, tipo aleta, situadas en la parte superior de la panza del cuerpo y que llegan hasta la mitad del cuello, aunque una de ellas, como hemos dicho, está fracturada. Está decorado a base de vidriado azul y dorado, el cuerpo se encuentra decorado con bandas verticales en color azul separadas por otras bandas verticales doradas, además esta ornamentado con motivos geométricos y motivos atauriques o arabesco, es decir, figuras geométricas vegetales y patrones que imitan la forma de hojas, frutos, cintas y animales. Además, en el cuello hay una decoración epigráfica compuesta por una inscripción escrita en caracteres cúficos, posiblemente siendo una parte de una composición más larga, cuya traducción aproximada sería:

 "Toda fuente brota

pareciendo la más perfecta corriente

 y acrece benignidad abundante

y excelentes dichas 

y afirma el recuerdo de la felicidad

y de la pobreza que desvaneció mañana 

y tarde la fortuna del tiempo"

Jarrón de Antequera. Museo de la Alhambra

En resumen, la existencia de este jarrón, único y extremadamente valioso, da una clara muestra del esplendor vivido en la en la época musulmana y la admiración que sus técnicas decorativas causaban entre los nobles y familias pudientes en nuestras tierras de la Sierra de Segura ya bajo dominación cristiana, a donde llegó, a requerimiento de algún rico noble o hacendado establecido en Hornos o sus alrededores, como muestra de opulencia y señorío, adquiriendo o recibiendo en forma de presente esta pieza inigualable que ha resistido, pese a su frágil composición, el paso de tantos siglos.

Mostramos aquí diferentes otras muestras gráficas de los escasos elementos y jarrones nazarís distribuidos por los más famosos y destacados museos del mundo, lo cual da dimensión de carácter extraordinario al hallazgo y perfecto estado de conservación del jarrón nazarí de Hornos de Segura.  

Vaso de Mazzara del Vallo. Inst. Valencia de Don Juan. Madrid

Vaso de la Freer Gallery of Art

Representación del Jarrón de los Escudos del que sólo se conserva el Gollete de la Hispanic Society of América

Jarrón Fortuny-Simonetti. Alhambra
Jarrón del Museo Nacional de Estocolmo

Jarrón de Palermo. Palacio Abatellis de Parlemo




viernes, 15 de abril de 2022

EL MEDIO AMBIENTE... SU CUIDADO, TAREA DE TODOS

Aunque nos remontamos a hace veinte años, el artículo que aquí reproducimos de nuestro amigo Pedro Ruiz Avilés, viene a plasmar una realidad de rabiosa actualidad. En un entorno, en un país, en una Europa que, en el presente momento, se está empezando a tomar en serio aquellas predicciones de cambio climático, este artículo nos hace un llamamiento claro sobre la sostenibilidad y el cuidado del medio ambiente. Centrándonos en Puente de Génave, el autor, quiere resaltar la lucha por el cuidado de nuestro entorno que las diversas iniciativas municipales y los propios ciudadanos han asumido como necesarias para conseguir un mejor futuro para las generaciones venideras.

VIVIR UN DESARROLLO SOSTENIBLE

El informe de la Comisión Brunland para la ONU define desarrollo sostenible como “aquel que satisface las necesidades económicas, sociales y ambientales de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus necesidades”. Un deseo que se está concretando en muchos municipios andaluces en el programa conocido como Agenda 21, donde se plasma el compromiso de sus vecinos a favor de la presentación y conservación de su entorno, su paisaje, su estética, sus tierras y sus bosques.

Entre los problemas medioambietales identificados como más importantes señalados por un sondeo conocido como Ecobarómetro figuran el ruido nocturno, en particular de motos, la suciedad en las calles, la localización incontrolada de vertidos y basuras, la contaminación de las aguas, la erosión y degradación de los suelos, los incendios forestales y algunos episodios recientes que han afectado a la salubridad de los alimentos que consumimos.

Restos de "botellón" en Puente de Génave

Y es que lo que hacemos con nuestro medio ambiente repercute sobre nosotros. Y cuidarlo es una obligación de todos y que trasciende a lo que, sin duda, loablemente pueda suponer a una ONG para salvar los bosques del Amazonas; incluso a recuperar el espectacular vuelo del quebrantahuesos por nuestra incomparable Sierra de Segura. Afecta a nuestra conducta respecto a las labores y prácticas agrícolas, al uso de agroquímicos no perjudiciales para la salud, al ahorro de agua y energía, especialmente la no renovable, al colaborar en el reciclaje y recogida selectiva de basuras y residuos, al no abandonar sobras y plásticos en cualquier lugar o el prender fuego sin precaución cerca del bosque…

Recogida selectiva de residuos en Puente de Génave

Somos un municipio caracterizado por ser pionero en iniciativas medioambientales: la Escuela de Agricultura Ecológica, las “patrullas verdes”, el certamen Ecoliva, la planta de transformación del alpeorujo y biomasa, el Día del Árbol y otros proyectos significativos de educación ambiental. Desde el S. XVI en las Ordenanzas del Común y posiblemente antes en el no aparecido Fuero de Segura y su Tierra en el tiempo del medievo, en nuestra comarca se ha venido aconsejando y, en gran medida, practicando el ecologismo. Los estupendos tomates, higos, brevas, los pimientos, las patatas, las berenjenas, melocotones y otras frutas y hortalizas amorosamente criadas y recogidas en los cañamares de la Cañada de Peñolite, en la Viña Vieja, en Paules, en el Tamaral, en el Molino…, eran siempre ecológicos. La pena es que la “fiebre de poner olivas” está ganando la partida y olvidando toda tradición. Y precisamente ahora que la Unión Europea, y otras comarcas de nuestra región lo han visto claro, apuestan por la vía ecológica, que no es una moda reciente y pasajera de cuatro exóticos o lunáticos, sino una opción de futuro, como lo fue en el pasado.

Tierras de Peñolite

Así pues, “con la alegre tristeza del olivo”, que dijera el gran poeta Miguel Hernández, en una primavera que esperemos con lluvias abundantes, y en un próximo certamen de Ecoliva podamos renovar nuestro compromiso por un pueblo, por una forma de vida, más cercana a la ecología. Abandonemos la tendencia del desarrollo insostenible y preparémonos para aprobar, con buena nota a ser posible, la reválida ambiental de esta esplendorosa primavera.

Pedro Ruiz Avilés

Pedro Ruiz Avilés ‘2002

 


jueves, 31 de marzo de 2022

TESTIGO DEL TIEMPO. EL PUENTE MOCHO EN BEAS DE SEGURA.

Sobreviviendo al paso del tiempo y envuelto entre la naturaleza y el discurrir del río Guadalimar, el Puente Mocho permanece como testigo inalterable del tiempo. Este puente, de origen y fábrica romana, ha permanecido durante más de veinte siglos cumpliendo su misión de facilitar el paso sobre el río, y hoy en día, después de una rehabilitación, lo sigue haciendo, aunque ya no incluido dentro de una de las importantes rutas de la antigüedad, la Ruta de los Cartagineses.

EL PUENTE MOCHO.

“Todos los caminos llevan a Roma”; es una célebre y conocida frase usada desde épocas remotas, tales como la época de dominio del Imperio Romano de la península ibérica. La red de calzadas romanas ideadas por los ingenieros de dicho Imperio, eran una forma sencilla, útil y rápida de conectar todos los lugares por ellos dominados con la capital del Imperio: Roma; la ciudad legendaria fundada por aquellos dos míticos hermanos: Rómulo y Rémulo, ahijados y amamantados por una loba.

Puente Mocho

Tal fue la fuerza de expansión de la Ciudad-Estado y la ferocidad de sus habitantes y guerreros, que en poco tiempo se vieron en la necesidad de competir por territorios y riquezas con la otra gran potencia de la época: Cartago.

En esa rivalidad, se dieron lo que conocemos como Guerras Púnicas. Se desarrollaron por el dominio y supremacía militar del mar, el comercio entre las distintas ciudades costeras, las riquezas que ofrecía la tierra, el dominio del territorio y la adquisición de esclavos.

Dentro de los territorios en litigio, por los cuales ambas potencias se enzarzaron en unas guerras a vida o muerte por la supremacía y dominio del territorio, estaba la península ibérica. Lugar donde además de esclavos y ciudadanos libres que pagaban sus impuestos, Roma obtenía alimentos como trigo, cebada, vino, aceite, carne, etc. Y también metales, como el plomo. Pero lo que más interesa a cualquier economía, antes y ahora, son los metales preciosos: oro y plata, principalmente.

Vías romana en Hispania

Aquí, es donde entra en valor una de las construcciones más antiguas que se conservan en nuestros campos: Puente Mocho, llamado así por faltarle la barandilla o remate de protección superior.

Puente Mocho está emplazado en un bucólico lugar. Un espacio vacío, abandonado, olvidado, donde durante milenios el hombre se ha asentado debido a la facilidad para obtener de la naturaleza agua, comida y protección.

Desde hace bastante tiempo, me ha llamado la atención la cantidad de restos de construcciones romanas que hay en la provincia de Jaén -no todas en buen estado de conservación-, desde puentes, algún pequeño acueducto, presas dentro del Guadalquivir, antiguas villas, baños, ciudades e incluso enterramientos con lápidas individuales o incluso grafías -no creo que puedan llamarse inscripciones mortuorias colectivas-, en algún lugar perdido y hoy casi desaparecido, aunque documentado. Curioseando por Linares (Jaén), frente a su Ayuntamiento, un cartel informativo parecía dar una clave: Cástulo, en la antigüedad, fue un importante nudo de comunicación entre las ciudades de Hispania, llegando incluso a acuñar moneda propia.

Superficie de las excavaciones en Cástulo
Recreación de la ciudad de Cástulo

    Otra importante información me llamó la atención en el Centro de interpretación de la cultura minera en dicha localidad. Desde muy antiguo son conocidas las minas de plomo de Linares. Pero el plomo, tiene una particularidad: es un plomo argentífero; rico en plata. Una de las razones principales de la alianza entre cartagineses y castulonenses, mediante el enlace entre Aníbal e Himilce, era el control de las minas de Cástulo, de donde en un principio cartagineses y después romanos obtuvieron grandes cantidades de plata para enriquecimiento de sus respectivas Ciudades-Estado, y posterior ampliación o expansión del Imperio Romano cuando fueron estos territorios por ellos dominados.

Puente Mocho, con casi 100 metros de longitud, y 6 arcos para el paso de las aguas del río Guadalimar, cumplía una función anónima dentro de la red viaria romana, cuyo único objetivo era facilitar el paso de personas y mercancías lo más rápido y cómodamente posible hasta el destino final, Roma, evitando los posibles retrasos por las crecidas estacionales o puntuales de un río en ocasiones, bastante caudaloso.

Puente Mocho

Hoy, los caminos agrícolas para llegar hasta Puente Mocho, son ásperos y polvorientos en verano; húmedos y embarrados en invierno –como antaño-, más aún, los que transcurren a la vera del río desde la carretera del Condado hasta llegar al puente. La vegetación se muestra exuberante y frondosa en cualquier época, más aún en la mínima primavera giennense, donde el calor del sol aún es llevadero y el frescor del ambiente con el suave aroma que desprenden hierbas, arbustos y demás vegetación ribera hace que el corto y áspero, aunque en  ocasiones también  pedregoso o polvoriento camino, se haga prácticamente sin esfuerzo, y la sola visión del austero, envejecido y desmoronado -en algunos arcos-  puente, sea el premio a tan interesante empeño por conocer nuestro pasado.

Paso de ganado por el Puente Mocho

El puente, tiene varias particularidades:

1.-Tiene un total de tres trazados distintos, entrelazados entre sí.

2.-El primer gran arco de la margen derecha del río es de bóveda de cañón aguas arriba y de cañón apuntada o rampante, aguas abajo.

3.- Aún se conserva gran parte de la calzada romana original en la zona media del puente y en parte del camino hasta llegar al mismo.

4.-Forma parte de la bifurcación de la Vía Augusta, que no conectaba con Roma, sino con Cartagena (Murcia), en la conocida como Vía de los cartagineses, que atraviesa la Sierra de Segura (Jaén), detalles más que suficientes para dedicarle unos minutos de atención antes de la restauración que han emprendido en fechas recientes personal contratado por la Junta de Andalucía. 

Obras de rehabilitación en el Puente Mocho

El uso actual del puente es mínimo. Pastores o agricultores, senderistas o paseantes son los actuales encargados de contemplar su extraña forma; de observar las diversas aves que se dan cita en sus orillas con el ánimo de obtener algún pez, batracio u otro pequeño animal que llevarse al pico; de contemplar los curiosos juegos de luces al atardecer, cuando los tenues rayos de sol se envuelven y entremezclan con las suaves neblinas que levanta el agua; de absorber el frescor y respirar el suave aroma a naturaleza, que nos hace regresar a nuestros más remotos orígenes. A perder por unos minutos la noción del tiempo, y disfrutar de esos minutos dejándonos llevar, sin poner obstáculos a nuestra imaginación, a aplicar el famoso CARPE DIEM, en definitiva, siguiendo nuestro olvidado instinto de admirar aquello que nosotros, individualmente, no somos capaces de realizar.

 

Publicado en….loqueseocultabajoelsol.blogspot.com


martes, 15 de marzo de 2022

RECUPERANDO TRADICIONES. "LOS MIÉRCOLES"

 “MIÉRCOLES O PELELES” EN PUENTE DE GÉNAVE.

Por José Antonio Molina Real ( jt )

Hay, en nuestros pueblos, muchísimas cosas de las que nos sentimos orgullosos y no dudamos en destacarlas como algo propio y que da valor añadido a esa, como mínimo curiosa, competitividad que existe entre individuos y su particular lugar de origen. Los que procedemos de pequeños núcleos rurales lo tenemos más complicado, a no ser que tengamos nuestras raíces en algún lugar donde la historia se empeñó en dejar su huella con algún castillo, fortaleza, iglesia monumental o vestigio arqueológico.

En Puente de Génave esa singularidad presenta muchas más dificultades. Buscar en la historia es tarea difícil ya que, como por la mayoría de vosotros es sabido, se formó como municipio independiente de La Puerta de Segura en 1933 y ni tan siquiera su iglesia tiene gran interés arquitectónico. Sería lógico entonces recurrir al llamado Puente Viejo, datado en el S. I y de origen romano a pesar de conservar pocos elementos originales después de su restauración; o las llamadas Torres de Peñolite, restos de un recinto amurallado posiblemente datado en el S. XII. Ambos se convertirán en los únicos elementos históricos, y no de forma muy ostensible, a los que podemos apelar.

Es por eso que miramos más a otros aspectos más recientes en el tiempo que solemos destacar, evidentemente con un aire lógicamente exagerado. Nos centramos más en su paisaje, un paisaje que, a pesar de no ser abrupto y montañoso como otros lugares de la Sierra de Segura, destacamos al ser ofrecido por nuestro río, el Guadalimar, que a su paso por el pueblo deja parajes de extraordinaria belleza como Las Moreas, el Zurrión, el remanso entre los dos puentes o la Central con su espectacular salto de agua. También nombramos como algo singular el edificio de la antigua Caja de Ahorros, construido en los primeros años de la década de los 60, y que supone unos de los 10 mejores ejemplos de arquitectura kitsch de toda España; y como no, nuestro ayuntamiento, obra de D. Salvador Tous, construido en puro estilo regionalista andaluz allá por los años 40. Si, son estos algunos elementos que, los puenteños y puenteñas de corazón, solemos destacar como particularidades que nos identifican como pueblo y nos diferencian, siempre de forma positiva y no excluyente, del resto de pueblos de la comarca de la Sierra de Segura.

Y no nos conformamos con lo dicho, también buscamos otros argumentos más actuales, como nuestro renombrado pintor Santiago Ydañez y la sala de exposiciones, que lleva su nombre, en La Vicaría que ha acogido a los pintores contemporáneos más afamados del panorama artístico español; o el museo de escultura al aire libre con una esplendorosa colección de obras que salpican las calles y plazas del pueblo. Dentro de esta particularidad deberíamos nombrar también algo que se pierde entre los recuerdos y el tiempo, algo que no es particular de Puente de Génave porque otros lugares de España lo festejan pero si es algo único en la Sierra de Segura y en la provincia de Jaén. Me estoy refiriendo a los festejos en torno a la figura del “pelele” del día primero de cuaresma, es decir, el miércoles de ceniza.

Efectivamente, los “peleles” o, como se suelen llamar en Puente de Génave, “los miércoles” son una figura que aparecía cada año el miércoles de ceniza (de ahí su nombre de “miércoles”) como punto final a la celebración pagana del carnaval. En esta celebración de los “peleles” se solía vestir con ropas viejas o en desuso, rellenas de paja o trapos, formando muñecos con forma humana que eran colgados, usado cuerdas, en calles y balcones de todo el pueblo. Con ello se quería representar, dándole forma física, a lo negativo, lo que representa el mal, lo inadecuado o improcedente. Posteriormente eran descolgados y las cuadrillas de amigos manteaban al muñeco al compás de canciones llenas de burlas e ironía, sin olvidar regar sus gargantas de la popular “cuerva”, bebida a base de vino, limón, azúcar y frutas variadas del tiempo; así como degustar frutos secos o las llamadas “rosas”, que así se denominan en el pueblo a las palomitas de maíz. Cuando ya la tarde comenzaba a caer, las cuadrillas se dirigían hacia la zona donde el río Guadalimar es atravesado por los dos puentes, para, después de unos intensos manteos finales, arrojar estos muñecos de trapo al río y así que la corriente arrastre lejos del pueblo a estos personajes como forma simbólica de eliminar y alejar lo negativo e inadecuado fuera del municipio.

Hay que decir que “los miércoles”, como otras costumbres y tradiciones más, se vieron muy perjudicas por las corrientes migratorias que se iniciaron a principios de los años 60, corrientes que se encargaban de alejar de nuestros pueblos a la gente más joven, la que más potenciaba estos acontecimientos festivos, y sumiendo así a esta arraigada tradición al olvido del tiempo. Fueron muchos años en los que las gentes del pueblo aprendieron a convivir con la ausencia de estas y otras tradiciones, muchos años en los que la normalidad era ignorar nuestro pasado, muchos años de silencios y falta de iniciativas que pudieran recuperar una concienciación volcada en nuestras raíces y costumbres.

Pero una vez más la voluntad popular vence al olvido y, en este caso, de la iniciativa surgida desde algunos vecinos que habían escuchado de la boca de sus abuelos esos viejos recuerdos, surgió la idea de poder recuperar esa tradición única y peculiar de Puente de Génave. De esa forma, Andrés Martínez, Loli González, Ma. Luisa Martínez o Marisol Sánchez comenzaron a trabajar en esa tarea, implicando a diversos vecinos y, en especial, a todas las integrantes de la Asociación de Mujeres de El Puente, para dar forma a un proyecto que sacara del olvido a esta tradición tan puenteña. De esa forma, el miércoles 5 de marzo, miércoles de ceniza, de 2014 los peleles volvieron a aparecer nuevamente colgados en calles, plazas y balcones; siendo manteados y lanzados al río entre el jolgorio de grandes y pequeños que disfrutaron, no sin cierta extrañeza, de esa antigua, y ahora ya renovada, tradición.

Asociación de mujeres "El Puente" confeccionando su "miércoles"

Desde entonces hasta hoy en día no han fallado a la cita, si exceptuamos el año 2021 donde la pandemia por COVID-19 lo paralizó todo, estando presentes cada año proporcionando un día de alegría y hermanamiento popular, pero no todo el trabajo está hecho. Ciertamente el entusiasmo de la Asociación de Mujeres de El Puente sigue activo y el de algunos otros vecinos también, no obstante, para su continuidad, la dependencia en estos grupos de vecinos no asegura su consolidación de futuro por lo que se hace necesaria una decidida intervención del consistorio municipal al respecto. Este año 2022 se ha diseñado una fórmula de concurso para incentivar la participación, cuestión que puede ser una solución a corto plazo ya que deja un ganador y varias decepciones que pueden, finalmente, llegar a la desmotivación. Sería más adecuado consolidar esta tradición incidiendo en los más pequeños, introducirla en los colegios como parte de la programación escolar anual, hacer vivir a los escolares la existencia de esa tradición para que sean ellos los que, ya de mayores, la sigan realizando; o también el dinero municipal podría invertirse en ayudas, más bien simbólicas, a las diferentes asociaciones o grupos vecinales para que subvencionen esas horas que se invierten en reuniones y confección de los peleles.

No todo está hecho, lo difícil que era su recuperación se logró, ahora está el trabajo de mantener, potenciar y consolidar esta tradición única y diferenciadora de Puente de Génave respecto a otros pueblos de la Sierra de Segura y de toda la provincia de Jaén, y no estaría de más que el Ayuntamiento de Puente de Génave procediera, además de las iniciativas ya descritas, a la posibilidad de declarar esta celebración de los “Miércoles o Peleles” como Bien de Interés Cultural (BIC) para asegurar, de esa forma, su futuro.

Para finalizar reproducimos la noticia aparecida en el Diario Jaén, con fecha 6 de marzo de 2014, en la que se reseñaba la recuperación de esta tradición tan nuestra.


DIARIO JAÉN. 06 MAR 2014

LA VUELTA DE LOS PELELES.

Los vecinos de Puente de Génave vuelven al pasado para rescatar la tradición de “Los Miércoles”. Los también llamados “peleles” fueron la atracción del primer día de la Cuaresma, con su manteo y posterior tirada al río Guadalimar.

El municipio recupera la tradición de “los pepeles”, unos muñecos que se cuelgan en las calles, la víspera del Miércoles de Ceniza, y que son manteados, al día siguiente, para, después, tirarlos a las aguas del río Guadalimar. Dolores, Andrés y Luisa son algunos de los vecinos que decidieron recuperar la iniciativa de hacer realidad una antigua costumbre perdida. La ropa vieja y la paja son los principales materiales para hacer el muñeco gigante, aunque, este año, y, con el paso del tiempo, se ha usado lana, serrín y otros elementos.

Al tiempo que se produce el manteo del “pelele”, los vecinos cantan unas breves rimas, como “Arriba pelele, tu madre te quiere; tu padre también; arriba con él” y otras en la misma línea: “El pelele chico le dice al grande, alcanza la cesta que tengo hambre”. Ayer, a primera hora de la tarde, comenzó el ritual, en la Avenida de Andalucía, junto al Ayuntamiento, con dos “peleles”, un hombre y un niño. En la zona de Las Ánimas, dos muñecos, que recreaban a Urdangarín y a la Infanta Elena y entre ambos colgaba una ristra de chorizos. Otros dos muñecos estaban sostenidos en el aire en la calle Margarita y otro en la zona de San Isidro. Ante el rescate de esta tradición, se espera que, el año que viene, la participación aumente. La jornada del Miércoles de Ceniza finalizó con una invitación a palomitas y a cuerva en las proximidades de los puentes sobre el río Guadalimar a su paso por el casco urbano. Para los vecinos puenteños más jóvenes, así como para los visitantes, fue toda una “sorpresa” toparse con “los peleles” colgados. Por eso, no faltaron preguntas sobre el significado de los muñecos colgantes y qué hacían en medio de la calle. Los mayores fueron los encargados de responder a todas las interrogantes y a explicar el motivo de esta vieja tradición ahora recuperada para disfrute de todos los vecinos.