viernes, 26 de enero de 2018

RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LA SIERRA DE SEGURA (XII)

Continuando con este particular recorrido por la historia de nuestra comarca en el que queremos hacer llegar a todos las particularidades más significativas de la Sierra de Segura, nos centramos en este nuevo capítulo en esos casi 100 años en los que nuestra sierra fue declarada provincia marítima. Ciertamente la Sierra de Segura fue una espacio conocido en todo el país y supuso un motor económico para España a través de la explotación maderera, pero no podemos olvidar que la expropiación de nuestra riqueza natural no repercutió positivamente en el desarrollo de nuestra tierra ni en el beneficio de nuestras gentes.
Límites de la Provincia Marítima de Segura


Capítulo Duodécimo.- LA PROVINCIA MARÍTIMA DE SEGURA. 1748 - 1833

(jt)
Mientras en las grandes ciudades se impulsa la Ilustración y la Revolución Industrial, la fisonomía de la Sierra de Segura permanece casi inmutable con una estructura de supervivencia basada en la agricultura y la ganadería, con un sistema de gestión muy anticuado. La mayoría de la población activa se dedica a la ganadería y a las labores del campo, principalmente a la recolección de aceituna, cereales, forrajeras y almendro. Los jornaleros ocupan el 70% de las actividades, con lo que la mayor parte de la población sólo tiene como propiedad la fuerza de su trabajo. En ese momento, el censo de Jaén, constata que de cada cinco hombres que trabajaban la tierra, cuatro eran jornaleros. Y aunque la agricultura andaluza era muy productiva, el problema residía en la apropiación y distribución de los beneficios que, debido a un largo proceso histórico, estaban en manos de la Iglesia, la Corona, la Nobleza y los Ayuntamientos.
Pequeño propietario agrícola en el Antiguo Régime
Existía también la posibilidad de arrendar las tierras a agricultores, lo que siempre proporcionaba beneficio a los señores, tanto si subía el precio del trigo como si subía la renta cobrada a los campesinos por el cultivo de esas posesiones señoriales. También estaría un pequeño grupo de pequeños propietarios  de parcelas de muy reducidas dimensiones que apenas si podían satisfacer sus propias necesidades de autoconsumo. Y en el último eslabón, los braceros y jornaleros, sobre los que recae el peso de la explotación. El salario no podía cubrir las necesidades mínimas por lo que era habitual recurrir a actividades ilegales de pillaje y hurto como el espigueo, la rebusca y sustraer frutas y hortalizas que, normalmente, eran duramente sancionadas.
Modelo de economía durante el Antiguo Régimen
En el S. XVIII la economía de la madera sufre graves daños al proclamarse la comarca de Segura Provincia Marítima, por Decreto de 31 de enero de 1748, efecto que durará hasta 1836. A partir de entonces desaparece el régimen del Común y comienza una explotación privada e indiscriminada del monte, sobre el que se ejercerá una transformación a todos los niveles.
Fernando VI
Desde principio del S. XVIII y hasta bien entrado en S. XIX, la Sierra de Segura, se convierte en el principal abastecedor, por la calidad de su madera, de la inmensa mayoría de las necesidades civiles o militares de todo el país; cuestión esta de la calidad de nuestros bosques que no pasó desapercibida para los franceses durante el dominio y control napoleónico, ya que está constatado que el archivero del Ministerio de Marina, D. Juan Sans Barutell, recibió desde ese ministerio el encargo de visitar y realizar un informe sobre el potencial maderero de nuestra sierra, pues el ministro de Marina, el afrancesado D. José de Manzarredo, pretendía reorganizar los departamentos marítimos y consideraba enormemente positiva la posibilidad de la explotación maderera para reestructurar la armada francesa frente al potencial del enemigo británico, ensalzando en dicho informe la calidad de nuestras maderas frente a la utilizadas hasta ese momento por los astilleros franceses provenientes de sus dominios en los bosques de Flandes.
Asalto a Segura de la Sierra por las tropas francesas.
La explotación a gran escala comienza con la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, actual sede de la Universidad Hispalense. La madera de Segura está cerca y es muy barata y el Superintendente del Tabaco, D. Sebastián Caballero, pensó en recuperar la tradicional y antigua actividad de transportar la madera a través del río Guadalquivir para proveer de este elemento a los obreros en la construcción de este emblemático edificio, prescindiendo así de la cara madera que, hasta entonces, provenía a casi todos los países de los bosques de centro Europa. A partir de 1733 grandes cantidades de madera se conducen hasta Sevilla bajo la administración del Real Negociado de la Madera, dependiente del Ministerio de Hacienda. La primera pinada estaba compuesta por más de 8000 troncos que llegaron a Sevilla en 1734, lo que generó incluso un excedente sobre las necesidades de la obra, siendo vendida para otros menesteres generando importantes beneficios. Este detalle no pasó desapercibido, viéndose las posibilidades de negocio en esta dinámica de explotación, por lo que se estableció en Real Decreto fechado en 1735 el control de la explotación maderera de nuestra sierra al Superintendente de la Fábrica de Tabacos de Sevilla a través del Real Negociado de la Madera que estableció una subsede en Segura de la Sierra, siendo el primer subdelegado D. Gregorio de la Cruz y Tirado. Ahora la explotación era meramente comercial siendo utilizada la madera de la sierra principalmente en las obras, como las de reparación de la catedral de Córdoba, la catedral de Jaén o en la iglesia de San Andrés de Baeza.
Real Fábrica de Tabacos de Sevilla
Pero el uso en la construcción no dejaba de ser un uso específico y limitado, siendo el maestro de obras D. Vicente Acero el primero en pensar sobre las posibilidades que ofrecía el tipo de pino salgareño, muy abundante en nuestra sierra, para la construcción naval. Ante tal posibilidad, llegó visitar la Sierra de Segura en 1738 junto con los responsables del Arsenal de La Carraca de Cádiz, observando insitu las enormes posibilidades de explotación, y confeccionando un detallado informe, lo cual motivó que fuera llamado a Corte D. Leonardo Ventura de León, gobernado de Segura, para realizar las pertinentes valoraciones. Fruto de este informe favorable a la explotación maderera para la construcción naval, fue también la visita a nuestra sierra de los responsables del Arsenal de Cartagena en 1741, analizando zonas de explotación y formas de extracción de la madera para abastecer sus astilleros, ya que los ingenieros navales se dan cuenta de que esta madera sí es eficaz e idónea para la construcción de barcos de guerra.
Gráfico de líneas de extracción de la madera de la Sierra de Segura
A partir de este momento se produce en nuestra sierra una explotación desmedida y casi incontrolada que generó importantes beneficios gestionados por el Real Negociado de la Madera, siendo necesario y urgente una regulación de la explotación que llegó con la publicación de la Reales Ordenanzas de Montes de 1748, que crean las provincias marítimas y el establecimiento de la jurisdicción de la Marina en nuestra Sierra de Segura. Pero no debemos pensar que este hecho aportó claridad y buena gestión en la explotación de nuestros bosques pues hay que considerar que esta nueva jurisdicción se mezcló con los intereses establecidos en la jurisdicción existente de las órdenes militares, con los intereses eclesiásticos a través de las Diócesis de Cartagena y Toledo y también de los intereses de los lugareños reconocidos en las ordenanzas de 1580, generando multitud de conflictos al estar las jurisdicción de la Provincia Marítima por encima de los intereses tradicionales establecidos con anterioridad. Entre el Ministerio de Hacienda y el de Marina provocaron un enorme perjuicio en nuestros montes, ya que su explotación fue indiscriminada y, en ocasiones, irracional hasta el punto de que, en menos de un siglo, se llegaron a cortar más de 280 millones de árboles.

La Provincia Marítima de Segura incluía 51 localidades, agrupadas en 4 subdelegaciones comprendidas en los departamentos de Cádiz que comprendía la vertiente del Guadalquivir y Guadalimar, y el departamento de Cartagena que se ocupaba de los territorios de la vertiente del Segura. Oficialmente fue constituida el 1 de septiembre de 1751 y para su control se nombraron seis guardas celadores. Se estableció la sede de la administración de la provincia en Segura de la Sierra, con subdelegaciones en Alcaraz, Cazorla, Villanueva del Arzobispo y Santisteban del Puerto. Se llegó incluso, en 1764, a limitar la explotación autorizando alternativamente de forma anual sólo a uno de los departamentos a talar árboles como forma de preservar la extracción y evitar problemas en la conducción de la madera. El trabajo del Negociado y del Departamento de Marina seguía pautas similares y estaba diseñado con programación anual, iniciándose la planificación en otoño una vez recibidas las solicitudes de madera, procediendo después a marcar los árboles aptos para la tala. Será entre los meses de enero a marzo cuando los hacheros los cortaban, dejándolos reposar al aire libre para que de los troncos se desprendiera la mayor cantidad de resina posible, para una vez lista, ser transportada con carretas de bueyes hasta los aguaderos, actividad que se hacía entre los meses de julio a octubre aprovechando el buen estado de los caminos durante la época estival. Una vez la madera junto al río, se esperaba hasta los meses de noviembre a enero para, aprovechando las crecidas, dar comienzo al proceso de arrastre y navegación.
Transporte de la madera en carretadas hacia lo aguaderos.
La navegación era una ocupación que realizaba un grupo de personas que oscilaba entre 100 y 300 hombres según las pinadas, denominados gancheros, pudiendo tardar el transporte fluvial de la pinada entre 7 y 10 meses en llegar a su destino, por lo que la actividad dio lugar a una peculiar forma de vida para ese grupo de personas que pasaban gran parte del año trasladándose de un lugar a otro siguiendo el cauce de los ríos. Una vez la madera en los arsenales era trabajada por los carpinteros para darle su forma definitiva y usarla en la construcción de los nuevos buques.
Aguaderos

Las Ordenanzas Reales de 1748 firmadas por Fernando VI, quieren poner fin al expolio que se estaba cometiendo con los montes de Segura y fomentar una racional administración de la madera, lo cual no significa que lo establecido en las, ya nombradas, Ordenanzas del Común de 1580 quedara sin efecto, pero está claro que cuando la madera es considerada como un material preciado y valioso se produce un incremento y abuso en su explotación con finalidad evidente de enriquecer a particulares que obtuvieron suculentos beneficios con negocios no todos transparentes y claros, quedando así unas y otras ordenanzas como reguladoras y legitimadoras del expolio de nuestra riqueza natural y distribuidoras poco racionales de beneficios generados que no repercutieron en el desarrollo de nuestro territorio que veía como su particular riqueza se deslizaba río debajo de una forma legal y abusiva.
Grabado sobre construcción naval en Cartagena

La regulación no evitó que la madera siguiera siendo un elemento de negocio y que la construcción de edificios y, principalmente, barcos en los astilleros de Cádiz y Cartagena que eran destinados a dar continuidad al comercio de ultramar con los territorios americanos, repercutiera desfavorablemente en el desarrollo y en la economía de la Sierra de Segura, dilatando dinámicas que empobrecieron a su población y generaron un expolio de nuestra riqueza natural.
Puerta de acceso al Arsenal de La Carraca en Cádiz
La actividad llevada a cabo en esta época en nuestra sierra supuso una notable dinamismo en la económica de la zona, pero los beneficios no repercutieron decisivamente en nuestras gentes, tan sólo algunas familias dedicadas al carreteo de maderadas y el trabajo de hacheros y gancheros obtuvieron algún tipo de rendimiento, pues fueron las autoridades ministeriales y, en ocasiones, comerciantes que accedían a la madera a través de la venta fraudulenta de partidas, los que se enriquecieron notablemente a cambio de suculentas comisiones.
Gancheros
Este suculento negocio de expropiación de nuestra riqueza natural se debilitó considerablemente con la invasión francesa de principios del S. XIX, siendo las Cortes de Cádiz las que establecieron la supresión de las jurisdicciones especiales por lo que la referida a la que tenía el Ministerio de Marina sobre la Sierra de Segura quedó totalmente limitada. No obstante, con la vuelta del absolutismo de la mano de Fernando VII se restableció el Negociado de Maderas de Segura, dependiente ahora sólo del Ministerio de Hacienda, estableciéndose un subdirector general en Orcera, aunque debemos considerar que su eficacia y efectos fueron muy limitados, ya que la acción liberal debilitó considerablemente el monopolio de extracción, hasta que las Ordenanzas de Montes de 1833 establecieron un nuevo orden que supuso, en la práctica, la supresión de la Provincia Marítima de Segura que no se concretó definitivamente hasta 1836.
Para obtener una información más técnica y detallada, compartimos el enlace para que con un simple clik podamos acceder al artículo de D. Enrique Martínez Ruiz publicado en el blog de la Asociación Cultural Sierra de Segura titulado “Desforestación de los montes de Segura”, donde se nos describe la pérdida de masa forestal en el periodo comprendido entre 1733 a 1953 provocada por talas abusivas, muchas de ellas a causa de la declaración en provincia marítima por Fernando VI en 1748, así como también por los incendios y roturaciones para explotación agraria, principalmente de olivar.
http://asociacionsierradesegura.blogspot.com.es/2013/12/deforestacion-delos-montes-de-segura-en.html


Segura Verde (jt)
La Provincia Marítima de Segura. Sergio Rodríguez Tauste

viernes, 12 de enero de 2018

CUANDO EL PASEO ERA IR A LOS SIFONES DE LA CARRETERA

Presentamos este artículo de nuestro apreciado paisano Pedro Ruiz Avilés, escrito hace más de veinte años, que nos traslada a la nostalgia de un tiempo en el que la carretera se convirtió en el centro neurálgico de la vida cotidiana de nuestro pueblo, hasta que, a finales de los años noventa, la circunvalación cambió la fisonomía, y también las dinámicas, del pueblo y de sus gentes. La carretera nacional era, los días laborables, un trasiego de vehículos que daban animación y vida a sus comercios y gentes, mientras que los festivos, cuando el tráfico disminuía, una apacible zona de paseo donde muchísimas personas conseguían hacer de este núcleo de comunicación su punto de encuentro y convivencia, siendo el puente sobre el Arroyo de Peñolite  el inicio de un trayecto, salpicado por diversos sifones de conducción de agua, que finalizaba en La Vicaría. Este era el paseo del pueblo, el paseo de los sifones.



MELANCOLÍA POR LOS SIFONES.

Por Pedro Ruiz Avilés

Nuestro pueblo, como bien sabemos, creció asomado a la carretera general que es por donde nos llegaban o enviábamos las mercancías y las personas. Cuando yo era chico, allá por los años 50 y 60, era un auténtico placer estar asomado a la carretera y muchos otros pueblos de los aledaños nos envidiaban. Nuestro progreso le ha debido mucho a ella, a las personas que, fatigadas de atravesar curvas por La Ventilla, El Jardín, Sierra Morena o nuestra incomparable Sierra de Segura, se detenían para reponer fuerzas en nuestros abundantes establecimientos hosteleros, alguno muy afamado como la Fonda “La Manuela” o la Posada de “Pepe U”, y al paso a menudo compraban también chuletas, embutidos, aceite, dulces caseros, etc…
Trazado de la carretera nacional en una vista panorámica de Puente de Génave
Para los jóvenes de mi edad, “los sifones eran ya algo lejano, un lugar para ir casi como de excursión para jugarnos unas menguadas pesetillas a las cartas, fumar a escondidas, o para hacer una cita más o menos furtiva y “pelar la pava”. A lo lejos, pasada La Vicaría, donde daba la vuelta la lengua gris de la carretera, atisbábamos de vez en cuando las débiles luces o los destellos del sol al chocar con el parabrisas de un automóvil. Tardaba un buen rato hasta que se comenzaba a escuchar el ronroneo sordo de un motor.
 Monchi, hermana de Pepe el pintor, Amparo Olivas, hija de Raimundo y Pulido la de Ramón el cartero en el paseo de los Sifones cerca de La Vicaría
Y entretanto, las conjeturas y adivinaciones: ¿es “La Pava”?, ¿será “El Terne”?, ¿viene por fin “La Alsina”?, ¿cuándo volverá Paco “Cañero” o “Santiaguete” con el taxi del Arroyo? o ¿puede que sea el “FLAS” que regresa de Beas?.... Charlábamos o paseábamos apaciblemente con las manos en los bolsillos por la carretera, porque nada nos molestaba. Y cuando llegaba el vehículo bastaba apartarse un poco, ni siquiera caer a la cuneta para que su chapa, más o menos herrumbrosa, se abriera paso ante nuestra atenta mirada.
Santiaguete, junto a su taxi, y José Bililo 
Pero los años 80, sin embargo, lo que entonces era un placer, es decir, pasear por la carretera y llegar hasta más allá de “los sifones”, aprovechando el frescor que nos llegaba del Arroyo Peñolite, las dos hileras de álamos y las hoy casi desaparecidas olivas a ambos lados, llegó a ser una tortura. Los camiones, más grandes que algunas de las casas de nuestro pueblo, los pitidos y bufidos de su freno hidráulico, el paso acelerado de algunos coches que impedían cruzar de una a otra acera provocando verdaderas situaciones de peligro y accidentes, metiendo el espanto en el alma de los puenteños, aconsejaban que se hiciera lo que se ha hecho igualmente en muchos otros pueblos, que no es otra cosa que sacar el paso de la carretera por el casco urbano.
Marisol Sánchez y Maite Molina iniciando el paseo en el puente sobre el Arroyo de Peñolite
No se oculta que para algunos negocios ha sido un verdadero “palo” económico. Pero otras inversiones lo están paliando, y confío que aún más próximamente. A mí me encantaría que en toda esa recta de tramo urbano se creara ya una gran avenida con un monumento emblemático distintivo de la actividad de nuestra tierra y divisable desde más allá de ese polígono industrial pleno de naves y de actividad hasta el punto de que haya que realizar una nueva ampliación. Sé que hay proyectos atractivos y el alcalde y otras personas que ocupan puestos destacados en el área de las instituciones y el mundo de la empresa, las cooperativas o los servicios lo están madurando para convertirlo en un proyecto de todos.
El tráfico incesante de camiones por el centro de la población
Todo ello permitirá continuar a la vez con el progreso económico y tener una mayor calidad de vida. Que podamos pasear calmosamente los amigos, que podamos entablar una conversación, que podamos celebrar las fiestas y honrar a San Isidro al aire libre, sin agobios ni peligros de coches ni camiones, que podamos apurar tranquilamente una cerveza o un café, o simplemente contemplar un paisaje tan habitual como es el rojizo intenso de La Terrera, el verdeoscuro de las olivas, los cerros de los “Praos” o el Tamaral, dejando la atalaya que representa la torre de nuestra iglesia como emblema en el horizonte, teniendo la calma de una conversación que no se vea amenazada por la presencia de un vehículo o el ruido de un camión.
Vista de la primera fase de reforma del Paseo de La Vicaría

martes, 26 de diciembre de 2017

UNA NAVIDAD EN AQUELLOS TIEMPOS


LA TRADICIONAL NAVIDAD EN PUENTE DE GÉNAVE.

Por José Ant. Molina Real.

No pretendo sacralizar ni ensalzar la celebración de la Navidad que realizaban nuestros antepasados en otros tiempos, ni tampoco mostrar que con su autenticidad, aquellas navidades, eran mejores que las actuales; soy consciente que la vida evoluciona y que nuevas formas y costumbres se imponen, pero eso no quita a que quiera mostrar las particularidades que ofrecía la Navidad que vivieron nuestros abuelos, allá a mediados del siglo XX y en nuestro pueblo, Puente de Génave. Se dirá que eran otros tiempos, evidentemente así es, se podrá decir que había otra mentalidad y se contaba con otros medios, pero esas circunstancias no le quitan aspectos que acercan aquellas simples celebraciones a lo entrañable y a la esencia de lo puro y tradicional.

Además, me voy a referir a las navidades vividas en nuestro pueblo y en una época donde la religiosidad impregnaba con mayor contundencia esta celebración. Ahora la diferenciación no resulta tan clara entre lo rural y lo urbano pues los medios de comunicación acercan, de manera imparable, formas y conceptos que son de fácil imitación, aunque en ocasiones eso vaya en detrimento de las prácticas más arraigadas y tradicionales. En todos los pueblos de nuestra Sierra de Segura los ayuntamientos tratan de llenar, con mayor o menor dispendio económico, de luz y color las calles al tiempo que programan actos y actividades con claro matiz navideño. Esa razón también ha provocado que en este entorno serrano se vayan, poco a poco, diluyendo las celebraciones tradicionales, mayoritariamente religiosas, que presidían aquellas celebraciones de antaño de la Navidad.
Efectivamente, podemos asegurar que aquellas navidades no tenían tanta presencia social, no eran tan públicas, no se identificaban con fiesta y diversión desmedida. En ellas nadie iba disfrazado de Papa Noel por la calle, no veíamos iluminados en zonas públicas árboles ni calles con multitud de bombillas de colores; eran celebraciones más íntimas, más familiares y sin apenas manifestación social de fiesta o celebración que no fuera la estrictamente religiosa. Porque en realidad, la modernidad está desvirtuando la celebración de la Navidad, una celebración que día a día se aparta de su raíz religiosa para entrar en otra dimensión más social y abierta a otras particularidades como pudiera ser la festiva o comercial.
Nacimiento tradicional
En los hogares, a nadie, en aquel tiempo, se le ocurría vestir un árbol y tan sólo en aquellos más pudientes se podían permitir, no exento de muestra de distinción, la colocación de la representación de un nacimiento con apenas unas cuantas figuras, entre las que nunca faltaban la mula y el buey, con musgo recogido por las zonas próximas al río y con unas pocos troncos a modo de establo. Hoy, no sólo vemos a muñecos de Papa Noel colgados por los balcones, sino que llenar el salón con un árbol repleto de bolas y luces de colores entra dentro de lo más habitual, dejando la instalación de un belén o nacimiento, a una tradición residual y que, lamentablemente tiene tendencia a desaparecer. Hemos realizado esta permuta de tradiciones sin pensar que, esa costumbre de iluminar y decorar una árbol, ni es nuestra ni siquiera tiene su origen en la tradición cristiana.
Francisco Javier Rodríguez Garcia junto al árbol navideño de la Fonda La Manuela
Hay que recordar que cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard o morada de los dioses; y en las raíces más profundas estaba Helheim que simbolizaba al reino de los muertos. Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, se adaptó la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado. Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil, y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las velas, se transformaron en esferas, luces y otros adornos.
San Bonifacio talando el árbol de Yggdrasil
La costumbre de adornar un árbol se fue trasladando a los diversos lugares del norte de Europa, llegando durante el S. XVIII, a ser asumida, esta tradición germánica, por las otras potencias que dominaban nuestro continente en esos momentos como eran Gran Bretaña y Francia, siendo esto decisivo para su arraigamientos y difusión por el resto de Europa. A los hogares españoles llegó, aproximadamente sobre el año 1870, gracias a una princesa de origen ruso llamada Sofía Troubetzkoy, que después de enviudar del duque de Morny, hermano por parte de madre de Napoleón III, contrajo segundas nupcias con el aristócrata español José Osorio y Silva, marqués de Alcañices, uno de los mayores promotores de la Restauración borbónica que permitió a Alfonso XII reinar. Por ello, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid, durante las navidades del año 1870, en el desaparecido palacio de dichos nobles, el palacio de Alcañices, ubicado en el paseo del Prado, esquina con la calle de Alcalá, donde hoy se ubica el Banco de España; cuestión que impactó en la nobleza española y que favoreció su aceptación y difusión posterior.
Antigua fotografía del Palacio de Alcañices
La celebración de la Nochebuena era evidentemente diferente, aunque su acontecimiento principal, la cena familiar, se haya mantenido a pesar de haber cambiado considerablemente sus formas. Ahora las cenas son más ostentosas y opulentas, abarcando a mayor número de familiares. En los platos abunda el marisco y otras delicatesen que la publicidad y el mercado hacen que se conviertan en imprescindibles, dejando muy en evidencia la humildad de una comida, extraordinaria pero sencilla, de los hogares de antaño. Cerca de la mesa la familia más próxima, incluso en aquellos hogares más humildes, solamente los padres e hijos, con unos platos donde abundaban viandas provenientes de la, cercana en el tiempo, matanza y que salían de esas brasas que nos daba el fuego encendido en la chimenea y que impregnaba de olor a carne asada todo el hogar, o con piezas de alguna caza realizada con algo más de fortuna y bien cocinadas al calor de la lumbre, a lo que seguía la presentación de unos dulces caseros formados básicamente por roscos fritos, de anís, de vino, o también alguna torta de higos o algún mantecado; todo ello regado con abundante mistela de café o algún aguardiente proveniente de algún alambique amigo.
Roscos de vino
Los adornos hogareños escaseaban, y tan solo alguna familia relativamente adinerada, podía confeccionar un rudimentario belén, al cual, año a año, iban incorporando elementos y personajes. Incluso podemos decir que causó sensación, y realmente era foco de atención, cuando a Pedrín, el hijo de Isidro y María, haciendo alarde de sus conocimientos en electricidad, se atrevió a iluminar con algunas luces el árbol que se encontraba frente a la tienda y vivienda familiar. Todos en el pueblo se pasaban por la calle San Isidro para poder contemplar algo que, incluso, no dejaba de ser raro y, ciertamente, novedoso.
Pedro Garcia González "Pedrín" (izda) junto a Paco García Novoa
Tras un día que no se escapaba a la rutina y dinámica respecto a las obligaciones personales, llegaba la intimidad familiar de la celebración de la Nochebuena, y tras esa cena que presentaba matices de excepcionalidad, llegaba el aspecto más público de la celebración que consistía en acudir de forma respetuosa a escuchar y también participar en la Misa del Gallo. Efectivamente, a medianoche, y siguiendo la tradición se programaba por el párroco la celebración de esta misa que tiene una estructura tan peculiar que es conocida con su nombre propio. Ese nombre es debido, según la mayoría de los historiadores y voces más autorizadas en el tema litúrgico, a la conmemoración religiosa del nacimiento de Jesús que tradicionalmente se realizaba por las autoridades católicas, siendo el Papa Sixto III quien, en el siglo V, instauró la costumbre de celebrar una misa de vigilia nocturna en la medianoche del día de celebración del nacimiento del Mesías, tras la entrada al nuevo día, es decir, la Navidad, justo en el “ad galli cantus”, o lo que es lo mismo, al cantar el gallo, pues según la tradición de la Roma Clásica era el canto del gallo el límite establecido para dar inicio a un nuevo día, lo que después nosotros, ya con el uso del reloj, convertimos en la medianoche.
La Misa del Gallo no dejaba de ser un acto religioso con cierta dimensión social en el pueblo. En ella los primeros lugares de la iglesia se reservaban a las familias más distinguidas, acudiendo todos con espíritu participativo, pues era normal acompañar la celebración con cánticos y villancicos tradicionales. No dejaba de ser pieza básica de la celebración, la formación musical que en aquel entonces destacaba en el pueblo, siendo la zona del coro la que ocupaban los componentes del grupo musical local “Los Mariachis”; con sus componentes, Antonio “el Mono”, Paco “Moquilla”, José Rodríguez “Joselón”, Nicasio y Julián “Botanas”, que a base de acordeón, guitarra y bandurria daban el complemento musical a la celebración. Los villancicos eran canturreados por la mayoría de los asistentes haciendo sonar zambombas y panderos que algunos portaban y que se habían confeccionado con la, tan demandada, vejiga o pellejas a las que están adheridas las mantecas del cerdo sacrificado en la matanza de las semanas anteriores.
El grupo Los Mariachis en plena actuación.

   Las zambombas se confeccionaban siguiendo el procedimiento tradicional de atar la vejiga, ya limpia, justamente por el centro a una especie de cañita delgada, que se denominaba "el carrizo", y dejando el carrizo hacia afuera, se colocaba la pelleja bien estirada sobre la boca de un recipiente, atándola por los bordes con una hebra de bramante, haciéndose sonar accionando el carrizo con la mano de arriba hacia abajo; mientras que los panderos, sin instalarles “el carrizo”, seguían un procedimiento similar.
Elaboración de la tradicional zambomba
El sonido tan peculiar de estos instrumentos, ya se habían hecho sonar en horas previas, justo a la caída del sol, por la ruidosa chiquillería que iba por todo el barrio pidiendo el aguilando, como decimos nosotros, o aguinaldo, tocando a cada puerta para decir a un solo grito eso de “se reza o se canta”, pues había que ofrecer esa opción por si durante el año que estaba a punto de finalizar en esa familia se había producido algún fallecimiento; y cuando se acababa de cantar esa cancioncilla o villancico que se repetía una y mil veces, recoger esos dulces, tortas de manteca, higos secos o los ricos mantecados caseros que después se repartían en perfecta armonía. Además de los alegres villancicos se cantaban coplillas graciosas que algunos, aunque fueran analfabetos, componían con admirable ingenio y buen sentido del humor. Sirvan de ejemplo las que vienen a continuación:
Aguilando en aquel tiempo
"El aguilando pedimos,
no lo pedimos por falta,
lo pedimos de alegría
porque estamos en la Pascua."

"Los higos y nueces,
todos los tomamos
pero las bellotas
son pa los marranos."

"Si piensan de darnos higos
no les quiten los pezones
que tenemos a Juanico
que se los come a serones."

"La zambomba pide pan,
el carrizo pide vino
y la mano que la toca
pide tajás de tocino."

"Que vayan y vengan
los vasitos llenos
hasta que digamos
bueno está lo bueno."

"Dame el aguilando
si me lo has de dar,
porque es Nochebuena
y hay mucho que andar.

"Entra mochilero, entra
con la mochila en la mano,
hinca la rodilla en tierra,
que te den el aguilando."

Esta última estrofa era la que se repetía siempre, fuera cual fuera el cántico realizado, pues en cada grupo de cantores o aguilanderos iba una persona con una cesta grande para llevar los aguilandos que les daban en las diferentes casas, al que llamaban "el mochilero”. Cuando habían recorrido todas las casas de la aldea o pueblo, entraban en la casa que mejor les parecía, perteneciente a cualquiera de ellos, a terminar de celebrar el nacimiento de Dios, cantando con desbordante regocijo, y consumían lo que habían recogido en la cesta del mochilero.
Aguilando en la actualidad
Pero volviendo a la celebración de la Misa del Gallo, y aunque se repetían pautas, formas y rituales, debemos decir que estaba llena de armonía, y también de un control estricto por parte de D. Pedro quien, con sólo la mirada o con un imperceptible gesto, hacía que todos los presentes representaran fielmente su función y papel para que todo encajara en los límites de la perfección. Finalmente se producía en gesto, muy esperado por la chiquillería que corría a ocupar los primeros puestos en la fila, de redención hacia el Niño Jesús cuando el párroco ofrecía la posibilidad de besar el pequeño pie de su imagen, al que cuidadosamente le pasaba un blanco paño después de que cada feligrés lo besara, todo ello entre cánticos de júbilo y alegría entonados por todos los presentes como el siguiente:
Don Pedro en el centro junto a Cándido, Isidro el electricista y Raimundo
La zambomba pide pan
y el carrizo pide vino,    
y el que la va tocando, 
buenos cachos de tocino.

A las 12 de la noche
llama María a José,
levántate esposo mío
que el niño quiere nacer.

El 8 la Concepción,
el 13 Santa Lucía,
y el 25 se ve Cristo
en los brazos de María.

El aguinaldo yo te pido,
no te lo pido por faltas,
te lo pido con alegría,
porque ya estamos en la Pascua

En el portal de Belén,
hay un viejo haciendo botas,
se le escapó la cuchilla
y se pinchó las pelotas.

Al día siguiente, día de Navidad, las rutinas eran las propias de un día festivo, aunque las tareas pendientes y las responsabilidades laborales de aquellos que tenían en el campo su medio de vida, no perdonaban. Si es cierto, que como la mayoría de días festivos se organizaba un baile en la Sociedad de Caza y Pesca primero y después en la planta superior del Bar Iberia, más conocido por el del Pintor. Allí, los ya nombrados Mariachis, con sus guitarras, bandurrias y acordeón amenizaban con canciones de la época una tarde festiva y de cierta diversión, siempre dentro del decoro y respeto que la situación y época requería.
Fachada del Bar Iberia, actualmente Bar El Pintor
   Puede decirse que la Navidad de aquellos momentos se celebraba con la alegría que surge del alma, y para manifestar esa alegría interior, en la Nochebuena y en la Navidad las gentes compensaban el frío invernal con el calor que aporta la cercanía, las calles se llenaban de mayor ajetreo y la fraternidad presidía estos momentos que eran vividos con más intensidad, rigor religioso y con el carisma propio de la convivencia del pueblo, donde todos, dentro de la diversidad de sus gentes, sabían dar un sabor distinto y peculiar, que nos identificaba como comunidad, en definitiva, como pueblo.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

PAISAJE Y BIODIVERSIDAD EN LA SIERRA DE SEGURA

LA SIERRA DE SEGURA. RASGOS GEOFÍSICOS.

José Antonio Molina Real (jt)

El territorio en el que se encuentra nuestra comarca, alberga paisajes naturales y culturales de gran variedad, interés y calidad medioambiental, estando configurada por un conjunto de montañas calcáreas pertenecientes al dominio Prebético de las Cordilleras Béticas que le confieren una acusada personalidad geográfica. Estas sierras se hallan repartidas, de forma total o parcial, por diferentes municipios de las provincias de Jaén (Arroyo del Ojanco, Beas de Segura, Benatae, Génave, Hornos de Segura, Orcera, Puente de Génave, La Puerta de Segura, Santiago de la Espada-Pontones, Segura de la Sierra, Siles, Torres de Albanchez y Villarrodrigo), Albacete (Ayna, Bogarra, Cotillas, Elche de la Sierra, Ferez, Letur, Lietor, Molinicos, Nerpio, Paterna de Madera, Riopar, Socovos, Villaverde de Guadalimar y Yeste), Granada (Huescar y Puebla de Don Fabrique) y Murcia (Moratalla y Caravaca de la Cruz).
Área de influencia del Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas
La Sierra de Segura presenta una geología, geomorfología, clima, hidrología, biodiversidad y ecología, que vienen a determinar una gran riqueza paisajística natural que los habitantes de este territorio, tras un uso y gestión de sus recursos, han ido añadiendo un paisaje y una fisonomía que le aporta las particularidades que la sitúan dentro de los singular en los diferentes estudios geográficos. Es particular, además de la enorme biodiversidad que alberga, el ser inicio y cabecera de las cuencas del Segura y la del Guadalquivir, aportando aguas a dos vertientes, la mediterránea y la atlántica; así como significar casi el 70% del Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas, o lo que es lo mismo, unas 143.346 has. de un total de 214.300 has. que lo componen, lo cual le convierte en el espacio protegido más extenso de España, siendo también Reserva de la Biosfera declarada por la Unesco y Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).
            
         La Cordillera Bética es una alineación de montañas que se extienden a lo largo de 600 km. desde la provincia de Cádiz hasta los promontorios de La Nao al norte de la de Alicante, prolongándose por el este hasta las Islas Baleares. Su formación es consecuencia de la acción continuada desde el Cenozoico (hace 65 mill. años), de los plegamientos alpinos, que por convergencia o compresión, en las placas africana y euroasiática. Será esta convergencia de las placas la responsable de ser la zona de mayor actividad sísmica de la Península Ibérica.
Dominios de las formaciones Béticas
Basado en criterios tectónicos, litológicos y paleogeográficos, las Béticas son divididas en dos grandes zonas o dominios que podemos clasificar en zonas internas y externas, con historia de deformaciones diferentes. Las primeras comprenden un conjunto de sierras compuestas por materiales mesozoicos y cenozoicos plegados, fallados y cabalgados pertenecientes a sedimentos marinos reelevados por los plegamientos mencionados; mientras que las zonas internas están compuestas por un apilamiento de mantos de corrimiento con predominio de materiales metamórficos. En la zona externa y según la naturaleza de los materiales y el grado de deformación, podemos diferenciar dos dominios, el Prebético y el Subbético, teniendo ambos una composición de sedimentos acumulados desde el Triásico al Mioceno.

El Prebético ocupará el sector más septentrional y será relevaciones de sedimentos depositados en ambientes marinos someros, que durante la Era Secundaria constituían la zona más cercana al Macizo Ibérico o Meseta. En la actualidad lo identificamos con los territorios entre Jaén y el Sur-Suroeste de la provincia de Albacete con las sierras de Cazorla, Las Villas, Segura, Alcaraz y Hellín al margen de otras formaciones menores, constituidas todas ellas por materiales carbonatados, sobre todo calizas y dolomías del Jurásico y Cretácico.
Zona principal de domino de la Subbética
El Subbético, se corresponde a relevación de depósitos marinos más alejados del Macizo Ibérico representados, en su mayoría, por calizas, dolomías, margocalizas y margas, con intercalaciones de esporádica de rocas volcánicas efusivas del Mesozoico. Relieves notables y que dan muestra de lo expuesto son en nuestro entorno la Sierra del Pozo, El Almorchón, el Calar de las Pilillas, la Sierra de Gontar, la Sierra de Lagos, la Sierra de los Molares, la Cuerda de la Lastra, la Sierra del Cuquillo, la Sierra de Calderón, La Sagra, Revolcadores, Mojantes y otras formaciones similares de menor entidad.

Pero si nos centramos en las particularidades de la Sierra de Segura debemos decir que está constituida por un conjunto de sierras en dirección NE-SO del dominio Prebético, del que forman también parte la Sierra de las Villas, la de Cazorla y de otros dominios menores como la Sierra del Pozo y Sierra del Calderón en Jaén; la sierra de Castril y la Sierra de la Sagra en Granada y por último la Sierra de Alcaraz, el Calar del Mundo, la Sierra de Gontar y la de Taibilla en la provincia de Albacete; con algunas cumbres que rebasan los 2000 mts., como Empanadas (2016 mts.) y La Cabrilla (2048 mts.) pertenecientes a la Sierra Castril y otras que los rozan, como es el caso de Las Banderillas (1993 mts.), El Banderín (1966 mts.), El Almorchón (1915 mts.), Las Palomas (1857 mts.), El Blanquillo (1830 mts.), El Mariasnal (1825 mts.) y El Yelmo (1809 mts.); a lo que debemos sumar una gran cantidad que superan los 1500 mts.
Las Juntas de Miller. Confluencia del río Zumeta con el Segura
La sierra en su conjunto presenta unos relieves de abrupta y compleja tipografía donde alternan altas montañas con valles, altiplanos, calares y depresiones. En su conjunto, todos estos relieves, debido a su altitud, orientación y exposición de sus suelos y litologías a las condiciones climáticas, derivan en la formación de unos paisajes de contrastes, de calidad  geomorfológica diversa, así como en unos ecosistemas de gran valor por su biodiversidad por el número de especies endémicas que albergan y extensión de sus masas forestales. El territorio está surcado de valles profundos modelados por la erosión de los ríos que tienen aquí su nacimiento, destacando por su relevancia el Segura, El Mundo, el Madera, el Tus, el Zumeta, el Orcera, el Onsares, el Trujala, el Carrizas, el Guadalimar, el Guadalmena y el Guadalquivir.

El suelo y el clima son los factores del medio físico que más influyen en el tipo de cobertura vegetal y en los cultivos serranos. En los relieves de la Sierra de Segura, los tipos de suelos más relevantes serán los litosuelos (suelos pedregosos, poco evolucionados, de zonas altas y rocosas con vegetación de algo de pinar y matorral de piornales y lastonares), los regosoles calcáreos (suelos pedregosos sobre calizas y dolomías colonizados por robledales y pinares), las rendsinas (suelos de alta montaña caliza con sabinares, pinares y piornales, los cambisoles cálcicos (suelos evolucionados ricos en nutrientes y carbonatados que se hallan en zonas llanas son cultivados por su fertilidad, y los luvisoles (suelos evolucionados ricos en arcilla roja y en nutrientes donde crecen encinares, quejigales y pinares).
Paisaje de piornales
Si consideramos la interrelación de relieve, clima, suelo y vegetación podemos interpretar los diversos pisos bioclimáticos de la Sierra de Segura, pudiendo encontrar un piso mesomediterráneo que ocupará las partes más bajas del territorio y según se trate de laderas en solana o umbría hasta los 1200 mts. de altura, donde crecerá el pino carrasco, la encina o carrasca, así como coscojar, el romero, el madroño, la retama, la cornicabra y el cultivo del olivo; el piso supramediterráneo, que lo hallamos hasta los 1700 mts., estando ocupado por el pino laricio, especie vegetal con mayor biomasa y representatividad, el pino resinero, el negral o rodeno, el enebro, la sabina, la jara, el melojo, la poa, la salvia o el torvisco; y por último el piso oromediterráneo, que es el piso de las cumbres, situado por encima de los 1700 mts., que carecerá de bosques densos de pinar y la vegetación estará formada por prados de lastón, herbáceas diversas, el sabinar de alta montaña y el matorral espinoso almohadillado como el cojín de monja o asiento de pastor,  el astrágalo y la hierba pedrera.
Paisaje segureño de pino laricio
La fauna es diversa con variadas especies cinegéticas como la cabra montés, el ciervo, el gamo, el jabalí, el muflón o el zorro. También son  numerosas las especies de aves, abundando las rapaces como el quebrantahuesos, águila calzada, águila perdicera, águila culebrera, el buitre, el halcón, el milano, el búho, la lechuza y el mochuelo.  Existe una especie singular como es la ardilla roja, endémica de la Sierra de Segura, que presta su imagen como logotipo de la Comarca. En la cabecera de los ríos de montaña alta y media, Segura, Madera, Tus y Zumeta, se encuentra la trucha común y la trucha arco iris. Finalmente, la riqueza de la comarca está basada en el olivo, la madera y también el ganado ovino, siendo la oveja segureña autóctona de la Sierra de Segura.
Ardilla roja. Icono de la Sierra de Segura
            Las montañas son la manifestación más visible de las potentes fuerzas tectónicas en acción, que han levantado su arquitectura, y de los dilatados períodos de tiempo en los que han operado las fuerzas erosivas que las han modelado y la Sierra de Segura no está al margen, siendo un complejo conjunto de montañas que forman un sistema interactivo de relieves, rocas, agua, suelo, clima, flora, fauna y seres humanos, que con su acción transformadora han intervenido de forma importante en la fisonomía serrana, desarrollando estrategias diversas de adaptación al medio natural a lo largo de la historia.

La adaptación humana consiste en realizar un gran esfuerzo de aproximación al medio físico practicando una extracción de recursos naturales al tiempo que desarrollando un equilibrio y respeto por el entorno natural, poniendo en práctica métodos, técnicas y una arquitectura para vivir en un escenario de escarpados relieves, frío invernal, heladas, fuertes tormentas de lluvia y nieve, así como ocasionales sequías. El entorno ha modelado los hábitos del hombre y mujer serranos, sus rasgos culturales, su alimentación, la expansión y contracción de la población, la disposición del hábitat, la vivienda, los tipos y zonas de cultivo, los sistemas hidráulicos o las comunicaciones; en definitiva, su devenir histórico que ha ido formado su realidad actual, creando en la naturaleza e historia humana un binomio inseparable.
Pastoreo tradicional de oveja segureña.
Los habitantes que colonizaron y vivieron en la sierra, a lo largo de la historia, hicieron un uso más o menos sostenible de los recursos que el territorio ofrecía, en ocasiones mejorando las condiciones del entorno natural o degradándolo y activando procesos de erosión del suelo y pérdida de biodiversidad. Por lo tanto, el paisaje será el resultado de la acción de procesos físicos, bioquímicos y antrópicos sobre los materiales de un territorio a lo largo del tiempo, que como todos los sistemas dinámicos que lo integran, está en perpetuo cambio y evolución. La Sierra de Segura ofrece un mosaico de paisajes naturales y culturales, estando ambos en constante interacción. El Convenio Europeo del Paisaje (Consejo de Europa, 2000), define el paisaje como “área, tal y como la percibe la población, el carácter de la cual es el resultado de la interacción de factores naturales y humanos”, por lo que la política de conservación del paisaje de la comarca de la Sierra de Segura, es clave para la sostenibilidad territorial dándole un nivel patrimonial en todos sus aspectos.
Paisaje del Calar del Río Mundo.
Nuestra comarca alberga paisajes naturales y culturales de gran variedad, interés y calidad. Por su importancia geomorfológica, botánica y paisajística, destacan los calares y entre ellos el Parque Natural de los Calares del Río Mundo con un total de 19.192 has., repartidas por los términos municipales de Cotillas, Molinicos, Riopar, Vianos, Villaverde de Guadalimar y Yeste. Aquí se encuentra uno de los más espectaculares paisajes kársticos de España e incluso de Europa, el llamado Calar del Río Mundo. Se trata de una alta y extensa plataforma caliza que se eleva por encima de los 1200 mts., destacando las elevaciones del Calar del Mundo (1631 mts.), Viboreros (1655 mts.) y Argel (1694 mts.). El macizo con una extensión de unos 55 km2 que se halla limitado por todos sus lados por profundos valles. En su karstificada superficie (exokast), se han originado un vasto sistema de geoformas de disolución como lapiaces, dolinas o torcas, uvalas, poljes, sumideros de génesis nivo-pluvial; mientras que en su parte interna (endokarst) se halla horadado por un intrincado sistema de lagos, galerías, grutas y cavidades de variable amplitud y estilo que pueden suponer un total de más de 40 km. de longitud., que se abastecen de un caudal nivo-pluvial a través de diversas dolinas de la superficie.
Representación de paisaje Kárstico.
Todas las características expuestas, a nivel geomorfológico, dan unas particularidades muy singulares que aportan a nuestra Sierra de Segura y, más concretamente, a nuestra comarca, una personalidad claramente definida que ha perdurado a través del tiempo y que hoy en día sirven como perfecto marco geográfico al desarrollo de actividades humanas que han evolucionado y compaginado la tradicional explotación de recursos naturales con nuevas fórmulas volcadas en el turismo de la naturaleza, siendo la perfecta regulación de esta nueva explotación, la que aporte un equilibrio que siga respetando sus paisajes y sus valores naturales.

F. VALLE TENDERO; F. Gómez Mercado; J.F. Mota Poveda; C. Díaz de la Guardia. Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas, Guía botánico-ecológica. Madrid, 1989. 
F. LÓPEZ BERMÚDEZ, El karst del Calar del Mundo. Estudios Geográficos, nº 136. Madrid, 1974.
C. SANZ DE GALDEANO, Evolución geológica de las Cordilleras Béticas. 1990.