lunes, 16 de diciembre de 2024

UNA TABERNA CON SABOR A PUEBLO

 VENTURA.... UNA TABERNA, UNA TIENDA, UNA VIDA.

Por José Ant. Molina Real ( j t)

Que nuestro pueblo, Puente de Génave, ha sido un lugar de estratégico e importante para las comunicaciones terrestres a lo largo de la historia es algo que todos conocemos al contemplar su puente romano que atraviesa, ahora ya remodelado, las aguas del río Guadalimar. Desde esa época todos los caminos confluían en este lugar que era punto básico de la vía que comunicaba Cástulo (cerca de Linares) con Carthago Nova (actual Cartagena), siendo una importantísima vía para la actividad comercial introduciendo hacia el interior productos que llegaban por mar y siendo el lugar por donde gran cantidad de minerales tenían su vía de salida del interior hacia todo el Mediterráneo. Posteriormente fueron otras culturas las que utilizaron esta infraestructura provocando que en sus inmediaciones aparecieran pequeñas cortijadas y molinos harineros, que a la postre serán el núcleo inicial de la aparición, ya en épocas más recientes, de nuestro pueblo.

Ventura Sánchez Bueno

Este papel tan destacado en las comunicaciones y en el comercio entre las tierras de nuestro entorno con las costas levantinas se afianzó considerablemente al realizarse el trazado de la carretera nacional, la actual N-322, que hizo preciso la ampliación y construcción de un nuevo u moderno puente allá por el año 1889, que dio servicio con un intenso tráfico de mercancías entre Andalucía y la costa Mediterránea a través de Albacete hasta los años finales del siglo pasado cuando fue inaugurada la carretera de circunvalación que evitó el intenso tráfico por el interior de la población.

Inauguración de la circunvalación de la carretera N-322

Queda pues constatado y claro que Puente de Génave ha ido estructurándose, a lo largo de la historia, a la sombra de la carretera nacional y esa particularidad le ha proporcionado la posibilidad de ser centro de actividad y referente comercial para los pueblos del interior de la Sierra de Segura, así como lugar de servicios para aquellos que transitaban por esta importante vía de comunicación a lo largo de todo el siglo XX. Esta situación estratégica facilitó que afloraran numerosos negocios y actividades de ámbito familiar dedicados al comercio y a la hostelería, especialmente desde los años cincuenta del siglo pasado hasta nuestros días, con numerosas tabernas, bares, posadas, fondas y lugares donde los transeúntes podían reponer fuerzas o descansar. Si tenemos que recordar entre las más carismáticas estaría la taberna de Ventura.

Publicidad en el programa fiesta de 1960

Ventura Sánchez Bueno desde siempre se había dedicado a la venta de productos y utensilios para la agricultura, al igual que su padre y hermanos, principalmente arreos para los animales de carga, así como también de legumbres y todo tipo de vinos y licores, por lo que a principios de los años cuarenta del siglo pasado, junto con su gran amigo Pedro Vázquez “Pedrete” decidió ampliar su actividad comenzando a servir bebidas en la parte inferior de su casa situada en la calle Calleja número 6 de Puente de Génave, muy cerca de la carretera nacional, complementando así enormemente sus precarios ingresos. Pronto Pedrete decidió buscar nuevos caminos para probar fortuna emigrando a Barcelona dejando al frente de la taberna a Ventura, que así le conocía popularmente la gente, y que pronto fue muy conocida gracias al boca a boca entre arrieros, representantes, transportistas, jornaleros, trabajadores de la serrería de traviesas que tenía RENFE en La Vicaría y residentes en el pueblo. En ella se vendía vino básicamente que procedía de tierras cercanas de la Mancha, en especial de localidades del Campo de Montiel, como por ejemplo Cózar de la bodega de los Hermanos Prieto, o vino de Tomelloso transportado por los llamados Moragos. El vino venía en odres, más conocidas como ¨pellejos¨, o en barricas de madera, primero en carros de arrieros y después ya camiones de pequeño tonelaje que después regresaban cargados de aceite para distribuirlo en tierras manchegas.

Odres o "pellejos" para el transporte de vinos

El vino lo extraía de los ¨pellejos¨, se colocaba en damajuanas y de ahí se embotellaba en recipientes de medio litro que servía a sus clientes, acompañados siempre con una simple tapa de garbanzos tostados con yeso, los llamados ¨torraos¨, alcahuetes, patatas cocidas con pimiento, pececillos fritos cogidos en el mismo río del pueblo o sardinas saladas que venían en cubas redondas hechas de madera procedentes de Isla Cristina y servidas por el fabricante Demófilo Vitorique Merino.

Cuba de sardinas

El local no era demasiado amplio, con algunas mesas a ambos lados y un mostrador a modo de barra de unos 4-5 metros al frente, sobre el cual, y a un lado, estaba una báscula donde pesaba los productos que vendía y que tenía en sacos detrás del mostrador, donde también había una estantería con los diversos cuartillos de vino preparados para servirlos, y en un lateral una puerta que permitía el acceso a un pequeño corralillo donde había un rudimentario retrete. No obstante, cuando el clima lo permitía, era normal sacar las sillas bajas de enea y alguna mesilla a la calle y allí incluso se podía contemplar como un espartero de Beas de Segura, llamado Mateo, que solía ir con frecuencia por la taberna, se sentaba a confeccionar serones, no sin dejar de degustar un chato de vino tras otro, para confeccionarlos con esparto que procedía de la zona de Cieza en Murcia que después se los quedaba Aniceto para venderlos a 125 pesetas.

Francisco López Pascual "Serranete" con su nieto
Luciano López Moya en la taberna de Ventura

Entre los asiduos del local se hallaba un arriero procedente de Almansa llamado Blas Pérez que solía traer fruta a los pueblos de la Sierra de Segura y se llevaba huevos, conejos y gallinas. También frecuentaban el local los Miguelillos, padre e hijos, que trabajaban de arrieros transportando leña de chaparro que conseguían en las estribaciones de Sierra Morena a escondidas de la Guardia Civil para venderla por las casas; así como los llamados Célebres, los Yeseros, los Herreros y el Tío de las Cañas. Otros, más asiduos y que tenían más confianza, como eran Pepefolla o el Tío Pío, le pedían a Esperanza Jiménez, esposa de Ventura, algo más consistente para comer y, muy gustosamente, le preparaba unos huevos fritos con chorizo, eso los días que no tenía pisto o ajoatao. Muchos conocían la maestría de Esperanza en la cocina y no dudaban en parar a comer en este lugar en sus viajes cuando iban de paso por Puente de Génave. Además, aquí se pudo degustar la primera cerveza El Alcazar que llegó al pueblo que venía en el autobús de la Alsina en barriles de madera.

Esperanza Sánchez y Ventura Sánchez "Venturilla",
a las puertas de la taberna

Ventura Sánchez era un hombre muy querido en el pueblo, afable, noble y de muy buen corazón, no siendo extraño dejar beber a muchos clientes de fiado e incluso no llegar a cobrar si entendía momentos de necesidad. Pero también era hombre de palabra y criterio. Ejemplo claro fue su rifirrafe que tuvo con José Bullón del cual recibió un engaño relacionado con una carga de aceitunas y al que prometió que nunca sería bien recibido en su casa ni en su taberna y así lo cumplió, negándose a servirle ni un solo chato de vino, aunque acudiera a su local acompañado del cura o del mismísimo alcalde.

Esperanza Jiménez

Los tiempos fueron cambiando, y mucha de la gente del pueblo, ante la precariedad de sus vidas, no tuvo más remedio que coger el camino de la emigración. La clientela escaseaba, las condiciones de la sencilla y entrañable taberna no podían competir con algunos bares que se pusieron de moda como el Bar Nacional o el Bar del Pintor y Ventura, aunque fue haciéndose mayor, nunca dejó de estar día tras día abriendo las puertas de su tienda y sirviendo cuartillos de vino a esa clientela fiel que siempre le acompañaba. Ni tan siquiera a su muerte la taberna cerró sus puertas. Su hijo, Ventura Sánchez Jiménez, conocido por todos como “Venturilla”, que se había marchado como tantos otros a buscar su futuro por tierras catalanas, regresó al pueblo para ayudar a su madre en las tareas propias de mantener abierto el negocio familiar, pero era bastante complicado poder subsistir con los pocos ingresos que generaba y, tras un tiempo decidió regresar a Barcelona, aunque Puente de Génave no quedó huérfano de un lugar donde la tradición de un pueblo se podía sentir en cada uno de sus rincones, porque Esperanza Jiménez, fiel al sueño de su marido y tratando a perpetuar su memoria, siguió abriendo día tras día las puertas de la taberna, no ya con finalidad económica, siendo la carga emocional la que motivaba a muchos viejos clientes a seguir con la tradición de hacer su liga diaria en este entrañable lugar con sabor a pueblo.

P D.- Agradecer la colaboración en la elaboración de este artículo a Antonio Sánchez Casas y Marisol Sánchez Jiménez.



viernes, 29 de noviembre de 2024

EL PAPA DE JAÉN

 UN PAPA QUE NUNCA PIDIÓ ESTAR EN JAÉN.

Por Jose Ant. Molina Real ( jt ).

Si tuviéramos que nombrar los patrimonios monumentales de la provincia de Jaén, la inmensa mayoría coincidiríamos que entre los lugares más destacados se encuentra la Catedral de la Asunción de la Virgen de nuestra capital. Templo originario consagrado en 1246, de la antigua Mezquita Mayor de la ciudad musulmana, tras la conquista de la misma por el rey santo Fernando III de Castilla y transformado en posterioridad, siendo la catedral actual concebida en el siglo XVI para sustituir al anterior templo gótico del siglo XV. La construcción se prolongó durante varios siglos, a pesar de lo cual la idea original se mantuvo. Destacan la sala capitular y la sacristía, que son la obra cumbre de Andrés de Vandelvira, y una de las obras más importantes del renacimiento español. También es sobresaliente su fachada principal, una de las principales obras del barroco español, construida tras la consagración del templo en 1660 a partir del diseño de Eufrasio López de Rojas, y en la actualidad, y desde el 27 de enero de 2012, inscrita en la Lista Indicativa de España del Patrimonio de la Humanidad, en la categoría de bien cultural.

Catedral de Jaén

También hay que considerar que, como catedral guarda y custodia numerosos tesoros, siendo destacado la reliquia del “Santo Rostro”, pero queda más desapercibido otro contenido histórico que la convierte en caso único en España y muy singular entre las templos católicos de todo el mundo. Nos estamos refiriendo en ser uno de los pocos templos fuera de Italia que custodian los restos mortales de un Papa, en este caso, un Papa Santo de la Iglesia Católica. Este honor lo comparte con los templos de las ciudades de Cluny (Gelasio II), Uzeste (Clemente V), Avignon (Juan XXII), Chaise Dieu (Clemente VI), Villeneuve les Avignon (Inocencio VI) y Marsella (Urbano V) en Francia y dos templos en Alemania, Hamburgo (Benedicto V) y Bamberg (Clemente II).

San Pío I

Así pues, debemos ensalzar que la catedral de Jaén es el único templo en España que conserva los restos de un Papa, el Papa San Pío I. Estos restos se custodian en un hermoso sarcófago en la capilla de San Eufrasio, levantada en honor e iniciativa del primer obispo de la Diócesis de Jaén, D. Agustín Rubín de Ceballos. Estos restos llegaron a Jaén en el siglo XVIII, concretamente en 1793, como regalo, del entonces Papa Pío VI, al Obispo de Jaén, el mencionado Rubín de Ceballos, Inquisidor General, miembro del Consejo de Carlos III y uno de sus albaceas testamentarios. Siendo este Obispo el que remodeló y costeó, para que algún día sus restos también descansaran en ella, el retablo y demás enseres de la capilla de San Eufrasio que es donde se encuentran ubicadas las reliquias de este santo Papa.

Obispo Agustín Rubín de Ceballos

Está fuera de toda duda, que San Pío I, décimo Papa Cristiano de Roma durante 15 años sucediendo a San Higinio en la cátedra de San Pedro, nunca pensó que acabaría reposando eternamente en Jaén cuando murió allá en el año 155 d.c., sufriendo martirio por lo que fue canonizado, celebrándose su fiesta el 11 julio. El «Liber Pontificalis» afirma que era hijo de un tal Rufino, originario de Aquilea, ciudad del antiguo Imperio Romano, situada muy cerca de la actual ciudad de Venecia. Pero tampoco vamos a entrar en el relato de su acción al frente de la Iglesia Católica, aunque podemos destacar que fue el que fijó la fecha de la celebración de la Pascua de Resurrección, y por lo tanto el culpable de la movilidad que tiene la celebración de la Semana Santa, en el domingo siguiente al plenilunio de marzo. Lo que más nos puede interesar es la curiosa razón por la que sus restos reposan en la capital del Santo Reino.

Urna con los resto de San Pío I

Efectivamente, este santo Papa reposa en la Catedral de Jaén, aunque nunca tuviera ningún tipo de vínculo ni personal ni eclesiástico con nuestra capital provincial. En su época de papado los cristianos estaban perseguidos por el Imperio y la dimensión del cristianismo era mínima, por lo que él mismo, como máximo representante del cristianismo, fue apresado y martirizado; así que jamás estuvo en la Península Ibérica ni mucho menos en Jaén, ni tan siquiera tuvo relación con nadie de nuestro territorio. Las razones pues de que sus restos reposen en nuestra catedral son mucho más recientes, concretamente de finales del S. XVIII.

Corría el año 1793 cuando, D. Agustín Rubín de Ceballos por aquel entonces obispo de la Diócesis de Jaén desde 1780, viajó a Roma para visitar al Papa Pío VII, al que le unía una muy buena amistad, y como gesto de amistad y cortesía, recibió para su custodia eterna, las reliquias de un santo, en este caso el ya nombrado Papa San Pío I, para que fueran ubicadas, en lugar destacado, en la capilla de la catedral de Jaén que el mismo obispo se estaba remodelando para recibir en ella eterna sepultura. De esta forma tan curiosa y tan personalista llegaron los restos mortales de San Pío I a nuestra catedral.

Retablo de la capilla de San Eufrasio

La capilla en cuestión, remodelada por el obispo Rubín de Ceballos, es la Capilla de San Eufrasio. Esta capilla anteriormente estaba dedicada a Santa María Magdalena, pero el cabildo cambió la advocación a petición del obispo Agustín Rubín de Ceballos, gran devoto de San Eufrasio como patrón de la Diócesis de Jaén, por haber estado muy unido a la misma al ser Obispo de Andújar. Encargó para ello el retablo para la misma que está configurado en estilo neoclásico, obra de Gregorio Manuel López en 1790 y siendo el conjunto escultórico realizado por Juan Adán en colaboración de Miguel Verdíguez. El retablo es de un solo cuerpo con tres calles, separadas por columnas de orden corintio, un frontón y un ático. En el centro, entre las columnas y el frontón, se encuentra el relieve del Apoteosis de San Eufrasio, donde se muestra al santo rodeado de ángeles. En las calles laterales se disponen dos grandes esculturas de mármol, San Julián de Cuenca, a la derecha, y San Agustín, a la izquierda. En el ático está San Antolín, patrón de Palencia de donde era nativo el obispo Rubín de Ceballos, y junto al frontón las alegorías de la Eucaristía y de la Fe. Presidiendo el retablo, y dentro de una artística urna, se encuentran las reliquias del Papa San Pío I. Hay que señalar que durante la Guerra Civil fue destruida una preciosa estatua-relicario de plata de San Eufrasio que presidía el mismo altar, situada sobre la urna que contenía las reliquias del Papa San Pío I que el propio obispo se trajo de Roma.

Capilla de San Eufrasio

No tuvo que pasar mucho tiempo para que el propio obispo Rubín de Ceballos reposara eternamente también en la capilla que acababa de construir, porque a finales de ese mismo año 1793 falleció y fue sepultado en una cripta en los pies del retablo donde hoy en día se haya una lápida de mármol con su epitafio.

Todos sabemos y todos queremos que nuestra catedral sea declarada como Patrimonio de la Humanidad por ser el más claro ejemplo del renacimiento español, por su monumentalidad y singularidad, a lo que debemos añadir esta particularidad más, la de ser la única en albergar los restos de un Papa, el Papa San Pío I.

Tumba del Obispo Agustín Rubín de Ceballos

viernes, 15 de noviembre de 2024

ANÁLISIS POBLACIONAL DE LA SIERRA DE SEGURA

Han pasado, casi sin darnos cuenta, seis meses desde que se produjo el periodo festero en honor a San Isidro. Ahora, cuando faltan otros seis meses para que volvamos a disfrutar de estas entrañables fiestas y se vuelvan a producir, nuevamente, todo tipo de actos y los reencuentros con los que vuelven a sus raíces para compartir con familiares y amigos de unos días de diversión y ruptura de las rutinas; precisamente ahora, desde este blog, queremos reproducir el pregón que este año 2024 corrió a cargo de nuestro amigo Paco Martínez. Un pregón donde hizo un detallado análisis de la población de la Sierra de Segura y sus perspectivas de futuro, un futuro que tuvo sus raíces en el proceso migratorio sufrido por nuestra comarca en las décadas de los 60 y 70, y en el que intenta demostrar, que a pesar de todo, Puente de Génave, en particular, y la Sierra de Segura, en general, tienen futuro si saben instrumentalizar su enorme potencial. 

Pregón 2024 

PUENTE DE GÉNAVE. UN PUEBLO CON FUTURO

Un saludo, queridos amigos.

En primer lugar, quiero agradecer a la Corporación Municipal su invitación para participar en este acto. Para mí es un placer estar hoy en el Ayuntamiento de Puente de Génave, en esta casa que representa a todos los vecinos. Me siento muy orgulloso y reconocido por la oportunidad que me brindan. Agradezco también a todos ustedes su presencia en este acto, en el que me siento arropado por familiares y amigos.

Mapa comarcal Sierra Segura

Mis palabras van a ser breves y girarán principalmente sobre dos ideas que quiero desarrollar en este acto. La primera de ellas trata de defender la tesis que sostiene que, del conjunto de los 13 pueblos que componen la Comarca de la Sierra de Segura, Puente de Génave es el que mejor futuro tiene de todos ellos. La segunda idea que quería trasladarles tiene que ver con mi intención de representar con orgullo a una generación de emigrantes, todos ellos amigos de la infancia, quienes hemos mantenido en el tiempo los lazos de amistad, desde nuestra niñez en los años sesenta hasta la actualidad. Algunos de ellos están hoy en este acto, por ello, les hablo también en su nombre; éste es también su pregón.

Si empiezo mis palabras diciendo que el Puente de Génave es el mejor pueblo de la Comarca de la Sierra de Segura, ustedes pensarán que es normal que así lo crea, siendo del Puente y, especialmente, un día como hoy en el que empiezan las fiestas de San Isidro. Voy a tratar de justificarles esta afirmación y espero que al final de este acto confirmen que esta afirmación está totalmente argumentada.

Vista aérea Puente de Génave

La comarca de la Sierra de Segura tiene actualmente, con datos del Instituto Nacional de Estadística de 2022, 22.928 habitantes. Con una densidad de población muy baja, de tan sólo 11,87 hab/km² si la comparamos con la media del país que es de 96 hab/km². Mucho territorio para pocos habitantes, la mayor parte dentro del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, el espacio protegido de mayor superficie de toda España y el segundo de Europa. Tiene, lamentablemente, todas las características que definen lo que se ha dado en llamar “la España vaciada”, esto es: la despoblación y la escasez de servicios y oportunidades que se concentran en las ciudades, lejos de los pueblos. Un ejemplo dramático es que la mitad de los pueblos de España ya no tienen ninguna sucursal bancaria ni cajero automático y el 40% de ellos tampoco cuentan con agente bancario, oficina de Correos ni oficina móvil de su entidad, lo que obliga a los vecinos a desplazarse a otros pueblos para disponer de dinero en efectivo.

La situación demográfica de la Sierra de Segura se puede describir haciendo referencia a tres factores principales: despoblamiento, envejecimiento y predominio de personas en edad no productiva. Esta situación es la típica de la mayoría de las comarcas rurales en todas España.

El Terne. Protagonista de las migraciones de los 60-70

El primer factor que he citado, el despoblamiento, es un hecho incuestionable. Desde los años cuarenta, la Sierra de Segura no ha dejado de despoblarse año tras año. En 1960 tenía 57.823 habitantes y desde 1960 a 1970 perdió 15.000 habitantes (el 25% de su población), desde entonces la tendencia no ha cambiado; entre 1970 y 1980 pierde otro 26% de serranos que migran al Levante, Cataluña y las Islas Baleares principalmente, hasta llegar a los aproximadamente 23.000 habitantes que tiene actualmente. Ciertamente, muchos de nosotros podemos recordar los pueblos con más habitantes, más niños en las calles y las escuelas, más vida. La despoblación es una amenaza cierta para muchos pueblos de España, y los datos que acabamos de exponer así lo confirman incuestionablemente también en nuestra tierra. Sin embargo, los datos sociodemográficos oficiales de que disponemos, permiten afirmar que los únicos pueblos que no tienen riesgo real de despoblamiento actualmente son Puente de Génave, Beas de Segura y Arroyo del Ojanco.

Tal vez algunos de ustedes desconozcan que Puente de Génave y Arroyo del Ojanco son los dos pueblos con mayor crecimiento vegetativo de la Sierra. Como saben, este índice refleja el aumento o descenso de la población que se produce como resultado de la diferencia entre los nacimientos y las defunciones. El crecimiento vegetativo de nuestro pueblo es ligeramente negativo (-1,42), pero muy positivo si lo comparamos con el de Villarrodrigo (-26,44) o Benatae (-15,32), que arrojan unas cifras dramáticas y que, de no revertirse pronto esta tendencia, en dos generaciones aproximadamente estos pueblos estarán desiertos y abandonados. El caso de Villarrodrigo en dramático, en 1950 tenía 2.181 habitantes y en 2022 sólo 375. Por el contrario, desde el año 2000 nuestro pueblo ha ganado población. En 1981 tenía 1.851 habitantes y desde entonces, hasta el momento actual, su censo se ha incrementado en 324 habitantes.

Villarrodrigo

Otro indicador muy significativo del estado de nuestro pueblo, en relación al resto de la Comarca, es el denominado saldo migratorio que, como saben, describe la diferencia entre las entradas por migración y las salidas por el mismo motivo. En este índice, el Puente de Génave (6,65) y el Arroyo del Ojanco obtienen los mejores resultados, con índices positivos que señalan que las entradas superan a las salidas, mientras que los peores resultados los obtienen Torres de Albanchez (-37,06) y Villarodrigo (-33,65).

Otro índice al que hice alusión al inicio de mi intervención, nos muestra nuevamente una situación optimista sobre nuestro pueblo, me refiero al índice de envejecimiento que, como saben, describe el porcentaje de población mayor de 64 años sobre la población menor de 16 años. Puente de Génave es el pueblo de la comarca que tiene los mejores resultados (125,9%), ligeramente inferior a la media nacional (137%), seguido de Beas de Segura (146,2%), mientras que, en el polo opuesto, los pueblos con mayor tasa de envejecimiento son Benatae (358,3%) y Villarrodrigo (500%).

Atención a mayores.

Como ven, desgraciadamente, estos dos pueblos vuelven a arrojar los datos más negativos de la comarca, cuestionando nuevamente su viabilidad futura en pocos años. Tengan en cuenta que un índice de envejecimiento como el que tiene Villarrodrigo, del 500%, significa que por cada menor de 16 años hay 5 personas mayores de 64; del mismo modo, en Benatae, por cada menor de 16 años hay 3 personas con más de 64 años aproximadamente. Como saben, el índice de envejecimiento es el resultado de interacción de dos factores: una tasa de natalidad que está en mínimos históricos, de sólo 7 nacimientos por cada 1000 mujeres (en 1960 era de 21) y una esperanza de vida que cada año aumenta más (en España, en 2024 era de 84 años, la más alta de la Unión Europea). En otras palabras: cada año nacen menos niños y hay más ancianos.

Para no aburrirles ni abrumarles con más datos, el último de los índices que quiero analizar es la tasa de dependencia que, como saben, es un índice demográfico que expresa la proporción de personas dependientes (los menores de 16 años o mayores de 65) sobre la población en edad de trabajar (los que están entre 16 y 64 años). El resultado es un porcentaje que indica que cuanto mayor es, más carga tiene la población en edad de trabajar. El Puente (58,47%) tiene la sexta mejor cifra después de el Arroyo del Ojanco, Torres de Albanchez, Hornos y Orcera de los 13 pueblos de la comarca. Este es el único los datos que sitúan a nuestro pueblo dentro de la media de la comarca. Nuevamente, Benatae y Villarrodrigo son los pueblos en los que mayor es la tasa de dependencia; en concreto, Benatae tiene 68 dependientes por cada 100 habitantes y Villarrodrigo 74.

Espero no haberles aburrido con tantos datos que tenían un objetivo principal: justificar la afirmación que he hecho al inicio de mi intervención, se la recuerdo: el Puente de Génave es el pueblo con más futuro de la Sierra.

En suma, los resultados que les he expuesto están extraídos de las estadísticas oficiales del Instituto de estadística y cartografía de Andalucía, dependiente de la Consejería de Economía, Hacienda y Fondos Europeos de la Junta de Andalucía. Estos datos demuestran que nuestro pueblo es el que tiene un mayor crecimiento vegetativo, el segundo menor índice de envejecimiento, la tasa de dependencia está por debajo de la media de la comarca y finalmente, también tiene el segundo mejor saldo migratorio. Este es el resultado complejo de muchos factores que no es éste el momento de analizar, pero si deseo aprovechar esta oportunidad para reconocer el trabajo que han hecho durante tantos años los vecinos de este pueblo, así como las corporaciones municipales de todos los signos políticos.

Por último, el honor que me han concedido en este acto, no tiene nada que ver para mí con los méritos personales o profesionales que humildemente pueda tener, si no que quiero creer que ha sido fundamentalmente porque en mi persona se ha invitado a dar el pregón y dar voz a una generación, que debió emigrar durante los años sesenta y setenta del siglo pasado, para poder formarse, dejando atrás a sus familias, amigos y a su pueblo, donde estaban sus raíces. Esa generación de la que les hablo, de la que hoy ya algunos están jubilados, debieron enfrentarse, con pocos recursos, a la lejanía de sus familiares. Todos ellos han tenido carreras profesionales exitosas y han seguido una tendencia social que en las últimas décadas se ha roto, me refiero a que todos ellos han tenido mejores situaciones sociales y económicas que sus padres, algo que, para las nuevas generaciones, por desgracia, será difícil lograr; el futuro es, posiblemente, menos generoso con ellos de lo que fue con todos nosotros.

Paco Martínez. Pregón 2024

En nombre de esa generación que en los sesenta y sesenta del siglo pasado debió emigrar, y guarda en su memoria emocional esos recuerdos de las fiestas de San Isidro, en nombre de Mª Gloria García, Mª Elena Serrano, Antonia Chinchilla, Teresa Vélez, Mila García, Marina Garrido, Loli Orpez, Ángela Teruel y Pepa Gallego y también en nombre de José Carlos Real, Francisco Gabriel Molina, Beltrán Pérez, Manolo Real, Francisco Javier Carrasco, Luis Navarro, José Antonio Molina y de Pedro Martínez.

Muchas gracias por su atención.

VIVA PUENTE DE GÉNAVE y VIVA SAN ISIDRO.

jueves, 31 de octubre de 2024

ASÍ EMPEZÓ " EL PUENTE "

PRIMER NÚMERO DE LA REVISTA "EL PUENTE"

-Algo que nunca debió desaparecer.

Existen cosas en los pueblos que, prácticamente sin querer, se convierte en algo propio y que da identidad y unión como pueblo. Los vecinos, año a año, se van identificando con estas dinámicas y llegan a considerarlas como suyas y cuando desaparecen siente que algo que les pertenece se pierde, a veces sin razón aparente ni explicable, sintiendo una sensación de vacío pues aquello que los ha identificado durante tanto tiempo ya no está. Esto es lo que ha ocurrido en nuestro pueblo con la publicación "El Puente" o como se le denominaba ahora "Nuevo Puente". 

Esta publicación se había convertido en referente municipal y punto importante de información de diversos ámbitos de Puente de Génave, Peñolite y de El Tamaral, no sólo de momentos importantes como pueden ser sus fiestas, anuncios o mejoras, sino también de sus costumbres, historia o vida cotidiana. Quién de los ciudadanos de nuestro pueblo no ha ojeado alguna vez esta publicación, quién no se ha entretenido en leer alguna curiosidad o noticia que incluso les podía afectar.... Se podrá decir que los tiempos cambian, que ahora todo se informa o publica por internet, cierto, pero alguien de los responsables que han decidido no dar continuidad a este proyecto se ha preguntado si la población de nuestro pueblo, mayoritariamente gente mayor, tiene acceso a tales tecnologías y por lo tanto acceso a una información abierta a la realidad de su pueblo. Desde este blog queremos lanzar un llamamiento a quienes, desde la corporación municipal, han tenido la voluntad de suprimir esta histórica publicación a que reconsideren su decisión y vuelvan a abrir este canal informativo a aquellos que quieran trasmitir información o cualquier particularidad que tenga que ver o afecte a nuestro pueblo. Cerrar canales de información y de difusión cultural nunca va a contribuir a que nuestra sociedad progrese y nunca será positivo que se le pongan barreras al conocimiento e información a aquellos ciudadanos que viven en Puente de Génave.

Sirva pues la publicación de este primer número, el número cero de esta publicación, el 5 de julio de 1991 como homenaje aquellos que de una ilusión crearon una idea y de una idea fueron capaces de llevar a cabo una realidad. Lo que es del pueblo, surge del pueblo, lo hace la gente del pueblo, no hay ni razones ni motivos para dejarlo morir.















































































lunes, 14 de octubre de 2024

13º Premio Domingo Henares. ADELFAS Y DIGITALES (2ª parte)

Presentamos la segunda parte del relato ganador del XII Concurso de Relato Histórico Domingo Henares escrito por D. Miguel Ángel Carcelén Gandía, centrado en las intrigas entre caballeros, servidores de Dios y nobles cortesanos en pleno dominio de la Sierra de Segura por la Orden de Santiago.

ADELFAS Y DIGITALES.

---------continúa......................

La muchacha pareció dudar:

-Sesenta cruces...

-Sesenta y cuatro -corrigió el fraile.

-Sesenta y cuatro cruces labradas en piedra del tamaño que imagino debieran tener para resultar de utilidad supondrían un descalabro para nuestras arcas, no muy boyantes, como bien sabéis. No son nuestras tierras ricas en piedra ni en maestros canteros.

-Todo está pensado, señora. La orden de predicadores dispone de afamados talleres en San Esteban -piedra noble salmantina- que trabajarían para tan pío fin por un monto simbólico. Me he tomado la molestia de comentarlo con el padre general y no encuentra inconveniente alguno, de hecho, una cantidad importante de cruces podría ser inmediatamente trasladada, por ser la obra que más se trabaja.

Cruz de piedra

Isabel, cuya juventud no llevaba aparejada inexperiencia, intentaba escudriñar las verdaderas razones de la propuesta y del ofrecimiento. Por bajo que fuese el precio las ganancias serían para los frailes y, de paso, obtendrían una promoción por todas sus tierras que serviría para frenar la pérdida de popularidad frente a los franciscanos. Estos acababan de dedicar a las afueras de Orcera un nuevo monasterio a Santa María de la Peña, una talla gótica que, según la leyenda, había sido encontrada en una cueva cercana por un labrador. “Los hombres de la sierra -recordaba haberle oído decir a fray Pedro-, son gentes extrañas: prefieren los harapos de los frailes menores a nuestra cuidada oratoria”. Sesenta y cuatro cruces de factura dominica con santos del gusto del pueblo ayudarían a recuperar prestigio. Bien veía la muchacha que la oferta no era del todo desinteresada, no obstante, tampoco dejaba de tomar en consideración que resultaba más rentable que la del capitán.

-¿Podemos ahora conocer el ofrecimiento del capitán? -se interesó el preceptor.

Don Fernando se había limitado a sugerir la construcción de portazgos en lugares estratégicos de las cañadas. Sus hombres los custodiarían y se encargarían de recaudar el dinero del peaje, de esa forma se aseguraba el que procurasen que los ganados no se despistasen fuera de sus rutas: a más rebaños, más dinero. El preceptor habló intentando ser objetivo:

-Las tierras de Orcera y, por ende, de toda la sierra, ganarían en seguridad, dadlo por descontado, y recuperaríais algo del dinero que los zagales, con sus embustes acerca del número de cabezas, os trapacean. Por otra parte, levantar portazgos, aun siendo menos que cruces, será mucho más costoso...

-¿Entonces? -casi exigió una conclusión Isabel.

-Tener contentas a las tropas es la primera obligación de cualquier gobernante; en este caso el capitán y sus hombres hacen las veces de tropa -aconsejó el anciano para irritación del fraile, que no quiso zanjar ahí lo hablado:

-Tener contento a Dios es la primera obligación de cualquier gobernante temeroso de su nombre.

Rebaño de oveja segureña

La señora prometió sopesar con tranquilidad ambas alternativas y los autorizó a marcharse, que era su cortés manera de echarlos.

Por la galería interior que bordeaba el compluvio se les oyó discutir mientras se alejaban; el clérigo recriminaba al preceptor el que no se hubiese puesto de su lado y el anciano se excusaba argumentando que, a fin de cuentas, Isabel haría más caso a la opinión de los que calentaban su cama que a la suya. Fray Pedro quedó pensativo.

El capitán no podía desaprovechar ésta su, posiblemente, última oportunidad. Toda la vida batallando y coqueteando con la muerte para acabar con una exigua pensión de tres onzas anuales. Bien es cierto que con un mínimo de previsión podría haberse asegurado una vejez más que digna, pero su afición a las casas de lenocinio de Villanueva y a los dados habían podido más que los buenos propósitos. Orcera, con seiscientas casas y dos mil habitantes, un escribano, cuatro sacerdotes y gente pobre, permitía a don Fernando sentir un cierto agobio, una estrechez que no tenía en Alcaraz, por ejemplo, donde la tradición hacía atracción de talentos y de jóvenes más capaces para el pensamiento que los vecinos de Orcera, ocupados en procurarse para cada día el alimento, encajados entre dos monasterios, de franciscanos mendicantes uno de ellos y de monjas el otro, bien abastecido éste desde la capital. Allí podía el capitán esperar que nadie le imputase delito alguno de sus antiguas correrías, que su fama era conocida desde que hacía años su familia se instaló cerca de lo que llamaban la huerta de Maravillas, por lo que como retiro no le disgustaba el lugar de Orcera. Urgía, por tanto, convencer a la señora para que se decantase por la construcción de los portazgos. Ya había convenido con todos los maestros albañiles a los que les pudiera ser encomendado el trabajo el corretaje que le correspondería. Esa cantidad sumada a lo que sus hombres de confianza le desviarían del pago del peaje le harían más llevadero el inminente retiro. No dudó en hablar con Serótido, el fornido mozo de caballerizas criado en el castillo de la Yedra, para engatusarlo:

Orcera

-Es pena que alguien como tú desperdicie su valía entre paja y estiércol. Me vendría bien contar contigo entre mis hombres, la paga es buena.

Al muchacho se le iluminó el semblante:

-Poco sé de armas, pero no soy tardo en aprender. ¿Cuándo podría incorporarme?

-Tan pronto la señora autorice el levantamiento de los portazgos, supongo que habrás oído hablar del asunto... Si tú pudieras hablarle de la conveniencia de apresurar los trámites...

-¿Yo?, ¿cómo?, no tengo palabrería, no sería capaz de...

-Si has sabido meterte en su cama, no te será difícil empresa menos costosa. Tú sabrás lo que te conviene.

Y el capitán no añadió más. El muchacho, tras desdibujar el sonrojo que le produjo verse descubierto, caviló estrategias irrealizables.

Fray Pedro pecó de imprudencia al hablar con el padre general dando por sentado que recibirían el encargo de las cruces. La promesa de una capellanía vitalicia en una ciudad principal sobrevoló toda la conversación; envalentonado, el fraile accedió a que se pusiese en camino el envío tan pronto fuese posible. Los días pasaban y la señora no se decidía. Cuando el fraile conoció que desde la Casa se había pedido tasación a los más reputados maestros albañiles de los contornos, sintió un amago de bilis en la garganta. Habló con Martín de Ireñu, novicio de belleza lánguida con quien compartía credo y, a veces, lecho. Le expuso la situación drásticamente y, con disimulos evangélicos, creyó convencerlo de que por el bien del Reino de Dios y de la Orden de Predicadores había que sacrificar ciertos principios. Esa misma noche Martín fue el encargado de encender el cirio que en los aposentos de Isabel iluminaba la imagen de Santo Domingo de Guzmán.

Santo Domingo de Guzmán

-¿Habéis relevado a fray Pedro? ¿Acaso no se encuentra bien? -quiso saber ella.

-No del todo -mintió, tímidamente, el novicio.

-¡Cuánto lo siento!... A decir verdad, no lo siento, he salido ganando con el cambio -la descarada muchacha había reparado en la azul inocencia de los ojos de Martín. Harta de la insistencia de Serótido en el tema de los portazgos acarició la idea de pasar la noche con distinta compañía.

El joven no opuso ninguna resistencia a su ensayo de seducción y acabaron entrelazados reinventando la magia de la pasión.

Casi de madrugada Isabel todavía acariciaba los rizos dorados de Martín:

-¿No creía que los religiosos disfrutarais de tan portentosas capacidades amatorias?

-Todavía no soy religioso, sólo novicio, y he pedido a fray Pedro unos meses para reconsiderar mi vocación -mintió tal y como le había pedido el taimado dominico.

-Mejor así, no me encontraría cómoda pecando doblemente. Por cierto, ¿no te habrá enviado para que me hables de las maravillas de sus cruces salmantinas? Últimamente todo el que me requiere de amores no lo hace sino para convencerme de algo.

-Estoy al tanto de esos manejos y no soy quien para inmiscuirme. Como modesto consejo diría que habéis de hacer lo que os dicte la conciencia; sin poder ser objetivo añadiría que, como bien podréis suponer, preferiría ver los caminos ornados de cruces que no de gente armada.

Isabel de Osuna se conmovió ante tal sincera confesión (así se lo hizo creer el candoroso gesto del novicio) y, un tanto irritada por la muy poco disimulada e interesada actitud de su hasta entonces favorito, Serótido, decidió consentir con la propuesta de fray Pedro.

Las cruces llegaron a espigar las tierras de Isabel de Osuna en la Sierra de Segura el mismo día que se la nombraba regidora. No pudo disfrutar la regidora de Osuna en demasía de su nuevo título debido a que el capitán, en un arranque de rabia demasiado tiempo postergado, le descubrió a su señora el engaño del novicio, de quien se había enamorado perdidamente, no siendo correspondida.

Fray Pedro, capellán en Jaén, supo con retraso que su antigua señora, humillada y resentida, había ordenado decapitar todas las cruces encargadas por él, todas excepto la erigida junto a los dos mascarones que sostenían el frontón del monasterio de Santa María de la Peña, mascarones flanqueados por figuras masculinas que, a su vez, aguantaban pináculos, y sobre el tímpano, figuras desnudas con cuernos, algunas de las cuales, según leyenda popular, estaban inspiradas en los rostros de algunos moriscos que poblaron la sierra tras la expulsión de sus paisanos.

Ntra. Sra. Santa María de la Peña

La cruz que se sustrajo a la furia de la nueva regidora se erigió en emblema de la Casa y, por ende, de Orcera, si bien no persistió en el tiempo su predicamento.

Fuese por la belleza de la cruz, fuese porque la señora quiso castigarse con un tan grandioso recordatorio de su ingenuidad, lo cierto es que se libró del infortunio del resto.

Hasta aquí lo referido por la tradición y las crónicas de forma coincidente; el resto es, más bien, confuso.

Unos, los menos, sostienen que Martín fue asesinado por orden de la despechada amante y que los cielos no quisieron dejar pasar sin castigo una tal doble afrenta -destrucción sacrílega de cruces y homicidio de un consagrado- y enviaron una mala y silente muerte a Isabel.

Otros, los más, consideran en mayor grado creíble que fray Pedro, por celos y deseos de sepultar su pasado, negase a Martín el reingreso en el noviciado y que éste, loco de desesperación, regresase al lado de la señora. Como tardía expiación convirtió su lecho de pasión en muerte poniendo en el pebetero de la mujer y sobre el cirio dedicado a Santo Domingo unos pétalos de adelfas y digitales. Los vapores venenosos no consintieron que la pareja llegase a consumar su enésimo acto de amor o desamor.

A Isabel de Osuna, última señora de la Casa, se le dio cristiana sepultura en la nave central del Monasterio de Santa María de la Peña, construida su torre del campanario con los restos de un torreón del castillo de Orcera, el veinticinco de abril de mil seiscientos dieciséis, según consta en el tomo primero, folio veinticuatro vuelto, del libro de defunciones de la misma.

A Martín de Ireñu se le negó tierra sagrada; su cadáver fue enterrado, sin ningún tipo de señal, por un piadoso gañán cerca de la cruz que recordaba a todos los habitantes de Orcera la equivocación de doña Isabel. El improvisado sepulturero, al concluir, rezó al san Miguel de la misma -por considerarlo más milagroso que san Cristóbal- un padrenuestro por el alma del difunto.

Los braceros que a finales de siglo removieron la tierra para asegurar los cimientos de una nueva dependencia sagrada, encontraron el cuerpo incorrupto de Martín de Ireñu con brotes ajados de adelfas y digitales entre sus dedos. Por no desairar a los cielos lo trasladaron con sigilo a donde no molestase, por no desairar a la tierra no dieron cuenta del suceso al maestro albañil.

Siglos más tarde, en el 1733, Juan de Lezuza vigilaba la remodelación de una de las capillas exentas –una especie de ermita dedicada a San Cristóbal, pues quien financiaba la obra procedía de Puente de Génave, villa que tenía por santo patrón al mencionado- cuando sus hombres le avisaron del descubrimiento de un cuerpo incorrupto con extrañas plantas en sus manos. Unos rezos al Santísimo Cristo de la Buena Muerte quisieron aliviar su conciencia por esconder nuevamente el cuerpo sin dar aviso a las autoridades religiosas de Orcera.

Miguel Ángel Carcelén

Nadie sabría decir si la momia con la que todavía se asustaba, a principios del siglo XX, a los niños de la Sierra de Segura y que fue desenterrada por milicianos en las inmediaciones de la ermita tocando a su término la Guerra Civil española, corresponde al cuerpo de Martín de Ireñu.

Josefa, la de Arroyo del Ojanco, anciana hoy y niña en aquellas tristes jornadas, recuerda que su padre, uno de los milicianos, le habló de la belleza marchita de las adelfas que agarraba con fuerza la momia.