lunes, 30 de noviembre de 2020

9º Premio Domingo Henares. EL ORIGEN DEL NOMBRE DE LOS CAMPOS DE HERNÁN PELEA (1ª parte)

Como va siendo tradición, en este blog, queremos dar difusión al relato ganador del premio Domingo Henares de Relato Histórico convocado por el Ayuntamiento de Puente  de Génave, en este caso en su novena edición, y que recayó en el relato de nuestro amigo Pedro Pablo Cano Henares que se centra a través de una narración histórica sobre diversas escaramuzas y combates entre los musulmanes de las tierras cercanas del Reino de Granada y los moradores de las antiguas aldeas de la Sierra de Segura y que dieron origen a la denominación de Campos de Hernán Pelea a esa gran altiplanicie cercana a Santiago-Pontones. Esperamos y deseamos disfruten de esta interesantísima narración que presentamos en dos entregas debido a su extensión.


Pedro Pablo Cano Henares
Pedro Pablo Cano Henares

EL ORIGEN DEL NOMBRE DE LOS CAMPOS DE HERNAN PELEA.

Habitaba en El Hornillo un hombre rudo y valiente de nombre Hernán Martínez; era hijo de Martín Hernández, uno de los primeros vecinos que hicieron y poblaron casa en el lugar de El Hornillo. Había nacido, como su padre y abuelo, en la villa de Siles, a los que siendo un niño acompañó desde ella al dicho lugar, que nombraron El Hornillo por haber hecho un horno junto a una fuente buena. Dicho horno lo había mandado hacer su abuelo, Hernán Sánchez, junto a su hermano menor, Asensio Sánchez. Le habían puesto por nombre el del abuelo por el gran parecido del nieto al abuelo: ambos eran rubios y de gran altura y fortaleza. Eran todos ellos señores de ganado de la dicha villa de Siles, ricos hombres, y su abuelo fue nombrado en sus tiempos caballero de Sierra; este era hombre de mucha honra que ganó, junto al Maestre Rodrigo Manrique, en la toma que hizo éste de la villa de Huéscar, al que acompaño y de la que obtuvo gran botín del que, especialmente, guardaban como joyas la descendencia del caballo semental y las tres yeguas que su abuelo les arrebató a los moros tras una escaramuza en una alquería en el cerco de la villa de Huéscar.

Era este Hernán Martínez de carnes apretadas, pero bien proporcionado de una gran altura, largos brazos y piernas; era Hernán conocido por su gran fuerza y arrojo, no sería la primera vez que levantara a su caballo a horcajo entre risotadas gritando “tú me llevas a mí y yo a ti”; para él, su caballo era como una extensión de sí mismo; era descendiente de aquel semental y yeguas que ganara su abuelo a los moros de Huéscar, de pura raza, de orejas enjutas y pequeñas, cara descarnada y grandes narices que absorbían los aires puros de la Sierra. Ojos negros como la pez, saltones, que parecía que se salían de sus órbitas, con un gran cuello largo y curvado, ancho pecho y cruz, de lomo recogido, redondas sus ancas, las costillas delanteras largas, que albergaban sus grandes pulmones capaces de largas galopadas, vientre escurrido y testículos redondos y recogidos, sus músculos bien marcados, finas y espesas crines que volaban con los aires altaneras como él, su cola gruesa en su nacimiento y fina y grácil en su punta, sus cascos fuertes, negros como sus ojos, y su pelo blanco como la nieve que los envolvía durante el invierno.

Santiago de la Espada, antiguamente El Hornillo

Este caballo era árabe puro, que ya quisieran para sí muchos señores de los moros de Granada; como todos los de su raza no era muy alto, y más cuando se juntaba con los caballos castellanos de la Orden, mucho más altos que él, pero a la carrera, ya fuera de corta o larga distancia, no había en todo el Común caballo que pudiera con él..

La figura de Hernán Martínez, montado en su caballo, era por todos reconocida, ese hombre montado a lomos de ese pequeño caballo enjaezado al estilo árabe, con una rica montura y sus largas trancas colgando casi a rastras, producía cierta risa por cómica, que sus vecinos se guardaban muy bien de demostrar en su presencia por respeto, primero, pero aún más temían la reacción y la fuerza de tal gigante, como muy bien sabían los moros de Baza como ahora veremos.

Fue su abuelo Hernán Sánchez, en su cabalgata hacia Huéscar junto al Maestre, cuando la primera vez que, con asombro, recorrió los ricos pastos veraniegos que albergaban los derredores del lugar del Hornillo, de los que ya había oído hablar a otros señores de ganado de la generosidad de estos pastos del extremo sur de la Encomienda. Estos estaban infrautilizados por la cercanía de la frontera granadina, de tal manera que, a la vuelta de la toma de Huéscar, el Maestre le concedió la merced de subir sus ganados a estos ricos pastos veraniegos; fue así como los señores del ganado de la villa de Siles, recorrían cada primavera las siete leguas grandes que les separaban de tan ricos pastos, y cada otoño regresaban a sus pastos invernales en los cuartos que la villa de Siles poseía en la Sierra Morena, esto fue así hasta que su hijo Martín, tras su muerte y junto a otros señores de ganados, construyó junto al famoso horno las primeras casas pobladas que dieron origen a la aldea, primero de El Hornillo y después villa de Puebla de Santiago, para quedar definitivamente como Santiago de la Espada.

Villa de Huéscar

Al viejo Hernán Sánchez le impresionó la abundancia de aguas, los amplios pastizales entre bosques de robles, pinos y encinas, la pureza de sus aires y el resguardo del lugar que lo hacía fácilmente defendible de las incursiones de los moros granadinos, ya que estos, para acceder a ellos, tenían que superar grandes puertos y aparecer en descubierto.

El viejo Hernán ideó un sistema de vigilancia preventivo, situando a sus mozos en lo alto de cerros estratégicamente escogidos, de tal modo que los moros eran avistados antes de terminar de subir los puertos, ya que antes de coronar éstos, los espesos bosques daban paso a altozanos carentes de árboles donde pudieran éstos aguardar celadas, y eran descubiertos; fue su ingenio el que ideó el sistema de alarma situando junto a los vigías unos grandes montones de leña mezclada con jumas verdes de pino que, al prender, liaban una gran humareda negra, visible desde todo el territorio, alertando de la presencia de enemigos. Su ingenio fue mucho más lejos ideando un sistema que consistía en tapar las lumbres con una gran manta, interrumpiendo las bocanadas de negro y espeso humo de tal manera que, según fueran estas bocanadas, podían decir por dónde venían los sarracenos, su número y hasta la clase de tropas que traían, previniendo a los cristianos y facilitándoles una rápida reacción para emboscar a los enemigos, de tal manera que cada vez eran menos los moros que se atrevían a subir los puertos.

Extensión de los Campos de Hernán Pelea

Tenía Hernán Martínez sobre las diecinueve primaveras cuando aconteció el hecho que le daría fama y honra. Hacía solo dos años de la muerte del abuelo, que no solo le había dejado en heredad el mejor de sus sementales, además le dejo su armadura y espada de caballero; tenía el abuelo debilidad por este nieto tan parecido a él en carácter y físicamente, que veía en él la prolongación de sí mismo. Desde muy pequeño se había preocupado en adentrarlo en el arte de las armas y era por entonces unos de los mejores escuderos de la encomienda de Segura, ya destacaba por su destreza con las armas pero, sobre todo, era un magnifico jinete, aventajado en la lucha a caballo.

Como hemos dicho, andaban los moros granadinos bastante apaciguados, ya sea por el temor al viejo Hernán o a su sistema defensivo, que llevaban unos años que habían desistido de subir los puertos para rapiñar los ganados cristianos, pero aquel año aconteció un hecho que altero el equilibrio en la frontera: era el 28 de febrero de 1482 y el marqués de Cádiz, D. Rodrigo Ponce de León y Núñez, se metió en la cocina del reino de Granada con la toma por sorpresa de la villa de Alhama; este acontecimiento llenó de euforia a las huestes castellanas, que cogieron el definitivo impulso para la conquista definitiva del Reino de Granada, como a los moros los llenó de rabia y ganas de revancha.

D. Rodrigo Ponce de León y Núñez

Ya finalizando la primavera, el alcaide de la ciudad de Baza, Aben-Zaid, con ánimo de revancha y buscando la gloria, conocedor de la muerte del viejo Hernán Sánchez, su enemigo, al que temía por su ingenio y determinación, pensó que era hora del desquite, y decidió enviar en una avanzadilla a su sobrino, junto a lo más granado de sus caballeros, a la Encomienda de Segura, pensando en ganar gran botín de ganados y ver la fortaleza de los cristianos para lanzar un ataque más serio y devolver a los cristianos el golpe de Alhama.

Encaminaron los catorce caballeros moros camino de los puertos, y enfilaron hacia Puerto Lézar, protegidos por los bosques. Iban los moros confiados ya que por este camino los protegía el bosque de la vistas indiscretas casi hasta lo alto del puerto, pero lo que no sabían era que Martín Hernández, nieto y heredero del viejo Hernán, tenía un mozo avispado, con vista de lince, vigilante en lo alto de la Morra de la Osa, que los divisó y rápidamente encendió la gran hoguera que tenía preparada, lo que provoco una gran bocanada de humo negro de las jumas verdes, para, a continuación, informar que eran catorce jinetes bien pertrechados los que subían el Puerto Lézar, a seguidamente se refugió en un covacho que, a este fin, tenía preparado.

A la primera hoguera rápidamente le siguieron otras dando el aviso de la incursión mora, hasta llegar al valle de El Hornillo, que aún no había sido construido, pero que ya era el lugar de refugio de la mayoría de pastores y señores de ganado. Martín Hernández había heredado de su padre no solo sus ganados sino también la responsabilidad de la defensa del lugar. Rápidamente juntó a todos los señores y mozos que allí había para salir al encuentro de las tropas granadinas, más sus preocupación era otra, ya que había mandado a su hijo Hernán a aquel remoto lugar para llevar ato y vigilar a los mozos que allí guardaban sus ganados, y sabía que el joven era decidido, más con la cabeza llena de hazañas que le había llenado su abuelo; temía no aguardara la llegada de refuerzos y arremetiera contra los moros, como finalmente ocurrió.

Paso del Puerto de Lezar

Al joven Hernán le encantaban estos lejanos pastizales, por lo que el encargo de su padre era para él un regalo. Le gustaba cabalgar sin descanso por aquel inmenso altiplano, conocía sus cerros así como sus llanos y, como era joven y osado, había explorado sus cuevas y simas, que abundaban en gran cantidad; le gustaba subir a lo alto del gran cerro al poniente, al que llamaban Banderillas; desde él se divisaba gran parte del territorio de la Encomienda de Segura: hacia poniente a sus pies veía el curso del río Aguamulas, con sus bravas aguas que correteaban raudas hasta el gran río grande, el Al-wādī l-kabīr de los musulmanes. En su unión sabía que había una mina de plata antigua, se decía que de los antiguos romanos, de la que aún extraía algo el concejo de Segura, la vista se perdía en el valle del río grande, que seguía su curso coleteando hacia la tierra de Hornos de Segura, con su rica vega, que por sí sola podía proveer de bastimento a toda la Encomienda; si miraba a entrante veía la verdadera magnitud de aquel altiplano prodigioso, que arrancaba con un interminable bosque de pinos y robles en la misma ladera del cerro en el que se encontraba, más en la distancia la vista se perdía en las hoyas que, como picaduras de sarampión, recorrían gran parte del territorio, en esta parte se mezclaban grandes manchas de bosque de pinos majestuosos, con tejos, robles y perpejones, con claros donde se daban los mejores pastos que uno pudiera imaginar.

Él conocía cada una de estas hoyas, que las había grandes y chicas en gran cantidad; algunas podían albergar un pequeño ejército a la celada que pasaba desapercibido, como bien le había enseñado su abuelo; la inmensidad de este altiplano era tal que, de no conocerlo bien, era fácil perderse, y había habido casos de gentes que estuvieron dando vueltas en él durante días hasta casi fenecer; pero él había tenido buenos maestros y conocía cada recoveco, sabía por dónde podía galopar sin miedo, como dónde había que tener extremo cuidado para no caer en la trampa que también eran esas hoyas y simas del terreno.

Cima del Banderillas

Cuando empezaron los borbotones de humo, estaba Hernán cerca de un lugar que llamaban Cueva Paria, que era una zona donde concentraban a las ovejas paridas, por su recogimiento y frescos pastos era ideal para las madres de su rebaño. Por las señales del humo supo que eran catorce caballeros sin ayuda de peones, ya que se trataba de una avanzadilla; sus mozos y peones sabían lo que había que hacer en estos casos y corrieron raudos a sus escondrijos a la espera de la llegada de la tropa principal, que vendría del valle de El Hornillo a no más tardar de tres o cuatro horas, la orden era abandonar los ganados y esperar agazapados sin perder de vista los movimientos del enemigo.

En cuanto Hernán tuvo conciencia de lo que ocurría, pensó rápido, como su abuelo le había enseñado, lo que haría el enemigo de estar él mismo en su situación; esta táctica era útil para adelantarse a los movimientos de los moros, como más adelante se demostró. Su primer pensamiento fue lo que pensarían los sarracenos al coronar el puerto y contemplar el espectáculo a sus pies. En esa época del año la mayoría de ganados estaban concentrados en ese extremo del altiplano por ser el más lejano, tenían la costumbre de ir recogiendo poco a poco a los ganados desde este punto que quedaba más al sur de su territorio, en dirección norte, pausadamente, agotando los pastos a su paso para terminar en el valle de El Hornillo ya cerca del otoño, cuando iniciaban su peregrinaje a los pastos invernales.

La visión de miles de ovejas, en su mayoría paridas, acompañadas de multitud de vacas y toros, junto a las mejores yeguas y sus potrillos, supuso para la tropa bastetana una aproximación del jardín de su paraíso; los moros, al contemplarlos y verlos desprotegidos, ya que mozos y peones, como tenían ordenado, habían desaparecido de su vista, no pensaron sino en la piel del oso sin haberlo cazado, y llenaron sus ojos de la cantidad de oro y honra que ganarían a la vuelta a su Baza natal.

Ganado pastando en los Campos de Hernán Pelea como antaño

Esta situación no era fruto de la casualidad, era una de tantas estratagemas defensivas del viejo Hernán, ya que al ver los ganados desprotegidos la tentación era tal que impedía a los moros avanzar, dando el tiempo que necesitaban las huestes castellanas para su defensa y, además, había una sorpresa nada grata para el enemigo: acompañando a los ganados se habían criado gran cantidad de mastines negros como la noche, si bien más pequeños que sus hermanos leoneses, en compensación eran más ágiles que estos; su color y temperamento los mimetizaba entre los matorrales, lo que hacía que pasaran desapercibidos para lobos y saqueadores hasta que ya era demasiado tarde para aguantar sus acometidas, de tal modo que mantenían a lobos lejos de los ganados y a los enemigos les podían causar más daño que otro tipo de tropas; así eran considerados estos perros gladiadores.

Los moros se apresuraron a lanzarse sobre los ganados, su intención era reunir el mayor número posible de ellos y coger camino de regreso a su querida Baza. Nada más descender el sendero que bajaba del puerto, espolearon sus caballos en dirección a un sitio recogido al que los cristianos llamaban la Raja, era este lugar una gran planicie rodeada de farallones a modo de corral, por lo que se podía utilizar como tal y su idea era esta: concentrar los ganados allí dejando a alguno de ellos de custodia, mientras los demás recorrían el terreno juntando más ganado para llevarlo hasta este lugar y desde allí emprender camino de regreso.

Campos de Hernán Pelea

Esto mismo pensó el joven Hernán que serían sus movimientos de estar en la piel de sus enemigos, por lo que se dirigió a lomos de su magnífico semental en dirección a este lugar, sin prisa, a trote corte para que los enemigos, aún bajado la vereda del puerto, no lo pudieran detectar. Cerca de la paridera se encontraban las hoyas más grandes y profundas, la mayoría cubiertas de un espeso bosque: este se encontraba en un margen del camino natural que conducía desde la Raja hasta la paridera. Dedujo que una vez los moros hubieran dejado un retén en la Raja al cargo de los primeros ganados allí reunidos, uno de los sitios al que primero se encaminaría sería a la paridera de la Cueva, ya que allí estaban las mejores ovejas con sus crías, por lo que decidió bajar a esta hoya y esperar, emboscado, a sus enemigos.

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lunes, 16 de noviembre de 2020

LA FUENTE VIEJA. AHORA SÓLO UN RECUERDO

Nuestro pueblo conserva muchos rincones, lugares y parajes que guardan extraordinaria belleza, al tiempo que son emblema y divisa de la singularidad de nuestro pueblo y orgullo de su tradición y sus gentes. Pero hay otros que no han logrado perdurar en el tiempo, como es el caso de la añorada Fuente Vieja, que para los puenteñ@s era algo más que una simple fuente donde calmar la sed. En el siguiente artículo, Pedro Ruiz Avilés, hace una perfecta loa a este emblemático lugar al tiempo que intenta reivindicar su futura rehabilitación por las autoridades locales, sentimiento al que se suman todos los puenteñ@s, para conseguir que la Fuente Vieja deje de ser un recuerdo para volver a ser una realidad.  

BEBER AGUA FRESQUITA

“Lleváronse tus hadas

El lino de tus sueños

Esta la fuente muda

Y está marchito el huerto

Solo quedan lágrimas

Para llorar…¡No hay que llorar!”

(Antonio Machado, muerto de añoranza en el exilio en Colliure –Francia-)

Antes de que el agua potable de Los Prados de San Blas llegase a nuestros domicilios existían en nuestro pueblo media docena de fuentes: la mitad de uso mixto para consumo humano y para abrevar las bestias, y la otra mitad para exclusivo consumo humano. Pero indudablemente la más recordada por los que ya somos mayores es la Fuente Vieja*.

Ultimo aspecto de la Fuente Vieja

Enclavada entonces en los confines del pueblo. Se accedía a ella por varios caminos del pueblo: un caminillo terrero que partía de la carretera N-322 y dejaba a su derecha una huertecita con una higuera y chopos y álamos del arroyo Peñolite; una segunda que dejaba atrás la carretera, se adentraba en los llanos de La Vicaría y se llegaba a ella por la Vereda o Camino Real pasando un puentecillo; y la tercera que traspasaba los corrales de la calle del arroyo, y al lado, junto al citado puente, se hallaba el manantial. Justo en la confluencia del nombrado arroyo Peñolite con el de Las Canales o Canalejas.

Puente que daba acceso a la Fuente Vieja

Nuestra Fuente Vieja sirvió durante más de dos milenios como un espacio de descanso, concentración y lugar de abrevadero de viajeros, caminantes, trajimanes, partidas y ejércitos de diversa clase y condición, viajando desde las “Andalucías” a Murcia, Cartagena, Valencia o Tarragona. Su ubicación estratégica próxima a uno de los vados más importantes para el paso, en especial en invierno, del entonces más caudaloso río Guadalimar a través del Puente Viejo, por las calles Nueva y del Arroyo que forman parte de la Vía o Camino Real que enlazaba Levante con Andalucía y viceversa, la convertía en ineludible parada.

Por ejemplo, y según cuenta el historiador Plinio, acamparon en los llanos, y bebieron pues de su agua, los caudillos cartagineses Asdrúbal y el gran estratega Aníbal, con su ejército y los 38 elefantes guerreros camino de su, al final, fracasado intento de conquista de roma. Como también en su retirada hacia Gades (Cádiz) vencidos, y perseguidos, por Plublio Cornelio Escipión. Este general romano también debió pasar un tiempo (209 a.C.) con sus tropas bebiendo y aprovisionándose de agua de la fuente, ya que estableció un campamento en las cercanías del Arroyo del Ojanco (Los Baños).

Imagen de la construcción del Puente Viejo

Con más seguridad pasó, y se avitualló hasta ocho veces, San Juan de la Cruz, mandatado por la madre superiora Santa Teresa de Jesús para fundar los dos conventos carmelitanos de Caravaca (Murcia). Al no poder ésta asistir, obligada a marchar con urgencia a Sevilla.

Igualmente, hicieron parada de ida en la Guerra de la Independencia los ejércitos napoleónicos al mando del mariscal Dupont, y de vuelta tras su humillante derrota por las tropas españolas y sus aliados en Bailén. Y que dejarían cumplidas muestras de venganza quemando pueblos y villas de nuestra bella Sierra de Segura. Y es muy cierto pensar que el general Prim y su amigo el Marqués de Vinent, hicieron el kilómetro que los separaba desde la finca de La Vicaría hasta la fuente para beber el agua fresquita de la Fuente Vieja.

La Fuente Vieja
Más documentado estaría el paso, y estancia, durante la Guerra Civil del general republicano Miaja, y de parte de las Brigadas Internacionales dirigiéndose desde Albacete hacia el frente de Lopera y Andújar con la pretensión, no lograda de recuperar Córdoba y Sevilla. Con ellos viajó un afamado poeta. Miguel Hernández, que aprovechó un rato de descanso para dar un recital en la colectividad existente en nuestra aldea de El Tamaral.

La función hídrica de nuestra fuente no se interrumpió ni en los duros años de “pertinaz sequía” como la llamó un cursi en la postguerra (1939-47), y siguió manando agua, después dotada, ya en los pasados años setenta al remodelarse tras una inundación con sendos grifos en sus caños. Era todo un espectáculo contemplar, en cualquier hora y estación, a recias mujeres con sus cántaros en los ijares, niños con un par de botijos, o caballerías con damajuanas aprovisionándose de agua fresquita.

Situación de la Fuente Vieja respecto al casco urbano de Puente de Génave

Desgraciadamente hace unos años, una alevosa tormenta colmó el arroyo Peñolite, y esta vez la riada se llevó por delante la fuente. Un icono e imagen señera del Puente se perdía sin remedio. Pero muchos paisanos no nos resignamos a su pérdida definitiva. Por ello solicito a los representantes en las instituciones municipales que realicen las gestiones oportunas para conseguir devolver al pueblo su icono perdido, procediendo a la rehabilitación de la fuente, y si es posible de su venero, pues hay quien dice que lo destruyó la riada. El lugar que propongo para situarla sería en el parque que se ha habilitado justo enfrente, a la otra orilla del arroyo, creando junto a la escultura al aire libre que resultó premiada de las amapolas, y junto con unos cuantos bancos y árboles para la sombra, crear un espacio placentero para el reposo, conversaciones y charloteos varios. Y todo acompañado de un cartel explicativo, al estilo del existente en nuestro hermoso Salto de San Blas. Urbanitas, tenemos varios, y buenos en el pueblo, es por lo tanto cuestión de buscar financiación y pedirles que presenten una oferta que sea irrechazable. Pues, venga, sin más dilación. ¡manos a la obra!.

Pedro Ruiz Avilés. 2019

(*) Este escrito es un relato-leyenda y, por tanto su contenido puede no ser verdad. O sí.  


viernes, 30 de octubre de 2020

JORGE MANRIQUE. EL POETA GUERRERO DE SEGURA DE LA SIERRA

Insistiendo en el artículo publicado recientemente en el que se argumentaba sobre la veracidad de situar el nacimiento del destacado poeta del medievo español, Jorge Manrique, en la localidad de nuestra comarca Segura de la Sierra, volvemos a recoger más explicaciones y argumentos en el escrito del destacado historiador de nuestras tierras D. Genaro Navarro, quien realiza, en el siguiente artículo, una minuciosa explicación de las razones que le permiten asegurar que dicho poeta no nació en la localidad palentina de Paredes de Nava, como aseguran algunos, y si lo hizo en nuestra comarca, en Segura de la Sierra, que fue el lugar de residencia familiar y donde realizó muchas de sus extraordinarias composiciones literarias. 


SEGURA DE LA SIERRA, LUGAR DE NACIMIENTO DE JORGE MANRIQUE.

Ni los hechos y convulsiones internas que agitan a Castilla durante los reinados de Juan II y Enrique IV, época de transición en la que vivieron los Manrique y que presagia ya el Renacimiento, ni el refinado ambiente intelectual característico de aquella sociedad, en la que este noble linaje ganó tanta fama y gloria a través de las armas y las letras, ni aun siquiera la figura y personalidad de don Jorge y la suprema belleza de las Coplas a la Muerte del Maestre de Santiago, «maravilla literaria, tan única en la literatura como el Cantar del Cid o el Quijote», mueven hoy nuestro interés, estrictamente ceñido a espigar en campo ajeno datos y noticias sobre las que sustentar la tesis del posible nacimiento del gran poeta en Segura de la Sierra.

Placas conmemorativa a Genaro Navarro en Segura de la Sierra

A este propósito hemos consultado la «Antología de los Manrique», de Joaquín de Entrambasaguas, la «Crónica del Halconero», de Juan II, el prólogo de Augusto Cortina a la Obra Completa de Jorge Manrique, y, sobre todo, son de inapreciable valor los materiales acopiados por Antonio Serrano de Haro, escritor y diplomático vinculado afectivamente a la tierra jaenera, en su libro «Personalidad y destino de Jorge Manrique», libro admirable en el que con rigor histórico, seriedad de investigador y amplia erudición y dignidad de estilo, ha llevado a cabo una investigación tan profunda y minuciosa de la vida y obra del célebre poeta y guerrero, que, como ha escrito Vázquez Dodero, sus páginas «son el fruto de un trabajo tenaz, realizado con alma ecuánime y con mente clara, apasionada por la verdad». El ambiente histórico-político en que crece don Jorge, la mentalidad de la época, con sus altos ideales caballerescos, la vida privada, el círculo familiar, el lugar de nacimiento... nada se sustrae a la aguda pesquisa y examen crítico de Serrano de Haro.

Pero ciñéndonos, como hemos enunciado, al punto concreto del lugar de nacimiento de don Jorge, partimos de la autorizada opinión de Serrano de Haro quien, sin establecerlo de manera rotunda y categórica, más bien parece inclinarse por señalar la cuna del poeta en Segura de la Sierra, ya que como literalmente escribe «no está, en efecto, nada claro que fuera Paredes de Nava», si bien, en tanto no aparezcan datos definitivos, prefiere mantener viva la ilusión local de la villa palentina, que no tiene más fundamento histórico que haber ostentado su padre el título de Conde de Nava.

En cambio, como el propio autor afirma, hasta 1440, en que por herencia de su padre no adquirió don Rodrigo el señorío de Paredes de Nava, no hay motivo alguno para pensar que fijara en este lugar su domicilio. Hasta esta fecha lo que sí parece evidente y claro es la presencia y permanencia del Maestre, en Segura de la Sierra, de la que fue Comendador ya, desde la adolescencia. Segura de la Sierra es frontera con el Reino moro de Granada, y hemos de ver más adelante, cómo los más resonantes hechos de armas del Maestre tienen por escenario aquellas ásperas montañas. Es el mismo don Rodrigo, en su testamento, quien dice: «yo gasté allí lo más de mi tiempo según los trabajos en que anduve». Abundando en este orden de consideraciones y como dato significativo de la asidua presencia de D. Rodrigo en la tierra segureña, hace referencia Serrano de Haro al testamento de D. Pedro, primogénito de D. Rodrigo, ordenando el traslado a Uclés de los restos de su madre y hermanos, sepultados en la ermita de Santa María de la Peña, cerca de Segura, en la frontera de los moros, por el temor de que éstos, en tiempo de guerra, pudieran llevarse los amados restos familiares, lleva esto a la conclusión lógica, a la que desde luego nos adherimos, de que el verdadero hogar de D. Rodrigo Manrique, al menos durante su primer matrimonio, fue Segura de la Sierra, donde sus hijos y su mujer murieron y fueron enterrados, siendo lo normal que los miembros de una familia vengan al mundo en el lugar habitual de su residencia y sea éste también en el que entreguen su alma a Dios.

Monumento a Jorge Manrique en Paredes de Nava

Por todo ello, y algunas otras razones, tales como la presencia de la familia del Maestre, buscando la protección durante sus ausencias, en las fortalezas de sus parientes en el vecino reino de Murcia, limítrofe del de Segura, termina Antonio Serrano de Haro, evocando «largas soledades de la familia, aislada en Segura, con el temor a infiltraciones nocturnas de los moros sin el calor del padre, el fuerte varón. Aún en el caso de que no naciese D. Jorge en Segura, allí se desarrollaría seguramente su infancia». Empero, la ausencia de documentos, impide a Serrano de Haro confirmar categóricamente a Segura de la Sierra como lugar de nacimiento del poeta. Bien se advierte, que investigador tan concienzudo y veraz, no quiere de modo alguno llegar a conclusiones que no tengan fehaciente probanza, más el análisis objetivo de los factores enunciados, inclina la balanza de posibilidades a favor de Segura de la Sierra, juicio que vamos a intentar robustecer con el examen de otros antecedentes y hechos de gran significación y relieve.

Es una realidad indiscutible que, Jorge Manrique y aun su propio padre, no han tenido biógrafos. Cronistas e historiadores han narrado hasta la saciedad las virtudes militares riel padre y consagrado la fama literaria del hijo, pero en esa ingente bibliografía, ni el interés personal, ni el autor de la creación literaria, han merecido atención y de ahí los escasos datos que poseemos.

Segura de la Sierra

Una vez más, el brillo y el renombre del poeta, han oscurecido al hombre, y desde nuestra modestia, intentamos desvanecer las sombras que sobre el lugar de su nacimiento envuelven a la egregia figura. La ilustre estirpe de los Manrique pudo ser originaria de la Tierra de Campos, aunque su casa solariega no radicase precisamente en Paredes de Nava, sino en Carrión de los Condes, pero su afincamiento lo fue en tierras de la Encomienda de Segura, y en ellas tuvieron lugar la mayor y más importante parte de sus empresas y hazañas, y así, D. Rodrigo, que había nacido en 1406, a los doce años se cruza Caballero del Hábito de Santiago y muy poco tiempo después es Comendador de la Orden. En 1428, aparece pleiteando con el Concejo y vecinos de Segura, por haberle negado la posada debida a los Comendadores, y en 1434, «el segundo Cid», ya famoso por sus notables hechos de armas, logra la rendición de la plaza mora de Huesear, en la frontera segureña, cubriéndose de gloria y recibiendo del rey Juan II, trescientos vasallos solariegos en tierras de Alcaraz y veinte mil maravedíes de juro de heredad. En 1456 toma para el rey Enrique IV la importante plaza de Jimena, en tierras del Santo Reino de Jaén.

Monumento a Jorge Manrique en Segura de la Sierra

Antes, el 3 de mayo de 1439, el infante D. Enrique de Aragón, le otorgó poder para que continuase en la posesión «en que él había estado y estaba, del Maestrazgo de Santiago, e de las villas e logares e castillos e vasallos de dicho Maestrazgo», y días después, el 18 de los mismos mes y año, el Comendador de Segura, con el de la vecina Caravaca, alzaba la villa de Ocaña por el Infante, al que acompañó con ciento cincuenta rocines en marzo de 1440, en su entrada en Toledo contra la expresa prohibición del rey D. Juan. Cuando la nobleza, con el rey de Navarra y el infante D. Enrique, fueron vencidos en la batalla de Olmedo (19 de mayo de 1445), en la que murió el Infante, el rey D. Juan hizo nombrar en Ávila, Maestre de Santiago, al Condestable D. Álvaro de Luna, concurriendo a la elección todos los Comendadores de la Orden, excepto el de Segura, D. Rodrigo, que se alzó contra el nombramiento por ver mermados sus derechos al Maestrazgo para el que había sido nombrado por el rey de Aragón de acuerdo con el Papa.

Posesiones de la Orden de Santiago

Entonces, para reducir al Comendador de Segura, el rey envió una numerosa hueste, que al mando de D. García Lope de Cárdenas y del mariscal Diego Fernández, señor de Baena, tomaron la fortaleza y lugares de D. Rodrigo, en la Encomienda de Segura, excepto la de Hornos, en la que por medio de una ingeniosa estratagema infligió gran descalabro al mariscal, quien por verdadero azar salvó la vida, refugiándose en la villa de Siles. En febrero de 1448, parte D. Rodrigo de Segura, confiando la fortaleza a su hermano D. Fadrique, en socorro de la ciudad de Murcia, acosada por las tropas del rey, y meses después, en agosto de 1449. D. Fadrique, con diez mil hombres de a pie y a caballo, levanta el cerco que a Montiel tenían puesto las tropas de la corona, y en el que se encontraba sitiado D. Rodrigo. Por último, hemos de anotar que en la primera campaña de Enrique IV contra el reino de Granada, en 1455, entre los Capitanes del rey figura D. Rodrigo. También, como muestra de poder sobre estas tierras, en el aledaño campo de Montiel, se encuentra el pueblo actualmente llamado Villamanrique, antes Belmontejo, que cambió su nombre por gratitud hacia D. Rodrigo, que le había eximido de la jurisdicción de la Torre de Juan Abad, igualando el caso de Villarrodrigo, ante Albaladexo, que recibió el título de villa y el nombre del señor Maestre de la Orden de Santiago.

Emblema de la Orden de Santiago

Con estos y otros datos, que por no ser prolijos omitimos, hemos querido, dejar constancia de la asidua presencia de D. Rodrigo desde su adolescencia hasta las vísperas de su muerte, en la Encomienda de Segura, la más importante de la Orden de Santiago, cuyos confines se extienden hasta Alcaraz, el reino de Murcia, las tierras del Condestable D, Miguel Lucas de Iranzo, en el reino de Jaén, el Campo de Calatrava y el reino moro de Granada, por Huescar, conquistada por D. Rodrigo, en la línea fronteriza. «Dentro de esta extensa área montuosa —escribe Serrano de Haro— D. Rodrigo aprieta bien la hueste familiar asignando a sus hijos, Jorge y Rodrigo, las Encomiendas limítrofes de Montizón y Yeste y confiando al primogénito D. Pedro, cuando obtiene el Maestrazgo, la capital del pequeño reino de Segura.

«Mueren los componentes de una familia en el lugar que habitan y es éste donde nacen los hijos».

Otras presunciones, de no inferior valor indiciario, para poner de manifiesto el arraigo de la familia Manrique en Segura de la Sierra y el transcurso en ella de la mayor parte de su vida, son las que se refieren a su hacienda y bienes de fortuna. Lo normal siempre ha sido, y continúa siendo, que las familias tengan su asiento donde radican sus bienes, y éstos, en lo que al clan de los Manrique atañe, los suministra principalmente la Encomienda de Segura de la Sierra, la más rica de la Orden de Santiago, cuya principal fuente de ingresos la constituían los pastos, la madera y la caza. Pingües ingresos, siempre insuficientes empero, para cubrir los gastos del Maestre: el estado de Caballero, el brillo de la honra militar y la situación social de la nobleza, imponían cuantiosos dispendios y ostentaciones.

Non dejó grandes tesoros
ni alcanzó muchas riquezas
ni bajillas
más fizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
e sus villas.


La vigilancia constante de las fronteras y el continuo batallar en que transcurrió la vida de D. Rodrigo, supone una empresa de gran importancia económica, habiéndose visto en múltiples ocasiones al frente de más de trescientos caballos. Vivió por esta causa en continuas dificultades económicas, sin que en nada las atenuase el Mayorazgo de Paredes, de muy menguados recursos, que no lo poseyó hasta 1440, y ello por poco tiempo, ya que lo perdió en 1445, después de la batalla de Olmedo, y no volvió a recobrarlo definitivamente hasta 1465. Esta presencia y ausencia sucesivas del Mayorazgo de Paredes de Nava, en el patrimonio de D. Rodrigo, hace necesariamente pensar en que no debió tener importancia para su economía. Lo importante para D. Rodrigo, lo mismo que para su hijo D. Jorge, es el decoro y brillo de su linaje y el servicio de la guerra, aunque ello comportase grandes y permanentes agobios económicos, y no es por tanto extraño que, por esta liberalidad y derroche, al ordenar su última voluntad se vea obligado a disponer el pago de las deudas contraídas en tierras de Segura y de Montiel «donde gastó lo más de su tiempo».

Carta de otorgamiento de Segura de la Sierra a la Orden de Santiago

Resumiendo, cuando antecede, podemos establecer las siguientes conclusiones:

- Que D. Rodrigo Manrique, en 1418, a los doce años de edad, se cruza Caballero del Hábito de Santiago y es Comendador de la Orden en Segura de la Sierra, con cuyo Concejo aparece pleiteando en 1428.

- Que, a lo largo de toda su vida, la mayor parte de sus empresas militares tienen lugar en la frontera de Segura con los moros de Granada.

- Que, en el territorio de esta Encomienda, es donde radica la fuente más importante de sus rentas e ingresos.

- Que es entre los vasallos de este feudo, donde hace sus levas.

- Que el Señorío de Paredes de Nava, no lo recibe hasta 1440 cuando ya, según algunos autores, había nacido don Jorge, y aun suponiendo que el nacimiento tuviese lugar en la primera mitad de este mismo año, como afirman otros, se hace difícil pensar en el desplazamiento de doña Mencía, su madre, en estado de buena esperanza, desde la comarca de Segura hasta las distantes tierras de Paredes de Nava dejándose tres hijos de corta edad, siendo el mayor don Pedro de cinco años; al tiempo que no es lógico enviar a su esposa al centro de poder del rey castellano Juan II, con el que D. Rodrigo estaba enfrentado.

Mausoleo de Juan II de Castilla

Si don Rodrigo no fue señor de Paredes hasta después de la muerte de su padre, acaecida en 21 de septiembre de 1440, y si hasta entonces —advierte Serrano de Haro— no hay ningún motivo para suponer que fijara en Paredes su domicilio conyugal, y además «en vida de la madre no consta que la familia viajara», no será arbitrario pensar que otro lugar distinto de Paredes pudo ser el del nacimiento del inolvidable lírico, pues si éste acaeció en 1439 o en la primera mitad de 1440, y su padre no heredó el Señorío hasta el último tercio de este año, la conclusión apuntada se desprende por sí misma. Harta razón asiste, pues, a Serrano de Haro, cuando afirma, con referencia a la cuna del poeta, que «no está, en efecto, nada claro que fuera Paredes de Nava», y para añadir, comentando el traslado de los restos familiares desde Segura, «que no cabe más elocuente dato que éste para probar que el verdadero hogar de don Rodrigo Manrique en el período de su primer matrimonio fue Segura de la Sierra».

Casa natal de Jorge Manrique

Por lo que respecta a doña Mencía, primera esposa de don Rodrigo y madre del poeta, aún persisten en Segura de la Sierra en pobre estado de conservación, algunas nobles piedras presididas por el escudo de armas de los Figueroa, señalando el solar de sus mayores y el lugar que le prestó amparo en su infancia y de donde salió para unir su vida a la azarosa de don Rodrigo Manrique. No debe tampoco olvidarse que doña Mencía de Figueroa, aquella de la que nunca se supo que abandonara el hogar familiar, nació, vivió y murió en Segura de la Sierra, y allí, en la ermita de Nuestra Señora de la Peña, fue enterrada con algunos de sus hijos, hasta que en 1481 el primogénito don Pedro ordenó el traslado de los restos al Convento de Uclés, donde ya les aguardaban los de su esposo, el Maestre, y su hijo don Jorge, muerto este último, como se sabe, en el asalto del Castillo de Garcimuñoz, en 1479.

Escudo de los Figueroa en Segura de la Sierra

Al no existir dato que autorice fijar el nacimiento en Paredes de Nava, otro puede ser su lugar de origen, y en ninguno concurre, como ocurre en Segura de la Sierra, tal cúmulo de circunstancias que permiten señalarlo como patria chica del poeta. Cierto que tampoco en esta villa existen documentos fidedignos, mas téngase en cuenta que el archivo y la villa misma fueron reducidos a un montón de cenizas durante la invasión francesa, pero de todos modos valor de testimonio vivo tienen, esas nobles piedras, a las que acaba de hacerse alusión.

Por estos motivos, y porque en todo caso allí transcurrió la infancia del poeta, ha sido fácil a Serrano de Hato imaginar a don Rodrigo rodeado de hijos, familiares y criados, contando y comentando aventuras y lances de la guerra, «ante la gran fogata con que atenuarían las noches heladas de Segura», montear en las escabrosidades y «riscos de Segura, bien provistos de jabalíes, venados y lobos», o verlo en la iglesia parroquial ante la imagen de Nuestra Señora de la Peña «iniciarse en la piedad de la mano de su madre». «Sería ella, como señora de la región, quien se ocuparía de que el templo estuviera atendido». También hincaría su rodilla ante la imagen de Santiago en la capilla del Castillo. «La fortaleza de Segura, avizora de los caminos de Granada, era una fortaleza de fe», y allí se inició y forjó el sentimiento religioso de Jorge Manrique. Este mismo sentimiento religioso lleva posteriormente al poeta a incluir en su poesía amorosa unos piadosos versos a la pasión de San Vicente Mártir, cuya imagen quedaría fijada en su retina ante el retablo dedicado a este Santo en la ermita que, para conmemorar la conquista de Segura, el día de San Vicente Mártir de 1212, por los Caballeros santiaguistas, se erigió en el contiguo cerro que todavía se llama de San Vicente.

Localización de las Ermita de San Vicente Mártir en Segura de la Sierra

El ejercicio de la Caballería, consustancial con la nobleza, era el más considerado, y don Jorge, formado a la sombra de su padre hizo honor a la tradición familiar, siguiendo el oficio de las armas.

El Maestre D. Rodrigo
Manrique, tanto famoso
e tan valiente.

Vamos, pues, a situarlo ante los acontecimientos bélicos en que participó, para que podamos ver cómo, al igual que su padre, las empresas y expediciones militares en que participó, tienen por escenario la frontera militar con el reino de Granada, de las que no suele alejarse, como no sea para intervenir en las escaramuzas y banderías de la nobleza.

Vivió sobre las armas, pero casi siempre acompañando a su padre en sus campañas, o patrullando los campos de la Mancha durante las discordias civiles. Así, ayuda a don Rodrigo a rendir la fortaleza de Alcaraz, sometiendo definitivamente el Marquesado de Villena a la Corona. Pelea también brillantemente a su lado en las conquistas de Uclés y de Ocaña. Muerto don Rodrigo, cae prisionero en Baeza al intentar tomar la plaza, pero ahora también lucha, como siempre, formando parte de la confederación familiar de los Manrique, al servicio de sus parientes y aliados, los Benavides. Esta misma motivación es la que le lleva a sostener los derechos de su primo don Alvaro de Estúñiga, al Priorato de San Juan, usurpado por don Juan de Valenzuela, a quien venció con fuerzas numéricamente muy inferiores cerca de Ajofrín. La influencia y personalidad de don Rodrigo Manrique, transcienden de su feudo de Segura de la Sierra, dejándose sentir en las Encomiendas limítrofes de Yeste —poseída por su hijo don Pedro—, en la de Montizón, de la que es Comendador don Jorge; la de Caravaca e incluso en el Reino de Murcia, donde imperan los Fajardo, sus parientes y aliados.

Fortaleza de Alcaraz

El estado de Caballero es un alto honor que comporta arduas obligaciones, pero si se trata de tan claro linaje, como el de los Manrique, la gloria, la honra y el heroico esfuerzo se sostienen sobre una continua sucesión de hazañas, que por nada ni por nadie deberán ser superadas. Como el teatro de las luchas de los Manrique es la inquieta frontera de Segura, porque la defensa de la fe de Cristo y la reconquista del territorio nacional es la gran tarea que incumbe a don Rodrigo, allí monta la guardia a lo largo de su vida, y para que ésta sea más efectiva y prevenir posibles riesgos, por medio de alianzas y lazos de sangre, extiende su actividad a otros dominios y desde luego a la Encomienda de Montizón, en el punto de sutura entre Sierra Morena con Sierra Segura, y es por ello por lo que Montizón viene a ser como una pieza en el dispositivo militar de la limítrofe Encomienda de Segura, y don Jorge, un Capitán del Maestre, aunque en ocasiones se vea forzado a intervenir en las pugnas señoriales, en una de las cuales sería mortalmente herido ante los muros del Castillo de Garcimuñoz. La única ciudad a la que estuvo vinculado por su matrimonio, y porque entonces era el centro político de España, fue Toledo, pero aparte de estas esporádicas ausencias de Montizón, no se encuentra mención de su presencia y de contacto alguno con la Tierra de Campos, aunque le perteneciesen las tercias de Villafruela.

Castillo de Garcimuñoz

A la vista de estos datos, y considerando que, de la opinión de los autores, y entre ellos, la muy autorizada de Serrano de Haro, se viene a la consecuencia de que no hay motivos para señalar Paredes de Nava como lugar de nacimiento de Jorge Manrique, lógicamente se desprende que otro lugar hubo de serlo, y es indudable que en ningún otro concurren las circunstancias que señalan a Segura de la Sierra como cuna del poeta. En lo sucesivo, sería ya imperdonable que a Jorge Manrique no se le incluya en el repertorio de grandes poetas españoles que nacieron o vivieron en lo que actualmente es provincia de Jaén.

 

Genaro Navarro.


jueves, 15 de octubre de 2020

BREVES APUNTES DE LA TRADICIÓN MUSICAL EN PUENTE DE GÉNAVE

Todo pueblo muestra, como forma de identidad, su actividad musical a lo largo del tiempo. Puente de Génave no es una excepción y ha tenido una larga trayectoria en esta manifestación artística, que ya ha sido abordada en otros artículos en este Blog, pero que ahora es tratada y repasada su evolución en este artículo de José Carlos González publicado allá por el año 2000 en el libro de fiestas de nuestro pueblo.

TRADICIÓN MUSICAL EN PUENTE DE GÉNAVE. 

Si de algo puede jactarse y presumir Puente de Génave es el estado tan dulce por el que atraviesa el mundo de la música, que se constituye en uno de sus grandes embajadores y también en estandarte de puertas hacia fuera. Pero para explicar porque la localidad vive un gran momento musical es preciso remontar por los senderos de la historia, bucear en su historia para cerciorarnos de que aquí ha habido una enorme tradición musical, por lo que sus habitantes han recogido una de sus grandes herencias y así de paso se han enaltecido una de sus grandes costumbres que pueden definir la idiosincrasia de una comunidad como lo es Puente de Génave.

Jose Carlos González Sánchez (a la izda.)

En los años 40, floreció el grupo de pulso y púa denominado Los Mariachis, conformado por nombres tan ilustres como José Villalba, Nicasio, Julián, Antonio, Faustino Serrano…., cuyas andanzas musicales todavía se bailan en los rincones más recónditos del alma y de la memoria. Iremos aún más atrás y rescataremos aquellas disputas musicales entre dos bandos, los de este lao, contra los de aquel lao, facciones que empleaban unos instrumentos tan peculiares como los peines con papel de fumar, haciendo vibrar el papel de fumar con las púas de los peines, a través de continuos soplidos. Y decimos que se organizaban batallas, porque tras los conciertos se originaban enfrentamientos de pedradas. Les podemos contar que el líder de los de este lao era Santiaguete. Sucedía esto por la época de la postguerra.

Integrantes de Los Mariachis

Pero Los Mariachis ganaron, junto con la asociación de Coros y Danzas Femenino un certamen provincial de corales junto con Villarrodrigo en el año 1957. La fase regional se celebró en el antiguo Cine Mari Paz. Por aquellas fechas eran sonados aquellos bailes verbeneros celebrados en el Bar Nacional, regentado por Gregorio Solano. Tanto Los Mariachis como la Asociación Coral Femenina se disolvieron a finales de los años 60, principalmente por la emigración que asoló a Puente de Génave, quedando como vestigio, la Coral Parroquial.

Coros y Danzas de la Secc. Femenina. 1957

En los años 60 fueron prolíficos los concursos de bailes regionales con los escolares en los terrenos de la fábrica de aceite de los hermanos Ortega Lara. También llegaron a organizarse concursos de trajes regionales donde participaron niños, niñas y mayores. Unos trajes diseñados en lo más profundo y autóctono de la sierra de Segura, concretamente en la antigua fábrica de telares de Santiago-Pontones, confeccionados con lana de oveja segureña. Por aquel entonces, en las fiestas patronales de San Isidro Labrador, los entrañables Pizarrines de Génave se encargaban de animar las fiestas y alojándose en casas particulares. 

Componentes de Los Pizarrines de Génave

      En los años 70, las fiestas empiezan a contar en sus verbenas con grupos de enjundia y categoría. Las grandes atracciones se encadenan a partir de 1974 con la llegada de Los Tres Sudamericanos y la primera actuación en la provincia del grupo musical Jarcha que ofrecieron un recital en el cine Mari Paz. Después otros les sucedieron como La Década Prodigiosa o La Frontera….
Agrupación Musical San Isidro Labrador

Y hoy en día, Puente de Génave vive un gran esplendor musical con una banda de música que integra a unos 60 chavales y que está supervisada por la Agrupación Musical presidida por Francisco Luna, una coral polifónica que da nombre a un histórico Faustino Serrano, que se gestó por el triángulo conformado por él mismo, Alicia Serrano y el profesor de música Miguel Angel Cano, quienes también crearon la banda de niños La Tribu de Don Chin Pun. La Coral hace las delicias con recitales en la provincia y fuera de ella, y cuenta con un disco editado con título Jericó. Y por si fuera esto poco, está el ritmo juvenil que pone en sus actuaciones Bumeran, que sonará en muchas fiestas patronales de localidades próximas.

José Carlos González.


lunes, 28 de septiembre de 2020

NACIÓ EN SEGURA DE LA SIERRA, SIN LUGAR A DUDAS.

Muchas son las dudas y controversias acerca del lugar de nacimiento de Jorge Manrique, gran poeta medieval que viene a encarnar la perfecta visión del caballero renacentista. Tradicionalmente se entendía, sin tener pruebas concretas, llevados por el centralismo castellano, que su lugar de nacimiento era la localidad palentina de Paredes de Nava, pero el estudio desarrollado por el ilustre puenteño D. Domingo Henares, desmonta esta indocumentada hipótesis, concretando y argumentado documentalmente que el lugar exacto de nacimiento es el municipio de nuestra comarca, Segura de la Sierra. Dicho estudio es el que a continuación os presentamos. 

SEGURA DE LA SIERRA,CUNA DE JORGE MANRIQUE.

El lugar donde nació Jorge Manrique, esto es, el lugar donde primero se meció su cuna, hay que ponerlo ya, a estas alturas del tiempo, en Segura de la Sierra, de la provincia de Jaén, en ese pueblo tan alto que mira de frente al monte Yelmo, como si los dos estuvieran de guardia a toda hora por la Sierra de Segura. Pero esta verdad incuestionable, en cuanto al origen del poeta cantor de la muerte, no acaba de ser compartida, sin embargo, entre buena parte de paredeños, defensores todavía del origen palentino de Jorge Manrique.

Estatua de Jorge Manrique en Segura de la Sierra.

Por lo que esta afirmación inicial de su nacimiento en Segura de la Sierra necesita, antes de llegar a su conclusión última, una serie de negaciones previas y que no serían tan precisas, de no mediar en la discusión una serie de factores en nada científicos, sino, más bien, debidos a un cúmulo de prejuicios que, a su vez, son el exponente claro de una pereza intelectual, de una incuria al menos por la investigación con argumentos.

Repárese, si no, en las afirmaciones que, en favor de los intereses palentinos, hacía el senador señor Gallego Cuesta en sede parlamentaria, con el objeto de conseguir las obras de la segunda fase del monumento a Jorge Manrique: “El Secretario de Estado sabe... lo que es Paredes de Nava, cuna de genios ilustres, tales como Jorge Manrique y Berruguete...” (Cortes Generales. Diario de Sesiones del Senado. 4-XI-1998).

Segura de la Sierra, sede de la Encomienda de la Orden de Santiago

Así, para afirmar dónde nació Jorge Manrique, hay que empezar negando la supuesta adscripción del poeta, por nacimiento, a la villa palentina de Paredes de Nava. Y éste es el estado de la cuestión. Pues nos encontramos con la obligación de desmontar como un castillo de naipes, edificado con los materiales de lo que Serrano de Haro, uno de los estudiosos más profundos del poeta, ha llamado una piadosa tradición, que él no comparte, es verdad, pero mostrándose muy respetuoso con los defensores de un Jorge Manrique paredeño (Serrano de Haro, A.: Personalidad y destino de Jorge Manrique. Gredos, Madrid. 1966, pp. 50-55).

La piedra donde más veces tropiezan, sin embargo, los partidarios de que Jorge Manrique naciese en Paredes de Nava está en un documento que, precisamente, no hace al caso, por cuanto nada dice del asunto que nos ocupa y que, por contra, tiene los datos necesarios para caer en un error enquistado en las buenas gentes de aquella hermosa villa palentina, emparentada, claro está, con la familia Manrique. En sus párrafos pertinentes, el dicho documento que es una carta de poder afirma lo siguiente:

“Sepan cuantos esta carta de poder vieren cómo nos, el concejo y alcaldes y hombres buenos y regidores y oficiales de la Villa de Paredes de Nava... conocemos y otorgamos y damos todo nuestro poder cumplido... a Ferrand Gonzálvez de Mayorga y a Francisco Ferrández de Paredes... para que por nos y en nuestro nombre y por todos los vecinos... parezcan ante el señor Rodrigo Manrique, comendador de Segura, e hijo del señor Adelantado Pedro Manrique, que Dios haya, sobre razón del señorío de esta dicha villa... y para que sobre ello por nos y en nuestro nombre... puedan recibir y reciban por señor de esta dicha villa y vecinos de esta al dicho Rodrigo Manrique...” (Texto íntegro, fotocopia y transcripción en mi libro Cartas de Don Rodrigo Manrique a su hijo Don Jorge. Diputación de Albacete, 2001, pp. 155-58).

Monumento a Jorge Manrique en Paredes de Nava (Palencia)

Y, como esta carta de poder está fechada a 23 de septiembre de 1440, ya tenemos los dos ingredientes necesarios para el error tan largamente extendido, esto es, que Jorge Manrique nació en 1440, justamente, y en Paredes de Nava sin discusión alguna. Pero ese texto anterior podemos leerlo hasta cien veces al día, aprenderlo de memoria o traducirlo a varios idiomas. Lo que no conseguiremos es que valga como prueba de que Jorge Manrique tuviera que nacer en Paredes de Nava, cuestión que ni siquiera plantea. Y creer lo contrario sería un artículo de fe, de una fe demasiado crédula, mera fiducia.

Por otra parte, y desde la Crónica del Halconero de Juan II, no es lícito afirmar que Doña Mencía de Figueroa, madre del poeta, estuviese en Paredes de Nava en la fecha antes escrita, pues tampoco estaba Don Rodrigo, su marido (de ahí que los paredeños manden representantes suyos a Segura de la Sierra para rendir homenaje a su nuevo señor, según se indica en el documento anterior). Y ni siquiera Doña Mencía estuvo en Valladolid, cuando Don Rodrigo asistió a las bodas de Don Enrique de Castilla y Doña Blanca de Navarra, pues no figura en la relación de invitados, siendo como era mujer de Don Rodrigo, que sí figura (Carrillo, P.: Crónica del Halconero de Juan II. Espasa-Calpe, Madrid, 1946, p. 344) y hermana de Lorenzo Suárez de Figueroa, I Conde Feria (Montero, R.M.: Nobleza y sociedad en Castilla / el linaje Manrique, siglos XIV-XV. Gráficas Pinares, Madrid, 1996, pp 61-62). Es más, aunque hubiese sido invitada, por su relevante situación familiar, habría tenido que renunciar, pues la boda no se concertó antes del mes de julio (Crónica..., p. 343), por lo que Doña Mencía estaría embarazada de siete meses y con unos setecientos kilómetros por delante, haciéndolos en jamuga o en carreta, acaso en andas, como la reina de Navarra que fue transportada así, de ese modo tan particular, a dichas bodas “por cuanto era mujer gruesa y no podía venir en mula” (Crónica... pp. 343 y 345).

Fachada de la casa natal de Jorge Manrique en Segura de la Sierra
con el escudo de la familia de los Figueroa sobre el dintel de la puerta

Un viaje de locura, si alguien pretendiese que Doña Mencía estuviera en 1440 por los alrededores de Paredes de Nava, fecha y lugar que se necesitan mutuamente, los dos errores juntos, pues son los únicos extremos que se barajan y utilizan de forma gratuita en la citada carta de poderes, para que Don Jorge naciese en la mencionada villa palentina.

En esta búsqueda metódica del lugar de nacimiento de nuestro poeta, nos encontramos, además, con una confesión harto elocuente de un cronista oficial de Paredes de Nava en estos términos: “Aunque la primera edad de estos hermanos [los Manrique, hijos de Don Rodrigo] me es desconocida...” (Cardeñoso, L.: Reseña histórica de la villa de Paredes de Nava. Imprenta de El Día de Palencia, Palencia, 1926, p. 147). Por supuesto que, diez páginas después, el padre Cardeñoso se deshace en elogios merecidos de las coplas de Don Jorge, aunque trastoca el orden de su nacimiento y de sus hermanos, cuestión en la que no todos los autores están de acuerdo. Por nuestra parte, y a este respecto, consideramos que Don Jorge fue el segundo, ya que no hay duda de que Don Pedro fue el primero, pues él hereda el Condado de Paredes (Salazar y Castro, L.: Historia de la Casa de Lara, Lib. X, p. 367) y sólo los dos, él y Don Jorge, se citan en las Relaciones de Felipe II, cuestión 38 de las referidas a Beas de Segura y que más adelante veremos como la prueba definitiva del lugar de nacimiento que buscamos. Y no cabe alterar el orden de nacimiento de los dos hermanos, por cuanto sus padres, Don Rodrigo y Doña Mencía, acordaron matrimonio en 1432 (Montero, R.M.: Nobleza y sociedad..., p. 61).

Escudo nobiliario de los Manrique de Lara

Cabría también, en este buscar primero y a fondo perdido, tener en cuenta los dictámenes que pudieran darnos los estudiosos más conspicuos de Jorge Manrique. Así, Don Augusto Cortina, que publicó su tesis doctoral sobre Jorge Manrique en 1929, reeditada por Espasa-Calpe, colección Austral, en 1981, a lo más que llega y sin fundamento es a decir en la página 17 la frase siguiente: “Jorge Manrique nació, probablemente, en Paredes de Nava, hacia 1440”. La inseguridad de este experto en Manrique, en cuanto a su lugar de nacimiento, no resiste el menor comentario. Y, todavía en este camino hacia ninguna parte, recordamos al embajador de España Don Antonio Serrano de Haro, pues, aunque no se atreve a fijar un lugar exacto para que naciera Jorge Manrique, sin embargo, en una entrevista que concedió al diario Jaén, publicada el 30 de septiembre de 1978, hace alarde de una cautela extrema, por cuanto afirma que “... Segura de la Sierra, donde posiblemente nació el poeta y donde, sin duda, transcurrió su infancia...” Como se ve, estos autores, los más esperados, Cardeñoso, Cortina y Serrano de Haro, en principio pueden ser de nuestro bando, por cuanto que ninguno pone el lugar de nacimiento de Jorge Manrique, a falta de pruebas, en la localidad palentina de Paredes de Nava.

Representación de Jorge Manrique

Pero tenemos que dar un paso definitivo, ir más allá de la negación escueta porque, de suyo, es destructora y para encontrarnos con las frases más luminosas y rotundas, incontrovertibles por su expresión inequívoca y donde, al fin, podemos leer cuantos datos son precisos a la hora de fijar el nacimiento de Jorge Manrique. Esto es, veamos si concurren el nombre de un lugar preciso, unos padres conocidos, unos testigos y quien tenga capacidad para dar fe de cuanto haya sucedido. Nada más aconsejable, entonces, que leer el contenido de una fuente que ha sido tantas veces olvidada, y que nos ahorra continuar con el peso de alguna leyenda. Ésta es la historia, éste es el texto:

“BEAS DE SEGURA. Figueroas. En la dicha villa es un linaje muy antiguo, descendientes de caballeros hijosdalgo y señores, como fueron el maestre de Santiago Don Lorencio Juárez de Figueroa y Don Lorencio Juárez de Figueroa, comendador mayor de Castilla, quien tuvo por hijo a Gómez Juárez de Figueroa... comendador de la encomienda de Dos Varrios, junto a Ocaña... Fue hijo de éste Sebastián de Figueroa... al cual envió el dicho comendador su padre a vivir con Don Rodrigo Manrique, maestre de Santiago, por razón de que Doña Mencía de Figueroa, mujer del dicho maestre, era su parienta. Y así, haciéndolo deudo el dicho maestre y Don Jorge y Don Pedro, sus hijos... hiciéronle... capitán de caballos en esta frontera, y estuvo siempre defendiéndola hasta tanto que ganaron la ciudad de Huéscar de los moros...” [6-XI-1434. Crónica..., pp. 166-174]. (Relaciones de Felipe II. Beas de Segura [Jaén], cuestión 38).

Así, ya tenemos:

- El nombre de un recién nacido: Jorge Manrique.

- Nombre de los padres: Don Rodrigo y Doña Mencía.

- Fecha de nacimiento: hacia el segundo semestre de 1434 (contando con la fecha de la boda de los padres [1432] y el nacimiento de su hermano mayor, Don Pedro).

- Lugar de nacimiento: Segura de la Sierra, Jaén, a donde es enviado el caballero Sebastián de Figueroa desde Beas de Segura, lugar, por tanto, donde no pudo nacer Don Jorge. Ni es lícito pensar que lo hiciera en Siles, de la misma encomienda de Segura de la Sierra, por cuanto lo desmiente un documento como éste: “... e por algunas traviesas que el escudero savía, pósolo en saluo en la dicha villa de Siles, donde avía dexado la otra gente de su capitanía...”. Se trata aquí de cómo el mariscal de Juan II, Diego Fernández, huye, en la refriega de Hornos, de Don Rodrigo Manrique y se refugia en Siles, donde, claro está, no tendría su residencia el comendador (Crónica..., p. 481).

- Testigos: Rodrigo Moya, Bartolomé González de Cazorla y Cristóbal Juárez de Figueroa.

- Escribano: Pedro Gómez Machado (ver las Relaciones de Felipe II. Beas de Segura).

D. Domingo Henares. (foto La Voz Albacete)

Nada más dicen los certificados de nacimiento en las oficinas del Registro Civil de nuestro tiempo. Y ésta es la verdadera partida de nacimiento que reclaman los paredeños, aunque sólo sea cuando alguien pone en cuestión su creencia infundada acerca de la patria chica de Don Jorge. Sin caer en la cuenta, hasta entonces, de que son ellos los que carecen de la documentación exigida y que, como hemos observado, sí obra en las Relaciones de Felipe II y a favor de Segura de la Sierra, Jaén, como la cuna ya indiscutible de Jorge Manrique.

Domingo Henares. Profesor


lunes, 14 de septiembre de 2020

LA PRESA DE SILES. UN PROBLEMA O UNA SOLUCIÓN

Retomamos, una vez pasado el periodo estival, una nueva fase de publicaciones referentes a nuestro pueblo y a toda la comarca de la Sierra de Segura. En esta ocasión recuperamos un artículo de Pedro Ruiz Avilés, que a día de hoy, a pesar del tiempo pasado, tiene enorme vigencia al estar todavía pendiente de solución todo lo concerniente al aprovechamiento de las aguas que el río Guadalimar ofrece para ser embalsadas en la no aprovechada infraestructura de la presa de Siles. Ya anunciaba en aquel momento nuestro interlocutor los inconvenientes y problemáticas sobre su aprovechamiento, que a día de hoy sigue siendo una asignatura pendiente para el desarrollo de nuestra comarca.


SEQUÍAS Y HELADAS

 

Habitamos una tierra de contrastes. Nos cuesta recordar que hace tan sólo un par de años estábamos preocupados ante una posible inundación, lamentábamos que no existieran más embalses –también la presa de Siles- donde retener un agua que se vertía al mar, o tratábamos de aprovechar los pocos días de claro para recoger una abundante cosecha de aceitunas frente a una lluvia que no acaba de caer.

Presa de Siles

Pero ahora hemos vivido más de seis meses de crudo invierno y llevamos casi un año sin escuchar el agradable sonido del agua chocar con los cristales de ventanas y coches, o llenar de charcos la carretera. Nos lamentamos y empezamos a pensar que las plagas bíblicas no atenazan de nuevo; que el desierto lo tenemos cada día más cerca y que se ha incumplido el refrán de “años pares, abrid los trujales”, pero que el año impar lleva la misma pinta. Las restricciones de agua, la tierra reseca, áspera de polvo, se manifiesta con su radical crudeza, y las consecuencias son patentes: mala cosecha de aceitunas, siembras raquíticas o secas, pastos inexistentes, no hubo ni “guíscanos”, como casi tampoco hemos podido coger espárragos, el verdegueo del paisaje ha virado a pardo y plomizo, las fuentes están agotadas… Y ahora además de la sequía, las olivas se han quemado con el desastre de las heladas de los meses pasados ¡con lo que cuesta criar un olivo!

Olivar de regadío

En paisajes más previsores, el campo acaba dando sus frutos con normalidad y como si fuera un mero acto administrativo. Las cosechas aparecen puntualmente sin demasiados contratiempos. Por el contrario, nosotros, o tomamos la calle de en medio no reparando en nada ni en nadie, o seguimos mirando al cielo con muchas dosis de melancolía y fatalismo. Confiamos más en las cabañuelas y el almanaque zaragozano que en las predicciones de los hombres del tiempo, o en el poder de una reivindicación colectiva capaz de asegurarnos el agua de modo más regular y estable. Así nos va: “un año de cielo y cinco en cueros vivos”.

Explotaciones olivareras

En cuanto caen cuatro gotas olvidamos que la cosecha y el acopio de agua se deben realizar cuando llueve, y que los regadíos, como otras muchas cosas, podrían hacerse mejor y más baratos planificando el uso del agua conjuntamente y con el apoyo de los poderes públicos.

Ahora que tenemos la oportunidad de los riegos del pantano de Guadalmena, vamos a ver si somos capaces de organizarnos todos para saber reivindicar un recurso, como el agua, que es un bien de interés general. Y, luego, diseñar unos regadíos modernos como los que tienen ya en muchas zonas andaluzas.

Acto reivindicativo del agua de la presa de Siles

Durante unos cuantos días alteraremos, en paz y concordia eso sí, nuestro ritmo cotidiano. Pero no echaremos en el saco del olvido estas otras preocupaciones: el drama de la escasez de agua y el sombrío aspecto de nuestros campos y de nuestras decrépitas olivas. Además de contar con el próximo hospital, también es sumamente importante intentar resolver el tema del agua: para comer y para beber, pero también para crecer económicamente y generar bienestar y calidad de vida.

Cuenca hidrográfica de abastecimiento Sierra Segura

A ver si unidos somos capaces de demostrar a algunos y algunas, y en especial a los dos nuevos alcaldes de Zalamea de nuestra comarca (del Arroyo y de Beas), que se puede defender a sus ciudadanos y conseguir más cosas –también en ayudas por daños en heladas- desde la cooperación positiva y no con el enfrentamiento y la hostilidad.

Entretanto no está de más que le hagamos rogativas e imprecaciones a nuestro patrón agricultor para que eche una mano a los/as de su oficio y a todos sus patrocinados.

Pedro Ruiz Avilés. 2005