viernes, 12 de abril de 2019

LA SIERRA DE SEGURA. RIQUEZA PERDIDA

La vida de los habitantes de la Sierra de Segura ha ido sufriendo cambios que la han ido acercando a la modernidad. No obstante no podemos decir que nuestra Sierra sea una territorio excesivamente bien dotado en cuanto a servicios y comunicaciones. Ni la tan deseada autovía ni la ya olvidada línea de ferrocarril le están dando posibilidades de progreso. A pesar de la situación actual, que relega a nuestro territorio a un inmerecido olvido, debemos considerar, que la Sierra de Segura ha tenido especial importancia por su extraordinaria riqueza natural que la sabiduría popular ha ido aprovechando a lo largo del tiempo. Es en ese contexto en el que se centra el estudio del profesor Eduardo Araque Jiménez sobre las posibilidades económicas y formas de vida rural en nuestro entorno, en un tiempo no excesivamente lejano. En este presente apartado será la explotación del bosque segureño la que centre la atención del estudio, dejando para otra publicación la economía basada en la actividad agraria tradicional.


TERRITORIO Y PATRIMONIO RURAL EN LA SIERRA DE SEGURA.


Aunque debemos de considerar que es un conjunto de formaciones montañosas integrado en el sector prebético de la Cordillera Bética, las sierras de Segura, Cazorla y de las Villas (también llamada de las Cuatro Villas -Villacarrillo, Villanueva del Arzobispo, Iznatoraf y Sorihuela del Guadalimar-), desde el punto de vista político-administrativo se consideran tres comarcas independientes. A pesar de esta diversidad, en el último medio siglo ha sido muy frecuente, a nivel mediático, identificar de forma injusta la totalidad del macizo y del parque natural que las engloba con el equívoco nombre de sierra de Cazorla a pesar que es la sierra de Segura la que representa casi el 70% de su extensión y será sobre este entorno geográfico de la sierra de Segura sobre la que profundizaremos en su evolución económica histórica y la repercusión en su poblamiento.
Mapa de situación del Parque Natural de la Sierra de Segura, Cazorla y Las Villas
Hay que resaltar que por su orientación y posición, da origen a una alta pluviosidad, siendo frecuente alcanzar más de 1000 mm anuales de lluvias, lo que hace de este enclave montañoso el principal nudo hidrográfico de la mitad meridional de la Península Ibérica. Además del Guadalquivir y Segura, aquí tienen su origen algunos de los afluentes de cabecera más caudalosos de esas dos grandes arterias fluviales que recorren y dan vida a buena parte del sur y sureste peninsular. Semejante abundancia de precipitaciones en unos contextos regionales extremadamente secos o semiáridos hizo que desde un primer momento la política hidráulica fijará toda su atención en estas tierras, y a comienzos del siglo XX, esta zona se convirtió en uno de los escenarios peninsulares más apropiados para la localización de distintos embalses de regulación, imprescindibles para atender las crecientes demandas de agua y de electricidad provenientes de los fértiles campos y de las incipientes aglomeraciones industriales localizadas en los grandes valles formados por sus dos principales ríos.
Mapa de distribución hidráulica del Parque Natural
Tres han sido históricamente las formas de explotación que los habitantes de nuestra sierra han instrumentalizado como actividad económica y, precisamente, esta abundancia de precipitaciones es la base de la primera de esas actividades económicas centrada en la explotación de sus bosques, entre la que desde antiguo despertó un especial interés el pino laricio o salgareño (Pinus nigra), conocido también como “pino de Segura”, por sus variadas utilidades y enormes posibilidades de explotación mercantil. De hecho, durante la mayor parte de los tres últimos siglos el aprovechamiento de esa y de otras especies maderables, así como de los restos leñosos de todas ellas, se convirtió en una actividad hegemónica dentro de la economía agraria serrana por su alta capacidad para generar riqueza y empleo, aunque no siempre se le sacara a estos recursos el suficiente beneficio para las comarcas, especialmente durante la vigencia de la Provincia Marítima.
Distribución comarcal de la provincia de Jaén
Otra de esas actividades, iniciada a comienzos del siglo XX, es la explotación de una cabaña ganadera integrada mayoritariamente por ejemplares de ovino y caprino, que poco a poco fue ganando peso específico en la mayor parte de los municipios serranos hasta llegar a convertir a toda esta zona montañosa en uno de los principales enclaves ganaderos de la región andaluza por su abundancia y diversidad de pastos. Aunque se ha sostenido en el tiempo por el establecimiento de un sistema estacional de desplazamiento de pastores y ganados entre las altas cumbres de las sierra de Segura y las más bajas estribaciones de Sierra Morena.
Frente a la importancia de las actividades silvo-pastoriles, la tercera y última actividad económica ha sido la agricultura, que ha ocupado secularmente un plano secundario, en parte por los propios condicionantes naturales a los que se enfrentaba la expansión del terrazgo, y, en parte, por las restricciones jurídicas que aquí se daban a la posesión y disfrute de la tierra. Es necesario recordar que esa es otra de las grandes singularidades que ofrecen estos ámbitos montañosos de nuestra sierra, su extraordinaria prevalencia de la propiedad municipal y estatal frente a la propiedad privada. Ambas formas de propiedad pública alcanzaron desde antiguo cotas realmente espectaculares que condicionaron sobremanera la libertad de uso de un bien tan escaso en la montaña mediterránea como la tierra apta para el cultivo, cuestión que se afianzó en el proceso desamortizador de Madoz a mediados del S. XIX,  que privatizó tierras en las zonas fértiles de los valles andaluces y, por el contrario, sirvió aquí para afianzar la propiedad pública de los montes, que no sólo se mantuvieron al margen de la almoneda, sino que se deslindaron y amojonaron para reforzar el dominio que sobre ellos poseían el Estado y los ayuntamientos, procurando excluir de sus dominios toda clase de uso agrícola.
Pino laricio o salgareño
ACTIVIDAD ECONÓMICA DE EXPLOTACIÓN FORESTAL.

Aunque la explotación de los recursos forestales de las Sierras de Segura está documentada desde antiguo, pero no fue hasta el primer tercio del siglo XVIII cuando alcanzó unas ciertas dimensiones con la necesidad de disponer de grandes cantidades de vigas de madera y otro tipo de piezas para la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla impulsó al Ministerio de Hacienda a desplegar todos los mecanismos técnicos y jurídicos que tenía a su alcance para hacerse con el control de tan suculento recurso. A partir de aquí la explotación fue en aumento y, poco después, el Ministerio de Marina siguió los pasos al de Hacienda, de modo que no quedó más remedio que establecer un régimen alterno de aprovechamientos madereros mediante el cual los dos entes ministeriales explotaba y extraía los troncos de arbolado de estas sierras y los transportaba por vía fluvial hasta Sevilla para reenviarla hasta el arsenal gaditano de la Carraca, donde se empleaba en la construcción de distintas partes de los navíos de la armada española. No sin tensiones ni conflictos, este régimen se mantuvo vigente hasta bien entrado el siglo XIX, cuando se abolieron todas las jurisdicciones privativas, y muy especialmente el particular régimen de administración de la denostada provincia marítima de Segura de la Sierra.
Mapa de situación de la Provincia Marítima.
Tras unos breves años en los que se redujo la esquilmación de nuestra sierra de forma considerable, a mediados del siglo XIX se inició una etapa no muy diferente a la anterior, pues crecieron de un modo desorbitado las extracciones madereras de los montes para la fabricación de traviesas para la una red ferroviaria española en enorme expansión en ese momento, así como la apertura de numerosos pozos mineros o la construcción de miles de viviendas, incrementándose notablemente la demanda, sometieron a los montes a una intensa presión que tuvo consecuencias aciagas para la cubierta vegetal, que desapareció a un ritmo vertiginoso en numerosos tranzones, dando paso a fenómenos erosivos de una cierta consideración.
Extracción de de traviesas  
A diferencia de la fase anterior, en ésta la madera se elaboró casi por completo en el interior de los montes, como sucedió con las traviesas para el ferrocarril, o bien sufrió una primera transformación antes de ser empleada en la entibación de los pozos mineros (apeas) o en la construcción del armazón de las nuevas viviendas (vigas, tablas, etc.). Numerosas serrerías volantes distribuidas por los montes se consagraron durante años a atender las peticiones de las múltiples compañías y particulares que se dedicaban al comercio maderero a mayor o menor escala. La intensa actividad que desplegaron todas ellas resultó sumamente eficaz desde una perspectiva económica y social por su capacidad de generación de empleo, lo que redundó en una mejora generalizada de las condiciones de vida de una parte de la población serrana.
Traviesas acumuladas en el embalse del Tranco
Después de la severa reducción que experimentó la extracción de madera a partir del primer tercio del siglo XX y, sobre todo, durante la etapa republicana, al reducirse la obra pública; de nuevo al finalizar la guerra civil se volvió a una sobrexplotación maderera, llegándose a superarse ampliamente los niveles anteriores en los momentos de máximo auge de la autarquía franquista. La urgencia en la reconstrucción del tendido ferroviario así como la reparación de una parte del material rodante y de múltiples instalaciones ferroviarias seriamente dañadas durante la contienda impulsaron al Estado a establecer los mecanismos legales para destinar toda la producción de madera de las sierras de Segura a este fin estratégico de primer orden, erigiéndose RENFE a partir de entonces en la principal beneficiaria de este recurso.
Serrería en Vadillo-Castril
Junto a la madera, en el último cuarto del siglo XIX emergieron con fuerza otros aprovechamientos secundarios por su menor capacidad de generación de ingresos para las arcas públicas, pero que, sin excepciones, desempeñaban un papel social y ecológico trascendental al proporcionar rentas y empleo a partir de la eliminación de los despojos procedentes de las talas acumulada en los montes. Todos estos residuos vegetales constituían un serio pasto para las llamas en cualquier momento, por lo que su eliminación resultaba una excelente labor de profilaxis forestal ya que contribuía en gran medida a la disminución del riesgo de incendio en los montes. Así sucedía, por ejemplo, con los tocones y el ramaje, cuyo alto contenido en resina propiciaba la obtención de la pez o alquitrán vegetal, un producto muy demandado en todo el litoral mediterráneo para el calafateado de las embarcaciones de madera. Otra parte de los restos leñosos se utilizó tradicionalmente en la fabricación de carbón vegetal, muy valorado cuando se empleaban maderas de más calidad como la encina, el quejigo o el roble melojo; aunque cuando empezaron a escasear estas especies nobles se recurrió a los pinares que, si bien no proporcionaban un carbón de tanta calidad, tenían una fácil salida tanto en el mercado comarcal como en el provincial debido a su extendido uso en los hogares y en los diferentes tipos de hornos artesanales.
Extracción de carbón vegetal
Mucho más moderna resulta la obtención de esencias a partir de la cocción de distintas plantas aromáticas y medicinales como la mejorana, el espliego, el tomillo y el romero, cuya expansión en estas sierras se inició en las postrimerías del siglo XIX. La abundancia de plantas y la relativa facilidad de su procesamiento empujaron a numerosos habitantes de estas sierras a consagrarse laboralmente a su recolección y a la posterior fabricación de esencias durante los meses veraniegos, una vez que habían concluido las faenas de recolección cerealista. De esta forma todos cuantos se ocupaban en estas labores podían obtener unos ingresos suplementarios que nunca venían mal a las depauperadas economías familiares. Igualmente en el período finisecular podemos situar el arranque de la etapa más floreciente en el aprovechamiento del esparto, auspiciada por el empleo creciente de esta fibra en la confección de distintos enseres domésticos y, sobre todo, en la fabricación de capachos para la industria de extracción de aceite, que empezaba a proliferar en la provincia de Jaén en ese momento. Durante muchos años el trabajo del esparto, de base artesanal, no traspasó el ámbito de la unidad familiar, donde todos los individuos con aptitudes se dedicaban al trenzado y preparación de la fibra, que luego era vendida a los intermediarios locales para su posterior distribución comercial.
Recolección de esparto
Por último, en este rápido repaso a la explotación de los principales recursos vegetales no queremos omitir la extracción de resina que durante algunos años de la segunda mitad del siglo XX se llevó a cabo en distintos montes de la sierra de Segura, especialmente donde abundaba el pino negral (Pinus pinaster). La extrema escasez de este recurso en el mercado nacional obligó a poner en marcha la explotación resinera de estos montes en plan experimental, si bien muy pronto hubo que abandonarla, entre otras cosas porque el aprovechamiento resinero se demostró incompatible con el maderero, y se optó abiertamente por este último, cuyo aprovisionamiento se consideraba mucho más urgente.
Actividad resinera
Otro aspecto de la explotación de nuestros montes fue el aprovechamiento relacionado con la naturaleza del sustrato litológico centrado en la cal dada la abundancia de materia prima, mediante la cocción de pequeños fragmentos de roca caliza. La proliferación de hornos de cal (caleras) estuvo íntimamente relacionada con el notable desarrollo de obras de mampostería que llevaban aparejadas distintas actuaciones forestales, particularmente los diques transversales a los cauces, que formaban parte de los trabajos de corrección hidrológico-forestal, y los muros de contención para defensa de las vías de saca de los montes, que tanto proliferaron a partir de la segunda década del siglo XX. También haremos mención a la obtención de yeso, aunque con consideración puntual y de escasa importancia, compartiendo procedimiento similar al de la cal.
Calera para la extracción de la cal
El conjunto de estas actividades vinculadas a las funciones de producción de los montes generó un valioso patrimonio material que sigue siendo en gran parte desconocido en nuestros días. Desconocemos su distribución territorial ni su localización, lo cual dificulta su interpretación, pero el recuerdo en sus gentes y algún tipo de documentación, permite identificar muchos de estos elementos descritos a pesar de la pérdida que en la memoria colectiva se ha producido. Igualmente resultan muy poco conocidos los procesos de distribución y transporte hasta el mercado de los productos elaborados o semielaborados con origen en nuestra sierra. Especialmente llamativa resulta la desatención que hasta la fecha se ha prestado al transporte fluvial de madera, sin duda la actividad de mayor calado social y económico durante siglos.
Elevador de maderas en el embalse del Tranco 
De forma muy superficial se ha estudiado la organización social de los pineros que era el nombre con el que se conocía a los trabajadores que participaban en las labores de transporte fluvial de la madera, y las funciones que desempeñaban cada grupo de ellos dentro de las conducciones fluviales, pero poco sabemos acerca del volumen de piezas transportadas por cada uno de ellos, así como de su distribución en el tiempo o los cambiantes puntos de origen y destino de las maderadas. Destacamos incluso, como claro ejemplo del poco aprecio patrimonial, el escaso cuidado que tiene el elevador de madera del pantano del Tranco. Este artilugio, único en su género en nuestro país, construido en la posguerra, durante algunos años permitió sortear con éxito la infranqueable barrera que constituía el impresionante muro de esta obra hidráulica. El elevador era, en realidad, una cinta sinfín, provista de ganchos que recogía las piezas que llegaban flotando a través de las aguas del embalse y las elevaba hasta la parte superior del muro de la presa. Una vez allí, la madera podía cargarse en camiones y seguir su camino por vía terrestre, o bien devolverse a las aguas del Guadalquivir a través de un túnel excavado en la parte opuesta de la pared de la presa a la que se encontraba el elevador. Para dar una ligera idea de la eficacia de este artilugio, baste con señalar que durante algunos años llegaron a elevarse por él más de 300.000 piezas de madera.


Por Eduardo Araque Jiménez. (Adaptación)

lunes, 25 de marzo de 2019

EL PROGRESO FRENTE A LA TRADICIÓN.

Para esta ocasión hemos recuperado, desde nuestro Blog, un interesante artículo de Domingo Henares publicado en 1991, en el que hace encendida crítica a las obras que, poco tiempo después, se llevaron a cabo en el entorno del Puente Viejo, que no sólo contemplaban su dudosa restauración sino también parte del saneamiento público de Puente de Génave.
Puente Viejo con el Molino de Trillo al fondo antes de la actuación urbanística

SI NO HAY OTRO REMEDIO…..

La historia personal de cada hombre consiste en un puñado de recuerdos. Y entre los sucesos memorables, que se pueden contar con los dedos de una mano, está primero su lugar de nacimiento. El pueblo donde fue a su primera escuela y empezó a tener amigos, las campanas de una iglesia que voltearon su corazón de niño en fiestas, aquel reloj del Ayuntamiento como una mirada enorme y contando el tic-tac de los pasos iniciales por la vida. La biografía, entonces, de cada uno de nosotros está edificada sobre las primeras piedras de la memoria.
Río Guadalimar y la estructura romana del Puente Viejo 
Los que hemos nacido en Puente de Génave, por más señas, tenemos un testigo cualificado que se llama río Guadalimar. El río “mediano” que pudo enseñar la caducidad de la vida de nuestro poeta segureño Jorge Manrique; y por donde bajaban siguiendo el Guadalquivir desde un tiempo medieval, según advierte Emilio de la Cruz en diversos tratados, los troncos madereros de los pinos de nuestra sierra para la construcción de las naves en Sevilla o en Cádiz, y tal vez remaron hasta encontrarse con el Nuevo Mundo.
Ruinas del molino de Trillo bordeado por las obras de canalización
Y, sobre el río Guadalimar, como un arco de triunfo del paisaje, está el “Puente Viejo”, por donde pasaron los romanos antiguos y después venían los cosecheros desde la villa de Génave, los arrieros del siglo XVI, con su grano hasta el molino cuyos restos completan el entorno que pone nombre a este pueblo, incluso antes de que se juntaran sus vecinos. Puente de los romanos, puente de Génave, puente nuestro. Ahí están las huellas de identidad con toda su belleza antigua, la leyenda verdadera de un paisaje recordado y que muy pronto, si no hay otro remedio, vamos a tener que dejar de contarlo, porque nadie va a creerse tras su restauración su noble origen. Quisiera equivocarme pero no quedará ni rastro de lo romano.
Restauración del Puente Viejo siguiendo técnicas tradicionales.
Porque, en nombre de la salud para los ciudadanos del lugar, se ha cometido un desacato contra la gracia y la armonía del paisaje, que han sufrido sus piedras milenarias; un borrón y cuenta nueva sobre la historia a favor del porvenir mal entendido. Esa es la trampa y no debemos caer en ella. Porque a estas alturas del siglo XX, cuando será posible pasar desde Francia hasta Inglaterra sin que se resienta la sanidad y la ecología de sus habitantes, ¿quién va a creerse que las obras de saneamiento de Puente de Génave tenían que practicarse justamente en el lugar elegido?. Teniendo en cuenta que no hay rincón más hermoso del Guadalimar que el cobijo que le prestan a sus aguas este puente romano y ese molino cuatro veces centenario.
Cascada artificial surgida tras las obras de saneamiento en el Río Guadalimar
Ese lugar debe ser declarado intocable. A no ser por las faenas de limpieza y para acariciar las piedras inmediatas, con algún presupuesto que las alivie de sus síntomas de ruina inminente. Y que las obras de saneamiento, las cascadas artificiales y las tuberías horribles se pongan río abajo y bienvenidas sean.
Si no hay otro remedio, desviaremos muy pronto la mirada hacia alguna fotografía del recuerdo.

Domingo Henares

lunes, 11 de marzo de 2019

BREVE CRÓNICA HISTÓRICA DE LA SIERRA DE SEGURA (2ª PARTE)

INVARIANTES HISTÓRICOS DE LA SIERRA DE SEGURA.

Por Modesto Vigueras. Profesor.

........continúa

3.- Los musulmanes.
Después de la derrota de los visigodos en el Guadalete, Sierra Segura fue ocupada por los musulmanes y se dividió entre diferentes cantones y las coras de Tudmir y Jaén. Por una serie de causas, en las que no entraremos, la población se islamizó totalmente, se convirtieron en muladíes, devotos fervorosos del Islam, y adoptaron la religión, lengua y costumbres de los nuevos invasores, mezclándose con población de origen berebere, con presencia de árabes gafiquies y qahtanies.
Ocupación musulmana de la península y el territorio independiente de Tudmir
Los geógrafos e historiadores árabes tuvieron un gran conocimiento de la región, con descripciones muy precisas de sus aspectos más importantes, montañas y ríos, y, en particular, dedicaron atención a las montañas de Sierra Segura – Shakurah – que, decían, era muy extensa y montañosa con más de 33 castillos y 300 aldeas; alguno de ellos la identificó con el Sumuntán, que correspondía a la zona más montañosas, derivando de la de Segura las otras montañas de la zona.
Desde los últimos tiempos del Emirato, se produce el levantamiento llamado de los “encastillados”, en el que se sublevan todos los señores de la cuenca del Guadalimar, alto Guadalquivir y alto Segura, así como de Cazorla, contra el poder de los emires. El califa Abderramán III los aplasta y pacifica la zona, que quedó bajo el dominio del gobernador del Sumuntán.
Desaparecido el Califato y después de la existencia de una serie de reinos Taifas que se disputan el dominio de Segura, a mediados del siglo XII, aparece un caudillo, llamado Ibn Hamusk, que se apodera de Segura, crea un extenso dominio, que se extiende sobre todas las tierras de la antigua Orospeda, y amplía su señorío sobre otras regiones del Guadalimar y Guadalmena, Alcaraz, zonas de Murcia y Granada, con profunda penetración en Jaén.
Al pasar, por alianza, el dominio de Segura al Imperio Almohade, va a permanecer unido hasta que se produzca el hundimiento del poder musulmán en las Navas de Tolosa, cuando se ofrece, como presa codiciada, al ejército cristiano.
Torres de Santa Catalina y Segura de la Sierra al fondo
Durante los cinco siglos que duró la ocupación musulmana en estas tierras hasta la derrota musulmana en las Navas de Tolosa, la base de su población fue la indígena primitiva que se romanizó, conservando todas sus características raciales primitivas; con la llegada de los musulmanes, la mezcla con sangre berebere, aunque modifica, sin duda, la base primitiva, no obvia que la población resultante conserve gran parte de los esquemas originarios y, así, perviven su frugalidad, belicosidad, amor a la independencia y resistencia a poderes extraños, sin duda influenciada por las condiciones del marco físico. Esta época es una de las que contempla el final de su vida, la unidad de sus tierras, con una población homogénea sobre los territorios que formaban la Orospeda.
Batalla de las Navas de Tolosa
-Marco histórico. Segunda fase. Tras la reconquista.
En este período incluimos desde la Reconquista, año 1214, hasta nuestros días. Una consideración básica que marca el período es el cambio absoluto de población, pues se produjo la expulsión total y completa de la población existente en ese momento y se sustituyó por otra llegada de las tierras cristianas. Es un aspecto muy interesante, ya que podremos conocer cómo se imponen, sobre la nueva población, los condicionantes del medio físico y de la vida en primera línea de frontera. Se distinguen, claramente, tres épocas: la de la Encomienda y el Común de la tierra de Segura; después, la Provincia Marítima; y, finalmente, los tiempos actuales.
1.- La Encomienda y el Común de la Tierra.
Comprende desde la Reconquista hasta la llegada de la dinastía Borbón; en los veinticinco años siguientes a la gran victoria cristiana de las Navas y el consiguiente hundimiento del poder Almohade, los cristianos se apoderan de extensos terrenos del Señorío de Segura y forman poderosos Concejos o Señoríos, como los de Alcaraz, Úbeda, Cazorla, etc., a los que los Reyes conceden vastos territorios exteriores al núcleo de Segura.
Distribución territorial de las órdenes militares S. XIII
En 1243, San Fernando y su hijo, Alfonso X, el Sabio, conceden a la Orden de Santiago el Castillo de Segura y todos sus dominios, “excepto” los que habían concedido con anterioridad a otros Concejos y Señoríos. La lista de los castillos y lugares de la donación corresponden, prácticamente, al núcleo de la Orospeda, como puede comprobarse en el esquema adjunto. Posteriormente, la Orden creó una serie de Encomiendas sobre castillos de la donación, que segregó del territorio de Segura, y estableció, en éste, la cabecera de la Encomienda de su nombre que se extenderá, prácticamente, sobre los territorios de la actual Sierra de Segura.
Durante toda la época de la frontera, Segura fue el gran baluarte de la Orden y de Castilla contra el reino de Granada; sus Comendadores, durante muchos años, Comendadores Mayores de Castilla y Comendadores y Maestros de la Orden, como D. Rodrigo Manrique, fueron, prácticamente, los grandes señores del sudeste de Castilla.
Casa de los Manrique en Segura de la Sierra
Terminada la Reconquista y la razón de ser de la Encomienda, Sierra Segura siguió unificada en sus tierras y población y, así, se creó el llamado Común de la Tierra de Segura, del que sus Ordenanzas, aprobadas por Felipe II el año 1580, junto a las disposiciones del Fuero, rigieron a su población durante cerca de dos siglos.
Estas relaciones, realmente importantes para el conocimiento de Sierra Segura, son muy interesantes para este trabajo, pues, por un lado, revelan la uniformidad de todas las contestaciones de los pueblos sobre sus grandes montañas, por clima riguroso, tierra hostil, agricultura muy pobre, con la única riqueza de sus bosques y ganados y, por otro, la respuesta sobre la región a la que pertenecían. Dicen que “su tierra... divide términos con el reyno de Murcia y reyno de Granada y reyno de Andaluzia y reyno de Toledo”. Se sentían diferentes de todos ellos.
Ordenanzas del Común de la Tierra de Segura
Si a esto unimos que sus tierras de hombres libres no toleraban la desigualdad, el continuo guerrear y lo que decían los escritores contemporáneos sobre su valentía, ferocidad en el combate y lealtad hasta la muerte, creemos que la tierra ha moldeado de nuevo a sus habitantes con unas constantes raciales que superan la diferencia de origen.
2.- La Provincia Marítima.
La necesidad de disponer de madera de calidad y cantidad adecuada y a precios asequibles, para la construcción de la Fábrica de Tabacos y una serie de iglesias y edificios oficiales de Sevilla, permitió el "descubrimiento" de los bosques de Segura y el conocimiento de sus habitantes, que conducían la madera, en flotación y a través de los ríos Guadalimar y Guadalquivir, hasta Sevilla. Esta actividad se había realizado desde la época de los musulmanes hasta finales del siglo XVII y cesó a causa de la inseguridad política y ruina económica.
Delimitación de la provincia marítima
Como consecuencia de estos informes, el Rey ordenó la explotación de los bosques, si bien cayó en el gravísimo error de creer que eran de realengo, cuando eran propiedad exclusiva de los Concejos y sus vecinos. Posteriormente, la Corona, ante la necesidad de madera para los Arsenales de la Carraca y Cartagena, al promulgar la Ordenanza de Montes de 1748, crea la Provincia Marítima de Segura de la Sierra, que se extendía sobre una gran superficie, con la particularidad de que todas las tierras, y especialmente Segura, estaban muy alejadas de la costa.
Extracción de la madera hacia astilleros de Cádiz y Cartagena
Limitándonos a los aspectos relacionados con el mantenimiento de características similares de organización humana y social sobre el territorio unificado de la antigua Orospeda, es curioso comprobar cómo, sin proponérselo, se reproduce, a mediados del siglo XVIII, la misma situación que existió en diferentes épocas anteriores; la Provincia Marítima incluyó cerca de 10.000 km2 de superficie, con cobertura, precisamente, de los territorios de la Orospeda, más algunos vecinos en la cuenca del Guadalimar y La Mancha y la excepción de las tierras de Granada.
La unificación fue total, puesto que la jurisdicción de Marina era preferente a cualquier otra existente, incluso los juzgados ordinarios; ejerció el mando sobre todas las actividades desarrolladas, incluso pastizales, aprovechamiento de madera, servidumbres y servicios, organización de trabajo, etc., hasta un punto desconocido en la vida de los pueblos del reino de Castilla. Además, la administración se ejerció por funcionarios “ilustrados” que trataron despóticamente a los vecinos, verdaderos dueños de los montes, ello unido a que muchos de los auxiliares fueron incompetentes o venales.
Ejemplar de las Ordenanzas Generales de Montes 1833
En estas circunstancias, se produjo un constante enfrentamiento entre los responsables de la Provincia y sus habitantes, que la misma Marina tuvo que rectificar. Puede decirse que fue el choque de dos mentalidades: la de los habitantes, que se regían prácticamente por normas emanadas por sus Fueros, y la de la nueva Administración, con una mentalidad absolutamente diferente; en resumen y sin juzgarla, su actuación presentaría unos profundos contrastes: al lado de efectos catastróficos para la economía y desarrollo de la región, hundida en la pobreza y el atraso, para nosotros, en cambio y en contra de otras opiniones, la Marina fue un factor muy importante para la salvación de los montes de la rapiña de algunos que deseaban su destrucción para su beneficio.
Extracción de la madera. Gancheros
3.- Los tiempos actuales.
Poco después de terminar su existencia la Provincia Marítima, se produjo la división provincial, por la que la antigua Orospeda se dividió entre Albacete y Jaén, principalmente, y algunas zonas que se incluyeron en Murcia y Granada. Desde entonces, se dictan una serie de disposiciones que regulan la propiedad de los montes y el control de su explotación en la que no entraremos.
El único acontecimiento importante y decisivo fue la creación del llamado “Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas”, que ocupa la zona occidental de la Orospeda.
No queremos hacer ningún juicio ni valoración por creer que no es éste el lugar adecuado, pero sí afirmamos que supone un profundo agravio a Sierra Segura, puesto que de las 211.000 hectáreas de extensión del Parque, casi 2/3 pertenecen a Sierra Segura, además de incluir puntos tan emblemáticos como Segura y su Castillo, el Pantano del Tranco en su totalidad, la bellísima cuenca alta del Segura y los bosques del Guadalimar, etc, etc, y ha quedado para figurar, simplemente, en segundo lugar en el largo nombre del Parque, cuando es de todos conocido que cuando se cita el Parque, en la mayoría de las ocasiones, si no en casi todas, solo aparece el nombre de Cazorla, como si Sierra Segura fuera un simple añadido, cuando, por ironía del destino y en el jamás de los jamases, Sierra Segura dependió de Cazorla, sino al revés: a lo largo de 2.000 años, todos los grandes geógrafos e historiadores consideran y citan a Sierra Segura como el corazón y centro de las montañas y capital del territorio.
Delimitación del Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas

Pero con este Organismo Administrativo y el desconocimiento y desinterés de sus rectores por la Historia o derechos de sus habitantes, al silenciar las características de la Sierra Segura y su posición en la Historia, creemos que Sierra Segura está amenazada por el grave peligro de perder su identidad y que su pueblo no conozca ni quiera su pasado.
Modesto Vigueras Profesor

martes, 26 de febrero de 2019

BREVE CRÓNICA HISTÓRICA DE LA SIERRA DE SEGURA (1º PARTE)


INVARIANTES HISTÓRICOS DE LA SIERRA DE SEGURA.

Por Modesto Vigueras. Profesor.

Si se contempla el desarrollo de Sierra Segura a lo largo de los dos mil quinientos años de la época histórica, se puede destacar la permanencia de unas constantes humanas sobre un marco físico concreto y definido, que sobrevive durante todos estos siglos a pesar de las diferentes situaciones y circunstancias que las sucesivas épocas han ejercido influencia sobre su existencia diaria.
Indudablemente, esas peculiaridades se deben fundamentalmente – en nuestra opinión – a dos factores: el primero, el marco físico, que influye decisivamente sobre la forma de ser y vivir de sus habitantes, que forja sus características raciales, virtudes y defectos; y, el segundo, la actuación de pueblos extraños a la vida de su tierra que, al intentar conquistarles, hizo luchar contra ellos a sus habitantes, lo que finalizó, con una cierta generalidad, en una asimilación de razas, costumbres y civilización que supuso la continuidad de los aspectos más característicos de su población.
Presentar estas constantes históricas de Sierra Segura, que por su permanencia hemos querido llamar “Invariantes”-, es nuestro propósito en este, forzosamente, superficial y resumido análisis, que esperamos sea como una brevísima exposición de la Historia de Sierra Segura, tan ignorada que hizo decir a Hübner,  a finales del siglo XIX, que la Sierra de Segura era, en ese tiempo, tan desconocida como el África interior; por desgracia, creemos que así sigue en algunos aspectos y nuestro único deseo es contribuir a mantener, en sus habitantes, el conocimiento y aprecio de su gran Historia, en diversos aspectos amenazada por el olvido del que todos somos culpables en alguna manera.
El marco físico.

Sobre los límites de las actuales provincias de Jaén, Albacete, Murcia y Granada, se extiende un complejo nudo de montañas, que pertenece, en su casi totalidad, a los que, actualmente, se llaman Sistemas Prebéticos. Formando un ángulo con vértice en la Sagra (2.340 m), su lado occidental corre en dirección aproximada de S.O. a N.E. y está formado, sucesivamente, por las Sierras del Pozo y Cazorla, Segura y Alcaraz y por su lado sur, con dirección O.E., está constituido por las serranías de Guillimona, Las Cabras, Peña de Moratalla, Revolcadores, etc., que forman una especie de arco de gran robustez y altitud (2.000 m, aproximadamente). Entre ambas alineaciones, se alzan otra serie de serranías como son El Calar del Mundo, Mentiras, Cobos, Almorchón, etc., que cubren la zona intermedia y constituyen un conjunto sumamente accidentado, con profundos valles entre altas montañas, y algunas zonas mesetarias situadas en cotas superiores a los 1.200 m.
Dentro de este macizo montañoso, tiene su origen un complejo sistema hidrológico compuesto por dos cuencas totalmente diferenciadas: una, al Oeste, formada por el Guadalquivir y sus afluentes de la Cuenca Alta, como Guadalimar, Guadalmena y Guadiana Menor, que desemboca en el Atlántico; y otra formada por el Segura y sus afluentes, como Tus, Mundo, Zumeta, Taibilla, entre otros, que se dirige hacia el Este y desemboca en el Mediterráneo; la divisoria corre por el interior del macizo.
El conjunto de este complejo nudo orográfico e hidrográfico, con su accidentado relieve, forma una unidad compacta en medio de un cinturón de tierras, de mucha menor altitud, que lo rodean, con límites más o menos definidos, como son: por Levante, los llanos de Albacete y la Cuenca Media del Segura; por el Sur, las llanuras de Lorca y la depresión de Baza; por el Oeste, el Valle del Guadalquivir y Loma de Úbeda; y por el Norte, Sierra Morena y La Mancha. Frente a las óptimas condiciones de estas tierras bajas para comunicaciones y la vida de las poblaciones, las Sierras ofrecen un ambiente hostil para sus pobladores, con tierras frías y pobres, solo aptas, prácticamente, para los bosques y ganado, con una climatología muy dura y grandes dificultades para las vías de comunicación.
Estas condiciones de su marco físico han llevado a sus habitantes a un tradicional aislamiento respecto a los territorios vecinos y a la forja de un carácter que, desde las primeras épocas históricas, geógrafos e historiadores juzgaron como de frugalidad, rudeza, belicosidad y de permanente rechazo a la llegada de pueblos extraños.
La Orospeda en el mapa del geógrafo griego de la antigëedad, Estrabón.
Este territorio es el que se llamó, desde un principio, La Orospeda, de la que formó parte, quizás como su centro y corazón, Sierra Segura y que será el escenario de nuestra exposición histórica.

El marco histórico. Antecedentes.

Para una mejor claridad de los comentarios y por las diferencias de las situaciones o marcos históricos, vamos a dividir la exposición en dos periodos: el primero, desde las épocas pre-romanas hasta el fin de la ocupación musulmana, que incluye la romanización y el paso de visigodos y musulmanes, y, el segundo, que transcurre desde la Reconquista cristiana hasta nuestros días.
Entre las diversas razones que nos han movido a esta presentación de la evolución histórica, aparte de la que estimamos fundamental el hecho de recobrar la unidad de España, es la que se refiere a la situación y comportamiento de la población. En la primera, la base de la población siguió siendo la primitiva prerromana que se romanizó y, posteriormente, se islamizó y mezcló con los nuevos dominadores, adoptando su lengua, costumbres, religión, etc., En cambio, al llegar los cristianos, se produjo la total expulsión de la población musulmana existente en aquel momento, hasta el punto en que, a mitad del siglo XIII, sólo quedaban dos familias musulmanas en toda la Encomienda de Segura.
Valle del Trújala, con Segura de la Sierra (monte Orospeda según los griegos)
Foto Manuel Cervera. 
Sin embargo, creemos, que esta radical diferencia entre ambos períodos ratifica nuestra tesis de existencia de las Invariantes citadas en el devenir histórico de la región, pues, como veremos, la unidad de la tierra y la mentalidad de sus habitantes perduró hasta hace pocos años, cuando, la expansión de los nuevos medios de comunicación de todo tipo y la actuación administrativa de los poderes públicos han borrado las anteriores situaciones.

-Marco histórico. Primera fase. Hasta el dominio árabe.
         
A fin de delimitar los contenidos históricos dividiremos esta primera fase del marco histórico en tres periodos: la época íbera y romana, el breve dominio visigodo y la intensa presencia en nuestras tierras del dominio árabe.
1.- Los Íberos y dominio romano.
Desde el comienzo histórico hasta el fin de la “romanización” del territorio La región estaba poblada en su mayor parte por los “bastetanos” y al Norte, sobre la cuenca del Guadalmena, Alcaraz, Sierra Morena y La Mancha, habitaban los “oretanos”. Al intentar Amílcar Barca la conquista del territorio, fue derrotado y muerto por los oretanos y bastetanos, cerca de Elche de la Sierra.
Pueblos Iberos en la peninsula Ibérica.
Posteriormente, Asdrúbal castiga duramente a unos y a otros y Aníbal – uno de los mayores genios de la guerra –, con un gran ejército de caballería, infantería y elefantes de guerra, atraviesa la Orospeda y abre el que se conoce como el “Camino de Aníbal”; marcha, desde el Segura, por el Mundo, salta el Guadalimar y, desde allí, derrota a la tribus de la Meseta Sur y llega a Salamanca; parece que no hubo otras incursiones púnicas en tierras de la Orospeda.

Iniciada la 2ª guerra púnica el año 218 a. C., con la marcha de Aníbal sobre Roma, Escipión el Africano en el 207 a.C. derrota, completamente, a los cartagineses y los expulsa de España, que quedó a merced de Roma, que comienza su conquista. Para afirmar su incipiente ocupación, dividió el territorio en dos provincias: la Ulterior, o bética, y la Citerior, que comprendía el resto, trazando la divisoria por la margen izquierda de la Orospeda, es decir, por el borde de las Sierra Segura y Cazorla, en la parte que nos afecta.
Puente romano. S. I. Puente de Génave
Sin haber comenzado las terribles luchas que, posteriormente, emprendió contra lusitanos y celtíberos, Roma se dedicó, desde el primer momento, a la pacificación de estas tierras, aunque mantuvo una serie de guerras y combates entre los distintos cónsules de las dos provincias y los caudillos y reyezuelos de los indígenas. Finalmente, hacia mediados del siglo II a.C., la región quedó totalmente pacificada y solo alterada por los conflictos entre César y los hijos de Pompeyo y el gran bandidaje que, originado, en parte, por desertores de las legiones derrotadas y, en parte, por indígenas que hacían de esta actividad una forma de vida, obligó a los gobernadores a actuar de forma drástica para terminar esta situación.
Mosaico romano de la Villa de los Baños. Arroyo del Ojanco
Llegada la “paz romana”, la región se romanizó totalmente; adoptó el latín como lengua, con abandono de las suyas propias, su forma de vida, su organización y administración, los dioses romanos del Panteón y, posteriormente, se cristianizó, siguiendo un camino similar al del resto del Imperio. Quedó integrada en la provincia imperial de la Tarraconense y, en la reforma de Diocleciano, en el Convento y Diócesis de Cartagena.
Por su lejanía de las fronteras, quedó como lo que se llamó “provincia pacata”, con una vida tranquila; por sus características, fue, esencialmente, una región rural con bosques y ganadería y, parece, que existieron grandes latifundios que perduraron en el Alto Imperio y la Baja Edad Media.
Principales vías romanas de comunicación.
Por sus particularidades y condiciones físicas, la Orospeda quedó al margen en las grandes vías romanas y solo debieron existir algunos caminos secundarios – conservan los restos de algunas infraestructuras -, aunque, sin duda, debió construirse algún camino troncal que, a través de las montañas, permitiese el fácil paso de las legiones para la obra de la pacificación y romanización, sin que todavía se haya identificado.
2.- Los visigodos.
Después del paso de vándalos y alanos por los territorios de la Bética y la Cartaginense, la Orospeda quedó como una isla en medio de las tierras de los visigodos.

Al pedir Atanagildo, en su lucha contra Akhila, ayuda a los bizantinos, estos se apoderan del Levante y del Sur peninsular; la Orospeda quedó como provincia o, mejor dicho, aliada de los bizantinos, ya que su población, totalmente romanizada, era hostil a los visigodos por religión – recordemos que los visigodos eran arrianos -, lengua, raza y costumbres. Al emprender, más tarde, Leovigildo la reconquista de los territorios ocupados por los bizantinos, primero los derrota y expulsa en el año 572 de nuestra era y, después, ataca y domina la Orospeda el año 577; pero, después, en 578, se produce el levantamiento de su población, que los escritores de su tiempo llamaron “rustici” o campesinos, sin duda por el carácter rural de la región.
Leovigildo aplasta la rebelión y la Orospeda quedó como provincia visigótica. Durante este período, la Orospeda muestra su constante de unidad física y humana.

lunes, 11 de febrero de 2019

PUENTE DE GÉNAVE. SU RÍO Y SUS PARAJES


ESPLENDOR EN LA YERBA

Por Pedro Ruiz Avilés

“Nuestras Vidas son los ríos
Que van a dar a la mar…”
Jorge Manrique, poeta segureño.

            Siempre he sido un fervoroso caminante y, como aconseja Machado, he hecho mucho camino al andar. Y, desde pequeño, cuando iba con mis padres a Paules me ha gustado entrar en contacto con la naturaleza, con el aire libre, andar por el campo. Porque es muy bueno y sano, y porque por estos parajes, las mejores vistas se aprecian mejor caminando suavemente, andando sin prisas, en la ciudad como en el campo, y, si es posible, olvidarse de las horas que marca el reloj.
Vista general. Puente de Génave
       Este año, como todos los años, las lluvias invernales y del comienzo de la primavera llenarán los arroyos, harán que las fuentes echen un buen chorro de agua y los más entrañables  paisajes de nuestro pueblo estarán frondosos y con un color fantástico. Y será ese verdor, lleno de matices, y de esparraguillo de las olivas, mezclado con el parduzco de las sobrias carrascas, junto con la flor blanquecina de las jaras unido al rosáceo de la flor del romero y las de algunos árboles frutales, las que darán ese color a nuestro campo, color que intentará reproducirse en balcones, terrazas y patios de nuestras casas que suelen estar siempre llenos de tiestos y macetas casi siempre floridos. Así es nuestro entorno, un entorno que anima a pasear y a disfrutar de la Naturaleza. La primavera será siempre protagonista en este contexto y la celebración de San Marcos una perfecta excusa para salir a disfrutar de nuestros parajes al cumplir nuestra viva tradición de “salir a espantar el diablo”.
Paraje del Pizorro sobre el Cortijo de Esteban
    Disfrutaremos caminando hasta Peñolite acompañados de las huertas que salpican su cañada, veremos la alfombra verde que se divisa desde lo alto de La Cornicabra, pasaremos por la Vega de Paules aunque en demasiadas ocasiones escasa de agua, llegaremos hasta El Tamaral o las Cumbres de Las Alberquillas empapándonos de un paisaje único y dibujado en policromía singular.
Camino de La Vicaría. Al fondo Las Dos Hermanas
         Esta riqueza de paisajes y parajes es algo que saben apreciar bien los que están fuera, que no dudan en venir para San Isidro o cualquier otro momento del año, no sólo para llevarse el inmejorable aceite de la reciente cosecha o el consabido cargamento de morcilla blanca o güeña, sino también el recuerdo en su corazón de todas estas bellezas paisajísticas que poseemos para disfrutarlas en sus lugares de residencia desde la añoranza.
Vista general de El Tamaral

         Y si el tiempo disponible es limitado y no se puede realizar estos paseos contemplativos por nuestro entorno, tenemos otra clara posibilidad a nuestro alcance recorriendo el entorno del río, nuestro Puente Viejo y Puente Nuevo, recordar como nuestro San Isidro pasea sobre ellos al son de los acordes que aporta nuestra estupenda banda de música y del murmullo del río, que a uno y otro lado de sus puentes, mueve sus aguas en un entorno magnífico donde las casas, recién enjalbegadas, hacen de perfecta compañía a una agua que cae por su cascada, que hasta parece auténtica, que ruge en el Zurrión y que aparece ya mansa en el Charco del Puente; y todo ello entre frondosos árboles y sauces que hay junto al antiguo molino o incluso más allá del Puente Nuevo hasta la curva de La Terrera y el Charco de Los Zarzalones.
Paraje del río Guadalimar en la zona del molino de Trillo
            Eso es simplemente riqueza natural, calidad de vida y, si de paso repasamos nuevamente las vivencias tomando una copa de buen vino o un botellín con nuestros amigos, dejándose llevar por una amena conversación en la que verifiquemos el vertiginoso cambio de nuestro municipio, realmente estaremos viviendo una experiencia única que nos reconforta, ilusiona y ayuda a vivir, al tiempo que crea siempre deseos, por no decir ansias, de volver.
Salto artificial de agua en el río Guadalimar
            Y como final, y para que la fiesta no concluya en cinco días, un ruego que ya hice a nuestro alcalde: que las luces del moderno alumbrado público den color en la noche a ese precioso entorno del río y sus puentes, porque el silencio nocturno es el más apropiado para escuchar el bronco rumor del agua chocando contra Las Riscas, disfrutando de otros insólitos matices que agudizarán nuestros sentidos en la noche y nuestra imaginación. Disfrutemos y cuidemos ese preciado tesoro que poseemos.
Puente de Génave, su río y sus paisajes.