viernes, 27 de abril de 2018

TAL DÍA COMO HOY.....

( jt )

La II República trajo consigo para la sociedad española una serie de cambios que intentaron generar dinámicas hacia la modernización de un país que nadaba en el más estricto subdesarrollo. Muchas de sus decisiones fueron estrictamente políticas y económicas, pero otras muchas fueron destinadas al cambio de modelos sociales. Uno de esos modelos históricamente arraigados en nuestra sociedad era la estricta religiosidad que marcaba formas y comportamientos de la vida cotidiana, cuestión entendida por aquel primer gobierno republicano como muestra de subdesarrollo y atraso de un pueblo subyugado a modelos arcaicos alejados de la modernidad y del progreso.
Preámbulo de la Constitución de 1931 con el retrato de D. Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República
El afán republicano por apartar a la sociedad de estos modelos religiosos que otorgaban un poder moral a la iglesia católica quedó reflejado en la Constitución de 1931 y a partir de este momento, el gobierno republicano presidido por D. Manuel Azaña, comenzó a legislar de forma clara y rotunda con designios anticlericales. Y es ese sentido el que se refleja en una de las medidas de la resolución de la Comisión Gestora del recién constituido Ayuntamiento de Puente de Génave el 27 de Abril de 1933 y que reproducimos en este artículo, para respetar lo determinado por la Ley de 30 de enero de 1932 y que se refiere a la titularidad de los lugares de enterramiento que debía pasar a ser pública, pues los cementerios eran tradicionalmente potestad de las parroquias y por lo tanto ellas administraban, obteniendo incluso rendimientos, estos lugares de reposo eterno.
Cartel anticlerical en la II República
Históricamente la necesidad de estar cerca de Dios hizo que la mayoría de nobles y eclesiásticos pudieran descansar eternamente en criptas o sepulturas en capillas, conventos o iglesias, mientras que el pueblo llano tan solo podía ser sepultado en la parte exterior, quedando los cementerios ubicados en los alrededores de estas construcciones. Será durante la Ilustración y el afianzamiento de las teorías liberales, no sin grandes dificultades derivadas del peso de las tradiciones y costumbres, cuando se logró racionalizar el sistema de enterramiento en España, estableciendo los lugares de enterramiento en las afueras de las localidades atendiendo a motivos estrictamente sanitarios, que no por ello dejaban de tener la protección divina al ser declarados “campos santos”.
Delimitación del cementerio católico
Según lo apuntado por Pedro Castiella en su estudio “Política religiosa de la II República”, los dirigentes republicanos emprenden otra reforma que tenía que ver menos con la sanidad y sí más con las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Fue una medida más en línea con las políticas secularizadoras emprendidas por el nuevo régimen, en aplicación de lo dispuesto por la Constitución de 1931. Los cementerios no debían tener una vinculación religiosa, excepción hecha de las sepulturas en sí.

Ya se toma una determinación preconstitucional con un decreto del Gobierno Provisional de 9 de julio de 1931, que establecía el sometimiento de los cementerios civiles a los Ayuntamientos, pero lo que es más importante, estipulaba que el carácter del enterramiento podría ser civil o religioso, cuestión que era voluntad exclusiva del difunto y/o de sus familiares, rompiendo con la vinculación religiosa que primaba hasta ese momento; para después según lo establecido en el texto constitucional de 1931, que establecía una jurisdicción civil exclusiva para estos recintos o incluso la cremación como forma de enterramiento, siendo esta determinación un motivo más de fricción del gobierno con la Iglesia.
D. Fernando de los Ríos
Unos días antes de ser aprobada la Constitución se presentó en el Consejo de Ministros el proyecto de Ley de Cementerios, por el ministro de Justicia, Fernando de los Ríos, para adaptarse al futuro texto constitucional, siendo aprobado el proyecto y enviado a las Cortes para su discusión, siendo la Ley fue aprobada el 30 de enero de 1932.

Con la intención de ser descriptivo podremos decir que la Ley establecía que los cementerios eran municipales y comunes a todos los ciudadanos, sin diferencias internas en función de cuestiones confesionales, prohibiéndose la inhumación en templos y criptas, ni en ningún edificio religioso. Es importante destacar también que los Ayuntamientos podrían incautarse de los cementerios parroquiales o de cualquier otro que funcionase como cementerio general, pues la Ley obligaba a que todos los Municipios españoles tuvieran cementerios de su propiedad donde sólo podría haber simbología religiosa en las tumbas, estableciéndose un plazo de un año para construirlos si no los poseían.
Vista cenital del cementerio de Puente de Génave
En virtud a esta exigencia legal, el nuevo municipio de Puente de Génave tiene que legislar sobre la propiedad del cementerio, admitiendo que los terrenos son una donación y que es la parroquia quien ejerce por delegación el control del mismo, cuestión que a partir del acuerdo municipal dejará de tener efecto, convirtiendo esa gestión en municipal y así quedar regularizados en este aspecto de manera formal y práctica respecto a la ley en vigor. Dicho acuerdo municipal es el que a continuación reproducimos. 



Sesión ordinaria supletoria del 27 de Abril de 1933

En Puente de Génave, a 27 de Abril de 1933 y hora de las diez, se constituteron en sus salas capitulares, los señores de la Comisión Gestora, D. Gil Antonio Campayo Martínez, Alcalde Presidente, y los vocales D. Valentín Amador Herrera, D. Eladio Bellón Nares y D. Santiago Idañez Idañez, no asistiendo por ausencia D. Cándido Ortega García, al objeto de celebrar la sesión ordinaria supletoria a la del día 29 de los corrientes, con asistencia de mi el Secretario del Ayuntamiento.
Abierto el acto públicamente por el señor Presidente diose lectura al borrador del acta de la anterior que fue aprobada, se dio cuenta de la correspondencia oficial de la semana y expedientes en curso y se entró en el orden del día.

Visto el reglamento para aplicación de la ley del 30 de Enero de 1932, sobre secularización de cementerios fecha ocho del actual y de acuerdo con lo dispuesto en el capítulo II de dicho Reglamento, la Comisión por unanimidad, acordó: que existiendo en esta localidad un cementerio, cuyo origen fue por donación del solar que hizo D. Juan Mª Idañez y su construcción por prestación personal lo que demuestra que, si bien la Parroquia viene cuidando de él no es de su exclusiva propiedad procede incautarse del mismo, con los requisitos previstos en las disposiciones antes señaladas; que ha dicho fin se notifique al Sr. Cura Párroco por si estima oportuno concurrir al acto que tendrá lugar en día 2 del próximo a las diez y siete, y siguiendo, después, los demás trámites reglamentarios.
Cementerio en la década de los 50.
Fue examinada la factura que de las recetas por medicinas facilitadas a esta beneficencia durante el trimestre anterior, presenta el Farmacéutico D. Felipe Idañez Idañez, importante trescientas seis pesetas cuarenta y cinco céntimos, y la comisión por unanimidad la restó su aprobación.

No teniendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión de orden del Sr. Presidente siendo la hora de las once y media y aprobado que fue el borrador del acta en la siguiente se transcribe a este su libro que firmaron los señores concurrentes de que certifico.
Interior del cementerio de Puente de Génave


miércoles, 11 de abril de 2018

EL TRANCO, LA SIERRA Y SUS GENTES

EL EMBALSE DEL TRANCO Y LAS TRANSFORMACIONES SOCIOECONÓMICAS EN EL ENTORNO DE LA SIERRA DE SEGURA.

Por José Antonio Molina Real ( jt )

La comarca de la Sierra de Segura es un ejemplo de territorio dotado de abundantes recursos naturales, cuya explotación pública o privada, desde el siglo XVIII, ha favorecido a intereses externos, que incidieron en su empobrecimiento y falta de desarrollo. Por la riqueza forestal de sus montes fue objeto de una particular atención y control por parte del Estado, siendo declarada en 1748 como “Provincia Marítima” para sus aprovechamientos madereros, al constituir su madera una materia prima estratégica para los astilleros de la Armada de Cádiz y Cartagena, además de servir para la construcción de obras y edificios públicos, a lo que se unió que, ya a mediados del siglo XIX, la madera fue utilizada para traviesas de ferrocarril en un momento de enorme proliferación y construcción de trazados por todo el territorio nacional. Este interés permitió que los montes públicos y la impronta forestal mantuvieran su trascendencia hasta bien entrado el siglo XX.
El embalse del Tranco de Beas, de Hornos o de Monzoque

Pero además de la madera debemos considerar también como una explotación exógena la realizada con el agua. Será a principios del siglo XX cuando este territorio sufrirá una alteración de mayor calado para satisfacer intereses que se apartaban de los propios de las gentes de nuestras tierras, siendo la construcción de diversos embalses los que vinieron a inundar ricas vegas y huertas, al tiempo que diversas aldeas y cortijadas. Destacaremos entre todas estas construcciones la del embalse del Tranco bajo un proyecto iniciado en 1929 y que comenzó a acumular agua en 1944 y que concluyó su obra definitivamente en 1947 (la indicación en la caseta de la misma presa de 1946 es errónea).
Inscripción en la Presa del Tranco 
La presa se sitúa en el paraje denominado del Tranco de Mojoque o de Monzoque, en la confluencia de las carreteras A-6202 que, procedente de Villanueva del Arzobispo, une la N-322 con la A-319 que a su vez comunica Cazorla a través del Puerto de las Palomas con el propio Tranco y la villa de Hornos de Segura. Este gran embalse presenta una presa de arco de gravedad y planta curva con una altura sobre cimientos de 93m. y su longitud de coronación de 290m., y que extiende su lámina de agua de 1.800 Ha. por los términos municipales de Hornos y Santiago-Pontones, ocupando una cuenca/vertiente de solo 550 Km2 drenada por los ríos Guadalquivir y Hornos y de otros ríos, arroyos y barrancos que le aportan sus aguas directa o indirectamente al propio embalse, destacando el arroyo Amarillo, el del Montero, el del Mojoque, el de la Mesa, el de la Fuente del Oso, el de las Espumareas, el de las Huelgas, el de la Cabañuela, así como también las aguas provenientes del barranco del Cerezuelo, las del barranco de los Frailes, las del arroyo del Retozadero, las del arroyo del Aguadero, las del arroyo de las Canalejas, las del arroyo del Lobo, las del arroyo del Cañete, las del arroyo de la Cuesta de la Escalera, las del arroyo de los Molinos y los ríos Borosa y Aguasmulas; todos estos aportes en una zona, nuestra sierra, que se caracteriza por tener una de las medias pluviométricas más altas de España ya que se acerca a los 850 mm. de media anual, teniendo una capacidad total de 498’2 Hm3 lo que le permitió figurar, hasta 1969, como el de mayores dimensiones de Andalucía y era la tercera presa en Europa por capacidad de embalse en el momento de su entrada en servicio.
Arroyo de las Trucha en su confluencia con el río Borosa

El lugar donde se sitúa la presa se denominaba tranco pues era un paso tradicional angosto y estrecho de auténtico vértigo sobre el río utilizado por los habitantes del valle de cabecera del Guadalquivir para salir a los valles exteriores junto a la comarca de la Loma. Dejamos constancia aquí de la sobrecogedora descripción de este tranco o paso de desfiladero que se relata en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar de Pascual Madoz (Madrid 1845-1850): "Este camino aunque firme por estar todo en sierra, es fatal; en él se encuentra el difícil y peligroso paso del Tranco de Monzoque, que divide el término de dichas villas y el de Segura. Este tranco está en una elevadísima risca situada a la derecha del Guadalquivir, y si tiene acceso aunque muy difícil, es por medio de cortes y composiciones hechas en su trayecto. Antes de dominarla, preséntase la vereda en un vacío, desde el cual por medio de agujeros y poyos hechos en la risca, forman el camino unos maderos colocados de un punto a otro de ella, camino cuya anchura apenas tiene 5 palmos (1,04 m.) y más de 100 varas (84 m.) de altura el precipicio colocado bajo de él. El paso de esta especie de puente, es imposible dejar de hacerlo en el supuesto de tomar este camino; mas sólo las personas que tienen costumbre, lo bifurcan sin marearse o sin experimentar al menos un grande estremecimiento de horror, pues otra cosa no puede suceder sí se atraviesan las 10 varas (8,36 m.) que tendrá de largo, en las cuales no se deja de percibir la profundidad del abismo, por la poca anchura del paso, y el espantoso ruido que forma el río estrellado en las rocas que encuentra en sus corrientes".
El paso de el Tranco
La palabra tranco es por tanto propia a su dinámica geográfica y su uso histórico, pero lo que no queda tan claramente explicito es la coletilla “de Beas”, destacando entre todas las conjeturas aportadas la que indica que la mayoría de los trabajadores era provenientes de la población de Beas de Segura, al estar las tierras serranas excesivamente despobladas y preferir sus habitantes continuar con las tareas propias de las explotaciones agropecuarias a la de implicarse en la construcción del embalse, que al fin y al cabo iba a mermar su capacidad de riqueza y recursos, por lo que la falta de mano de obra apta para su construcción fue suplida por trabajadores de villas cercanas, entre la que destacó obreros provenientes de Beas. Fue una obra de gran complejidad debido a las características técnicas y dimensiones del proyecto, a la situación de extremo aislamiento en el que se encontraba la obra, a la cantidad de expedientes de expropiación que hubo que resolver, con el consiguiente desalojo de cerca de un millar de personas, y a la búsqueda de soluciones que hubo que dar al problema de la interrupción de las conducciones fluviales de madera, una actividad profundamente arraigada y estratégica, en ese momento, para la reconstrucción de la red ferroviaria española tras la posguerra.
La presa en construcción en la zona de la central eléctrica 

El embalse inició el proceso de llenado cerrando sus compuertas por primera vez en 1944, año meteorológicamente seco, y tardó algunos años en alcanzar su cota máxima, creándose artificialmente dos islas al quedar rodeado completamente el cerro de Cabeza de la Viña al que se le suma la pequeña elevación donde se encuentra el castillo de Bujaraiza, junto al cual se encontraba la aldea del mismo nombre que en 1940 contaba con más de 300 hb., que ofrecieron fuerte resistencia a abandonar sus tierras y viviendas hasta que fueron reubicados a finales de la década de los 40  en el lejano poblado de colonización de El Calonge en el término municipal de Palma del Río (Córdoba).
Isla de Cabeza de la Viña (izda) y de Bujaraiza

El embalse ha sido, y es hoy todavía, una obra fundamental en la regulación hidráulica de la Cuenca del Guadalquivir, y fue la infraestructura clave que facilitó la transformación en regadío de miles de hectáreas en el Bajo Guadalquivir con una aportación media de 1’5 mill. de m3 al día para esta finalidad. Por el contrario, las implicaciones territoriales de la obra, estudiadas por Eduardo Aranque (2012), son particularmente negativas para la comarca. Los beneficios de la obra fueron coyunturales. La energía eléctrica generada junto con los recursos hídricos, paradójicamente, también se ha trasladado muy lejos de la comarca que los producían. Por otra parte las mejores tierras de las vegas agrícolas de la comarca fueron sepultadas por las aguas embalsadas, generando un problema social que se acentuó con la expulsión de miles de pequeños agricultores que ocupaban, bien bajo la figura de concesiones o de forma no regulada, terrenos agrícolas en los montes públicos, y que fueron expulsados por las repoblaciones forestales de la cuenca que se desarrollaron desde mediados del S. XX, propiciando que la comarca fuese declarada en 1941 como de Interés Forestal Nacional, dándose prioridad las obras de repoblación forestal que afectaban a la corrección hidrológica de la cuenca de alimentación del embalse, con la finalidad de evitar el arrastre de tierras que propiciara el entarquinado para alargar así la vida útil del embalse.

La intensidad de la acción repobladora forestal no se detuvo en la propia cuenca de alimentación del embalse con la creación del Coto Nacional de Caza en 1960, que supuso un nuevo ataque a los intereses de las gentes de la Sierra de Segura al limitar, más aún, la acción de explotación tradicional de estas tierras, originando más motivaciones al poblamiento serrano, que realizaban dinámicas económicas tradicionales incompatibles con las actividades cinegéticas, para emigrar provocando un notable retroceso demográfico que llegó a cifras propias del siglo XIX. De esta forma la notable extensión de uso forestal implicó un retroceso, añadido al de las zonas inundadas, en el aprovechamiento agrícola, siendo el avance de los usos forestales muy notable, lo que dejó prácticamente el uso agrícola como testimonial y perviviendo con mucha dificultad en las proximidades del Cortijo de la Haza del Espartal, el paraje de La Tobilla y algo en las aldeas de Las Canalejas y Los Centenares, incluso con plantaciones de algunos olivares bajo cierta permisibilidad de la administración pública. Esta permisibilidad administrativa fue debida principalmente al interés de fijar una mínima ocupación del territorio, ya que la escasez de mano de obra era un riesgo porque suponía también un serio problema para garantizar los trabajos de salvaguarda del monte, concretándose con la creación, en 1968, de un nuevo núcleo de población de estructura colonizadora en la cola del embalse, denominado Coto Ríos, donde se establecieron los últimos desahuciados habitantes de aldeas y cortijadas próximas, y que no tuvieron más remedio que reconvertir su actividad en la guardería del Coto Nacional de Caza o en la mano de obra necesaria para las labores forestales y de prevención de incendios. Todo ello muestra un territorio orientado casi exclusivamente a la explotación forestal y cinegética, actividad excesivamente limitada y limitadora de posibilidades de progreso económico para los habitantes de estos parajes.
Poblado de Coto Ríos

Pero las cosas no mejoraron en el último tercio del S. XX, con una actividad maderera en claro retroceso al proliferar las traviesas de hormigón y limitarse, todavía más la acción de explotación de las tierras serranas, con la declaración de las Sierras de Segura, Cazorla y las Villas como Reserva de la Biosfera de la UNESCO en 1983 y como Parque Natural en 1986, siendo de esta forma el mayor de España y el segundo de Europa por su extensión (214.000 Ha). Sin embargo, esta misma consideración que viene a reconocer su riqueza medioambiental y paisajística, a lo que debemos sumar el propio embalse del Tranco, ha supuesto, ya desde los inicios del presente siglo, una enorme revitalización económica por su capacidad de acogida de actividades de turismo y ocio, lo que está claramente creando una economía terciarizada que, por ahora, no puede evitar ser muy puntual, localizada y especialmente estacional en pocas épocas del año.
Mapa de situación

Este aspecto se aprecia con mayor intensidad en el mismo poblado del Tranco con las instalaciones del complejo de ocio, restaurante y zona de embarcadero del barco solar y en las proximidades de la isla del castillo de Bujaraiza, en el Collado del Almendral, con la explotación turística de la reserva cinegética, siendo diversas las instalaciones de explotación turística a lo largo de la carretera A-319, la verdadera arteria de comunicación de este enclave que lo atraviesa en sentido norte-sur, especialmente cercanas a Coto Ríos, la Torre del Vinagre donde se ubica el centro de interpretación del parque y en Arroyo Frío; siendo también a destacar en esta vía de comunicación los diversos miradores  que ofrecen paisajes increíbles donde se mezcla la vegetación sobre el azul de las aguas del embalse como son los del Castillo, Rodríguez de la Fuente,  de las Ánimas o el mirador Cabeza de las Viñas.
Centro de Ocio y Turismo del Tranco con su barco solar

lunes, 26 de marzo de 2018

EL HOSPITAL. UN SUEÑO PARA SIERRA DE SEGURA


Hace ya casi 20 años cuando empezó a consolidarse la idea de la construcción de un hospital que viniera a cubrir las necesidades de toda la comarca de la Sierra de Segura. Históricamente había sido una necesidad que se ahogaba en dificultades financieras y que tropezaba con demasiadas puertas y despachos. Hoy en día es una realidad, consolidándose como marco de atención sanitaria para los más de 25.000 hb. de nuestra comarca.
Vista panorámica del hospital de la Sierra de Segura
El Hospital de Alta Resolución Sierra de Segura fue inaugurado el 21 de julio de 2005 por Manuel Chaves, presidente por aquel entonces de la Junta de Andalucía, siendo ubicado en Puente de Génave, en el Km. 0’3 de la carretera que le une al municipio de La Puerta de Segura (Jaén), dando cobertura sanitaria a los municipios de los que es área de referencia que son: Arroyo del Ojanco, Beas de Segura, Benatae, Génave, Hornos, La Puerta de Segura, Orcera, Puente de Génave, Santiago-Pontones, Segura de la Sierra, Siles, Torres de Albanchez y Villarrodrigo.
Esa satisfacción, generalizada en toda la comarca, se manifestó por diversos medios y, en especial en Puente de Génave. Así lo ponía de manifiesto, en un artículo publicado en el año 2000, nuestro amigo Pedro Ruíz Avilés. Dicho artículo lo recuperamos para percibir las sensaciones que tal anuncio provocó en nuestro municipio y, por extensión, en toda la Sierra de Segura, a cinco años vista de su inauguración.
Inauguración de las instalaciones del hospital por el presidente de la Junta de Andalucía


POR FIN UN HOSPITAL

Indudablemente uno de los grandes avances del S. XX ha sido la mejora de la calidad de vida de la población en los países desarrollados. El estado de bienestar, traducido en la consecución de la igualdad de oportunidades para la educación, las prestaciones sociales y la sanidad universal; es una de las mayores conquistas logradas en el mundo llamado desarrollado, siendo una reivindicación tradicional dentro del contexto español de gran parte de la población andaluza y más en concreto de la de nuestra comarca.
Ámbito de cobertura territorial
   Es bajo estas premisas como se debe interpretar la decisión de la Junta de Andalucía de construir un hospital en la Sierra de Segura, obviando los criterios economicistas y atendiendo a las características especiales de la Comarca, primando otras consideraciones territoriales, sociales y de desarrollo rural; entre las que se pueden destacar la dispersión de la población, carencia de infraestructuras, dificultad en las comunicaciones, articulación y cohesión territorial, atraso económico y una debilidad demográfica entre otros factores.
Pienso que constituye la mejor noticia recibida por la Comarca en muchísimos años y en cierto modo –y como ya ha afirmado el alcalde de Puente de Génave- constituye una restitución, una compensación a casi tres siglos de marginación y expolio a sus hombres y mujeres de sus riquezas, que la convirtieron en lo que un ilustre serrano, D. José Bautista de la Torre, llamó la “Guinea de España”.
D. Ramón Ruíz. Médico en Puente de Génave y
padre del autor del artículo.
Para mí, como hijo de médico rural que ha desempeñado más de 45 años de su vida profesional en la Sierra de Segura, el hecho de contar con un hospital supone una inmensa satisfacción. Desde que tuve capacidad de discernir fui testigo, principalmente en mi casa o a través de conversaciones que escuchaba, de la satisfacción producida cuando se solucionaba de forma positiva atenciones médicas, pero también de la impotencia y zozobra en muchos otros, donde la carencia de medios hacían irremediables casos clínicos. Mi padre atendía las más variadas exigencias que la salud y la sanidad le presentaban, desde un parto a fracturas muy diversas, desde dolores de cualquier tipo a asistencia a accidentados, desde la muerte repentina de personas conocidas y/o queridas a un simple resfriado; y todo ello sin poder acceder a lo que la medicina moderna dota hoy a los profesionales de la salud. Fueron incontables los días y las noches de guardia para visitar a un enfermo o acudir para atender a un malherido, todo ello circulando por unas carreteras de esta sierra que estaban en un estado infernal, incluso, en ocasiones, en circunstancias en las que la vida dependía de una atención inmediata o de una cura de socorro.
Casa del médico en Puente de Génave
El puente que existía en la N-322 que va desde Córdoba a Albacete en su confluencia con la carretera que por La Puerta se adentra en el corazón de la Sierra, justo enfrente de donde estará ubicado el hospital, fue durante muchísimos años una trampa mortal, como lo fueron las estrechas carreteras de la sierra o la mismas curvas de la Cuesta del Madroño yendo al Arroyo. Allí muchos serranos, muchos viajeros, perdieron su vida ante la falta de medios para evitar pérdidas irreparables. Ni tan siquiera un primario puesto de la Cruz Roja que se instaló en las proximidades de Puente de Génave que contaba con una rudimentaria ambulancia ya bien entrados los años 70, pudo paliar tanta precariedad. La imagen de estas personas, de enfermos y enfermas manifestando en sus rostros el dolor y el sufrimiento, impactó en mí tan fuertemente que, contra la opinión familiar, nunca quise ser médico. No creí que pudiera contar con el valor y el carácter que la profesión requiere.
Ambulancia del puesto de la Cruz Roja de Puente de Génave
No se ha valorado suficientemente el sacrificio y la deontología profesional de los numerosísimos médicos rurales, de muchos profesionales de la salud que en la Sierra de Segura han dejado parte de su vida, recorriendo pueblos. Aldeas y cortijadas, haciendo lo imposible por superar la penuria de medios y el alejamiento de centros de atención mejor dotados. Úbeda, con su hospital, quedaba siempre muy lejos, como mínimo a hora y media en el mejor de los casos, y las posibilidades de desplazamiento y de recursos de los serranos tampoco eran los de hoy en día. Ahora, que tanto se habla del médico de familia, de mejorar la relación médico-paciente, de la atención de proximidad, a mí me gustaría que en el flamante hospital de la Sierra de Segura, bien dotado de nuevos profesionales no perdiese esa cercanía y familiaridad en la que, se reconocieran y transmitieran los valores que honran a un oficio o una profesión.
Atención primaria a domicilio

En fin, que los serranos y quienes mantenemos fuertes vínculos con esta hermosa, por otro lado, Sierra de Segura, estamos de enhorabuena y debemos felicitarnos, y felicitar a las autoridades intervinientes en la toma de esta decisión, y a nuestros representantes municipales que han sabido renunciar a intereses localistas para apoyar un logro que, sin duda, constituye un verdadero hito en la historia de nuestra tierra. Desde hace unos años están demostrando cómo su coordinación, su unión, su buen hacer, les permite lograr reivindicaciones que para muchos eran inalcanzables. Yo así lo pienso. Una vez más la unión hizo la fuerza.
Instalaciones del Hospital de la Sierra de Segura

       Ahora, y de igual manera, la lucha debe seguir para convertir en realidad otros proyectos como el Parque Temático, la presa del Alto Guadalimar, el LEADER, la depuración de aguas residuales, los nuevos regadíos, etc… que repercutan en la modernización y el desarrollo de toda la Sierra de Segura.
En mi nombre, y en el de muchos serranos amantes de la Sierra de Segura, muchas gracias.

                                                                           Pedro Ruíz Avilés.


viernes, 9 de marzo de 2018

EVOLUCIÓN DE LA MUJER DE LA SIERRA DE SEGURA

EL PAPEL DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD RURAL.

Por José Ant. Molina Real

La mujer rural andaluza, y por consiguiente, la mujer de la Sierra de Segura también, ha dejado de ser una fotografía fija en blanco y negro para convertirse en un personaje con dinamismo que irradia color, que ha sido capaz de trasformar su realidad a base de esfuerzo, preparación y cualificación, lo que le ha permitido romper estereotipos y avanzar hacia una sociedad más igualitaria, contribuyendo así decididamente al desarrollo de este territorio que es la Sierra de Segura. Para esta labor es estrictamente necesario, la aportación, a través de la creación de programas específicos, por parte de la administración de una política igualitaria que regule, dentro del marco social, las relaciones de fomento y asociacionismo femenino en beneficio del desarrollo social y económico de nuestro territorio.
La historia del S. XX ha dejado en toda la España rural, en Andalucía y también en nuestra sierra, un sinfín de historias tejidas a base de trabajo, voluntarismo, dedicación y mucha lucha personal; esas microhistorias de mujeres que han ido forjando y conformando la realidad de nuestra comarca, pero con aportaciones poco reconocidas debido al papel secundario al que le relegó una sociedad marcadamente machista, especialmente en el marco rural en el que se ha desarrollado la historia de la Sierra de Segura.
Mujer serrana con su habitual vestimenta.
Hubo, por lo tanto, excesivos periodos de sombras, donde la vida fue extremadamente dura en nuestra Sierra de Segura, donde el hambre llegaba a visitar a demasiados hogares, con excesivo trabajo que no repercutía en el bienestar de sus gentes que se acostumbraron a vivir con escasez de recursos y con prácticamente nulos servicios básicos, empujando a sus jóvenes a la emigración y, por consiguiente, a un recambio generacional inexistente que condenó al olvido y abandono a muchas aldeas que salpicaban nuestro paisaje serrano. Y todo esto en una época donde la mujer desarrollaba una importante, pero silenciosa y silenciada, labor familiar y social, infravalorada por un arraigado costumbrismo carente de igualdad; donde las mujeres no podían elegir modelos de vida a seguir, siendo la sumisión, al padre en un primer momento y después al marido, la característica de vida.
Mujer y familia. Foto 1933
La mujer de nuestra sierra no tenía acceso a la formación ni a las posibilidades de independencia ni progreso personal, por lo que nacer mujer era siempre sinónimo de dedicación a los demás, cuidando hermanos más pequeños primero, al servicio de padres después, para pasar después con el matrimonio al cuidado del marido y de los hijos. Por esta razón no resulta exagerado considerar a la mujer como un pilar fundamental en el desarrollo de la vida social y económica de nuestra sierra, aportando un trabajo, tanto fuera como dentro del hogar exento de horarios ni descanso, dando ejemplo de continua fortaleza, lucha, ánimo y tesón que es justo que esta sociedad moderna reconozca y valore.
Trabajo infantil femenino 
Para apreciar algunos cambios respecto a las dinámicas igualitarias, si exceptuamos el corto tiempo vivido en la II República, donde las determinaciones legales promulgadas en la Constitución de 1931, tendentes a propiciar una sociedad más igualitaria no llegaron a tener resonancia, por el corto periodo que abarcó y lo complicado que resultaba asimilar todos esos conceptos en una sociedad rural sumida en el subdesarrollo arraigado en tradiciones que pesaban socialmente más que las leyes; los debemos buscar en el periodo inicial de nuestra actual democracia para apreciar nuevos modelos sociales que afectaron positivamente en los derechos y vidas de las mujeres tendentes a la igualdad, aunque cabe decir que después de casi cuarenta años, y ya en el S. XXI, aún queda bastante camino por recorrer.

Cuando hablamos de cambios en los modelos nos referimos a la transformación y modernización consolidada a raíz del cambio democrático y la apertura a la sociedad de una mujer reforzada por una formación y una preparación que le permitió asumir nuevos retos y metas hasta conseguir la plena ciudadanía. Pero no podemos olvidar que esa igualdad formal no deja de ser eso, formal y nada más, pues en la práctica la mujer tiene que seguir luchando por la obtención de la plena igualdad, cuestión que hace necesaria una concienciación e implicación de toda la sociedad, principalmente de la clase política al promulgar diversas leyes de protección de hecho diferenciador femenino en un mundo donde el predominio masculino es visto con toda naturalidad.
Segregación en la escuela tradicional del franquismo.
Un factor determinante que ha contribuido a mantener a la mujer en este papel de ostracismo y marginación ha sido el educativo, donde la formación básica a la que tenía acceso la mujer de nuestra sierra era exclusivamente referida a la dependencia respecto al hombre, manteniéndola al margen del acceso a la escolarización por lo que históricamente el analfabetismo ha sido mucho mayor porcentualmente entre la mujer, cuestión a la que contribuía con claridad el hecho de la enorme dispersión en aldeas y cortijadas existente en la Sierra de Segura, y caso de producirse esa escolarización es lógico pensar en un alto grado de absentismo, en una escuela donde la mujer aprendía básicamente a leer y escribir y unos valores religiosos que la condicionaban y estigmatizaban. Este aspecto, que ni tan siquiera cambió con la llegada del liberalismo en pleno S. XIX, tampoco cambió durante el S. XX, acrecentándose incluso más durante los años de postguerra, lo que unido a un estricto tradicionalismo, más acentuado en el mundo rural, supuso una clara marginación social de la mujer de la Sierra de Segura.
Escuela rural durante los años 50.
La vida social de la mujer de aquel tiempo se limitaba a la ofrecida, previo permiso paterno o del marido, a las ofrecidas por el Régimen Franquista y la Iglesia, siempre enfocadas como práctica de sumisión y dedicación que las mujeres debían practicar. La Sección Femenina de la Falange Española se convirtió en un instrumento, como también lo fue la Acción Católica Femenina que controlaban los párrocos de los diferentes municipios serranos, para realizar actividades folclóricas, participación en diferentes campañas formativas y tradicionales, desarrollo de acciones religiosas, etc…; en las que solían participar mucho más las jóvenes ya que las mujeres más adultas no podían descuidar las obligaciones laborales de ayuda y complemento al varón y las familiares que le mantenían perennemente ocupada. Participar en cursos de cocina, de costura o de bordado era algo habitual y que se complementaba con la participación en actos religiosos como procesiones o en el coro parroquial; por lo que la mujer rural, durante el régimen franquista, debía siempre anteponer su funcionalidad hogareña y de defensa de los intereses familiares a su formación integral de valores y capacidades personales, pasando de la etapa de control y servicio marcado por el padre al control y servicio del marido.
Partido baloncesto de la Sección Femenina. Puente de Génave-Siles. 1959
Pero en nuestra comarca, con una actividad económica basada en la producción agraria, la participación de la mujer no se limitaba al trabajo en el hogar, convirtiéndose en pieza esencial, ya desde muy niñas, en los trabajos del campo, sobretodo en el olivar y en especial en la etapa de la recolección, donde no sólo tenían que arrodillarse en un suelo castigado por las bajas temperaturas del invierno serrano para ir cogiendo una a una las aceitunas, sino que además tenían que ocuparse de elaborar y preparar la comida para todos los participantes en dicha recolección. Y cuando participaban en tareas del campo por cuenta ajena, como jornaleras, siempre percibían salarios inferiores a los de sus compañeros varones bajo el criterio de la fuerza, lo cual significaba una manifiesta infravaloración de su trabajo y de su persona.
El duro trabajo de las aceituneras.
Además era normal contar con animales domésticos como gallinas, conejos o cerdos que suponían una importante fuente de sustento familiar, siendo su cuidado y alimentación tarea exclusiva de la mujer de nuestros pueblos. Esa mujer de nuestra sierra que buscaba la ocasión y el tiempo para desplazarse al arroyo o río cercano primero, y lavaderos públicos después, para, cargada con grandes cestos de mimbre llenos de ropa, realizar la colada en esas aguas frías, incluso gélidas en invierno, junto con ese jabón casero que ellas mismas habían elaborado a base de reutilizar el aceite usado. 
Lavando la ropa en el lavadero.
El lavadero era un lugar de cierta privacidad femenina, era un clásico momento de escape del control formal de una sociedad machista, donde la comunicación se convertía en más íntima y fluida, y los comentarios e inquietudes femeninas, no exentas de la crítica e ironía, mostraban con mayor claridad la personalidad  y las inquietudes individuales; siendo el lavadero un importantísimo centro exclusivo de expresividad en libertad pues otros posibles lugares de reunión como bares o tabernas eran prohibitivos sin la compañía masculina. También la mujer rural realizaba una tarea sorda e inapreciable como era la del cuidado del entorno del hogar. Ella encalaba la fachada de la casa de forma periódica, ella llenaba de macetas y plantas ese entorno para dar color y alegría al hogar y ella también se encargaba cada día de mojar con una rústica regadera antes de pasarle la escoba al trozo de calle que le correspondía para mantener “aseado y curioso” ese entorno próximo.
Barriendo la calle.
En un tiempo de enorme carencia, de cierto aislacionismo y de mucha penuria, por lo que la atención social era también trabajo de la mujer; ella se encargada del cuidado de nuestros mayores, proporcionándoles los cuidados y atenciones necesarios, incluso en la enfermedad, y que se extendía tanto a sus propios padres como a los padres de sus maridos, intentando llegar allí donde la enorme carencia de servicios sociales, propios de aquel tiempo, nunca llegaban. Proporcionar afecto, cariño, lavar o coser la ropa, cocinar para ellos, mantener sus hogares que nunca solían estar muy lejos del propio especialmente en las aldeas, gestionar su día a día o incluso convivir con ellos, en casos necesarios, bajo el mismo techo, era algo extremadamente normal.
Amasando el pan.
Otro aspecto que debemos destacar en esa mujer de la Sierra de Segura es como ha sabido aprovechar los recursos del entorno para aportar a la familia el sustento y alimentación. Su inventiva e imaginación, a través de los productos que la tierra ofrecía, elaboraba día a día, no sólo el pan que iba a cocer al horno comunitario, sino infinidad de suculentos platos y conservas que nosotros guardamos dentro de la tradición más arraigada. Las patatas, los ajos y diversos productos de la huerta, junto con los derivados del cerdo y de animales de corral, aportan numerosas recetas que dieron sabor a nuestros mayores y que ahora podemos degustar. Los diversos platos a base de ajo como son el ajoharina, el ajopringue, el ajoatao o el ajomulero son esquisitos, así como también los son las migas y gachamigas, el fritao o los galianos, y, como no, toda una enorme variedad de guisos y carnes domésticas o de caza que la sierra siempre ha ofrecido. Además la repostería de tradición es amplia en surtido: flores, hojuelas, enredos, borrachuelos ó panetes son nombres dulces y populares; también son tradicionales las tortas dormías, de garbanzos, sobás o de nueces; los roscos de naranja, roscos feos, y las típicas gachas para Todos los Santos. También las mujeres colaboraban en la elaboración de licores que surgían del alambique, dando lugar a un aguardiente de gran calidad, que además sirve de base para diversas bebidas que se elaboran desde tiempos remotos, como la gloria (mediavida ó zurracapote), la mistela, el licor de café y las ratafías que se obtienen mediante maceración de diversos ingredientes.
Cocina tradicional serrana.
Debemos mencionar que si hay un momento estelar en cuanto a la preparación del sustento familiar ese es sin lugar a dudas el momento de la matanza. Hay que destacar que entre las carnes domésticas, la del cerdo, ocupa papel principal y la mujer serrana ha resultado imprescindible en el proceso de la matanza, desde los preparativos previos con la compra de especias necesarias, el lavado de calderas con vinagre y sal hasta el pelar y cocer la cebolla que, después del lavado de tripas, se utilizarán en el embutido de chorizos, salchichones y morcillas; sin dejar de olvidar que ellas debían preparar las correspondientes comidas para todos los que participaban y ayudaban, que eran muchos, al ser un evento claramente de reunión familiar.
Embutiendo en la matanza.
Pero las dinámicas de la mujer en nuestra sierra no pudieron abstraerse de las penalidades y la subsistencia que contrarrestaban con los cantos de sirenas que llegaban desde puntos tan distantes como Cataluña, Baleares o Valencia. Aquellos serranos pioneros que tuvieron el atrevimiento de iniciar la aventura de la emigración, con sus cartas, ejercían un poderoso poder de atracción para otros muchos serranos que no tuvieron más remedio que abandonar sus aldeas y cerrar sus casas para imitar el camino que, a finales de los años cincuenta y todos los sesenta, siguieron muchas familias para intentar dar nuevas expectativas a sus vidas. Y ya no eran migraciones temporales como lo fueron la vendimia en Francia o el tomate y la naranja en la costa levantina, eran ya movimientos de familias que decidieron establecerse para servir de mano de obra abundante a la industria y al sector servicios de una zona mediterránea que ejercía un gran poder de atracción económica. De esa forma, casas, calles y caminos de nuestra sierra se fueron quedando vacíos, aunque las dinámicas de los que se quedaron cambiaron muy poco pese al proceso de modernización que a nivel nacional trajo consigo el desarrollismo económico de los sesenta.
Emigración desde la estación de tren de Jaén.
Las familias que decidieron quedarse siguieron dependiendo casi en exclusiva del trabajo del campo, aprovechando los recursos precarios de la sierra, y aunque a su entorno comenzaba a llegar los primeros símbolos de la modernidad con el estruendo de algún vehículo o el poder ir al centro parroquial para ver la televisión, la vida en la sierra seguía siendo difícil. Las comunicaciones mejoraron, se podía mandar telegramas y algún teléfono cercano nos permitía la comunicación con los familiares que estaban lejos, incluso el autobús que recorría la sierra desde Santiago hasta Puente de Génave se convirtió en elemento dinamizador, que permitía enlazar para viajar a Jaén, con la Alsina, a Madrid, con la Pava, o Albacete, con el Terne, y desde allí, con el tren a cualquier otro lugar de España. 
El Terne. Línea Puente de Génave-Albacete
Algunos negocios familiares empezaron a proporcionar de todo aquello que podría calificarse de primera necesidad, y en las tiendas del pueblo se podía comprar desde una aguja, los novedosos yogures e incluso muebles. Las tendencias hacia lo moderno, ya implantadas en las zonas urbanas, invadieron las dinámicas de vida de la Sierra de Segura, a través de la televisión y de lo que aportaban aquellos emigrantes que regresaban en verano a sus lugares de partida para pasar unos días de vacaciones en medio del entorno y las gentes que les habían visto nacer, aportando una visión más amplia y abierta a los cambios y una mayor capacidad de asimilación respecto a nuevas formas de vida. Las gentes empezaron a solicitar y disfrutar de servicios, algunos de ellos públicos, de los que habían prescindido durante toda su vida y la de sus antepasados, que ahora se consideraban imprescindibles; los electrodomésticos empezaron a verse en algunas casas, los taxis dejaron de resultar necesarios por la proliferación de transportes públicos y vehículos particulares; las tiendas se diversificaron y apareció una intercomunicación más ágil y directa entre las diferentes aldeas y pueblos de la comarca.
Casa del médico. Puente de Génave
Y en medio de estos cambios, la mujer, que pudo, gracias a ellos, conseguir mayor grado de autoafirmación y estima personal; bien es cierto que limitado especialmente a la población más joven, que pudo romper las fronteras de la comarca para iniciar estudios de grado superior en Úbeda o incluso acceder a la universidad en Jaén o Granada, ya que las mujeres más adultas siguieron sufriendo el modelo segregador y machista imperante durante tanto tiempo, pero que pretendían dar a sus hijas la oportunidad de romper con los estereotipos sociales tradicionales de ser hija, madre y esposa, intentando una aventura formativa que les proporcionara una oportunidad en el mercado laboral. Es por tanto, este el comienzo del camino hacia la emancipación de la mujer de nuestra comarca, el momento en el que la mujer empezó a romper las fronteras que la delimitan, cuando la mujer serrana pudo salir y observar que otros modelos de convivencia eran posibles y cuando las dinámicas sociales, con la llegada de la democracia, permitieron una apertura hacia la consideración social de la mujer en un plano de igualdad de derechos y de deberes. Efectivamente, desde el departamento del Instituto Andaluz de la Mujer creado por la Junta de Andalucía en 1989, la propia Diputación de Jaén o desde los diferentes ayuntamientos de los trece municipios de la Sierra de Segura, se han propiciado iniciativas favorecedoras de una igualdad real y no tan sólo teórica de la mujer de nuestra comarca, se ha desarrollado el asociacionismo entre las mujeres que han podido desarrollar y desarrollarse, dentro de programas específicos, el debate sobre experiencias favorecedoras de la igualdad entre géneros, incrementando notablemente la concienciación social y posibilitando la realización de estudios y diagnósticos en los distintos municipios desde una perspectiva de género.
Actividad organizada por GDR Sierra de Segura
Ahora es habitual la realización de programas formativos para preparar a la mujer para la integración social, con pautas y asesoramiento sobre problemáticas que los nuevos tiempos han ido introduciendo, y laboral, con instrucción y formación básica en este ámbito. A ello se ha contribuido especialmente desde los ayuntamientos al establecer servicios de atención a la infancia hasta los 3 años, lo cual ha liberalizado a la mujer de cierta carga de trabajo doméstico, al quedar mucho trecho que recorrer en cuanto a la corresponsabilidad entre hombres y mujeres en torno al cuidado de los hijos y respecto a las tareas domésticas.
Curso de formación en los encuentros de Asociaciones de Mujeres de la Sierra de Segura.
Hoy en día, y aun siendo conscientes del mucho camino que todavía queda por recorrer, nos encontramos una mujer que en la Sierra de Segura es una mujer activa e integrada en dinámicas sociales, una mujer preparada y conocedora de sus objetivos porque sabe de sus carencias, con amplia participación en todos los ámbitos a los que puede acceder desde sus municipios como pueden ser la política o el asociacionismo, en definitiva, una mujer abierta a las demandas que la sociedad moderna plantea en un entorno social ruralizado.