lunes, 16 de febrero de 2026

UN PERSONAJE EN LA HISTORIA DE LA SIERRA DE SEGURA

 EMILIO DE LA CRUZ. UN HISTORIADOR DE LA SIERRA DE SEGURA

Por María Amparo López Arandía

La Sierra de Segura ha sido protagonista indiscutible de la producción científica de Emilio de la Cruz Aguilar. Muy diversos han sido los temas abordados a este respecto, aunque entre todos ellos destaca una línea de investigación, centrada sobre todo en los aspectos relativos a la organización jurídico-administrativa de Segura y su territorio, íntimamente relacionada con la explotación de los recursos madereros, período inaugurado con la defensa de su tesis doctoral en 1977, bajo el título Régimen de montes de Segura (siglos XIII al XIX).

Emilio de la Cruz Aguilar. Orcera (1936)-Alzira (2020)

Sería en los años ochenta y noventa del siglo pasado, cuando De la Cruz profundizó en esta línea del pasado segureño, tras una primera aproximación ofrecida en su trabajo “Régimen de Montes en la Sierra de Segura”, publicado en 1979. Así, en 1980 publica Ordenanzas del común de la villa de Segura y su tierra de 1580, documento localizado por él mismo entre una sentencia de la Real Chancillería de Granada, datado en 1612, como resolución de un pleito iniciado por Génave, Torres y Villarrodrigo contra la villa de Segura. La edición de las ordenanzas permite conocer la regulación de la actividad agro-silvo-pastoril en las tierras de Segura con anterioridad a 1748, en las que ya se pone de manifiesto el peso que la explotación forestal tuvo históricamente para este entorno. Algunas de las regulaciones establecidas por estas ordenanzas serían, igualmente, objeto de su especial atención, como puso de manifiesto en su trabajo “Los caballeros de Sierra en unas ordenanzas del siglo XVI”.

Un año después, en 1981, defiende su discurso de ingreso en el Instituto de Estudios Giennenses, organismo del que fue nombrado consejero en 1975. El discurso, que fue editado por esta institución en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, abordó el tema de “La Provincia Marítima de Segura de la Sierra”, analizando, precisamente, el período inaugurado con la promulgación de la ordenanza de Montes de 1748, que puso a las tierras de Segura y su entorno bajo jurisdicción de la Secretaría de Estado de Marina. Una etapa crucial para este territorio y que en virtud de la existencia de ríos navegables en la zona, como el Guadalimar, Guadalquivir o el río Segura y sus afluentes implicó el abastecimiento de madera por el sistema de flotación a los arsenales de La Carraca y Cartagena y la dependencia jurisdiccional directa de estas tierras al departamento marítimo de Cádiz y el homónimo de Cartagena, en un período de una fuerte demanda de esta materia prima, resultado de la amplia actividad en la construcción naval promovida por los Borbones tras la Guerra de Sucesión.

Emilio de la Cruz colaborando con José Antonio Labordeta
en su programa para RTVE "Un país en la mochila"

La demarcación de la provincia marítima trascendió el territorio mismo de la villa de Segura, incluyendo un denominado ministerio -el de Segura- y cuatro subdelegaciones: Alcaraz, Villanueva del Arzobispo, Cazorla y Santisteban, englobando a medio centenar de localidades en una superficie de unos 9000 km2. Esta estructura pervivió con altibajos, y con pérdida de algunos territorios, hasta 1836, tras la aprobación, tres años antes, en 1833, de unas nuevas ordenanzas de Montes que abolieron jurisdicciones privilegiadas, como esta, terminando con la actividad de instituciones creadas exprofeso previamente, caso del Tribunal establecido en Orcera, tribunal de primera instancia, que contaba con la actividad de un ministro y juez principal de Marina, un auditor, un fiscal, un escribano y un alguacil.

La atención de De la Cruz por la provincia marítima no minusvaloró atender a los grandes protagonistas de la explotación forestal, especialmente los pineros que se encargaban del transporte maderero por los cursos fluviales con destino a los arsenales. Del mismo modo, atendió a las consecuencias del establecimiento de una provincia marítima en la zona, deteniéndose en los aspectos jurídicos, que implicaron ante todo el choque entre la nueva jurisdicción impuesta, más restrictiva, y los regímenes jurisdiccionales previos, causa de la apertura de numerosos procesos en los años de pervivencia de esta demarcación; consecuencias económicas, a su entender negativas, afectadas por el establecimiento de “un monopolio estatal sobre la explotación y comercio de la madera”, según sus palabras, y los límites impuestos a otras prácticas, como la ganadera o el uso libre de los pastos, obviando, no obstante, quizás, que a pesar de ello, una buena parte de la población del entorno se benefició de la actividad de la explotación maderera al participar directamente en ella. Por último, se centró en las consecuencias sociales, derivadas directamente de los anteriores efectos, que llegó a calificar de trágicas; y políticas, ofreciendo una visión también negativa, al advertir la pérdida de derechos por parte de los municipios integrantes de la provincia marítima en favor de la Secretaría de Marina.

Emilio de la Cruz colaborando en un programa de "Canal Sur TV"

En definitiva, prevalece en De la Cruz una visión negativa de la existencia de la provincia marítima marcada, a su entender, por la sobreexplotación del bosque por las Secretarías de Estado de Hacienda y Marina en detrimento de los intereses locales.

Y es que la Secretaría de Estado de Marina compartió la explotación de los montes segureños con la Secretaría de Estado de Hacienda, que incidió en dicho territorio desde 1733, con pinadas que tenían como destino la construcción de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. También a esta acción prestó atención Emilio de la Cruz, quien años más tarde, concretamente en 1987, analizó la actividad de otra institución que incidió sobre Segura de la Sierra y su entorno, como fue el Real Negociado de Maderas, creado en 1733, en Sevilla, para regular la tala y transporte maderero desde la Sierra de Segura a los almacenes de la Real Fábrica de Tabacos, y cuya actividad se prolongó hasta 1817. El Real Negociado dependía de la Secretaría de Hacienda. Al frente del mismo se encontraba un Superintendente. Pronto, el Real Negociado se encargó no solo de abastecer de madera a la Real Fábrica de Tabacos sino de vender el excedente maderero a terceros, obteniendo así un beneficio extra.

Especial del Diario Jaén
dedicado a Emilio de la Cruz 

La promulgación de las ordenanzas de Montes en 1748 y el nacimiento de la provincia marítima implicó la confluencia de otra institución, la Secretaría de Marina, con intereses madereros en la zona, lo que trajo consigo un período de conflictividad, a pesar de que este se intentó frenar con medidas como la estipulación de qué tipo de madera quedaría bajo cada institución: bajo la Secretaría de Hacienda piezas de hasta diez varas de longitud, bajo la Secretaría de Marina, superiores a dicha medida; o incluso con la determinación de la alternancia anual en las cortas y pinadas con el fin de evitar la coincidencia en el mismo año del transporte para ambos organismos por el río Guadalquivir y sus afluentes. A pesar de ello, los enfrentamientos no cesaron. El Real Negociado contó con un amplio número de asalariados, encargados de la tala y transporte de madera desde el monte hasta Sevilla.

La actuación del Negociado, contó, como sucedió con la Secretaría de Marina, con la oposición de los concejos de la zona que vieron limitados sus antiguos derechos a explotar y comerciar con la madera. Se llegó, incluso, por parte de la villa de Segura a solicitar del Negociado el pago de los pinos talados en su término, acción que igualmente llevaron a cabo Cazorla, La Iruela y Villaverde de la Sierra. De la Cruz achaca al Real Negociado, como haría con Marina, el ser el causante de la deforestación del entorno de Segura, acusándolo de incumplir los postulados del tipo de madera que se debía cortar en su caso, explotando mucha materia prima que en realidad no era de utilidad para sus intereses.

Emilio de la Cruz recibiendo el título de
presidente de honor del TUNAESPAÑA
por su obra "Libro del Buen Tunar"

Por otra parte, atribuye al Negociado la misión de contener los precios de la madera, al situar la de Segura a un precio inferior a la madera importada de Holanda y Flandes. La detenida mirada de Emilio de la Cruz al régimen jurisdiccional de los montes de Segura culminó en 1994 con la publicación ampliada de su tesis doctoral, bajo el título “La destrucción de los montes. Claves histórico-judiciales”, que, partiendo de la regulación jurídica de los montes por parte del derecho romano y por subsiguientes fueros como el de Cuenca, aborda los cambios impuestos por la ordenanza de Montes de 1748, prosiguiendo con la atención a la explotación de los montes en los siglos XIX, donde prevalecieron los procesos desamortizadores, especialmente el de 1855, y XX para culminar con la ley de espacios naturales de 1989, advirtiendo la existencia de períodos en los que los incendios forestales se expandieron.

Tras este estudio general, elige como caso de estudio el de la Sierra de Segura, recordando su tradicional dedicación a la explotación maderera y ganadera, ya regulada en las ordenanzas del común de 1580, que crearon, a su entender, una sociedad homogénea, al permitir a la totalidad de sus habitantes el acceso a dichos frutos. La fractura de esta sociedad acaeció, para De la Cruz, en el siglo XVIII, con la intervención directa de dos entidades estatales, la Secretaría de Hacienda y la de Marina, en el territorio, que serían, a su entender, las responsables de la deforestación de la sierra, llegando a considerar el período concerniente a la provincia marítima de Segura de la Sierra, entre 1748 y 1836, como dramático. Un abuso estatal que para el profesor De la Cruz continuaría en el siglo XIX con las desamortizaciones y en el siglo XX con explotaciones promovidas por el propio Estado, como las llevadas a cabo por RENFE a través de la empresa Explotaciones Forestales. Omite, sin embargo, el autor, atender al volumen de madera explotada, cuestión sobre la que recientes investigaciones han llamado la atención y que pondría de manifiesto que, en realidad, la incidencia de las explotaciones promovidas por las secretarías de Hacienda y Marina en el siglo XVIII fueron inferiores a la presión ejercida desde Explotaciones Forestales en el siglo XX.

Teatro Municipal "Emilio de la Cruz" en Orcera 

Sin duda, el régimen jurídico que afectó a Segura de la Sierra ha representado la principal línea de investigación del profesor De la Cruz, como queda patente por los trabajos aquí recogidos, a los que hemos de sumar su estudio sobre el fuero de Segura de la Sierra. Aunque fue la línea de investigación más significativa en su trayectoria, el régimen de los montes no fue el único objeto de atención por parte de nuestro protagonista, que igualmente se interesó por otros temas concernientes al pasado de Segura de la Sierra, desde el pasado romano, centrándose en las vías de comunicación, pasando por la etapa musulmana, para llegar a la realidad del siglo XVI o a la histórica actividad socioeconómica de la zona más allá de la explotación maderera.

María Amparo López Arandía, autora del artículo.

Emilio de la Cruz sentó, con esta gran variedad de temáticas, las bases para la historiografía que posteriormente ha puesto su foco de atención en la Sierra de Segura, abriendo el camino a nuevas investigaciones. Sirvan estas líneas para homenajear al que, sin duda, puede considerarse el padre de las investigaciones sobre Segura de la Sierra y su entorno, cuyo legado permanece hoy a través de sus escritos.

lunes, 19 de enero de 2026

LA N-322 Y PUENTE DE GÉNAVE. POSADAS Y ALOJAMIENTOS

Presentamos el artículo firmado por Ramón Gallego, cronista oficial de Puente de Génave, en el que hace referencia a la influencia del trazado de la N-322 por la localidad y lo que originó en cuanto a su crecimiento y la proliferación de servicios de hostelería y restauración desde principios del S. XX. Un artículo muy descriptivo en el que aporta datos de establecimientos, su evolución y los servicios que durante muchos años aportaron a muchísimos viajeros. 

PASTA FRESCA

Cuando decimos que el viajero podía comer en las diversas ventas que jalonaban Puente de Génave “pasta fresca” no nos hemos equivocado, puesto que hasta la década de los 60 del siglo pasado hubo una familia que se dedicaba a vender pasta de forma itinerante de cortijo en cortijo y de venta en venta, con los ingredientes básicos de la pasta como son la harina de trigo, los huevos, agua y sal. Ni que decir tiene que la hacían al instante. Las proteínas en estos establecimientos las aportaban los pollos de corral que se sacrificaban a demanda y el cordero o cabrito tan rico de la Sierra de Segura. Debemos considerar que Puente de Génave como núcleo de población empieza a crear en el último cuarto de siglo XIX al calor de la carretera nacional N-322 que estaba recién construida. Son innumerables los vecinos que solicitaron al Ayuntamiento de La Puerta de Segura un trozo de tierra para construir su casa en la, por aquel entonces, aldea de Puente de Génave, bajo la condición de que esta se construyera en el plazo de un año so pena de perder el solar cedido a tal efecto.

Mojón de señalización de la N-322 en Puente  de Génave

En el tránsito de los dos siglos encontramos ya implantadas las posadas en el núcleo urbano de Puente de Génave. La Posada de Rocío, la Posada de Pepe U, que anteriormente se llamaba posada del Tío Juan de Dios y la Posada de Maceo, regentada por Antonio Gutiérrez junto a su mujer e hijas Encarna, Benita, Teresa y Manuela que eran consideradas como grandes cocineras. El vino en esta última posada era de La Mancha puesto que tenían la exclusiva para la venta de las bodegas del Duque de San Fernando en Villanueva de los Infantes, rico caldo que se recibía en toneles de 12 arrobas, con 132 litros de capacidad, de 15 arrobas de 165 litros de capacidad o de 24 arrobas que podían contener hasta 264 litros de excelente vino que se vaciaba en tinajas que proporcionaba la propia bodega del Duque.

Vista aérea de Puente de Génave con el trazado
de la N-322 y la circunvalación

Son estos inicios del S. XX cuando Puente de Génave adquiere su carácter como pueblo y se consolida con la construcción del ferrocarril Baeza-Utiel, la carretera nacional N-322 Córdoba-Valencia, una central hidroeléctrica sobre el río Guadalimar cercana a la Vicaría y el establecimiento de un cuartel de la Guardia Civil, así como de médico, veterinario, escuelas, farmacia y todos aquellos servicios considerados básicos para un núcleo de población. Las posadas vienen a enriquecer los servicios que el pueblo ofrecía, ampliando su oferta culinaria cuestión que se ve favorecida por el paso de los numerosos transportistas que llevaban mercancías desde Andalucía hasta el Levante español y viceversa. Estas posadas eran diferentes a las ventas de los caminos típicas del S. XIX, atestadas de arrieros y con espacios para las caballerías, que dependían del aceite de “las Andalucías” y del vino o trigo manchegos porque la producción de la Sierra de Segura era muy escasa y se dedicaba básicamente al autoconsumo cuando las cosechas eran positivas.

Camiones recorriendo la N-322 a su paso por la localidad

En 1928 aparece otro establecimiento que ofrece este tipo de servicio denominado Fonda de la Manuela que perdurará en esa actividad de servicio al viajero hasta 1988, y no precisamente por la falta de clientes o comensales sino por falta de un relevo generacional. Aquella otra posada, la de Maceo, que en 1952 se transformará en la conocida Pensión Suárez, siguió con la tradición de acogida al viajero, junto al ofrecido por los establecimientos de Pepe U y la de Rocío, tradición que venían ejerciendo durante pleno S. XX, aunque ahora hospedando sólo a los clientes y no a sus bestias de carga pues los vehículos a motor quedaban aparcados junto a la carretera.

Fachada de la Posada de Pepe U

Hasta los años 70 y 80 del siglo pasado, la restauración ofrecida por estos establecimientos era algo sin pretensiones, pero con unas excelentes materias primas ofrecidas por proveedores de proximidad; pollo de corral, cordero segureño, aceite de oliva, frutas y verduras de la rica huerta del Arroyo de Peñolite, harina candeal, etc… En esta época hace su aparición el bar Linares que ofrecía servicios de comedor y también habitaciones, pero que apenas dura en sus servicios unos 15 años teniendo en ese tiempo una fama reconocida con abundantes clientes; calzados Ayuso, hierros Candel, cafés Legorburo, etc…, todos ellos de Albacete, algo significativo que puede dar una idea clara de la cercanía de las tierras castellano-manchegas a esta zona de la provincia de Jaén y de las buenas comunicaciones que existen desde tiempos bastantes lejanos. También se funda por esta época, es decir, a mediados de los años 70, un local justo al lado de la antigua Venta de Gaspar, heredando el carácter de un establecimiento creado y dedicado por y para el servicio a la carretera. Se trata del Restaurante El Chaparral, levantado por D. José Valdelvira Padilla, incluso con el servicio de gasolinera y que, tras diversas vicisitudes, posteriormente, se dedicó a algo totalmente diferente al objetivo para el cual se concibió estableciéndose un club de alterne en el mismo.

Instalaciones de El Chaparral

A partir de la década de los 90 el panorama cambia radicalmente en los fogones de comida casera y tradicional, surgiendo nuevos establecimientos que sustituyen a los mencionados que van desapareciendo por falta de relevo generacional, y que, aunque no pierden la esencia y el buen hacer en cuanto a sus servicios, adoptan métodos más modernos ofreciendo servicios no solo a los viajeros sino también a la población aquí residente que ve en estos lugares puntos excelentes para celebraciones o comidas de días festivos. Nos referimos al Hotel Sierra de Segura, que se llamó Hostal Los Cazadores en un principio, Casa Rural Molino de Anica, El Jaraiz de Peñolite o el Hostal Los Camioneros, todos ellos con excelente servicio y amplias cartas y bodegas de calidad.

Fachada de la Casa Rural de "El Molino de Anica"

Un gran cambio ha acontecido desde que José Molina (Pepe U) viniera en 1920 desde Úbeda a trabajar con su tío Juan de Dios hasta que recientemente se inauguraron establecimientos como pueden ser la Pizzería La Torreta, así como la modernización de los servicios del Bar-Restaurante Vela o el Hotel Don Juan que entró en servicio en el año 2002.

Ramón Gallego